lunes, 11 de mayo de 2026

A quien metes en tus sábanas.

 



Después del divorcio Don Anselmo, se quedó con la custodia de su hijo el señorito Amancio Pietro, de quince años, fruto del matrimonio que tuvo con Gracia Camila. Una modelo muy guapa y famosa, diez años más joven que él, y que se enamoraron en una de las bacanales que se daban en las fiestas de fin de año, celebrando la ampliación de la empresa que regentaba. Con afluencia de gente famosa, artistas y buenas orquestas que hacían de aquellas reuniones un gozo por disfrutar de lo que la vida regala.

Don Anselmo Gratto, es un hombre, distinguido y moderno, que se cuida, se conserva y no quiere envejecer. Muy presumido y narcisista, que tan solo mira por su bien, su gusto exquisito por las grandes cosas y poco amante de enredos. Procurando vivir a su modo dentro de las fascinaciones de aquella ciudad. Propietario de la compañía de transportes Sempiterna. La que había heredado por descendencia con una vigencia y antigüedad de cinco generaciones. Negocio que gobernaba con mano dura. Sin dejar de saborear de los buenos momentos que le proporcionaba su posición adinerada.

Actividad comercial aquella de la Sempiterna, dedicada a la expedición, reparto y despacho de cuantos materiales fuera menester, incluyendo las entregas frágiles que pudieran darse, con una solvencia ganada por lo pulido de los empeños que derivaba la propia firma.

Llevando y transportando bultos y mercancías de aquí para allá en la zona, abarcando la región y el completo de la nación.

Compañía robusta que tenía un accionariado saneado y ya remaban incluso, con envíos internacionales.  

Estuvo casado con la madre de Amancio Pietro, durante seis años y ahora hacía unos cuantos que se había divorciado amigablemente y sin resquemores.

La separación fue del todo social y no hubo insultos ni malos modos en el reparto. La guapa Gracia Camila, ahora exesposa, no salió mal parada, y sin duda no tendría problemas a lo largo de su existencia para su alimentación y el desempeño de su cotidianeidad.

El niño, que ya no lo era tanto, estaba educado en la modernidad, y no había nada que le descompusiera. No aceptó, ni quiso ir a vivir con su madre y todo su entorno, que por cierto no era nada soso.

Prefirió quedarse en la casa paterna, por aquello de la comodidad, las pocas preturas en su conducta, y sin dudar por los gajes que le proporcionaba depender del poco control y permisividad de su padre

Don Anselmo, un caballero que jamás se inquietaba por sus descendientes, y de la poca y menos vigilancia que llevaría viviendo bajo su tutela. Por ser el papá un hombre muy permisivo y magnánimo.

Creyendo el joven Amancio que no meneándose de residencia, pasaría más desapercibido y descontrolado. Condiciones que no le venían mal por el camino abrupto que estaba tomando desde hacía unos meses y por la tarea frenética que gastaba aquel jovencito que lo poseía todo.

Normalmente y a sabiendas del chiquillo, su papá, siempre de fiestas nocturnas hasta altas horas de la madrugada, con festejos escandalosos y sexo desbordante, con muchachas y amigas que le divertían y hacían que su divorcio no fuera ninguna pena ni le hubiese ocasionado ningún descalabro.

Citas con amigas y diversiones varias que lo divertían de manera brutal, por el vicio y el despilfarro de aquellas orgías carnales.

 

En el último tiempo Don Anselmo, se había enredado en demasía con una antigua amiga de la que fue su esposa. Con la que desde hacía meses, tenían encuentros que ya no eran esporádicos ni secretos. Ahora sólo valía la cama.

En tiempos había habido relaciones no permitidas pero aceptadas por todas las partes. Eran amoríos casi íntimos, entre Claudia, la que por entonces era la mejor amiga de mamá y el todopoderoso Amancio.

Pasando de ser en aquellos instantes, lujurias sin decoros accidentales, a transformarse en encuentros habituales sucesivos y muy constantes. Tanto que Don Amancio le había instalado a su nueva amiga un reservado especie de morada en la propia residencia habitual y familiar de los Pietro Cortázar.

Claudia Martina, un bellezón sin escrúpulos, aquella que en tiempos fue la inseparable tierna y amante de Gracia Camila. Las cuales lo habían compartido todo. Vicios, engaños, concubinato, e incluso pasiones secretas en los dos lados de la cama.

Dama ya madura, la tal klaudit, que así le citaban los que le asumían intimidad. Muy; pero que muy… fascinante, atractiva y erótica, además de valiente y aventurera.

Pimpollo descarado que había sido confidente de las estrategias impensables para darle engaño al consorte y, última esposa del poderoso Don Anselmo.

Fuera de la vida y engaños de su amiga y de la servidumbre al esposo, Gracia Camila, estaba liberada en busca de nuevos horizontes.

Aquella que fingió mantener la carga durante quince años, como esposa fiel y entregada. Ahora pasaba a ser la ex esposa y la ex señora de la casa.

Con la anuencia de todo el mundo, quedando sentado que allí no pasaba nada de nada, que todo era normal, y que así lo había decidido el destino caprichoso, por lo que nadie ponía impedimentos. Ni tan siquiera en la conducta del joven lampiño, hijo de Don Anselmo y de Gracia Camila.

 

El impúber de Amancio Pietro, aquel fingido y falso angelito, ya espigado, boyante y bastante desarrollado por no decir descastado y transgresor, pululaba entre la oscuridad, el voyerismo y la intimidación. Más incluso, de lo que muchos de los que le educaban o rodeaban pensara…

Se le erizaban los cabellos cada vez que fisgoneaba para sorprender a Claudia Martina desnuda. A pesar de saber que ya era oficialmente la nueva pareja de su padre.

Al imberbe muchacho aquellos portes provocativos que le dedicaba Klaudit adrede al joven Pietro, desfilando frente a él, sin recato y descarada mostrando parte de su body tal y como vino al mundo… pero con cuarenta años más, lo ponían frenético, y al máximo de sus resistencias sexuales.

Ella le llevaba unos cuantos años de delantera, y deliberadamente aquella mujer madura, provocaba al joven de forma velada. Encontrando el resultado de sus devaneos en el placer de un joven Amancio, que la deseaba.

Klaudit consciente de lo que le podía sobrevenir quiso jugar con el padre y con el hijo y se dejó mirar, incluso provocaba situaciones de descuido para que el que parecía desesperado, no pudiera contenerse y traspasara aquella frontera.

 

Amancio loco de excitación procuraba coincidir estando en casa, para espiarla, sin embargo como no era tonto, pretendía hacerse pasar como un salido falto de contactos amorosos. Detalles que no se daban en el joven Pietro, por tener a su abasto ingente cantidad de amigas con derecho a roce, fricción y desgaste que podrían llegado el caso, satisfacerlo.

Sin embargo el bueno y listo de Amancio, además de disfrutarla cuando ella se daba aquellas largas sesiones de masaje corporal, que igualaban a las más sofisticadas asambleas de porno, las registraba.

Aquellas interpretaciones llegaban a ser congresos de masturbación femínea, dedicados al hijo de su amante, esperando Klaudit, que el niño diera el paso.

La teatralidad gratuita dispuesta para Pietro, eran propias de actuación de la barra de las señoritas de compañía, que se las ponía en bandeja esperando su reacción. Película que el joven Pietro, grababa en película y se las pasaba a Don Amancio, con la advertencia de: ¿A quién metes en tus sábanas por la noche?


autor: Emilio Moreno

Emilio Moreno


jueves, 7 de mayo de 2026

Rateros de mermelada.

 


Llevaba en su aguja de corbata una cámara de una precisión inmejorable, que grababa aquella reunión a la perfección. Se la habían insertado en aquella joya junto al resto de rubíes que lucía para disimular dentro del dibujo de zafiros. Quedó incrustada delicadamente junto a las piedras preciosas de la alhaja haciendo un perfecto dibujo con lo que representaba, y para lo que había sido contratado. Para recuperar el dinero invertido por alguno de los magnates.

Los diseñadores y especialistas de la empresa Securité du Monde, fueron los orfebres que prepararon aquella cámara disimulada que se conectaba por control remoto a los teléfonos de los investigadores y peritos de la firma que tenía asegurada la mayor parte de lo que desaparecía en aquel sector.

Piezas de arte valoradas en muchos cientos de miles de dólares, que además, todas contaban con un seguro millonario y de importancia tanto por robo como pérdida o hurto, cubriendo incluso el trance de robo o de vandalismo.

Satisfechos todos los detalles de cuantos riesgos pudieran darse, pasaron a la acción.

Bajo el contrato de una póliza millonaria, por la cual pagaban unas cuotas amplias.

Expertos y curtidos especialistas e investigadores pertenecientes a la compañía mencionada habían preparado a espaldas de la policía, un plan para intentar descubrir el autor de aquel delito en particular, y quizás de cuantos aún estaban por desvelar.

Aquellos profesionales eran los que iban tras el rastro de un delito difícil de contrastar, intentando descifrar antes que la propia policía el paradero del singular y original cuadro robado.

Los detectives interesados en el descubrimiento de la infracción, pretendían enganchar cuanto antes, y de forma elegante, sin demasiada publicidad a los ladrones de aquellas piezas artísticas. Autores ya, de demasiadas fechorías, que quedaban sin resolver y generaban cuantiosas pérdidas en las arcas de la aseguradora Securité du Monde.

Obras irremplazables, originales y de un valor incalculable, desaparecían sin dejar huella. Sin dar lugar a recuperar lo despistado ni forma de hallarlos, ya que se perdía la pista por completo.

Violando de una forma inaudita, museos, salas de arte y cajas fuertes donde estaban guardados.

Seguros almacenamientos que se creían inexpugnables eran violados de una forma banal e irrisoria, que dejaban a la altura de la burla a las fuerzas de la custodia de aquellas obras de arte.

Saltándose sin demasiadas expectativas la seguridad de sus lugares de reposo.

El ministerio policial no daba crédito por los sucesos acaecidos en aquel período ni a la perplejidad de los acontecimientos continuados.

Zonas donde siempre había reinado la seguridad por estar ubicadas en los barrios más destacados y poderosos de New York y por la cantidad de familias adineradas que residían en el barrio.

Aquella intensidad de escamoteos y robos se estaba dando en una época singular, y poco propicia. Dadas las cautelas habidas por la crisis desatada no solo en aquel país, sino en todo el continente americano.

Sin que pudieran atajar a los infractores, ya que estos eran más que especialistas, brujos indescifrables de cuantos asuntos absurdos, e imposibles de detectar se pudieran suceder.

La propia compañía aseguradora con sede en la capital Suiza, la famosa Securité Du Monde, tomó cartas en el asunto, de una forma discreta, segura y anónima. A pesar de cuanto sucedía y aun y cuando tuviera que contratar a gente del hampa, que viviera en aquel submundo de perversión y crimen. Pretendiendo acabar con aquel chorro de mermas que le representaba perder millones de dólares y consecuencias que de seguir sin atajar, darían con la firma en banca rota.

Se daba la circunstancia que incluso antes de cada una de las raterías, robos y atracos cometidos, los autores del macabro derroche de inseguridad, iban por delante del futuro de las piezas robadas, llegando la directiva del ministerio a pensar que había un conjuro dentro del propio despacho de delitos que evitaba que los detectives pudieran dar caza a tanto ladrón.

Por su maestría en la desconexión de cámaras, alarmas y frenos de una forma indetectable y magistral, que jamás se había dado entre aquella gente amante de lo ajeno.

Las autoridades comenzaban a pensar en una red establecida y secreta, donde se encontraban incluso alguno de los propietarios de lo desaparecido, que usaban el intelecto para cobrar el monto del seguro, sin perder el producto, que luego vendían bajo cuerda a quienes estuvieran interesados, o lo escondían para que pasado el tiempo volver a resarcir y mercar con aquellos tesoros.

 

Nadie conocía a Mack Gregor el poseedor de la increíble cámara que le pendía de la aguja de su corbata. Era el designado oculto y disimulado, para solventar las muchas violaciones que estaban por resolver.

Jacky Mack Gregor era un tipo desalmado de los barrios bajos, que había estado en la trena más de una vez, por causas varias.

Todas ellas fuera de la decencia. Según decían los que le trataban de cerca, había cambiado mucho.

Notaban y así lo manifestaban que se había vuelto honrado de la noche a la mañana. Tras haber purgado tantos años de cautiverio y por haberse relacionado con una buena mujer que lo había reconducido por los caminos de su religión. Su pareja, su amante y confidente la señorita Dorothy Marlon, su abogada y además pastora religiosa, la causante que lo había integrado por los caminos de la auténtica dignidad y la madre de sus dos hijas.

Jacky Mack Gregor, había justo finalizado entonces su condena y tras haber pasado años de mentalizarse, y penar por todo lo que se había embrutecido. Tocar con sus pies en el fondo del pozo más oscuro, tras apretarse de todo lo ajeno, le propusieron un último trabajo desde la sombra, para dar con tanto sinvergüenza que vivía escondido tras los principios de legalidad.

Así que después de varias sesiones y años de contrición, en cuanto depuró su condena, lo sacaron de la celda siete tres, donde había pasado los últimos diez años, tan solo con el consuelo de su Dorothy en el bis a bis de cada semana, y esperando llegara el instante de su libertad. Liberarse de aquel recinto sombrío de la penitenciaría del Sudoeste, la peor de la nación, donde cumplen condena los execrables ampones existentes.

Llegado aquel interín le dieron su primer trabajo. Una labor que amparada por la ley debería llevar a cabo, sin que la mayor parte de los agentes de la justicia conociera.

El trato hecho con Jacky Mack Gregor era mezclarse con la jauría de criminales y una vez conociera el modus operacional de tanto hurto y robos, denunciara al cabecilla de los delincuentes que llevaban a término los despropósitos y las muchas extorsiones en la zona.

Habían pasado tres meses de su libertad y con sus artimañas, esas que se aprenden en los barrios bajos y jamás se olvidan, supo integrarse dentro de aquella sociedad de ampones. En la cual para probarlo le habían ido dando un par de trabajos que desarrolló sin el más mínimo percance.

Aquella tarde estaba reunido con el núcleo de los mejores caballeros de la ciudad, los más acaudalados y a su vez los más sinvergüenzas. Se trataba de despistar del museo local un cuadro del pintor español Velázquez, que el Museo del Prado había cedido a la Asociación de Artistas Neoyorkinos como intercambio de la cultura hispano americana.

Reunidas la flor y la nata de los prebostes de la ciudad, junto a varios de los agentes supuestamente defensores de la justicia, para formalizar un plan de hurto del famosísimo cuadro del pintor ibérico del siglo XVII.

Aquellos que infligían los delitos en sus propios patrimonios para que las aseguradoras indemnizaran las cuantiosas pérdidas robadas, estaban preparando un golpe de mano y seguir pasando desapercibidos y encima quejarse por el cómo y de qué manera estaba la ciudad de falta de control.

Aquella aguja de corbata, estaba transmitiendo en directo la secreta reunión que a su vez estaba siendo grabada por dos de los especialistas y salvadores de la corporación de seguros.

Los que de una forma inmediata, y tras años de juicios y demostraciones no fáciles de llevar a cabo, solucionaron aquellos problemas y resarcieron en las cuentas y contabilidad de la aseguradora suiza, todo lo que habían robado aquellos caballeros insignes de la ciudad con el amparo de los corruptos agentes que nunca dejan de existir.


Autor: Emilio Moreno

Emilio Moreno.



 


martes, 5 de mayo de 2026

Vacilación perpleja.

 

Emilio Moreno.














La cobijé en mi sombrilla

bajo una lluvia perpetua,

su escaso relieve brilla.

Con poco… no perpetúa,

y sin ruido, poco chilla.

 

Su obscenidad considera

que todo no se merece

el trato que ella lidera

y al poco se le parece

la consecuencia que espera.

 

Lo sientes, que no adolece,

ni se turba por vergüenza.

Lo notas que no obedece

por sus mentiras sentencia.

 y poco le prevalecen

 

Me enferma su desvergüenza

no recuerda aquel paraguas,

ni aquel eterno torrente…

que apenas tuvo secuencia

en una vida indecente

 

¡Eso sí…siempre se queja!

de su transitoria suerte

que su diosito la ignora

y ni siquiera es creyente

porque su suerte la borra

 

De ahí, gemido y lamento

que nadie juicio le otorga,

siendo mil veces mentira…

Su lloriqueo sin torva

que merece indiferencia

y como poco me estorba.


autor:

Emilio Moreno.
















miércoles, 29 de abril de 2026

Tan solo espero.

 

Emilio Moreno.












Transito solo sin esplendor fijo

sin norte voy; a falta de mi rumbo.

El habitual, el que suelo y encumbro,

escogiendo una duda… y una elijo.

 

A pesar de ello, no sufro ni aflijo,

no noto desespero ni sucumbo,

ni hay nada que provoque ese retumbo.

Vacío sin elegir. Ya no corrijo.

 

Harto de tolerar. ¡Ya se verá!

Si es que puedo llegar con claridad…

a verlo. Lo que sea sonará.

 

Paseo yermo, sin profundidad,

intuyo que algo me sorprenderá…

tan solo espero… ¡Sea felicidad!



.

autor:

Emilio Moreno



 


martes, 28 de abril de 2026

Por fín traveseo

 













Pensando solo en ti, yo juraría 

que no hay motivo real, para olvidarte…

y aunque creas que puedes ensuciarte

por ser pecado… yo no dudaría.

 

Librando aquel deseo, gozaría

de esa sensualidad, que nos da el arte

del festejar en silencio y sólo en parte

sin detalles finitos, obraría.

 

Imposible ocultar la voz del verbo

Impensable dejar huir mi deseo

Indeleble pasión, del mejor siervo. 

 

Tu silencio, me basta y traveseo

con sigilo profundo yo, me enervo

y débil y sereno… te poseo.



autor: Emilio Moreno

Emilio Moreno.


 


lunes, 27 de abril de 2026

Sibilino e indescifrable

 











Subrayará una glosa cada día

la conservará sin excusa, dentro

de su abasto y así muy en el centro

permanecerá su melancolía.

 

Veo tu imagen. Me sobresalía

desde muy dentro, mucho, sin reencuentro

Propio de hazañas fuera de epicentro…

solo queda el trapiche que molía.

 

Atrápalo y consuelo… Yo ni te veo,

no porque no te mire… ¡Descúbrelo!

¿Serás capaz de hallar?, lo que proveo.

 

Como el mensaje osado desde el vuelo

Igual queda sin verlo… Ni lo leo…

hundido en saco roto… ¡Desde el suelo!



Autor: Emilio Moreno.


 

Emilio Moreno.

 

 

 

 

 

 

 


viernes, 24 de abril de 2026

Día de la Rosa y del libro, tradición en San Jorge

 




Otro año más. —y que no falte…—pensó el escritor sereno—que persigue día tras día, ese encanto y esa necesidad de disfrutar con sus poemas, sus cuentos… sus historias y por qué no; con sus batallas y contiendas literarias.

Cada mes de abril, en su día de San Jorge, el 23 día del libro, celebramos la reunión amistosa con el público.

Exponiendo cada autor sus letras, sus ideas, sus anhelos y tal vez sus afanes. Abriéndose hacia el lector, que pasa y recorre los stands, y las paraditas donde cada cual, transita sin prisas en un viaje tranquilo, dejando disfrutar sus ojos entre esos mundos literarios. Esos cuentos, esas historias, y encontrar dentro de cada una de ellas los sentidos y vibraciones sensoriales.



Tocando con ese placer que da ojear el llamativo texto con esa carátula expresiva y directa, que acompaña siempre con una imagen original. Expuesto encima de la repisa del autor, o de la librería que lo representa.

Notando el amante de la lectura, y deteniéndose en cada una de las ficciones que de una forma indisimulada te llama. Te alerta para que no pases despistado, en silencio obligándote a que las acunes entre tus manos y por lo menos le dediques ese minuto de afecto, sin que nadie repruebe absolutamente nada. En tu intimidad, la tuya, palpando y sopesando aún sin saber que clase de relato querrá ofrecerme.



Acariciando con las manos ese papel impreso de la publicación escogida, que aún huele a imprenta. Que te reta a que seas capaz de dar el paso y querer saber de que se trata, mientras el autor te mira y te escudriña adivinando que igual puede contigo y la compras, o pasas simplemente de puntillas sobre el papel cuché.

Es un placer para las manos, ojearlos y leer alguna línea escogida al azar, de esa hoja que ha quedado abierta ante tus ojos para que subliminalmente o no, la releas de pasada. Siendo el destino sin dudar en que abre en ese párrafo y te muestra para que lo leas de inmediato… aquello que incluso ni tú mismo sabes, que lo estás buscando.

Paciente espera el autor que te pares frente a su historia y la mires, éxito se da si encima preguntas por algún detalle que te llama, y quieres una precisión. Igual le han hablado de la narración y recalcas ante el autor, este o aquel detalle que prefieres concretar con su explicación.


Efusión de placer cuando eres tú el que escoges la novela o el libro de poemas y precisas… —puede dedicármela—y le contestas con una sonrisa de agrado por el buen gusto o por la decisión que adquiere. Mientras lo piensa detenido y lo saborea instantes antes y al cabo refleja el nombre de tal…, o de la cual. Dejando entonces con claridad en quien está pensando, y como o de que forma le ha de agradar.

Notando que será un regalo para su amigo, su compañera o quizás su amor, que aunque digan que no esperan ser regalados con libro, a todos se les abre el rictus de la felicidad si además de ir la Rosa, acompañada con una historia relatada, o versadas en poemas, dejas la intención finita. En esa fecha memorable del Día del Libro, del día del amor y del día de la felicidad.

Aquí lo dejo: a veintitrés de abril del año dos mil veintiséis.


Autor: Emilio Moreno.

Emilio Moreno.



miércoles, 22 de abril de 2026

Kojoneta, el chic de la vecindad...

 

Emilio Moreno









El abuelo kojoneta

que es un vecino muy chic

ya pasa de los noventa

y está presto para ir

al concurso de las momias

pretendiendo competir.

 

Ya no me parece raro

pero si es de comentar

que una vez pasan los años

aunque ya, todo es más caro.

Nada ya, puede extrañar.

Siempre nos dejan de lado

así lo digo y declaro

por no ser casualidad

 

Te atiborran a pastillas

controlando la tensión

y que circule la sangre

por sus fueros bajo el sol.

Evitando los disgustos

Que aporta el colesterol.

 

En el bus es un descaro

la ausencia de protección

cuando sube un veterano

a pesar del reservado,

que son sillones patentes

para el conjunto mayor…

 

Madres con niño en los brazos

o los faltos con bastón

ninguno está preparado

dispuesto a la situación.

 

Esos sitios especiales

nunca están libres de uso

ocupados por los guapos

que ni te notan, ni ven.

 

Y es normal que no te vean

porque no te quieren ver

y encima los justifican

en base a la urbanidad.

Con ello y con su teclado

pensando… a ti van… van,


Emilio Moreno






 



Por todas partes ayudan

dando a todo, solución,

en el banco nos envían

al cajero sin control.

De espaldas a los que vienen

que nunca sabes quién son,

y si tienes un problema,

con la atención que regalan

Pues tú, ya te apañarás.

 

El abuelo kojoneta

que es un vecino muy chic

ya pasa de los noventa

y está presto para ir,

al concurso de las momias

y él pretende competir.

 

Se quejaba la otra tarde

de la nueva prescripción

para que le dan pastillas

y regular la tensión

en esa vida tan penosa.

La que le cuesta llevar…

 

No sería más factible

que atendieran mucho más,

a la gente sin dominio

del Facebook y del flash,

ayudaran en los líos…

Que los hacen delirar.