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domingo, 8 de octubre de 2017

Cenizas en la nevera



Acristalamientos grandiosos en los pasillos, puertas cerradas, en tonalidades azuladas y grisáceas, adobaban aquella simple decoración.

__ Fue con usted, Edwin con el que hablé anoche ¿El que recibió la noticia del suceso?__ preguntó la oficiala, mirándole simulando arrogancia y desinterés.

__ El mismo que ha seguido las instrucciones dadas por usted con lo que al rastrearlas, por cierto__, respondió asintiendo y atisbando Edwin el color de los ojos de la oficial.

__ Ha costado dar con ella y, me refiero a la difunta.

__ He pululado de un sitio a otro sin saber realmente si llegaría a término. Hay muchos funcionarios que mal les pese, no saben hacer su trabajo__ Comentó Edwin, con mucho énfasis y convicción, mientras la caporal, escuchaba y espiaba sus palabras y fisonomía para proseguir en cuanto le diera posibilidad aquel declarante.

__ Orientan mal al desinformado. No escuchan ni precisan, tan solo para quitarse de encima al paquete, sin importarles el trabajo bien hecho y burlándose de nosotros los afectados.
Motivo éste__; siguió usando la jerigonza__ me ha hecho recorrer innecesariamente media ciudad, desde la zona de Sancho de Ávila a la Ciudad de la Justicia y viceversa.

Perder el tiempo y el ánimo de forma miserable deambulando desde el mortuorio, hasta el Instituto de Medicina Forense, situado en la Zona Franca.
Para volver de nuevo al necrológico de Marina, y al final gracias a un alma caritativa que antes de enviarme de excursión a otro destino, se preocupó en oírme, escucharme y saber de verdad, cual era mi necesidad, para poder reconocer un cadáver.

La gendarme viendo que se lanzaba, le arrumbó a quemarropa con una pregunta concisa y muy directa, intentando imponer ella misma su marcha, sin dejar que aquello fuera una cháchara de vecinos.

__ Ha reconocido ya a su familiar, ¿verdad?__ preguntó la oficiala mirando a Edwin a los ojos, sin pestañear y fijando detenidamente la atención en la respuesta, intentando descubrir sus reacciones.

__ ¡Por supuesto! ¡Claro! ¡Era ella, Irene! __ chasqueó los labios y frunció la frente para terminar diciendo__: muy deteriorada.
Sin puntualizar más Edwin, intentó mitigar el recuerdo de aquellas imágenes que soportó con un gemido agrio y mudo, pretendiendo pasara desapercibido.
Pensando a la vez, con aquella rabia contenida que a veces mostraba.
La clase de familia que les había correspondido tanto a Irene, como a él.
Una hermana desarraigada y cruel, sin interés por saber como había fallecido, ni cuales fueron los motivos por los que había dejado de existir. ¡Si la abuela levantara la cabeza! __ caviló, para reanudar con la otra pata de la cuestión y añadiendo a la suma al sobrino.
A su ahijado, que excusándose en añejas relaciones pasadas que no venían a cuento y fuera de la realidad, pretendía sirvieran como excusa, para librarse tan solo de las obligación, de zafar los dolores de cabeza y esconderse frente al lío del papeleo.
Ni siquiera accedió a verla, a asistirla ni ayudar a que se le diera entierro de forma humanizada.

__ Lo que no comprendo__ dijo el hombre apenado__ es como ustedes, la han tenido tantos días en la nevera, sin dar aviso.

__ ¿Aviso? ¡Dice usted!__ con energía contestó la agente sin contemplaciones y mostrando la nata cuajada que guardaba.
__ Nosotros el Cuerpo de Policía, iniciamos la búsqueda en cuanto supimos de su muerte.
Tenga en cuenta, que hasta que los Mossos, detectaron el cuerpo sin vida, habían pasado mínimo..., ¡mínimo!, mes y medio, por tanto no me haga esa pregunta__ serenándose un tanto prosiguió, mostrando algo más de templanza.

__ Es una interrogante que se la puede contestar usted mismo. A poco que sea inteligente__ descarada, enfatizó la caporal Esmirna.
Notando que aquellas palabras eran hirientes quiso suavizarlas.

__Si piensa y analiza, usted mismo, puede responderse y quedar convencido sin ayudas externas.
Rompió estrepitosamente la escena con una sonrisa forzada Esmirna y, mantuvo a Edwin concentrado y comprendiendo que aquello no hacía más que iniciarse. Causando un sinfín de confusiones nefastas.

Se llenó el plexo de aire renovado y siguió con su alegato.

__ En la nevera__, como usted dice __,no lleva más de cuatro días. Tan solo el tiempo que nos alcanzó para dar con usted. Tras las negativas de primero: Concepción y segundo de: Antonio. 
Personas de la familia que negaron toda participación y ayuda.

Siendo trámites bastante rápidos pero complicados, por tener que levantar acta y seguir con las investigaciones paralelas, por si existiera relación, con el deceso dudoso al que nos enfrentamos__ explicó la cabo, haciendo un inciso y bajando el tono.

__ Dimos con el paradero de los colaterales y antepasados de Irene, por casualidad al comprobar en el Registro zonal, una coincidencia de apellidos y una avenencia causal, en una dirección sita en el perímetro de Barcelona, dentro de una zona urbanística del cinturón de la ciudad. En la que residían dos mujeres posibles familiares de Irene, de las cuales Piedad ya difunta, se relacionaba por consanguinidad.
Detalles que nos llevaron con bastante fiabilidad, con un leve atestado establecido por una denuncia, registrada en nuestras dependencias policiales.
Imputaciones derivadas entre vecinos, por divergencias de lindes en las parcelas de los terrenos de una Urbanización próxima a la carretera nacional que va desde Barcelona a Cádiz.
Contingencia que establecía el referencial de la dirección de una tal: Concepción, allegada anexa de la difunta Irene.


Fue desgranando multitud de esencias y detalles claros, mientras Edwin, escuchaba aquellas manifestaciones frente al escritorio de la caporal de la policía autonómica, que siguió argumentando.








lunes, 29 de mayo de 2017

La anciana, olía a sexo.




Tampoco quiso oír las amenazas de sus hermanas, que bajo esa protección falsa, desdecían mil cosas para desorientarla, y hacerla flaquear en sus intenciones y si ellas hubieran podido disponer del affaire y capricho de Nayim; para ellas se lo hubieran quedado sin dudar.

La decisión estaba tomada y decidida, cuantos más improperios le acentuaban, más ganas tenia de abrazar aquella posibilidad de marcharse de aquella casa de inmediato.

Desterró el desasosiego de ambas y cortó de cuajo las conversaciones dejándolas patidifusas para ir a vivir una nueva etapa.
Su trabajo le daba suficiente para mantenerse, con lo que se arregló, acompañando y participando en los gastos de la vivienda, con una amiga de su infancia, que tenia espacio para realquilarle una habitación con derecho al uso comunal de cocina, baño y demás.

En un diminuto apartamento. Un entresuelo muy acogedor, arrendado muy cerca de la Diagonal. Compartiendo gastos y comenzando su nueva singladura.
Nadie se rasgó las vestiduras, en la familia Delapeire, pero comenzaron a lucir aquellas envidias insanas, que llevaban en su propia sangre y que brotaban ciertos malestares en momentos puntuales.

En la casa del Turó, sus hermanas, se repartieron las habitaciones rápidamente, ya que las dos mas jóvenes, dormían en la misma estancia y ahora Mari Pili, tenía un espacio añadido que quería apropiarse sin demora. Debían modificar los muebles para evitar que la desertora que se había marchado, pudiera volver fracasada a ocupar sus antiguas pertenencias y lugares de asiento, por lo que, aquellas dos fieras que tenía por hermanas, comenzaron a crear ambiente entre la madre y ellas.

En cuanto al terreno que habían comprado con casa adosada, en la Urbanización del Valle del Sol, Irene también tenía su parte, de la propiedad que hacía unos años la madre, Xarme, ya viuda de Antoine desde hacía cinco años, había adquirido con el sueldo de todos ellos, incluidos en el testamento a Thiago, por ser también hijo primogénito y heredero de los bienes de la madre. Una adquisición interesante que realizó la matriarca, en pro de pasar los últimos años en compañía de todos sus hijos en una zona preciosa y que sería usada, en principio como segunda residencia, o chalet de veraneo.

Si ahora Irene no correspondía con los gastos comunales de aquella propiedad, al haberse emancipado y ya no entregar la totalidad del sueldo, proponían a su madre, que le pusiera un canon para seguir sufragando cuantías y devengos.
Nuevo mobiliario se instaló en aquella recamara quedando la estancia al completo para la insatisfecha Mari Pili, que con su escasa educación y su envidia insana, instaba a todos los componentes familiares.

De las tres hermanas de Irene, Mari Pili destacaba por su inconformidad y sus celos, a todo lo que fuera superior a ella, no importaba si de dentro de la familia o de fuera, ya en su infancia había protagonizado escenas que le habían repercutido en buenas reprimendas por parte de Xarme y de Antoine, sus padres, ya que incluso con sus primas no era capaz de mantener una relación infantil normalizada.

El mundo la conocía y la evitaba, conforme se hacía mayor, llegaron a asustarse incluso alguno de los amigos y acompañantes de su peña, que siempre le evitaban por tener ese color de carácter tan agrio y tan desalmado. El que se mantuviera soltera durante toda la vida, podría obedecer a que nadie la soportaba y era inviable aventurarse a emprender con ella, semejante navegación, o por el contrario, que sufriera de alguna anomalía en su psiquis.
Lo que siempre había desarrollado como enfermedad, era la envidia hacia su hermana Irene, la pequeña de la familia, que jamás había tenido para con ella un detalle fraterno, de compasión o de cariño.

Xita, era mayor que Mari Pili, e Irene , y por aquellos tiempos ya andaba liada con un taxista, que hacía los viajes familiares necesarios de aquella casa que se estaban construyendo en la urbanización Valle del Sol.
Silverio, el taxista era el padre de una amiga del trabajo de Pilarin y que conoció en una de las muchas salidas que por entonces hacían hacia Mallorca o Benidorm, al ir a recogerlas y llevarlas, cuando la fiebre del turismo comenzaba en España a principios de los años sesenta.

Habían tomado mucha confianza, sobre todo Xita y Silverio, muchas risitas sensibles, tantos viajes, y mucho en entrar y salir de aquí para allá, con favores y calores, miradas furtivas, demasiados chistes eróticos.
Una tarde de viernes de aquel ardiente verano, Silverio transportó a la mamá Xarme y a Xita a la urbanización, desde Horta al pueblito, cuando finalizó su turno habitual.
Nadie lo esperaba cuando saltó el deseo y se encontraron las pasiones carnales súbitamente.

Habían hecho el viaje normal, entre ellos se habían rozado las manos, sin querer, viajaban uno al lado del otro, Xarme en los asientos de atrás viéndolo todo, sin perder el hilo de ninguna canción, notando la influencia del olor que despiden los cuerpos cuando buscan la gresca, derivada del sexo.
La llevaron dentro de la casa, la acomodaron y, dejaron descansar a la anciana en el salón distraída, con su televisión, concentrada con sus novelas, creyendo que la abuela no olía a sexo entre ellos y no imaginaba que su hija se lo iba a fornicar aquella tarde sin más miramiento.

Los tocamientos fueron brutales entre aquella mujer madura, tan ardiente y el casado corrido, con ganas de tirarse aquella reliquia, para iniciar una constante.
Xita, sabiendo que en aquel santiamén, estarían solos, sin pérdida de tiempo, sin la sombra de su hermana y, con la excusa de enseñarle unos cuadros en el garaje, lo llevó al aparcamiento, intentando seducirlo, en un subidón de libido salvaje incontenible que tuvo y, en una acción de valentía ella misma se abrió la blusa, saltándole del sujetador dos tetas vivas, en la cara de Silverio.

__ Estaba vergonzosa, pero he notado tu deseo, una mirada a la canal de mis tetas me ha puesto en guardia y, no quiero dejarlo pasar, quiero ese polvo ¡es mio!__ le dijo Xita a Silverio__ ¿Tienes ganas de retozar un rato verdad?










jueves, 10 de noviembre de 2016

Irene murió sin agonía


_ ¿Qué noticias tenéis de Irene?, ¿Sabéis algo sobre si ha hecho un viaje estas Navidades? ¿Alguien puede decirme de su paradero o si ha hablado últimamente con ella? Hace ya muchos días que no viene por el gimnasio y ni siquiera ha recogido la papeleta del sorteo de Reyes, que le dejé en recepción _ preguntó Nayim 

_ Pues no lo sé, pero ahora que lo dices, ¡Es verdad! Como no darnos cuenta, antes. Hace bastante que no la vemos_ respondió Erik, monitor del gimnasio de la Travesera de Gracia, donde Irene pasaba gran parte de su tiempo, dándole bamboleo a su cuerpo.
Siempre, o casi siempre, muy de mañana, al comienzo de cada jornada, que es cuando ella frecuentaba las barras de pesas y la cinta de paseo, para después tomar una ducha y marchar a sus cuestiones habituales, a las que ella dedicaba. Siendo esta tónica incluso en los festivos.

Jamás se duchaba en casa, aprovechaba las instalaciones del pabellón, y salía predispuesta a la gran ciudad, para comerse el mundo por los pies.
_ Pasaré por su casa, a ver qué ocurre, porque tampoco me toma el teléfono_ apuntó Nayim, dándose cuenta que Erik, ya estaba embobado en otra cosa, con la joven Celina, que boxeaba con unos guantes demasiado pesados para su musculatura.

El polideportivo de la Travesera, abría sus puertas de casi madrugada, para dar servicio a aquellos clientes, que por razones varias solo podían recurrir a la puesta a punto de su cuerpo a primerísima hora. 
En la recepción de la entidad, se amontonaban los avisos dirigidos a Irene, que no daba atención desde poco antes de final de año, amontonándose en espera de ser leídos, ya en demasía
Nayim el amigo de Irene, un veterano fibroso y aposentado, y usuario del mismo gimnástico, se había encaprichado de ella. Estaba jubilado de sus ocupaciones laborales y frecuentaba a menudo su casa, teniendo relaciones de salidas esporádicas y de sexo, con alguna “Cana al aire” que otra, cuando se terciaba, sin ser una costumbre cotidiana, ni una frecuencia incesante, para no levantar las dudas y preguntas en su casa.

El distinguido atlético y veterano se la trajinaba de vez en cuando, en la propia casa de Irene, sita en el barrio de gracia y en un hotel muy moderno de reciente construcción, cercano a la playa de la Barceloneta, de esos que son tan enormemente distinguidos con vistas al mar. Sin levantar ruido y siempre de forma discreta y escondida
Cincuenta y cinco días muerta en su cama, sin que nadie de la familia, amigos o vecinos, la extrañasen ni se percataran de su ausencia inaudita.

Nayim, comprendió que no era nada normal, que Irene, no diera señales de vida, ni le llamara para salir a cenar, siendo una mujer tan antojadiza y tan exquisitamente diferente. Aquella mañana, se interesó definitivamente por la situación de su amiga y sin dilación, subió hasta la casa. Un apartamento discretito en la calle Ferrer de Blanes, que daban sus balconeras a la calle y que lo tenía bastante desatendido. A tenor de cómo se comportaba la señora, tan de salir y tan de estar siempre de “Picos Pardos”, fuera de su casa. Aprovechando los momentos de placer que la vida le ofrecía en aquellos instantes.
En el portal, hizo incesantes llamadas a la puerta, sin tener respuesta y sin que vecino alguno pudiera dar con una respuesta, sobre ella, dado que las relaciones que mantenía con el conjunto comunitario, no eran las mejores ni las más adecuadas para una convivencia colectiva.
El buzón de recogida del correo, estaba repleto y rebosaban las cartas y los folletos propagandísticos. Dando origen a pensar que aquel domicilio, estaba totalmente inerte de uso, por lo que el amigo se dirigió a la comisaría más próxima de los Mossos dejando la denuncia instituida.
_ Mire Ud. comisario, es posible que le haya ocurrido algo a Irene, no es normal estar tantos días sin saber de ella.
_ Por qué no se ponen en contacto con la familia, que igual está de viaje, y no lo ha comentado, o que ¡vaya a saber!
_ Irene, no tenía relación con la familia, y si la tenía era de forma muy intermitente, es una mujer muy rara y no se lleva bien ni siquiera con los vecinos del inmueble donde habita. Le digo y repito que le pasa algo, si no le ha ocurrida ya.

Los agentes y bomberos entraron por uno de los ventanales, que tenía entornado, casi abierto en la galería trasera de la vivienda, sin tener que romper cerraduras, sin forzar puertas ni ventanas.
Un olor penetrante y putrefacto se descargaba desde la galería olfateándose desde la cocina y proveniente de la morada matrimonial. Ambientando toda la vivienda, con ese tufo característico y hediondo
_ ¡Está muerta! _ y según parece, desde hace muchas semanas. Indicativos claros, desnuda sobre las sábanas, sin señales de forcejeo, sin desbaratamiento de los objetos, sin detalles aparentes de violencia, tan solo un montón de medicinas esparcidas dentro del cajón de la mesilla de noche, indicaban quizás algún apuro accidental de salud, o fuera un intento de acabar por la vía rápida con su vida.
La puerta de la calle, cerrada por dentro con dos vueltas de llave y estas colocadas en la propia cerradura, no permitiendo la apertura natural desde la entrada principal.
Está casi desfigurada, tendida en la cama, como si hubiese sido una muerte plácida, por lo que se deduce. Hay que avisar al médico forense y este dictaminará si ha sido natura o por el contrario una muerte no convencional, sin descartar el asesinato.

¿Irene murió sin agonía?
Lo iremos viendo en otras entregas.









viernes, 12 de agosto de 2016

El w.c cósmico_oraciones antes del folleteo



Viene de la entrega anterior:
Vuelve a quererme como ayer



Glenda Romero se las había arreglado con el clérigo Alejandro Pérez que ayudado por los dos eclesiásticos que habían escoltado a su mentor; esperaba departir de forma romántica con aquel presbítero de la Congregación, que estaba totalmente roto por la sesión de sexo que había presenciado en su butaca. Ella, la precisa Glenda estaba dispuesta a rematar su quehacer, haciéndole disfrutar al capellán de un rato privado y conyugal con su cuerpazo.

Tras la presentación en el Gallo, de aquellos equipos sorprendentes, que dejaron al amigo Alejandro mas tibio que una fiebre incipiente, lo buscó y pudo enredarle con sus triquiñuelas. Ya no por la tecnología presentada, si no, más bien por los meneos y estampas de los actores, que se habían despelotado y enseñado sus explosivas vergüenzas al gran público, recogiendo ellos, los capellanes parte de ese divertimento disfrutándolo desde lejos.

De aquel modo, y por la mano mágica de Clara, que nunca se dejaba ver, pero siempre estaba detrás de las acciones, fue más o menos seducido el ungido que por costumbre, no tenía aquellos desfiles pornográficos. Estando a punto de caramelo para sufrir una proposición como la que la gata de Tacna, le proporcionaba.
El lugar para la actuación estuvo abarrotado por los invitados y por las personalidades y una vez concluyó la demostración, el personal comenzó a abandonar el espacio, sin demasiado orden, y a pesar de la experiencia de los guardaespaldas o ayudantes de las personalidades presentes, hubo algo de precipitación y de lío, para poder abandonar las dependencias dentro de un precepto establecido.
Aquellos sacerdotes, ayudados por la vigilancia supieron sortear a la gente y autoridades que le acompañaban y darles excusa bondadosa de retornar con urgencia a su convento y quedar con el mismísimo dios en oración de penitencia. 

Con la autoridad de un sumiso confesor, supo escabullirse del lugar del ensayo disimuladamente motorizado y en los suburbios de la ciudad, el propio séquito del clérigo dar el cambiazo de coche.

El sagaz Alejandro, descendió del vehículo, y despidió a su séquito, para ir dando un pequeño rodeo por aquella amplia acera del Boulevard hasta encontrar el Mercedes Benz de la persona que lo esperaba, en el lugar que previamente habían acordado.
Solo sin ayudantes, sin alzacuellos, con unas lentes de sol opacas y muy vigoroso dio un paseo hasta llegar a la altura de Glenda Romero, que le esperaba acompañada de la persona que bahía planificado aquel encuentro, y que ciertamente iba a encargarse de que aquella cita fuese totalmente privada sin luces ni taquígrafos en un restaurante muy escondido que ya estaba preparado por el contacto seguro de Fulgencio en Managua. Clara Delgarro.

Otra dinamista dedicada a labores externas ahora temporalmente a las órdenes de Glenda en un discreto hotel en los aledaños de la capital, muy a las afueras del perímetro ciudadano managüense, para evitar que nadie pudiera detectarlos ni molestarles.
La señorita Delgarro, siempre en tareas de servicios básicos; ahora en Nicaragua, asesoraba y pertrechaba a la señora Romero, esperando siempre cumplir con los deseos de la esposa de su jefe. Clara, era un contacto de los esposos Fulgencio y Glenda, definida desde hacía unos meses, para la preparación del nuevo negocio que se les presentaba con forma de wáter closet y todo fuera un éxito.

Proveniente de la Asociación de las Madres Pías, en Managua, por aquello del disimulo y el recato, que previamente había preparado toda la estrategia para que Glenda se encontrarse privadamente con el ungido y además proveer y reservar, viajes, encuentros, silencios y por supuesto el lugar donde iban a follar la esposa y el presbítero.
Encuentro, donde Alejandro satisfaría su necesidad funcional y sus fetiches más escondidos, dándole caza a Glenda encima de la cama, o debajo a cambio de unas firmas para la distribución de todos los equipos cósmicos, en seminarios, escuelas mayores, conventos, colegios y demás necesidades de la orden. 
El Mercedes no iba conducido por precisamente Sócrates, aquel chofer que en Tacna les había llevado discretamente hasta la suite de los Caudillos, ni tampoco contaba con el amparo de Meche, el fiel camarero servidor. Aquí tenía que organizarse con Clara para poder atar sus negocios a costa de lo que fuere.

Fulgencio confiaba en su esposa, y en Clara, para que entre las dos mujeres camelaran al capellán y quedaran firmados y rubricados ciertos documentos y precontratos en aquel hotelito distinguido y reservado de los suburbios de la capital Centro Americana.

Pronto subía el vehículo por una alameda, repleta de bejucos preciosos, las llamadas Araucarias autóctonas, parecidas a los enhiestos piñoneros de Europa, pero con los brazos batientes, de hojas perennes hacia el suelo.
Pocas personas sabían que al final de aquella vereda se encontraba el albergue Monte Perdido, exclusivo para clientes de cartera potente, políticos y empresarios de grandes y significadas empresas con tarjetas de crédito sin límites.
Al llegar la comitiva les esperaba en recepción un reducido número de sirvientes que, a las instrucciones de la mismísima Clara, que lo tenía todo súper prevenido, y sin tener que pasar siquiera por la recepción subieron al reservado preferencial del reservado de élite, en el Monte Perdido, desde un montacargas que los recibió a pie de coche.
Un departamento muy moderno y funcional, provisto de sala de estar, hall amplísimo y living, tres baños completos, una suite alcoba, un reservado con maquinaria sensual, fucking machines y accesorios para practicar el sexo de maneras diferentes, con violencia y fanatismo tipo masoca.

Practicas preferidas por el presbítero Alejandro Pérez Martínez, que se disponía a llevarlo a cabo en cuanto la guapa y enérgica Glenda Romero, que pronto comenzaría la sesión de despelote, para liarse en prendas de cuero atendiera al despiadado confesor.
Clara y Glenda en las dependencias ya habían pertrechado lo necesario, incluyendo cámaras de video, por si en el futuro fuere necesario usar aquellas filmaciones y Glenda con sus chicas Bombón, muy desnudas, ya se preparaba a despojarse de la ropa, para colocarse los atuendos de cuero, con los que se tocan las damas que practican el llamado _ (“Bdsm”), _ abreviaturas y símbolos que describen las prácticas de sexualidad no convencionales.
La subcultura específica que está estrechamente asociada con el mundo Leather. O sea, un arte subterráneo placentero en las diversiones enseñadas por los cánones del Marques de Sade, ciencia del cosmos sadomasoquista.

Aquel tipo, el abate que se dedicaba a confesar y a dar sermones a sus feligreses, desde el púlpito de la catedral, tenía vicios ardientes y vehementes, que disimulaba de forma discreta e inconfesable a sus colegas de la curia romana. Siendo entre colegas y devotos, a todas luces un estandarte a seguir, un acólito estupendo del obispo y un claro protagonista a llegar con un cargo indeterminado al Vaticano en poco tiempo.

Glenda ya se había disfrazado de gata arisca, y trataba de poner en cintura a Alejandro, que no podía lucir tras el azote de ninguna lesión ni siquiera moratón, por lo que le indicó que tendría que atizarle con mucho cariño y sin dañarlo en sus escondidas ordinarieces.
Un rufián de cuidado que tenía incluso problemas para empalmarse de forma natural, por la gran cantidad de medicamentos toscos que tragaba, para mal llevar aquel cuerpo sandunguero.
La guapa peruana, empachada de tanta mierda y harta de esperar a que acabase sus oraciones antes de comenzar la sesión de folleteo, le incitó a quitarse la ropa y con mucha paciencia y la luz tenue consiguió dejar en pelotas al viscoso predicador.
Dejando al curita en bolas, totalmente al amparo de aquel mujerío preparado para hacerle ver las estrellas del paraíso terrenal. Al mismísimo Judas Iscariote y a la desahuciada María la Magdalena que aún sigue tostándose al calor de las hogueras Luciféricas.

El cobarde y vicioso abate, ya estaba con el rabito al aire, muy distinguido con un chaleco y unos taparrabos que solo permitían ver el diminuto tamaño del penoso pene del confesor. Un rábano de hortaliza roja, una polla de juguete, que daba risa y más que órgano reproductor, parecía un pito de cacharrería.

El párroco disfrutaba y gozaba entre aquellos apretujones, aquellas barbaries hechas con el látigo de cuero, hasta que paró en seco la tragedia Glenda, para sentarlo en una silla de madera, fuerte y robusta frente a una mesa iluminada por una lámpara cenital que pendía desde el techo, iluminando un escaso perímetro, donde yacían unos pliegues de documentos que el servidor del cielo firmó, tras dos guantazos recibidos de manos de la gatuna Glenda, a penas sin darse cuenta y con el encanto de un perro faldero.

A partir de ese instante, la Madame del látigo, conseguido lo que pretendía se retiró disimuladamente dando órdenes a sus señoritas acompañantes para que atendieran a Alejandro en sus necesidades de sexo.
Especialistas del meneo, artistas que dominan el _ Bondage Disciplina Dominación Sumisión Masoquismo_, conocido por _BDSM_ y su particular servicio auxiliar de beneficio, estaban allí para satisfacer a Alejandro, todos ellos contratados y preparados por la señorita Delgarro.
Eran masajistas especializados en meneos morbosos, entrenadores sensuales a contrata y conocedores de todo el sub mundo de prostitución establecido, que serían los que ciegos y mudos, por confidencialidad, servirían al presbítero a llegar al éxtasis integral y a correrse como un pajarillo.

Aquellas mujeres abanderadas, con unas argollas plateadas y circulares en la punta de sus pezones incrustadas en unos pechos robustos y unos brazos excesivamente trabajados y poco femeninos, con tipo de auténticas protagonistas del vicio en una película del espacio, siguieron a trastearlo según criterios dados por la Madame Glenda.
El espectáculo era primoroso y se ejecutaba, según lo acordado. Lo sabían de antemano, poner al confesor de la inquisición moderna, mirando al cielo. Intentando se derritiera cuanto antes, con la garantía de dejarlo como un cerdo antes del degüello.
No era un hombre con poderío físico, ni de costumbres mundanas, duró menos tiempo tieso y empalmado que un helado fuera del frigo.

No dio lugar a azotarlo demasiado al meapilas, eyaculó en cuanto quisieron las cortesanas del cachondeo, pero lo adularon para hacerle creer que era un recio y potente machote hasta que cayó sobre la gran colcha dorada, en un sueño profundo.
No sin antes, haber conseguido retirar de aquel cubil, multitud de contratos signados para establecer la distribución del wáter cósmico, a la totalidad de la curia del país, incluyendo todo el beneficio acostumbrado que Fulgencio, sacaba de aquellos encuentros.





TO BE CONTINUED



sábado, 16 de abril de 2016

El wáter cósmico_ La excusa de Don Quijote

Viene del capítulo anterior: Solo sexo si es pòsible


Nueva entrega: 


Aquel certamen de presentación en el Gallo, había sido un clamoroso y vistoso reality show, que puso en marcha a diferentes cadenas de televisión del país, buscando a los representantes de la firma Schissen, para poder llevar aquella innovación a las noticias y curiosidades, dándolo a conocer a los habitantes de Managua, como primicia en América Central.

Los intereses que había abierto el accesorio lava culos eran del todo atractivos, una amplia ventana se posibilidades productivas, higiénicas y técnicas, quedaban al abasto de los más espabilados, para desde esa iniciativa patrocinar al producto y poderlo mercantilizar por toda la franja Pacífico.

Muchos interesados en la puja para quedarse con las necesarias franquicias del escandaloso Schissen Lecker; con ello los permisos y aranceles para su distribución y colocación general, se harían de rogar.
Así con todo, los vendedores del Cósmico, estaban de enhorabuena, como los actores responsables del meneo, que no eran otros que: Anguela, Natalio y Jürgen,  jefazos y conductores de cuantos negocios se hicieran.
No quedaban atrás los animadores de reparto en la teatralización, que habían conseguido un prestigio, a la vez que aumentaban sus cachés de trabajo.
Se había inventado una plataforma diferente para anunciar productos de consumo al gran público, dejando en el pensamiento del consumidor una necesidad de adquirir aquello que se publicitaba con urgencia. Una premura de adquisición compulsiva sin el clásico arrepentimiento de la compra.

Carla y Cándido, estaban locos de alegría, en uno de los aposentos del Hotel Los Robles, donde habían pasado la noche durmiendo en la misma pitra y casi disfrutando de todo lo bueno que les deparaban las últimas horas. 
Carla, amparaba a Cándido, tras haberle contado éste, su relación con Natacha. Su ex mujer, que ahora salía de presidio y exigía que la niña de ambos, su hija Olga; volviera con ella, entre otras adversidades y exigencias.

Habían follado toda la noche, tras haber aparcado los problemas fuera de su cama. El cansancio que llevaba junto con los nervios de la actuación, sumado con las trabas que le llegaban desde Sabadell a Cándido, le auparon en positivo el morbo conseguido con Carla, en una noche profunda y oscura.

Consiguiendo un placer enmascarable, sin poder conciliar el sueño, y montando a Carla una y otra vez, hasta que quedaron exhaustos sobre aquel tálamo de hotel, tan aséptico, como esnobista.
Aquella mujer policía, acostumbrada a pasar las noches en vela, desasistida y muy caliente, encontró en Cándido un remedio que esperaba de él;  de un momento a otro.
Despertaron felices y tras un nuevo apareamiento menos riguroso y algo más fugaz, entraron juntos al baño para seguir haciéndose jeribeques, palpamientos y fricciones, hasta poner la prisa como excusa y apañárselas para llegar a tiempo al desayuno.

Bajaron a los salones del bufete libre del Hotel, para degustar el desayuno sin ningún agobio, dándose el tiempo necesario para regocijarse ampliamente de aquellos momentos, que la vida les regalaba como antesala de posibles y seguras complicaciones futuras; charlaron de los imponderables del momento y de cuanto se les venía encima. Asiendo los toros por los cuernos.
Carla, que realmente es la que notaba la preocupación de su pareja, comenzó a rezar sus tribulaciones con mucha calma.

_ Cándido_ le dijo; yendo directamente al grano sin cortapisas ni preámbulos, mientras amablemente el asistente del bufet les atendía para servirles el desayuno elegido. Se mantuvo quieta y callada mirando las facciones de Cándido, la guapa criminalista, mientras se retiraba el camarero una vez dejó el apetecible bocado sobre el tapete blanco de la ovalada mesa.

_. Antes de emprender una aventura los dos unidos_, hizo una nueva pausa repentina para volver con el argumento_ ¡Antes de liarnos!, debería decirte que yo estoy dispuesta a ir contigo allá donde decidas. Con alguna condición, que espero comprendas_ Volvió a retocarse el flequillo, tirándose el cabello hacia atrás en un gesto acostumbrado para que le dejara la frente amplia y ver mejor el horizonte.

_ Estoy en activo, soy una mujer emprendedora, quiero ser feliz y tengo un hijo, creo que es suficiente justificación para que te hable con toda mi sinceridad_. Mi vida se transcribe a cumplir con mi ordenación en la Comandancia policial de la capital de Managua, pero en cuanto al trabajo puedo desempeñarlo, o posponerlo con una excedencia. Lo que me ata realmente y me condiciona es mi hijo. Aunque bien es verdad, que desde que lo tuve, y con la ayuda de mis padres, lo vamos criando como podemos.

Todos nos hemos de apañar,  y adaptarnos y si no;  lo corregimos sobre la marcha. Con los errores que hemos cometido durante nuestra vida, tenemos que apechugar y aunque nos hayan avisado, y lo han hecho muchas veces_ convenció con su movimiento de cabeza_, de lo que nos puede suceder, creemos que lo sabemos todo; hasta que nos llegan los resultados inexcusables de las sorpresas que no creímos cuando nos lo advertían. ¡O sea Cándido!, nos jodemos cuando nos toca. Otra pausa más enérgica, hizo para continuar en el uso de sus predicciones, sin dejar pronunciar palabra al mágico Cándido, que quería justificar o aplazar algún empeño_. Por qué te digo esto, preguntarás.
Sin dejarle entrar al trapo, siguió tapándole los labios con su índice, _ Pues porque te veo flojo, y queriendo buscar alguna excusa para dejarlo correr todo y creo que eso no es lo que pretendemos, ¿verdad?

_ Estás muy equivocada Carla_ Adujo Cándido después de haber esperado su turno una y otra vez sin fortuna_ Podríamos formar una familia, allá donde decidamos, con mi Olga, y tu hijo el muchachito Trevor; comenzando  desde el principio; de nuevo con ellos por delante y así formar nuestra familia, para intentar ser felices.

_ Hablas con el corazón o es una estratagema española, para desviar la atención, seguir fornicándome por las noches tan a gusto y después, contarme la excusa de Don Quijote_ le replicó Carla, esperando una impugnación directa y muy clara.
_ No es pretexto. Lo vengo pensando hace días. ¡Te quiero!, y no voy a dejar que te escapes, resolviéndole las miserias a los criminales de este pueblo. Me vuelvo a España y os venís conmigo, tú y Trevor.

Fueron interrumpidos por una visita en la mesa del refectorio, por Mechthild y Manolo cuando llevaban medio desayuno tomado, sin embargo fue una presencia agradable y pospusieron con alegría aquel tema de conversación, para atenderles con mucha educación.

_ Nos disponíamos a desayunar ahora, _ ¿Podemos acompañaros?_  preguntó Manolo, con mucha cortesía mirando a los ojos de Cándido, que era al que le interrumpieron en el uso de la palabra.

_ Faltaría más ¡Manolo y Miche!, ¡Que alegría!;  sentaros, con nosotros, aunque ya llevamos la mitad del cafecito consumido_ dijo Carla, muy cordial.

La pareja recién llegada se sentó en las sillas libres de aquella mesa, ocupando Mechthild el lado de Carla, abrazándose ambas en un sentimiento común muy cariñoso y dejando que Manolo se sentara frente a ella, entre su amiga y su acompañante.
El camarero abordó a los recién llegados; preguntándoles si querían el midi "dejeuner" o preferían le "complet du Monde".

Eligieron de la carta y siguieron con la charla. Se abrazaron con mucha ternura; Mechthild a Carla, y tocándola en el antebrazo, como diciéndole con toques verbales en el cuerpo, todo el agradecimiento que le dispensaba, por aquellas gentilezas que debía retornar por todo el trajín mantenido con la llegada de Manolo.

Carla en un detalle que le honraba y quitando importancia a lo que ella pretendía, la estrechó de la muñeca derecha, y le hizo un mohíno con dulzura, pretendiendo que desistiera su amiga de tanto reconocimiento, en un acto que carecía de protocolo.
Manuel, muy directo y sin medias tintas preguntó a Cándido indagando en los ojos de Carla

_ Estáis liados ¿verdad?, ¡Bueno entiéndeme; no quería ser grosero. ¡Estáis juntos como pareja, ¿veo? y además felices; ¿Me equivoco?.

_ Pues, así es_  sentenció la criminalista. Vamos a ver qué tal se nos dan las cosas, pero nos entendemos de momento. No nos conocemos apenas. Estamos muy contentos y enamorados. Nos pasa como a ustedes, pero si es verdad, que vamos a iniciar una travesía sería; muy pegaditos.

_ No sabes lo que me gusta escuchar esas palabras Carla_ adujo sin reserva su amiga Miche. Parece que nos quedamos con españoles, y que felices ¡¿No?!





Continuará

To be continued.....