martes, 4 de agosto de 2026

Vamos al parque...ese

 





Llegados los primeros días de agosto, Manfredo Morientes, esperaba la fecha para felicitar a Doménico Plazuelas. Allegados laborales y colegas del alma, durante media vida.

Los que desde que se jubilaron, se felicitaban como mínimo en los aniversarios—y eso fue… antes de la primera decena del presente siglo. Iniciando esa costumbre, que se trasformó en respeto.

Aquellos amigos, en un principio se conocieron en la sede central de una prestigiosa empresa multinacional alemana, que se distinguía en la ciudad más importante y a la vez era capital del país.

Donde ambos pertenecían a la plantilla fija de peritos empleados y especialistas estadísticos. Detalle que se les daba a los entonces pioneros informáticos.

Su primer contacto fue muy breve. Sin embargo, resultó ser para siempre.

 

En aquel año de 1977, cuando Manfredo tuvo que viajar, a la sede central para participar en un curso de adaptación profesional, que se celebraba para técnicos en sus dependencias principales se conocieron.

Fue el inicio de sus inquietudes laborales y particulares entre aquellos hombres que el destino había agrupado.

Inicialmente se trataron como partícipes del curso, y sin dudar se cayeron muy bien, por similitud de principios, carácter y denuedo por el desempeño de la labor que la empresa les había encomendado.

Lo que produjo una reacción intermitente y se hicieron buenos camaradas inseparables en aquella profesión.

En aquel mundo empresarial despiadado, donde se masticaban los secretos, las alianzas entre jefes relumbrones, y entre tanta codicia perversa de nacidos sin alma. Que rebozados de aquella maldad pululaban y se podía rasgar dejando mella, con el filo de una navaja.

Simplemente, por conseguir o mantener el estatus en el oficio, entre siervos con estudios mínimos, sin aptitudes y habituales a la delación y chivateo.

Aquellas clases de entrenamiento y preparación dieron su fruto para ambos participantes.

Doménico, se quedaba en el departamento de datos de la central, y Manfredo volvía a provincias para seguir batallando con las recomendaciones de la multinacional, en una comunidad bastante mezclada con desenlaces políticos acuciantes.

La relación entre ambos fue notoria, y diaria. Para poder desarrollar la labor entre dependencias filiales, que conseguían a base de empeño.

El trato era completo, diario y además entre ellos el respeto habido, lo hacía ameno. Llegando a ser la relación laboral intensa, pues a pesar de la distancia entre localidades, existía la correspondencia y el apego, y porque no decirlo; el afecto. Que fueron siendo partícipes de sus comportamientos.

Eran cordiales y aliados en el arduo camino, enderezando los muchos problemas que existían en las incipientes redes de procesos.

El trato constante, daba paso a conocerse más allá de las calamidades de la oficina.

Asuntos diversos y embarazosos, los hacía cómplices. A pesar de saber nadar y guardar la ropa, detalles que comentaban en privado, por disquisiciones y escenarios no claros, en el devenir diario y por un enchufismo declarado existente. Exponiendo las consecuencias de lo peor, que puede darse en cualquier profesión. La falta de profesionalidad.

La inutilidad de los que mandan. Jefes que no estaban preparados para el equilibrio de una equidad necesaria entre empleos. Como solía darse y de hecho se daba; esta incompetencia de gerencia y gestión en todos los escalafones y categorías profesionales.

Así que la cotidianeidad no se hacía fácil y estar feliz y confiado en el trabajo, era una odisea.

Precisamente por los responsables colocados a dedo, las divergencias entre sueldos, en currantes que no cumplían. Hacía que la convivencia en el tablón del trabajo técnico administrativo, se hiciera pesada.

Siendo una prerrogativa inimaginable poder aliviar opiniones y consejos con alguien de confianza, como lo hacían Doménico y Manfredo.

Detalles estos, semejantes y por su enjundia, a otros niveles, igual padecían los poderosos socios y accionistas de la sede. Que iba perdiendo fuelle en el mundo empresarial, hasta que desde Alemania dijeron basta.

Donde la salud de la firma se resentía y sin dudar no lo aprobaba. Porque de un modo u otro los objetivos se iban cumpliendo, aunque cada día con menos beneficios al ser conseguidas las cifras y gananciales con pinzas. Cosa que para los accionistas eso no era negocio.

Hasta que llegaron las <vacas flacas>, y padecieron un par de regulaciones de empleo, con despidos para los currantes. Afectados los de siempre, claramente los que doblaban el lomo y cumplían. Los trabajadores de la multinacional. Muchos de los cuales se quedaron sin empleo.

Sería por su profesionalidad, por su valía, o porque Dios así lo quiso, aquellos amigos se salvaron de la quema y pudieron prejubilarse con las condiciones que en aquel momento ofrecía la empresa.

Aquel trato, una vez fuera del precinto empresarial jamás se acabó.

 

Manfredo, felicitaba a Doménico, siempre el primero por la fecha de su cumpleaños y su colega Doménico pasadas dos semanas, hacia igual acción por semejante motivo. Ejercicio que se venia cumpliendo desde hacía ya, más de veinte años en esa misma fecha, repitiéndose en casi todas las ocasiones los mismos deseos y prerrogativas.

Cuantas risas, apostillas y desaciertos llegaron a comentar referente a las vicisitudes pasadas en su periodo laboral. La cantidad de anécdotas fatales protagonizadas por los muchos enchufados que tenían una nómina sin merecerla, y la de versiones que ilustraron sobre aquella ralea de jefes sinvergüenzas y malnacidos que vivían a costa de la empresa, hasta que dieron al traste con la tranquilidad.

Cada cumpleaños, comentaban entre los dos colegas, alguna incidencia y reían a base de bien por lo vivido que no fue poco. Eran supervivientes de un fin y comienzo de época
.

Hasta este mismo año que… —pensó Manfredo—. <sin imaginarlo se llevó una penosa conclusión por el estado de salud de Doménico> 

Al llamar a su colega y amigo y preguntarle por la vida… como hacía en todas las ocasiones, saber de sus días…e interesarse por su vida y salud.  

— Cuantos cumples—. Preguntó Manfredo a Doménico, en aquel día cuarto de agosto del año en curso.

Siendo la respuesta por parte de su colega inaudita.

—Me encuentro muy bien. Vamos todos los días al parque ese, subiendo la carretera del cerro... y se callaba, haciendo mutis por el foro.

—Pero bueno…—apeló su comunicante—. No eches pelotas fuera Doménico, te pregunto que cuantos cumples y no me vengas con chácharas, que si me engañas yo lo sé bien.

La respuesta tras una pausa interminable fue de nuevo…

—¡Que alegría Manfredo, hoy vamos al parque ese, subiendo la carretera del cerro!

—Doménico. Te encuentras bien—. repitió con coraje Manfredo. Creyendo en otra nueva mofa de su amigo y exigiendo una respuesta clara por parte de su compañero.

—O es que quizás, me vuelves a hacer la pirula como de costumbre... Recalcó el comunicante esperando una réplica llena de gracia.

Tal como solía hacer en tales circunstancias, su colega. Completa de chispa y de burla.

La respuesta que obtuvo Manfredo fue dolorosa, volviendo a escucharla nuevamente, a cada una de las interpelaciones que le hacía

No sin desvelo el amigo quiso indagar, por si no supo entender lo que le refería su colega y preguntó para saber… 

—Escúchame. Doménico. ¿Es que ya no vais a la casita de campo, como solíais hacer en verano? Esa que tenías en el cerro, camino a la miranda. Además, imagino que todos estáis perfectamente de salud, ¿Verdad? 

Al cabo de unos segundos, que le parecieron a Manfredo interminables. Su amigo Doménico, aquel dicharachero que siempre tenía un chiste, un acudido gracioso le respondió para acabar la charla.

—¡Que alegría Manfredo, hoy vamos al parque ese, subiendo la carretera del cerro!

 


autor: Emilio Moreno




jueves, 30 de julio de 2026

Un corazón para Clemente.

 




En su casa no lo valoraban, y en su pueblo aún menos. Y no digamos en el seno de la familia Colón. Tras los incidentes que había protagonizado de joven con Ernestina su novia secreta de toda la vida.

La novieta que Clemente; había escogido de entre todas las de su entorno y edad, por ternura y atracción. Una muchacha muy limpia y resuelta, graciosa y apañada. La que más destacaba y con la que se sentía feliz.

Conocedora de las necesidades, obligaciones y de conducta amable. Sin ser para nada una mojigata. Jovencita muy jovial y sin embargo a los padres de Clemente, no les convencía por la paupérrima penuria de la familia, y porque al nacer no fue escogida como futurible cónyuge para su descendiente. 

A pesar de haber nacido en aquel pueblo, Ernestina, no se libró de su destino, el que por lo visto le venía otorgado sin más. Aquella urbe, era una especie de tribu desenfocada. Ubicada tan lejos de la ciudad, que les faltaba percepción y sutileza para las cosas más comunes y sencillas.

En aquella ruralidad existían multiplicados los miedos, las críticas feroces, los juicios malvados y como no, las envidias. Sin duda era un lugar ancestral donde casi como norma, a los niños, fueran varones o hembras los marcaban al nacer.

De una forma inequívoca, en cuanto los parían les escogían pareja. Eso si no lo habían pactado sus padres, incluso en el embarazo.

Mediar en el pacto por intereses casi siempre y por amistad. Sin embargo, prevalecía la permuta, la conveniencia, la dote. Por encima de su felicidad.

Adelantarles con quien compartirían su futuro, era arriesgado. Nada más tenían que analizar sus negras vidas<casados ellos mismos en muchas ocasiones, sin haber estado prendados; ansiando a otros hombres o mujeres>.

Ese era el azar que les brindaban a sus hijos. Sabiendo que la proporción de infelicidad era muy alta, y casi nunca funcionaba.

Esa era una de las malditas libertades que existían. 

Aquella joven en su niñez fue como las demás compañeras de su quinta, haciendo las mismas cosas. Dejándose convencer por maestros, sacerdotes, preladas y demás embaucadores sociales, que en todos sitios se hacen notar.

Ernesta Colón, más conocida por Ernestina, pronto vio que el rumbo que le imponían no era el que le convenía, y siempre estuvo pendiente de las consecuencias, hasta que se equivocó. Como muchas de las hembras y amigas de su leva, llegado el momento se desataban tras un bochorno sexual.

Era una norma o casi una consecuencia después de ingerir más de tres cervezas y notar como se les disparaba la libido, tras aquellas insinuaciones sensuales fabulosas, que normalmente afloraban entre mujeres y hombres. Por lo que se comportaba como las demás amigas, vecinas y colegas.

Activa, resuelta, obscena y procaz. Sin espanto por el futuro y olvidadiza con el pretérito, que por haber sucedido ya. Estaba caducado.

Lo que se conoce como una persona activa, real y consecuente. Una joven perfecta para compartir una vida en dicha, amor y libertad.

Consecuente y amorosa con las personas de su entorno, ya que además de las virtudes innatas que la sostenían, no era nada desdeñable.

Poseía un físico precioso, al que acompañaban todas las feminidades habidas y por haber, en la naturaleza de una mujer, que se precie y se valore.

A pesar de venir de una ralea de agricultores poco pudientes, supo ponerse al día y atacar sin ser atacada, en la vida, en el tono y en la escuela, consiguiendo una preparación general muy aceptable. 

A menudo tanto va el cántaro a la fuente, que inesperado un día se vierte y mancha. Moja, insemina, y fecunda sin pretenderlo.

Con lo que a sus diecisiete años quedó embarazada de Clemente, el que con una maniobra poco elegante y del todo cobarde, no quiso hacerse cargo del niño que les venía de camino.

Oponiéndose a reconocer y asumir aquel nacimiento.

Sin duda asesorado por su gente. No aceptando los hechos y sin admitir las razones de lo hecho. Poniendo cantidad de incertezas, de dudas y de desconfianzas, para admitir la paternidad de aquel ser humano que llegaba.

Atribuyendo mil excusas que irreales e interesadas lo llevaron a la incomprensión.

Rompiendo con cajas destempladas con la mujer que deseaba compartir su futuro, hacía tan solo unos días

Su familia, aquella panda de interesados y fanfarrones, que tan solo vegetaban presumiendo de unas medias verdades, escondieron sus pecados.

Los mismos que al nacer Clemente, sin más le habían buscado una hembra de familia adinerada, que no correspondía con Ernestina. Disimularon cuanto pudieron, frente al párroco alegando incertezas y acusando a la preñada de ser la insurrecta. No dieron jamás la cara y subsistieron como lo que eran. Los nefandos más sinvergüenzas de la zona, quedando calificados para siempre.

Enviaron a Clemente a la capital, con la excusa de finalizar sus estudios y poco a poco aquella historia perdió interés. 

En la familia Colón, tras el disgusto mesurado, por haber quedado en cinta Ernestina, siendo menor de edad, supieron amoldarse a las circunstancias. Aceptando todo lo que se les venía encima.

Críticas, censuras y descalificaciones, como si la culpa recayera tan solo en una dirección. No dudaron en proseguir adelante, con la cara bien alta, aceptando Ernestina ser madre de aquella criatura que venía a este mundo con alegría, valor y entereza, a la que bautizaron con el nombre de Bienvenido.

Nacido en buena lid y siendo el vivo espejo de su padre, que jamás quiso saber ni media noticia de su hijo.

Los abuelos paternos, jamás lo reconocieron como tal y las vidas de aquellas familias andaban hacia adelante.

 

Habían pasado muchos años de aquellos festivales. Bienvenido se doctoró en medicina, con una especialidad muy rara dentro de la cardiología, donde llegó a ser un reconocido y excelente doctor, con un prestigio de estruendo, por los éxitos en sus cirugías, que reconocían desde los países más adelantados dentro de un mundo de bisturíes y hospitales.

Por otra parte, a Clemente le habían concedido el premio como mejor empleado de la firma de Brókeres and Middleton. Era un reconocimiento que esperaba desde hacía años, después de su trayectoria empresarial.

Se había divorciado dos veces, la primera esposa fue una analista venezolana, que lo llevó a la ruina y le dio dos hijas muy guapas.

La segunda esposa era oriunda de Malabo. Se dedicaba al mundo de la moda, con lo que tantos viajes, tantas celebraciones, tantos engaños, y tan poco descanso llevaron a Clemente a una crisis bastante grave y silenciosa. Antes de recaer por tercera vez, Marhawya lo abandonó a su suerte y a la gracia de la bolsa, donde tanto dinero había acumulado.

Alegando que se le había acabado el amor y se había enamorado de un jugador de básquet de la NBA.

En los últimos años, el anciano Clemente, solo y dejado de la mano de Dios, se visitaba en el hospital San Remigio, sin saber que el doctor que lo atendía era Bienvenido Colón, el especialista que le practicaría una cirugía trasplantando su antiguo corazón.

Llegado el instante de prepararlo para ingresar en el quirófano, el doctor como hacía con todos sus pacientes, entro a saludar a Clemente, antes que le suministraran la anestesia dormidera.

Chocando con un paciente, asustado y con ganas de hablar. El cirujano le invitó a que se explayara y le dijo: que mejor momento que ese no encontraría. El resignado ya casi sin conocimiento por los efectos del pre letargo, antesala de lo que sería la anestesia comenzó a decir, sin saber a quién le hablaba.

—Fíjese doctor, llegados a este instante, tan solo me acuerdo de una joven que amé en mi juventud, a la que dejé en cinta, sola y despreciándola.

Renunciando por cobardía a ella y al hijo que engendramos. Si le dijera que jamás en mis días he sido feliz, igual no me creería. Ahora que emprendo este viaje de dudosa dicha, y que igual no vuelvo a la vida, la recuerdo. No la olvidé jamás y lo reconozco—. Siguió gimiendo.

—He sido tan anormal que nunca me preocupé por el estado de mi hijo, que lo he visto un par de veces en toda mi vida y desde lejos. Jamás lo he abrazado, pero solo Dios y yo, sabemos que lo quiero.

Él ni siquiera sabe que existo. No he sido buen padre, aun y con eso quiero encomendarme a Dios, y pronunciar como última palabra el nombre de su madre, porque el suyo; el de mi hijo no me atrevo.

Su madre desde hace muchos años me desprecia, pero sigue siendo para mí lo mejor que me ha sucedido jamás. Su nombre es Ernestina.

 

A Bienvenido, el cirujano que escuchó la confesión, y mirando los antecedentes de Clemente, se le perló la frente de sudor y un par de lágrimas descendieron de sus ojos.  


autor : EMILIO MORENO



 


miércoles, 29 de julio de 2026

Espejismo a prueba de niña.

 



Aquella noche diluviaba con rencor. Caía agua desde el cielo de forma exagerada. Parecía tuviera que acabarse el mundo—Explicaba Norbert Daynain, el preludio de una historia a su hija Rosita, mientras la acostaba.

Ahogados le decía: —estábamos por la extraordinaria lluvia que abatía sin compasión el suelo. Desde unos nubarrones poco comunes en la zona.

Los avisos de urgencia en el teléfono habían avisado que el río Jawalwones, venía con una crecida muy superior a lo que podía soportar el cauce normalizado y se daba la orden de abandonar las plantas bajas de edificios y de locales. Aleccionando a la gente, en que llevara toda la precaución del mundo, para evitar desgracias.

Todos aquellos que pudieran ayudar, les echasen una mano a los más débiles o ancianos, y que les socorrieran a ascender como mínimo a la primera altura de sus edificaciones.

Aquellos que vivieran en plantas bajas sin posibilidad de escalar en altura, fueran esperando en los puntos indicados para ser recogidos. Y trasladados a las instalaciones del gimnasio Arena Berinweg Dowgap de la localidad, donde se habían preparado todo lo necesario para el albergue de los afectados. Camas, y demás condicionantes acomodaticios para alojar a cuantos llegaran.

Aquella franja del país parecía ser de las más afectadas por el cambio climático que se había presentado sin dar aviso.

Aquello de que viene el lobo… ya pasó a mejor cuento.

Ahora ya se soportaban sin interés y sin cautelas los excesos meteorológicos de lo que la naturaleza nos regalaba, tras la cantidad ingente de barbaridades atmosféricas sucedidas en los últimos lustros.

Con ello los muchos habitantes de <Miranda’s Balcony>, se habían vuelto extraordinariamente atrevidos e incluso agresivos. Sin dar trámite a los cambios sucedidos en las temperaturas, en la agitación de las inexplicables neblinas, en el retardo de los amaneceres y en la ausencia de frío.

Dando paso a la sequía, en un periodo de humedades. Aquella brusquedad volvía a la gente muy imprudentes belicosos y delincuentes

Todos los físicos entendidos en la meteorología lo venían advirtiendo, pero nadie lo veía proclive y se creía que aquellas previsiones y augurios jamás llegarían. 

Volviendo a la leyenda del lobo—pensaba y dijo Rosita.

—Me encanta esta historia, parece irreal y pensó: <la abuelita ya era la que asesinó al zorro, y este viendo la irritación de la vieja, optó por ser su chucho de compañía en cuantas barbaridades dispusiera> 

—Perdona papá continúa. No quería interrumpirte. ¡Lo siento! —Volvió a matizar la niña—quedando ensimismada nuevamente disfrutando de manera angelical.

Tan solo hacía dos meses. En la época veraniega—siguió Norbert, en su relato. 

 —El vecindario había soportado un incendio brutal de muchos miles de hectáreas quemadas, que les había dejado señales en sus propias carnes.

Muchos lo perdieron todo, y en alguna que otra familia, dejaron entre las brasas sus vidas. Las llamas y el humo negro se los llevó para siempre.

Encontrando esa muerte agresiva sin esperarlo. 

Sin embargo, parecía que nadie recordaba de aquellos setenarios infaustos sucedidos. En los cuales todos estaban sufriendo de algún modo los rigores de las deflagraciones provocadas por el pirómano de turno.

Incendios sucedidos en la zona, que al cabo resultaron ser de las más lacerantes, hirientes y destructoras, las que por desgracia lo arrasaron todo.

Asemejaba como si la gente estuviera al cabo del precipicio y nada les llegara a importar en demasía. Detalles escrupulosos, que los políticos de aquel alejado e ignoto país veían con preocupación.

Sin duda porque la gente lo había perdido casi todo y algunos de los estadistas y responsables de los cataclismos, únicamente estaban para salir en la foto.

O sea, la misma canción de siempre.

Posturas que todos conocemos. Hipocresías interpretadas mientras dura el siniestro.

Fingiendo un dolor falso y una pena adulterada, a tenor de esas caras compungidas con que se retratan.

Prometiendo inmediatas soluciones rápidas, que dicen solventan un presente y que toman nota en la experiencia de futuro, para preverlo y que no vuelva a suceder.

Reconociendo como zona catastrófica la franja, y atestiguando que los seguros atenderán como es debido.

Dejando a los afectados sin rumbo, sin medios y sin futuro, viéndolos a muchos de ellos como prueba del botón… ese popular que lo significa el refrán. 

Se denotaba un aire de insolidaridad acuciante en la población. Era inaudito por no tener costumbre. Parecía como si los habitantes del <Miranda’s Balcony> que traducido es el Balcón de la Miranda, sufrieran de una agresividad insólita y poco grata.

A todo esto y por si no fuese poco… 

En el mismo <Miranda’s Balcony> justo a esas horas cundió el despitote, o sea un desenfreno antinatural. Perdiéndose la compostura y faltando incluso la <Ley>… y lo que es peor, sin que nadie supiera poner el mínimo compromiso con la sociedad.

Aquella mañana entre las once y media más o menos, y las catorce horas se había cometido en el centro de esa ciudad, dos atracos salvajes:

 

El primero, un robo en la joyería de don Melquiades mas conocido por el Small Gang, que traducido es Rondilla. Palabra que daba nombre a su primer apellido y que además es el alcalde de la localidad. La máxima autoridad.

Unos desaprensivos en su establecimiento habían cometido atraco a mano armada. Según testigos presenciales se trataba de unos encapuchados, que todos imaginaban quienes eran y de quienes se trataba, pues sus voces eran del todo conocidas y no era la primera vez que cometían ese tipo de acciones.

Ya estaban por parte de las autoridades en busca y captura.

Habían descerrajado la caja fuerte central, donde se guardaban todos los relojes de muchos quilates y la custodia y el asiento de los lingotes del mismo mineral, dejando el bazar como si hubieran pasado los “tártaros del noroeste”.

A las dos dependientas, las hallaron maniatadas y semi vestidas, como firma.

 

El segundo saqueo cometido en el barrio, fue en el banco de la Invicta Bank. Atraco a mano armada. Sin víctimas.

Se llevaron el efectivo que pudieron y además el desvalijo de las cajas reservadas de los clientes.

Amedrantando a Melody Brianson, la directora de la entidad y obligándola a que abriera todas las cajas reservadas de los parroquianos.

 

Detalles poco usuales en la villa dormitorio de <Miranda’s Balcony>, que está a caballo entre la capital de la República y la ciudad más dinámica de la nación.

Las autoridades ya habían colocado un control a la salida …

 

Norbert, hizo una pausa… Se miró a Rosita, y viendo que se había dormido y descansaba plácidamente, apagó la lamparita del nochero, le dio un besito y la dejó descansar

 

 







autor: Emilio Moreno


 

 

 


martes, 28 de julio de 2026

Sinfonía descubierta

 





Buscando en aquella repisa oculta del desván, Teodosia halló unos pliegos y legajos que en su día igual fueron títulos, expedientes o documentos no publicados por intereses íntimos.

Pliegos desahuciados y enterrados desde hacía suficientes décadas como para imaginar que jamás habían existido. Ahora descubiertos gracias al celo de Tarsicia, que pudo imaginar, en algún momento, que alguien se interesaría por su verdad, por sus cuitas y sobre todo por sus ideales, y los puso en buen recaudo por si el destino les daba luz.

 

Ideales que jamás supieron reconocer en aquella adelantada, que proponía libertad, y justicia en una familia amorrada al no decir, al no hacer y al callarlo todo por motivos temerosos y fuera del esmero y del celo de la familia Morielos Perdilamos.

Al comienzo del hallazgo, no sospechaba tener la curiosidad que de pronto fue en aumento y atesorándose de ella, ocupó toda su curiosidad.

De forma casual: —<eso es lo que quiso creer Teodosia>. Aunque ella, en su interior, sabía que algún día, en algún momento llegaría a conocer la verdad de aquella insigne bisabuela. Verdad que su propia familia no alentaba y más bien ocultaba, por haber estado la buena de Tarsicia al borde de la excomunión. 

Haciendo la biznieta labores de limpieza en el caserón, tras recibir del notario de la zona aviso de la expropiación inminente de la finca, buscaba intersticios donde hallar lo que imaginaba estaba esperándola.

Aquella mujer escudriñaba en lugares impensables, algo que suponía debía de estar escondido o disimulado entre paneles o donde pocos imaginaran.

Tropezó con un dietario completo y muy disimulado, casi inadvertido por el envoltorio y embalaje que presentaba.

Era una especie de memoria diaria con detalles lo suficientemente aclaratorios y precisos como para dedicarle tiempo inevitable.

Perteneciente a la que en su día fue su bisabuela Tarsicia Agripina. Madre a su vez de su abuela doña Patrocinio del Corral.

Dueña hasta entonces de aquella mansión, que tan penosamente habían mal sostenido y que perdían definitivamente.

Agregadas a las tantas dificultades, conflictos de iliquidez de los actuales cesionarios, y de aquellos dominios y propiedades que los llevaron a ese desahucio inmediato en un breve lapsus, y que ya agotado, dejaban de poseer.

 

 En cuanto los nuevos inversores decidieran perderían todo su patrimonio, por sus deudas e impagados. Fecha límite por la cual Teo, rebuscaba con interés cualquier vestigio que fuera de provecho, no pecuniario, sino emocional.

Además de aquel breviario oportunamente hallado, se sorprendió por un hatillo de epístolas, anotaciones y cartas fechadas desde hacía más de noventa y tres años, contando hasta el instante que fueron descubiertos. 

Con una desconocida sorpresa de las que nadie jamás había comentado en el seno de aquella estirpe.

Eran creación indiscutible de Tarsicia. Aquella gran mujer de su tiempo, que supo reservar sus secretos, para que fueran encontrados junto a aquellas antiguallas, disimuladas con suma intención entre cachivaches en aquella buhardilla descuidada.

Esperaban pacientes aquellos escritos, dentro de una de las rendijas de una oquedad del mueble archivero, de la mencionada dependencia.

Con avidez la buena de Teo, comenzó a visualizar aquellos descubiertos con suma codicia: —<creyendo que había tropezado con uno de los tantos ocultos de aquel apellido que la concebía>.

Con lo que inició un refulgente acto de análisis y pesquisa de forma inmediata.

Por los borrones, tachaduras y alteraciones de las partituras musicales que tras las muchas fechas pasadas se conservaban perfectamente. Supo que eran originales. Completamente únicas e insólitas.

 

Dentro de un saco negro de esparto estaban guardados los legajos preferentes y a su vez en una arruinada bolsa de lino, que adjuntaba a los pliegos descritos, se hallaban los reconocimientos artísticos de la personal vida de Tarsicia.

Donde casi arruinados, se mostraban los diplomas debidamente certificados, títulos de estudios superiores de música y de filosofía.

Los conciertos que había protagonizado y alguno de los reconocimientos recibidos, que reservó con mucho mimo. Por si en algún instante alguien tropezara y quisiera conocer los milagros, aptitudes y gracias de una mujer poco valorada.

Tarsicia fue mujer activa, social y enamorada.

Amante de cuanto bonito se pusiera por delante, hembra o varón.

Madre de sus hijos y esposa delicada. Tierna y brindada por completo al hombre que supiera encandilarla, entenderla, escucharla y amarla con paciencia, y la mimara con delicadeza y gozo en el trato sensual.

Aquellos candidatos que siempre existen fuera de la familia, que son parte de sus vivencias y a los cuales jamás renunció.

Estaba cultivada a conciencia, a tenor de su tiempo.

Valiente y arrojada sin miedos ortodoxos.

Una dama adelantada a su época y prudente a los ojos de su esposo, y de los censuradores que trataban de arruinar las delicias permitidas o no. Enemiga de aquellos dictadores que discriminaban tan solo por haber nacido mujer. 

Aquella descubridora accidental, la buena de Teodosia, estaba del todo preparada y enseguida ojeó todos los pergaminos y reseñas que apartó para analizarlos con más tiempo.

Reasentando sus ojos en la clave del primer pentagrama del grupo de partituras conservadas.

La inaugural obertura sinfónica era un preludio.

Obra que cayó en sus manos, y compuesta en clave de FA.

Clave distintiva que dibujada—en el pentagrama—es espacio musical descriptivo de partituras. Semejante a una oreja al revés.

Reflejando entre la cuarta línea de la pauta los dos puntitos.

Lo que describía que estaba escrita para el hermano grande del violín: el violoncelo.

Con unas reseñas escritas al pie de la partitura que indicaban a mano alzada la letra de aquella melodía o fragmento de composición musical.

Toda una oda al buen gusto, una delicadeza melodiosa.

En cuanto comenzó Teo a descubrir para sí, con la armonía reseñada y escrita por su predecesora y basada en los conocimientos musicales que poseía, supo apreciar la calidad del preludio.

Era una obra sublime de su autoría. De la gran Tarsicia Agripina.

Sin embargo, declarada como propiedad intelectual en favor de uno de los grandes músicos contemporáneos.

Significando de forma fehaciente, que la constitución y estructura musical, fue compuesta en el piano y en el violonchelo de Tarsicia, amante del Divo Amatore di Kiesky.

 

Músico, amigo y amante. Al que describía sin indicar nombre, por motivos obvios.

Era un preludio de concierto, famoso en el mundo entero, conocido por cualquier melómano o aficionado a la armonía, y a la buena música.

Obertura que todos conocemos ¡Suficientemente!

Compuesta por la demencia que emana de los amores prohibidos, en personajes comprometidos en idilios ilícitos.

Enajenaciones y amoríos descritos desde la gravedad de un chelo y con el tintino y el arpegio de un piano enamorado, de su música penetrante.



autor: Emilio Moreno




jueves, 23 de julio de 2026

La sospecha.

 








No comprendía como aquella noticia recibida de un pariente lejano, referente a su ancestro por vía materna. Muerto hacía la friolera de 74 años, no se la habían contado jamás. Dudaba ahora, si por desconocimiento de sus allegados, o porque estos, no le daban importancia a nada y se dejaban llevar por la inercia de sus vidas vacías.

Aquel dato le era ignoto, y tan incógnito que le hizo supurar una especie de rabia contenida semejante a la de un arrebato.

Anónima por completo en su devenir. De hecho, de haberlo distinguido, igual aquel cronista tendría finalizado con certidumbre la secuencia de su saga familiar, desde hacía más de cuatrocientos veinte años.

Publicada en novela, con el disimulo y en las tesis de intérpretes adecuados para aquel reclamo editorial. El mismo que optaba en el Premio de las Culturas Bretonas y concomitante por ser impresa en la novela que presentaba como candidato en el citado concurso.

Era una revelación casual, fuera de toda credibilidad, según los datos que él poseía del ancestro. Sin embargo, le auguraba que su familia, lo había tenido engañado toda la vida, por el deterioro que aquella noticia, caso de ser cierta, empañara su carrera.

De llegar a conocimiento del gran público, en aquellos momentos, sin dudar le acarrearía un desastre inmediato, por omitir semejantes datos, fechas y crímenes.

Marcel Basante, era un excepcional historiador, reconocido mundialmente por sus legítimos hallazgos que en su día acaecieron en la historia.

Algunos derivados de la antigua Roma, con sus excentricidades y lujurias, sin olvidar los famosos quebrantos sucedidos en la ciudad del Tíber.

La metrópoli eterna.

Sumados a derivaciones posteriores que se dieron mucho después. Con otras menciones y citas memoriales de personajes ilustres de la Edad Media.

Los cuales todos, tuvieron repercusión en el futuro de lo que ha llegado a ser con el tiempo. Lo que conocemos ahora, como Europa.

Hombre con una amplia elaboración de novelas y todas de mucha enjundia, que eran capricho de la legión de adeptos que le leían.

Como no podía ser de otra forma, Marcel tenía numerosos refractarios y querellas con gentes, incluso colegas, que pugnaban con él. Para demostrar que aquella notoriedad que le precedía era un simulacro engañoso de su valía.

Lo cual le perjudicaba en gran manera, puesto que esas referencias salían en la prensa y sin dudar, les hacía flaco favor a sus intereses, ya que esa caterva de enemigos viscerales, se presentaban en casi todos los concursos literarios, en los que Marcel participaba.

Se retiró del concurso, sin más.

No quiso enfrentarse de nuevo a lo que tanto le perjudicaba, y estaba en casi lo cierto, que el testimonio recibido, aun por verificar, aclarar y admitir, también estaba en poder de sus detractores.

Con lo cual, de ser usados en su contra, por la competencia agresora, tenía más que perdida la opción de tan siquiera llegar a finalista.

No salió a la palestra aquella confidencia hecha por aquel pariente alejado, sin llegar a imaginar la repercusión de la confesión.

Nadie sabe de qué se trata el miedo que enmudeció a Marcel.

Del hecho en cuestión han pasado ocho años, desde entonces el filósofo e historiador señor Basante, no ha publicado ni una sola letra.









autor Emilio Moreno