sábado, 27 de mayo de 2017

La influencia sexy de Irene



Acabó en la cama, en el hotel donde se alojaba Narciso, pasando una frenética noche, sin sueño y con un desatado sexo, olvidándose del mundo.
Él de su mujer y ella de sus dos hermanas, profundizando en los placeres de un encuentro inesperado y a la vez sensitivo.

Narciso recibió las mejores carantoñas que existen en los manuales de sensualidad, esas que aunque no se expliquen, las mujeres conocen solo por su intuición fisiológica, clarividencia y grado de arquitectura de sus cuerpos.
Dejando al rompe corazones de Nayim, ensimismado y con ganas de volver a enredarla.

Esos momentos de pasión les mantuvieron a los dos, alejados del tumulto por mas de dos jornadas. Sin salir de la habitación del Hotel Saratoga, a base de sales minerales, ensaladas, agua y mucho ritmo, para volver a interpretar aquel conocido meneo estelar.

Detalle, que las hermanas sabían, al descubrir una nota aclaratoria, en la almohada de su cama, que les informaba que no la esperasen, que volvería pronto.
Comenzaban a estar histéricas por la tardanza o prolongación de aquel sexo que imaginaban iba a descubrir Irene. La hermana mediana, muy envidiosa, desde nació le tenía ojeriza.

No lo superó y la mantuvo fuera de la educación y de las normas.
No pudo soportar aquella influencia sexy de Irene, no le sentó nada bien, ya que ella misma le había echado el ojo al empresario para ser, la que se lo follara y comenzar con él, un bascoso cambalache desmedido.

Enamorarle y sujetarlo como ella acostumbraba a retener a todo el que se le acercaba sin conseguirlo.
Nayim estaba ya demasiado embebido por los frutos que Irene, le había dispensado. Proyectando los deseos de Mari Pili, de nuevo al cubo de los detritos; como casi siempre que pugnaba con Irene por un hombre. Sin remisión y fuera de las posibilidades de éxito.
En el retorno de aquellas vacaciones, Irene ya propuso de forma imperativa, su emancipación, su inminente desvinculamiento radical y sin demoras del hogar maternal.

Entonces ya, el enredo con Narciso tiraba con fuerza y no pretendía en ningún modo echar la marcha atrás. Imposible.
Cuando ella comenzó a trabajar en su inicio, se colocó en la Feria de Muestras de Barcelona y hacía sesiones publicitarias, de calzado, alimentos, productos de belleza. Empleo que sustentaba hasta que encontrara uno nuevo, que le supusiera mejoras susceptibles y el que en un principio le permitiría hacer su vida independiente.

Era una mujer con luz propia, una hembra lucida y hermosa que atraía a la gente con su atractiva impronta luminaria, teniendo que observarla sin cejar, para quedar satisfecho.
Entonces decidió seguir hacia adelante y cerrar la puerta del pasado. Siempre pensó <>.

Había dejado su casa maternal, con sus hermanas y sus padres, en una barriada muy agradecida de Horta, en unas viviendas muy entrañables. Las del Turó de la Peira. Donde transcurrió toda su infancia.

El hábitat con su familia, se hizo del todo imposible.
Irene no le podía poner cadenas a su futuro, aunque este fuera incierto, debía ser ella la que se enfrentara a su destino.

No escuchó los consejos de su madre, que le advertía que se trataba de un hombre casado y le podía pasar de todo.

Su padre, Antoine, ya vivía en otro mundo hacia años, sin participar activamente en las predicciones de aquella familia, aunque por dentro, no paraba de sentir aquel dolor que sufren los que intentan fingir que nada les importa. Sus disconformidades las solucionaba jurando en hebreo y mentando de forma soez a la Virgen.





viernes, 26 de mayo de 2017

El permiso de joder



Los agentes de la brigada, estaban tirando de una prueba, que de momento no les llevaba a ninguna parte, poniéndole una especie de cariño y atención inusual a la persona de Narciso, sin que este se pudiera percatar, que lo estaban vigilando desde una distancia prudencial.

Por su parte Nayim acojonado por la calma y por como se desarrollaban los acontecimientos, no dejaba el perímetro para observar si después de su denuncia, alguien tomaba interés y comenzaban a venir al domicilio de Ferrer de Blanes, autoridades para subsanar y rescatar ese cadáver que cada día que pasaba, más le dolía. Familiares de la finada, una vez enterados de la muerte y de todo el asunto pudieran haberse compadecido de ella. Amigos, colegas de sus viajes, gentes apegadas del gimnasio, y vecindad. Nadie, según criterio de Nayim, parecía estar dispuesto a actuar.

Detalle que a los policías no se les había pasado por alto, sumado a unas cuantas incongruencias habladas o dichas en el momento de la denuncia, que la propia comandante de puesto, creyó oportuno averiguarlas, o por lo menos investigarlas con un poquito más de atención.

Unas fotos impresionantes se habían hallado tras un cuadro del comedor, que tenían unos datos, que la propia policía de Barcelona, los investigaba desde un tiempo, no lejano pero si, relativo a unos movimientos criminales, de rutas fantásticas de personas desaparecidas, drogas de diseño, cultivo en los aledaños de la ciudad y sendas denuncias y relaciones con dos capos ingresados en la cárcel modelo de Barcelona.

Datos que relacionaban unas cuentas opacas en la Banca de Marsella, a nombre del matrimonio de Narciso y Palmira su mujer, fuera de la frontera, que contemplaban unos capitales descomunales con unos movimientos sospechosos, no acordes ni con la propia facturación que él generaba con su negocio, ni siquiera añadiendo los sumandos de Palmira, su mujer, la cual tampoco estaba descalza de posesiones, misterios trampas y dinero.

Nayim conoció a Irene, en el año 1978, en la Majórica Factory Shop del Municipio de Manacor, Mallorca. En unas vacaciones, más que de recreo, en unos momentos de esconder capital como fuera, casi huyendo de la justicia, por la acusación de fraude en una de las firmas de su cooperativa de viviendas, la cual había quebrado dejando a más de doscientos cooperativistas, sin dinero y sin piso. La culpa del amaño recayó en el entonces socio de Narciso, que es el que encarcelaron y se comió todo el marrón, mientras él paseaba por Mallorca, presumiendo de tipo, de posibles y de resultón, con su BMW coupé descapotable.

Él ya casado con Palmira, que aparentaba ser muy piadosa y frígida, voluntaria a todas las causas perdidas que hubiere en la ciudad. Aunque casi todos los meneos que se daba, los usaba para generar negocio, aparentando ser una persona mística.

Muy parecida a los flirteos de su postizo y amado esposo, joven, dispuesto con una carrera estupenda, guaperas y con un talento exquisito para las tías perdonavidas, con ganas de mucha juerga y de dar rienda suelta a su imaginación erótica.
Comenzó a cortejar a Irene, solo por diversión y aquel sustrato acabó en un amancebamiento de nueva usanza. En aquel tiempo, en la España libertada por la reciente democracia.

La gente comenzaba a abrirse en sus meneos sensuales e iniciaba una tímida querencia y anhelo, de expresar aquello que estaba dentro de sus preferencias sexuales.

El destape, el divorcio, el engaño consentido, el desnudo en las playas, la liberación de la mujer, el permiso de joder allá donde fuera, los estupefacientes, el diseño de las anfetaminas.
Irene, pasaba unas vacaciones con sus hermanas, cuando el buen ambiente reinaba entre ellas puesto que la joven Irene, pasaba por donde le indicaban sus queridas “tatas” sin rechistar.


Hasta que una noche de calentura, y de fogosidad, aprovechando que sus dos hermanas mayores bailaban con dos torneros de Cuenca, que habían conocido y que pretendían llevar a sus camas. Se fue a la playa sola y allí comenzaron los movimientos eróticos de Irene, abriéndose poco la blusa y enseñando tan solo aquella carnosidad, sin llegar a extender la teta entera, y aquel descenso de faldas, dejando la braga medio al aire, enseñando la zona, donde se recala para verter las ultimas fuerzas machistas. 








miércoles, 24 de mayo de 2017

¡La mataste tú! Nayim







La boca deforme, contrahecha, descompuesta, le trajeron a su memoria aquellos labios tan hermosos que tenia en vida Irene y que con tal gracia los batía para contar emociones y surcar cuando los estrechaba para conseguir imposibles.
Sin joyas en las orejas, ni en el cuello. Raro en Irene; sus pulseras tampoco las llevaba en las muñecas. El único detalle que brillaba en demasía a diferencia de, cuando tenía vida, era aquel angioma en forma de peca, que situado no muy por encima del labio superior a su izquierda, lo resaltaba adrede, como detalle genésico.


Milagros hacía días había recibido un mensaje en su whats, que no contestó, por estar muy ocupada y recién llegada de unas vacaciones por Miami y La Habana, periodo de tiempo que aprovechó, pasadas las fechas navideñas para ir a sus ciudades preferidas, lugares que antaño habían disfrutado con Irene, en el esplendor de sus cuerpos y sus emociones.

Era de Nayim, parecía ser muy urgente, hablar con ella en privado. Ahora que parecía comenzaba a sacar la cabeza y resolver los asuntos más agobiantes, Mila, la morena mujer espigada, le contestó muy simpática con un dibujito de esos, llamados emoticonos, que ahora se estilan por las redes y que significan “estoy medio muerta”.
Desde la terraza del Hotel Ritz de Barcelona, donde esperaba a unos amigos procedentes de Santo Domingo, con los cuales debía cerrar un negocio boyante, que les estaba repercutiendo en buenos beneficios.

No tardó casi nada en tener respuesta de su amigo Nayim, que marcó su numero de celular para hablar con urgencia con la “trotaconventos” de Milagros. Muy relajada, descansando en un cheslong de la recepción del Ritz, con una copa de ginger ale, fresca y apetecible, se dispuso a responder, no sin antes imaginar cierto mal presagio.

Milagros leyó de quien era la llamada entrante y la atendió con una voz provocativa y muy cachonda__ sabía que contestando al whats, no tardabas en marcar mi número. Eres incorregible. No tienes bastante con las caricias de Irene, o es que te ocurre un vahído de esos chungos que le dan a mi papito.
Desde el otro punto de la llamada, Nayim apresurado y con un saludo de los escuetos, sin pretensión de contestar a la punzada que le había regalado Milagros, sobre la suficiencia sensual de Irene y forzado exigió de aquella mujer una respuesta inmediata__ ¿cuanto hace que no hablas con Irene? __ piensa y contesta por favor.

__ Oye tío, que pasa, el que te la montas eres tú, que me dices, yo que sé. Después de tantos días de desconexión y playa, no he sabido nada de nadie en estas fechas que anduve ausente.
__ Por favor piensa y dime, desde cuando no hablas con ella, y desde donde comunicasteis, es muy importante para todos__ dijo Nayim
__ ¡Pero que es esto! Te ha dado el cantazo, o ha llamado a tu mujercita para decirle que hace mil años que le engañas__ ¡Joder con el menda!__ dio un respingo aquella mujer, en un tono ya no tan agradable. ¿¡A ver si recuerdo!?... Pues mira yo me fui para Miami, el día de los Santos Inocentes, que es veintiocho de diciembre, ¡ese mismo día!, desde la terminal de Barajas, nos despedimos y nos deseamos que el año nuevo fuera mejor. ¡Ese día fue! ¡¿Por qué?!

__ Sencillamente, la han encontrado muerta en su casa, hace nada y menos, habiendo estado muerta sobre su cama mas de cuarenta y tantos días. Por eso te lo pregunto, y porque tu has estado en “standby” o sea, en la puta Bábia mas de un mes sin dar señales de vida y he tenido que jugármela demasiado.
__ ¡No es posible! Mi niña querida, que le han hecho… ¡contesta depravado, dónde nos metiste hijo de tu madre. ¡Que les has hecho! Explica porque si es así, yo la sigo, ¡Verdad!

__ ¡No sigas! Por teléfono no. Nos hemos de ver, esta tarde, ¿estás en el Ritz?, pues allí me personaré disimuladamente, ¿En que habitación estás?
__ Estoy en la 611, sexto piso, pero hoy recibo a los Borinque, ya me dirás que plan ¿Como lo arreglo?
__ No lo sé, pero he de verte, y ver que hacemos al respecto de todo lo que se nos viene encima__ Adujo Nayim exigente.
__ La policía, ya sabe lo que ha ¿pasado? __ preguntó Milagros__ Tú tienes un juego de llaves ¿No? Has mirado en su casa, para ver si ha dejado pistas, documentos, fotos, grabaciones.

__ Si estuve al ver que no contestaba al teléfono, durante tantos días, y sin verla por el Seven Dir, fui a su apartamento y me la encontré muerta sobre la cama, desnuda, con un montón de pastillas desparramadas sobre su mesilla de noche, sin indicios de violencia, ni brutalidad.
__ Nayim__ exigió Milagros aterrorizada__ dime la verdad. Seguro que no la has matado tú.

__ Ni se te ocurra pensar eso. ¡Estás loca! O te han dado por allí en Miami y has perdido la vertical. Pareces mema, el que nos hayamos enrollado alguna vez tu y yo, no quiere decir que Irene, me sobrara y tuviera que desembarazarme de ella.
__ Júramelo Nayim, que no has tenido nada que ver con el asesinato de Irene.
__ ¡Asesinato! ¿Porque dices eso? Como sabes que la han eliminado. ¡Tú eres la que sabes algo más! ¿Tú ya sabes que es un crimen?, si aún están averiguando. Es que antes de marcharte a ese viaje tan casual y reservado de tantos días desaparecida, te pasaste por Ferrer de Blanes y le diste matarile fácil y cariñoso. Dándole una dulce muerte a tu amiga, dejando las huellas fuera del alcance de los de la Brigada. ¡Eso quieres decir ¡Milagros!


__ Como puedes ser tan cabrón, y tan sumamente desquiciado__ le dijo Milagros a Narciso, con asco__ ven esta tarde que ya me arreglaré con los de la República Dominicana para que me dejen libre y poder arreglar o concretar que es lo que vamos a hacer, para salir de este suceso.










sábado, 20 de mayo de 2017

Allí estaba Irene, muy muerta




El cuidado al descender por las escalinatas del metro tuvo que ser de concentración, puesto que los charcos abundaban y mezclados con la basura y los detritos hacían aquellos pasillos fueran pistas de patinaje, sin agarraderos y con un solo destino, el romperse la crisma en el mínimo despiste.

__< Pensaba Edwin, en sus adentros… encima que he de reconocerla, ya muerta, de no sé cuantos días. No sé como me sentará.
Solo y con esa pena que no me deja tranquilo, será un colapso para mi. He de reponerme, no tiene a nadie más, ha de ser una desgracia morir tan solo y tan despreciado> __ volvió a la realidad, para comprobar donde se encontraba y volvió a bucear por los pensamientos en solitario__
Además en un día triste, gris, y lluvioso, de los que valdría la pena, no intentar aventuras, por lo despiadado de la realidad>.

Al poco llegaba de nuevo a la puerta de acceso de las dependencias de la Morgue, yendo directamente al departamento de información de los sótanos y dirigiéndose a una persona, que ya de entrada al verle penetrar temeroso en el luengo pasillo, le sonrió amablemente, y con mucha educación, desde la distancia.
Antes de llegar al lugar, en el soportal, se dio cuenta del paseo habido en aquellas dependencias. El fenomenal tráfico de muertos, que peregrinaban en sus respectivas yacijas, con uno de los pies fuera de la sábana y en el dedo anular una etiqueta colgante, con una inscripción.

Todos ellos arrastrados por empleados, con una bata verde transparente, un dogal y un gorrito de nailon, en evitación de cualquier bacteria suspendida y para no tragarse nada que no fuera menester por los accesos de la garganta.
Un estremecimiento agalludo le sobrevino, antes de preguntar al conserje amable, que le hizo fonetizar su voz antes de dirigirse al informador, que todavía le miraba con aquel agrado__ Mire usted, vengo de la Ciudad de la Justicia y voy buscando a una familiar que murió sola en su domicilio, para reconocerla.

__ Lleva usted algún documento de ese difunto__ preguntó el celador y corrigió de inmediato__ o difunta, creo me ha dicho, ¿verdad?
__ Por supuesto, aquí lo tiene usted__ Acercándoselo y depositándolo encima del mostrador sin llegar a tocar el mármol, por la cantidad de barreduras inmundas y por el yuyo, que le dio al mirar aquel cristal transparente, que reflejaba debajo del propio aparador. Un manojo de etiquetas de las que van colgadas y atadas con un cordoncillo, en los dedos de los pies de los muertos.

El simpático empleado, pidiendo disculpas se ausentó del mostrador y entró en uno de los accesos de la izquierda, apareciendo de nuevo con un uniformado en verde, con gorro de plástico y protección bucal.

__ Buenas tardes tenga usted__ saludó aquel disfrazado__Soy el doctor Jacobo Merino, jefe de planta.
__ Hola doctor buenas tardes__ contestó Edwin, para seguir dando explicaciones de su causa, sin necesidad, ya que Merino le cortó para decirle unas palabras.
__ Mire usted, yo solo quiero saber si de verdad, está preparado para ver a Irene.
__ ¿Por qué dice usted eso?, no le entiendo. ¡Lo siento!
__ Pues porque Irene, ya no es Irene, a ver si me entiende. Quisiera ser muy claro, para que usted, no se lleve un disgusto, o se desplome de inmediato. En las limitaciones que se encuentra, es duro, no crea. Nosotros porque lo tenemos por la mano, pero hasta ahí podemos decir__ siguió argumentando__. Ha de pensar que lleva muchos días muerta, ya no tiene boca, ni ojos, las cejas le han caído. Toda ella es carne putrefacta.
__ Entonces doctor, para que me llaman a reconocimiento.
He de pasar por ese trance. Aunque no sea completamente encima de ella, con una distancia prudencial que la pueda reconocer y dar este trámite por hecho.
__ ¡Bueno pues! ¡Andando! __ asintió el doctor Merino. Introduciéndolo en la sala dónde estaban dispuestas las piltras, con todos los fallecidos, los de hacía poco tiempo y los que esperan actuación y diagnostico de certificación visual. Las fresqueras herméticas con los cuerpos yertos, sumamente rígidos y tiesos en demora por las diligencias para reconocerles y, los que han de ser incinerados en breve.


Todos ellos marcados con el grueso cartoncillo etiquetado, sujeto del dedo indice del pie siniestro, designando su procedencia, y descripción.
El olor era anormal para las pituitarias de los no acostumbrados y el desasosiego temeroso se adosaba al blando lienzo de la dermis, semejando un cuento del famoso Dickens.

De forma húmeda, adhesiva y pegajosa, se impregnaba abrasivo en la piel. La vista no sabía donde ir a depositarse para no tropezar con nada no esperado y de pronto, se detuvo el doctor Merino, el forense acreditado de la morgue y, desde una distancia de unos cinco metros, le indicó a Edwin, haciéndole gestos expresivos para que intentara reconocer a Irene y que le dispensara el número del tálamo que estaba amortajada, para así certificar y comprender, si la visita, realmente reconocía a quien venía buscando.
Tuvo que mirar dos veces, escrutar realmente a la media docena de muertos situados en preferente, para la autenticación visual. Estaban más que muertos, pero jamás se había enfrentado a semejante comité asambleario tan carentes y faltos de vida.

Menuda prueba para una partida, para un decir adiós a un ser querido, que no imaginaba hubiese tenido que despedirse en la forma que estaba sucediendo.
Allí estaba Irene, muy muerta. Con su conocida media sonrisa, y su cabello claro, muy cuidado, sin canas, tapaba parte de de la frente descompuesta y la juntura de lo que fue el bonito arqueo de sus cejas, ahora desfigurado, igual que los párpados desencerrados, sin dejar ver aquellos ojos tan cálidos, que Edwin recordaba y dejando entre sus pieles aquel resquicio que dibuja un sueño perdido sin retorno.







martes, 16 de mayo de 2017

Crímenes salvajes



En la primera ventana de atención al público le preguntaron mientras veían su documentación y comparaban con su persona.

__ Que necesita usted señor, quien le manda, a que se debe su visita y prestó atención para escuchar la respuesta a todo lo que había requerido.
__ Vengo de la mortuoria de Marina, Los Mossos, me llamaron la otra noche, diciendo que una familiar, la encontraron cadáver y está pendiente que la reconozcamos y a eso venía.

__ ¿Le han hecho autopsia? Los Forenses, ¿ cuando la encontraron?
__ No tengo idea, vengo de donde le digo, aunque la verdad es que la Brigada, me dijeron que estaba esperando en Marina, sin embargo; los empleados de Sancho de Ávila, han negado esa posibilidad y me envían hacia aquí, sin más preparación.
Aquella mujer policía, se levantó de su asiento y se ausentó yendo a la parte anterior, donde estaban todos los requisitos y mandos para preguntar por ese condicionante.
No tardó nada en salir, y con un movimiento de cabeza expresivo queriendo decir, __“La han cagado los de la Morgue”. Lo observó con algo de pena y le conminó, con sus grandes ojos, que la mitad de los humanos hacemos mal o a medias nuestro trabajo.

__ Vamos a ver señor__ preguntó la agente. Su familiar era una indigente, o murió fuera de su domicilio, en una situación de violencia o fuerza no natural, que tuviera que intervenir la policía local, o participó en alguna reyerta donde le dieron muerte, y ¿quedó sin identificación posible?

__ No, para nada. La hallaron tras haber permanecido muerta durante mas de cuarenta días en su lecho. Eso es lo que ha redactado el forense en su pliego de trabajo.
__ Pues me temo que habrá de volver al mismo lugar de donde viene__. Afirmó con toda seguridad, antes de despedirse y le comunicó con mucha educación y diligencia__ Espere un segundo, si es tan amable que haré una llamada de teléfono, para conformar esa certidumbre.

Siguió diciendo la mujer policía de la cabellera roja, mientras marcaba un número de la Comandancia y le conformaba acertivamente__ No es normal, que esté aquí habiendo fallecido en su domicilio, documentada y habiendo intervenido el Juez de Guardia, lo veo descabellado, pero creo que le han engañado. Hay mucha gente que no aprenderá jamás__ siguió diciendo__ Aquí solo llegan los cuerpos que encuentran abandonados en la calle, o son accidentados de tráfico sin el responsable de la causa, por muertes violentas, con sobre dosis, crímenes salvajes.

Al momento dejó de dirigirse a Edwin para hablar con su comunicante.
__ Oye sargento, el cadáver de una tal Irene Delapeire, que vienen a reconocer, igual está despistado en Marina, pues mandan al familiar a nuestras dependencias y ya sabemos que siempre hay jaleos con estas informaciones.
La muerta, la encontraron en su propia cama y… __ fue interrumpida por la voz procedente del teléfono__ Escuchó lo que le comentaban por línea interna y daba afirmaciones con la cabeza, mirando a Edwin, como afirmando lo que ya se veía venir.
Al colgar el teléfono, lo miró y no dijo ni palabra.

Ha de volver como le dije, y vaya aquí donde le indico. No se deje convencer por el primer chiquilicuatre de turno, y si es necesario imponga su verdad__ Mirándole, con cierta piedad le comenzó a instruir.

__ En los sótanos del edificio, haga hincapié en que no hay estudio realizado, por haber fallecido de muerte natural y le llevaran ante ella. Otra cosa es que después de tanto día pueda usted reconocerla. Estará completamente amomiada.
La cara de Edwin, reflejaba la totalidad del cansancio y del terror a enfrentarse con según que imágenes y consecuencias, derivadas de la poca profesionalidad de según que personas.

Hubiera dado por bueno, el doble viaje, si con esas evitara el tener que personarse frente a la difunda de tantos días, cuando él realmente la recordaba llena de vida y con el brillo de sus dientes al reír.
Agradeció el esfuerzo de la policía nacional, y confiando en que esa, era la buena, que aquella sería la definitiva, con un gesto incomplaciente volvió a la salida, por un portón diferente al que había accedido a las instalaciones del instituto forense de la Ciudad de la Justicia.


Llovía con fuerza, el paraguas aguantaba el envite de las gotas y el mojarse por completo, con ese sonido grave que emite el golpeo del agua al tropezar con la tela negra. Demostrando lo vigorosas y cargadas que llegaban desde el cielo. 






jueves, 11 de mayo de 2017

Cadáver desaparecido





__ Si señora, pero está usted segura de ello, porque el lugar no está cercano y no es plan que me hagan volver de nuevo hacia aquí, perdiendo el tiempo y habiéndome dicho y asegurado la policía de la comunidad, que el cadáver se encuentra depositado en la nevera de demora de Sancho de Ávila, por no haberle realizado el forense la autopsia de momento. Al dar en principio la causa como muerte natural
__ Como le digo valdría la pena que se asegurara y todos quedamos satisfechos__ acabó Edwin su petición sin que le escuchara, a la vez que la señora que daba las explicaciones le entregaba un documento de seguimiento, escrito posiblemente por los forenses donde relataba un algo de lo que ocurre con las identificaciones y los acuses que puede producir el hecho.

__ No ¡mire usted!, le han informado mal, ha de hacer lo que yo le digo, vaya a la Ciudad de la Justicia y pregunte allí, en recepción explicando su caso. Le atenderán y le pasaran a la morgue que es donde tienen los refrigeradores mortuorios y la neveras de prórroga. ¡Con seguridad, su familiar está allí!
Son bastante directos y no hay demasiadas esperas, ya que tampoco es ejercicio agradable ese repaso. No le puedo decir nada más a usted, como ha visto he ido a recabar información a mi superior y me ha ordenado le dijera lo que le expongo.

__ Bien pues si no me queda otra, allí voy a finalizar el trámite.
Tomó el dossier de papeles que le había entregado la informadora de atención al público y con las mismas salió a la calle, para dirigirse al metro que le aproximaría donde debía personarse. La Ciudad de la Justicia.
Llovía a cántaros, los zapatos de Edwin ya estaban mojados y resbalosos, al ser la suela de cuero, con lo que llevaba sumo cuidado en no resbalar por aquella acera de la calle de Marina, tan pringosa y grasienta para evitar un resbalón que diera con él en el piso.


Pronto llegó a la boca del metro y tomó la linea uno en dirección al sur. Los vagones a esas horas iban anchurosos incluso pudo sentarse justo al lado de la puerta del convoy, para releer aquella publicidad que le había obsequiado la persona que lo atendió en las dependencias de Sancho de Ávila.
Tomó el prospecto por el encabezamiento y comenzó a leer:

__<< Las señas para la Necro identificación, de personas fallecidas; por terceros y testigos, son la razón satisfactoria que existe o debería existir para la constatación y reconocimiento una vez están muertos.
Es la certificación más real y aproximada, hecha por un conocido, allegado o familiar del cadáver.

El escaso valor de una identificación visual deriva que en ocasiones los fallecidos se encuentran tan desfigurados por el propio mecanismo de la muerte o, por los fenómenos putrefactivos que, resulta imposible su reconocimiento, incluso por seres de la propia familia.

Además del estado psicológico en que puede encontrarse una persona, que va a tratar de identificar a un ser allegado, unido a posibles deformaciones del rostro en los muertos, por deterioro, bultos, variación de coloración, rigor de laxitud.

Hace que no sea rara la comisión de errores>> No decía más aquella información de usuario, aquella guía explicativa, que instruye a los no habituados.
No era demasiado enjundioso el texto de lo explicado, sin embargo, quedó pensativo en alguno de los puntos, de los mismos que se iba a encontrar en breve al llegar al Instituto, para poder reconocer a Irene.


Tampoco la distancia era de horas de trayecto, hizo en plaza España el transbordo a la línea F8, la que corresponde a los ferrocarriles de la “Generalitat Catalana” el famoso carrilet del baix y en nada llegó al Instituto Anatómico Forense, entrando por una de las puertas principales, donde tuvo que depositar todo lo que llevaba en los bolsillos, para que fuera escudriñado por el escáner correspondiente. Las personas tenían otro fielato, el que traspasó ayudado por los agentes de vigilancia, no sin mirarlo de arriba abajo y sin contemplaciones.





Levantamiento del cadaver








Cuando finalizó la conversación de Edwin con la Comandante Esmirna, quedó pensativo intentando cuajar algunas de las cosas que aquella policía le había comentado y que a él personalmente no le cuadraban, u otras que al volver a repasar en modo memoria, le volvieron a reproducir recuerdos que ya estaban del todo enterrados, por el paso del tiempo y porque los detalles vividos, llegan a perder importancia desde el transcurso de los años. Con todo y sin el menor esfuerzo le explicó a su compañera Eliana, las opiniones personales y los comentarios hablados con la oficiala, con referencia a Irene.

Ya eran altas horas de la madrugada, cuando se desconectaron para poder conciliar el sueño habiendo decidido, no dejar hacerse eterno aquel asunto.
A la mañana siguiente, después de acicalarse, se apresuró a llegar al tanatorio, donde le habían dicho que estaba el cuerpo de Irene, ya lívido y putrefacto.

Aquella mañana no era precisamente soleada, ni agradecida en temperatura, unos nubarrones grises azulados, los clásicos cumulonimbos mammatus, gruesos y enjundiosos, con una enorme mezcolanza entre masa de oxigeno e hidrógeno. En definitiva agua, que a la postre se avecinaba desde el este. Donde radica el mediterráneo.

Ya dispuesto para propinar de un instante a otro, aquella entraña mojada, descargando con su violencia arrojadiza, que se hizo presente sin tardar, vomitando unas gotas de agua enormes y poderosas que hacían temblar el paraguas.
En el metropolitano, Edwin pensaba, que es lo que debía hacer. Nunca jamas se había enfrentado a tal cosa.

En el devenir de su vida, con ya tantas situaciones enojosas pasadas y al comparar observó, que ninguna de ellas, comparables a la que se avecinaba.
De hecho no podía creerse todavía, que Irene, estuviera muerta, cuando __< rebuscaba en su pensar más profundo, tan solo hacia un mes y medio, bromeaba en época de navidad, que ella se marchaba fuera a disfrutar de esas fechas, que no quería estar con la familia, que siempre, hay algún trapito que te lanzan, o surge alguna discrepancia de lo ya vivido, con gente que ya no está>__. Pues ahora, debía reconocer su cadáver, le tocaba enfrentarse con el lado opuesto, con temas de muertos, asuntos policiales, gestiones desagradables, abogados quizás, o médicos forenses tal vez, en principio pensó __< para poder descansar su ingenio, en dejarse llevar y cuando llegara el momento poder ir improvisando>>.
La lluvia, llevaba cayendo sin parar desde hacia veinte minutos, aunque a él no le mojaba por el recorrido en el suburbano que realizó, hasta apearse en la estación de Marina y salir al exterior.

Con la ayuda del paraguas y durante aquel breve recorrido de espacio, se cubrió de las inclemencias, Llegando a la puerta de la morgue. No le supuso demasiado tiempo aquel trayecto, caminando desde la estación del metropolitano a Sancho de Ávila, es un escueto peregrinar hasta llegar al tanatorio del sector.
Los despachos, las colas de gentes arremolinadas, las preguntas, los... y la de cosas y nervios que tienes que tragarte, para que algún funcionario de los buenos, que los hay, te informe en condiciones oportunas y no te hagan perder el tiempo como a Edwin le estaba sucediendo.

__ Entonces usted dice__ comentaba aquella informadora __ que Irene Delapeire, familiar suyo, la encontraron muerta en su casa hace mas de un mes y viene a este lugar, para reconocerla ¿verdad?

__ Así es señora, me han dirigido hacia aquí, para que ustedes me indiquen donde debo resolver el asunto. Como le digo, este familiar mio ha fallecido hace no se cuantos días, y son los Mossos de Escuadra, los que me remiten aquí, para que yo pueda hacer la necroidentificación, o sea reconocer si es ella. Si es mi tía. La que está muerta y validarlo.
No comprendiendo absolutamente nada, aquella empleada, se levantó de su lugar y fue a buscar una mejor respuesta, para darme, cuando la averiguara.

__ Bien espere un segundo__ Aquella señora se levantó de su espacio y se prolongó la espera en trece minutos de reloj, con lo que ya veía que la jornada estaba entera dedicada a la búsqueda de Irene.

La de veces que habrán ido al mismo lugar a preguntar por la misma cosa, pero a los funcionarios los cambian a menudo de sitio y nunca llegan a saber de forma eficaz, como darnos las señas y dirigirnos hacia los lugares que pretendemos__ < volvía a pensar Edwin, ya un poco harto>, cuando veía doblar a la señora de información, con nueva y clara solución para ofrecerle, por el semblante de agrado que llevaba y muy amable se le acercó y casi en secreto por lo bajo que entonó la voz dijo con agrado y siempre observándole las manos__ Ha de ir a la Ciudad de la Justicia, al ser una muerte súbita, y haber estado tantos días en el domicilio, sin atención seguro que le han hecho la autopsia en el Instituto de Forenses, que está como le digo allá en el Paseo de la Zona Franca, en la Ciudad de la Justicia. ¿Sabe ir usted?