viernes, 29 de mayo de 2026

Destino infame.

 











De las tres hermanas Ruiz Puig, no se tienen demasiados datos—Comentó en el documento de respuesta, el administrativo del registro.

Remitiendo los datos solicitados a uno de los nietos de Carmen, que intentaba averiguar parte de la vida de su abuela y desde donde venía. Imaginando que la indagación que requería obraba al completo en el Registro de su Delegación.

Buscaba y requería aquellos datos, al ser un tipo curioso y gustarle las historias de sus ancestros. Quiso recabar en su pasado y rememoró tantos y tantos sucesos que cuando era niño le explicó, repetidamente su abuela.

Una mujer muy puesta en cultura. Dado el rancio tiempo que interesaba y la poca devoción que tenían según que padres por educar a sus hijos mínimamente. También es verdad, que otros muchos no le dispensaban ese bien a sus niños; porque no tenían ni para comer.

El recuerdo le volvió a sumir en los instantes que sentados en el portál de la casa, la anciana se explayaba contando sus amarguras, que sin dudar le servían para desahogo y contriciones.

Aquella viejita gozaba de una sapiencia amplia, raramente aplicada en este futuro rayano para erudición y omnisciencia de sucesores interesados. Obtenida en aquellos años duros salpicados de tanta inmundicia y por supuesto, de las muchas injusticias que sucedían.

El hambre, la migración, la necesidad de sobrevivir en las familias. Donde los padres debido a las carencias, ponían a una edad muy temprana a sus hijas a servir y a sus niños a trabajar con horarios inhumanos.

Detalles que en los Ruiz, no se dio. Al disfrutar de unas posibilidades intrínsecas al empleo que desarrollaba Don Saturio. Siendo el practicante y barbero en uno de los pueblos zaragozanos, y que además con sus mañas y negocios anómalos, anduvo destinado en varias aldeas cercanas de la comarca medrando. Por lo cual como mínimo a su descendencia los dotó de una adecuada preparación académica.

El primer descalabro en aquella saga, lo padecieron en el año 1918, con la Pandemia Española. Esas fiebres malévolas, además de enterrar a miles de personas de todo el país, se llevaron a la tumba sin remisión alguna a Doña Concha. La madre de las tres niñas del cirujano sangrador, (el equivalente rural a los ATS).

Las fiebres le robaron la salud y aunque fuera esposa del sanitario de aquella comarca, con más soluciones farmacéuticas y más medios que cualquier otra familia, no hubo salvación. En un visto y adiós, se esfumó su vigor y la pandemia le arrancó la existencia.

Sepultaron a la madre con treinta y ocho años en la flor de la vida, quedando las hijas ya mocitas a expensas de los caprichos de papá, que de entre sus pacientes más lozanas, encontraba sexo cuando lo precisaba, con el disimulo que dan las consultas a domicilio y las establecidas en el propio dispensario.

Sin necesitar permiso de nadie puesto que las pocas medicinas, los gajes y escusas del tiempo, las suministraba el barbero enfermero del pueblo.

De los entresijos de la casa se hizo cargo la hermana mayor Carmen, la que sin dudar se llevó la peor parte, al tener que poner coherencia en el seno de aquella familia compuesta por tres mozas engreídas.

Sin el amparo de una madre y sin cuartel, todo iba manga por hombro descontrolado. Por lo que se iniciaba un seguro y severo declive. 

Pasados los años Conchita, la mediana se emancipó sin permiso del padre y se estableció en la ciudad, haciendo en un principio lo que podía para ganarse la vida, hasta que entró en uno de los hospitales de la ciudad del Ebro.

La benjamina Marina, la más despegada y rebelde de todas, se crio sin el patrocinio de nadie y tampoco tardó en saltar de aquel pueblecito chiquito, con infierno grande.

En poco tiempo Carmen, viendo que su padre hacía lo que le daba la gana y no contaba con la servidora en que se transformó la hija, que a la postre tan solo quedó como ama de llaves. Tomó las de Villa Diego y se fue a la gran ciudad. Preparó su hatillo con lo indispensable y una mañana tomaba el tren hacia Barcelona, que la acogió con indiferencia como a otras muchas. Llegadas con una mano delante y otra detrás, buscando un futuro.

Sin rumbo, sin norte y muy asustada, en una parada del tranvía, tropezó con Rosario. Su ángel de la guarda. Una desconocida que hablaba por los codos y que de buenas a primeras además de llevarla a comer a su casa, presentarle a su familia, la colocó como compañera, en la cocina del restaurante que ella trabajaba.

No tuvo problema con el patrón, un tipo joven y nervioso que se montaba a Rosario cuando a ella le venía en gana.

Consiguió el trabajo que de momento necesitaba, y se hospedó realquilada en una habitación de Pueblo Nuevo.

Sola, acobardada y sin experiencia, muerta de miedo, se aferró a la confianza y el amparo que le daba el auxilio de Rosario.

A menudo de visita en su casa, mezclada con todos ellos como si fueran de familia, estuvo tres semanas. Hasta que Antonio hermano mayor de la exagerada Charito, le echó el ojo.

Un hombre timorato recién llegado del sur y falto de caricias. Doce años mayor que Carmen, al que le costó poco camelarla de tal manera que en tres meses contraían matrimonio. 

La mediana de la saga, la señorita Conchita, de plantilla en el hospital militar de Zaragoza, conoció a Fiodor Karl Braun Muth, un apuesto capitán alemán, del Tercer Reich, que estaba destinado en la zona y lo enamoró de tal forma que en poco tiempo dejó el suelo español para radicarse en Berlín. Perdiendo la noción y el contacto con hermanas y padre, a la que le perdieron la pista sin dudar.

 

De Marina, la más joven, nadie sabía dónde paraba. Hasta que un buen día solicitó los documentos para contraer matrimonio en Calatayud, con un agente de la seguridad del país.

Las tres hicieron sus vidas sin saber una de las otras. Ninguna se buscó apenas. No se tenían cariño y poco a poco… la distancia puso el olvido.

El tiempo pasó con los sufrimientos y el desconcierto político que existía en el país. Hasta que la contienda nacional trajo una guerra fratricida.

Con el tiempo el abuelo se radicó en una ciudad del interior de la entonces Castilla la Vieja, y murió solo en una casa de beneficencia. Sin familia sin calor y sin apego. 

Al llegar la otra pandémica. La del Covid, en el año 2020, ninguna de las hermanas vivía.  Habían partido bastante antes, dejando cada una de ellas su descendencia, hijos y nietos, que al no haber tenido relación ninguna no se conocen entre ellos, ni se conocerán jamás.

Emilio Moreno

 

Aquellos datos solicitados por un sucesor de la progenitora Concha, que nadie encontraba, dibujaron un buen día sin esperarlo con trazos muy claros y muy amplios, donde tenía que rebuscar para hallar aquellos documentos y legajos de su estirpe que yacían en uno de los registros olvidados de la ciudad.

Tenía familia, que ni siquiera conocía, y jamás tropezarían… y si por casualidad lo hicieran, ninguno de ellos sospecharía tener y llevar parte del mismo ADN.

Ahora algunos o muchos de ellos desperdigados por media Europa y Latino América, siguen sus historias, unas mejores que otras sin pararse a pensar que el destino juega desde el principio de los tiempos. Normalmente mudo, y anónimo sin tan siquiera coincidir con la casualidad.   

 

autor: Emilio Moreno.



miércoles, 27 de mayo de 2026

A tono... poco a poco.

 






El maduro Günter Klaus, tuvo que ser ingresado en el Memorial Hospital de Kentucky con unas afecciones rarísimas, que jamás se habían dado en ninguno de los cuadros clínicos de las urgencias de la prestigiosa clínica. Los doctores veían que perdía la vida sin remedio y no había por donde echar mano. Las constantes vitales estaban alteradísimas, la presión en sangre para reventar, y su cerebro no atendía a los intentos de sanación por parte del servicio de asistencia.

En uno de los instantes que recuperó la noción del momento, pudo manifestar que es lo que le había llevado a estar en aquel trance definitivo que no había forma de subsanar mediante la salud establecida.

Sin confesar el motivo real de su ruptura matrimonial de cinco años, que se había dado en los días precedentes al ataque de trastorno mental, grave y poco tratable que presentaba.

Caracterizado por una tristeza persistente, pérdida de interés o placer en actividades cotidianas, y falta de energía. Condiciones que sumadas al posible suicidio, que había preparado sin éxito. Lo abocaba sin remedio a la pérdida de la salud y con ello su propia vida.

Con lo que lo encontraron en el quicio del Market que es el edificio más alto de Kentucky.

Queriendo mitigar de inmediato aquella desgracia por el abandono de Macarena, y en la forma en que se lo había planteado.

Los servicios de emergencias de la ciudad; el consabido 911. Lo rescató con dificultades desde el borde de la última planta del Edificio Market de Kentucky. (El rascacielos más alto del estado de Louisville) conocido actualmente como 400 West Market

Una vez redimido desde las alturas, y trasladado al espacio común de esperas del Memorial: en su sede de psiquiatría paranoide estuvo a la espera de ser tratado y medicado.

La espera no fue grande. El escenario lo requería.

El frenético y delirante Günter, estaba fuera de sí. Aguardando que alguno de los expertos lo tuviera en cuenta y facilitaran un diagnóstico más o menos acertado de su cuadro de lesiones y afecciones.

Precisamente en aquella institución había ingresado no hacía más de tres semanas, una facultativa y licenciada doctora, experta en psiquiatría y psicoanalítica que venía a dar una conferencia magistral, y con seguridad a instalarse con plaza fija en aquel sanatorio.

Comenzando como inicio de su labor en el adiestro y premisa de los jóvenes facultativos.

La experiencia de la neuróloga era amplia y triunfante. Venía procedente de Uganda, donde estuvo residiendo en los últimos tres años.

Siendo enviada como colaborante desde la universidad de Kansas. En una crisis del personal hospitalario, por las muchas calamidades habidas en el país africano.

Dando instrucción y soporte metódico a los galenos, enfermeros y voluntarios. Desgastados por tantas epidemias y en evitación de contagios personales derivados de la atención y cura de los pacientes.

La doctora Yonithey Mackmuch, fue la que visito a Günter, que estaba fuera de norma. Vomitando bilis y desquiciado por lo que el depresivo caballero creía sufrir. La médica en principio lo calmó con unos masajes cervicales y unos influjos invisibles que ella proponía sin dar demasiadas explicaciones.

Medios asimilados en el último país en el que estuvo residiendo, con cierto nivel de consecuencia. Al cabo de aquellas fricciones, que no se limitaron a las zonas vertebrales, y que sin duda se pasearon por el bajo vientre, la región inguinal, y el escroto del suicida. Reavivaron rentas muy sensuales y nada farmacológicas, que mitigaron el estado de aquel que en un principio parecía se moría de pena.

Funcionando de inmediato en su cerebro, dando un latigazo exitoso de mejora temporal al desquiciado.

Aquellas frotaciones cervicales provocaron sensaciones sensuales, que dejaron al excitado Günter en fase de resolución. En ella, el cuerpo experimenta una sensación general de bienestar y relajación mientras los genitales y el sistema cardiovascular vuelven lentamente a su estado normal de no excitación.

Günter era un hombre inteligente y a la vez desmedido, romántico y especialmente afable. El que entonces quedó desmembrado por la ruptura de su relación afectiva con Macarena.

Una bailarina de ballet clásico que le engañaba desde hacía varios meses con su representante. Sin que el enamorado intuyera semejante adulterio. Macarena dispuesta a dejar su antigua relación sin nada a cambio y de una forma odiosa e injusta, preparó un choque con su partenaire en la propia residencia de Günter.

Esperando que al llegar los atrapara en una orgía sexual fuera de toda norma. De ese modo Macarena evitaba dar explicaciones ante semejante engaño.

La Psicoterapeuta viendo los resultados obtenidos con aquellas prácticas, ordenó cambiar el equipo de asistencia que atendían al paciente Günter.

Disponiendo para su atención y cuidado, una vez averiguó que el ínclito resignado era cliente Bip del complejo hospitalario, el que fue trasladado a una habitación privada para proseguir con su curación.

El deprimido Günter, poseedor de unas cuentas saneadas y acciones en la banca de Manhattan, necesitaba de afectos especiales para salir de su atolladero, que no era otro que la decepción provocada por Macarena

Mildred Roosvelt, la destacada del equipo de reanimación fue la que recibió instrucciones de la doctora Mackmuch, para que lo fuera poniendo a tono poco a poco, sin dilación, hasta que su estado fuera optimo.

Le diera cariño, le ofreciera atención y escuchara sus penas, y lo mimara sin más. 

Utilizando las artes que ella creyera convenientes para que su estado general volviera a ser equilibrado. Aquella determinación de la doctora no desagradó a la asistente, que por otra parte era un tipo de hombre que a la colaboradora le molaba.

Tales fueron las gracias de Mildred, que en dos días el iracundo que se quería arrojar desde el rincón del tejado del Edificio Market, fue hechizado por la ya entonces sanadora señorita Roosvelt, con la que aquella misma noche y en la habitación quinta de la novena planta del lujoso hospital hicieron el amor.

Aquella mujer lo había seducido completamente.

A la semana de estancia en aquella clínica a Günter le dieron el alta médica, superando una enfermedad compleja y desde ya, padeciendo por otra más beatífica y muy diferente.

Se había enamorado.



Autor: Emilio Moreno.



lunes, 25 de mayo de 2026

Química mental.

 







Graciana Velarde era una mocita de poco peso y de estatura media, no escueta pero tampoco poseía una altura desmesurada. Su proporción no estaba reñida de haber tenido medios con lo que se reconoce como el deslumbrar, disimulando un cuerpo estupendo.

Dotada de una potestad personal destacada, y una fuerza vital extraordinaria. Sin embargo, debido a la precariedad económica por la que estaba sumida su familia, y la falta de alimentos básicos que ingería, mostraba esa flaqueza y ese sombrío color ambarino.

Añadido por su falta de medios en el escaso cuidado en su persona, cabellos ralos, piel desnutrida y poco desarrollo femenino, presentaba una imagen poco propicia para ingresar en el Instituto de Música de su Mancomunidad, por demostrar a las claras su labilidad.

Eran tiempos de escasez, aunque arrojo y tozudez siempre poseyó la joven Graciana.

Empleada como aprendiza de dependienta en la pescadería del señor Gamundi. Anunciando con esa voz que Dios le había concedido el patrocinio de la mercancía.

Cada mañana, tras finalizar sus clases de preparación escolar y acabar los recados en el transporte de prendas ya planchadas, que su mamá hacía para las señoras pudientes del barrio, ayudaba como pescadera.

En su casa, la situación boyante no era. Su padre muy enfermo y afectado por la silicosis. Reposaba respirando con amargura. Impedido por las derivaciones del trabajo bajo la tierra durante más de veinte años en las minas de carbón. Sin sueldo ni pensión alguna.

Su madre Teodosia hacía las faenas más duras para señoras de alto nivel. Con ello y poco más, alguna dádiva de vecinos y conocidos mantenía a una familia compuesta por un matrimonio unido que sobrellevaban esa carga que el destino les había proporcionado.

Además de la mocita Graciana, también alimentaban a dos hermanos menores.

La necesidad era contundente, por ello, aquella jovencilla ayudaba a ratos, en la venta de pescado. Pregonaba con una voz preciosa, potente y estructurada la bonhomía de las sardinas, la dorada y el bacalao.

Siempre con una coplilla inventada que inclusive acrecentaba a las clientas su necesidad de obtener aquel fruto oceánico tan bien avisado, y como no… tan fresco. Llegado en cada una de las madrugadas por el transporte que los Gamundi, ponían al abasto para su venta. Que a su vez ellos compraban en las lonjas de ese mar bravío que mojaba la costa donde vivían.

En una ocasión Doña Dorita, su profesora, sabedora de su capacidad vocal, le propuso una opción valiente. No era otra que dar un paso al frente y se presentara para ser admitida en el Conservatorio.

La profesora conocedora de su dote excepcional, y dada su vocalización y su enjundia en la interpretación, sabía que tenía posibilidades de llegar a ser una soprano de categoría.

Ella misma había estado presente cuando cantaba alguna de las piezas de opereta clásica y para colmo, era la profesora de canto de la moza.

Su preciosa voz y su tonalidad era de aquellas que albergaban la Coloratura de las grandes divas del itinerario italiano.

Sobrándole clase, armonía y pujanza. Debido a su garganta poderosa, para cantar esas piezas tradicionales de siempre. Tan conocidas y populares por haber sido interpretadas hasta la saciedad por cuellos de renombre.

Graciana estaba en la onda y sabía en su fuero que daría un nivel extraordinario con lo que con seguridad podría pasar las pruebas de acceso, en el templo del Conservatorio de Música.

Aprovechando que en aquel tiempo estaban las matrículas abiertas para alumnas con poderío artístico y mínimo poder adquisitivo. Y tras pasar un examen los profesores decidían que muchacha era becada en la amplitud de gastos, para que pudiera comenzar una trayectoria musical.

Tras una labor de arduo convencimiento, por parte de doña Dorita para convencer a su madre, la tía Teodosia, y contando con la ayuda que aportaría toda la villa, en que la querida jovencita pudiera llegar a ser lo que el destino con sus caprichos retrasaba, accedió y se presentó. 

El erudito que recibió a Graciana para escucharla cantar y permitir o no su ingreso, se negó a acompañarla al piano y ni siquiera oír su voz. Aduciendo que para ser una diva, se necesitaba más presencia, y no vestir con la sencillez con que iba la joven. Atacó su delgadez y su pobre vestimenta, y se negó a escucharla, diciéndole.

—No puedo admitirte en el Conservatorio, te falta clase. Con la que no has nacido. Puedes marcharte.

La dejó aislada en medio del pasillo, mientras las demás niñas intentaban burlarse de aquella situación.

El impresentable profesor, al observar con la sencillez que vestía la muchacha. La descalificó sin más pruebas. Jeremías Donoso, en un gesto de mala educación comenzó a desfilar por el largo pasillo, a la espera de una nueva audición.

Graciana no contestó. Ni una palabra, pero estaba segura que aquel profesor cometía una injusticia por lo que no se meneó ni un palmo del lugar que estaba.

Donoso, se giró en su camino al notar que Graciana no se movía, y volviendo sobre sus pasos:  volvió a indicar.

—Puedes irte. No me hagas perder tiempo. Te falta clase. Tras repetir aquellas palabras y ver que la joven no se inmutaba, quiso llamar al ayudante, y sin esperar la reacción de la niña, se quedó petrificado.

La señorita Velarde sin más, sin música, sin preparativos, sin permiso, sin la más mínima vergüenza entonó con su precioso tono el comienzo de una de las óperas magníficas que se conocen.

Jeremías quedó mudo y atónito. Ella sin descentrarse prosiguió entonando como si una fuerza del cielo la auspiciara. Su química mental la hizo responder ante aquel atropello.

Tan solo con su precioso chorro de voz. El suyo, el celestial, con la fuerza de una auténtica soprano, interpretando la magnífica pieza de Norma.

Una ópera trágica en dos actos, atribuida al no menos fenomenal Vincenzo Bellini. Cumbre del “Canto bel-lo” romántico. 

Siendo percibido en todo el recinto, donde pasaban las pruebas, sobresaliendo aquella cadencia armoniosa desde una epiglotis celestial.

El abrumado profesor, se acercó a ella, tomándola por los hombros, y con un respeto antes no demostrado la acompañó al lugar preferente donde se hacían de inmediato las admisiones, después de pedirle perdón y reconocer su imprudencia ante los impresionantes dotes percibidos. 

En el transcurso de los años y una vez finalizada la preparación de la soprano Graciana Velarde, apadrinada por cierto; por Jeremías Donoso, aquel profesor que la descartaba sin tan siquiera escuchar su torrente de onda, se transformó en su mentor.

Fue el que le impuso el nombre artístico de Graphene Delon con el que la conocieron en el mundo del Bel Canto. Centrado en la riqueza y pureza del sonido y el perfecto control de la respiración.

Responsable de su fama y de sus actuaciones en los mejores templetes melodiosos del universo.

La Donna excelsa de Graciana Velarde, metida en su papel de Graphene… siempre recordó a su pueblo, a la profesora que apostó por ella, y al dueño de la pescadería Gamundi. Garante de toda la felicidad que la existencia le otorgaba, y jamás sucumbió ni olvidó aquella química mental que poseía, quizás más potente que su canto.




Autor: Emilio Moreno.




viernes, 22 de mayo de 2026

Aquí te cojo, y aquí te mato...

Emilio Moreno

 



Marisa estaba en aquella residencia sola y abandonada. Su escasa familia la tenía en el olvido. Dejada de la mano de Dios.

Llevaba unos años en aquella casa residencial de la Caritate Europea, costeada desde sus devengos, propiedades y su cuenta corriente, que permanecía saneada y se mantenía y reactivaba de forma periódica y automática.

Conocimiento que todos sus sobrinos nietos poseían, y de una forma disimulada esperaban con paciencia el momento de esa herencia.

Tan solo la iban a ver de vez en cuando, para pulsar como andaba de salud y más o menos prever cuando serían los propietarios de todo cuanto tenía la tieta Marieta. La que fue hermana de la abuela de todos ellos.

 

María Luisa Monterde y Sobrelleno, de noventa y seis años. La superviviente y más longeva de la saga, que aquella tarde hacía un repaso a la vida que llevó durante años, y antes de tragar la pastilla que en la Residencia Caritate Europea le suministraban cada tarde para que no diera la lata, se sumió en sus efemérides y recordó con angustia…imaginándose vivir en aquel tiempo, como si fuera entonces uno de sus cumpleaños… 

Cuando comprendió que no llegaría más allá del punto en que se encontraba, quiso hacer un esfuerzo por convencerse de la ingratitud de la gente que le asediaba.

La rabia embargó su mente y sin quererlo repasó a vuela pluma, la cantidad de equivocaciones en las que se vio inmersa por favorecer a un tipo, y después a otro y otro.

Pensando que alguno la ensalzaría en lo más alto y que llegado el instante de la retirada sería reconocida por amigos y enemigos. 

A menudo tuvo que tratar temas delicados, en la sombra, tapando los errores de aquellos que le prometían que de ir todo bien; no la dejarían olvidada en el ostracismo.

Para ello tuvo que subirse muchas veces la falda por encima de sus rodillas y bajarse las medias dejándose humillar y como no; violentar.

A veces apeteciendo por puro gusto. Codiciando ese meneo con satisfacción por venirle en gana, o por tener el placer de yacer con un hombre que le gustaba.

Permitiéndose el placer de disfrutar a hurtadillas de todo lo prohibido, con tipos guapos y destacados, con aquellos que aún y en sueños, de forma natural jamás hubiera conseguido por su clase, su belleza y su seducción.

El poder embobarlos en una cama y verlos como Dios los trajo al mundo. Presunciones que jamás podría declarar ni presumir de haberlo conseguido absolutamente con nadie.

Amancebamientos del todo prohibidos en su trayectoria personal y profesional. Individuos poderosos, normalmente muy bien casados, con esposas de renombre y muy famosas. Hijas de gerifaltes desalmados.

A los que sus esposos caprichosos y muy a menudo se excitaban en la propia oficina y se encaprichaban de la canalilla de la que ahora estaba en la residencia.

La que entonces ponía por delante sus fenomenales tetas desnudas para que ellos las succionaran en secreto, y después seguir como si no hubiera habido sexo, con las estadísticas de ventas o de los últimos negocios habidos.

Vivía dentro de la clase del poder empresarial existente, sin conciencia y con el poder de conseguirlo todo y pronto.

Tanto era así que dándose la ocasión del aquí te cojo aquí te mato… cerraban la puerta del despacho, con el cartel de No molestar.

Graciosa nota inexacta, que debiera decir… la pura verdad.

Entonces sin más, ella se dejaba importunar muy a gusto y la montaban de modos inverosímiles. Sin testigos, sin concesiones, sin miramientos.

Otras veces confundida, admitiendo el mismo espectáculo, pero obligada por cualquier motivo que quisiera conseguir permitía el manoseo por su terreno corporal. A cambio de las prebendas que en el futuro le permitieran pagar el costo de la Caritate Europea.

Aguantando aquel asco mientras se dejaba tocar y magrear.

Soportando aquel aliento podrido y rancio del soplo asqueroso del que la proveía.

Habiendo también algunos encuentros inexplicables con las esposas de los que asaltaban a la señorita Monterde, la que entonces hacía de secretaria.

Que sabiendo de los deseos de sus maridos, ellas también querían vivir situaciones lésbicas prohibidas.

Rarezas que siempre han existido entre los humanos más decentes conocidos. Aquellas señoronas, que presumiendo de beatas, y sin parecer necesitadas de sexo disfrutaban con el cuerpo de la belleza de la empleada Monterde Sobrelleno, y de un modo o de otro, instaron en el cuerpo de la empleada, llegando y dejándose acariciar por aquellas esposas empresarias relacionadas con el politiqueo que se encaprichaban de sus nalgas refulgentes. 

Marisa se había casado con un tipo que jamás le puso, pero le convenía en aquel instante por acallar las voces de las gentes, incluidas las de su propia familia. Que no daban por aquella aventura más tiempo del necesario.

Divorciándose más de tres veces en sendos arrimos con hombres poderosos, que al partir tan solo le dejaban una cuenta saneada.

Siempre separaciones hechas con mucho talento y sin dar demasiadas noticias en la prensa nacional.

De repente en aquel cumpleaños, su aniversario noventa y seis.

Cuando le faltaban cuatro para la centena en su vida. Se encontró de bruces y a las claras con su propio pasado, por completo decepcionante y repleto de miserias, de disgustos y de desprecios.

Casualidades o no, que le había llevado sin percatarse del desdoro que tendría al final de su camino por todo su pasado.

Despreciando las mejores épocas de su existencia, en la que arrojó sin previsión por la borda un futuro sentimental de verdad. Sin detenerse a pensar que llegaría a ser olvidada.

La enfermera de la Caritate Europea, se acercó sin miramientos, y le abrió la boca para ponerle dentro la pastilla del tranquilium. Aquella que la dejaría traspuesta hasta la hora de la cena. Más o menos sobre las siete y media de la tarde, cuando la llevarían a la mesa y después de un caldo y un zumo la acostarían de nuevo para que no diera la tabarra.

Fue entonces cuando María Luisa volvió a la realidad aquellos recuerdos. Viniéndole a su mente sin esperarlo… 

Ahora. Hoy cumplía noventa y seis años. Nadie la felicitó.

Los achaques eran todos, las ausencias grandes, los sinsabores inolvidables. Estaba en la vejez. En la última estación de cercanías, esperando su vagón de fin de trayecto.

Ya no había nada que hacer, quizás bien poco.

Querer que le reconocieran sus escasos méritos era imposible, por haber llevado una vida de secretos impensables.

Pretender que su familia la valoraran después de lustros y décadas de olvido y desencanto no era posible. No tenía descendencia y lo demás no cuenta.

Su razonamiento le llevó a comprender, o quizás… no hacerlo.

Siendo imperativo para que Marisa dejara de apretar en su ya dilatado declive.


Emilio Moreno




miércoles, 20 de mayo de 2026

El donante de esperma.

 




Aquella vasija estaba reservada en los frigoríficos del CLIECISOL, la Clínica Europea del Cielo Soleado. Estacionada, sin que nadie diera cuenta de ella. Aguardaba debidamente documentada y conservada con sus fechas de envasado y demás controles sanitarios, pero pasaba desapercibida desde hacía años.

Adrede se fue posponiendo en su donación a la mejor de las aspirantes. Por aquello de creer que ninguna de ellas, daba la talla, y no recibieran de forma terapéutica en sus entrañas aquella secreción que esperaban.

Fecundando a cualquiera de las aspirantes con el óvulo deseado, con aquel plasma seminal. Por lo que muchas de ellas habían abonado con creces el costo de sus tratamientos especiales.

Durante toda esa inmensidad de tiempo, fue reservada aquella donación, creyendo que llegaría la divina dama receptora.

Aquella conservación permanecía custodiada y guardada al final de la última estantería de aquella cámara congeladora, prorrogando con paciencia, dentro del cáliz sellado al vacío.

Un recipiente al parecer único, que sujetaba aquel maravilloso esperma.

La etiqueta describía en el argot del lenguaje clínico, que era un semen substancial y con garantías optimas. Dejando visibles unos logotipos que enviaban a la referencia del archivo anónimo del centro.

Listado de contribuyentes y donantes anónimos y a la vez controlados, que gobernaba directamente el consejo médico.

Donde se indicaba el nombre del individuo que donó la polución, con todos sus datos personales. Referencias anónimas y secretas, que jamás podían estar al abasto de ningún estamento o persona que no estuviera autorizado.

Donde se indicaba que precisamente, aquella simiente pertenecía a uno de los insignes prebostes de aquella ciudad.

Aquel cubilete se guardaba reservado desde hacía más de treinta años y de momento, ninguna de las mujeres que optaban a ese privilegio había sido escogida para ser fecundada con aquel origen. 

Según aquellos facultativos no encontraban dignataria que pudiera acoger semejante honor, y porque de un modo u otro a los responsables de aquella custodia se les había olvidado en el último recodo del congelador.

Error; que auspiciado por aquellos empleados inconscientes que existen en todo hospital ningunearon.

Siendo los garantes de semejante despiste, que en aquel instante se descubría.

Aquel jueves ordenando y clasificando el dispositivo hermético y bajo temperaturas de varios grados negativos, Clemencia tropezó con el recipiente y lo ordenó con preferencia frente a los depósitos con menos periodo de caducidad y aguardo.

Dada la antigüedad de conservación que ostentaba aquella ampolla de secreción granizada. Merecía tener un poco más de atención y ponerla al abasto con urgencia en pro de no perder por descuido aquellos espermatozoides super congelados en muchos grados bajo cero, que pretendían salir para dar vida.

Pensando la doctora que por una causa o por otra se había quedado en el olvido despistada, semejante donación tan privativa.

No lo dudó y creyó oportuno ponerlo en acción, decidiendo que lo haría saber en el próximo fórum de doctores que celebraban a menudo.

Anotó Clemencia la circunstancia para evitar una nueva distracción y resolverlo en el apremiante consejo de eminencias facultativas. No comprendiendo el retraso en la no utilización del frasco hallado con anterioridad, y las demoras por lo que se almacenaba con mimo la polución de fecha tan pretérita.

En aquella clínica lujosa destinada a dar servicio hospitalario únicamente a políticos deslumbrantes. Gentes sobresalientes de un alto nivel económico, personas afamadas por sus profesiones. Artistas reconocidos, empresarios con talonarios sustanciosos, deportistas encumbrados y millonarios anónimos, tan solo admitían donaciones de hombres de éxito y celebridades contrastadas con un nivel superior de coeficiente intelectual.

Por lo que existía, a su vez una extensa lista de espera, entre las hembras pudientes que ansiaban ser engendradas de forma sutil y disimulada.

Damas que exigentes con y sin pareja conocida, esperaban su turno. Algunas con renombre y super famosas. Queriendo gestar descendencia sin que varón reconocido interviniera en una copulación habitual, o por carecer de vínculo amoroso.

Incluso en mujeres homosexuales que aspiraban a dar nuevas vidas sin tener que pronunciarse en explicaciones. Matrimonios que necesitaban el modo de fecundación in vitro, por la imposibilidad de ser preñadas en el acto tradicional. Todo cabía en CLIECISOL, la Clínica Europea del Cielo Soleado, siempre y cuando se dieran las debidas y exigentes medidas necesarias.

A parte del caché que el hospital pasaba a sus pacientes por semejantes arquitecturas establecidas en sus cuerpos. Honorarios prohibitivos para la clase media baja, siendo el protocolo de actuación con personas con posibles dinerarios consagrados.

Con todas aquellas exigencias, el complejo hospitalario aseguraba a sus fieles escogidos.

Un éxito rotundo en los nacimientos de sus hijos. Con garantía de la felicidad esperada. Altas posibilidades de futuro triunfal para los nacidos. Originalidad y triunfo en sus porvenires a medio y largo plazo, y con extraordinarias virtudes al haber sido inseminados en las matrices de sus madres, provenientes de un caldo de cultivo original, y célebre.

En el foro quincenal de doctores del hospital, y reunida la cúpula, además de la doctora responsable de los acopios de vísceras, fluidos y mucosidades, saltó a la palestra el tema llevado por la doctora Clemencia Ramos.

La que tras su ponencia puso sobre el tapete aquel retraso de donación que para ella no tenía explicación alguna y que varios de los doctores allí presentes desconocían.

Por lo que sin dilación alguna se trató del tema del anexo a la ampolla reservada debidamente etiquetada y muy por debajo de los cero grados. Desde el año 2003, denominada con las siglas: SSPM. Correspondiente al contenido de polución donada por un emérito singular y prohombre griego, que residió en el país y quiso conceder su semen para futuros nacimientos.

Fue don Rogelio de Mur, el actual director del centro, el que tomó la palabra diciendo o alegando el por qué, no se había utilizado aún aquel tubo de cristal que contenía el semen de SSPM.

Dado que pasado el tiempo se descubrió que aquel señor que dio la dádiva, fue condenado por ser descubierto en sus andanzas y juzgado como criminal, al haber cometido varios asesinatos en la Ciudad de Hanover, y que los tribunales lo condenaron a cadena perpetua con los cargos de ser un asesino en serie.


autor: Emilio Moreno.


Emilio Moreno


 

 


miércoles, 13 de mayo de 2026

Despull, la nueva gogó...

 



Marianela quería quedarse en cinta, y no lo conseguía ni tan siquiera haciendo malabares prohibidos.

Confiaba mucho en aquella mujer que le había echado las cartas en una sesión de espiritismo, a la que asistió sin que Herminio Baldomer, su esposo lo supiera. María Manuela deseando ser madre y desesperada al ver que el arroz se le pasaba, y por consejo de su cuñada, tomó medidas para intentar modificar su cuerpo, su presencia y su vida, para disfrutar y notarse fecundada.

Anotó la dirección de Blasiema Sarkó y preparó una cita sin retrasarse en el tiempo.

Aquella médium era formal, y muy honrada…decían, los que la habían tratado y Marieta, como la llamaban los allegados, quería agarrarse al último clavo ardiendo que su edad le proponía para sentirse feliz y quedar preñada con garantías.

La fecha de visita y encuentro en el gabinete de Madám Sarkó, la habían fijado para un día clave. Momento y fecha en que la Patrona y Virgen de su localidad celebraba su octavo centenario. Mientras Marianela, era atendida por la visionaria, y en pro de darle soluciones.

En la ermita… en el gran oratorio de la montaña, donde poseía su cueva aquella deidad, la ofrendaban sus seguidoras.

Todos los años, se sucedían aquellos actos. En ese día sin faltar, con alegría, cantos y devociones acometían el mismo festejo sonado. Se articulaba un tenderete con fiestas y alharacas en homenaje a los beneficios que la “Blanca Mensajera” donaba y concedía a sus devotos.

Bañando aquellas madres agradecidas, embargadas de emoción real, y creyendo en las bondades de la virgen, mojaban a sus criaturas menores de dos años en la alberca de la parcelada capilla, y el resto de mujeres ofrendaba con flores, velas y regalos a la nívea santidad.

 

Madám Sarkó atendió atenta y cariñosa a su nueva seguidora Marieta, la que le contó brevemente su vida. Tan sucinta que hasta la propia y enternecida interesada, quedó sorprendida por el conocimiento que tenía sobre ella, Madám Blasiema. Sin haber siquiera contado aún demasiados pasajes de su existencia. Aquella hechicera calzaba mucho y dominaba sin que nadie le hubiese alertado de las arbitrariedades de la afectada y dolida mujer. La Sarkó sin mover un dedo y nadie le anunciara datos secretos y ocultos, descubrió los atolladeros de la coexistencia de Marianela, los escenarios ocurridos en su entorno y demás milagros ocultos existentes.

 

El primer punto donde incidió fue en su hombre, Herminio Baldomer, pareja desde hacía unos años, con el que se casó ya mayorcita, como lo era él. Un tipo desgarbado y bebedor, cliente de todas las barras del pueblo, acostumbrado al trago corto y fuerte y a ser despectivo y desagradable. Un desgraciado que la poseía sin amor, sin atracción y desgana visceral.

Violaciones más que contactos conyugales que se establecían ciertas noches, en las que llegaba a casa menos ebrio que de costumbre. Después de haber visitado a Dominique Despull, la nueva gogó de veinte años, en el reservado de la House Gels.

Antro ubicado en la carretera hacia la puebla. Prostíbulo dónde iban a parar aquellos que eran amantes del despelote más vulgar. Negocio situado entre la nada y el desierto de las calamidades, dependencias opacas que unía el sexo y la droga, con el engaño y la falta de honradez.

 

La médium le aseguró que pondría punto y final a las correrías de su Herminio, sin que ella se viera afectada por ningún contratiempo y que llegaría el momento que su hombre bebería de su cuerpo completamente enamorado.

No era precisamente lo que quería conseguir Marieta, pero dejó que la pudiente del destino se extendiera desmenuzando lo que iba a suceder en su futuro más cercano

Después con dilatada potestad, aquella visionaria sibilina hizo incursión en ella, mezclando deseos y desagravios en sus últimas relaciones prohibidas, con aquellos que había mantenido amoríos para poder llegar al estado de buena esperanza. Sabiendo que hasta el momento el borrachín de Herminio, no la poseía por hallarla vulgar, indolente y descarada. Marieta ya no lo respetaba ni como varón ni como marido. Hubiera dado lo que no tenía por quitárselo de encima, las pocas veces que la deseaba y sobre todo por perderle la pista que es lo que apetecía.

Lo provocaba para sacarlo de sus casillas por si en una de aquellas ocasiones pudiera hacerle perder los papeles y cometiera una falta tan grave, que pudieran meterlo en la penitenciaría de la ciudad, acusado de cualquier fechoría. Marianela no ponía medios para evitarlo, y jamás desdeñaba las ocasiones de yacer con él, por si en alguna de aquellas oportunidades. Escasas, quedaba preñada, intentando ser mamá. Que era su fin.

Marieta jugaba con el cálculo de sus probabilidades, y contaba con ciertas jugadas, disimuladas por el ejercicio del adulterio más descarado con cualquiera que se le ponía a tiro.

En el intento de quedar fecundada y por qué no. Disfrutar de ese sexo que ansiaba y su pareja le negaba, regalándolo a las señoritas de compañía del antro de la Hose Gels. Se ofrecía sin miramiento, al placer que le pudieran ofrecer aquellos hombres que le parecían dignos de revolcón.

Engañando descaradamente al saco de carne que de vez en cuando eructaba a su lado en la cama.

 

La médium indicó a Marianela, que se llevara cuidado tanto con su esposo como con el que normalmente, la montaba en aquellos actos de pasión, disfrutando de esas relaciones sexuales tan promiscuas, que gozaban en secreto.

Madám Blasiema, le informó en aquel instante de su estado de buena esperanza, que había conseguido en las ultimas relaciones tenidas, con una misma persona, la que aun y sabiendo de quien se trataba no descubrió.

Informando a la buena mujer que estaba preñada, después de haberle hecho la prueba de fertilidad en aquella sesión. Debiendo personarse sin faltar en cuanto pudiera en la ermita. A dar su agradecimiento a la Blanca, por haber concedido aquello que pedía tan fervorosa y que para conseguirlo había faltado a los principios del mandamiento del matrimonio.

Herminio conocía de buena tinta que ella lo engatusaba y con quien. Además el amante que la montaba, acompañaba y desnudaba en sus horas ardientes, no quería descubrirse, por ser un personaje importante de aquel sector y destacar por grandes proezas.

En aquel instante la única que sabía que esperaba un hijo, eran las dos confidentes, la médium y la clienta. Nadie más.

El acto de contrición que le impuso Madám Blasiema, fue ir una tarde sin que nadie lo supiera a la alberca de la ermita de la “Blanca Mensajera” y desnuda completamente se bañara en sus aguas, rezando unas frases que ella le pronosticó al oído, para que incluso no conocieran ni las propias inteligencias habidas de aquel despacho.

Que esperara a que se sucedieran los actos de homenaje de aquella fecha y sin mas tardar se acercara a la ladera del monte, y en la charca del templete, se inundara completamente desnuda con unas ramas de romero y de hinojos.

 

Han pasado seis meses de aquellas fechas, Marianela encontró la muerte en aquel estanque, donde primeramente la ahogaron y a posteriori la descerrajaron con inquina.

Dejándola inerte sobre las aguas, sin más. Hasta que una ferviente y asidua vecina, en una de las visitas a la ermita, la descubrió dando aviso a las autoridades.

La hallaron despedazada dentro de las aguas frías del depósito de la balsa. Sus ropas juntas a una roca mediana esperaban junto a la documentación y el teléfono de la víctima.

Están detenidos tanto Herminio el esposo oficial de María Manuela, como el amante de la misma el prior y confesor del convento de las Angustias, por sospechas de asesinato.



Emilio Moreno




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