viernes, 13 de septiembre de 2024

Ojos que no ven...¡Chorizo que te tragas!

 












 



El teléfono de Mónica sonaba aquella tarde de viernes, enfurecido por la rara sensación que había protagonizado en el hotel Amazonas de la ciudad de Puerto Rico, donde ella presentaba su plato estrella. Mónica no levantaba el teléfono. Sabía que la estaba llamando su amiga y socia Matilde que no se cortaba ni una pizca cuando le tenía que poner las “peras a cuartos”. Al expresarle que se había pasado por su engreído carácter. El que le iba a llevar donde nadie esperaba.


Al llegar a los cinco tonos, Mónica, presionó la tecla de escucha, y sin preguntar dijo—. Se que eres Matilde y que me vas a repasar con tanta insistencia como siempre, pero no me arrepiento de lo que ha ocurrido.

Matilde le contestó sin nervios pero concisa.

 —Por mucho que disimules tienes la culpa de todo. Le aseguraba Matilde a la que creía era su mejor amiga, y la más fiel. Siguió recriminando a Mónica, con gesto de enfado, como queriendo cobrarse alguna trastada o enredo reciente.

 —Eres tan culpable, como instigadora. —siguió argumentando Matilde—. Aunque lo niegues y te cueste reconocerlo. Has de saber bien con lo que te enfrentas, porque puedes encontrar muchos problemas si ofendes a la gente, sin conocimiento de causa. Piensa que además, a las personas como tú. Encima les cuesta asumir la responsabilidad que llevan.

 

—No digas tonterías. No sabes de lo que hablas. — le reprochó Mónica, muy gastada—. Fue ella la que inició la batalla y a mí, no me gana nadie y menos esa, que se cree una princesa. — matizó la ofendida Mónica, sin creerse lo que decía.

 —No te pasas un poco, describiéndola con ese tono y ese demostrativo en forma de desprecio. “Esa”. Cuando no hace nada; compartías con ella los vestidos que lucisteis las dos en la primera comunión de vuestras hijas. Aquellos abrazos tan despampanantes, que nadie se creía y los publicitabais al mundo, para que vieran de la forma que os amabais. Habéis sido durante muchos años. Desde que cruzasteis la frontera del país y os empadronasteis en la ciudad, <Uña y Carne>. Por eso, llamarla así, no lo entiendo. Esa, como tú dices, tiene un nombre, y creo que las cosas se reparan con sinceridad. Hablando cara a cara y diciéndose lo que se piensa, pero nunca hacerlo a hurtadillas y por la espalda. Así se inician las guerras. — Culpó Matilde y siguió con su punto de vista.

 

—La mierda que habéis montado, aún se hará más lodo por las mentiras tan increíbles y poco palpables que le añades. ¿Es que te creías te ibas a quedar sin gente en tu nuevo restaurante? O es que veías peligrar tu liderazgo en la Cooperativa de Cocineros.

 

Lleva cuidado, que la gente no es tonta y se da cuenta de los movimientos raros que hacemos todos. De los generosos y de los impopulares. Acosó Matilde, ajustando la postura a Mónica.

 

—A estas alturas nos conocemos bien, y poco se puede disimular, entre la gente que sabe de buena tinta como pensamos. Te conocen y con eso te lo digo claro.

 

—Que quieres decir, con “Te lo digo todo”. —preguntó Mónica muy ofendida.

Queriendo que se lo aclarara, sin dejar pasar minuto a su amiga. Voceando desde el auricular del teléfono, al expresar sin esperarlo su interlocutora. Por la tangente, y con pocos modos. Y aún añadió un par de quejas que refrendó.

 

 —Es que tienes alguna cosa que decirme. ¡Ándele doña Matilde, sea valiente! Es que no sabes cómo hacerlo, o quieres sacarme de quicio para que te envíe donde pican los pollos. Y después tenerte que pedir perdón, como una arrepentida.

 

Matilde quiso desacelerar el canto de sirena de la afectada Mónica, que a pesar de su genio. Sabía que había fallado en su proceder. No lo había hecho con elegancia, y aquellos flecos trajeron sendas repercusiones, que enturbiaron al grupo de las mujeres dentro de la última sesión de cocineros. Asestándole un recadito, que tuvo que soportar la enfadada Mónica.

 

—Siempre me has dicho, que soy tu amiga, y que lo que deba decirte lo haga. Sin miramientos, y con más confianza si cabe, que a tu propia madre. Si con todo perjudica a tu persona…, pues mira que chasco.

Ahora que me decido y quiero alertarte de lo mal que quedaste frente al Máster de los cocineros el profesor Coreano Lyei Changaseis. Te ofendes como una colegiala, y encima crees que estás en posesión de toda la razón.

 

—Mujer no te salgas de madre y perdona—añadió Mónica—, que los abrazos y alaridos

 AyyyyyyyyyyCariño.  Que daba a diestro y siniestro. No eran sinceros, ni mucho menos.

Lo hacía de forma exagerada, para repetir la imagen que da la Madám para convencer a todos los amigos falsos que la rodean.

Dios nos libre caer en sus redes, porque saldremos indefectiblemente con los sobacos afeitados, y los pies en polvorosa. Y después, tendrá los santos gladiolos, en decir que ella, no ha sido la responsable. Echándole como siempre, las culpas a los demás.



Situación irreal, cuento 
para incrédulos.
Autor: Emilio Moreno
13 de septiembre 2024


 



jueves, 12 de septiembre de 2024

Gaznate de cuervo.

 

















Por mucho que disimules
tienes la culpa de todo.
Por tanto, tú eres culpable
aunque no dobles el codo.
 
La inmundicia se hará lodo,
por tus mentiras palpables
y buscando tu recodo.
Tomas color deleznable.
 
Cuando insultas, siempre observo,
el grosor de tu garganta.
Ese gaznate de cuervo,
que tantas veces me espanta.
 
Cuando mientes de esa forma
tu vena del cuello agranda,
crece en volumen. Se torna,
gruesa como una baranda.
 
En cuanto tenga testigos,
que quieran hacer justicia.
Recibirás los castigos
y nadie te hará caricia.
 
Si el falso, y fulero. Falta,
a su memoria y recuerdo.
El liante, siempre exalta,
y así parecer un cerdo.
 
Con ese virus sereno,
que ponzoña tu persona.
Confundes en el terreno
hasta que embriagas la zona.
 
Aunque tú te congratules
de tus acciones palmarias.
Nadie te cree, aunque bascules
Por felonías falsarias.












Autor Emilio Moreno

Septiembre de 2024.


domingo, 8 de septiembre de 2024

Entre Orihuela y Borneo.

 











No se arrugó demasiado, Elías atreviéndose a surcar los mares, evitando ser capturado por la justicia. Buscaba el asentamiento más alejado posible. Instalarse en el lugar más seguro y apartado, para rehacer una nueva vida.

La forma más sencilla en fugarse de Cádiz, era por vía marítima. Tampoco tenía opciones de poder escoger entre preferencias. Así lo dispuso y quedó presto para alcanzar el primer vapor procedente de Southampton, en el Reino Unido.

El primer navío que se puso a tiro, ya que recalaba en la ciudad, para carga de mercaderías y desembarco de pasaje. Fondeando en pocas fechas, sin dilatar el izado de sus anclas, para continuar de nuevo el rumbo hacia las islas del sol naciente.

 

Embarcaría, desde Cádiz hacia Las Borneo. Un original enclave, repoblado por una gran masa de colonos de todos lados. Donde difícilmente no pudiera hacerse entender.

Empleándose a bordo. Esperando no ser descubierto por algunos de los gañanes, que hacían lo mismo que él. Desertando de los tiempos pasados, y olvidando a poder ser, fechorías cometidas sin peaje. Buscando otra savia y queriendo encontrar un camino que le eximiera de temporadas pretéritas. Dejando atrás las trastadas acumuladas en su lugar de procedencia.

Los armadores y responsables de la contratación, solo miraban que no fueran tullidos, incompetentes y enfermos, para poder ser jornaleros en la travesía.

El resto no importaba. Ni la moral, ni el credo, ni siquiera las tendencias sexuales de los fletados. La naviera, solo quería zarpar con la carga hacia los puertos de destino y cumplir con lo estipulado, sin atender ni compadecerse de nadie.

Elías Morelo Rebollo, era hijo de José Francisco Morelo y de Doña Salvadora Rebollo. Un topógrafo dependiente de las dársenas de Cádiz, y una bibliotecaria en excedencia de la capital de la provincia.

Aquel matrimonio, dio a luz a un único hijo, nacido en el otoño del año 1859, que ahora huía poniendo los pies en polvorosa. Donde todos los indicios le apuntaban a él; como autor de los hechos.

Huido en el bajel procedente de Southampton, que partió hacia el continente asiático, una vez acabada la escala en el puerto Gaditano.

Elías entonces contaba con veintinueve años de edad, unas alforjas vacías y una salud de hierro. Se enroló en la travesía, como vulgar bastidor. Estibando fardos y mercancías para poder pagarse el viaje hacia Borneo. Camuflándose otra vez de la justicia que le perseguía de cerca y pasar desapercibido momentáneamente.

Morelos era un hombre no demasiado fornido, pero si muy inteligente y audaz, debido a la preparación que tuvo de joven, gracias a la posición de sus padres que le permitieron cursar estudios superiores, aunque jamás llegó a concluirlos.

En Palangka, se buscó la vida, como armador de una flotilla de falúas de pesca de mediano y gran calado, que hacía funcionar gracias a los indígenas de la isla. Pagándoles tarde, mal e insuficiente. Hasta que conoció a Don Mauricio de Baloto y Estepona. Un afincado diplomático allegado al plenipotenciario español en Tailandia. El cual desarrollaba negocios nada honrados, pero muy rentables para el propio embajador, y para sus devengos. Que a la postre dio empleo a Elías. Con poderes de ejecución, hasta que este: pudo descapitalizar el negocio a base de timos y fraudes. Arruinar a Don Macario, desbastar la carrera del político y hacerse dueño y señor de toda la trama del contrabando y del trato de blancas, entre Borneo y España.

Elías Morelo Rebollo, con sus gracias, su impronta, su físico y el tiempo, primero sedujo y luego contrajo matrimonio con la señorita Matilde Mojica Lledó.

Hija de Mariano Mojica y Trinidad Lledó, naturales ambos de Orihuela en España. Que llevaban unas décadas afincados en la lejana zona filipina de Cavite.

Propietarios de plantaciones de caña de azúcar, cocoteros y de inmensos arrozales. Gente venida a más, gracias a negocios difíciles de catalogar.

El matrimonio entre Elías y Ana Matilde, se estableció en Borneo, y además de generar expectativas, en aquella sociedad tan limitada, engendró a siete hijos.

Elías, Aurelio, Luciana, Buenaventura, Francisco, Carmen y Matilde.

 

Siendo Elías Morelo Mojica, el primogénito y un dechado de cultura que no se distinguía más que por su silencio sepulcral, su sagacidad y arrogancia.

Escondiendo desde mucho tiempo atrás, detalles heredados de su padre, y de su urdimbre genética. A finales de aquella época sus dotes lo dejaban a la altura de un humano extraordinario, siendo impensable admitirlo, sabiendo de la saga de la que provenía

Ana Matilde y su esposo, en su momento hicieron volver a la mayoría de sus hijos hacia el origen, a cursar estudios. Con el fin de darles además de modales, esa experiencia y tranquilidad que se nota cuando eres un ser experimentado. Aunque, la no presencia de sus criaturas, y su propio egocentrismo por la presunción, hizo regresar al matrimonio, con la tranquilidad de tener el futuro enmendado.

 

Al regreso de las Borneo, todos los hijos reciben instrucción y tan solo algunos, siguen adelante con las culturas. El mayor, el super dotado Elías, que cursa estudios de geógrafo y se licencia en filosofía y humanidades. Carrera que antaño hacía las veces del actual periodismo, se coloca con el tiempo de corresponsal de guerra en la Comandancia de Marina, y enviado a la ciudad portuaria de Cartagena.

Buenaventura, la dichosa y amorosa sagita de la casa. Es la que une y ejerce de consejera de aquellos hermanos y el estandarte de la cordura entre ellos, que cursa magisterio.

Francisco, el más vital y engreído, se matricula en la escuela Naval Militar y consigue ser jalonado y laureado con el tiempo. Llegando a mostrar galones de capitán de fragata de la Armada Española.

El resto de los hermanos no acaban de adaptarse a la España de principios del siglo XX y regresan a Borneo, procurando hallar el momento adecuado, y la coyuntura, para retornar al continente amarillo. Donde seguirán cooperando en las actividades comerciales junto a los responsables que dejaron sus padres, para conservación de los negocios.

Reactivando si cabe, en la capital de Borneo, la entonces ciudad de Palangka, los mercados que mantenían,

Motivos convulsos políticos habían conseguido deflactar el mercado, con desórdenes en todas las posesiones españolas, que por cercanía tropezaban con Borneo. Perdiendo un tanto el control y el poder del espíritu empresarial.

En aquellos años de incertidumbre tan temblorosos que se sucedieron, por cobardías y maniobras erróneas del propio Gobierno de la Nación, les llevaron a la familia a tomar decisiones erróneas que acabaron con su bienestar.

Mientras España iba perdiendo parte de las tierras, regiones, colonias, pueblos y negocios, tanto en la américa hispana como en la franja oriental asiática. Lo desperdiciaron todo, por las revueltas de los indígenas, la corrupción política que existía y de los piratas ingleses que tuvieron mucho que ver.

El primogénito de la saga, una vez bien establecido, se instaló entre Murcia y Alicante, recalando en Orihuela, que era la tierra de procedencia de sus abuelos maternos.

Averiguando detalles históricos familiares y empresariales. Estando muy interesado por la historia que le precedió.

Descubriendo el motivo del porqué su padre Elías Morelo Rebollo, salió huyendo de Cádiz, perseguido por la ley, siendo un relumbrante marino de vocación y aclarar sin conseguirlo, aquella decisión que le llevó a delinquir al dedicarse a la trata de blancas, al estraperlo y a la piratería.

 



 

 









Autor Emilio Moreno
fecha: 08 de Septiembre 2024

 

 


viernes, 6 de septiembre de 2024

Todo tiene final, nada perdura.

 



Se encontraron en el tanatorio de la villa. Había muerto una prima muy allegada de Marilia y como no podía ser de otra forma, se reunieron alrededor de la finada, casi todos los familiares y amigos.
Los hijos de Catalyn presentes. No parecía estuviesen demasiado afligidos. Igual hacía demasiado tiempo que vivían distanciados y entre ellos había dejado de existir aquel amparo de proximidad.
Catalyn, no era una mujer presumida, ni demasiado cariñosa. Con ademanes grotescos masculinizados que bordeaban el desaire. Tampoco dedicaba demasiado tiempo a su persona, ni a su puesta a punto. Se había abandonado bastante desde su divorcio y el diagnóstico de una enfermedad ósea que no le permitía moverse con facilidad.
Una mujer extraña y sin pretensiones que iba a la suya, sin preocupaciones de amigos, ni futuro. Que solía entretenerse con la lectura y el visionado de las series de televisión que programaban las cadenas nacionales.
Vivía sola en una gran casa del centro de una villa semi olvidada. Sin que nadie supiera los motivos por los que había decidido apartarse del mucho trajín que tenía en sus años mozos. Bastante antes de que nacieran sus tres hijos. Dejando una vida ajetreada y diversa, con una ocupación profesional, bastante apetecible.
De la noche a la mañana, a todos sorprendió con su divorcio, y dejando la ciudad, se alejó de lo que para ella era primordial y arrastrando a todos sus hijos a una zona desprovista de comodidades.
A tenor de lo observado, llevaba una vida ordenada y selecta, sin demasiados atavíos, con un control de su gasto exacto. Facilidad que le ofrecía ese modo vivendi, ya que no se le conocían empleos desde que traspasó la boutique que abrió para intentar acomodarse algo mejor de lo que le permitía la pensión que le pasaba su exmarido, por el gasto y manutención de los tres hijos habidos en su matrimonio y que todavía eran menores de edad.
Ahora vivía a caballo entre la paciente ruralidad y el desenfreno del gentío en la gran urbe.
Perkins se había enterado de la muerte de Catalyn, por medio de un conocido común, que a la vez era el director del centro de recuperación y masaje al que asistía en su ciudad de origen, y este por mediación de una empleada del dispensario, que a la vez era amiga de la finada, supo de la inesperada noticia.
Un suceso imprevisible, una pérdida vital, bastante acelerada y de sopetón.
Ya que ambas la noche anterior habían cenado en el restaurante de Paco Bestias y una vez comenzó la digestión, Catalyn comenzó a tener molestias, por lo que su amiga la llevó a urgencias y de ahí jamás salió caminando.
La difusión del suceso, recorrió vía teléfono a su familia y allegados. Dejando una profunda decepción por la pérdida de una persona que como aquel que dice, comenzaba a disfrutar de sus nietos y de su vejez, rodeada de conocidos y allegados.
Los que dispusieron darle la despedida en aquella mañana de domingo destemplado y falto de luz, debido a la Dana que se aproximaba desde el Atlántico, se reunieron con dolor alrededor del pasillo donde están ubicadas las celdas de espera de los difuntos.
Perkins se encargó como lo manda la coherencia y la amistad, en dar la noticia a todos los amigos que tenían en común.
Recordando aquel viaje que hicieron hacía ya mas de cincuenta años, en una furgoneta Ford-Ebro del año sesenta. Al pueblo donde precisamente Catalyn residía, sin empadronarse, por aquello de la desconfianza en las instituciones. Las visitas médicas y el hospital, carentes en el pueblo de residencia. Distancias exageradas con la modernidad, y sobre todo la falta de cordialidad en gentes desconfiadas que la rodeaban. Detalles importantes que no son desapercibidos por el recién llegado, y que sufren algunos de los que se afincan en la zona procedentes de otros lares.
Pormenores que no dejan de ser “pormayores”. Plenos de importancia para los ofendidos.
Circunstancias éstas, como otras que no estaban solucionados por estar dentro de lo que se llama la España vaciada.
 
Aquel recordado viaje de su juventud, le sobrevino fulminante, porque casi el cincuenta por ciento de los acompañantes ya no estaban en este mundo.
Fue donde conoció a Catalyn, entonces una niña. Viajaban nueve personas de las cuales contando una a una. Tan solo quedaban con vida cinco de ellas.
El matrimonio de Josef y Mara Clair con el tercero de sus hijos Stephan, ya eran difuntos, y ahora se sumaba la desorientada Catalyn.
Por tanto, mantenían la apariencia y el jadeo, Louis Silveti, el conductor de aquella aventura y allegado de aquella saga. Marco, Marilia y Elia, hermanos y también hijos del matrimonio anunciado.
Las dos personas ajenas a la familia eran Perkins y Louis, los que cerraban aquella travesía y daba pie a evocar aquel recuerdo. 
Louis, bebía los aires por Marilia, y estaba en el compás del tonteo feliz. Ese que los seducidos usan para evidenciar que sueñas y deseas. Ese meneo dudoso e impropio de te lo digo, o me lo callo, “pero me gustas”.
Aunque Marilia, no podía darle lo que pretendía ni a lo que aspiraba. La espigada joven Cartwright, saboreaba las brisas de Helena, persona con la que compartía deseos, gustos, risas y sexo y que a su vez el ingenuo de Louis desconocía.
De los cinco supervivientes, tres eran hermanos y solían verse con frecuencia, por tener una relación cercana, pero tanto Louis como Perkins, habían montado sus vidas muy lejos de donde ellos residían, por lo cual, tan solo se veían en sepelios y a veces ni eso.
Había pasado demasiado tiempo, para que la relación distanciada mantuviera aquel cariño que en un día se profesaron.
Aquella mañana de sepelio en domingo cuando Louis y Perkins, se encontraron con los hermanos Cartwright, quedaron perplejos por como devana el tiempo a las personas.
Ya no eran los mismos de hacía sesenta años. No se conocían. Aunque es cierto, que duraba aquel calor, aquel recuerdo de la infancia, de los buenos ratos pasados por cierto inolvidables que perduraran hasta el final de sus vidas.
Se saludaban por el calor que tuvieron en otro tiempo, pero ya nada les era común.
Ni tan siquiera lo que en su día compartieron.
 
 
 



 
 
 


sábado, 31 de agosto de 2024

Inclemencias y rigores.

 









 

Estrujaba el calor en aquella urbe, donde jamás habían sufrido los arduos y falaces rigores de las destemplanzas atmosféricas. Extraordinarias por lo crudas e inclementes que se manifestaban en el ambiente y acopiadas por el termómetro.

Asombrosas por desconocidas en aquel tiempo, y nada corrientes.

Es verdad, que durante el día el sol oprimía con desaliento y crueldad. Dejando tomar color a los bañistas, permitiendo disfrutaran de una naturaleza con un comportamiento antinatural. En el río de la localidad, se disfrutaba con denuedo, porque el agua que arribaba de las montañas, carecía del fresco de otras épocas y beneficiaba a los que se amorataban por el frío de la corriente.

Ni una gota de agua de lluvia, se preveía en las próximas semanas. Declarándose un verano peligroso, para personas delicadas, ancianos y niños, por aquel ruido y las repercusiones que dan los golpes de calor.

Los viejos del lugar no veían una normalidad en aquella temperatura nocturna. La que no bajaba de los treinta grados y no dejaba dormir a los vecinos y peregrinos. Ninguno de los veteranos recordaba haber sufrido aquellas fiebres, propias de los climas cercanos al ecuador, por sus noches tórridas.

El olor que destrababa la tierra era intenso y extraño. En el cielo las nubes eran rojiblancas del todo cristalinas, y apenas se descubrían en el firmamento. Como previendo y vaticinando lo que estaba a punto de suceder.

No se habían dado alertas del génesis inmediato de la situación, y los canales de la asociación nacional atmosférica, no brindaban sospecha de alerta alguna.  Los partes del tiempo brindados por todas las cadenas de televisión, exponían en sus mapas, que lo que aún quedaba de canícula, iba a ser intenso en cuanto a la fuerte presión atmosférica prevista por estar el ambiente escaso de rocío y sin temporales previstos.

 

Aquella mañana César y Mabel, salían de la parcela del camping, zona reservada para turistas y caravanas, donde tenían estacionado su vehículo y esparcidos sus enseres. Lugar donde jugaban y disfrutaban en aquel estío con sus dos hijos pequeños.

Al entrar en el casino de la localidad, Monclús un vecino del lugar se acercó a ellos, viendo aquella felicidad, y verlos tan unidos y alegres. Abordando con mucha educación a César para decirles que volvieran a la recepción del camping y le dijeran a Blasa, la encargada, que interrumpían su estancia. Pagaran la cuenta y se marcharan antes que cayeran las torrenciales lluvias que se avecinaban.

César se quedó petrificado, pero algún imponderable descubierto en el abuelo que le daba el mensaje, le hizo estremecer y hacerle caso. Después de aquel desayuno, Mabel y el esposo pactaron de mutuo acuerdo, que se marchaban de la villa. Sin tan siquiera esperar al almuerzo de la tarde.

Sus amigos Joel y Macarena, no quisieron saber nada de las habladurías del viejo Monclús, y se rieron del miedo que mostraban sus colegas y amigos. Ellos y sus niños, iban a estar mientras pudieran alrededor de su caravana, que la tenían instalada justo en la ribera del río. Aprovechando al máximo lo que la vida les había regalado.

 

Cuando salieron del Casino, el cielo comenzaba a tornarse grisáceo refulgente, y sin ruidos ni estridencias los rayos y relámpagos quedaban confundidos por el color raro de las nubes. Dejando por los tonos del estruendo de aquellos sonidos tormentosos, que se preparaba una verbena escandalosa. Ese detalle fue el que los llevó a la urgencia en despedirse de aquel acampado.

Cuando arrancaron su autocaravana los goterones de lluvia eran auténticos, y el agua ya se desplomaba con turbación sobre las calles empedradas de la pequeña localidad.

Aquel verano había sido de mucho turista en el camping la “Futuda”, un amplio acampado que estaba muy cerca del rio. La gente se amontonaba en sus instalaciones, y se bañaban con agrado en las cristalinas aguas, debido a las altas temperaturas.

 

A las cuatro de la tarde, cuando la familia de Mabel y César, estaban bordeando su región, la de su padrón y residencia habitual. Escucharon por la radio de su vehículo, la tragedia cernida donde habían anidado en la última semana.

Desventura mayúscula, sucedida con víctimas mortales, donde los bomberos y la Guardia Civil, estaban solicitando ayuda a los voluntarios que se quisieran sumar, para mirar de paliar con urgencia semejante desamparo. Interviniendo incluso con el operativo de otras regiones que se prestaron en labores de rescate por la riada sucedida en las dos últimas horas.

Tragedia inesperada en el núcleo de veraneo de acampada. Acontecida exactamente, donde ellos habían estado alojados. Hasta que el señor Monclús, les avisó que huyeran del lugar.

 

El Camping de la Futuda, se había convertido en un cementerio. Las caravanas y tiendas de los veraneantes se las había llevado el río y se daban cifras muy altas de desaparecidos. Los que habían sido arrastrados por la fuerza de las aguas y en principio estaban sepultados por el barro, el lodo y todo lo que había traído el río desde las cumbres de los montes.

Cuando llegó la noche, aquella familia horrorizada, veía las noticias. Descubrió por el parte explícito que dieron las autoridades locales, sobre los damnificados, que sus amigos Jael y Macarena, estaban en la morgue sin vida. Al haber sido arrastrados por el barro, la fuerza del agua y las inclemencias de la borrasca.

De sus dos hijos, no se tenían noticias.






Autor: Emilio Moreno
31 de agosto de 2024.

martes, 27 de agosto de 2024

Erika y Donatel-lo, ni ella rica ni él bello.

 











Acabó desnudísima en la cama de su amante.

En el coqueto hotel playero, dónde se alojaba Donatel-lo.

Pasando una frenética noche. Sin sueño y con un desatado juego sexual, indecente para los benditos y delirante para los que creen en la provocación de la naturalidad de la lascivia. Dejando entre renglones al mundo.

Ambos habían aplazado sus obligaciones para dedicarse a quererse, a tocarse y a entenderse. Donatel-lo, de su mujer, una santa que pasaba las noches jugando y gastando su herencia en un bingo de la costa, y ella; la provocativa Erika, alejada, desviada y extraviada de sus dos hermanas.

Profundizando en los placeres de un encuentro tentador y a la vez sensitivo.

Donatel-lo, sin demora recibió de Erika las mejores carantoñas, arrumacos y embelecos que se disfrutan en las distancias cortas. Aquellas que se explicitan en los manuales de sensualidad, con dóciles ilustraciones y domésticas maneras.

Esas roncerías, que aunque no se prodiguen a menudo entre las mujeres, las distinguen tan solo, por su intuición fisiológica, seducción amaestrada y clarividencia, por el grado de romanticismo que poseen y la arquitectura de sus cuerpos.

Dejando al rompecorazones de Donatel-lo, ensimismado y con ganas de volver a enredarla.

Esos momentos de pasión, les mantuvieron a los dos, alejados del tumulto en las diversas jornadas siguientes.

Sin salir del reservado número sesenta y nueve, del sexto piso del Hotel Carcasona. A base de reconstituyentes, de sales minerales, ensaladas, agua con misterio tonificada, y mucho ritmo. La música era de cámara y la Interpretaban sin partitura, con la ayuda de la conocida oscilación intemerata, temblor y vibración del afamado “Vals de los cisnes”. Tan estelar, como desquiciante.

Detalle melódico, que sus dos hermanas envidiaban y sabían, podía producirse sin dudarlo.

Al descubrir una nota aclaratoria, en el apartamento que habían reservado en Ibiza. Donde a la vista y sobre la almohada de la cama de Erika, el mensaje decía con el mínimo lujo de detalles. Lo que más que menos, estaba dispuesta a hacer.

Alegato urgente escrito con grafía uniforme, sobre una superficie falsa, con rasgo nervioso que informaba a sus dos espías.

Más que eso, avisaba a sus dos falsas protectoras que definitivamente se enredaba con su pretendiente. Aunque fuera casado o tuviera migrañas.

Los detalles no quiso compartirlos, informándoles por si querían comunicarlo con su rabia, al resto de la familia.

Escueto y directo. Sencillo, así rezaba. — Que no la esperasen en los días siguientes, que volvería cuando estuviera harta de sexo, de ilusión y de futuro, o sea ¡En cuanto pudiera!

Aquellas dos fraternas y perversas hermanas, comenzaban a estar histéricas, pasadas quince jornadas, y más que por la tardanza en abrazar a Erika, por lo que de sí, daba la duración de los días de vacaciones, que no habían podido echarle el ojo a la nena.

La que creían ser, y trataban como la desprotegida, la que siempre dejaban fuera de sus risas y cuitas, por opinar que no se enteraba.

Sin palo y sin golpe, les daba una trenza sin mano, que las dejaba fuera de sí.

Por La prolongación de aquel sexo que suponían. Saboreado con desmadre, y ya no era la primera vez que lo disfrutaba a sus espaldas.

Paola la segunda de la saga, le profesaba celos mortales a Erika, desde su nacimiento. Al haber llegado a este mundo después de ella y con unos rasgos preciosos, de los que Paola, no poseía.

Fue insuperable, ese desprecio que le regalaba, y siempre se mantuvo, con respecto a su hermana menor, fuera de la comprensión, del atino y de las normas.

Mostrando su cólera incontenida, que la exponía con sus acciones.

No pudo soportar aquella influencia fascinante de Erika. Influjo que los hombres atractivos advertían y dejaban traza para deterioro de Paola.

Aquella tardanza desmedida, no le sentó nada bien a la celosa guardiana. Ya que ella, en un principio y sin que nadie lo imaginara, le había echado el ojo a Donatel-lo. El empresario de moda. El míster con más divorcios de las playas, del sur de Italia. Con la intención de ser la única que lo llevara al disloque, sedujera y además, tratar de comenzar con él, un bascoso cambalache tan desmedido como improbable.

Enamorarle y sujetarlo como ella pretendía retener, a todo el que se le acercaba sin conseguirlo.

Donatel-lo estaba ya demasiado embebido, por todos aquellos falsos frutos que Erika, le había dispensado. Proyectando los deseos de Paola de nuevo, al cubo de los detritos.

Como casi siempre que pugnaba con Erika por un hombre, Paola se turbaba, tratando de entender, cuál era la esencia de la que ella carecía, que la dejaban sin remisión y fuera de las posibilidades de éxito.

En el retorno de aquellas vacaciones, Erika ya propuso de forma imperativa, su emancipación.

Su inminente desvinculación radical y sin demoras del hogar maternal.

El enredo con Donatel-lo tiraba con fuerza y no pretendía en ningún modo echar la marcha atrás. ¡Imposible! Detener aquella liberación iniciada en las playas de Ibiza.

Dejó a toda la familia sin el mayor problema y comenzó a ser ella misma. Se colocó en una de las Ferias de la ciudad, haciendo en la pasarela de la firma, sesiones publicitarias, de calzado, alimentos, productos de belleza y todo lo que la firma publicitaba. Siendo una mujer con luz propia, una hembra lucida y hermosa.

El romance entre Donatel-lo y la guapa feriante, duró lo que tarda en llegar octubre. Las relaciones de Erika y sus hermanas, acabaron antes.

Los celos y las envidias, pasan factura a los rencorosos y aún les hace más insoportables.

 











autor: Emilio Moreno

Agosto de 2024, día 27.


sábado, 24 de agosto de 2024

Necesito oxígeno.

 




  

 
Frente a un poema respiro
y seguro me da alivio
Innegable paraíso,
del que suspiro a suspiro.
Noto mi resplandor tibio,
cosechado y circunciso,
que a veces nos trae desquicio.
 
Después de tanta alegría
Llega la justa medida
Esa que a veces se esconde
tras la vocecita impía.
Que por no estar atendida
no sabemos cómo y dónde,
pero jamás es la mía.
 
Me siento privilegiado
tocado por las estrellas,
regalando mi sonrisa,
y por tu amor encantado.
Mi inspiración atropellas
y a pesar de tanta prisa
de ti siempre voy prendado.
 
Frente al poema te admiro
y ni siquiera me abrevio,
por no tener compromiso.
Cuando se agota, yo expiro
impregnado por tu efluvio,
que semejante a un narciso
cuando te beso me inspiro.
 
Yo vendo mi picardía,
con un boleto de ida
intentando no desfonde,
mi amor, por ser teoría.
No quiero más despedida
ni desdicha que me ronde,
porque vendo fantasía.





Emilio Moreno
autor, agosto 2024
 
 

lunes, 19 de agosto de 2024

Fuegos Artificiales en Valderrobres.

 













INICIO DE LOS FUEGOS A LAS 00 H. 
Se acercaba la hora, la muchedumbre iba ocupando los lugares de la villa donde creía que se veían mejor los artificios y a fe que los encontraron. hay imagenes en video que don espectaculares, hechas por amigos y vecinos de Valderrobres.
Lo que adelantaba las doce de la noche en la plaza de la igesia, se escuchan las campanadas de la iglesia y eso me emociona tanto, poder escucharlas durante toda la noche, mientras duermes, que te van diciendo. El retraso que llevas en dormir, lo que te falta por levantarte y tantos y tantos pensamientos que vale la pena recordarlos siempre y más cuando estás lejos del lugar.

inicio del ARTIFICIO 


Después de un rato mirando al cielo, te das cuenta que el cuello, quiere adoptar otra posición, pero yo erre, que erre, empeñado en recoger la ultima imagen del fuego, que me dice, que pequeño soy y que poca importancia tenemos comparado con esa naturaleza, del cielo, de la oscuridad, de las nubes y de ese fresquito que me corta el céfiro y me entrelaza con alguna agitación por la semejanza con el repelús

MAS IMAGENES.

mirando al cielo seguimos, y los petardazos van destrozando los tímpanos con un agrado especial. No molesta, en tanto que no pienses en que lo bueno ya se ha acabado y hasta el año próximo bo tendremos más.


DESDE EL CALVARIO

mal pronto dejamos de mirar al cielo y seguimos por unos instantes en que las FIESTAS han acabado, y que frase será ña `rimera que emitiremos después de semejante estruendo en los sonidos y florituras en los colores de los petardos,





Buenos días, buenas fiestas y buenas vibraciones
hasta la próxima, os envío un saludo y un abrazo
Emilio Moreno.