Marianela
quería quedarse en cinta, y no lo conseguía ni tan siquiera haciendo malabares prohibidos.
Confiaba mucho en aquella mujer que le había echado las cartas
en una sesión de espiritismo, a la que asistió sin que Herminio Baldomer, su
esposo lo supiera. María Manuela deseando ser madre y desesperada al ver que el
arroz se le pasaba, y por consejo de su cuñada, tomó medidas para intentar modificar
su cuerpo, su presencia y su vida, para disfrutar y notarse fecundada.
Anotó la dirección
de Blasiema Sarkó y preparó una cita sin retrasarse en el tiempo.
Aquella médium era formal, y muy honrada…decían, los que la habían
tratado y Marieta, como la llamaban los allegados, quería agarrarse al último
clavo ardiendo que su edad le proponía para sentirse feliz y quedar preñada con
garantías.
La fecha de visita y encuentro en el gabinete de Madám Sarkó, la
habían fijado para un día clave. Momento y fecha en que la Patrona y Virgen de
su localidad celebraba su octavo centenario. Mientras Marianela, era atendida
por la visionaria, y en pro de darle soluciones.
En la ermita… en el gran oratorio de la montaña, donde poseía su
cueva aquella deidad, la ofrendaban sus seguidoras.
Todos los años, se sucedían aquellos actos. En ese día sin
faltar, con alegría, cantos y devociones acometían el mismo festejo sonado. Se articulaba
un tenderete con fiestas y alharacas en homenaje a los beneficios que la “Blanca
Mensajera” donaba y concedía a sus devotos.
Bañando aquellas madres agradecidas, embargadas de emoción real,
y creyendo en las bondades de la virgen, mojaban a sus criaturas menores de dos
años en la alberca de la parcelada capilla, y el resto de mujeres ofrendaba con
flores, velas y regalos a la nívea santidad.
Madám Sarkó atendió atenta y cariñosa a su nueva seguidora Marieta,
la que le contó brevemente su vida. Tan sucinta que hasta la propia y enternecida
interesada, quedó sorprendida por el conocimiento que tenía sobre ella, Madám Blasiema.
Sin haber siquiera contado aún demasiados pasajes de su existencia. Aquella hechicera
calzaba mucho y dominaba sin que nadie le hubiese alertado de las arbitrariedades
de la afectada y dolida mujer. La Sarkó sin mover un dedo y nadie le anunciara datos
secretos y ocultos, descubrió los atolladeros de la coexistencia de Marianela, los
escenarios ocurridos en su entorno y demás milagros ocultos existentes.
El primer punto donde incidió fue en su hombre, Herminio
Baldomer, pareja desde hacía unos años, con el que se casó ya mayorcita, como
lo era él. Un tipo desgarbado y bebedor, cliente de todas las barras del
pueblo, acostumbrado al trago corto y fuerte y a ser despectivo y desagradable.
Un desgraciado que la poseía sin amor, sin atracción y desgana visceral.
Violaciones más que contactos conyugales que se establecían ciertas
noches, en las que llegaba a casa menos ebrio que de costumbre. Después de
haber visitado a Dominique Despull, la nueva gogó de
veinte años, en el reservado de la House Gels.
Antro ubicado en la carretera hacia la puebla. Prostíbulo dónde
iban a parar aquellos que eran amantes del despelote más vulgar. Negocio situado
entre la nada y el desierto de las calamidades, dependencias opacas que unía el
sexo y la droga, con el engaño y la falta de honradez.
La médium le aseguró que pondría punto y final a las correrías
de su Herminio, sin que ella se viera afectada por ningún contratiempo y que
llegaría el momento que su hombre bebería de su cuerpo completamente enamorado.
No era precisamente lo que quería conseguir Marieta, pero dejó
que la pudiente del destino se extendiera desmenuzando lo que iba a suceder en
su futuro más cercano
Después con dilatada potestad, aquella visionaria sibilina hizo incursión
en ella, mezclando deseos y desagravios en sus últimas relaciones prohibidas, con
aquellos que había mantenido amoríos para poder llegar al estado de buena
esperanza. Sabiendo que hasta el momento el borrachín de Herminio, no la poseía
por hallarla vulgar, indolente y descarada. Marieta ya no lo respetaba ni como
varón ni como marido. Hubiera dado lo que no tenía por quitárselo de encima, las
pocas veces que la deseaba y sobre todo por perderle la pista que es lo que apetecía.
Lo provocaba para sacarlo de sus casillas por si en una de
aquellas ocasiones pudiera hacerle perder los papeles y cometiera una falta tan
grave, que pudieran meterlo en la penitenciaría de la ciudad, acusado de
cualquier fechoría. Marianela no ponía medios para evitarlo, y jamás desdeñaba
las ocasiones de yacer con él, por si en alguna de aquellas oportunidades. Escasas,
quedaba preñada, intentando ser mamá. Que era su fin.
Marieta jugaba con el cálculo de sus probabilidades, y contaba
con ciertas jugadas, disimuladas por el ejercicio del adulterio más descarado
con cualquiera que se le ponía a tiro.
En el intento de quedar fecundada y por qué no. Disfrutar de ese
sexo que ansiaba y su pareja le negaba, regalándolo a las señoritas de compañía
del antro de la Hose Gels. Se ofrecía sin miramiento, al placer que le pudieran
ofrecer aquellos hombres que le parecían dignos de revolcón.
Engañando descaradamente al saco de carne que de vez en cuando
eructaba a su lado en la cama.
La médium indicó a Marianela, que se llevara cuidado tanto con
su esposo como con el que normalmente, la montaba en aquellos actos de pasión,
disfrutando de esas relaciones sexuales tan promiscuas, que gozaban en secreto.
Madám Blasiema, le informó en aquel instante de su estado de
buena esperanza, que había conseguido en las ultimas relaciones tenidas, con
una misma persona, la que aun y sabiendo de quien se trataba no descubrió.
Informando a la buena mujer que estaba preñada, después de
haberle hecho la prueba de fertilidad en aquella sesión. Debiendo personarse
sin faltar en cuanto pudiera en la ermita. A dar su agradecimiento a la Blanca,
por haber concedido aquello que pedía tan fervorosa y que para conseguirlo
había faltado a los principios del mandamiento del matrimonio.
Herminio conocía de buena tinta que ella lo engatusaba y con quien.
Además el amante que la montaba, acompañaba y desnudaba en sus horas ardientes,
no quería descubrirse, por ser un personaje importante de aquel sector y
destacar por grandes proezas.
En aquel instante la única que sabía que esperaba un hijo, eran
las dos confidentes, la médium y la clienta. Nadie más.
El acto de contrición que le impuso Madám Blasiema, fue ir una
tarde sin que nadie lo supiera a la alberca de la ermita de la “Blanca Mensajera”
y desnuda completamente se bañara en sus aguas, rezando unas frases que ella le
pronosticó al oído, para que incluso no conocieran ni las propias inteligencias
habidas de aquel despacho.
Que esperara a que se sucedieran los actos de homenaje de
aquella fecha y sin mas tardar se acercara a la ladera del monte, y en la charca
del templete, se inundara completamente desnuda con unas ramas de romero y de
hinojos.
Han pasado seis meses de aquellas fechas, Marianela encontró la
muerte en aquel estanque, donde primeramente la ahogaron y a posteriori la
descerrajaron con inquina.
Dejándola inerte sobre las aguas, sin más. Hasta que una
ferviente y asidua vecina, en una de las visitas a la ermita, la descubrió
dando aviso a las autoridades.
La hallaron despedazada dentro de las aguas frías del depósito
de la balsa. Sus ropas juntas a una roca mediana esperaban junto a la documentación
y el teléfono de la víctima.
Están detenidos tanto Herminio el esposo oficial de María Manuela,
como el amante de la misma el prior y confesor del convento de las Angustias, por
sospechas de asesinato.
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