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viernes, 6 de julio de 2012

Baile del vientre


Nos encontramos los amigos antes de partir de vacaciones, antes de que se hiele la amistad, antes de que nos alcance el olvido, antes mucho antes, de que se enfríen las ganas de descubrirnos cada día un poco más.
La comida, fue una excusa más para vernos. Otra vez, para merodear cerca y escucharnos, reírnos y agradecer al cielo la bendita suerte que es tener amistades que puedan explicarnos sin palabras como nos hallan, como nos aprecian, o como nos envidian en silencio, y como agradecen esas distancias cortas para podernos decir aquello, que por teléfono cinco minutos antes no nos hemos dicho.
¿Sabéis que a las seis de la tarde en la plaza baila un grupo de flamenco? _ Asintió Juan, mirando al horizontal de la mesa esperando una rápida respuesta.

¡Sí! son las fiestas del barrio y además del cuadro Flamenco, también actúan las Dríadas, que zarandean el vientre, en ese ritmo hindú, adornándose con abanicos y con bastones de percusión._ Prorrogó el amigo de la ventana, que no era otro que Sebastián.
¿Quién más actúa? Porque no creo yo, que tan solo estén en ese espectáculo dos números, con el gentío que se amontona en estas fechas para verles._ Replicó Antonia, desde el fondo de un helado a medio degustar.  

También saldrán unas bailarinas, muy estimadas, que bailan, una danza oriental Bollywood, con sus velas y esencias. Aunque el tiempo no lo va a permitir, tenemos encima una tormenta “cojonuda”, que en nada caerá y como si lo viera fastidiará la fiesta._  Diagnosticó el camarero, cuando le servía el café a Eduardo, haciéndose eco de la misma conversación que llevábamos.
La fiesta tuvo que trasladarse a Can Masselleras, pero el espectáculo continuó. ¡Nada de anulaciones!  y como el horario coincidía y no apresuraba el ver en malas condiciones como nos hacíamos Campeones de Europa de Futbol, allí nos fuimos a deleitarnos con esos esfuerzos que el barrio ofrece a sus vecinos y que algunos saben agradecer.





Vean algunas fotos del escenario de Can Masselleras para que ustedes comprendan todo esto que les refiero.









jueves, 23 de febrero de 2012

Un pasillo sin acera


Alguna vez esperamos:
al tren,
a la suerte,
a la muerte.

El aguardo de aquel tren
que te alejó de aquella historia,
que jamás conocerás,
por no ser la tuya propia.

El aguardar a la Estrella,
 la suerte así llamada,
podría llegar muy pronto
de noche o de madrugada

Discutimos la tercera opción,
vamos a disimularla.
Ya que la menciona el poema,
no vayamos a enfadarla.

La espera en la consulta
tras una indisposición,
no es como esperar al tren
y viajar a New York.

Ese pasillo sin acera,
corredor de hospital,
todo pintado de blanco
y con perfume anormal.

Esperas diagnostico concreto,
con esperanza que apremia,
el reloj detendrá sus manecillas
dentro de su propia esfera.

Se recibe muy serena,
cuando llega, impensable.
No lo esperaba ahora.
Momento indeseable.

La incertidumbre del todo,
la pesadumbre del cuando,
la costumbre del miedo
la turbación de lo ignoto

El viaje sin aliciente,
el retorno simulado,
las pocas ganas de verte.
Todos te esperamos.

Veredicto en la puerta 50,
de las visitas externas
de un hospital comarcal.
Cirugía Vascular

Una frase muy cordial,
un resultado normal.
Temiendo la consecuencia
del principio, sin final.

la doctora muy atenta
conduce, invita y asienta
Pregunta ¿estás nervioso?
¡Dices no!   y encojo.

No sufra no es de cuidado.
¡Desnúdese y tiéndase en la camilla!
Dice en el mejor caso.
¡Pues vaya que pesadilla!

Aprensión al desnudarse,
trepando al pedestal
mientras te vas remangando
tras el cortinaje fatal

La ropa quedó ahí. Suelta,
en la percha del penar,
no sabes, a ciencia cierta
que es lo que va a pasar

Aflojas el pecho,
 quitas la cuerda,
la del reloj corporal.
Temes, no aciertas ¡qué pasará!

Como si fueras fragmento,
esperas cualquier señal,
si gesto tanto mejor. Silencio
tacaño, jadeas con temor

Tranquilo ha repetido,
señal que hay un motivo.
Significado alarmante,
se prevé un desenlace.

Pronto, se descoserá,
no es grave puede pasar,
¡Cuántos más viven así!
y a penas se les nota.

Lo sueles todo aceptar,
rompiendo por dentro a llorar.
Aunque nadie lo perciba,
cuesta tragar la saliva.

Mucho adelanto hay ahora,
dice sin pestañear,
mientras te baja una floja
por toda la parte de atrás

Momentos de desencanto.
¿Hay salida?
En la autopista de la decepción.
Noto a lo lejos, llegó el peaje y la expiración

La doctora, repasa, toca,
tantea, ausculta. Enigma,
lo temes, ahuyentas, ¡No adivinas!
¡Vístase no tenga prisa!

Desconsuelo, aún, no atinas
como lo dices, cuando y
a quien arruinas,  la felicidad.
¡Vaya palo!  No imaginas.

Apelan al oído gastado,
atendiendo sin pensar,
para decir ipso facto,
que medicina tomar.

Al cabo que puedo hacer,
pues me visto, muy a prisa
no sea que con la demora
consiga perder media vida.