Después del divorcio Don Anselmo, se quedó con la custodia de su hijo el señorito Amancio Pietro, de quince años, fruto del matrimonio que tuvo con Gracia Camila. Una modelo muy guapa y famosa, diez años más joven que él, y que se enamoraron en una de las bacanales que se daban en las fiestas de fin de año, celebrando la ampliación de la empresa que regentaba. Con afluencia de gente famosa, artistas y buenas orquestas que hacían de aquellas reuniones un gozo por disfrutar de lo que la vida regala.
Don Anselmo
Gratto, es un hombre, distinguido y moderno, que se cuida, se conserva y no
quiere envejecer. Muy presumido y narcisista, que tan solo mira por su bien, su
gusto exquisito por las grandes cosas y poco amante de enredos. Procurando vivir
a su modo dentro de las fascinaciones de aquella ciudad. Propietario de la
compañía de transportes Sempiterna. La que había heredado por descendencia con
una vigencia y antigüedad de cinco generaciones. Negocio que gobernaba con mano
dura. Sin dejar de saborear de los buenos momentos que le proporcionaba su
posición adinerada.
Actividad comercial
aquella de la Sempiterna, dedicada a la expedición, reparto y despacho de
cuantos materiales fuera menester, incluyendo las entregas frágiles que
pudieran darse, con una solvencia ganada por lo pulido de los empeños que
derivaba la propia firma.
Llevando y
transportando bultos y mercancías de aquí para allá en la zona, abarcando la
región y el completo de la nación.
Compañía
robusta que tenía un accionariado saneado y ya remaban incluso, con envíos
internacionales.
Estuvo
casado con la madre de Amancio Pietro, durante seis años y ahora hacía unos
cuantos que se había divorciado amigablemente y sin resquemores.
La
separación fue del todo social y no hubo insultos ni malos modos en el reparto.
La guapa Gracia Camila, ahora exesposa, no salió mal parada, y sin duda no
tendría problemas a lo largo de su existencia para su alimentación y el
desempeño de su cotidianeidad.
El niño,
que ya no lo era tanto, estaba educado en la modernidad, y no había nada que le
descompusiera. No aceptó, ni quiso ir a vivir con su madre y todo su entorno,
que por cierto no era nada soso.
Prefirió
quedarse en la casa paterna, por aquello de la comodidad, las pocas preturas en
su conducta, y sin dudar por los gajes que le proporcionaba depender del poco
control y permisividad de su padre
Don Anselmo,
un caballero que jamás se inquietaba por sus descendientes, y de la poca y
menos vigilancia que llevaría viviendo bajo su tutela. Por ser el papá un
hombre muy permisivo y magnánimo.
Creyendo el
joven Amancio que no meneándose de residencia, pasaría más desapercibido y
descontrolado. Condiciones que no le venían mal por el camino abrupto que
estaba tomando desde hacía unos meses y por la tarea frenética que gastaba aquel
jovencito que lo poseía todo.
Normalmente
y a sabiendas del chiquillo, su papá, siempre de fiestas nocturnas hasta altas
horas de la madrugada, con festejos escandalosos y sexo desbordante, con
muchachas y amigas que le divertían y hacían que su divorcio no fuera ninguna
pena ni le hubiese ocasionado ningún descalabro.
Citas con
amigas y diversiones varias que lo divertían de manera brutal, por el vicio y
el despilfarro de aquellas orgías carnales.
En el último
tiempo Don Anselmo, se había enredado en demasía con una antigua amiga de la
que fue su esposa. Con la que desde hacía meses, tenían encuentros que ya no
eran esporádicos ni secretos. Ahora sólo valía la cama.
En tiempos
había habido relaciones no permitidas pero aceptadas por todas las partes. Eran
amoríos casi íntimos, entre Claudia, la que por entonces era la mejor amiga de
mamá y el todopoderoso Amancio.
Pasando de
ser en aquellos instantes, lujurias sin decoros accidentales, a transformarse
en encuentros habituales sucesivos y muy constantes. Tanto que Don Amancio le
había instalado a su nueva amiga un reservado especie de morada en la propia
residencia habitual y familiar de los Pietro Cortázar.
Claudia
Martina, un bellezón sin escrúpulos, aquella que en tiempos fue la inseparable
tierna y amante de Gracia Camila. Las cuales lo habían compartido todo. Vicios,
engaños, concubinato, e incluso pasiones secretas en los dos lados de la cama.
Dama ya
madura, la tal klaudit, que así le citaban los que le asumían intimidad. Muy;
pero que muy… fascinante, atractiva y erótica, además de valiente y aventurera.
Pimpollo
descarado que había sido confidente de las estrategias impensables para darle
engaño al consorte y, última esposa del poderoso Don Anselmo.
Fuera de la
vida y engaños de su amiga y de la servidumbre al esposo, Gracia Camila, estaba
liberada en busca de nuevos horizontes.
Aquella que
fingió mantener la carga durante quince años, como esposa fiel y entregada.
Ahora pasaba a ser la ex esposa y la ex señora de la casa.
Con la anuencia
de todo el mundo, quedando sentado que allí no pasaba nada de nada, que todo
era normal, y que así lo había decidido el destino caprichoso, por lo que nadie
ponía impedimentos. Ni tan siquiera en la conducta del joven lampiño, hijo de Don
Anselmo y de Gracia Camila.
El impúber
de Amancio Pietro, aquel fingido y falso angelito, ya espigado, boyante y
bastante desarrollado por no decir descastado y transgresor, pululaba entre la
oscuridad, el voyerismo y la intimidación. Más incluso, de lo que muchos de los
que le educaban o rodeaban pensara…
Se le
erizaban los cabellos cada vez que fisgoneaba para sorprender a Claudia Martina
desnuda. A pesar de saber que ya era oficialmente la nueva pareja de su padre.
Al imberbe muchacho
aquellos portes provocativos que le dedicaba Klaudit adrede al joven Pietro, desfilando
frente a él, sin recato y descarada mostrando parte de su body tal y como vino
al mundo… pero con cuarenta años más, lo ponían frenético, y al máximo de sus
resistencias sexuales.
Ella le
llevaba unos cuantos años de delantera, y deliberadamente aquella mujer madura,
provocaba al joven de forma velada. Encontrando el resultado de sus devaneos en
el placer de un joven Amancio, que la deseaba.
Klaudit consciente
de lo que le podía sobrevenir quiso jugar con el padre y con el hijo y se dejó
mirar, incluso provocaba situaciones de descuido para que el que parecía desesperado,
no pudiera contenerse y traspasara aquella frontera.
Amancio
loco de excitación procuraba coincidir estando en casa, para espiarla, sin
embargo como no era tonto, pretendía hacerse pasar como un salido falto de
contactos amorosos. Detalles que no se daban en el joven Pietro, por tener a su
abasto ingente cantidad de amigas con derecho a roce, fricción y desgaste que
podrían llegado el caso, satisfacerlo.
Sin embargo
el bueno y listo de Amancio, además de disfrutarla cuando ella se daba aquellas
largas sesiones de masaje corporal, que igualaban a las más sofisticadas
asambleas de porno, las registraba.
Aquellas
interpretaciones llegaban a ser congresos de masturbación femínea, dedicados al
hijo de su amante, esperando Klaudit, que el niño diera el paso.
La
teatralidad gratuita dispuesta para Pietro, eran propias de actuación de la
barra de las señoritas de compañía, que se las ponía en bandeja esperando su reacción.
Película que el joven Pietro, grababa en película y se las pasaba a Don
Amancio, con la advertencia de: ¿A quién metes en tus
sábanas por la noche?
autor: Emilio Moreno
Emilio Moreno

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