Aquella
vasija estaba reservada en los frigoríficos del CLIECISOL, la Clínica
Europea del Cielo Soleado. Estacionada, sin que nadie diera cuenta de ella. Aguardaba
debidamente documentada y conservada con sus fechas de envasado y demás
controles sanitarios, pero pasaba desapercibida desde hacía años.
Adrede se
fue posponiendo en su donación a la mejor de las aspirantes. Por aquello de
creer que ninguna de ellas, daba la talla, y no recibieran de forma terapéutica
en sus entrañas aquella secreción que esperaban.
Fecundando
a cualquiera de las aspirantes con el óvulo deseado, con aquel plasma seminal. Por
lo que muchas de ellas habían abonado con creces el costo de sus tratamientos
especiales.
Durante toda
esa inmensidad de tiempo, fue reservada aquella donación, creyendo que llegaría
la divina dama receptora.
Aquella conservación
permanecía custodiada y guardada al final de la última estantería de aquella
cámara congeladora, prorrogando con paciencia, dentro del cáliz sellado al
vacío.
Un
recipiente al parecer único, que sujetaba aquel maravilloso esperma.
La etiqueta
describía en el argot del lenguaje clínico, que era un semen substancial y con
garantías optimas. Dejando visibles unos logotipos que enviaban a la referencia
del archivo anónimo del centro.
Listado de
contribuyentes y donantes anónimos y a la vez controlados, que gobernaba
directamente el consejo médico.
Donde se
indicaba el nombre del individuo que donó la polución, con todos sus datos
personales. Referencias anónimas y secretas, que jamás podían estar al abasto
de ningún estamento o persona que no estuviera autorizado.
Donde se
indicaba que precisamente, aquella simiente pertenecía a uno de los insignes
prebostes de aquella ciudad.
Aquel
cubilete se guardaba reservado desde hacía más de treinta años y de momento,
ninguna de las mujeres que optaban a ese privilegio había sido escogida para
ser fecundada con aquel origen.
Según
aquellos facultativos no encontraban dignataria que pudiera acoger semejante
honor, y porque de un modo u otro a los responsables de aquella custodia se les
había olvidado en el último recodo del congelador.
Error; que
auspiciado por aquellos empleados inconscientes que existen en todo hospital ningunearon.
Siendo los
garantes de semejante despiste, que en aquel instante se descubría.
Aquel
jueves ordenando y clasificando el dispositivo hermético y bajo temperaturas de
varios grados negativos, Clemencia tropezó con el recipiente y lo ordenó con
preferencia frente a los depósitos con menos periodo de caducidad y aguardo.
Dada la
antigüedad de conservación que ostentaba aquella ampolla de secreción
granizada. Merecía tener un poco más de atención y ponerla al abasto con
urgencia en pro de no perder por descuido aquellos espermatozoides super
congelados en muchos grados bajo cero, que pretendían salir para dar vida.
Pensando la
doctora que por una causa o por otra se había quedado en el olvido despistada, semejante
donación tan privativa.
No lo dudó
y creyó oportuno ponerlo en acción, decidiendo que lo haría saber en el próximo
fórum de doctores que celebraban a menudo.
Anotó Clemencia
la circunstancia para evitar una nueva distracción y resolverlo en el apremiante
consejo de eminencias facultativas. No comprendiendo el retraso en la no
utilización del frasco hallado con anterioridad, y las demoras por lo que se
almacenaba con mimo la polución de fecha tan pretérita.
En aquella
clínica lujosa destinada a dar servicio hospitalario únicamente a políticos
deslumbrantes. Gentes sobresalientes de un alto nivel económico, personas
afamadas por sus profesiones. Artistas reconocidos, empresarios con talonarios
sustanciosos, deportistas encumbrados y millonarios anónimos, tan solo admitían
donaciones de hombres de éxito y celebridades contrastadas con un nivel
superior de coeficiente intelectual.
Por lo que existía,
a su vez una extensa lista de espera, entre las hembras pudientes que ansiaban
ser engendradas de forma sutil y disimulada.
Damas que
exigentes con y sin pareja conocida, esperaban su turno. Algunas con renombre y
super famosas. Queriendo gestar descendencia sin que varón reconocido interviniera
en una copulación habitual, o por carecer de vínculo amoroso.
Incluso en
mujeres homosexuales que aspiraban a dar nuevas vidas sin tener que
pronunciarse en explicaciones. Matrimonios que necesitaban el modo de
fecundación in vitro, por la imposibilidad de ser preñadas en el acto
tradicional. Todo cabía en CLIECISOL, la Clínica Europea del Cielo Soleado, siempre y cuando se
dieran las debidas y exigentes medidas necesarias.
A parte del
caché que el hospital pasaba a sus pacientes por semejantes arquitecturas
establecidas en sus cuerpos. Honorarios prohibitivos para la clase media baja,
siendo el protocolo de actuación con personas con posibles dinerarios
consagrados.
Con todas
aquellas exigencias, el complejo hospitalario aseguraba a sus fieles escogidos.
Un éxito
rotundo en los nacimientos de sus hijos. Con garantía de la felicidad esperada.
Altas posibilidades de futuro triunfal para los nacidos. Originalidad y triunfo
en sus porvenires a medio y largo plazo, y con extraordinarias virtudes al
haber sido inseminados en las matrices de sus madres, provenientes de un caldo
de cultivo original, y célebre.
En el foro
quincenal de doctores del hospital, y reunida la cúpula, además de la doctora responsable
de los acopios de vísceras, fluidos y mucosidades, saltó a la palestra el tema llevado
por la doctora Clemencia Ramos.
La que tras
su ponencia puso sobre el tapete aquel retraso de donación que para ella no
tenía explicación alguna y que varios de los doctores allí presentes
desconocían.
Por lo que
sin dilación alguna se trató del tema del anexo a la ampolla reservada debidamente
etiquetada y muy por debajo de los cero grados. Desde el año 2003, denominada
con las siglas: SSPM. Correspondiente al contenido de polución donada por un
emérito singular y prohombre griego, que residió en el país y quiso conceder su
semen para futuros nacimientos.
Fue don
Rogelio de Mur, el actual director del centro, el que tomó la palabra diciendo
o alegando el por qué, no se había utilizado aún aquel tubo de cristal que
contenía el semen de SSPM.
Dado que
pasado el tiempo se descubrió que aquel señor que dio la dádiva, fue condenado
por ser descubierto en sus andanzas y juzgado como criminal, al haber cometido
varios asesinatos en la Ciudad de Hanover, y que los tribunales lo condenaron a
cadena perpetua con los cargos de ser un asesino en serie.
autor: Emilio Moreno.
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| Emilio Moreno |






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