lunes, 26 de junio de 2017

Desnuda en la 611 del Ritz



Milagros Lucrecia García era una mulata resuelta, de una estatura mediana y con un tipo de ensueño. Le faltaba algo de imaginación para desarrollar con éxito ciertos asuntos delicados. No tenía paciencia, como su amiga Irene. Sin embargo tampoco le faltaba ingenio, malicia y picardía, cuando se trataba de engañar para conseguir alguna prebenda o ganancia. Era amiga de Irene, compartía muchas vivencias con sus amistades latinas. El grupo de amigos peruanos, que poseía desde hacía un tiempo. Con los que Irene, bebía de ellos los consejos y los practicaba a “pies juntillas”.

Los que metieron a Irene y a su compañero en los trapiches sociales, y del mercado de personas. Negocio que les suponían grandes ganancias y dolores de cabeza.
Estos colegas ahora residían todos en Miami, y eran los que procuraban los contactos con personas sudamericanas para la venida a España, su estancia, su contrabando y sus peligros.

Excepto Pupi, la amiga tan íntima y fiel de Irene, la Cubana, que le escuchaba y secaba sus lágrimas, la que acariciaba sin recato, cuando esta lo necesitaba, la consorte fiel de la enigmática y sigilosa Irene.

Milagros, había pasado por momentos de necesidad imperativa, la trajeron a España desde Miami, camuflada con documentos de turista y ya jamás retornó a su Riohacha Colombiana de nacimiento, donde allí tiene hijos y un divorcio, sin arreglo con un botarate poco trabajador y menos honrado.

Dominando dos idiomas, los más importantes, recaló en Barcelona, donde Irene, la colocó en el Gimnasio donde ella paseaba su palmito con Nayim, hasta que por consecuencias, y amistad cada vez se acercó más a ellos, hasta que se cayó dentro de la cama de Narciso.

Aquella tarde Mila, esperaba a un grupo de caballeros, desde la República Dominicana, para una demostración in situ de lo que ella había ido a vender en las Navidades pasadas. Un circuito de turismo con gente especial, y con destino final en Europa.
Una encomienda que Nayim le hizo a Mila, a espaldas de Irene para el inicio del fin de aquella trama que llevaban de idas y venidas y de negocios fraudulentos.
No reconocidos y totalmente prohibidos, desde la justicia del país y penado por el fisco español.

De no afinar bien, ahora que las cosas se comenzaban a poner tan serias, pronto serian ellos, parte de la carnaza de lo que las noticias arrojaban a diario. Por ello pretendían finiquitar y traspasar todos los bártulos a las visitas que recibirían en la tarde.
En la súper estancia 611, esperaba Mila a medio vestir. Hasta que fuera hora del almuerzo para bajar al comedor y encontrarse con Jason y Rocco, ambos enviados para el cierre de la ultima operación y de buenas a primeras, recibió un aviso desde recepción.

__ Señora un caballero, de nombre Narciso Yates espera ser recibido por usted.
__ ¡Bien, sí! Déjenle subir por favor.
Se puso una bata semitransparente por encima para tapar todas aquellas esquinas romas y volcánicas y se acercó a la puerta para estar atenta a la llegada de la visita.

El ruido del elevador, delató la llegada a la planta y con la puerta entre abierta, y viendo como se acercaba el meritorio y Narciso, esperó hasta recibir a la visita en el zanguan.
Un saludo poco cordial y una propina molona al empleado, fueron los gestos apáticos que hizo Narciso al llegar al quicio del acceso
Un beso al aire, sin cálculo de diana y un quítate que paso, fue toda la bienvenida o alegría que sintió el hombre por aquella maciza mujer.
Cerró la puerta tras de sí, y esperó apoyada en la misma, abriéndose un tanto la bata de seda para dejar emerger los pechos, mientras Narciso, sin más ignoró a la bella madama, que esperaba decepcionada, un acalorado beso de pasión, que no hubo.

__ Muy jodido debes estar__ dijo Mila, con apatía__, cuando ni me hueles papito. Tan grave están las cosas por estas ¿latitudes?
__ Tienes alguna llave de la casa de Irene, ¿la tienes? Imperó Nayim, sin preámbulos y sin educación.
__ Yo no tengo de Irene, más que su gratitud y su recuerdo. Esa pena por su muerte. Unas ganas de llorar y un miedo atroz. ¡Eso tengo tan solo de ella!
__ ¿Te entregó a ti__ preguntó Nayim__, un par de talones, o algo que tuvieras que entregarme, antes de despediros para diciembre, algún documento, fotos, o lo que sea?

__ Nada papito. Hice lo que tu me ordenaste. Silencio y disimulo con Irene. Teatro con ella, diciendo era un viaje personal. Ver a mi gente, y no le comenté que zanjaba negocio, ni parrala alguna.
Cumplí con lo que tu me confiaste al pie de la letra. Ni llamadas, ni mensajes, ni whats. Nada de acercamiento con nadie. Teléfono celular parado hasta el retorno.
__ Estoy en una dificultad grande__ comentó Nayim muy acojonado.
__ Cuando salí de casa de Irene, me dejé olvidada una bolsa con todas las pruebas incriminatorias que había recogido de su casa para traerme y destruir. Sin hallar lo que realmente buscaba. Abandonando la llave dentro.

__ Dime Nayim, te lo pregunté por teléfono y no quede convencida de la respuesta. Igual creías que te iba a dejar de querer, o te iba a delatar por todos los meneos ¡nada de eso! He de saber, con certeza, si tu has tenido algo que ver con esto ¡La mataste tú a Irene!.

__ No, yo no fui, para nada__ contestó Nayim, balbuceando.
__ Estamos con el culo al aire ¿verdad? __ asintió Mila.
__ No sé que pasará, a partir de ahora. Intenta zanjar esta tarde todo el chocho del negocio y te deshaces de todas las consecuencias.
Iré a la Comandancia a dar parte de su desaparición, como si no supiera nada. Solo que la encontramos a faltar en el Dir gimnasio.

Intentaré no inculpar a nadie y veremos, que pasa. Palmira también la visitó por lo visto poco antes de que muriera y ha dejado un cúmulo de huellas, que con seguridad darán pronto con todos nosotros.

Se despidieron, con un abrazo y con la idea de volver a verse, pasado este trance, salió a la calle y tomó un taxi hasta la Comisaria de Penitens en Gracia, en la avenida de Vallcarca, muy cerquita de la parada de metro de la L3.
Se acercó al guardia de puerta y le comunicó que venía a poner una denuncia por desaparición de una amistad.







viernes, 23 de junio de 2017

Palmira fue la asesina



Desconcertado y nervioso salió del apartamento y deambuló por la plaza de la Vila, sin centrarse hasta que cansado tomó asiento en uno de los baretos que hay en la calle Bonavista, entró en la cafetería Hule y se aposentó en una de las mesillas que dan justo a las cristaleras. Al poco, se le acercó la muchacha de la barra, pidió medio bocata de queso y un cortado y esperó a que se lo sirvieran, pensando en cual sería el primer paso a dar dentro de aquel tremendo enredo.

Estaba ya dentro de las circunstancias, cuando le dejaron frente a él, aquel cortado caliente y su emparedado. Se convencía así mismo, que lo más adecuado era presentarse con el cuento a la policía. Imaginaba todo lo desagradable que aún le esperaba, para enfrentarse y resolver. Sin el control de saber que estaba haciendo, se comió su bocado y tomó el café prácticamente de un sorbo, cuando miró su reloj, se tranquilizó.

Faltaban veinte minutos para medio día, con lo que se dispuso a ir a visitar a Palmira. Esa mañana la debería encontrar fácilmente en el salón de belleza que ella regentaba.
Anduvo Travesera de Gracia en sentido mar y llegó sin dejar esa vía al stand donde laboraba su esposa. Al situarse frente a la gran cristalera, esta se descorrió hacia la izquierda dejando el hueco necesario para que accediera dentro del negocio.

Narciso sonreía forzado, detalle que le devolvieron las tres empleadas de aquella boutique tan moderna, a la vez que perseguian con sus ojos la cara de Doña Palmira, que atendiendo a una clienta con problemas en sus uñas, no se percató de aquella inesperada aparición.
Con un gesto, a la primera dependienta indicó Nayim, que esperaría a que Palmira quedara liberada.

Tenía deseos y necesidad de comentarle varios detalles personales, precisos y urgentes. Aquel silencio tan extenso, después de haber notado la apertura del portón de acceso y el mínimo ruido producido por el saludo de alguien a las dependencias, hizo que la recelosa Palmira se girara.
Muy atenta, sorprendiéndose con la presencia de Narciso, que estaba sonriendo a una de las auxiliares de la tienda.

No se reflejó en su rostro sorpresa alguna y continuó en los consejos para la dama que en aquellos instantes asesoraba. Al cabo, cuando despidió a su femenina visita, se acercó al esposo y en tono bajo preguntó entre dientes__ ¿Que haces tú aquí?, que cosa más rara ¿No?__ sin dejar las interrogaciones, continuó__ No podías esperar a vernos en casa, o es que llevas mucha marcha en el cuerpo y no sabes en que desgastarte.

__ He de hablar contigo urgente, y no me des largas porque estás en un lio bastante gordo. Le iba diciendo Narciso, excitado a la vez que Palmira lo arrastraba dulcemente de un brazo hacia el despacho que la jefa tenía al final de la bonita y sensual botica.
Se encerraron tras el ajustado acristalamiento, subió el tono ambiental de la música de toda la estancia y la mujer volvió a insistir de nuevo__ Tu dirás Nayim, a que se debe este privilegio tan desagradable.
Se acomodó tras la mesa de caoba y cruzó las piernas una sobre la otra, cuidando no enseñar mas muslo del que le permitía su escaso vestido. Esperando un imposible, y con cara de impaciencia, achuchó al marido para que acabara lo más rápido con aquellas escenas.
Sin ningún atenuante, sin contemplaciones Narciso, le asestó la noticia: Irene está muerta.
El anuncio le recorrió el cuerpo a Palmira, dejándola tibia y ajada.

__ ¿Has matado a Irene, verdad? __Preguntó con ojos desencajados y fuera de todo control.

__ ¡Que dices, mamarracho! Estás más loco de lo que pensaba. De donde sacas semejante atrocidad, eres mezquino como toda tu familia__ respondió Palmira, intentando mitigar el temblor de las dos piernas que descruzó para que volvieran a su estado natural. Pisando el suelo.

__ Te pregunto de nuevo y deja de mentir, que se te da muy mal ¡La has matado tú!

__ Pero a mi que me cuentas ¡coño! Si no la veo, desde quien sabe cuando.

__ Eres una embustera compulsiva y asesina. Ya me contarás que hacía tu lápiz de labios, junto a su lecho de muerte, pegado con el neceser que lleva tu nombre en letras de plata y los contenidos desparramados por su cama.

__ ¡Está muerta de verdad! __ Volvió a preguntar, con rencor__ No me engañas ¡Estás seguro! Quiero asegurarme, como sabes por motivos obvios, pero yo ¡no he participado! No te negaré que me alegro de ese hecho, pero yo no he tenido nada que ver.

__ Pues todo apunta a que tu sabes más de lo que dices, porque desde luego huellas has dejado que ni te cuento. Veremos como lo explicas a la Brigada, porque van a dar con nosotros fijo.

__ Has sido tan cabrón de no intentar traerte a casa, mis objetos personales, ¿los has dejado allí, para que me inculpen?, eres tan hijo puta que lo has hecho adrede. Con tanto que te he soportado en tantos años. Tantas infidelidades y tantos viajes de placer con tu puta ¡Sí con tu puta!

__ No podías dejar las cosas como estaban, ¡estás enferma Palmira! La has matado como a una perra__ dijo Nayim__ en su cama y además con tanta urgencia y tan poco preparado todo ese crimen, que te van a pillar a la primera de cambio.
De donde tus objetos de manicura en su casa, si ella contigo no tenía ni una palabra, ni además te aceptaba de ningún modo. ¿Por qué, estaban allí el pintalabios y los enseres de maquillaje? ¡Dímelo maleante!


__ Yo no tengo nada que ver! Te contaré, lo sucedido, si me dejas y no boceas más, que todo el mundo se ha de enterar.











miércoles, 21 de junio de 2017

San Juan, festivo






¿Te llamas Juan, Juana, Juanito, Xoaneta, Joan, Joao, Jhon, Jana?
¡Me da igual! ¡Felicidades! El sábado es tu Santoral, y además es data y día muy celebrado.



Es una fecha la cual siempre me ha sido graciosa, por detalles que a lo largo de mi vida, siempre han ido dejando un rastro de historias, benignas unas y otras no tanto, pero siempre para estos momento las llamadas “Brujas de junio”, han depositado un mensaje discreto e indeleble, para aquellos que los sabemos interpretar.

Amigos que tengo llamados así, no podría contarlos con los dedos de mis manos, son bastantes y casi todos los denominados con ese nombre, suelen ser buena gente y personas gratas. Podría enumerarte una buena lista, pero no he venido aquí a ordenar a mis amigos ni a calificarles según la nota que tengan, ni su grado de aprecio. Ellos mismos se saben vestir y cada cual, hace de su capa un sayo.
Hoy para celebrar esa efemérides he traído tres historias que han pasado en este último año, a conocidos que llevan precisamente ese nombre y que de una forma u otra han padecido por diversos motivos durante estos últimos meses.

El primero es un tipo sensacional, Juanito el de las manos Mágicas, le llamamos los amigotes. En su tiempo era el que nos hacía reír, con sus juegos de manos, haciéndonos desaparecer las entradas del cine para hallarlas después, junto a un paquete de tabaco rubio, de la muchacha, a la que acompañábamos al baile.
Gracioso, ecuánime y receptivo, no es demasiado joven, pero tampoco tiene nada que ver, ese detalle para que tenga esas virtudes, las cuales las ha presumido siempre, y ahora se le acentúan más por la enfermedad que padece.

Se la diagnosticaron hace unos años, y de hecho ha pasado por el quirófano unas cuantas veces, valiente como un toro, ha ido sometiéndose a las curas y las pruebas que los médicos le prescribieron y en un principio parecía que aquella sombra maligna se alejaba de él, para prestarle un poco mas de calidad en sus días.

Había estado prácticamente dos años, que no se paseaba por los ambulatorios, ni veía a los médicos, más que para las revisiones semestrales. La felicidad comenzaba a generar esperanzas ya que no había rebrote de moléculas invasivas y su cuerpo comenzaba como su carácter a precisar de otros pensamientos mas edificantes y positivos. ¡Siempre!, siempre ha sido un tipo que de tan comedido, se pasaba y antes de generar en sí una alegría, la matizaba muchísimo. Le costaba airear sus albricias personales.

En la última revisión, el doctor se alertó por unas molestias pulmonares, que él mismo denunció en la visita.
Gajes que en principio no debían revestir más importancia, que el propio hecho de comentario y que no fueron del todo favorables.

¡Volver a empezar! Nuevamente sujeto a una nueva dimensión de medicinas, de pruebas de despropósitos, que con su más que consabida paciencia, lleva dignamente con el objetivo de volver a generar las mismas expectativas, que hace unos meses consiguió.
Dios pondrá su mano y corregirá esa inclemencia. Por lo pronto y me alegro, su Santo, la verbena de San Juan, la celebrará con su familia, en casa y con la alegría de un niño. Viendo como arden las hogueras y suenan los petardos de su barrio.



La segunda persona nominada para este pensamiento, también se llama Joana y ahora está padeciendo mucho por su mala cabeza, más por el delito cometido, del cual se arrepiente cuando ya es tarde. Hospitalizada con daños de pronóstico reservado.

Por el estropicio, que ha originado a terceras personas, sin querer pero, hechos dolosos irreversibles que, no la libran de todos los efectos que a la postre le llegaran.
Todo empezó en una fiesta alegre de muchachas, de sábado noche. En una terraza de Pub discoteca, bebiendo y fumando vete tú a saber y; aquella cancioncilla indecente, que suelen repetir algunos “listos” __ que yo me conozco, y que detesto, que dice así__: Yo controlo. A mí no me afecta, solo llego hasta el punto.

Como si a estos personajes execrables y carentes de responsabilidad, la alcoholemia en sangre no les afectara.
Harta de meterse por la boca y por las venas, de eso que según estos piraos _ no encuentro otra forma de nombrarlos __. Es tan necesario para divertirse y pasárselo bien, que a la hora de volver con el coche en la madrugada, ya satisfecha de veneno ingerido. Sin atenerse a las mínimas consecuencias tomó su vehículo, fuera de si. Totalmente ebria y abobada sin control de su persona, aquella muchacha, preciosa empleada en las oficinas del banco Popular, que festeja con el hijo mayor del ferretero de la plaza, puso final a sus días dichosos.

El destino la condujo poniendo fin a su suerte. Circulando por la carretera nacional 232. En ese tramo tan peligroso, que todos conocemos y en horario noctámbulo, para además agobiar el acelerador, hasta atosigarlo. El tope puso fin.

Envistiendo al grupo de ciclistas veteranos de la localidad, que comenzaban su ruta de paseo con tan mala fortuna que se llevó la vida de dos de ellos, por delante. Ni más ni menos, que la vida de su padre y de su suegro, precisamente el ferretero de la plaza.
Ambos componentes de ese club de paseo.



La tercera historia de San Juan, ha sido muy celebrada por sus allegados y conocidos, dadas las penurias que tuvo que sufrir de chiquito Juaniqui, y por la cantidad de años que han pasado hasta que la felicidad toca a su puerta.
Cuando en el año 1950, en la tarde de la víspera de San Juan. El día de la verbena, su madre una joven soltera y desasistida libertaria, ya por entonces con tres hijos, lo entregó en el hospicio de Alella, solo sin sus dos hermanos, a la edad de cinco años. Para no volver a saber jamás de ella ni del resto de la familia.

Juaniqui, un hombre bondadoso y temerario, fue trasladado por lo menos dos veces a diferentes orfelinatos, permaneciendo en estas instituciones, hasta la edad de diez y ocho años, antes le permitieron salir para cursar estudios de electricidad, en la Escuela del Trabajo, con la obligación de pernoctar en el centro cada noche.

De su familia, no sabía nada y tras varios años de búsquedas sin suerte, dejó de hacerlo para pensar que no le importaba a nadie.
Acabó sus estudios y su relación con los demás, era casual y timorata. Sin llegar a ser un desgraciado por lo que la vida le había regalado, supo reaccionar y trató de disfrutar de sus días.

Voluntario en el Ejército de Tierra, en los Parques y Talleres de Automovilismo, donde permaneció por más de dos años, acabando otra especialidad y pudo obtener el carnet de conducción para toda la modalidad de vehículos.
Así que cuando se licenció, no tuvo dificultades para colocarse en una empresa de taxis, que desempeñaba su calado por la ciudad de Barcelona.
Encontró a su vez, alojamiento en el barrio del Carmelo, alquilando una habitación modesta, en casa de la señora Jacinta con derecho a baño y lavado de la ropa. Donde le apreciaban por su valía de persona noble.
En una de las carreras que hizo aquella tarde, desde su barrio con destino a la Feria de Muestras, conoció a Dori, una muchacha muy linda, que también vivía en la zona y trabajaba temporalmente haciendo las veces de azafata terrestre y demostradora publicitaria, para la firma del Flan Potax, muy popular en aquellos tiempos.

Su charla fue muy amena, y quedaron en que la recogería a partir de las once de aquella misma noche, para regresarla a su casa. Él por fin de carrera y ella por fin de jornada.
Al día siguiente bailaron muy arrimados en la Paloma, una tarde de San Juan del verano aquel del sesenta y ocho. En dos años más contrajeron matrimonio feliz, y tuvieron tres hijos. Disfrutando de una vida, con toda clase de vicisitudes, imperando más las buenas.

Su hijo menor, Clemente, ya talludito y licenciado en Historia. Desde hace un tiempo, busca detalles de la procedencia de su papá Juaniqui Sabater Mateo y, encuentra la trayectoria de sus familiares y le cuenta que puede certificar, que su abuela, la madre de Juaniqui, su padre. Sufrió un percance mortal la noche de la verbena de San Juan del año cincuenta. Justo el día en que ingresó a Joaniqui en Alella.

Atropellada mortalmente Rosa María Mateo, en un movimiento extraño y evitando fueran sus dos hijos los lesionados; por Don Guifré Massapons i Reixuch; descendiente de una familia noble de Barcelona, cuando circulaba por la Avenida Paralelo, viniendo de celebrar su tercer año de matrimonio, en el Teatro Arnau.

Guifré y su esposa, al no poder engendrar, se quedaron con la custodia y con el cuidado completo de la educación de aquellos huérfanos, Luisito y Engracia, que ahora precisamente la noche de la verbena de San Joan iban a conocer al cabo de sesenta y seis años a su hermano Joaniqui, que recordaban vagamente.



Enlaces de otras fechas de San Juan



https://emiliomorenod.blogspot.com.es/2016/06/un-lugar-para-amar-en-la-verbena.html







domingo, 18 de junio de 2017

Faltaban deseos de llegar.




Amiga de Mirella, hija de Silverio, con la que mantenía una avenencia estupenda y además íntima. Ambas trabajaban en Carreras Lladó, una empresa, dedicada a los manufacturados textiles y elaboraciones en paños y lienzos de ropa, donde eran tejedoras laborales y pertenecían a sus talleres desde niñas.

Carácter dominante el de Piluca, que cuando algo era suyo, lo era para siempre y lo resguardaba sin parangón. Defendiendo sus postulados a capa y espada, sin prever que los demás se cansaban de sus exigencias, las cuales y a menudo le hacía destacar como una persona exagerada.

Mirella y Pilar, se atraían desde que se conocieron en el taller donde ambas trabajaban. Viajaban juntas, solas y acompañadas, unas veces por las amigas y otras por diferentes compañeras. El último destino personal que hicieron fue a Benidorm, donde se escaparon ambas un fin de semana, sin decir nada a nadie y disfrutaron lo que no estaba escrito. Allí entraron en una inmensa intimidad que les dio pie para seguir adelante con sus confesiones, sus debilidades y sus codicias.

Donde conocieron a Merche, que les asistía como guía y organizadora de la excursión y de las salidas nocturnas. Tres hermosas mujeres, con tres vidas plenas para el amor, que comenzaban a disfrutar de su naturaleza a dosis exiguas pero que, en sus ansias pretendían fueran alargadas en el tiempo y en el gozo.



Narciso consiguió enchufar a Irene y hacerla de plantilla, en Boiyar, colocándola como empleada mediante contactos que le debían favores.
No por sus méritos ni cualidades, pero logró acoplarla en una de las empresas punteras de la nación.
En sus instalaciones administrativas y comerciales de la calle Córcega, cercana incluso al apartamento que ahora disfrutaba compartido con su amiga de la infancia.

Contratada en las condiciones más aceptables, sueldo fijo y con un porvenir fantástico de haber tenido, esa ilusión que denotan las personas hacendosas y emprendedoras, trabajadoras con ganas y deseos de triunfar.
Comenzando su trayectoria, en la centralita de teléfonos, aneja a la sección de las comunicaciones. En la atención de llamadas al público externo e interno.

Atendiendo llamadas tan solo nacionales, ya que Irene la única lengua que dominaba era la de los arrumacos y mimos. Por lo que poca esencia podía desprender hacia el extranjero, al carecer de preparación y de idiomas.
No teniendo más requisitos que los relativos a diálogos y acceso dentro del territorio nacional. Extensiva a los países de la América latina.
Pronto halló el modo de no ser feliz entre sus compañeras y no participar en casi nada de lo que normalmente se establece entre las diferentes empleadas de la misma sección.

Evitó amistades y confianzas, cosechando diferencias entre las telefonistas del mismo lugar. No participaba en ninguno de los eventos que se pudieran suceder. Poniendo en practica esos chismes dañinos entre figurantes de un mismo departamento.
Chivatazos infundados, relaciones toxicas, y un sin fin de innumerables insatisfacciones.

Trabajo que no defendió demasiados años, por su escasa valía y vagancia, sin esmero y sin voluntad por llegar a ser una oficinista normal, ponderada y eficaz.
Harto de recibir lamentos y razones, el propio enamorado, la desquitó de sus obligaciones profesionales, por quejas continuas de aquellos que en un principio la enchufaron, ayudaron y brindaron a la hora de contratarla.
Faltas de absentismo, enfermedades fingidas, bastante vagancia y descrédito entre sus compañeros, la mantuvieron a caballo entre la baja laboral sin justificar por enfermedad y la depresión fingida que también entraba dentro de no ir a cumplir con su empleo.

En breve tiempo, causaba la baja definitiva, tras haber conseguido su finiquito correspondiente, que la puso en labores domiciliarias, sin tener la obligación de madrugar ni fichar cada mañana.
No era mal comienzo romántico, si aquello duraba y, si aquel amor no durara y se acabara de facto, alguna solución habría.
Por el momento su amante, el hombre que le atraía, y complacía su capricho sexual, le agasajaba con su natural y sencillo magnetismo y sobre todo con su cartera, que a la postre era la que sufragaba todas las necesidades y caprichos de Irene. Como en el popular cuento de hadas; solo faltaba aquel brillante zapato de cristal.

Narciso, le puso un apartamento en el centro de la ciudad y la retiraba de la centralita de teléfonos en la empresa donde estuvo en plantilla y con el tiempo podía haberse retirado, con su paga reglamentaria.
A golpe de cartera la desquitó de sus escasas obligaciones, incluso de la buhardilla que compartía con su amiga desde que se había ido de su casa materna. Le evitaba el tener que madrugar para cumplir con su turno de trabajo y poder ponerse guapa para el arquitecto, con toda clase de atenciones.

Ser propietaria de sus deseos y del pisito donde vivía y, no seguir relacionándose con aquellas hermanas sacadas del popular cuento de la Cenicienta; del francés Charles Perrault, tan poco resilientes, que a todo le encontraban pecado, por el simple hecho de unos celos enfermizos.

La madre de Irene, Xarme veía que las historias se repiten y que ninguna de sus hijas al cabo de sus vidas, llegarían como ella, a ser muy felices. Comparando en el tiempo y con sus diferencias la relación con sus dos hermanas y su padre, que finalizaron tan mal como Irene y todos sus allegados. Sabiendo desde un principio, se marchaba con Narciso, sin boda, sin historias y sin remisión.














jueves, 15 de junio de 2017

Sobre la copa del pecho



Tan solo hacía un par de meses que Irene se había desvinculado de su casa, haciendo visitas los miércoles tarde, para saludar a su madre y hermanas. Su padre Antoine, hacía unos años había muerto y su hermano como si no existiera por no interferir jamas en sus asuntos. Ella, haciendo un esfuerzo procuraba de momento, no perder la conexión y el trato con sus allegados. ¡Más que eso!, era una falsedad manifiesta que interpretaba para no hacer daño a su madre. 
¡Realmente fingía!

Los fines de semana era mas difícil ver a su familia al completo__ decía Irene cínicamente sin ser realidad__, cuando a ella le repateaba estar con sus dos hermanas y no hubiera sacrificado ni siquiera un rato del fin de semana por estar con ellas. 
Añadiendo a la inmolación; el viaje de llegada y regreso a la urbanización de marras. El Valle del Sol para darse además del baño de sol, otro homenaje de discusiones, envidias y sinsabores. Por lo que decidió una vez lo había analizado, el visitarles entre semanas alternas, explicar lo que a ella le convenía, y enterarse, sin demasiada expectación, como le iba a su madre desde que ella decidió dejar la casa y huir del barrio.

Merche y Pilar, amigas inseparables que no se podían ver, iban a la greña con la boda. Con detalles que eran insignificantes, magnificados para aprovechar insultarse a costa de un matrimonio, que ya de inicio era una patochada. Mientras el señor del cadillach de Mollerusa. Sixto Pollventó Garri, pagaba las facturas de las dos mujeronas.

No era fácil hacerle entender a Pilar, ese matrimonio y más escuchando por boca de Merche, que se había enamorado de Sixto perdidamente en Venecia pasando por aquellos canales venecianos, los dos solos y el barquero, donde él, quiso llegar hasta el límite de lo permitido.

Un viudo de cincuenta y tres años, con dos hijas de mediana edad, las cuales ya dominaban su propia situación y pretendían hacerle ver a su padre, que era totalmente descabellado que contrajera matrimonio con Meche, a esas alturas de la vida, sin que fuera necesario. Sin conocerla realmente, viendo con claridad la tendencia sexual de la dama y el enredo que llevaba con su amiga Pilar.

Cuando de necesitar a una mujer para la cama, con levantar la vista podían llegarle las que quisiera y elegir, para después quedar como amigos y no tener repercusiones ni compartir cuenta bancaria y propiedades.

Merche, no era una mujer para fregar platos y organizar armarios roperos, ni llevar a cabo la colada de la casa. Menos de estar en la cocina preparando platos comestibles y ollas de cocido. Merche, era una mujer moderna de esas que se toman el croisant y su cortado en la cafetería del Ideal, cada mañana con su madre la señora Pietat. 
Acarreando muchas veces a la anciana por donde quiera que ella viaja. Merche es señora que finge cierto postín y luce tarjeta del Corte Inglés. Guía y azafata de una compañía de turismo de Barcelona, que hace excursiones de fines de semana y vacaciones con grupos de jubilados y personas de la tercera edad.

Un tipo de persona nada difícil de mirar, a pesar de ser una mujer madura. Conserva su estilo y su figura, alta y recia teniendo un busto mas que apreciable y dibujando un perfil, con las medidas femeninas exactas que a muchos hombres pudieran ponerles acerados. Con un carácter agraciado por ser simpática sin excesos y comedida, educada en sus gestos. Dominando tres idiomas, fácil de verbo, voz de gamuza y expresiva a tope. Hablándole los ojos antes que sus propias palabras, y que tiene a Pilar a caer de un burro, por estar ésta colada por ella. Creyendo que es de su propiedad, y pretendiendo tenerla controlada siempre, para no perderla.

Pili, tampoco era fea de jardín, ni siquiera un adefesio de mujer, aunque si con algún meneo viril que en según que espacios la delataba, sin ser un balanceo exagerado. 
Alta, cabello rubio tintado con un corte a modo de su elegancia, muy limpia y exageradamente celosa, enfermiza. Su estampa más bien era de una tía maciza, fuerte y tratando de parecer un ser acaramelado. Un busto formidable por su volumen y forma y una cintura fuerte para agarrarse sin caerse al ir en moto.

Sus senos fuertes erguidos y promiscuos no necesitaban de sostén para que sus tetas pudieran mantenerse elevadas con esa curva de grados inclinada y exacta que eriza el pezón por sobre la copa del pecho. Ni un gramo de grasa a pesar de ser alta y estar fornida, sus piernas largas y esmeriladas, sin un bello, sin varices del todo preciosas, dando paso a unos pies grandes y cuidados, que parecían hablar mientras caminaba por el movimiento de sus dedos.
Espalda de nadadora incipiente, sin ternillas ni músculos agresivos y prominentes, con unos brazos recios sin ser feos, sin bello y totalmente dorados por el bonito color de toda su piel, que embargaba así mismo a su cuerpo.