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| Emilio Moreno |
Glenda, ya
está prometida. Sin que el designado novio esté al corriente.
Sus papás
le han buscado un buen partido. Medido a conveniencia…
De hecho
hacía años que lo tenían urdido, madurado y dispuesto.
El escogido
no puede ser otro que el hijo del dueño del complejo del Matadero. Es un buen
partido—pensaron con astucia. —Sin embargo no lo habían aireado, no fuera que
se le escapara la oportunidad por imponderables y todo quedara en nada. Siendo entonces
un fracaso que no se podían permitir, no fuera que les acogiera el mal fario del
temido ridículo y las consecuencias mentales de ese desengaño perturbaran en el
porvenir de la niña.
Los padres
de los jóvenes, han preparado el bodorrio, sin contar con la aprobación de James,
el que lleva una vida oscura y secreta que sus padres no conocen. El trueque
del convenio ha sido económico.
Conveniencias
familiares de haciendas, posesiones y cuentas bancarias existentes, hacen firme
el tratado entre aquellos padres interesados.
Se trata de
James, hijo del señor Germán. El apoderado del complejo industrial. Una gente
muy seria y con hacienda, que a su Glenda, le viene al pelo, porque a Lake,
como le llaman en su casa, es un mocetón afligido y sigiloso, cómodo de someter
y con poca índole.
Por lo
menos es lo que creían en familia, sin conocer la verdad del auténtico James,
que las mata callando.
Por parte
de Glenda, es la primogénita de la saga de los Zunzunegui.
Un desastre
de muchacha. —la pobre no es más que lo que le han enseñado.
No entiende
apenas de la vida, aunque dicen que se defiende con la plancha, la cocina y es
sublime con los bordados. A poco que tenga suerte, lo caza bien cazado y serán
felices.
Lake tiene
actualmente relaciones secretas con una mujer casada, llamada Xiomara, con la
que se encuentran una vez a la semana a escondidas.
Le está
ayudando en las difíciles interpretaciones de su existencia. James se encuentra
feliz, amado por Xiomara, diez y seis años mayor que él, y la que le ha dado
toda la felicidad sexual que antes no encontraba.
Fue la llevadora
que lo sacó del atolladero, cuando iba a las reuniones del psiquiatra, poco después
que se notara las disfunciones que tenía el pobre Lake, con propensiones
suicidas.
Tendencias
psicológicas que la familia conocía y llevaba en el más completo secreto.
Aquella
tarde, ni corta ni perezosa Xiomara, harta de la insuficiencia marital que
soportaba, y viendo los deseos irrefrenables de Lake, se acercó al joven de
forma lasciva, tras la interminable sesión de gestión de la conducta, que
solían hacer en la consulta del Doctor Aguirre. Tras un deseo servil besó en
los labios al desconcertado Lake, sin venir ni a cuento. Siendo recíproco el
deseo y la avidez del contacto y la acción sensual entre ambos. Se besaron con
desespero y las manos de Lake, fueron al pecho de la Xiomara obsesionada por el
tocamiento acaecido.
Encuentros que
mantienen al cabo de los meses. Xiomara es una dama madura, morena, alta y fina
que le caen por el envés unas hebras preciosas, que distinguen su efigie de
porcelana delicada. Su elegancia hace gala a una inspiración del Reducto. Sus ojos
sobresalen de las esferas como aquella brumosa fantástica ilusión que envuelve
el dilatado infinito. Resaltando de su faz, la nariz levantada sin llegar a ser
incisiva, que hace juego con sus labios pulposos y rojos que emergen divinos.
Dejando vislumbrar
una dentadura pétrea, alba y unida como si los dientes fuesen notas sobre una hechura
musical. Las orejas grandes, quedan escondidas por las crines del bruno
azabache, soportando unos pendientes de marfil que tintinean en sus movimientos.
Su delgadez
exacta, a pesar de la madurez de su edad, hacía que las prendas íntimas
femeninas le marcasen las formas de su organizada vía entre los tobillos y la espalda.
Trecho exabrupto por los declives de su cuerpo, vadeando por las estribaciones
entre las hendiduras de su talle y esos montes universales que toda hembra bien
constituida tiene.
Los gustos
de Xiomara son afines a los de James con lo que llegan a atraerse. Se juntan desnudos
en un palmo de deseo y se succionan todos los vanos de su piel, que ajada por
el vicio les proporciona un deleite corporal suficiente.
La dama es mayor
que James, sin importarle a los dos la diferencia de los diez y seis años, que
les separa. Ahora ella cumple cuarenta y uno y está maciza como una rocosidad
lunar. En contra de los veinticinco que cuenta Lake en la plenitud de sus absorbencias.
La
experiencia, el garbo, la suficiencia para entender dilemas, los contratiempos
vividos y la claridad de conceptos, le dan ese aire de dama silente y recatada
que impera en su presencia, mostrando detalles hacia su encantador amigo, con exquisita
educación, que a menudo florecen con sinónimos de refulgencia y donaire.
Una mañana
se escucha en la población que han asesinado a Xiomara, y todo apunta al esposo
que conociendo el affaire que mantenía con un extraño, le quitó la vida sin
pensarlo.
Aunque los
vecinos dicen que no está claro ese cometido, ya que Hipólito el marido, lleva
ingresado en el hospital mas de dos semanas por un ictus isquémico. Que lo
llevó al centro hospitalario tras la urgencia médica.
Causada por
la obstrucción de una arteria cerebral, coágulo que le sobrevino de buenas
a primeras.
De momento
nadie conoce la relación entre Xiomara y James, excepto Glenda, que en una de
las visitas que por casualidad hizo en el nido de amor de la pareja los
encontró desnudos, yaciendo entrelazados sin que ellos pudieran saber que los
estaban espiando.
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| Emilio Moreno |


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