—No sé qué hacer,
—le decía Clara a su amiga Fátima. Y esta le respondía —¡Que exagerada eres! No
será para tanto. Eres un poco jactanciosa y parece, que tan solo a ti, te pasan
las cosas de importancia —. Se detuvo para inhalar y sacarla de aquel
cataclismo, a la vez que le preguntó.
— A ver querida
Clara; por qué me dices las cosas a medias sin acabar de explicar el tema con
pelos y señales.
La afectada
Clara, que se quejaba, lo hacía más que nada por escucharse a sí misma y si acaso,
pudiera ser ayudada con la opinión de alguien que a fin de cuentas la conocía y
pudiera darle un poco de luz a la decisión que había tomado, después de una
desilusión ocurrida.
Se lo
contaba a su amiga para desahogarse, o cuando menos no sufrir por un error de
su parte. O quizás incluso, para ser amparada por alguien que sabía que jamás,
la traicionaría.
Fue una
historia, y así se la explicó a Fátima. Que la disfrutó mientras duró la
inconsciencia, la lujuria y el atolondramiento.
Con lo que
comenzó a exponerle el relato a su íntima amiga, que a momentos la sacó de
madre, poniéndola al borde de una excitación sexual prolongada.
Así se lo
contó, con todo su nerviosismo, del que no ha corregido un ápice para evitar
perdiera sensación e irrealidad.
—Estoy echa
un lío, porque después de estar tanto tiempo festejando con Miguel, me da cosa
decirle que quiero romper la relación. Lo peor de todo, es que estoy colada y
prendada de su hermano mellizo.
Esa es la
única verdad del asunto. Se que las consecuencias pueden ser duras. Primero
decírselo y que me entienda, después está lo de su familia y para colmo como
quedo yo ante tanta insensatez.
Por ello
quiero pedirte ayuda y si pudieras, te agradecería fueras lo más sincera
posible y pusieras un poco de norte en este follón—. se detuvo y persistió en
su afirmación
—Me he enamorado de su gemelo… ¡Sí! ¡Como lo oyes! De su hermano—. Dejó caer la
plancha anunciándole a Fátima y certificando la noticia a su confidente y amiga
de siempre. Para continuar diciendo.
—De verdad…
puedo jurártelo querida Faitym. Me conoces. No te mentiría nunca y en esto aún
menos. Sabes que siempre he sido más bien recatada y muy tímida. Me sedujo y de
qué manera el muy tunante. Sabe dónde mojar y catar, donde tocar y palpar. Donde
hurgar para hacerte gozar como una hechizada.
Fue de
sopetón, sin malicia por mi parte. Sus besitos, caricias, y al final el clímax.
Aunque reconozco que estaba excitada y bastante salida. Creyendo que mi Miguel
repetía aquella noche otra fantasía en el río y al fin se decidía, a bajarme de
nuevo las bragas y romper el tope.
Por parte
del modo en que disfrutó con el meneo, el hermano de Miguel, igual pondría en
tela de juicio que no era algo que tenía previsto —. Se meció su melena y
confirmó—Aunque esto lo pienso ahora que te lo cuento… y sin detenerse
prolongó.
—Una
atracción, natural entre novios, —<pensé>… mientras disfrutaba pegajosa,
desgarrada y desnuda sobre el mullido sofá del recibidor de aquel apartamento.
¡Ya te digo! Enloquecida—. Expresó sin cortarse dando nutrida sensación de poco
arrepentimiento.
—La que teníamos montada—reaccionó súbitamente
y le comentó a Fátima—mirándola y viendo cómo se retorcía en su asiento, por el
placer que notaba al despertársele los efluvios corporales derivados de su
excitación.
Tan solo, y
nada menos, su fogosidad. Derivada de aquellas explicaciones sobre como su
amiga, satisfacía en el inicio del placer sexual que tuvo con Rafael. Placer
completo, que le afectaba de lleno en su psiquis sexual.
Al imaginar
a su amiga en bolas trasteada por su cuñado. Definiciones que la hacían
menearse encima de la silla, buscando la pose más alejada de un furtivo orgasmo
provocado por su amiga informadora.
Por lo que
Clara al verla tan excitada, detuvo su relato para preguntarle.
—Te
encuentras bien nena. ¡Fátima! ¡Óyeme! Que te pasa chica, no me asustes.
Cierras los ojos y estás sudando.
Te veo muy
rara. ¡Te encuentras bien! —. Le interrogó preocupada, viendo que se retorcía
en la silla por el morbo de todos los detalles que Clara, le contaba. Y Fátima
sin poder evitarlo suspiró diciendo.
—Te escucho
y me estás poniendo ciega de gozo. ¡Lo explicas tan bien, que parece sea yo
misma la protagonista! —Comentó Fátima y añadió además.
—Estoy
ahora mismo para soltar un grito de placer, ¡Fíjate!, hasta que punto estoy de
acalorada!
Dudo de no
acabar mojada y pringosa, cuando llegues al final del relato. Se detuvo y comentó
a renglón seguido aquella encendida señorita
—Sigue. Y
no seas mema. ¡Coño! …No interrumpas más ese cuento!, y desiste de examinarme a
mí. ¡Déjame disfrutar del rollo! —. Le dijo Faitym, casi en un placer
transcendente, que no me perdería su final, por nada del mundo.
—Le rogó y
exigió.
—¡Sigue!...
Estoy disfrutando, en modo grande. Amplió su lujuria mirándola con ojos
lascivos, para que le diera final a su aventura, que la estaba poniendo a caldo.
—Tía, de
donde sacas semejante vocabulario. Lo deberías pasar de miedo con ese tipo. Aunque
fueras engatusada por tu futuro cuñado. —insistió Fátima.
—Pero yo…,
¡Entiéndeme!... —rebatió Clara, excusándose.
—No sabía
aún que no era Miguel—. Se detuvo Clara, intentando ser honesta y sin enfado
adujo.
—Se lo
montaron entre los dos hermanos adrede. Aunque es bien verdad, que en el beso
que me dio a su llegada, algo diferente sentí y <pensé>… <No es el Miguel
que conozco>.
Hoy parece
estar salido, se ha tomado una pastilla de esas azules, o me lo han cambiado
por otro —. Detuvo su charla, se secó la frente y se rascó tras de la espalda,
para insistir. Sin llegar a intuir y admitir que pudiera haber aceptado el
meneo que se dio con el hermano de su novio.
Darse
semejante hecho—. Se detuvo en su explicar, y dio un trago del vodka con
naranja que estaba tomando su amiga. Y notar en la forma en que se retorcía de
gusto Fátima. La que sin casi resuello la invitó a continuar. Retomando la voz
serena su amiga Clara.
—Eso creía
yo, pero no era Miguel. Quedó desorientada y procedió.
—Perdona
Fátima. He perdido el hilo... ¡Mira chica!, te veo tan colorada… ¿Estás bien?
Me preocupas tía… o estás a punto de correrte o te ha dado fiebre.
La amiga
desenfrenada porque toda aquella exposición acabara, para ir a lavarse la cara
le rogó que siguiera y evitara detenerse en minucias, que no venían a cuento.
Volviendo a
lo que refería—dijo Clara, acariciándole las manos a su amiga y secándole el
hilo de baba, que soltaba su boca.
—Eran justo
otros brazos, otros labios los que me besaban. Era su doble, su tete Rafael, y
que gustazo sentía, que diferencia notable encontraba a bote pronto. Perdí la
vergüenza—dijo Clara—y le puse mis manos sobre su pernera, creyendo que el
sería mas juicioso. ¡Nada le frenó! Era una furia. Un animal sin freno, un
desbocado macho que me trajinaba como si hubiera de fundirme como un poseso
descerebrado.
Detuvo un
instante su relato para volver a tomar aire, mecerse el cabello y desajustarse
un tanto el sujetador, para evitar el peso de la presión, sobre sus dos senos,
que estando vivos parecían tener vida. Y diciendo.
—Es el
destino que así lo quiso… ¡Qué voy a hacer! La verdad es que no cambio por nada
ese momentazo.
Ese sino
maravilloso con el que tropecé.
Fátima,
encantada asimilaba con ardor las explicaciones de Clara, que sin querer o
queriendo la tenía en ascuas, al rojo vivo, incendiada.
—Y todo
obedece al destino. Creo yo—afirmó Clara, con rotundidad y continuó resuelta y
con aquel desparpajo de mujer bregada y curtida.
—Fue desde la
gripe de Miguel... cuando se enfermó en el pantano. <que debieron plantearlo
los dos hermanos para cambiar de parejas sin que yo lo notara>. pensó—y
siguió con el relato que le contaba a su amiga Fátima, sin ocultarle nada. Sin dejarse
ni una coma, sin omitir ninguna sensación sexual ocurrida.
—Se puso
enfermo—comenzó de nuevo el recuerdo Clara, exponiendo la parte final.
—Tras la
aburrida excursión que hicimos al litoral, de hecho Miguel, es así, y a veces me
desquicia por lo timorato—, comentó Clara en tono de paciencia.
—Calladito,
corto, miedoso y algo tacaño. Y por aprovechar la reserva en el hotel Follow,
que no quería perder.
Sobre todo el
dinero. Bajo ningún concepto y sabiendo que no le retornaban la pasta de la
paga y señal, debió pensar en ese trueque y se quedó curando su gripe, enviando
a su hermano, a sustituirle—. hizo una pausa y continuó.
—Al tener
reservada la salida, los billetes de tren, y el alojamiento. Yo le propuse, al
ver que no tenía la posibilidad de retorno del dinero. Que la podíamos atrasar,
hasta que se recuperara. Miguel, saltó como un obelisco diciéndome una de sus
excusas. Excusas que no entendía y me confirmó.
— Que era
imposible, que no se podía recuperar la pasta… que era un viaje cerrado y si no
íbamos perdíamos lo adelantado. Recuerdo que le volví a proponer que lo atrasara sin problemas, esperando lo
entendiera.
—Pues la
perdemos. Tantas cosas dejaremos en nuestro camino sin quererlo. No hubo forma,
y por no discutir, dejé que hiciera lo que le viniera en gana.
—Aducía que
era para hacerme feliz.
Que yo
comprendiera que era su deseo y que iría como pudiese.
¡Joder!
Cómo pudiese! Menudo tórtolo…
Y es que el
muy jodido, tenía un plan de relevo. Un plan concebido con su (tete), su
hermano. ¡menudos cabrones!
Total para
que no fuera sola, ni descuidada. Quiso llenar su vacío sin pensar las
consecuencias y en aquel fin de semana, no me sintiera triste, afectada y
desprotegida—. Con eso me quería convencer y sin perder el hilo Clara añadió.
—Tuvo la
idea de sustituir su presencia, y suplantarla con su hermano, sin que en un
principio, yo sospechara nada absolutamente.
Y bajo
acuerdo entre ellos. Tan solo debía acompañarme. ¡nada más! Y eso quien se lo
cree. ¡menuda patraña!
¡Solo eso!
— comentó Clara.
—Al ser tan
similares, igual colaba. Miguel, pretendía que no notara la diferencia, y de
verdad al principio no la noté. ¡Lo juro por mi madre! —. acomodó la joven y se
prolongó.
—Sin embargo,
al poco advertí que me miraba de otro modo, con lascivia, con más pasión que lo
hacía habitualmente.
Lo
distinguí cambiado, pero pensé que eran cosas mías. Porque yo le seguía llamando con su nombre: Miguel aquí… y Miguel allá. ¡como siempre!
—Y me contestaba
sin retraso. ¡Como si fuera el verdadero Miguel! Fingiendo. Era cojonudo, y yo
sin darme ni cuenta.
Hasta que de buenas a primeras, sin más ni más y sin venir a cuento… me dio un beso tan extraordinario y diferente, con tanta fruición y con un aliento tan profundo, que supe que el que me rozaba y palpaba, era Rafael.
No me quejé.
Me gustaba. Me ponía aquel engaño.
Quería
saber cómo funciona eso de la astucia y el adulterio. Estaba tan a gusto, que
fingí como una boba.
Me puso tan
a cien que <me dije>. A ver hasta dónde llega… y si tiene cojones de
descubrirse y confiesa su verdadera identidad. No los tuvo, tuve que ser yo, cuando me plació deshacerles la mandanga y el engaño.
Seguía con aquellos agasajos y caricias, deseos y palpaciones tan puras y exquisitas, tan diferentes a las de su gemelo; que creo que <en aquellos momentos>, fui mala y lo provoqué, a sabiendas que no me violaría. Señalando con una mirada desorbitada, provocando con malicia. Que no tuviera remordimientos y finalizara aquello que había iniciado—. Con gestos delicados hice que se precipitara.
—Sigue y no
te pares… Miguel por Dios. Sigue mamón como tú sabes hacerlo.,. y sigue así,
aunque no seas Miguel.
¡Porque no
lo eres! Te crees que soy boba, ¡Anda y acaba bien, lo que has empezado y no
quedes mal, que después le irás con el cuento a tu tete, ¡Vamos! a tu hermano y se enterará de este capricho vuestro.
¡Estás
fingiendo tío! No te pares ahora cabronazo. ¡Vas a dejarme así… Que me tienes
tan húmeda y mojada! Sería un crimen por tu parte. Seas quien seas, acaba y déjame
satisfecha. Porque me imagino quién eres.
¡Fue cuando
me preguntó!
—Has hecho
el amor alguna vez con Miguel
—No le
respondí y le incité a que llegara a metas más lejanas. Cuando su hermano todas
estas cosas se las miraba, y si podía las evitaba, y no sé por qué… Después al
final de la historia, lo comprendí todo.
—Lo nombré
por su nombre. Rafael, sigue sin miedo que estoy blanda y no se lo comentaré a
tu hermano, a no ser que tú te vayas de la lengua, pero acaba como debes.
—Fue
entonces cuando me dijo… ¡es verdad! Me has descubierto tía, ¡Soy Rafael!
Me lo miré
apasionada y le dejé que disfrutara y que me hiciera partícipe de aquella
aventura. Consiguiendo, ser y estar feliz por media hora. No podía perder más
de lo que ya había perdido. Aquello con seguridad no iba a tener un final
feliz.
Me desnudó con
calma, allí mismo, y me atusó, suavizó y adomó hasta que con dulzura me
penetró. Una y otra vez. Calmado,
sereno, dando virtud y gozando, como yo gozaba al sustituto del hombre que normalmente seducía. Aunque poca
diferencia había en aquellos dos cuerpos tan semejantes, tanto que si me lo
proponía que es mucho decir. Parecía estaba con el que me acariciaba cada noche.
Aguantó
tantas veces como pudo. No las que quiso. Las que pudo. Sin más. Esperó a que
me sobreviniera la jugosa <miada> y su correspondiente <squirting>…
y fui… no sé dónde fui, pero me marché abducida a un mundo feliz.
Cuando volví
a ser yo, y acabamos el coito, aquel polvo furtivo casi perfecto nos supo a
gloria. Irrepetible—dijo casi en silencio. Con aquella dulce felicidad
pasajera, le pregunté.
—Y ahora qué.
Porque imagino que habrás meditado algo para decirme…
— Quien se
lo dice a Miguel, porque no pretenderás… que viva a tu lado casada con tu
hermano y no piense en este momento.
No crees que
tengo razón. ¡Es la verdad!... podrás decirme ¡Qué opinas!
—No puede
suceder nada—dijo Rafael—. Tu eres la novia de Miguel … y que sepas que él, ya
sabe que hemos cohabitado juntos.
Lo mismo
que yo sé, que Miguel se ha metido en la cama con mi mujer. Y han pasado la
noche placiendo. Disfrutando como hayan podido.
Somos
gemelos y nuestras sensaciones son tan exactas, que no podemos evitar ni
separar los actos, pensamientos, y decisiones en lo que hace y piensa uno y
otro.
Tenemos las
mismas reacciones a las mismas horas. Somos dos, pero tan iguales que realmente
somos uno.
Yo sé, que
se lo ha pasado estupendo cuando montaba a mi mujer. Y yo lo he disfrutado. Y lo
hará cada vez que le venga en gana.
Lo mismo
que haré yo contigo si es que entras en esta nuestra vida. Que lo dudo—. Dijo
serio y prosiguió sin menoscabo. Con una cachaza cojonuda y una gleba de
presunción inaguantable.
—Porque veo
que eres muy celosa, especial y complicada.
—De todo
esto—inquirió Clara— tu mujer que opina. Le gusta compartirte con quien sea,
¿Lo aguanta de verdad…?
Y a parte
de todo ello—siguió preguntando.
—Cómo le
digo a tu hermano, que ahora quiero estar contigo y no con él. De hecho, me
pones tu más que tu hermano Miguel.
Sois iguales
pero tenéis algo que os diferencia.
—¡Que nos diferencia!
—preguntó— ¿Y qué es?
—Tu eres más
atrevido—le dijo—y más directo. Igual eres más valiente.
Me gustas más.
Eres más agresivo en la cama y te prefiero a ti. Si no estás de acuerdo y me
repudias, pondremos el final y además, que sepas. Si no te vienes conmigo. Os dejaré a los dos.
Yo no te quiero
compartir con nadie. Te quiero solo para mi—dijo Clara sin ambages.
—Os
abandonaré a los dos. ¡que debiera hacerlo de entrada, por el engaño que habéis
urdido, como dos posesos que veo sois.
—No podrás.
No es posible. Yo no te quiero.
Tú me pones
para un rato. Yo tengo mi mujer, y no la cambio por ti.
No eres mi
tipo, ni de lejos.
Como para compartir
una vida contigo. La prefiero a ella—. hizo una pausa y añadió.
—Y jamás
cambiaré a mi chica por ti. Compréndelo y perdona que sea tan franco—siguió
aportando Rafael.
—Si me
propones para un polvo, no te despreciaré, pero amancebarnos y juntarnos no.
Perdona pero no eres mi tipo.
—Qué pensarán
tus padres—. preguntó Clara.
—Y la que dices que es tu mujer, la familia. Opinarán algo, o están acostumbrados a vuestras aventuras. ¡Vamos digo yo!, de
lo sucedido entre nosotros.
—Nada,
jamás lo sabrán de mi boca. Aunque ellos ya lo imaginan, que veníamos para
disfrutar del fin de semana juntos, desnudos y alocados. No son nada tontos—.
Añadió además.
—Hasta mi
mujer lo admite, y me ha aconsejado que te haga disfrutar. Ella se ha trajinado a Miguel, y lo ha disfrutado, pero punto.
Como sabe
que tú, me has dado felicidad, y yo te he amado. Cómo tú has querido. Siguió
aduciendo.
—Luego
viene a mi lado. Y nos olvidamos de los rollos. Y si alguna vez mi hermano le
propone ir al lecho. Ella jamás lo rechaza. No me lo oculta, y yo lo se. Ni tan
siquiera he de darles permiso. Lo toman y punto.
—Pues
menuda vida perra la vuestra. No me convencéis.
Tomó la
palabra Rafael y añadió.
—Eso es lo
que pretendemos de ti. ¡que nos ames a los dos a la vez y por separado! —anotó
Rafael y pronunció para ir finalizando.
— Que todo
sea compartido entre todos. Incluso con Marta, mi novia y así todos felices.
Aunque ya
veo que tú, no vas a entrar en esta fiesta. Eres demasiado obsesiva y celosa.
—A eso le llamas fiesta. ¡desde luego conmigo no contéis! Aquí ponemos el punto sobre el final...
Aun replicó el casi ofendido gemelo, diciendo.
—No te apures. ni padezcas—. añadió con suficiencia.
Señorita Clara, ha sido un placer. Lo he pasado genial contigo. Lástima que no accedas a nuestros deseos. No tendrás necesidad de decirle nada
a Miguel. Mi hermano ya sabe que no volverás con él. Nadie se lo ha dicho; pero lo intuye.
Deshicimos el fin de semana y me marché en un taxi a la estación en busca del tren de retorno y lo dejé, allí con sus leches. Sin querer saber nada más. Había pasado un fin de semana de encanto en cuanto al disfrute carnal, y me sacaba de encima a un tipo, que tan solo bebía de lo que acordaba con su hermano gemelo.
Sinsabores que no estaba dispuesta a aguantar dadas aquella proposición que me hacía Rafael.
Se meció los cabellos que con la indignación habían poblado su frente y dirigiéndose a su amiga, le dijo.
¡Esto ha sido todo!—Certificó Clara—Te la he contado sin más, sin precisar en nada, que no fuera natural, y no surgiera de mi pensar. Solo me guía el escarnio y la mala leche. Han intentado jugar conmigo.
Que te ha
parecido la historia Fátima, ¿crees que hice bien? ¿En darles el piro?
Lo principal—replicó Faitym—, es que a momentos sabías que pasaba y no estabas engañada, lo has disfrutado en tu cuerpo y en tu experiencia. Déjalo estar y olvida. Tú vales mucho y habrán oportunidades. Fátima ya repuesta del calentamiento añadió—Sobre todo vigila caso de tener otra historia con gemelos. Y continuó poniendo el punto y final.
—Ha sido una
aventura. Inimaginable para mis entendederas. A veces me pregunto, porqué a mí no me pasan
estas cosas.
autor: Emilio Moreno
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