miércoles, 26 de enero de 2022

El deseo y el sexo de la señora Kinterbwole tercera entrega.




Ganó la calle y parecía ser la hora de la marcada “rebelión”, los transeúntes venían, otros paseaban distraídos, algunos incluso saboreaban el paseo, los menos concentrados en el regreso a sus hogares, sopesaban el milagro y sacrificio de mantener a sus hijos, que alegres esperaban la llegada de sus papás tras un día de soledad en el colegio y la guardería. Sin embargo, todos en conjunción orquestal sin la ayuda de un director de intérpretes. Sabía cuál era su destino más próximo. 

Tucson realmente había bajado al portal a paladear el ambiente natural de uno de los centros neurálgicos mas animados de los estados de la unión. Todo aquello que pretendía hacer quedó postergado y su único interés era, conseguir más datos de la señora Kinterbwole y a ello dedicó toda su bribonada maléfica. Comprobó introduciendo su mano izquierda en el bolsillo de su chaleco y aseguró llevar encima el juego de ganzúas y palancas quita bloqueos necesarios para violar cualquier puerta. Poniendo fin al incipiente paseo que había iniciado, dando la vuelta sobre sus pasos hasta retornar nuevamente al portal del “<The Steel Wings>”.

Se acercó al aparador de información y solicitó con mucho interés le explicaran qué tipo de seguridad existía en el edificio y en especial en las dependencias de los departamentos, con prioridad del suyo. Tecnologías afectas, equipos aéreos de quita fuegos, alarmas volumétricas, avisos de presencias sin autorización, denuncias al servicio de vigilancia sobre circunstancias anómalas. 

Ópticas de visión infrarrojas, y detectores de aguas, líquidos, gases y humectantes que pudieran verterse o derramar por causas accidentales sobre los perímetros reservados a viviendas o despachos de super lujo. Al punto estaba todo tan organizado y lo tenían tan a mano, que de inmediato el servicio de infraestructuras del inmueble, designó a un especialista para que mostrase, y diese a conocer con orgullo las subestructuras de la magnífica aula de control y cautela, con todos los automatismos. Con la versatilidad de cuantas novedades tecnológicas poseían y del personal completamente científico, que manejaba los diversos algoritmos a menester. 

Procesando rutinas, verificando secuencias posibles e irreales, siempre configurando y detectando, cualquiera de las anomalías que pudiesen darse, sin dejar ninguna de ellas sin solución inmediata. Con el debido tratamiento para que fuese meramente imposible entraran en lo que se denomina, <fallo desconocido> o (error <not found) y fuese al campo del azar, desbaratando toda seguridad. 

Desde una de las tangentes de la periferia, les iba indicando a los técnicos auxiliares, cada una de las funciones que hacía el personal, todos ellos con el grado de ingeniero y con credenciales fehacientes de su trayectoria anterior. 

Aquel acantonamiento podía detectarlo todo absolutamente, los trescientos sesenta y cinco días del año, desde las 00 horas hasta las 23:59, con turnos extremadamente sigilosos y subalternos del personal idóneo. Hurtos, despistes, robos, pérdidas, olvidos de objetos personales, grabación de las conversaciones, paseo y traslados de visitas, conversaciones en la sala de espera. Podía medir incluso la cantidad de alcohol ingerida por los usuarios por medio de una aplicación inestimable que lo medía en sangre, sin que el designado supiera que se le estaba fiscalizando. Radiografías del cuerpo, con visión de posibles armas escondidas entre las ropas. Era un lugar de los que se podía confiar en la llamada seguridad.

Tramos en distancia recorridos entre plantas por cada uno de los individuos, y su percepción del grado de sudoración expelida por cada cuerpo, estado de embriaguez personal de cada cliente, sin dar señal alarmista, al que la pudiera sufrir. 

Intervención en la guardarropía, de los abrigos y prendas guardadas, peso de la ropa, color, fibra, y depósito en cada uno de sus bolsillos, detectando principalmente, si se guardaban defensas del tamaño y del prototipo que fuera, inventario de las huellas tanto digitales como físicas, que pudieran darse, asociando ese rastro, con la propiedad del abrigo, o de la prenda, del auto que guardado en los garajes también están siendo vigilados. Todo al completo. 

La tecnología había ingresado en aquel edificio inteligente, y no había secreto que no se supiera, excepto claro está los guardados en los entresijos del pensamiento. En el interior de los habitáculos destinados a vivienda o como despachos, salas de masaje, o lavabos y aseos. 

Existía un aplicativo que lo propiciaba una especie de “sónar” ideado contra bandidos, cleptómanos y descuideros y el famoso “Control Face”, o Control de Caras humanas. Yendo a parar a un almacenamiento por días registrando fisonomías y caracterizaciones.

Cuando Tucson salió de la Mega sala pensó y no se equivocaba <<has de ser invisible>> para profanar cualquiera de los departamentos y subió al noveno piso esta vez por las escaleras. Aquel caballero respondía a un <alias> que le pusieron al nacer. 

Su madre se había criado con una familia de adopción en esa ciudad Tucson City, aunque el muchacho tuviera inscrito en el registro el nombre de Clyde Welsy.


CONTINUARÁ

TO BE CONTINUED...


domingo, 23 de enero de 2022

A todos nos gusta

 



 






A todos nos gusta.

Lucir el palmito,

con nuestros conocidos,

por elevar si cabe, un tanto el ego

y señalar lo que tenemos de expertos.

La cuestión es, presumir sin sosiego.

 

A todos nos gusta.

Sacar la patita,

por debajo de la puerta,

poner el oído, y la atención.

Gratificante debe ser para cuantos, poder fisgar

Arañar lo privado, que saben de ti, sin que sospeches.

 

A todos nos gusta.

Echar la mirada,

Compadecer sobre el hombro desgarbado,

descubrir lo que no expones.

Por qué ríes, si creen que estás acabado,

no discurren cuando lloras en tus rincones.

 

A todos nos gusta.

Destacar en la tertulia,

que nos lleven la corriente, expresando grandezas,

creernos bendecidos, y privilegiados, al presumir.

Si nos oyéramos, quizás optaríamos por la afonía censora,

y es que, la presunción, destruye el talento.

 

A todos nos gusta.

Ser el centro en tus ojos,

evadir furtivos deterioros en nuestra estampa.

Enamorar a simple vista, agradando, sin cerrojos.

Soñar que nuestros vocablos son manifiestos,

y al echar mano de los recuerdos, seamos indultados

 

Aunque todos quisiéramos,

ser normales, recatados y comedidos.

Como los hay en el mundo; ¿Algunos? ¡Pocos! y repartidos.

Haciendo el bien muy callados y discretos,

bendecidos por sus refulgentes actos e hitos.

 

Añadiendo; verdades sin pretensiones compasivas,

ser agradecidos con la cepa, por tanto, como nos concedió.

Sin mirar ni al norte ni al este, contrastando suertes,

y esperando que el sol, brote por el sur del antojo,

de caprichos ingenuos nuestros. Aunque si se diera frecuente,

posiblemente serían censurados.

 

A todos nos gusta.

hacer lo que nos plazca,

sin mirar si es amable o con tara

a la hora que decidamos, y punto.

Si es decisión sesgada, también vale.

Es peliagudo y desconcertante el asunto.

 

 

Por eso es preferible y me encantaría ¡Poder ser normal!


jueves, 20 de enero de 2022

Mis membranas.

 

Emilio Moreno, concentrado en poemas para que tu
los leas.









Es duro no aceptar canas,

O…  no poderse peinar.

Porque ya no tienes lanas,

teniendo que conformar.

 

Como estribillo me vales,

y como chanza balar.

Ahí las dejo, son cordiales,

no las dejes declinar.

 

Mi presencia no es muy plana,

lo digo, al pronosticar,       

el buche ya no se allana

mejor silbar y cantar.

 

Aunque coma sargantanas

ya no puedo adelgazar,

he de beber valerianas

y poder enmendar

 

Los años que tu acampanas

se pueden procrastinar,

sí me miro con desganas

jamás las podré contar.

 

Dejamos de ser pelanas

Con la alopecia al llegar

ganamos bandullo y gana,

por no dejar de yantar.

 

Mentiras muy “Victorianas”

aquí podría contar,

todas ellas tontivanas

nos podrían deleitar.

 

Ahí, quedan porcelanas,

con lo fácil que es trinar.

Aunque voces se engusanan

jamás las podrás notar.

 

Siempre fueron mis guardianas

deseos de poderte amar.

Caprichos de tus membranas,

evitaron ese andar.

 

Como estribillo milgranas,

para la chanza abordar.

Si no las nombro, livianas.

empachos y a renunciar.

 

Es duro aceptar manzanas,

por aquello de endulzar.

Atravesando aduanas,

conseguí este lugar.

 

 


lunes, 17 de enero de 2022

El deseo y sexo de la Sra. Kinterbwole (tercera parte)

 


Ganó la calle y parecía ser la hora de la marcada “rebelión”, los transeúntes venían, otros paseaban distraídos. Algunos incluso saboreaban el paseo, los menos concentrados en el regreso a sus hogares, sopesaban el milagro y sacrificio de mantener a los suyos, que alegres, unos y desesperados otros, esperaban la llegada de sus papás tras un día de soledad en el colegio y la guardería. Sin embargo, parecían estar todos en conjunción orquestal, sin la ayuda de un regidor de escena. 

Sabía cuál era su destino más próximo. Tucson realmente había bajado al portal a paladear el ambiente natural de uno de los centros neurálgicos mas animados de los estados de la unión. Todo aquello que pretendía hacer quedó postergado y su único interés era, conseguir más datos de la señora Kinterbwole, que desde su fortuito encuentro al entrar uno y salir otra del ascensor, del edificio “<The Steel Wings>”, Tucson parecía haber pospuesto cualquier urgencia y supeditarla a la averiguación de datos y milagros de aquella mujer que, de forma inesperada reapareció frente a él, y a ello dedicó toda su bribonada maléfica. 

Comprobó introduciendo su mano izquierda en el bolsillo de su chaleco y aseguró llevar encima el juego de ganzúas y palancas quita bloqueos necesarios para violar cualquier puerta. Poniendo fin al incipiente paseo que había iniciado, dando la vuelta sobre sus pasos hasta retornar nuevamente al portal del “<The Steel Wings>”.

Se acercó al aparador de información y solicitó con mucho interés le explicaran qué tipo de vigilancia y cuidado existía en el edificio y en especial, en las dependencias de los departamentos, con prioridad del que a él le atañía, el suyo. Tecnologías afectas, equipos aéreos de impide fuegos, alarmas volumétricas, avisos de presencias sin autorización, y vulneración del espacio, ojos vigilantes en infrarrojos, denuncias al servicio de vigilancia sobre circunstancias anómales, ópticas de visión parceladas invisibles, y detectores de aguas, líquidos, gases. Humectantes que pudieran verterse o derramar por causas accidentales sobre los perímetros reservados a viviendas o despachos de super lujo. Al punto que el servicio de infraestructuras del inmueble, designó a un especialista para que mostrase, y diese a conocer el prestigio de las subestructuras de la magnífica aula de control y cautela, con todos los automatismos y, con la versatilidad de cuantas novedades tecnológicas poseían. Así cómo la preparación del personal completamente científico, que manejaba cuantos algoritmos tuvieran su menester. Procesando rutinas, verificando secuencias antivirales en todos los routers de las diferentes estancias o despachos, haciendo chequeos posibles e irreales, siempre investigando y detectando, cualquiera de las anomalías que pudiesen darse. Sin dejar ninguna de ellas sin solución inmediata. Con el debido tratamiento para que fuese meramente imposible entraran y violaran lo que se denomina error <not found>, y sin dejar que nada se pospusiera siendo por “mala suerte” error de personas. Sin dejar entrar esas fallas irresolubles, a la casualidad del azar.

Indicándoles el responsable de la seguridad y el orden, desde una de las tangentes de la periferia, cada una de las funciones que hacía el personal, todos ellos con el grado de ingeniero y con credenciales fehacientes y muy contrastadas de su trayectoria anterior. Aquel acantonamiento podía detectar cualquier anomalía en un radio de ciento cincuenta metros, incluso en los extramuros del fortificado inmueble. Protocolando todos los minutos absolutamente. Desde las 00:00 horas hasta las 23:59, en turnos de servicio extremadamente sigilosos y serios, con subalternos idóneos. Hurtos, despistes, robos, pérdidas, olvidos de objetos personales, grabación de las conversaciones, tanto personales como telefónicas. Podía medir incluso la cantidad de alcohol ingerida por los usuarios por medio de una aplicación inestimable que lo medía en sangre, sin que el designado supiera que se le estaba fiscalizando. 

Así como la temperatura corporal, excitación nerviosa, o desequilibrio emocional, y su percepción del grado de sudoración expelida por cada cuerpo, posible estado de embriaguez de cada cliente, sin dar reseña al que la pudiera sufrir. Intervención en la guardarropía, de los abrigos y prendas guardadas, peso de la ropa, color, fibra, y depósito en cada uno de sus bolsillos, detectando principalmente, si se guardaban armas del tamaño y del prototipo que fuera. Inventario de las huellas tanto digitales como físicas, que pudieran darse, al ser registradas en el tocamiento de ciertos objetos.

Todo ello asociando el rastro, con el contacto, o con la propiedad del abrigo, o de la prenda, del auto que guardado en los garajes también están siendo vigilados. 

La tecnología había ingresado en aquel edificio inteligente, y no había secreto que no se supiera, excepto claro está, los guardados en los entresijos del pensamiento. 

En el interior de los habitáculos destinados a vivienda o como despachos, salas de masaje, aseos, existía un aplicativo que propiciaba una especie de “sónar” ideado contra bandidos, cleptómanos y descuideros.

Cuando Tucson salió de la Mega sala pensó y no se equivocaba <<has de ser invisible>> para profanar cualquiera de los departamentos y subió al noveno piso esta vez por las escaleras.

Tucson respondía a un <alias> que le pusieron al nacer porque su madre se había criado con una familia de adopción en esa ciudad Tucson City, aunque el chico tuviera inscrito en el registro el nombre de Clyde Welsy. Hijo de un ejecutivo de la (Panagra), o sea de la Pan American Grace Airways y Katherine Wilson, actriz secundaria de la Metro.

El niño fue criado en el estado de Luisiana, lejos de su familia prosperó como un muchacho déspota y enemigo de lo normal. Dando problemas casi siempre a sus tutores por poseer un carácter rancio, y agresivo. Mostrarse como un delincuente juvenil, y carecer de cercanía con nadie. Sin amigos, y por su falta de obediencia y desidia, caminaba directo a convertirse en un vil y desalmado. 

Mostraba una capacidad superior a la media, y su talento le sobraba para alcanzar qué, es lo que necesitaba hacer, conseguir y tener el mundo a sus pies. 

Aprovechando cualquiera de las situaciones para aprender, llegando a licenciarse sin el más mínimo problema de capacitación, únicamente aprovechando las jornadas normales de ocupación y de estudio. 

Llegado el momento de regresar a convivir en su casa familiar, la de sus padres, pudo rechazar esa opción y negarse a ello, ocupando el albergue de acogida que le habían dispuesto al comienzo de la carrera. De esa forma, ni el hijo ni los padres, coincidían y evitaban esos tratos a veces inadecuados que solían protagonizar. 

Al venir de una gente que tenía posición, el dinero no le faltó y al traspasar de la pubertad, a casi la madurez juvenil, estaba preparado para ser un verdadero Capo.

Temido en la mitad de los estados de la nación, por las circunstancias que iba dejando en el devenir de sus cuitas, el trato con sus ayudantes, la resolución de sus caprichos, el grado de conocimiento en los negocios que ya, sobrellevaba, y en la forma con qué trataba a cuantas mujeres se le acercaban.

Iba cosechando una fama que nadie se atrevía a contestar. Negocios turbios, trata de cautivas africanas, y cabareteras blancas, todas prostitutas. Drogas de diseño, garitos de alterne y de juego, trapicheo con la venta de recién nacidos, y toda la amalgama de barbaridades habidas y por haber en un delincuente tan joven y con tanta crueldad. Considerado por todos como un individuo frío, endemoniado con criminales obsesiones antinaturales, que le proporcionaban una especie de gusto tan falso como lo era su personal comportamiento. Fue por aquel tiempo cuando conoció a Nadia, una trigueña preciosa hija de la luna que, desde el primer instante, al conocerla, se encaprichó fulminante de toda ella, y la retiró de la pasarela del putiferio, al que pertenecía, con sus correspondientes probaturas de poses para nuncios, publicidad erótica sin fin, encuentros con clientes en la barra del Club de citas, y contactos carnales, dentro del equipo de las vedettes disponían. 


continuará...






domingo, 16 de enero de 2022

Los privilegiados cumplen las normas.

 




En Australia, temblaron muy nerviosos

al permitir descaros suficientes

de un tenista grandioso, y sus ardientes

caprichos, al montar, “un baile de osos”.

 

Fíjate qué ley, hecha por pomposos…

politicastros, tan insuficientes,

que, para cumplir, hitos concluyentes

forman meneos, y tan presuntuosos.

 

Con mucho nombre y el mejor prestigio,

siendo el número uno y, saber las formas

del campeonato: ¿¡Entras en litigio!?

 

Quizás el gran campeón, tenía reformas,

ganar el Slam con tantos sufragios.

Sin vacunas jugar, saltando normas





 





jueves, 13 de enero de 2022

El deseo y el sexo de la Sra. Kinterbwole -segunda entrega-.

 



Salió de casa sin destino fijo, aquella tarde tranquila y lluviosa y al descender del montacargas ya en la planta baja, sucedió el casual encuentro, sin imaginar ni precisar semejante fortuito. Aquellos ojos tropezaron de nuevo, reconociéndose de inmediato sin querer dar señales de lo inesperado, ojos que, en tiempos, se habían mirado con ardor y que por cuestiones secretas habían tenido que separarse, sin dejar ni rastro ni huella.

Comenzando un juego inesperado con su propio mantra, el cálculo de posibilidades no correspondía con el destino, y dentro de su lucidez, aquella casualidad, o partida de naipes imprevista, no correspondía con lo denominado normal. Se habían distanciado por secretos ocultos y groseros comportamientos, entre ambos. Algo que uno y otro tenían en su clandestino cardio. No podía creerlo, haber coincidido con Tucson, aquel tipo que siempre la amparó. Al que Nadia, le había revelado su vida y sus más íntimos miedos, sus graves dificultades con su familia, al que le confesaba y requería de sus actividades sexuales. El que fue allegado para cometer las tropelías criminales, que se sucedieron hasta que les descubrieron.

Cuando el hombre, llegó a la novena planta descendió y se despidió del empleado con un meneo vivaz de su cabeza, y sin levantar la vista de la alfombra del suelo, se quedó frente al segundo portal, el ubicado justo al lado del tercer ascensor, y comprobando que era el departamento dos, introdujo no sin cautela en la cerradura, una llave plateada, diminuta resistente, y abrió el portón dejando que aquella muralla hiciera todo su recorrido, permitiendo la vista de un amplio pasillo decorado actual, dentro de la gama del lujo y del confort. Sin falta de detalle por minúsculo que fuera y de una extraordinaria belleza. Departamento en el centro comercial de la metrópoli, que había adquirido no siendo su primera vivienda en aquella ciudad. Una vez recorrido por vez primera el amplio y lujoso palacete, dar conocimiento de sus estancias y hacer una serie de comprobaciones, desde los ventanales de la novena altura, quedo conforme del lugar y de la ubicación y distancia entre su residencia y el centro de vida de Los Ángeles.

Una vez acomodado y medio satisfecho por la nueva adquisición inmobiliaria, volvieron a sus intersticios especulativos aquella casualidad sucedida de hacía ya, unas horas, con Nadia, la mujer que se hizo la desentendida, como si no le conociera y que en momentos lo elevó con sus efluvios hasta la ralla del cielo paraíso, para retornarlo en el mismo lapsus a la normalidad mas rayana. Sin penetrar en el barbecho de las orgías celebradas y sin perder demasiado tiempo, recordó de nuevo aquellos instantes de loca abundancia y desenfreno existido en la Gran Manzana.

Buscó dentro de buró del despacho, algo que pudiera informales sobre el vecindario, que sin duda por los trazos del edificio, podía imaginar que en el mismo, vivirían familias y gente de mucho prestigio, habiendo despachos profesionales de abogados, doctores, notarios y un largo sin fin de profesiones liberales y bien pagadas, como debía ser la psiquiatra García, a la cual aprovecharía cualquiera de los instantes venideros para visitar su oficina y sobre todo husmear por sus archivos, antes de hacerse pasar por un necesitado para obtener de ella su atención y ser visitado cual emocional paciente. Viendo que era demasiado pronto para emprender un acceso no permitido dentro del apartamento del piso catorce, donde residía el estudio de la doctora, salió a recabar información y al llegar al vestíbulo, apareció el montacargas lujoso con el empleado que no hacía demasiadas horas, le había obsequiado con unos dólares.

Al entrar Tucson le saludó cordialmente y éste, recordando el detalle que aquel hombre tuvo con él, preguntó sin mirarle a los ojos. __Usted señor viene de visita con mucha frecuencia a este magnífico edificio “<The Steel Wings>”. No tardó demasiado Tucson en responder y observar que su estrategia estaba dando los frutos que de inicio esperaba, respondiendo al mozo con mucha elegancia. __He adquirido en la novena planta un departamento como vivienda secundaria, mientras me encuentre en esta hermosa metrópoli, por cierto, tu sabrías darme información de los propietarios de todos los departamentos de este holding, sabes que los favores que solicito son acompañados de ciertas estampas de curso legal. El mancebo dudando le dijo, con voz difusa.

__Señor yo trabajo en este lugar, y cierta información no debo pasarla, si llegaran a enterarse mi empleo peligraría. Sin dejar pasar la oportunidad, contestó aquel caballero mientras sonreía amablemente.

__Por eso, no sufras, dado ese caso sería yo, quien te contratara para mi servicio personal. No me conoces, pero puedes dar pasos para saber de mi, entre tus colegas del servicio y entre el capataz que os gobierna, no tengas prisa por conseguir lo que solicito, pero me respondes en otra ocasión. Por cierto, que horario tiene la psicóloga, lo sabes de memoria o quizás este dato también lo tienes vetado para conocimiento del que lo precise.

__ ¡No por Dios!, la doctora Leilá García, visita casi cada día, excepto los jueves y viernes, entre las nueve y las seis de la tarde, con dos horas para el almuerzo.

Al llegar a la planta baja el empleado le hizo las reverencias oportunas al señor que ofrecía el camino despejado y siguió con sus atenciones. Salió del ascensor, se miró el reloj y notó que su camino estaba despejado con lo que sin mas podía comenzar con lo que pretendía, sin necesidad de llamar a todos los empleados que tenía contratados.




CONTINUARÁ.


domingo, 9 de enero de 2022

Volveremos

 


 

  

Hubiera idolatrado, tantas cosas.

Estar en los lugares más dichosos,

ser distinguido con hechos jocosos.

Destacar de entre vidas vanidosas.

 

Por qué no hacer, más gestas valerosas

que hacen los que presumen enjundiosos,

marcando sus contrastes poderosos,

y publican sus vetas exitosas.

 

Siempre hubo feos y garrapatosas,

cobardes y atrevidos, horrorosos.

Son bienaventurados sospechosos,

y los que se conforman con las rosas.

 

El “Hubiera” del verso inicial dice:

Una serie de las citas soñadas.

Fui tocado por la augura y; añadas,

¿Pues sí!  Lo que yo, añada, contradice. 

 

                             $$$$


 

La cordura ha de imperar

El mundo está repartido

Todos no pueden tocar

el éxito está esparcido

 

No por mucho desear

disfrutas lo inesperado,

al no poder asignar

esperar lo regalado.

 

Si dios fuera todo el mundo,

habría mucha disputa

El pueblo por infecundo

no saldría de su gruta.

 

                 $$$



 







A veces me imagino

la felicidad gozada,

como la paz en su camino.

 

El silencio nutritivo

de las miradas preciosas

tu olor de fresa nativo.

 

Como si fuera una paloma blanca

que nos visita, anunciando su llegada,

sin su fecha de retorno, ni prisas para el olvido.

 

Que jamás volará a otros mundos,

porque entre nosotros

encontró su estada.

 

Cuantas veces conjeturo,

que no quiero dejar la dicha,

que me aferro a ella,

donde me hallo

 

y el miedo que me redunda,

se hace eco y me recuerda,

que somos menos que polvo,

y del mismo lugar que vinimos.

 

Volveremos.




 
















viernes, 7 de enero de 2022

Mi primer deseo en este Año.

Feliz AÑO 2022




 






Todavía no refresca,

incluso en el frio enero.

Se hace de rogar la gresca,

que se entrevé en el sendero

 

Ayer pasaron los Reyes,

tradición muy aplaudida.

Surcando normas y leyes,

que son, mis poesías prendidas.

 

En el balcón he dejado

los zapatos sin cordones,

una botella de anís,

y un cuaderno de ilusiones.

 

Todavía no resfría,

O es qué, ya no estoy entero.

A pesar de ello podría,

cuidarme con más esmero

 

La noche se prevalía

de acontecimiento humano,

aunque noté anomalía,

al despertar poco ufano.




 

En la alborada salí

al balcón ennegrecido.

Desnudo cual jabalí,

Vi mis gozos sumergidos.

 

Allí estaba Baltasar

cuando sin ropa exponía,

mi cuerpo sin propasar

y el santo se compungía.

 

Tapó mi yo, con su tela

garboso, evitó severa,

una aurora que cincela,

y al relente le impidiera,

 

dañarme con más ahínco.

Proponiendo de inmediato

que fuera número cinco

Fehaciente del mandato.

 

No sabía que quería

y pronto me lo aclaró,

necesitaba, ¡Exigía!

Saber quién lo confesó.

 

Volví a revelar al punto…

en el balcón he dejado,

toda ilusión y mi asunto

a la par con mi calzado.

 

Los zapatos sin cordones,

y la garrafa de anís.

No permitiendo alusiones,

al escuchar a Thais,

 

que así llaman a Melchor

en su círculo destelles,

y como es mi bienhechor,

defendió con sus centelles.

 

Con su rapidez expuso,

¿y el cuaderno de ilusiones?,

¿quién te lo mandó?, propuso…,

con poesías y canciones.

 

Pronto canté, ¡Majestad!

Son quimeras que compuso

mi deseo y por piedad

así me mantengo iluso.

 

Porque al pedir, solo pido

para los demás, …    ¡Excuso!

Expresar, por voluntad,

a los que no tienen nido.

 

Ni dónde asentar deseos.

Niños, sin nada. ¡De nadie!

Pobres sin ropa, con hambre,

y el caritativo irradie.

 

Gaspar, que lo estaba oyendo

quiso poner de su parte

y con salero de ofrendo,

pudo interrogar, con su arte.

 

¡Todo esto está muy bien!

Dijo con sorna el rey rubio,

y para ti que será…

con tanto recado turbio.

 

Pues mire noble deidad,

Para mí no quiero nada

y esa es; mi libertad

con salud muy esmerada,

 

nos mantenga alejados

de epidemias tan crecientes,

y para ti que me lees,

te llegue muy pertinente.

 

Con ello deseo a los tuyos,

buenos Reyes y salud,

que el veintidós sin acuyos,

disfrutemos de un alud,

 

 de felicidad eterna

y aunque el “perpetuo” no exista

creamos en el amor

brindemos por la bondad,

 

de tantas personas buenas

que escondidas no se ven

pero ¡Sí! Ellos esperan,

la sangre surque en sus venas.

 

Agradecerte de nuevo

y seas de mí, el distinguido,

amigo, que siempre llevo

muy atado y protegido

 

Los tres Magos, se miraron

y a la par, me consiguieron;

licencia que me otorgaron,

para expresaros cariño.




 









¡Todo el año venidero!

 

 

 Dedicado a mis amigas, amigos, compañeros, compañeras

 vecinos, vecinas, miembros y miembras, que con vuestra

 presencia, vuestros comentarios y consejos, dais razón a las

 diarias vicisitudes. ¡Es lo que siento! Por ello: Gracias.