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viernes, 29 de mayo de 2026

Destino infame.

 











De las tres hermanas Ruiz Puig, no se tienen demasiados datos—Comentó en el documento de respuesta, el administrativo del registro.

Remitiendo los datos solicitados a uno de los nietos de Carmen, que intentaba averiguar parte de la vida de su abuela y desde donde venía. Imaginando que la indagación que requería obraba al completo en el Registro de su Delegación.

Buscaba y requería aquellos datos, al ser un tipo curioso y gustarle las historias de sus ancestros. Quiso recabar en su pasado y rememoró tantos y tantos sucesos que cuando era niño le explicó, repetidamente su abuela.

Una mujer muy puesta en cultura. Dado el rancio tiempo que interesaba y la poca devoción que tenían según que padres por educar a sus hijos mínimamente. También es verdad, que otros muchos no le dispensaban ese bien a sus niños; porque no tenían ni para comer.

El recuerdo le volvió a sumir en los instantes que sentados en el portál de la casa, la anciana se explayaba contando sus amarguras, que sin dudar le servían para desahogo y contriciones.

Aquella viejita gozaba de una sapiencia amplia, raramente aplicada en este futuro rayano para erudición y omnisciencia de sucesores interesados. Obtenida en aquellos años duros salpicados de tanta inmundicia y por supuesto, de las muchas injusticias que sucedían.

El hambre, la migración, la necesidad de sobrevivir en las familias. Donde los padres debido a las carencias, ponían a una edad muy temprana a sus hijas a servir y a sus niños a trabajar con horarios inhumanos.

Detalles que en los Ruiz, no se dio. Al disfrutar de unas posibilidades intrínsecas al empleo que desarrollaba Don Saturio. Siendo el practicante y barbero en uno de los pueblos zaragozanos, y que además con sus mañas y negocios anómalos, anduvo destinado en varias aldeas cercanas de la comarca medrando. Por lo cual como mínimo a su descendencia los dotó de una adecuada preparación académica.

El primer descalabro en aquella saga, lo padecieron en el año 1918, con la Pandemia Española. Esas fiebres malévolas, además de enterrar a miles de personas de todo el país, se llevaron a la tumba sin remisión alguna a Doña Concha. La madre de las tres niñas del cirujano sangrador, (el equivalente rural a los ATS).

Las fiebres le robaron la salud y aunque fuera esposa del sanitario de aquella comarca, con más soluciones farmacéuticas y más medios que cualquier otra familia, no hubo salvación. En un visto y adiós, se esfumó su vigor y la pandemia le arrancó la existencia.

Sepultaron a la madre con treinta y ocho años en la flor de la vida, quedando las hijas ya mocitas a expensas de los caprichos de papá, que de entre sus pacientes más lozanas, encontraba sexo cuando lo precisaba, con el disimulo que dan las consultas a domicilio y las establecidas en el propio dispensario.

Sin necesitar permiso de nadie puesto que las pocas medicinas, los gajes y escusas del tiempo, las suministraba el barbero enfermero del pueblo.

De los entresijos de la casa se hizo cargo la hermana mayor Carmen, la que sin dudar se llevó la peor parte, al tener que poner coherencia en el seno de aquella familia compuesta por tres mozas engreídas.

Sin el amparo de una madre y sin cuartel, todo iba manga por hombro descontrolado. Por lo que se iniciaba un seguro y severo declive. 

Pasados los años Conchita, la mediana se emancipó sin permiso del padre y se estableció en la ciudad, haciendo en un principio lo que podía para ganarse la vida, hasta que entró en uno de los hospitales de la ciudad del Ebro.

La benjamina Marina, la más despegada y rebelde de todas, se crio sin el patrocinio de nadie y tampoco tardó en saltar de aquel pueblecito chiquito, con infierno grande.

En poco tiempo Carmen, viendo que su padre hacía lo que le daba la gana y no contaba con la servidora en que se transformó la hija, que a la postre tan solo quedó como ama de llaves. Tomó las de Villa Diego y se fue a la gran ciudad. Preparó su hatillo con lo indispensable y una mañana tomaba el tren hacia Barcelona, que la acogió con indiferencia como a otras muchas. Llegadas con una mano delante y otra detrás, buscando un futuro.

Sin rumbo, sin norte y muy asustada, en una parada del tranvía, tropezó con Rosario. Su ángel de la guarda. Una desconocida que hablaba por los codos y que de buenas a primeras además de llevarla a comer a su casa, presentarle a su familia, la colocó como compañera, en la cocina del restaurante que ella trabajaba.

No tuvo problema con el patrón, un tipo joven y nervioso que se montaba a Rosario cuando a ella le venía en gana.

Consiguió el trabajo que de momento necesitaba, y se hospedó realquilada en una habitación de Pueblo Nuevo.

Sola, acobardada y sin experiencia, muerta de miedo, se aferró a la confianza y el amparo que le daba el auxilio de Rosario.

A menudo de visita en su casa, mezclada con todos ellos como si fueran de familia, estuvo tres semanas. Hasta que Antonio hermano mayor de la exagerada Charito, le echó el ojo.

Un hombre timorato recién llegado del sur y falto de caricias. Doce años mayor que Carmen, al que le costó poco camelarla de tal manera que en tres meses contraían matrimonio. 

La mediana de la saga, la señorita Conchita, de plantilla en el hospital militar de Zaragoza, conoció a Fiodor Karl Braun Muth, un apuesto capitán alemán, del Tercer Reich, que estaba destinado en la zona y lo enamoró de tal forma que en poco tiempo dejó el suelo español para radicarse en Berlín. Perdiendo la noción y el contacto con hermanas y padre, a la que le perdieron la pista sin dudar.

 

De Marina, la más joven, nadie sabía dónde paraba. Hasta que un buen día solicitó los documentos para contraer matrimonio en Calatayud, con un agente de la seguridad del país.

Las tres hicieron sus vidas sin saber una de las otras. Ninguna se buscó apenas. No se tenían cariño y poco a poco… la distancia puso el olvido.

El tiempo pasó con los sufrimientos y el desconcierto político que existía en el país. Hasta que la contienda nacional trajo una guerra fratricida.

Con el tiempo el abuelo se radicó en una ciudad del interior de la entonces Castilla la Vieja, y murió solo en una casa de beneficencia. Sin familia sin calor y sin apego. 

Al llegar la otra pandémica. La del Covid, en el año 2020, ninguna de las hermanas vivía.  Habían partido bastante antes, dejando cada una de ellas su descendencia, hijos y nietos, que al no haber tenido relación ninguna no se conocen entre ellos, ni se conocerán jamás.

Emilio Moreno

 

Aquellos datos solicitados por un sucesor de la progenitora Concha, que nadie encontraba, dibujaron un buen día sin esperarlo con trazos muy claros y muy amplios, donde tenía que rebuscar para hallar aquellos documentos y legajos de su estirpe que yacían en uno de los registros olvidados de la ciudad.

Tenía familia, que ni siquiera conocía, y jamás tropezarían… y si por casualidad lo hicieran, ninguno de ellos sospecharía tener y llevar parte del mismo ADN.

Ahora algunos o muchos de ellos desperdigados por media Europa y Latino América, siguen sus historias, unas mejores que otras sin pararse a pensar que el destino juega desde el principio de los tiempos. Normalmente mudo, y anónimo sin tan siquiera coincidir con la casualidad.   

 

autor: Emilio Moreno.



martes, 30 de abril de 2024

Gente como tú...

 




Aquella mañana cuando llegó al taller su jefe le mandó subir al despacho con un aviso dado por el encargado de la planta. No era lunes por lo que no era momento de despidos. Así que mientras se dirigía hacia el lugar, no pensó en el motivo por el que el dueño de la empresa le requería de inmediato.

Subió las escaleras hasta el altillo dónde tenía el despacho el gran capitán y pidió permiso para entrar en aquel recinto donde únicamente se repartían noticias dolientes. De inmediato y con muy buen humor le dieron la venia para poder cruzar aquel umbral tan claro y reluciente. En el que estaba la secretaria Manolita y Don Eleuterio, el amo de todo aquel berenjenal.

— Buenos días Don Luter— dijo Lucas, — me ha mandado llamar por algo que le incomode o quizás por algún tema de ¿urgencia? 

—Pasa dentro y siéntate; le ordenó Don Luter. — Clamó con voz de gaita el empresario mirándole de arriba abajo.

— Quiero participarte de una alegría que imagino sabrás disfrutarla con tu familia. Se regodeó del hecho y ordenó a Manolita, les sirviera una taza de café bien cargada.

— Acomódate y relájate que no va para nada en contra de tus intereses. ¡Faltaría más!

Inquirió con alegría aquel señor robusto con su puro en los labios, y siguió disfrutando al mirar a su empleado. Cómo le iba cambiando el tono y el color de la piel, sin saber el porqué de toda aquella amabilidad repentina en tantos años de servicio, jamás había tenido para con él.

Manolita mientras les servía la taza humeante, sonreía disimulada al advertir la inquietud de Lucas, y notar que le comenzaban a temblar sus manos de forma notoria. El gerente le volvió a participar que estuviera sosegado que no se trataba de ninguna queja. Más bien de todo lo contrario, y le preguntó como si no lo supiera con certeza. 

—Cuantos años hace que trabajas aquí con nosotros. Lucas sin entender de que iba aquella parodia le respondió.

— Mañana Don Luter, se cumplirán treinta y dos años.

—Lo sé bien —. Dijo el patrón. He estado repasando tu hoja de servicio y veo que no has tenido apenas absentismos al trabajo, que has estado muy pocos días de baja en todos los años que llevas con nosotros, siendo un ejemplo con el comportamiento que has mostrado y muy respetuoso con compañeros, jefes, y demás personal de la firma. Por ello, quisiera recompensarte de la forma en que tú me lo pidas.

Sin más, hacer contigo lo que mereces desde hace una barbaridad de meses. Por ello el consejo de administración te ha propuesto como mejor asalariado de la sociedad y reconociéndotelo ante tus compañeros, familia y los habitantes de este tu pueblo. y le preguntó sin más su opinión don Eleuterio a Lucas. 

Este ni corto ni perezoso, y tomando la palabra le manifestó con mucho sosiego y toda la calma que aglutina un sufridor de la subsistencia, cuando lo resiste en silencio.


— Pues mire usted Don Luter. No quiero que me reconozca absolutamente nada que nutra mi orgullo—. y llegó aún más lejos.

— Cómo usted, siempre ordenaba cumplí con la tarea de mi compromiso. Cada vez que lo he necesitado a usted por temas personales, jamás lo encontré para que me echara una mano, sabiendo de mis necesidades y por todo lo que estaba sufriendo para poder sufragar el pago de la hipoteca de mi casa. Doblando turnos de festivos a mis compañeros y brindándome a cubrir todas las horas extraordinarias que podía soportar mi cuerpo, para que mis hijos tuvieran una mínima educación.

Hizo un inciso y siguió—. Recordará usted don Eleuterio que siempre me daba como respuesta y que ahora me permito en repetirle.

— Aquí se viene a trabajar, que por ello te pago. Tus temas privados me importan un pimiento. Los solucionas tú solito y en caso de no estar satisfecho, pide la cuenta y te esfumas.

Con un desmán despectivo indicó la puerta, repitiendo el gesto que hacía entonces el apoderado.

Proponiéndome que me fuera del obrador, gritando, — <que gente como yo le sobraba>. Para proseguir amargamente exponiendo.

—Quizás recuerde la de veces que he llorado en este mismo despacho implorándole las migajas que otros despreciaban.

 

Don Eleuterio, muy serio escuchaba impertérrito a su empleado como desgranaba con dolor aquellos acontecimientos acaecidos durante tantos años; sin interrumpirle y el empleado añadió.

— Ahora me llama porque intenta sacar beneficio para su empresa, puesto que los medios de comunicación, el sindicato y la patronal lo han escogido como super empresario del año y cree usted que colocando una medalla al primer tonto, frente al pueblo, queda como si fuera nuestro salvador. Gastos que con seguridad lo sufraga con algunas aportaciones y subvenciones inventadas por los políticos, que ahora andan faltos de credibilidad.

He cumplido todos estos años a cambio del sueldo que me ganaba. beneficios poquitos. también he de decirle que por mi parte estaba obligado a cumplir y lo he hecho, pero hasta aquí. Se detuvo mirando a Manolita que no daba crédito a lo que estaba escuchando y adelantó.

— No prestaré la solapa de mi casaca para que usted coloque medalla alguna. Igual se presta a ello cualquiera de mis compañeros. El equipo de infelices que tiene usted subyugados y amedrentados por las cadenas de montaje. los mismos que le regalan los oídos con esos chivatazos que diariamente recibe.


La única pena que me llevo es que estas palabras no las haya podido pronunciar en el reportaje que le hacen por sus méritos. Sin embargo, quedo contento que esté presente Manolita.  Su secretaria, y será ella, aunque lo niegue, quien se encargue de difundirlas.

Se levantó de la silla y ya en pie, muy sereno finalizó.

— No me voy a tomar esa taza de café y sabe Dios, que no es por hacer un desprecio. Si no porque esta mañana ya me tomé un cortado que expedí en la máquina del pasillo con la gente que siempre nos hemos ayudado. De todos modos, me parece normal por su parte que lo haya intentado.

El pretender quedar como nuestro protector, igual alguien se lo llega a creer.

Si no tiene nada más que pedirme, vuelvo a la cadena de montaje a ver si puedo conseguir ganar la prima que he perdido al estar dedicándole a usted el tiempo que solemos tener cronometrado. 




fin de abril, 2024

Emilio Moreno.

 

 


miércoles, 15 de marzo de 2023

Entre la ventura y la suerte.

 







 



Si hablamos de la suerte, nos perdemos,

en elucubraciones inexactas.

Es como no encontrar, el rol que pactas,

con la imaginación, que pretendemos.

 

 

No existe de verdad, lo que no vemos.

El azar es criterio que no extractas.

Una estrella que intuyes y te jactas,

una desilusión que asumiremos.

 

 

Se dice de la chamba; que acompaña,

que es la casualidad de consecuencias,

y si llega, es un don; que a nadie extraña.

 

  

Siendo una paradoja de influencias,

que, de forma causal, moja y empaña.

Es fuerza vital, de las quintaesencias.

 

 



sábado, 17 de septiembre de 2022

Destreza marcada.







 

 





Aquella noche, me vi en la tiniebla.

El miedo esparció su nimbo imperfecto,

que me obligó, rotundo sin afecto,

a confundirme dentro de su niebla.

 

Furioso, intenté, ¡ya todo me tiembla!,

perdiendo toda fe, por mi defecto.

Me habló con un idioma, que es dialecto,

fingiendo un personaje de novela.

 

La he visto disfrazada de gacela,

inconfundible hechura, indeseada,

marcando muy tangible mi parcela.

 

Sufrí con mi recelo, en la alborada.

Soportando la luz de mi candela,

sin perder el enfoque en madrugada.




lunes, 16 de mayo de 2022

Llega sin ruido

 






 




No me quejaré más. ¡Nunca por nada!

Por ser la circunstancia del momento,

y el destino que cruza el firmamento

dando o quitando, mi razón sobrada.

 

Fácil, tener salud tan resquebrada,

al cabo de vivencias con tormento,

que suceden detrás de un sufrimiento

inadvertido, por una encorajada.

 

Mucho más, que expresar sobre el futuro,

¡Ese que ha de venir!, llega sin ruido

y mañana será; pasado y duro.

 

Defendiéndolo así; lo he perseguido,

desde que nací hasta ser maduro.

Después comprendí, ¡No lo he conseguido!





domingo, 10 de febrero de 2019

Intentaría











Detengo en mi carrera este momento
ese que maltraté con prisas riendo
aquel que no ajusté y ahora sufriendo
pretendo aprovechar con fundamento.

Refiero por carrera a mi talento
si es que hubo, del resto solo entiendo
se adaptó a mi normal vida supliendo
y aceptando mi risa por lamento.

De poder repetir siempre me digo
que volvería a hacer lo mismo y aunque
se que algo intentaría cambiar, sigo

Creyendo que podría ser el yunque
donde se remachara el desabrigo
del cruel destino antes de su trunque













martes, 3 de julio de 2018

Estaba escrito
















En mi distancia tu reguero amable,
por mucho que yo quiera, no se olvida
y el recordar aquel sueño convida
a la huella de un tono destacable.

Tu verdor parecía irreprochable,
espigada, graciosa en plena vida.
Sin apenas voz y un grito que anida...
ilusionante, tan guapa y amable.

Estaba en los papeles del destino,
que cruzaras mi calle sin prefijo,
para no quedar juntos ¡Vaya atino!

Tanto reproche, no fue afecto fijo.
De ahí el quizás, no llega a ser “sino”
y así ninguno sufre lo que dijo.







viernes, 11 de mayo de 2012

Aromas

Si yo pudiera,
ser viento claro,
y llegar a tus labios
con arrebato.

Si no supieras,
lo que yo harto,
percibo de tu canto.
Muy bien, desafinado.

Vas alejando tu impronta,
sin darte cuenta que;
en el camino dejas:
Amigos, deseos y quejas.

A menudo estoy tan cerca.
Sin necesidad que lo sepas.
El auxilio no se manifiesta,
por gusto o por sorpresa.

El destino así lo impuso,
mas pudiera hacerme intruso.
y disfrutar del casual.
Sin llegar a molestar.

No conociste mi ambiente,
no sabes cómo perfumo,
ni mi tacto, ni mi engrudo.
De esas brasas; negros humos.

Quejumbre la que soporto,
tragando lo que acontece.
Observa que desenfreno,
al tacto con esta fiebre.

Nunca sabrás, el misterio,
cual afónico perfecto,
Mudo y quizás sin aliento.
¡Casi prefiero y elijo, estar muerto!

Contigo, ¡Seré atrevido!
Cruzaré el cielo encendido.
Dejando el lastre enramado,
para poblar a tu lado.

¡Ay si pudiera!
Ser viento sosegado,
y aterrizar en tus labios.
Paladeando tú aliento ácido.