viernes, 13 de octubre de 2017

Muerta está, tarde llegamos



Por ello, el motivo de nuestra comunicación como último recurso, fue en este orden; en principio la noche del martes pasado; para: primero darle la mala noticia y después para saber si usted se haría cargo de cuantos trámites sucedan a esta causa.

De no haber sido por esa sucesión de despropósitos y haber aceptado alguno de los componentes de su familia el atender a la difunta__ dijo la caporal__ Usted hubiese conocido, sobre la muerte de su pariente porque su gente, se lo advirtiera, ya que por nuestra parte. Por la competencia de Los Mossos de Escuadra, no se hubiera instruido absolutamente causa alguna, ya que seguimos un precepto.
En el supuesto de no haberla descubierto muerta en su domicilio por las causas que le voy a explicar. Usted Edwin, probablemente no hubiese sabido nada de Irene, hasta que no la hubiese notado a faltar y se hubiera puesto en contacto con las autoridades ciudadanas, por una desaparición mas que prolongada y sin noticias.

Dejó el uso de la palabra abierto, por si el declarante tuviera alguna duda o quizás, le conviniera indagar sobre algo.
No fue extenso el receso ya que Edwin, rápidamente interrogó a la joven policía.

__ Me está diciendo usted señora caporal que ni su hermana Soledad, ni su ahijado Ambruas, ¿quisieron tomar parte en la tramitación de la sepultura y de los despojos. Ni hacerse responsables de la inhumación de Irene? ¿Sabiendo que estaba muerta?

__ ¡Como lo oye! Ni la hermana del cadáver, Soledad, ni el sobrino Ambruas, se interesaron lo más mínimo por esos detalles que usted pregunta a los cuales ahora inicia desde esta comisaría.
Esmirna Custó la agente de la Comandancia, prosiguió con la tesis y anunció a continuación con mucho agrado.

__ No les importó en modo alguno cual sería el futuro ni el próximo devenir de la difunta. Con ellos no iba la causa, ni la pena. ¡Así de claro!
Contestó desgarrada la oficial

__ Sin preocupación dejando en las manos del Instituto de la Caridad, que se hicieran cargo de los restos y la enterraran en la fosa común.
Donde se amontonan para los siglos de los siglos, a todos los sin papeles, desconocidos, transeúntes e indigentes sin techo.

Ni tan siquiera entraron en preguntas, ni en preocupaciones ¡Nada!
No consideraron fuera necesario saber más allá de la noticia y la asumieron como aquel que escucha llover, o que no les atañe por no ser de la familia. Quedando certificado debidamente en el auto y en el parte abierto por la policía corporativa de la comunidad.

Además de estar grabado en voz, por nuestros servicios internos de infraestructura.
La agente siguió con el uso de la palabra, haciéndole un gesto a Edwin, para que no la interrumpiera, ni le cortara en la expresión.

__ Nosotros__ gesticuló Esmirna amargamente con desgana y afirmó con el semblante de pocas bromas__Cuando informamos de la tragedia, notificamos por orden legal del hallazgo de la muerte de Irene.
De donde se encontró el cadáver y demás. Tan solo a la primera línea de parientes, los mas allegados de la familia y en el orden establecido.

Siendo así nos pareció irregular la no intervención por parte de la hermana y de un sobrino, sobre el conjunto de las dificultades, para dar soluciones, a las que atender en casos como éstos.

Inhibiéndose de la muerte súbita y tan repentina de un ser próximo a la familia, que aunque no se tuviera contacto con la finada, siempre queda el disgusto, la pena y el deseo de interceder.

Detalles que ambos con el cinismo mas profundo, simplificaron en pasar el aprieto a otros y mirar sin ver, sin importarles y sin escrúpulos, quien se debiera hacer cargo del dilema.
Comportamiento inhumano con alguien que perteneció a tu casta, pero como siempre comprender, que en el seno de los clanes, hay líos irresolubles, por envidias, diferencias y, malos entendidos que hacen a las personas insensibles.
La suerte por decirlo de alguna forma, fue su caridad, que al final como ha sido efectivo, alguien toma las decisiones iniciales.

Por lo menos para darle entierro, que es lo más apremiante.
No es demasiado habitual__ siguió argumentando__ Se genere tan poca comprensión y amparo a los muertos; a aquellos que ya no tienen más que decir, ni hacer otro daño, por estar tiesos. Aún y siendo de la misma sangre. Dejándolos a su suerte, sin atender el último gesto, de su paso por esta tierra.

__ Es un punto de vista muy suyo__ ¿No cree usted?, replico Edwin.__Sin saber que es lo que les lleva a esa determinación. Imagino que sus motivos tendrán ¿No opina igual señora caporal?__ anunció Edwin, sin esperarlo la oficiala
La agente a la vez que no quitaba ojo del hombre, que tenía sentado frente a su mesa. Comenzó a manipular los documentos para formalizar el atestado y fuera firmado por Edwin, mientras aquel hombre, no sabía como ponerse, ni que decir, a pesar de que el pensamiento y las inconveniencias llegarían de inmediato.

__ No busque razones ni motivos Edwin. En todas las familias existe el apenado. El que se encarga de todos los trámites y deslices y que a la postre es el que recibe las indecencias de los demás.
Las preguntas, las sospechas, las incredulidades, las disconformidades y los consejos porque__ según ellos le recriminarían sin lugar a dudas __ y usted lo sabe.
Diciendo y alegando, que no lo veían normal, y de ser ellos, hubieran actuado mejor que usted.

Se les llama a estos individuos de una forma despectiva y realmente descriptiva “perdonavidas”, con un nombre muy vulgar que ni tan siquiera lo pronunciaré, para no soliviantarlo más de lo que ya se encuentra.
Finalizó aquel descargo la mujer policía, haciendo una pausa para proseguir mientras rellenaba desde el teclado de su ordenador, todas las premisas de aquel trance.

__ Veo que acepta de buen grado y asume seguir con todos los trámites de Irene. ¡Vamos que le ha tocado a usted la china y no hay más!
Otra cosa será muy diferente, en el caso que esta señora tenga muchos posibles. Me refiero a dinero, propiedades, acciones, y demás.









jueves, 12 de octubre de 2017

La presumida y su trato




Expuso con decisión, la caporal de los mossos, al abnegado Edwin, que atendía muy cordial y ya comenzando a no dar crédito a tanta bajeza venida desde la actitud vejatoria de la hermana de Irene.
Por el poco afecto y el escaso amparo, que ésta le negó en sus últimas necesidades, en esta tierra.

Estando ya muerta su hermana menor, en condiciones poco claras y con un lapso de varias semanas, a la espera que algún familiar quisiera hacerse cargo de sus restos mortales.

Ruindad mostrada por Soledad, que parece increíble y que es veraz, dándose como real en familias ordinarias, que se han criado bajo un mismo techo y una misma batuta.

Por unos padres muy normales, que amamantaron a sus hijos a la vez y que nadie hubiese imaginado, llegaran a nutrirse como hermanos carnales, con tanto odio, desprecio y desarraigo, como se daban en los componentes de aquella saga.
La mujer policía retomó de nuevo el relato y siguió narrando aquel episodio a un hombre, que no sabía ni tan siquiera donde mirar, para disimular sin embozos la vergüenza que sentía al admitir aquellas manifestaciones.

Haciendo un gesto venial para que Edwin prosiguiera atento a lo manifestado, tras un acceso de tos inoportuno.
Siguió arguyendo amablemente la caporal, mirándole a los ojos sin pestañear.

__ Personados en la mencionada dirección, llegaron nuestros agentes para informar de la situación.
Ella misma Soledad Delapeire, les atendió con desfachatez y desvergüenza. No queriendo en ningún momento de la exposición; saber absolutamente nada de lo ocurrido ni como sucedió.
Ni de la muerte, ni de todo lo que pudiera repercutir o representara a la ya occisa Irene.

Con claros efectos de repudia y fastidio, sin querer admitir desasosiego, ni amparar a su propia hermana en la última hora. La de su muerte.
Notándose mucha aspereza hacia la difunta, cuando menos indiferencia y desdoro.

Detalle que nos causó hilaridad y desconcierto__ comentó la agente__ sin que nos diera ella misma, una excusa aceptable, ni cuando menos defendible.
Solo afirmaciones y negaciones, sin disponer de un fluido argumento con nosotros, con una sensación de amargura que no era propio en una mujer de su edad.

Usando el más pobre de los diálogos, que pudiera esclarecer los motivos, por los que negaba la atención a su hermana.
Al final después de mucho rogar y mantenerse en sus convicciones, nos ofreció un teléfono, que corresponde al de uno de los dos sobrinos, que a la vez; uno de nuestros equipos de investigación habían descubierto con antelación en el registro, de una parroquia de Horta. La Iglesia de San Francisco Javier. De donde averiguaron los datos que después nos hubieran valido para proseguir con las pesquisas.

El primer ítem hallado fue el de Ambruas, apadrinado y bautizado por Soledad, siendo ésta su madrina, según constaba en el censo del iglesia.
Dato que ya, nos había dispensado la hermana de la difunta. El de su sobrino Ambruas__ respiró la caporal Esmirna Custó, para seguir exponiendo, con una sonrisa astuta y nociva.

__ Un año antes, y en el mismo índice de la misma Parroquia, reflejaba la anotación del oto sobrino, que acristianado también en la misma diócesis, constaba con detalles revelando a un tal Edwin.
Sacramentado por poderes, de sus padrinos afincados en la Ciudad de México, y que Soledad fue una de las autorizadas para tales fundamentos eclesiásticos.
Ya teníamos suficiente base para proseguir__ dijo contundente la agente de los mossos__ y como más allegado, por ser ahijado decidimos, fuera Ambruas el primero, en darle aviso.

Asimismo coincidía con el que fue designado en primera instancia por la propia Soledad, para que fueran a resolver el asunto.
Agentes de la policía autonómica, viendo el poco arrebato que provocaba aquella noticia y además imaginando el percal de lo que sucedía entre todos ustedes__ añadió mirando al desencantado Edwin.

__ En lugar de visitarles la patrulla en persona y en su domicilio, le llamaron al número de teléfono móvil, que Soledad nos había suministrado.
Evitando en tal caso, hacer un viaje sin respuestas o fuera sin efecto el éxito de la visita__ respiró la señora Esmirna Custó.

Refiriendo con una negación visible de su cabeza, el anuncio que tampoco, el sobrino de Irene y Soledad, el señor Ambruas, quisiera atender a la llamada de cooperación para que fuese el tutor, que se ocupara de los despojos y detalles de su tía Irene.

Sin atender en modo alguno, el planteamiento y la urgencia propuesta por la policía, Ambruas, directamente nos desviaba la causa con excusas indolentes sin enjundia citando__ la nula relación que mantenía con Irene, desde hacía muchos años.

No teniendo relación ni contacto familiar y que no sabía, ni quería nada de ella.
Sin tener relación personal, ni familiar en los últimos veinte años, por lo que declinaba absolutamente el hacerse cargo del aviso, de las costas y de los menesteres que derivaran de tal concepto__ Se detuvo la caporal, riendo y diciendo descarada a Edwin, aquí es donde entra usted como concreto responsable.

El que realmente iba a asumir los efectos y el que tomara las decisiones para darle incineración.
Hizo la caporal un gesto gracioso con las cejas que servía para solicitar la continuación del relato sin interrupciones.

__Dándonos el teléfono y dirección de usted, y diciéndonos de forma literal__: con este sobrino, ¡Mi hermano Edwin! Era con el único que esa presumida tenía tratos.
Se veían de cuando en vez, celebraban alguna fiesta de familia y solían llamarse muy a menudo para departir alegrías y comer en familia.










domingo, 8 de octubre de 2017

Cenizas en la nevera



Acristalamientos grandiosos en los pasillos, puertas cerradas, en tonalidades azuladas y grisáceas, adobaban aquella simple decoración.

__ Fue con usted, Edwin con el que hablé anoche ¿El que recibió la noticia del suceso?__ preguntó la oficiala, mirándole simulando arrogancia y desinterés.

__ El mismo que ha seguido las instrucciones dadas por usted con lo que al rastrearlas, por cierto__, respondió asintiendo y atisbando Edwin el color de los ojos de la oficial.

__ Ha costado dar con ella y, me refiero a la difunta.

__ He pululado de un sitio a otro sin saber realmente si llegaría a término. Hay muchos funcionarios que mal les pese, no saben hacer su trabajo__ Comentó Edwin, con mucho énfasis y convicción, mientras la caporal, escuchaba y espiaba sus palabras y fisonomía para proseguir en cuanto le diera posibilidad aquel declarante.

__ Orientan mal al desinformado. No escuchan ni precisan, tan solo para quitarse de encima al paquete, sin importarles el trabajo bien hecho y burlándose de nosotros los afectados.
Motivo éste__; siguió usando la jerigonza__ me ha hecho recorrer innecesariamente media ciudad, desde la zona de Sancho de Ávila a la Ciudad de la Justicia y viceversa.

Perder el tiempo y el ánimo de forma miserable deambulando desde el mortuorio, hasta el Instituto de Medicina Forense, situado en la Zona Franca.
Para volver de nuevo al necrológico de Marina, y al final gracias a un alma caritativa que antes de enviarme de excursión a otro destino, se preocupó en oírme, escucharme y saber de verdad, cual era mi necesidad, para poder reconocer un cadáver.

La gendarme viendo que se lanzaba, le arrumbó a quemarropa con una pregunta concisa y muy directa, intentando imponer ella misma su marcha, sin dejar que aquello fuera una cháchara de vecinos.

__ Ha reconocido ya a su familiar, ¿verdad?__ preguntó la oficiala mirando a Edwin a los ojos, sin pestañear y fijando detenidamente la atención en la respuesta, intentando descubrir sus reacciones.

__ ¡Por supuesto! ¡Claro! ¡Era ella, Irene! __ chasqueó los labios y frunció la frente para terminar diciendo__: muy deteriorada.
Sin puntualizar más Edwin, intentó mitigar el recuerdo de aquellas imágenes que soportó con un gemido agrio y mudo, pretendiendo pasara desapercibido.
Pensando a la vez, con aquella rabia contenida que a veces mostraba.
La clase de familia que les había correspondido tanto a Irene, como a él.
Una hermana desarraigada y cruel, sin interés por saber como había fallecido, ni cuales fueron los motivos por los que había dejado de existir. ¡Si la abuela levantara la cabeza! __ caviló, para reanudar con la otra pata de la cuestión y añadiendo a la suma al sobrino.
A su ahijado, que excusándose en añejas relaciones pasadas que no venían a cuento y fuera de la realidad, pretendía sirvieran como excusa, para librarse tan solo de las obligación, de zafar los dolores de cabeza y esconderse frente al lío del papeleo.
Ni siquiera accedió a verla, a asistirla ni ayudar a que se le diera entierro de forma humanizada.

__ Lo que no comprendo__ dijo el hombre apenado__ es como ustedes, la han tenido tantos días en la nevera, sin dar aviso.

__ ¿Aviso? ¡Dice usted!__ con energía contestó la agente sin contemplaciones y mostrando la nata cuajada que guardaba.
__ Nosotros el Cuerpo de Policía, iniciamos la búsqueda en cuanto supimos de su muerte.
Tenga en cuenta, que hasta que los Mossos, detectaron el cuerpo sin vida, habían pasado mínimo..., ¡mínimo!, mes y medio, por tanto no me haga esa pregunta__ serenándose un tanto prosiguió, mostrando algo más de templanza.

__ Es una interrogante que se la puede contestar usted mismo. A poco que sea inteligente__ descarada, enfatizó la caporal Esmirna.
Notando que aquellas palabras eran hirientes quiso suavizarlas.

__Si piensa y analiza, usted mismo, puede responderse y quedar convencido sin ayudas externas.
Rompió estrepitosamente la escena con una sonrisa forzada Esmirna y, mantuvo a Edwin concentrado y comprendiendo que aquello no hacía más que iniciarse. Causando un sinfín de confusiones nefastas.

Se llenó el plexo de aire renovado y siguió con su alegato.

__ En la nevera__, como usted dice __,no lleva más de cuatro días. Tan solo el tiempo que nos alcanzó para dar con usted. Tras las negativas de primero: Concepción y segundo de: Antonio. 
Personas de la familia que negaron toda participación y ayuda.

Siendo trámites bastante rápidos pero complicados, por tener que levantar acta y seguir con las investigaciones paralelas, por si existiera relación, con el deceso dudoso al que nos enfrentamos__ explicó la cabo, haciendo un inciso y bajando el tono.

__ Dimos con el paradero de los colaterales y antepasados de Irene, por casualidad al comprobar en el Registro zonal, una coincidencia de apellidos y una avenencia causal, en una dirección sita en el perímetro de Barcelona, dentro de una zona urbanística del cinturón de la ciudad. En la que residían dos mujeres posibles familiares de Irene, de las cuales Piedad ya difunta, se relacionaba por consanguinidad.
Detalles que nos llevaron con bastante fiabilidad, con un leve atestado establecido por una denuncia, registrada en nuestras dependencias policiales.
Imputaciones derivadas entre vecinos, por divergencias de lindes en las parcelas de los terrenos de una Urbanización próxima a la carretera nacional que va desde Barcelona a Cádiz.
Contingencia que establecía el referencial de la dirección de una tal: Concepción, allegada anexa de la difunta Irene.


Fue desgranando multitud de esencias y detalles claros, mientras Edwin, escuchaba aquellas manifestaciones frente al escritorio de la caporal de la policía autonómica, que siguió argumentando.








viernes, 6 de octubre de 2017

Colgaba la etiqueta, de la muerta




Edwin después de refrendar que Irene, estaba mas muerta y más seca que una ración de mojama, certificó al doctor de la morgue, que ¡Sí! la conocía y correspondía con Irene. La mujer difunta a la que iba buscando durante toda la jornada.

Firmó compungido y desatento, los documentos que le pusieron por delante.
Sin la mínima duda, se trataba de la Irene que no veía desde el pasado mes de diciembre. Fechas anteriores de las últimas navidades.

Sin imaginarse que aquella sería la última vez que la trataba, que la escuchaba, que se abrazaban y besaban en la despedida.
Entonces llena de vida y con risas de agrado por celebrar aquellos instantes vitales.

Hacía más de un mes y medio que estaba sin vida.
Esperando ser reconocida sobre una cama gris, de un lugar muy gris, y con un final tan gris, que para reconocerla; la extrajeron de una nevera, con una etiqueta enganchada a una guita en el dedo gordo del pie izquierdo, que se leía: nombre Irene y en otra línea causas desconocidas.

Sin pómulos y con la frente ahondada hacia dentro de la cavidad de la cabeza, sin frente y hecha un adefesio, ojos cerrados, y boca entre dientes, con una sonrisa sarcástica y rompedora.

Allí mismo, se despidió por última vez de Irene y pensó__ Olé todos los momentos buenos que te has chupado.
Te han criticado, sin embargo peor para ellos ¡Eso es lo que te llevas!

Salió a la calle casi destemplado por el ambiente y los perfumes raquíticos de la funeraria, y se llenó los abdominales de aire saneado, mucho más fresco que el que podía aspirar dentro de aquella galería pútrida por la cantidad de despojos humanos que emanaban

Sin fuerzas ni apetencias se adivinó, para ir con el transporte público hasta la comisaria de los Mossos de Escuadra.
No lo pensó y tomó un taxi que le llevó al lugar donde ya le esperaba la caporal Esmirna Custó, en el acuartelamiento policial de Penitens.
No le hizo esperar demasiado en la admisión de la comandancia, tras haberse presentado a la recepcionista de guardia que cumplimenta los accesos y puertas del edificio.

Pasó por los fielatos de comprobación de objetos metálicos y entregó su acreditación mucho antes de ser recibido por la agente que investía el affaire de la muerta de Blanes.

La caporal fue a recibir al declarante Edwin y le acompañó en un peregrinar por las dependencias del cuartel, hasta que llegaron al pupitre donde le enmarcaría aquella revelación y causa de lo que en principio pudieran adelantarle para que quedara al corriente de lo sucedido.

Lo invitó a que tomara asiento frente a su mesa, reducida y limitada, sentada ella, frente al teclado de un ordenador, donde iba relacionando las respuestas de lo manifestado por Edwin.

Se descubrió la cabeza dejando colgada en el borde de un perchero, la gorra de plato que llevaba encajada, cayendo de repente una melena larga y morena que quedó despilfarrada, sobre las espaldas de la caporal. Con un gesto amable, le indicó a la vez que pronunciaba.

__ Buenas tardes, tenga la bondad de tomar asiento.
Revisando su documento de identidad que estaba sobre un expediente justo en el linde de la computadora, lo miró con ojos de escrutar.
Repasó el perfil de Edwin, descarada y lentamente, desde la cabeza al estómago, que era desde donde estaban sentados, la dimensión del esqueleto que estaba dentro del campo de visión.

__ ¿Le han entregado los de la morgue, los datos referentes a la estancia de Irene, en la Ciudad de la Justicia?

__ ¡Sí! Me han dado un documento, que a ciencia cierta, ni se qué es. No podía dar crédito a lo que veía y la mitad de detalles, me han pasado por alto.
__ ¡Puede dispensármelos, por favor!

__ Por supuesto__ dijo Edwin, sacando de su billetera, el cartón solicitado para entregarlo a la policía y colocándose bien el faldón de su americana, mientras observaba el color azulado de todo cuanto veía en aquel emplazamiento.
Procurando que no se cruzaran las miradas de la gendarme con las de él. Como si se tratara de algo prohibido, que solo se atrevía a observar a la oficiala, mientras ella escribía o comprobaba en la pantalla del equipo algún detalle
Hasta la luz que reflejaban los difusores era cálida, atenuada y sin provocar sombras.












miércoles, 4 de octubre de 2017

Gemebundas


Arnedillo, donde había crecido Xarme, Conchita y Marina, procedentes primero de Calahorra, lugar de nacimiento y después en Embid de la Ribera, donde residieron un tiempo por motivos de destino profesional del barbero practicante y boticario.

El pueblo de la salud y del ocio, lugar donde Doña Concha había radicado el centro del negocio de sus padres, al seguir a su marido Don Saturio Ruwi, en el último de los destinos que tuvo.

Aquella empresa familiar de acarreo, dedicada ademas al comercio y mercadeo de pieles y tejidos de exportación, que tantos frutos, posición y comodidades había dado a la familia. Con la venta de manufacturados en cuero, que fue ayuda para el desarrollo de la dinastía por los ingresos que les deparó durante todos los años que la explotaron y la que produjo efectivo para abonar la cantidad solicitada en el pago de la licitación de la franquicia. Pudiendo adquirir y establecerse con la concesión del Casino, durante los años que lo regentó el propio Saturio

Les había funcionado siempre muy bien, desde que la iniciaron sus abuelos en las afueras de Valencia y que después se mantuvo activa y productiva. Posteriormente pasándola a la provincia de Aragón y que desde Zaragoza se había mantenido y expandido, para dejarla definitivamente radicada en Arnedillo.

Población famosa por sus pozas termales y su Balneario. Haciéndola extensiva desde ahí por toda la provincia de Logroño y aledaños.
Negocio que flaqueaba desde la enfermedad de la patrona, cuando se contagió con las fiebres de aquel año señalado, hasta que se disolvió con el fallecimiento de la finada.

Don Melquiades Larrazábal de Monroy, el responsable de las pompas fúnebres, se personó primero para dar el pésame a Don Saturio y sus hijas y a ponerse al servicio de la familia, para comenzar con los preparativos del funeral en particular y del óbito en general.

En aquella casa entró el luto cerrado. Las mujeres todas vestían de negro riguroso, incluidas las del servicio doméstico.
Los caballeros, con el corbatín ceñido opaco, rostros austeros y dolosos acusando el desenlace.

La noticia a Don Martín Morcillo Galán, el cura de la villa, no fue necesario se la llevara nadie. Él mismo estaba asistiendo en la casa a Doña Concha, y en cuanto dejó ésta vida, él se hizo cargo de las oraciones y de las plegarias.
¡Sí!; hizo un par de caminos con antelación, entre aquella casa y la iglesia, para pertrechar los bártulos para la ceremonia de la extremaunción.

En principio el luto de toda la noche, estaba asegurado con las plañideras y su relevo con otro sacerdote de ayuda.
Todo previsto e indicado, como mandaban las normas y hasta el instante en que la occisa, saliera con los pies por delante, camino del Campo Santo.
Fueron pasando por aquella mansión todos los vecinos y amistades de los dolientes

El facultativo que certificó la muerte de Concha, fue su propio esposo, por ser el asistente médico de la zona.
En pocas horas le prepararon el ataúd y la colocaron en el gran salón de aquella casona.

De cuerpo presente, vestida con un traje color verde, resaltaba la enjundia de la señora.
Su helada lozanía, no estaba quebrada por una cruel y despiadada enfermedad, que le había robado por contagio y a traición, el latido de su corazón, al morir tan de repentino y joven.
Todos los que quisieron despedirse de la difunta, lo lograron sin demasiadas florituras.

En estas circunstancias unos penan de verdad y el resto mira para cercenarlo después. Aunque todos degustaban de los dulces y el jerez que se servía mientras se lloraba y rezaba.

Era casa de posibles, con lo que el café y las torrijas, eran de calidad y comenzaron a circular sobre aquellas bandejas de plata, separadas por hojas de laurel que surtían las asistentas de la familia, para regusto de los inconsolables.

Las primeras horas del luto fueron soportables, hasta que llegó la noche y seguían aquellas gemebundas llorando sin ganas y, berreando sin más gracia que un pesado rebuzno.