lunes, 20 de noviembre de 2017

Isla meridiano
















Bendición del cielo
en la tierra cabe
y en isla del Hierro
mi emoción se sale.

De América linda
me traen los alisios
amores y guindas
en sus intersticios

Yo sé que tú esperas
que un día aparezca
te arranque del suelo
para que me veas

Fui voz de volcán
durmiente que espera
soy magma de lava
que en el mar se siembra

Soy grito que aguarda
llamada serena
con cuerpo de fuego
y mucha condena

Perfil de otro palo
gajo sin racimo
árbol de otro huerto
por tu amor con mimo

Isla meridiano
en su tiempo fuiste
ahora en otro lado
Hierro, inconfundible.




Isla del Hierro, Canarias
15 noviembre 2017







viernes, 10 de noviembre de 2017

Resumen__ El espíritu se manifestaba



Habían quedado a una hora temprana de aquel miércoles de febrero, para acompañar a la casa de Serrer de Neres a Edwin. Con lo cual se presentó justo a la hora, para resolver aquel procedimiento tan nefasto.
Como lo era para aquel hombre, que de buenas a primeras; recibe una citación urgente y, además es de un familiar que han encontrado frito en la cama, por motivos que hasta la propia policía desconoce.


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disfrutarlo. ¡Muchas gracias!




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El espíritu se manifestaba



Habían quedado a una hora temprana de aquel miércoles de febrero, para acompañar a la casa de Serrer de Neres a Edwin. Con lo cual se presentó justo a la hora, para resolver aquel procedimiento tan nefasto.

Como lo era para aquel hombre, que de buenas a primeras; recibe una citación urgente y, además es de un familiar que han encontrado frito en la cama, por motivos que hasta la propia policía desconoce.

No les hizo esperar y como le advirtieron aguardaba, con antelación para evitar esperas.
La caporal Esmirna le había entregado al pariente las llaves de la casa y esperó en el acceso de la comunidad, hasta que llegó un joven que nadie hubiera imaginado era policía.

Sin uniforme, con barba de dos días, vestido y calzado, como suelen hacerlo en la actualidad los hombres medio maduros de cualquier centro cívico. Más bien simulaba ser uno de esos estudiantes que se mezclan con cualquiera en el metro, escuchando la radio o la música desde su teléfono Smartphone.
Edwin observaba su reloj, apoyado en la esquina del portal, con los pensamientos fuera de compás, hasta que en aquel instante le abordó el agente que disimuladamente preguntó, desde una distancia más bien corta.

__ Por casualidad te llamas Edwin.

__ ¡Sin casualidad!, respondió absorbiendo su estampa de arriba abajo, ¿Tu eres…? Y enmudeció esperando respuesta por si acaso no era quien esperaba.

__ ¡Claro, soy el cabo Espinella, de los Mossos d’Escuadra. Mi colega Esmirna me ha comentado, que has de subir al piso de Irene Delapeire y querías ser acompañado por alguno de nosotros.

__ ¡Es cierto! No sé qué es lo que puedo encontrarme ahí dentro y como no quiero ningún tipo de responsabilidades, ni tener a posteriori problemas, prefiero sea de esta forma.
Lo que busco son los documentos para poder darle entierro y después imagino que alguna de sus hermanas se harán cargo de lo restante.

__ Pues si te parece subimos_ indicó Espinella.

Ascendieron por las escaleras, hasta el segundo piso sin dejar de mirarse y de recelar.
Era una situación que les tensaba los nervios, consiguiendo dejarles desubicados por no ser común, ni habitual.

La puerta la abrió el propio Edwin y en un gesto de educación o de miedo, dejó pasar por delante a Espiniella, que se adentró y lo dejó solo en el umbral.

Cuando penetró dentro del salón de la casa, ya traspasado un pequeño recibidor, el olor que le sobrevino, era el de una humedad notoria por el frescor del tiempo, al no tener calefacción aquel recinto y ademas una emanación que normalmente destilaba Irene. Con lo que se aferró a mirar sin detener la mirada en parte alguna, ya que la iluminación que prendieron al acceder al piso, era de escasa potencia y dificultaba el ver a simple vista los objetos.
La persiana que daba frontal al entrar, la subió Espiniella, manifestando a Edwin.

__ No se apures amigo, yo te guio. Fui uno de los agentes que hizo la intervención y sé como está casi todo. Inclusive si me preguntas por ella, en anónimo te diré como la encontramos. ¡Claro si te ves con fuerza de escucharlo!

__ Gracias, Espiniella yo te digo en cuanto me parezca. Ahora permite que tome frecuencia, o sea que atine en este lugar, que hace más de quince años no visitaba y como podrás comprender, fue de una forma tan distinta, que me confunde y me provoca una desorientación manifiesta.

__ Lo comprendo y vislumbro. Tú mismo y ya me preguntarás si crees pertinente.

Aquella sensación de ser abrazado por alguien que no se veía; no se dispersaba, diluyéndose en el espacio y el lugar. Como si un ser o espíritu fluyera por el ambiente, queriéndose hacer notar y en ocasiones estremecer al afligido Edwin
Todo lo contrario a no apercibir sucedía en aquel perímetro. Fue “in crecendo” a medida que los oídos le chirriaban de forma sutil, como un bordoneo de viento en calma que le iba exhortando donde debía poner la vista y llevar las manos.

En un principio fue pasando de estancia. De una a otra, sin control, queriendo tropezar con algo familiar, algo que fuera directo, que de una forma clara, le despertara de un sueño. Le dijera que es lo que había pasado en aquel habitáculo, en los últimos dos meses y de qué y como había perdido la vida.

El efluvio del ambiente, se fortalecía según donde se acercaba Edwin, denotando que de un momento a otro iba a aparecer Irene, y le iba a preguntar sin mas.
Una vez tuvo el norte de donde estaban situadas las estancias, comenzó a preguntarse para sus adentros que es lo primero que necesitaría para poder darle descanso a Irene.

Saber si tenía póliza de defunción, algún seguro de vida, la cartilla de la seguridad social, la libreta de ahorros de su banco.
Encontrar determinado teléfono de amigos que pudiera llamar para decirles sobre el suceso de Irene, y a la vez preguntar si es que sabían algo, tenían idea de sus últimos deseos. Conocer si era preciso dirigirse a alguna otra parte, para poder discernir algo mas de aquel completo y delicado crucigrama.

No sabía por donde empezar y al pronto fue a la mesilla de noche de la difunta. En el cajón esparcidas halló un sin fin de pastillas mezcladas y difíciles de denominar, ya que sueltas sin la caja estaban entre los pañuelos moqueros. Dando una sensación de ser ingeridas a pares, o cuando menos con frecuencia.

Sobre el respaldo de una silla de la habitación, pendían dos pechos de silicona muy reales, un viso transparente blanco encima de la cama y dos prendas íntimas que arrebujadas dibujaban una imagen bastante desconcertante.
La practica totalidad de la habitación revuelta, sin ni una joya, ni un reloj de pulsera, ni cualquier anillo de metal.

Siendo ella tan sumamente presumida y yendo casi siempre cargada de pulseras, cadenas, atavíos y medallas de primera calidad.
Entre sus cachivaches solo había desorden y desconsuelo.
La cama una moderna de esas que el somier es de los articulados eléctricos, que tanto alzan los pies, como el cabezal, extendiendo un badén profundo en la parte central del mismo, para que descansen de las caderas.
Con los ropajes medio caídos y dando una imagen de in pulcritud normal, después de tantos días como se habían sucedido con un cadáver inerte.

Dentro de un apartado de la librería, encontró la tarjeta de la seguridad social, unos informes de los últimos análisis que se había realizado, y en el margen derecho de la misma, los papeles del banco, detalles, cuentas corrientes y devengos en las diferentes entidades de la ciudad.

En cuanto a seguro de defunción no pudo encontrar absolutamente nada. Lo que hacía prever que darle descanso a la señora Irene, no iba a ser por lo menos cómodo, ni fácil, dadas las expectativas que demostraba una de sus hermanas.
Espiniella le ayudó a recoger, todos los efectos y carpetas necesarios y salieron del apartamento sin mediar palabra, hasta que llegaron a la puerta de la casa, donde el agente de la policía le dio idea de lo que debía hacer en principio y donde dirigirse, para que la pudieran incinerar.










miércoles, 8 de noviembre de 2017

Resumen_ ...De un tirón arrancó el escote

__ ¡Habla, que es lo que no nos has contado!

La atacó y golpeó de nuevo. Abusando desde el bajo vientre hasta el cuello con el cañón de un revólver smith-wesson. Presionándole con saña, para generar terror con la garganta del arma.


Germinando un dolor espasmódico irracional al pecho y estómago de la mujer, consiguiendo que se orinara. Precipitándole en su confesión inesperada, de forma brutal y salvaje.

Buscó los documentos, que encontró dentro de la caja fuerte, abierta en condiciones de premura por Mila, asestando a su vez, trato de extrema dureza.

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De un tirón arrancó el escote


El ayudante del sommelier, les invitó a que decidieran que iban a tomar de la carta que tenían al abasto para poder satisfacer su apetito.

El vino que les recomendaba aquel empleado no era cualquier cosa.
Un Rioja de mucho prestigio y miga, cosecha de los sesenta. Servido unicamente a aquellos, que en principio poseían un paladar exigente, exquisito y en segundo orden, una cuenta corriente repleta de grandes dividendos.

Celebraron el encuentro, con una magnifica comida y, con una amena conversación ajena a negocios y entresijos burocráticos. Hasta quedar totalmente en acuerdo y cerrar la negociación, por estar finiquitada de antemano.

Desvinculando desde ese momento, al “Team catalán” del equipo de Miami.
Los tres que habían pertenecido desde los inicios en Barcelona. Nayim, Irene y de la propia Mila. Dejando el negocio en sus manos.
Pasando la propiedad, la administración y el desempeño a los residentes en Estados Unidos, representado por los señores; Rocco y Jason de la República Dominicana.

Una vez traspasados absolutamente todos los detalles, Jason entregó un atadijo, traído en aquel instante por el servicio del hotel a petición suya y que a su vez ellos guardaban. Etiquetado a nombre de Irene y se excusó con Mila, con su parla acompasada.

Notificándole que sería su compañero, Míster Rocco, el que recogería los documentos y el presente que Irene le había reservado.

__ Mila__ siguió diciéndole al secuaz__ Le participo que a partir de ahora mi socio Rocco, se hace cargo de todo__ Se miraron los tres al mismo tiempo y siguió declarando Jason.

__ Ha de excusarme, tengo una comprobación vital que hacer.
Un compromiso en la ciudad con una vieja amistad y no me será posible acompañarla. Un placer conocerla, apenándome no poder seguir en su entorno.

__ No se atolondre, lo comprendo__ apostilló Mila sonriendo a desgana.
__ Para esa gestión__ atosigó Jason, mostrando su dentadura__ y quizás alguna mas, perfectamente la hace Rocco ¡Vaya con su Diosito y que no la abandone!
Se despidieron desde la puerta del salón central del Ritz.
Jason partió en un taxi hacia sus quehaceres y Mila arrastró a Rocco sin demasiada insistencia, hasta la habitación once del piso sexto del hotel.
En el ascensor no se miraron a los ojos. Parecía cocerse algo insólito.

El botones del ascensor, sin quitar la mirada del escote de Milagros, pudo advertir que se mascaba algo más que una tragedia y al llegar a la planta les despidió, viéndoles partir hacia la izquierda buscando la seis once.
Milagros abrió la puerta, mediante su tarjeta magnética, y dejó atrás al amigo, que la seguía, aromatizado por el perfume bien oliente, sin mediar palabra.

__ Rocco, quieres una copa, ¿antes que te entregue los documentos?
__ ¡Quiero lo que me ofrezcas! … ¡A tu gusto!
No tengo prisa y ahora estoy en muy buena compañía a tu lado, como para que me mandes con excusas de mujer tímida, escaleras abajo, con un maletín y un paquete regalo ¿No crees, mijita?
Ella, sin responder a tanto palabreo, se limitó a decir__ ¿Bourbon?

__ Por favor, doble... veo es Jack Daniels, el que suelo beber__ le anunció Rocco, despojándose de la americana que dejó caer sobre el sofá de la suite. Al tiempo que le hacía una pregunta.

__ ¿A que te vas a dedicar ahora mi niña? ¿Te han dado la libertad esa pareja de ancianos?

__ Seguiré, en el mundo de la moda, por supuesto. Narciso, sabrá dónde situarme y si no es él, será su mujercita, que tampoco está falta de dólares.

__ ¿Su mujercita? Ni modo ¿Y tu protectora? Tu “Sirene”, ¡Vamos, Irene!, como tu sueles llamarle__ le inquirió Rocco, como si supiera algún detalle, o desconfiara de algo de pronóstico.

__ ¿¡Que pasa.. te olvido!? La mamacita.

__ ¡No es eso! ... pero ella... ¡Ya está frita!

Llevándose las manos a la boca instintivamente. Se delató así mismo
Se le había escapado a Milagros, aquello que Nayim, le había confesado y que de momento era privado. De dominio de muy poca gente y, que Rocco, un experto homicida, le había sonsacado de forma unilateral.
Comprendiendo ahora Rocco, “el cómo y el por qué” se deshacían de semejante chollo. Con tan pocas premisas a cambio y de un negocio tan “fabrica euros”.

__ ¿Frita Irene?, ¡Que me dices!

No dio tiempo a ninguna otra reacción. Se levantó de la butaca con un brinco espeluznante y atacó a Milagros sin más, con un chorro de tortazos. Arrancó de un tirón súbito el escote, dejando los pechos al aire de aquella asustada hembra.

__ ¡Habla, que es lo que no nos has contado!

La atacó y golpeó de nuevo. Abusando desde el bajo vientre hasta el cuello con el cañón de un revólver smith-wesson. Presionándole con saña, para generar terror con la garganta del arma.

Germinando un dolor espasmódico irracional al pecho y estómago de la mujer, consiguiendo que se orinara. Precipitandole en su confesión inesperada, de forma brutal y salvaje.

Buscó los documentos, que encontró dentro de la caja fuerte, abierta en condiciones de premura por Mila, asestando a su vez, trato de extrema dureza.
La acarreó hasta el baño de la habitación mientras le arrancaba la ropa de cuajo, sin desabotonar quedando aquel vestido ancho y largo, hecho jirones.

Los pómulos de su cara, ahora desfigurada de los dos ganchos secos que le anticipó, manaban sangre a barullo desde la nariz herida y rota.

Tirando de la cabellera la arrastró hasta el interior del amplio lavabo y desnuda, le anudó las dos muñecas con el raso del vestido, para colgarla, por ellas en el arrecife de un toallero de la pared, cual vaca preparada para ser sacrificada.

Rocco, marcó desde su teléfono móvil, un número y cuando descolgó se limitó a decir__ ¡Saben que está muerta! Estoy haciéndole confesar para que me cuente y ver que más esconden. Actúa rápido y no falles ¡Sabes lo que hay que hacer!









martes, 7 de noviembre de 2017

Resumen_ Sin vida, sobre el colchón

Descendió con el montacargas desde la planta sexta, hasta llegar a la zona de bienvenidas en el magnifico restaurante del Gran Hotel Ritz, donde apareció majestuosa.
Con un vestido abierto y claro, anchuroso que dejaba pasar el aire perfecto que se recibía en aquel perfumado ambiente.

Al llegar al borde del perímetro del restorán, los comensales la vieron llegar e imaginaron por su garbo, que se trataba de ella. Mila.
Se levantaron de sus aposentos para recibir a Milagros, a la vez que se la comían con furtivos ojos de lascivia, tratando de disimular la reacción erótica que les había iniciado en aquel instante.



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Sin vida, sobre el colchón

Descendió con el montacargas desde la planta sexta, hasta llegar a la zona de bienvenidas en el magnifico restaurante del Gran Hotel Ritz, donde apareció majestuosa.
Con un vestido abierto y claro, anchuroso que dejaba pasar el aire perfecto que se recibía en aquel perfumado ambiente.

Al llegar al borde del perímetro del restorán, los comensales la vieron llegar e imaginaron por su garbo, que se trataba de ella. Mila.
Se levantaron de sus aposentos para recibir a Milagros, a la vez que se la comían con furtivos ojos de lascivia, tratando de disimular la reacción erótica que les había iniciado en aquel instante.

Saludó abiertamente, sabiéndose deseada y apetecible, observando a los dos esbirros, en que forma les podía llegar a reconocer mejor y deleitar con su presencia.
__ Buenas tardes señores__ dijo Mila, contemplando a Jason y Rocco, a los cuales no conocía personalmente, pero que imaginó sin lugar a equívocos, cual era cada uno de ellos, por referencias que le había dado Irene.

Jason en sus días, vivió con Irene de forma reservada y muy escondidos un idilio, corto pero intenso y emotivo en Santo Domingo, que a ella le había dejado mella espiritual y sin lugar a dudas sensual.

Por ser un hombre, completamente inverso a Nayim, del cual quedaba satisfecha, tras celebrar aquellas noches diferentes y brutales de pasión y sexo.

Mila a la par que pensaba aquello, y sin descubrirse siguió sin ambajes con las presentaciones después del inciso de memoria que tuvo al conocer a los enviados.
El más joven se acercó a ella, simulando ser un hombre entrañable y refinado. Hizo un gestual clásico, para besarla en las mejillas y presentarse como__: soy Rocco.

Estampa cuidada de hombre no mayor de treinta y cinco años que le hizo la primicia a su compañero Jason.
También se acercó a ella y le apretó sendos brazos mientras la besaba en las dos mejillas, unos mimos que no tropezaron ni contactaron con la dermis de las dos mejillas de la guapa mujer. Quedando al aire, sin caer en destino definido.

__ Usas el mismo perfume que Irene. ¿Verdad cielo?
__ ¡Uf!.. que observador, eres. ¡Esos detalles me encantan en un hombre!__ rieron los dos y se cruzaron un mensaje subliminal, que los demás no advirtieron.
Jason, superaba los sesenta años, aunque se mostraba muy atlético, aseado y cuidado. Mostrando su corpulencia.

__ Bien señores pues yo soy Milagros Lucrecia García, la adalid de Narciso Yates Imperial, el que ustedes conocen y han realizado toda la clase de tratos para llegar a este punto ¿Verdad?__ Haciendo un gesto corporal inadvertido, para dejar marcadas y pronunciadas sus caderas.

Mostrando descarada y visiblemente sus glúteos.
Un paréntesis trasero perfecto, a los ojos de aquellos hombres, que lo contemplaron con una delectación comedida antes de continuar ella misma, en el uso de la palabra sin inmutarse.

__ Según me comentó Narciso; no hace demasiados días, ustedes venían a tomar el timón del negocio y simplemente necesitan los poderes y documentos acreditativos para emprender la continuación de lo que ya funciona__ Sentenció Mila con voz de persuasión bobalicona.
Uno de los adquirientes, interrumpió, de forma educada y con una pausa de advertencia, se hizo escuchar.

__ Estamos de acuerdo hasta ahí__ dijo Rocco, muy interesado__ y a su vez entender que han recibido los dos talones por valor de cien mil euros, que finiquitan el pago del traspaso y despedirnos tanto de Nayim, como de su socia doña Irene, que siempre tuvo con nosotros un trato cortés y especial.
Sobre todo con mi compañero Jason, que lo tenía completamente acaramelado y bebía los aires por ella__ acabó diciendo en verba muy dulce el joven Rocco.

__ Es cierto__ tomó la palabra Jason__ De hecho le he traído un presente de nuestro terrenito; de nuestra República Dominicana, para doña Irene, que me encantaría poder entregárselo en persona y ver cómo le sienta puesto. ¿¡Si es posible!?__ siguió argumentado__ en caso contrario dejárselo a usted, para que se lo entregue de mi parte.
Mila, no quiso decirles a los caballeros que Irene, no estaba viva, puesto que aún nadie sabia nada de la desgracia.

A excepción de tres personas: Palmira, Narciso y ella misma.
Irene seguía tendida sobre su colchón.
Ella si conocía el punto y, sabía la noticia; porque Nayim se lo había adelantado en el desespero de encontrar una copia de las llaves de su casa.

__ Pues no va a poder ser__ anunció Mila, azogada__ ambos están de viaje__ mintió mirando al suelo, para que no le reconocieran la mentira__ y no se encuentran en Barcelona, sin embargo tengo un encargo de Irene__ le comentó Mila__ Muy preciado para usted, que le otorgaré al mismo tiempo que los documentos y poderes de este negocio, después de la sobremesa.

Los cuales tengo depositados en la caja fuerte de mi reservado en este hotel, para transferirlos con mucho gusto.

El amigo Jason se miró a Mila, desnudándola con su fantasía y la degustó con la imaginación, sin gesto alguno y anunciando al punto.

__Con mucho gusto recibiré ese presente.










sábado, 4 de noviembre de 2017

Resumen de Cintura, cadera y senos




En el hotel Ritz de Barcelona, Mila había despedido a Narciso, tras la urgencia que éste presentaba por ir a poner la denuncia a la comisaría y ella, se preparó para recibir a los dos abanderados Dominicanos, que la visitaban en pocas horas. A fin de traspasar el negocio que dejaba Nayim definitivamente.

Cuando recordó en sus adentros a Irene, su protectora desinteresada, una persona que siempre la respetó y acogió en los omentos más delicados de Milagros, cuando no sabía donde ir ni a quien acercarse. Portándose con ella, mejor que si hubiera sido de la propia familia, facilitándole favores y prebendas intentando establecerla en el nuevo mundo real, el honrado. Donde ella trataba de integrarse.

Irene, que llegaría a ser su valedora, en momentos de crisis emocional y pecuniaria. Franqueándole muchos refugios y quitándole de muchas adversidades por el mero hecho de ser una mujer desorientada que siendo agradable, cercana y sincera llegó a estar por méritos propios bajo el cariño y afecto de su mamita “Sirene”, como le llamaba con tanto respeto.

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Caderas, cintura y senos



En el hotel Ritz de Barcelona, Mila había despedido a Narciso, tras la urgencia que éste presentaba por ir a poner la denuncia a la comisaría y ella, se preparó para recibir a los dos abanderados Dominicanos, que la visitaban en pocas horas. A fin de traspasar el negocio que dejaba Nayim definitivamente.

Cuando recordó en sus adentros a Irene, su protectora desinteresada, una persona que siempre la respetó y acogió en los momentos más delicados de Milagros, cuando no sabía donde ir ni a quien acercarse. Portándose con ella, mejor que si hubiera sido de la propia familia, facilitándole favores y prebendas intentando establecerla en el nuevo mundo real, el honrado. Donde ella trataba de integrarse.

Irene, que llegaría a ser su valedora, en momentos de crisis emocional y pecuniaria. Franqueándole muchos refugios y quitándole de muchas adversidades por el mero hecho de ser una mujer desorientada que siendo agradable, cercana y sincera llegó a estar por méritos propios bajo el cariño y afecto de su mamita “Sirene”, como le llamaba con tanto respeto.

Fue su “Sirene”, la que se brindó, al recalar en Barcelona, a ofrecerle amplio amparo. Prohijada por su gran amiga Pupi, aquella cubana, tan sensual y sandunguera, que así se lo había solicitado.

La misma que dirigió a Mila, a casa de Irene, sabiendo que ésta la acogería si se presentaba en su nombre y bajo su responsabilidad.
Cobijo que le ofreció en su propia vivienda. Habilitándole una cama en la dirección de la calle Serrer de Neres. Apartamento habitual de la señorita Delapeire.
Milagros había recalado en la ciudad, prácticamente en la inmundicia.
Hasta que no la recogió Irene, era carne de cañón y sin conocerla, le brindó acogida, tan solo por indicios que Pupi, le adujo.

Iba tan desaliñada, sucia y hambrienta, que parecía fuera otra clase de gente. Simulando ser un espécimen desalmado, una mujer de esas que simulan lo que realmente no son. Un cuerpo olvidado, que se mantuvo pidiendo limosna, hasta que dio con la que sería realmente su “Sirena”.
Recalando en el país un año y medio antes procedente de Colombia.
Camuflada con papeles falsos, dentro de la trama de un negocio oscuro, que administraba Nayim, y los amigos de Miami.

Negocio del que ahora, se quitaba de encima, o por lo menos lo intentaba el propio Narciso, por no estar en su mejor momento. Ni estar en la mejor forma física y, además no contar con la salud y el genio, necesario para todos esos meneos.
Huía de de una ciudad preciosa perteneciente a la Guajira, escapando de un cruel marido. Un tipo malhechor, brutal con su gente.
Traficante de narcóticos y a la vez sicario de uno de los “Cárteles” de la zona de Medellín.

Con lo cual harta de pasar penurias, palizas y vejaciones y ayudada de su carácter tenaz, contactó con unas amistades de Santa Marta, que a la vez conocían a Nayim, por el trapicheo de tantos negocios turbios entre ellos. Los cuales la hicieron desaparecer para traerla a España.

Dentro de su particular programa de tráfico de personas sin papeles hacia Europa.
Milagros Lucrecia, una mujer entrada en los cuarenta años, airosa y seductora, con estampa de actriz de vodevil. Sin bochorno en marcar caderas, cintura y mamas, que le hacían poseer una donosura vistosa de un tono endrino.

Atraía y embelesaba, a todos los vanidosos y engreídos caballeros con que tropezaba, dejándoles una mácula indeterminada.
Preparada para cualquier alteración que la vida le pusiera por delante, por muy intensa y corrosiva que fuera.

Una hembra valiente que no conocía el riesgo, completamente natural, sin prever el peligro, ni tener susto por su futuro.
La prudencia, el vaticinio, el recato, la previsión, se la enseñó Irene, que le tomó además de mucho afecto, cordialidad.

Regalándole muchas de las prebendas que ella poseía y ofreciéndole lo primordial, cuando estás sola y desamparada. Un consejo adecuado, un cariño verdadero y un apego familiar.
El servicio de recepción del hotel, volvió a interrumpir el sosiego de Mila, advirtiéndole que las visitas que esperaba, estaban en recepción esperando su presencia, para ir al salón comedor a almorzar.

Gesto que Milagros, había preparado de antemano.
Obsequiarles con un buen recibimiento y un refrigerio, mientras dejaba el negocio en sus manos.