Después de su actuación en el escenario del Teatro de
la Ciudad de Minneapolis, Dean Martinelly se preguntó sin más. Inmediatamente sufrido
el acceso brutal dispensado por su psiquis. Sin venir a cuento. Tras una visión
misteriosa. Un sopetón expelido por su mente, que tuvo mientras interpretaba una
canción compuesta para todos aquellos indiferentes, reaccionarios a lo que
sucedía en el mundo. La letra de la canción quedó reflejada con la armonía melodiosa
y la música que llevaba intrínseca aquella balada que decía:
Quien es el
mortal que no especuló
aunque lo
imaginara de pasada.
el instante
del fin y despedida.
Quiso pensar en otro
estrato, pero debía seguir con aquella pieza que a su vez era tarareada por su
público. Pensó mientras la cantaba en todo su pasado relacionado con la gente a
la que trató. No pudo cambiar el pensar, y en paralelo iba cantando aquella
dulce y triste balada que no siempre ni por costumbre interpretaba. No con
demasiada frecuencia —pensaba en ello, elucubrando los posibles escenarios a
los que sin duda se tendría que enfrentar.
El
intervalo del adiós. ¡Del Fin!
Cuando
será, y cómo llegará.
incógnitas
que siempre nos planteamos.
No le causaba demasiado
desasosiego, pero sí, le dejaba exhausto después de aquellas reflexiones, que
su cabeza y su mente le sometía, queriendo descubrir sus pensamientos más
ocultos.
Llegado al tercer estribillo
de la balada, líricamente miró hacia donde estaba su público y enardecido y
apasionado encendía las luces de sus teléfonos y los mecheros para que se viera
la llama del fervor de entre todos los asistentes. Mientras canturreaba así:
Un
santiamén que ni siquiera avisa
Llega así,
y te preguntas con reparo,
cuando
menos esperas y molesta.
Se auto convencía mientras
avanzaba en aquella melodía cantada, en la que tendría calma, si es que llegado
ese instante tuviera la posibilidad de controlarlo y no fuese demasiado
agónico. Aunque se preguntaba para sus adentros.
—¿Tendré valentía?
Continuó cantando la siguiente
tonadilla, el cuarto poema que decía y planteaba dilemas sobre su piel. Explícito
en su letra. Todo aquello que le pasaba por su cabeza en aquellos instantes. Emocionado
transmitía su pasión en aquella representación a los forofos que desde el patio
de butacas embebían su actuación.
Pensar en
ello, te aja así la piel
Planteando
preguntas que ni sabes
Contestar
por ignoto y vil recelo.
Sereno aceptó toda clase
de gratitud del respetable, saludando con cariño a todas las muestras de
acato que recibía sin dejar de pensar en lo que le había sucedido encima del
escenario. Una vez se agotaron los aplausos, necesitó de un mínimo descanso y
entró en los camerinos para sofocarse, tomar la medida de lo sucedido y volver a
enfrentarse con el espectáculo.
Salió de los vestuarios y
queriendo especular en cuestiones crematísticas, pretendió dejar ese conato radical
al margen. No pudiendo, como si la hora de su final, estuviera en el dintel de
su puerta.
Los seguidores; en cuanto
pisó de nuevo el tablado, comenzaron sin más a cantar y a canturrear y repetir parte
de la canción que acababa de interpretar, vocalizando y tarareando a viva voz
la letra de una parte de las variadas cantinelas de la balada, que les había
llegado nuevamente al alma.
En aquel
lugar que tan ignorado
Conocemos
por muchas referencias
El más allá.
El grande Paraíso.
Se preguntaba con
denuedo. Iré yo a ese lugar tan dichoso. Al cielo, al más allá de las
tinieblas. Lugar del que habla la gente, sin saber si es cierto.
Si existe, ciertamente.
Tan solo descrito por
aquellos que tienen fe y nos la inculcan.
Llegada la última parte
de la canción. Donde predicaba que no había vuelta atrás, que seríamos humo. En
aquel lugar de color turquesa, donde ya no cabe la maldad….
Y finalizaba la canción,
con el final sonado:
De donde
nunca. Se vuelve jamás.
enclave
donde dicen es azul
paraíso
celestial, lugar de fe.
Dicen tantas cosas, —elucubró
Dean.
Mirando a sus fans sumisas
como gacelas, dispuestas a rasgarse las vestiduras impregnadas por Dean. A lo
que él dispusiera.
Concibiendo y recordando
el lamento que dice el pueblo.
Frases y detalles que
pocas, debes creerte. Menos de la mitad.
Aunque Dean Martinelly. El
cantante de música country, ya caminaba hacia ese “Paraíso Celeste”. El mismo
que mencionaba en su cantar, sin saberlo.
Los pensamientos que tuvo
en el escenario, no eran inclinaciones en sí.
Era la letra de su última
canción.
Actuación interpretada
con su banda. Trabajo memorable que quedó registrada en los anales del más puro
Rock and Roll.
Parte de la letra la cantó
en inglés, y decía así:
Who is the mortal who didn't speculate,
even if they only imagined it in passing?
The interval of farewell. Of the End!
When will it be, and how will it arrive?
Questions we always ask ourselves.
La traducción al castellano es así:
Quien es el
mortal que no especuló
aunque lo
imaginara de pasada.
el instante
del fin y despedida.
El
intervalo del adiós. ¡Del Fin!
Cuando
será, y cómo llegará.
incógnitas
que siempre nos planteamos.
Un
santiamén que ni siquiera avisa
Llega así,
y te preguntas con reparo,
cuando
menos esperas y molesta.
Pensar en
ello, te aja así la piel
Planteando
preguntas que ni sabes
Contestar
por ignoto y vil recelo.
En aquel
lugar que tan ignorado
Conocemos
por muchas referencias
El Más Allá.
El grande Paraíso.
De donde
nunca. Se vuelve jamás.
enclave
donde dicen es azul
paraíso
celestial, lugar de fe.
autor Emilio Moreno