miércoles, 24 de junio de 2026

Ausencia en el alma...

 




¡¡Pérez. Que sepas que te echo a faltar!! … y mucho.



 

Te lo dejo por escrito, porque ya sabes… lo que siempre hablábamos, ¡Seguro que lo recuerdas!… Para mí, aquellas efemérides son indisolubles. Las frases y discursos, el viento se las lleva…

Aunque estoy seguro que desde algún sitio me sigues.

Igual que te seguiría yo a ti, de no haber tomado la delantera en el abandono de esta cruzada.

Recordarás que en los últimos años, en fechas como las de hoy, siempre dedicaba alguna línea para felicitarte. Bien fuera en poema, de relato o incluso de alguna de las aventuras que disfrutamos al unísono. ¡Qué fuerte!

¡Como comprenderás! Este año; el primero de tu ausencia no iba a ser menos.

No he podido quedarme quieto sin felicitarte. Y como dónde estás, no llega el WhatsApp, y aunque; si llegara. Eras de los que pasabas de estas mierdas, y preferías hablarlo.

Te felicito. ¡Eso intento Juan!… Hacerte llegar mis deseos terrenales.

 

Verbena de San Juan. Noche de truenos, de fuegos, de celebración del verano, de cava y coca. De aquellas charlas amenas a la luz de la luna, de vísperas y de ilusiones por llegar.

Esas que se sueñan y sabes a ciencia cierta que no llegarán jamás.

Noche de recuerdos, de ausencias y distanciamiento fatal de aquellos que se han ido.

Familia o amigos que nos esperan en la finca de los deletéreos, esa que dista a tan solo unos segundos; del ser o no ser.

De esta existencia que conocemos y que normalmente creemos que la hemos de sitiar siempre. Aquella que tú y yo denominábamos en plan de guasa, y en broma como el “terreno de los callados”, 

Es curioso lo que se llega a echar en menos a una persona que apreciabas, y que sigues apreciando aunque no estés. A ese tipo que te acercaba a lo real, con agrado y sencillez. A ese ser tan cercano, a veces un poco exagerado y gracioso, que llenaba tu espacio de alegría y de conformidad. A ese amigo que un buen día sin esperarlo, se marcha sin decirte apenas aquello de…Ya nos veremos en el jardín celestial.

Como las recuerdo, aquellas tertulias habidas tan minuciosas, algunas incluso celebradas desde el teléfono. Un modo del que normalmente huíamos por no acercarte lo suficiente a gestos, miradas y sentidos figurados.

Juan, puedo decirlo porque así lo creo y podría jurarlo. Fuiste mi amigo, y lo serás siempre. Un auténtico camarada, quizás el más completo que conocí. Al que considero, y por ello lo suscribo: por ser amigo sincero. Amigo que por cierto; fue en las postrimerías de nuestra juventud.

Es curioso lo que son a veces las cosas. —Pienso de habernos conocido en la niñez o quizás en la juventud, no hubiese llegado nuestra confianza tan lejos. Esa que pretendo continuar, mañana, luego; no lo sé: cuando me toque a mí, ir a encontrarte, allí donde habíamos hablado tantas veces, que sé que lo recuerdas.

¡¡Pérez… No arrugues el bigote, y que sepas que te echo a faltar!! … y mucho.

  

Voy a dejar alguna constancia de años anteriores, en este día celebrado de tu onomástica, cuando nos reíamos de todo lo que se movía y dábamos nuestras opiniones privadas sin hacerlas extensivas a los que siempre se han creído más inteligentes que nosotros.

¡¡FELICIDADES¡¡



 






En memoria de Juan


Lo que siento, ...lo escribo: Felicidades para ti Juan y para Juana también.




martes, 23 de junio de 2026

El Edén de Tilín. - Segunda parte.-

 

Segunda Parte de :  El Edén de Tilín.





Las reuniones entre los cuerpos de seguridad estatal comenzaron a dar sus frutos y a aportar todos los datos conocidos. Desde donde se iniciaban los procedimientos y cuales les pertenecía o tocaba a cada uno de los grupos de seguridad del ciudadano.

Pudiendo comenzar a desempeñar la resolución del enigma desde ese mismo instante.

Las diversas compañías de telefonía entregaron el historial de las llamadas entrantes y salientes de las abonadas que habían desaparecido. Todos los teléfonos afectados y pinchados debidamente, por órdenes del juez, y bajo la férrea atención de los analistas del tribunal, de momento no se activaban.

Las cámaras de visionado instaladas a lo ancho y amplio, ya no de la zona, sino de toda la ciudad. Revisadas con lupa y minuto a minuto para llegar hasta donde comenzaban aquellas violaciones y raptos. Iban ofreciendo suficientes imágenes, algunas alarmantes. Que hacían pensar que en algún instante aparecería un dibujo de persona conocida, actuando de forma improcedente. Quedando el caso para un sumarísimo juicio, que sin duda sería escandaloso por el daño hecho a las jóvenes de aquella comunidad.

Así mismo los bancos hicieron su trabajo. Sobre las cuentas de las tarjetas de crédito expedidas a las desaparecidas. Ofreciendo sus movimientos con el detalle que se requería. Teniendo en cuenta que aunque no todas aquellas jóvenes tuvieran un crédito activo, se extendió a los padres de las mismas para que sin levantar polvo, la policía supiera que clase de tendencias inhabituales o gastos extraordinarios sospechosos habían cubierto en el último tiempo las familias de las desaparecidas.

Se le abrió un control discreto al showman de la sala “Edén del tilín”, Gregor Stivenson, del que se conocía su trayectoria como guardaespaldas de algunos pudientes y artistas.

De sus cambalaches y desde que había salido del presidio comarcal, que fue en el último trimestre. De su reconocida regeneración gradual, después de haber cumplido dos años a la sombra, en los pabellones médicos de la prisión, reponiéndose del rastro dejado por los excesos, narcóticos y mierdas que se había metido entre las venas. Extractos bancarios que fueron aportados a la policía del ínclito Gregor, para el análisis de gastos y de haberes, por si hubiere caso.

Tampoco se había dejado sin analizar al delincuente conocido como Hipól. Abreviación a su nombre de bautismo del forajido de Hippolyte Insane.

El amarillento y engreído timador amoroso.

El falso instructor de luchas marciales. El presumido rompebragas de las playas. Engreído delictivo, que a casi todas las jóvenes incautas las eclipsaba mostrándole sus atributos y que ellas soñaban con aquellos cuentos eróticos que les explicaba, antes de eclipsarlas y llevadas de la mano hasta el parquin de la discoteca Péndulo, para ser raptadas.

Sujeto al que se le abrió un procedimiento de indagación, dadas las consecuencias que presentaba en su hoja militar de servicios con sus superiores.

Acusaciones realizadas por la Coronela, directora del cuerpo de élite de las Aspas Voladoras. Que lo llevaron a la expulsión con un expediente lleno de arrestos y sanciones, por desacatos y demás alegrías.

Hippolyte Insane, resurgió de nuevo con sus desquicios y barbaridades. Ahora por pertenencia a la clandestina secta de los Guerreros de la fe. Que estaban siendo inquiridos en algún que otro país. Conjunto de trastornados, vilmente dedicados a la inmolación de niñas, como ofrenda a un dios emergente del inexplorado espacio.

Una de las primeras acciones dadas por la politóloga, la ínclita especialista Susanna Slim, fue socavar desde las estadísticas policiales, las denuncias de género habidas y no resueltas. Todas ellas en waiting o standby. Sin estar atendidas por ninguno de los agentes.

El número y las causas coincidentes con lo que se analizaba y derivados fehacientes ocurridos quedaban en la sumisión, como si alguno de los responsables no le diera el tono de salida.

Todo aquel ritmo cambió con la llegada de la doctora, que impulsó las causas poniéndole plazo.

En un margen y con una antigüedad de veinticuatro meses, que se creía era el intervalo del comienzo de las desapariciones fortuitas. Las que no habían sido relacionadas con el incremento de los delitos disparados en el último tiempo se atendieron.

Contactó también por medio de sus colegas y ayudantes con la Dirección General de Desaparecidos, del Ministerio de Humanidades, para lograr descubrir detalles en el contacto, con todos los padres afectados.

Estudiando incluso los casos resueltos de las menores aparecidas, que sin dudar había. Las menos, pero aportaron sus impresiones, y suposiciones, que a la señorita Slim, que normalmente sacaba trigo de las cañas, usó para el procedimiento que se iniciaba.

Intentando establecer detalles, recuerdos y pesadumbres de las que tuvieron la suerte de volver a sus casas.

Se investigaron los accidentes de tráfico, peleas entre jóvenes, robos y menudeos, habidos alrededor de la discoteca, sumados a reyertas entre borrachos, abusos habidos por celos, y trifulcas entre bandas por drogas, que sin dudar ofrecieron un espejo de lo que sucedía en aquel sector.

Programando una batida con agentes de paisano, disimulados que hablaban con empleados, con vecinos y asiduos a la zona, por si había detalles que pudieran ser tenidos en cuenta. dando pocos frutos ese movimiento, ya que la gente del barrio no quería verse envuelta ni mezclada con aquella gentuza.

No se dejó nada al azar, aunque todo no dio el resultado que se esperaba, y la criminalista Susanna, estaba atenta a todo el desarrollo de cuanto habían planeado.

La disposición entre los comisarios y agentes, estaba decidida.

La letrada Susanna, estaba preparada para entrar en acción en cuanto se diera el pitido de salida.

Aquella tarde, sin esperarlo, la gendarmería se activó con una alarma. Se dio un movimiento en una de las tarjetas bancarias de una de las ausentes. Había sido en una población aneja a donde estaba residida la boîte del Péndulo, comenzando a revisar la cámara de aquel cajero de inmediato.

Los teléfonos estaban pinchados. Silenciosos de momento. Como si hubiera un chivatazo desde dentro de la organización que iba por delante de las acciones de la criminóloga Susanna. Era muy raro, un topo desde dentro, pero se habían detectado indicios. Indicios demasiado patentes para declararlos.

Las familias alertadas, con toda la batería de la tecnología al abasto dispuesta, esperaba alguna llamada. Reclamando alguna especie de rescate. Era raro que ninguno de los padres de las liberadas hablara y mostrara pruebas de que habían pagado esta o aquella cantidad por la libertad de su hija. Algo estaba ocurriendo muy tétrico que no llegaba a entender la profesora Slim.

En el aparcadero del rio, se encontró un cadáver, el de Teodora O’Jhara, una de las desaparecidas más jóvenes. Con señales de violencia sexual, desmembrada de brazos y extremidades inferiores y sin ningún respeto por los despojos de la muchacha. Unas manchas en el pecho que más que manchas eran tatuajes desconocidos que mostraban dos hisopos religiosos dentro de sus recipientes. Dos vasijas anchas y rasas semejantes a los clásicos orinales o bacinas.  

Hallando detalles que los están confrontando y preparando para dar con el Maestro de los Guerreros de la Fe, y todo el escuadrón de afiliados.

 

Han pasado cinco años de los hechos ocurridos. La discoteca El Péndulo está cerrada desde el comienzo de las investigaciones. La doctora criminalista Susanna Slim, fue asesinada al salir una noche de la prefectura de la policía. Un franco tirador desde ni se sabe que distancia acertó a encontrar su frente y dejarla tirada en la calzada.

En la última semana los periodistas de investigación del Serial Murders, tirando de un detalle que en principio no tenía la más mínima repercusión, han llegado a un descubrimiento importante, que podría llevar a la dirección de seguridad del ministerio, a la resolución del caso.

En las noticias, del mencionado rotativo Serial Murders, se publica la foto del que podría ser el Maestro de la Secta: Guerreros de la Fe.

Según se dice, se habla y se comenta, podría tratarse de un alto cargo eclesiástico que dirige los destinos de la religión profesada en la nación.



autor: Emilio Moreno




domingo, 21 de junio de 2026

El Edén de Tilín -parte uno-

 


Hacía meses que desaparecían niñas muy jóvenes de aquel barrio de la Metrópoli de las culturas. No había explicación a lo que venía sucediendo desde hacía tres o cuatro meses. La policía local, no daba con la solución y la necesidad obligaba a pasar las investigaciones a los especialistas en secuestros, violaciones y trata de blancas.

Científicos especialistas y sabuesos de la nación deberían acoger a trámite aquella incertidumbre que le estaba socavando la tranquilidad al barrio.

Dado que los que iniciaron la causa, no adelantaban en sus pesquisas.

Tan solo tenían un hilo conductor, una rutina que sin duda habían descubierto: y era que las chavalas, estaban entre los dieciséis y los diecisiete años.

Morenas, altas, y distraídas por las ilusiones del placer. Sin atisbos de miedos y sin resguardar su cuerpo frente a las adversidades de los criminales.

Casi todas las eclipsadas dejaban de dar señales de existencia y sus tarjetas de crédito quedaban sin servicio ni actividad. Sus teléfonos móviles recibían las muchas fotos, selfis y comentarios de las amistades y familia, sin el más mínimo resultado de respuesta.

Además de haber descubierto que su último lugar de aposento, era la discoteca del Péndulo. Famosa y organizada, en festivales y conciertos. Con absolutamente todas las autorizaciones y permisos habidos y por haber en regla, y que para mayor inri; constaba del más completo registro de entradas y salidas.

Examinados y acaparados por cámaras en todo el recinto. Con lo que sin dudar esas filmaciones de registro quedaban precavidas en cuanto aparecían los clientes por las puertas de acceso y despedida. Asimismo de cuantas habían desperdigadas por las instalaciones de la discoteca.

Sobre todo y muy disimuladas a los ojos de los mirones, se había instalado una batería de objetivos por si hubiere necesidad de echar mano de ellos, instalados a lo largo del prolongado pasillo de la salida del espectáculo.

Quedando patentadas imágenes con diversos recovecos de toma, añadiendo detalles entre ellos la hora y pormenores que consiguieran ser constatados por la seguridad del centro o a petición de autoridades locales. Caso de averiguación de infracciones habidas sin haber sido notadas.

Equipos de infrarrojos de calidad y de grabación natural, daban buena cuenta en la hora que dejaban aquel recinto musical, tanto grupos de individuos, catervas de amigos enlazados, como personajes solitarios.

Aquella institución de divertimento, era una sala de baile muy atractiva que llevaba años dando alegría a la mocedad, a la juventud y cómo no, a todos los maduros y carrocillas que solían ir al local. En pro de escuchar música, tomar algún que otro cubata o porque no, socializar y a la vez intentar “rozar el apio” … Si fuera posible, con alguna atrevida y sueltecilla jabata, que quisiera ligar y permitiese el roce corpóreo entre humanos.

Sin despreciar la posibilidad de intercambiar con algún alma de las tantas que bailaban en aquella pista redonda tan iluminada y con aquellos destellos de flash que existe en el púlpito cenital del escenario.

De un escenario portentoso que concurre en aquella zona de fiesta. Salón denominado con alardes grandilocuentes como La “Cúspide”

Si las condiciones se daban positivas y alguna valiente dejaba que brotara el frenesí de la lívido con alguien que las enamoraba, pasaban al salón más oscuro y sombrío, para empaparse del efluvio del amor súbito, pero controlado.

Decía el cartel de forma irreverente: Reservado el derecho de admisión

Aquel aposento con sofás de fieltro marino y una discreta barra de bar en la cúspide del córner izquierdo, esperando las consumiciones y los tragos que se sucedían uno tras de otro, controlado por un showman. Evitaban las posibles escenas punibles.

La barrita de tragos situada en un ángulo, servía y refractaba las gargantas según necesidades.

Aquella impar zonita la denominaban con la referencia del “Edén del tilín”, donde todos gozaban, todos retozaban y casi todos se excedían, sin saber que disimulada una cámara les grababa de manera ilegal. 

Según el parte de desapariciones del tribunal, denunciadas con más de veinticuatro horas de ausencia, correspondían a cinco hembras menores de edad, entre los quince y los diecisiete años.

Morenas, con una estatura que pasaba el metro setenta, con estudios casi acabados o en el último curso. Bien relacionadas y de familias encumbradas y con cuentas corrientes relativamente substanciosas, eran las escogidas.

Todas, hijas de pudientes personajes de la zona, que de forma clara podían si cupiese enfrentarse a cualquiera de los abusos que se conocían. Incluso el rapto.

Ninguna de las desaparecidas tenía amistad entre sí, ni tampoco residían en la misma franja.

Lo que les asemejaba era el color de su cabello, su piel y la estatura apreciable. Parecía habían sido escogidas además por los caudales de las familias todas religiosas y sin dudarlo por su incipiente belleza.

El quinteto de jovencitas desaparecido, gracias a las grabaciones de salida, atestiguaron que iban acompañadas de un rubio galán muy apuesto, con tipo de embaucador amoroso. Entrenador personal o deportista de artes marciales, que a todas las acompañó en su última despedida de la discoteca Péndulo.

Detalles que no pasaron por alto los investigadores en cuanto tuvieron al abasto toda la información por parte de las familias, como por los dueños de aquel centro de diversión musical.

El tiempo corría en contra de hallarlas en buen estado, que no las hubieran llevado fuera de las fronteras para prostituirlas, o fuese el guaperas un asesino en serie que las raptaba para destrozarlas.

A esa conclusión habían llegado los agentes de la gendarmería, ya que desde la desaparición de la primera a la última había transcurrido mes y medio de paso. Con lo que se montó una estrategia adecuada para cazarlo en cuanto fuera posible.

 

La criminóloga Susanna Slim, fue la escogida para por sus condiciones corporales, su físico y su edad, la más aproximada a la de las desaparecidas, y pudiera entrar quizás en los gustos del posible inductor del delito.

La experta y versada Susanna, además de cerebro joven del cuerpo del ADF: Anti Delitos Femeninos.

Era una preciosa mujer, que no sobrepasaba los veinte años y bien pudiera ser con algunos retoques físicos, confundida con una menor de edad. Valiente y arrojada, no dudó en admitir su rol en la aquella busca y se sumió en el trámite de la maniobra policial.

 

La identidad del rubio atractivo, era de un combatiente retirado del ejército por demencia y el intento de agresión sexual a su jefa.

La capitana coronela en las fuerzas del A.V. I, en el cuarto batallón, del denominado: Aspas Voladoras Indesmayables del cuerpo de paracaidistas del aire, destinado en Bosnia.

Hippolyte Insane, que a su vez pertenecía a una clandestina congregación de guerreros de la fe, los que estaban siendo investigados en varios países europeos. Gente que se dedicaban al sacrificio de seres humanos como ofrenda a un Dios emergente del inexplorado espacio.

 


Seguirá…

To be continued…

 

 




miércoles, 17 de junio de 2026

No eran privilegiados.

 

En ese barrio no queremos vivir… ¡entiéndelo padre! Y siguió presumiendo de aquella inoportuna sensación, para seguir en su error.

Es una zona donde viven los sin papeles. Los que llegan a la ciudad en pateras. Nosotros somos de los privilegiados. ¿Tengo o no tengo razón papá? —. Comentó asintiendo Loreto Lucrecia. Aquella niña mal criada, que siguió charlando sin conciencia.

Además que dirían mis futuros suegros. Los Sadorney, padres de Francesc Genís. Con lo puñetitas que son y lo que presumen, aún y sin tener un euro.

El señor Fredy pensó en un momento tras escuchar cómo se expresaba su querida y adorada hija.

Rememorando de pronto. Volviendo al pasado. Sin más, en aquel instante de donde procedían.

Donde vegetaron con dificultad durante lustros toda la familia Xurit: en el barrio de la “Cortavía”.

En aquel entonces nadie los conocía, ni a él ni a su saga. Como han cambiado las cosas—pensó.

El trato es muy diferente. Ahora con su falsa gentileza nos soportan, y se nota que lo hacen con desidia. Obligados muy a pesar de los pesares se dirigen a nosotros con el respeto que no tuvimos antaño… y a mí, en especial como: señor Fredy.

Entonces, hace cincuenta años, se mofaban del tal Fredy con un apodo, capando su nombre… como burla. Gritándole: Fede el tapón.

El que fue hijo de Kino, y sin dudar el que luego, los sometió sin zarandajas y sin respeto.

Ahora, sin ir más lejos. Son… el padre y el abuelo de la engreída Lucrecia Loreto, que mantenía aquella charla sobre la zona de la adquisición de su nuevo domicilio. Intentando convencer a su padre a que sufragara la gran hipoteca que se le presentaba, caso de comprar aquel inmueble caro y lujoso.

Facundia irrelevante, referente al barrio, a sus gentes y al piso que pretendía adquirir con su novio. Sueño que tenían los dos jóvenes antes de apreciar todos los sinsabores que le sobrevendrían desde ese instante.

Sus previsiones eran con ayuda de los padres, comprar la propiedad en el ensanche de la nueva zona de negocio y de la vida nocturna. 

El abuelo de la niña, el conocido como Xaquin... Quimet, o Kino. Que es como lo nombraban en su casa. Era el que tenía la pasta. El patriarca, para que nos entendamos. Ni más ni menos, fue el famoso tío Calvares. Aquel trashumante descendiente de húngaros que vendía toallas, mantas y sábanas, con las que regalaba un juego de fundas o servilletas por los mercados.

Era mercadillero ambulante, amermelado y amancebado con la niña Paca, la que dependía de uno de los carromatos que freían churros por las ferias. Preciosa apariencia la de aquella mujer. Poseedora de unas tetas redondas no demasiado excesivas pero que se mostraban ágiles y seductoras a los ojos de cualquiera que la mirara de frente.

Perteneciente la preciosa Paca, a una saga castellana no definida. Gentes de bajo nivel cultural y más pobres que las libreas de papel de fumar. Hasta que les cambió la estrella.

Tras el delictivo suceso extraordinario, ocurrido a la muerte del avariento prestamista, don Melquiades Torrezno Judí. Uno de los dos usureros cambistas hebraicos del barrio de la Cortavía.  

Acontecimiento oscuro y farragoso sucedido entonces. El que poco a poco les sacó la barriga de penas, y les iba permitiendo subsanar sus deudas y ponerse a la altura de las economías más favorables de la villa.

Al anónimo personaje Torrezno Judí, lo relacionaban con las visitas que le hacía Paca, en secreto algunas noches de luna llena.

Lo encontraron una mañana extinto en sus dependencias. Envenenado por alguna sustancia aún no aclarada, pero definitiva, que mezclada con dulces, anisetes y algún que otro churrito, que le dejaba hincar Paca la churrera, dieron fin a sus días de correrías y préstamos.

Al ser asesinado por Raquel Leví, la esposa de Melquiades en un arranque de celos, tras localizarlo liado, desnudo y montando a una mujer "shiksa". Una hembra no hebrea, con la que practicaba adulterio, y que además era la mujer del nómada quincallero.


Loreto de buenas a primeras y viendo que su padre no le hacía caso, mientras le contaba, o trataba de conseguir, exigió.

Padre, que te pasa. Me da una rabia que esté hablándote y te pierdas en tus patrañas, que no puedes imaginarlo. Esgrimiendo de nuevo con descaro.

—No te importo nada. —Acotándole con desprecio.

—No hija, no es eso—, suplicó avergonzado Fredy, intentando buscar la mejor de las explicaciones, que al final sostuvo.

— Me sorprendo muy mucho porque no quieres entender desde dónde venimos, y no es bueno perder nuestra identidad, —argumentó sin perder la palabra.

—Somos gente humilde, que en realidad, sufrimos desde los tiempos, por las barbaridades que cometieron nuestros padres y abuelos.

Ella con un respingo de soberbia repuso.

—Que pretendes ahora. Después de hacer tanto teatro y fingir que somos una familia descendiente del más puro abolengo. Para engatusar a mi prometido y que al final entre en mis planes. Quieres que modifique el relato. ¡Así de pronto...! ¡Eso pretendes. Eso quieres…—exigió la joven cabreada.

—Que le cambie el royo al bueno de Francesc Genis: de toda esa patraña inventada, para que se enamorara de mi—. Alegó sin convencimiento, fuera de sí la joven, prosiguiendo dentro de su monumental cabreo.

—Hasta el punto de comprometerlo para no perder el tiempo y que se case en breve. Sin preguntas y sin más. Y si hay problemas ya los solventaremos como podamos. ¡Eso quieres! Hizo una pausa y replicó manteniendo aquella diarrea verbal con rabia inusitada.

—Le confesamos que mi abuela era churrera y que fue la que sedujo al judío para quedarse con su mesa de préstamos… ¡Eso hacemos!, ¡Eso quieres…!

—¡No Loreto! ¡Escucha! ..., volvió a replicar Fredy.

—… ¡Hija, no es eso ni de buen trozo. Escucha y resuelve. Eres tú la que puede salir quemada—acotó el padre. Volviendo al punto cenital, donde lo habían dejado.

—Padezco, porque veo que no quieres entender que el camino nuestro está más que marcado. El pueblo entero, donde habitamos desde hace generaciones nos conoce y aunque tratamos de disimular, según que detalles y hechos ocurridos no se borran tan fácil. Menos aún los delitos, los sucesos de sangre, escarnio o barbaridades. Aunque no se pudieran probar en su amplitud. Por ello—continuó con su perorata.

—Crees que no hay comentarios desagradables por la vecindad desde que tu y Paquito Ginés os veis con asiduidad. Crees que no comentan el caso de la churrera Paca y Melquiades el hebreo. Crees que no ven la prisa que tienes por cazar a ese ignorante.

Quedaron con la respiración entrecortada, híbridos, desencajados.

Antes de continuar, Fredy que se veía venir los líos añadió.

—Que sepas que en esta vida todo se sabe. Más pronto que tarde—. Se meció el cabello el padre y sin dejar que Loreto opinara adujo.

—Cómo lo vas a hacer para disimular la presencia de tus tíos, primos y demás familia, ante lo selecto del linaje de Paquito Ginés.

—No vuelvas a nombrar así a mi futuro esposo. Sabes que le pusieron un nombre muy bonito, y ruego le llames como debes: Francesc Genís.

El padre ni se inmutó ante las grandezas de su infeliz Lucrecia Loreto, aquella que de un modo u otro se avergonzaba de su abuela Paca, del merchero Kino y quizás hasta de su sombra.


autor: Emilio Moreno.
El catalán del Caribe



 

 

 


viernes, 12 de junio de 2026

Satisfechos y vengados.

 Janet, reacciona rápidamente y da unas largas zancadas completamente desnuda, hacia una salida que se ve a lo lejos de aquel pasillo oscuro y asqueroso. Quedó petrificada en medio de la avenida, en la antesala de su muerte, y recordando la última media hora de su existencia.

Sin esperarlo los asaltaron mientras copulaban.

Surgieron de improviso, desde aquella negrura tenebrosa. Uno de los dos agresores, que estaban observando mientras la pareja se retorcía de placer gozando medio desnudos, embistió.

Hacía ya, varios minutos que se jactaban de la representación carnal y sin duda les estaba subiendo la temperatura a ambos.

Escuchaban como jadeaba la joven en el traqueteo habido en el cálido acto sensual y ardiente que mantenían desprevenidos. 

Aquellos agresivos criminales aguardaban el momento de protagonizar su ataque.

Espiaban a la confiada pareja como fornicaban, a que les llegara el clímax para agredirlos mientras follaban y se deleitaban del gozo que les embargaba. Sin más.

En aquella propiedad familiar desatendida. Que tanto el esposo como ella, empleaban para protagonizar su adulterio.

Ajenos a cualquier interrupción, valiéndose de la cerrazón y la penumbra del lugar disfrutaban.

Ingenuos a cualquier sobresalto. Dada la zona escogida, no habitada, para citarse a menudo y muy lejos en pensar ser descubiertos. Menos aún pudiesen ser agredidos y atacados cuando permanecían espesos y negligentes en artesanías eróticas.

El sobresalto llegó, tras el suspiro de Janet una vez se relamía del clímax de su reciente orgasmo.

De repente agredieron a Brian separándolo del cuerpo de la mujer, con cajas destempladas. Dejándole sin sentido en el suelo por el golpe recibido en su cráneo. Intentando violentar de malas formas a Janet, desnuda, que no acabó de paladear aquel polvo.

El delincuente quiso dañar por celos, a la hermosa mujer. Que agredió sin miramientos con golpes y arañazos.

Forcejeo y gestículo agresivo, mordiscos y uñadas repartió semidesnuda irguiéndose como una fiera, subiéndose las bragas que las tenía sueltas en el suelo. Como pudo las calzó a trompicones, recomponiéndose en el intento de huir.   

Antes que la lozana morena pudiera escapar, fue aferrada con energía de la camisa de forma brutal extirpándola de cuajo.

En el arrebato de esa fuga espontánea y su notable irritación, abandonaba los zapatos que estaban en el quicio de aquel soporte que servía como cavidad y tálamo amatorio.

Saliendo de estampida sin vestirse chillando de forma brutal, por si alguien pudiera escucharla y socorrerla.

En ese entretanto y queriendo desaparecer, la camisa le cayó al suelo y Janet se revuelve pero no puede asirla, por tener que librarse del matón que antes de emprender la marcha, le retuerce la muñeca, soltando un alarido irritado de dolor.

Brian que se incorpora del golpe recibido, se lanza sobre el abusador intentando golpearlo sin suerte, ya que el asesino asiendo un cuchillo que guardaba entre sus pertenencias, lo ataca.

En pelotas se menea esquivando las dos primeras andanadas que buscan el cuello. Al mismo tiempo que le grita a Janet.

—Coge la camisa. No pierdas tiempo y ¡huye!

Ella puede escuchar su clamor, y vive unos instantes de no saber que hacer. Al tiempo que cruzan unas miradas de despedida.

En las que van implícitas el deseo del último capítulo protagonizado por ambos. Suficientes para intuir el futuro inmediato.

Negro asunto, como la noche escogida para hacer el amor a escondidas sin prever las consecuencias y no atar la seguridad del encuentro.

Saben que no habrá más tropezones, y que de aquella situación quizás no pueda salir indemne ninguno de ellos.

El violador anónimo, alza el filo del cuchillo y cruza en sendos movimientos de amago, haciendo retroceder a Brian, hasta que logra darle un navajazo en el costado y otro en el muslo, perdiendo el oremus y poco a poco su propia vida.

Desangrándose en aquel lúgubre recinto sin apenas dar espectáculo.

Sin mirones, que a posteriori pudieran recordar aquel crimen, y sin dar que hablar al marido de Janet, y a la esposa de Brian, por aquel adulterio repetido que celebraban cada vez que necesitaban desfogar sus cuerpos.

Una vez, probado por el criminal, y notar que a Brian se le escapa el aliento por momentos, reacciona de inmediato.

El violador que aún mantiene los sostenes de Janet en la mano, ya trota a la carrera buscando a la desquiciada que desnuda, ha desaparecido entre las callejas abandonadas del viejo barrio.

Escondida, busca un agujero donde refugiarse. No va presentable. Tan solo tapada por sus bragas y descalza. Imposible circular por la vía pública.

La salva la hora en que vive. Es madrugada, de otra forma no podría salvar las miradas de los vecinos.

Aterrada por saber que aun no ha acabado aquella pesadumbre mortal. Quisiera desaparecer. Imaginando ahora, quien es el que la persigue y el incierto final que le espera.

No tiene dudas.

El faccioso no ha abierto la boca, por lo que no sabe que tono de voz usa, ni tan siquiera el acento de su verbo. Lo que sí tiene claro es el tacto de su piel y el olor corpóreo que desprendía, muy conocido por ser el de su esposo.

Con los brazos en cruz trata de taparse las tetas, dejando al pairo el resto de su esqueleto desabrigado. Ya no piensa en Brian.

Sabe que en aquellos instantes yace en el suelo acuchillado.

Ha de salvarse como pueda, y nota que aquel que creyó fuera un sinvergüenza, es su marido y la persigue con saña.

Lo conoce bien y sabe cómo las gasta. Poca salida tiene… ¡que puede hacer. —Se pregunta.

Aunque la respuesta la conoce lo suficiente como para no seguir huyendo.

Ahora comprende que su marido ha esperado el instante de cazarlos a los dos culeando para acabar con ellos.

Janet se detiene en el centro de la avenida.

Es muy tarde. La alborada casi les roza.

Desnuda espera la reacción de Johnson, y deja que se acerque.

Cuando llega a su altura le pregunta.

—¿Hace mucho que lo imaginabas?

Jhonson responde sin nervios.

—Hubiera quizás admitido tu adulterio.

Yo tampoco te quiero. Y también ando en esas. Sin embargo ha sido un vil engaño por tu parte.

Las cosas a veces son así. Lo que no acepto es que te enredaras con mi propio hermano.

Janet quiso indagar y aun le preguntó.

—No estabas solo. Había alguien contigo que te ayudó a embestirnos. Cuando nos espiabas al amarnos a escondidas. ¡Dime la verdad!...

—Estábamos viéndote, como os desesperabais, yo y Rosy.

La mujer de Brian que en realidad ha sido la que quiso acabar con vosotros dos.

Así con vuestra desaparición quedamos satisfechos y vengados.

Le asestó un navajazo y la dejó desangrándose en la vía.

Antes de morir Janet preguntó a Johnson.

—Estáis liados tu y Rosy—, respondiendo con suma tranquilidad.

—No... ¡Para nada!... La he matado también para que no haya testigos.




 


lunes, 8 de junio de 2026

El regalo

 






Son hermanas. Nadie lo duda, aunque todos los consanguíneos no son hijos del mismo padre. La verdad se intuía a las claras, sin embargo, parte de sus hijas hicieron que quedase oculta y disimulada.

Quizás por vergüenza—que en aquella saga, la desconocían—. Cuando la madre murió se llevó tantos secretos, que aún danzan en suposiciones los herederos de según que recuerdos.

Se fue yendo como el vertiginoso derretir del hielo al sol, sin argumentar sus impudicias, que quizás: no tuvo salidas y con todo habría que conocer su situación de entonces y los motivos que la asistieron.

Esas lascivias no confesadas ni definidas no fueran obligadas por alguien que siempre quedó al margen sin darle demasiada culpa.

Se esfumó en silencio y muy sola.

Envuelta en una alarmante falta de raciocinio. Plena de remordimientos y de insatisfacciones, por el bagaje que dejaba a los que poco la lloraron.

Una mañana de agosto en una de las camas de aquella reserva para ancianos la encontraron muerta.

Dentro del aislamiento de su escueta habitación de la residencia de los Bérchules. Con un escrito bajo su almohada que iba dirigido a los cuatro hijos, y en especial a sus tres niñas que ya no lo eran tanto.

Se le escapó el vigor y la salud sin decir la verdad.

Esa certidumbre tan cruda y tan agria, rigurosa y despiadada con la que tuvo que cargar toda su existencia. Se fueron a la tumba con Sigimonda, por no tener confianza con ninguna de sus tres hijas, con las que jamás concordó.

Aquellas letras dejaban al margen al primogénito, un hombre descorchado por los muchos tragos y sin arrestos que hacía más de cinco años que no sabía nada de su madre.

La mayor de las hembras Túscula vivía fuera de la región con sus vicios, todos ellos venidos desde la propia mocedad al haberlos adquirido y complacerse con su propia mamá.

El resto de las hijas habían vivido al margen de la familia, al haber sido prohijadas por unos padres adoptivos que las educaron.

En el momento de la defunción, y una vez hallado aquel escrito, la directora de los Bérchules, creyó oportuno entregarlo a la primera hija que se presentó a la premura. Que no fue otra que Domicia, la menor de ellas.

La que una vez leída detenidamente la misiva, ocultó por intereses pecuniarios habidos a los demás hermanos.

El tiempo transcurrió y Domicia, no tuvo a bien decirles nada a los demás allegados, de lo que se disponía en la nota que dejó escrita como últimas voluntades Sigimonda. Que en su poca salud y falta de instrucción, la hizo acentuar y redactar a su cuidadora Cincinata, que entonces era una de las asistentes del albergue de los Bérchules.

La que un buen día en el mercado de las Abulias comentó con idea, que la noticia se expandiera, y llegar al conocimiento del resto de los herederos.

Sin que la interesada y criminal engañadora de Domicia, imaginara que el contenido de las ultimas voluntades de su madre, fuera de dominio público conociéndose muy pronto ampliamente alrededor del barrio. Ya que incluso la letra de la carta, no correspondía con la de la difunta Sigimonda.

Que en su lecho de muerte disponía de aquella forma, tan válida como si la hubiera redactado el notario de la ciudad.

Apoderándose de la totalidad del monto la que todos creían era la más modosita, aquella que motivó con su silencio la trasgresión en pro de su beneficio.

Cincinata esperó con paciencia pero, con atención un tiempo prudencial a ver si cada uno de los descendientes recibía la parte que Sigimonda delegaba en cada uno de sus hijos.

El reparto no llegaba y la asistente de la abuela, aquella que transcribió la glosa, no quiso que la egoísta Domicia, se apoderara de una forma fraudulenta con la totalidad del devengo heredado.

La noticia pronto saltó desde aquel mercado al entorno y al barrio de las Abulias, llegando a oídos del interesado primogénito que fue en busca de aquella que creía había sido la que más padeció en el funeral de la madre. Sin saber que era el único que no había sido escogido para disfrutar de lo que dejaba Sigimonda.

Domicia fue descubierta y acusada en los tribunales.

La nota jamás se encontró.

A pesar de todo, la memoria de Cincinata, fue crucial para que cada cual por lo menos supiera que es lo que Sigimonda le había concedido a cada uno de ellos.

No hubo remedio. Domicia, fue condenada y repudiada por la familia. Una familia que antes de crearse, ya estaba destinada al fracaso.

Hoy después de haber cumplido la pena la menor de las hijas, sigue mintiendo descaradamente. Nadie la traga, pero todos la soportan esperando le llegue la hora en que vaya con el barquero Caronte.



autor: Emilio Moreno