Mostrando entradas con la etiqueta vientos feroces. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vientos feroces. Mostrar todas las entradas

viernes, 22 de enero de 2016

El dibujo de tu fulgor





El lujo de tu gracia es envolvente
nace en ti como si fuera sencillo
como el sabor del dulce azucarillo
que deshago en mi boca dulcemente

La misma sombra llega permanente
de modo natural, desde el  amarillo,
como esos rayos de sol del pasillo
que tu halo dibuja tan ardiente

Dulzor a ti descalza del reproche
y poder disfrutar de tu presencia
sencilla y tan nítida en la noche

Enséñame a vivir sin la impaciencia
del prisionero que hace de su broche
pasador imperdible de inocencia










martes, 6 de mayo de 2014

Otra canción triste de Macarena


La hora de la comida quedaba atrás, ellos estaban tranquilos recordando detalles de cuando ni se sabe. Estaban profundamente atraídos los dos, no se notaban los defectos que cargaban, ambos bebían los vientos y nada les hacía perder el control de la sinrazón. Totalmente a la deriva vivían desde hacía unos meses. No atendían casi a nada ni a nadie y los efluvios amatorios, les hacían estar fuera de la concentración necesaria para desempeñar sus funciones.
Era una abstracción ingenua e imprevisible, que comenzó en un momento y no se sabía hasta donde podían llevarla. Macarena, una mujer madura que había sufrido lo suyo hasta el momento, Cheo Oriol, un “Viva la Virgen” descerebrado con un tendón privilegiado para la felicidad.
Ella, obnubilada después de una exaltación erótica recién concluida, quería contar lo que se le agolpaba en su mente, y no dudó en posicionar su cuerpo semi vestido para decirle a Cheo, aquello que le quemaba.
_Voy a contarle desde el principio una historia que revelará la forma en que fue mi infancia. Es ¡más! algo de mis antepasados. Temas a veces tabús que se llevan muy en secreto y que no se suelen contar a nadie_ preparó con antelación aquella hermosa de mujer_ Nunca hay un motivo ni  existe el momento oportuno y ¡claro! Estas historias suelen quedar en el olvido y se mueren oxidadas con nosotros_. Expresaba Macarena, una jaca campuzana muy bien puesta y agraciada en la habitación de un motel tras haber tomado un baño de flores y perfumes.
En la pausa y el reposo de un viaje de placer con un amigo y acompañante íntimo que conoció hacia poco más de dos años en uno de los Ateneos de Caracas, la capital Venezolana.  Pareja que hacía algo más de tres meses compartían cama, cuerpo, mesa y mantel y vivían juntos en el intenso paraíso de los placeres mundanos.
_ Y eso cariño a que viene_, le dijo Cheo, mientras abría el frigorífico de la suite_,  es que te ha venido de pronto un ramalazo histórico y crees que debes darme información antigua, ¡qué digo antigua! Completamente añeja, para mi conocimiento especial; o te ha sobrevenido algún misterioso poder y te obliga a que lo cuentes sin miramiento antes de tu juicio final.
_ Cree, lo que te venga en gana, ¿No me taladras tú?, con los pensamientos Freudianos y con las aventuras profanas de tu padrino, aquel que fue con Fernando de Magallanes a descubrir el archipiélago Filipino. Quedándose en la plaza de Cavite y casándose con una aborigen, que a la postre llegó a ser tu abuela paterna, pues atiéndeme, que nosotros ya, a estas alturas ya no lo podemos narrar a nuestros hijos, ni los tuyos ni por supuesto los míos. Nos mandarían donde pican los pollos, si les venimos con una traca como esta. Por lo que me place contártelo, ahora que puedes atenderme ¿No lo crees justo, chavalín?_, concluyó Macarena, mirando a su amigo que se preparaba uno de esos combinados de verano que tanto le gustaban.
_ ¡Sí cielo mío! ¡Ataca!  Mientras siga despierto y procura llevar una intriga.  Es en definitiva lo que me obliga a interesarme por las aventuras_ Redujo definiendo Cheo, su amigo con esa gracia que tienen los nacidos en Cádiz.

_ Mi abuelo era Teniente Coronel, con especialidad en artillería tuvo tres hijos; dos mujeres y un varón. Venancio Toledano, mi abuelo, que además de ser castrense era una persona muy recta y con poco engrase en su simpatía. No se reía aunque le hicieses cosquillas en las ternillas de su pecho.
Sus fotos lo dicen, y alguno de los familiares que le sobrevivieron, siempre lo acreditan como un ser demasiado serio y poco comunicativo_ continuó desgranado aquella guapa mujer el dibujo del terrible abuelo paterno_ Enviudó cuando sus hijos eran aún muy niños. El mayor; Wilfredo, Epifanía y Angustias tenían, siete, cinco y tres años respectivamente. Los que quedaron al cuidado de las monjitas legionarias, seglares que estaban al cuidado de los huérfanos del Ejercito en uno de esos colegios mayores, destinados para los hijos de militares viudos o sin familia cercana. Venancio, no se volvió a emparentar con mujer alguna, ya que tenía tantas que no sabía cual escoger.
Epifanía, fue una niña muy recatada, y bondadosa, tanto que pasó la vida haciendo caso a los hombres de la casa, dedicada a coser y planchar, además de encargarse de la cocina, pudo estudiar por los profesores que el abuelo les dispuso, aun y no estando demasiado bien visto, que las mujeres tuvieran tanta letra y adiestramiento, dada la época vivida.  Sin embargo ella siempre quiso prosperar y sacó la cabeza de entre tanto machista y tanto ordenante. Licenciándose en Filosofía y letras y llegando a finalizar la carrera de profesora de Física en la Universidad de Caracas.
Angustias, ya fue de otra forma, gruesa, obscena, embustera y envidiosa, lo que le llevó siempre de cabeza, ya que a los patrañeros se les caza siempre, tarde o temprano y a ella, se le notaba mucho, porque además de mentir, no tenía memoria y eso la dejaba siempre con su gran culo al aire. También estudió pero sin llegar a hacer nada sobresaliente. Esperando un marido que la hiciera feliz en su casa, le diera caña y llevando y trayendo chismes de un lugar a otro.
Cuando Wilfredo, cumplió los diez años, su padre decidió llevarlo a una escuela militar donde estuvo hasta los dieciocho años. Saliendo con el grado de teniente. Un tipo chulo y duro, agraciado, nada feo y con dotes de mando, que rompía corazones allí donde latieran y además las mujeres, según cuentan, caían a sus pies para que las amara.
Se casa a esa temprana edad con una mujer algo mayor que él y este a su vez tiene tres hijos. El primogénito muere a los dos años del nacimiento, quedando Eladio como sucesor y Pancho, el menor de ellos.
La vida, pasaba entre espadas y traslados, entre cuarteles y prisas, entre chismes y engaños, insultos, enfermedades contagiosas, traiciones y barbaridades escuchadas y vividas de entre los asistentes ayudantes de cámara que les tocaban por reemplazo. Se vivía como venia el viento, unas veces hacia el norte y otras a verlas venir limpiándose los mocos.

A los tres años muere Marciana, esposa de Wilfredo, una muerte casi anunciada por la enfermedad del momento, Disentería, unas diarreas tremebundas la llevaron casi de la noche a la mañana, a dejarla sin peso hasta que acabaron con su existencia, dejado a los niños Eladio de cuatro años y Pancho el menor de ellos con dos. Para entonces Wilfredo Toledano ya es Capitán y Comisionado en el Acuartelamiento de Puerto Cabello. La desolación entró en la casa y los chiquillos, no podían quedar solos sin la atención de una persona que los pudiera criar y educar mientras su padre atendía las cuestiones del cuartel, sus guardias, sus montas sus maniobras y sus ausencias y faltas.
No le queda otra que llevar a sus hijos a casa de su hermana Angustias, la que ya tenía cinco hijos y un esposo sin trabajo conocido, muy delicado de salud _solo servía para preñarla, hacerle barrigas cada nueve meses y tener descendencia, no tenía otra fuerza en ningún otro músculo de su cuerpo el pobre de tío Elías_, Angustias, no podía tampoco salir a la calle a trabajar, por lo que su hermano llegó a un trato honesto,  ella cuidaba a sus hijos y sobrinos y en retribución el capitán Wilfredo, el que sería mi padre, se hacía cargo de toda la familia_. Hizo un inciso Macarena para tomar respiro y pensar en todo lo que había explicado, cuando su amigo Cheo Oriol, le preguntó para aclarar un poco toda la información que le había regalado.
_  Me habías comentado en alguna ocasión que tus abuelos ¿se habían separado? Ya en aquel tiempo, ¿funcionaba el divorcio? Es increíble, porque me estás hablando prácticamente de los años cuarenta principios de los cincuenta, estás hablando de fechas del siglo pasado_. Definió exacto Cheo Oriol

_ Los que se separaron divorciándose fueron mis abuelos maternos, y te estaba contando detalles sobre mis yayos y mis tíos, los padres y hermanos de papá. ¡Espera que todo llegará! _. Significó Macarena, agradecida por el preámbulo y la escucha.

_ ¡Cierto, perdona, Así es! _ dijo Cheo Oriol, dejando que siguiera en su gran despliegue la señora que disfrutaba, recordando todas aquellas anécdotas que le sobrevenían a su cabeza de forma natural y necesitada contárselas a alguien que de una forma u otra le importaran y pudiera juzgarlas.

_ Eso que apuntas es real, se divorciaron y mi madre, la señorita “cenicienta” que fue mi mamá, se tuvo que ir a vivir con sus abuelitos, los padres de su madre, Don Joaquín y Doña Emma, por todos los sinsabores que sus padres despojaban. Por tanto ella, mi madre quedó sin el amparo de sus progenitores.
Bajo el cuidado de sus abuelos maternos, personas ya de edad avanzada y sin ganas de criar a nadie_. Sin perder el hilo tomado y la inercia, siguió argumentando Macarena, mientras Cheo Oriol, le escuchaba cortésmente concentrado en la historia.

_ Mi abuelita se vuelve a casar y tiene tres hijos más, a los que mi mamá no puede conocer  porque, el nuevo marido de la abuela no lo permite. De modo que ella vive como he referido antes con sus abuelos hasta la edad de los diez y seis años, que coincide con la fecha que ellos fallecen.
De ahí  vive un tiempo sin apego con un familiar y otro tiempo despreciada con otro distinto, sin que su madre la que la trajo al mundo, sin ella pedírselo, la amparase en ningún momento_. Gimió disimulada Macarena y trago saliva para continuar con desprecio relatando aquellas efemérides
 _ ¡Ya me dirás que clase de madre hace cosa igual!  
En no querer saber nada de sus hijos, aunque hayan sido concebidos en otro matrimonio, o de forma ilícita, pero los hijos, siempre son los hijos. ¡Así lo creo yo! _ modificó la postura Macarena, frente los ojos de Cheo, para que la luz de la tarde le llegara en tenue caída sobre sus pechos desnudos. Siguiendo el cuento con la más convincente de las amarguras.
_ Hasta que se prepara  para formar parte del ballet, de la Universidad de Zulia.  Ella bailaba muy bien el son Joropo_ música llamera_ y pasa a formar parte del cuerpo principal de danza, y es así y como conoce a mi papá.

En aquel país el día 24 de junio es el día del Ejercito Bolivariano, conmemorar a las tropas de la nación,  se agasajan con un festival al cual asisten como artistas invitados a tal evento El Ballet de la Escuela Nacional de Danza del cual formaba parte la Srta. Verónica Ferrándiz una hermosa Joropeña,  rubia de ojos verdes y ahí inicia una relación en la cual termina casándose con el viudo capitán Don Wilfredo Toledano.  Los que después resultarían fueron mis padres.

En pocos meses se arregla todo, se pacta lo necesario para que mi padre pueda montar a la joven bailarina de danza, festejan, se mal conocen y se casan y ella Verónica, va a vivir a la casa familiar, la misma casa donde vivía la tía Angustias. La mansión que gobierna Wilfredo desde que enviudó, donde todos los gastos pasan por sus fueros y bolsillos. Siguiendo con el cargo de mis hermanastros de padre el niño Eladio de ocho años y el pequeño Pancho de seis.

Pasan diez años y la señorita Verónica no se embaraza y en el transcurso de ese tiempo, la pareja desborda su cariño sobre los hijos de Wilfredo y los cinco hijos de  Angustias, haciéndose cargo absolutamente de su cuidado y educación.

Por fin Verónica queda en cinta para su dicha, y desdicha de tía Angustias y uno de mis hermanastros  Pancho,  ya que se sentía el consentido de su papa, por ser el más joven_. Macarena, siguió explicando a Cheo, sus pensamientos mientras él, no perdía detalle emocionado de todo lo que escuchaba.

Nací un día de agosto de 1949, en el seno de una familia que aparentaba lo que no existía. Como pasa en tantas y tantas casas. Mi madre era una mujer asustadiza, y con miedo de perder a mi padre, por lo que le seguía siempre sus caprichos aunque en alguna ocasión, ni ganas de compartir con él tanta fiesta, tanto alcohol y tanto mujerío transitorio.
Creo que mi madre se casó con el gran militar sin amor hacia él. Buscando una seguridad y un hogar donde por lo menos, tuvieran cariño con ella, para mitigar todo el sufrimiento que había llevado en sus días.

El ballet hacia de trampolín y de escaparate ayudado por la belleza que ella poseía para encontrar refugio fuese donde fuese y costase lo que costara, todo eso unido con las deficiencias de mi padre y la necesidad de labios genitales femeninos que llevaba aquel capitán del ejército, surgió esta ecuación con necesidad de despejar aún su incógnita.

Por ello aguantó a la bruja de mi tía durante años y a toda la parentela. Sin embargo si las vidas se han de medir por la cantidad de felicidad. La de madre fue escueta.



Todos se disputaban el querer ponerme nombre. Mi papá se empecinó en ponerme un nombre tradicional, mamá no estaba nada de acuerdo. Al final ganó la cordura y quedaron no sé de qué manera de acuerdo para bautizarme con el nombre de una amistad que tenían en España muy devota de la Virgen llamada Macarena.
¡Así me pusieron Macarena del Mar!

_ No sé cómo ha sido que te he contado todos estos recuerdos con pelos y señales, querido Cheo, pero igual tenía necesidad de que me acurrucaras y me hicieras de nuevo feliz soportado estoicamente todas las emergencias de la leyenda_ recordó la guapa mujer, mirando a su amigo y alargándole la mano para que se la estrechara_ con esto ya finalizo y te dejo descansar_ comento riendo sin ganas, esperando una señal de Cheo Oriol.

_ No sufras Macarena, cariño ni te atolondres, todos y cuando digo todos. ¡Yo mismo! Voy incluido. Tenemos nuestras vivencias, momentos y detalles que igual es mejor olvidar. Lo que has conseguido con tu novela es, que aún valore más tus cualidades, y sepa que eres más sincera de lo que esperaba. Deseo, algún día puedas continuar, con otros detalles que han quedado grisáceos o no explicados que desde luego ahora ¡sí! estoy interesado en conocerlos.









martes, 29 de octubre de 2013

Codicia


 
 
¡Quiero gritar a los cielos!

Proclamar esa deslealtad

No ha de quedar sin su réplica,

luego el eco la devolverá,

para que lo sepas. Nadie lo evitará.

 

 

Soy intrépido por naturaleza.

Vergüenza no me ha de dar

Si lo callo, me hundo,

si me hundo deprimo

por ello, debo explotar.

 

 

Para mí, no codicio nada.

La ambición es enfermedad,

es un cáncer del espíritu.

El contagiado no vive

y deja que desear

 

 

Mezquindad noto en sus ojos

no me miran con bondad,

es como si huyera de algo;

sombras que le molestan,

algo para no confesar.

 

 

¡Quiero gritar a los cielos!

Revelar toda la verdad.

Esta vergüenza es ajena

a pesar de ser infame

tendremos que perdonar.

 

 

 

 

 

 

lunes, 14 de octubre de 2013

Mi otoño


Otoño, tercera estación
de la línea color verde,
esa ruta que recorre
del peaje: juventud,
hasta el enlace: vía alegre

 
Todavía soy otoño,
no estoy lejos del calor
ni  efluvios del verano.
A medio camino de Dios
y del invierno ingrato.
 

Quebrantos debo impedir,
al sobresalto que embarga,
si no fuese por la tensión…
y el corazón que se cansa,
el poema sería  balada
 

Si pongo la vista atrás
y veo lo que se gasta,
acredito que ya pasó
con ligereza diáfana,
lo juvenil de mi estampa.
 

Privilegiado nací
por no carecer de nada
que pudiera conseguir,
con esfuerzo personal
y la esperanza en el alma.
 

El otoño es mi estación.
donde vivo en movimiento,
andén real y ficticio.
Sus vías en trasversal
por si acaso me desvío.
 
 
 
 
 

viernes, 6 de julio de 2012

Baile del vientre


Nos encontramos los amigos antes de partir de vacaciones, antes de que se hiele la amistad, antes de que nos alcance el olvido, antes mucho antes, de que se enfríen las ganas de descubrirnos cada día un poco más.
La comida, fue una excusa más para vernos. Otra vez, para merodear cerca y escucharnos, reírnos y agradecer al cielo la bendita suerte que es tener amistades que puedan explicarnos sin palabras como nos hallan, como nos aprecian, o como nos envidian en silencio, y como agradecen esas distancias cortas para podernos decir aquello, que por teléfono cinco minutos antes no nos hemos dicho.
¿Sabéis que a las seis de la tarde en la plaza baila un grupo de flamenco? _ Asintió Juan, mirando al horizontal de la mesa esperando una rápida respuesta.

¡Sí! son las fiestas del barrio y además del cuadro Flamenco, también actúan las Dríadas, que zarandean el vientre, en ese ritmo hindú, adornándose con abanicos y con bastones de percusión._ Prorrogó el amigo de la ventana, que no era otro que Sebastián.
¿Quién más actúa? Porque no creo yo, que tan solo estén en ese espectáculo dos números, con el gentío que se amontona en estas fechas para verles._ Replicó Antonia, desde el fondo de un helado a medio degustar.  

También saldrán unas bailarinas, muy estimadas, que bailan, una danza oriental Bollywood, con sus velas y esencias. Aunque el tiempo no lo va a permitir, tenemos encima una tormenta “cojonuda”, que en nada caerá y como si lo viera fastidiará la fiesta._  Diagnosticó el camarero, cuando le servía el café a Eduardo, haciéndose eco de la misma conversación que llevábamos.
La fiesta tuvo que trasladarse a Can Masselleras, pero el espectáculo continuó. ¡Nada de anulaciones!  y como el horario coincidía y no apresuraba el ver en malas condiciones como nos hacíamos Campeones de Europa de Futbol, allí nos fuimos a deleitarnos con esos esfuerzos que el barrio ofrece a sus vecinos y que algunos saben agradecer.





Vean algunas fotos del escenario de Can Masselleras para que ustedes comprendan todo esto que les refiero.









miércoles, 9 de noviembre de 2011

Incisivo

Fue al sacamuelas le dolía demasiado una encía y no podía resistir ese martirio tan agudo que se clava en las sienes. Le dieron el numero de turno 73,  o sea que antes que él, habían setenta y dos personas con parecidos padecimientos.
No podía tener prisa, lo que tenía era miedo, terror a abrir su boquita de piñón frente al dentista. Es algo delicado que te extirpen cualquier cosa y además esperar que el señor doctor no sea gruñón, no produzca dolor y no se equivoque, que tenga buen día y acierte ¡Eso también se ha de valorar!
¡Qué dolor! No podía ni vivir con estos aguijonazos, era demasiado soportar para el cuerpo, aguantar esas punzadas tan profundas, que zarandeaban hasta las ternillas del organismo haciendo flaquear las piernas.
Aquello iba rapidito, el doctor no perdía el tiempo, en chistes ni en circunloquios, tal como entraban salían. Desenfreno total, rapidez en el desarrollo del fin del dolor, extirpación de los problemas bucales. Tanto era así que se ilusionó en recuperar la calma y el sosiego tras la exigua espera. Aquella consulta, era un encanto, se accedía con sufrimiento y se despedía verdaderamente sanado.
_ Buenas tardes. ¡Qué le pasa!
_ Pues, que debo tener una muela careada, que me trae a carajo sacado.
_ Siéntese, abra la boca. ¡Nada!  Eso no es nada. Verá que pronto, finaliza este penar.
Antes de desaparecer los efectos anestésicos, empezó a molestar algo. Ya en presencia del doctor, mientras le cortaba la hemorragia bucal.
 _Es normal que tengas molestias después de una cirugía. Debes guardar reposo, no hablar, no masticar de ese lado, no enjuagar la boca con nada, no escupir._ Dijo Don Cipriano._ Traga la saliva, no escupas. Si no eres paciente y te da aversión la sangre en la boca, usa una gasa estéril para limpiar la sanguinolenta saliva y límpiate con frecuencia._ Seguía esgrimiendo el Odontólogo, con cara de pocos amigos._ Luego ponte otra gasa estéril, doblada varias veces encima de la herida, muérdela y quédate sentado, una hora, quieto, mordiendo, estacionario, muy inactivo, ni caviles, déjate ir dentro de tus corrientes, verás como a medida que pasen los minutos ganarás en tranquilidad y en confianza.

Salió del Ambulatorio con una serie de consejos que el propio Don Cipriano le regaló para que fuese menos complicada la recuperación. Después que la anestesia no actúe, que se marchite el sopor del cloroformo, evitando molestias previsibles.
Habían pasado unas cuarenta y ocho horas, de morder la gasa, de estar sentado de no tragar, de no comer, de no dejar de dolerse de su dentadura, de tener unos revolcones excepcionales, de   ¡No vivir!
¡Dolor profundo!  Hiere aún más. Ha seguido tomando el antibiótico. No fue una extracción laboriosa ni complicada y saliste del médico, sin más que los consejos dados por Don Cipriano, pero a pesar de haber hecho absoluto reposo, es posible que aún tarde en mejorar. _ Pensaba el desafortunado Jaume. _  He respetado los cuidados iniciales, desde que salí de la consulta. Son fundamentales, pero no encuentro mejorías. Es posible que la herida esté infectada. Es probable que no tenga un coágulo adecuado, que no cubra el hueso. Es factible que el cuajo esté desprendido e infectado. Se halla retraído la encía habiendo quedado un trozo de raíz al descubierto y se hayan emponzoñado las paredes del alveolo dentario._ Todos estos pensamientos pasaban por su cabeza cuando ya se dirigía a la consulta de Don Cipriano._ Acompañado de Carmela, su compañera, una mujer sabelotodo que además entiende de leyes, de medicina, de asuntos fiscales, puericultura, finanzas, cardiopatías, medios para el adelgazamiento, en fin una mujer lumbreras, una siete ciencias. Además, ¡Claro!  Ser, la persona más higiénica de la ciudad.
Al llegar a la puerta del consultorio, fue recibido por la enfermera, que al verles, con aquella urgencia y a Jaume, con un semblante tan mofletudo, tan rollizo, tan exageradamente inflamado, le dijo que esperara, que no tardaría en ser atendido por el doctor.
Mientras Carmela, iba haciendo praxis y teoría de lo que le podía haber sucedido a la muela de Jaume y le refería no sin, entonación adecuada, de lo que seguramente sería y de donde le vendría la aparatosa infección.
Él, se la miraba inmisericorde y no pronunciaba palabra, primero porque no podía y después, con seguridad hubiese sido  corregido por la innata lucidez y el conocimiento tan enorme que poseía aquella dama.
Don Cipriano, les hizo pasar y sentó a la víctima en la butaca del martirio, la  odontológica, haciéndole abrir la boca como pudo. No tardó en saber qué es lo que le ocurría.
_ Jaume, ¿Así se llama usted? _ preguntó el dentista._  Ummziii _ balbució manifestando ese ruido gutural, intentando decir ¡Sí!   Mientras tenía aparcados dentro de la boca una cantidad de artilugios metálicos, propios de la función.
La compañera, que estaba a pocos metros de la butaca profesional, quiso dar a don Cipriano, su opinión. _ Verá Doctor _: Se le ha infectado porque no ha llevado a cabo todas las prescripciones facultativas que usted le indicó, poca profilaxis y además, los analgésicos prescritos en su consultorio, tampoco los ha tomado, debe tener una viral contaminación, que le proporciona esos dolores tan agudos ¿Verdad?
_ Además de todo eso que usted apunta señora, ¡Que es cierto! Le suprimí un diente sano, en lugar del que tenía afectado y que debí haber sacado, puesto que la muela que le daba martirio, la sigue teniendo._
_ ¿Y ahora, que hacemos?
_ ¡Begin the Beguine!  
_ ¡Volver a Empezar!