Sentía tanta ira, tanta cólera y tanto asco aquella delicada exterminadora de humanos, que daba hasta miedo pensar en ella. La vengativa y disimulada asesina de Bodoque—que así se hacía llamar Matiluz—era una abreviatura de full body, que significa traducido al garrulo, <cuerpo espeso>
Matilde de
la Luz, que acometía sus quehaceres y los finiquitaba de una forma limpia, vasta
y sin dejar sedimentos que pudieran ser escudriñados por policía alguna,
trabajaba sola.
Tan
solitaria como la sordina que ilustraba en el acto de sus atentados.
Ofertaba sus
trabajos a beneficio de la discreción. Con precios asequibles a gentes sin
acopios, y facilidades.
Con disimulo
se ofrecía en alguna de esas redes subterráneas que existen y que pocos
conocen. No sentía escrúpulo alguno en dejar frito… seco al electo… o impedir, el
resuello a la distinguida y garbosa por clientes escogidos, que los tenía.
Además de los
espontáneos que aparecían, publicitados por el clásico boca a boca de los que
habían quedado conformes.
—:<Parece
una torpeza, pero también se da, y con más frecuencia de lo que cavilamos, en
que la gente que se ha vengado, dé a conocer sus acciones, tan solo por esa
presunción que conllevan los atontados>. Pensaba Matiluz al iniciar su última
ejecución.
Sin
embargo, también se dan estas circunstancias en este mundo tan diferente en el
que existimos ahora. En el que casi todo vale.
Aquella asesina
a sueldo, era una dama venida de los bajos fondos de la sociedad. Que aprovechaba
aquel viaje y a la vez de fingir una visita médica preparada que tenía
concertada, en un hospital de la ciudad de Nápoles, le cubría para dar su
último golpe.
Matar a Gertru,
la amante de Gonzalo, que no era ni más ni menos que el que fue en un tiempo su
esposo.
Un hombre
al que no quería, y despreciaba, pero que además castigaba con pequeñas cosas
para impedirle su felicidad.
En un
tiempo Matiluz había observado que Gonzi—como ella llamaba a su amor, en un
tiempo pretérito—conseguía ser más feliz que un bobo, y esa dicha pretendía
cortarla de cuajo, como venganza al desprecio que tuvo con ella. Sumiéndolo de
nuevo en la desgracia de su soledad.
El modo de
final de trayecto para Gertru, debía ser de auténtica maldad, para que aquel
hombre, sufriera y se diera por aludido que a cada una de las señoras que le
echara los tejos, quedaría bajo la sentencia de la “sinvida”.
Matiluz lo
preparó todo de forma secuencial. Engañando al más pintado, incluso a su propia
pareja, que la acompañaba sin saber que el verdadero motivo del viaje, no era
tan solo médico.
Auténtica
artista del engaño y del asesinato. Buscada por las direcciones generales de la
policía en varios países europeos.
Aquel golpe,
lo había estado preparando durante los últimos cinco meses y ahora llegaba el
punto de emprender su final.
Usó sus malicias
de forma maquiavélica para desterrar a la mujer, que hacía feliz al que ella
pretendía fuera un desgraciado.
Aquella
especialista en crímenes expresos y rápidos albergaba en su psiquis tendencias
extrañas, que por supuesto no le venían más que de sus genes. Y aunque siempre
trabajaba por encargo, había llegado el instante de finalizar un espacio suyo,
tan personal, como infranqueable, tan peliagudo como familiar, tan asqueroso
como ella misma.
Así que,
sin impedir refrenar su instinto asesino, aquella desconocida quedó muerta
sobre las sábanas del gran hotel Napolitano de <Fui Michino>
Actuó como
si la cosa no fuese con ella, volviendo a engatusar a los que pululaban cerca,
mientras ella cometió el crimen. Hacia un punto que ni tan siquiera le pudiera
hacer la mínima sombra.
Hospedada
la agresora Matiluz, en el mismo hotel donde se cometió el homicidio, supo entrar
sin ser vista en su habitación, una vez estuvo ejecutada aquella agresión. Trabajo
finalizado.
Maquinó una
trenza en el mismo hotel napolitano, y una vez acabado el trabajo fue a
descansar junto a su actual marido. El que le acompañaba en aquella aventura,
muy lejos de imaginar el suceso que minutos antes había protagonizado Matiluz,
que ya, dormía muy tranquila aquella misma madrugada, como si no tuviese nada
que ver con la muerte, dos pisos más arriba de la planta que ocupaba en el
<Fui Michino>.
Fue despertada
por su marido, de forma exabrupta. Por un espectáculo aparente que había ingeniado
para excitar a su acompañante y fingir como actriz una ensoñación falsa, para reírse
del mundo.
—¡Despierta
mujer!, … ¡Si sueñas de estas guisas, es que escondes algo!
¡O quizás,
no eres buena! ¡Que te pasa! ¡Estás loca! Que tienes en esa conciencia barata—.
Le recriminó su marido dándole unos zarandeos y destapándola.
Matiluz, siguiendo
con el guionado de su estratagema le dijo, manteniendo seriedad y procurando interpretar
aquella obra magistral.
—Te odio…!
¡Ni me toques! Le regaló aquella mujer recién excitada a su marido, notándosele
el falso y artístico ultraje más efusivo en la cara.
—¡Loca no
estoy! Y lleva cuidado como me tratas que te estás jugando mi desprecio.
El marido,
queriendo serenar la cosa, no insistió y quiso enderezar aquel mal trago, que
sabía tenía un final infeliz y corrosivo.
—Mira de
aguantar por favor y tómate los calmantes, que no haces caso a nadie. ¡Para ya
de joder! Frase que se le escapó e incitó a la agresiva mujer, que con desdén
agredía a su oponente. Mientras este trataba de decirle.
—La visita
del psiquiatra, la tienes pendiente y pronto. Por ese motivo hemos venido a
Nápoles, ten paciencia Matiluz, que mejorarás, una vez el doctor pueda cambiar
tu medicación—le comunicó afectado, volviéndose a su cama, mientras acababa de
informar en la distancia.
—Por cierto—,
preguntó el esposo, mientras se recostaba en su cama.
—Quien coño
es Gonzalo. A que te refieres …con ese nombre raro de Bodoque—. Siguió
argumentando el poco ilustrado y continuó.
—Mira que
eres imaginativa. Menos mal que eres una pobre infeliz, esperando ayuda médica.
Acabaremos con ese tormento que tienes en tu cabeza. ¡Descansa tía! …Pronto
estarás mejor.
El hombre
se durmió, y Matiluz, despierta disfrutó del fin del entreacto.
A la mañana
siguiente cuando abandonaban las instalaciones del hotel para dirigirse al hospital
napolitano de las Cumbres, la policía, casi invadía las escaleras del <Fui
Michino>, tras haber sucedido una tragedia en la planta octava. Donde al
parecer, una tal Gertrudis Arimaltoise, falleció por causas patibularias.
autor: Emilio Moreno.



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