Sin
esperarlo los asaltaron mientras copulaban.
Surgieron
de improviso, desde aquella negrura tenebrosa. Uno de los dos agresores, que estaban
observando mientras la pareja se retorcía de placer gozando medio desnudos, embistió.
Hacía ya,
varios minutos que se jactaban de la representación carnal y sin duda les
estaba subiendo la temperatura a ambos.
Escuchaban
como jadeaba la joven en el traqueteo habido en el cálido acto sensual y
ardiente que mantenían desprevenidos.
Aquellos agresivos
criminales aguardaban el momento de protagonizar su ataque.
Espiaban a
la confiada pareja como fornicaban, a que les llegara el clímax para agredirlos
mientras follaban y se deleitaban del gozo que les embargaba. Sin más.
En aquella
propiedad familiar desatendida. Que tanto el esposo como ella, empleaban para
protagonizar su adulterio.
Ajenos a
cualquier interrupción, valiéndose de la cerrazón y la penumbra del lugar
disfrutaban.
Ingenuos a cualquier
sobresalto. Dada la zona escogida, no habitada, para citarse a menudo y muy
lejos en pensar ser descubiertos. Menos aún pudiesen ser agredidos y atacados
cuando permanecían espesos y negligentes en artesanías eróticas.
El sobresalto
llegó, tras el suspiro de Janet una vez se relamía del clímax de su reciente
orgasmo.
De repente
agredieron a Brian separándolo del cuerpo de la mujer, con cajas destempladas. Dejándole
sin sentido en el suelo por el golpe recibido en su cráneo. Intentando violentar
de malas formas a Janet, desnuda, que no acabó de paladear aquel polvo.
El delincuente
quiso dañar por celos, a la hermosa mujer. Que agredió sin miramientos con
golpes y arañazos.
Forcejeo y gestículo
agresivo, mordiscos y uñadas repartió semidesnuda irguiéndose como una fiera, subiéndose
las bragas que las tenía sueltas en el suelo. Como pudo las calzó a trompicones,
recomponiéndose en el intento de huir.
Antes que
la lozana morena pudiera escapar, fue aferrada con energía de la camisa de
forma brutal extirpándola de cuajo.
En el arrebato
de esa fuga espontánea y su notable irritación, abandonaba los zapatos que
estaban en el quicio de aquel soporte que servía como cavidad y tálamo amatorio.
Saliendo de
estampida sin vestirse chillando de forma brutal, por si alguien pudiera
escucharla y socorrerla.
En ese
entretanto y queriendo desaparecer, la camisa le cayó al suelo y Janet se
revuelve pero no puede asirla, por tener que librarse del matón que antes de emprender
la marcha, le retuerce la muñeca, soltando un alarido irritado de dolor.
Brian que
se incorpora del golpe recibido, se lanza sobre el abusador intentando
golpearlo sin suerte, ya que el asesino asiendo un cuchillo que guardaba entre
sus pertenencias, lo ataca.
En pelotas
se menea esquivando las dos primeras andanadas que buscan el cuello. Al mismo
tiempo que le grita a Janet.
—Coge la
camisa. No pierdas tiempo y ¡huye!
Ella puede
escuchar su clamor, y vive unos instantes de no saber que hacer. Al tiempo que
cruzan unas miradas de despedida.
En las que
van implícitas el deseo del último capítulo protagonizado por ambos. Suficientes
para intuir el futuro inmediato.
Negro asunto,
como la noche escogida para hacer el amor a escondidas sin prever las consecuencias
y no atar la seguridad del encuentro.
Saben que
no habrá más tropezones, y que de aquella situación quizás no pueda salir
indemne ninguno de ellos.
El violador
anónimo, alza el filo del cuchillo y cruza en sendos movimientos de amago,
haciendo retroceder a Brian, hasta que logra darle un navajazo en el costado y
otro en el muslo, perdiendo el oremus y poco a poco su propia vida.
Desangrándose
en aquel lúgubre recinto sin apenas dar espectáculo.
Sin
mirones, que a posteriori pudieran recordar aquel crimen, y sin dar que hablar
al marido de Janet, y a la esposa de Brian, por aquel adulterio repetido que
celebraban cada vez que necesitaban desfogar sus cuerpos.
Una vez, probado
por el criminal, y notar que a Brian se le escapa el aliento por momentos, reacciona
de inmediato.
El violador
que aún mantiene los sostenes de Janet en la mano, ya trota a la carrera buscando
a la desquiciada que desnuda, ha desaparecido entre las callejas abandonadas
del viejo barrio.
Escondida, busca
un agujero donde refugiarse. No va presentable. Tan solo tapada por sus bragas
y descalza. Imposible circular por la vía pública.
La salva la
hora en que vive. Es madrugada, de otra forma no podría salvar las miradas de
los vecinos.
Aterrada
por saber que aun no ha acabado aquella pesadumbre mortal. Quisiera desaparecer.
Imaginando ahora, quien es el que la persigue y el incierto final que le
espera.
No tiene
dudas.
El faccioso
no ha abierto la boca, por lo que no sabe que tono de voz usa, ni tan siquiera
el acento de su verbo. Lo que sí tiene claro es el tacto de su piel y el olor
corpóreo que desprendía, muy conocido por ser el de su esposo.
Con los
brazos en cruz trata de taparse las tetas, dejando al pairo el resto de su
esqueleto desabrigado. Ya no piensa en Brian.
Sabe que en
aquellos instantes yace en el suelo acuchillado.
Ha de
salvarse como pueda, y nota que aquel que creyó fuera un sinvergüenza, es su
marido y la persigue con saña.
Lo conoce
bien y sabe cómo las gasta. Poca salida tiene… ¡que puede hacer. —Se pregunta.
Aunque la
respuesta la conoce lo suficiente como para no seguir huyendo.
Ahora
comprende que su marido ha esperado el instante de cazarlos a los dos culeando
para acabar con ellos.
Janet se detiene en el centro de la avenida.
Es muy tarde. La alborada casi les roza.
Desnuda espera la reacción de Johnson, y deja que se acerque.
Cuando llega a su altura le pregunta.
—¿Hace mucho que lo imaginabas?
Jhonson responde sin nervios.
—Hubiera quizás admitido tu adulterio.
Yo tampoco te quiero. Y también ando en esas. Sin embargo ha
sido un vil engaño por tu parte.
Las cosas a veces son así. Lo que no acepto es que te enredaras
con mi propio hermano.
Janet quiso indagar y aun le preguntó.
—No estabas solo. Había alguien contigo que te ayudó a embestirnos.
Cuando nos espiabas al amarnos a escondidas. ¡Dime la verdad!...
—Estábamos viéndote, como os desesperabais, yo y Rosy.
La mujer de Brian que en realidad ha sido la que quiso acabar
con vosotros dos.
Así con vuestra desaparición quedamos satisfechos y vengados.
Le asestó un navajazo y la dejó desangrándose en la vía.
Antes de morir Janet preguntó a Johnson.
—Estáis liados tu y Rosy—, respondiendo con suma tranquilidad.
—No... ¡Para nada!... La he matado también para que no haya
testigos.










