lunes, 16 de diciembre de 2019

Ficticio




Se levantó de la cama, tras un período corto e inesperado por una gripe seca, dura y amarga, que le diagnosticó la doctora, sin que Spencer lo intuyera.
Enrabietado por el tiempo que había pasado en «off», desconectado del mundo y por tantas cosas que había dejado de hacer en esa semana y media que le duró la afección, tuvo que desistir de lamentaciones y afrontarlo, al ser imponderable.

«Pensaba» que cada vez que iba a la consulta del médico, le encontraban alguna dolencia y estaba en su derecho, porque la realidad era aquella. 

Sin embargo, Spencer hacía días se notaba extraño, con alguna reacción que le proponía su fisiología interna. Detalles anormales que en un principio no daban alertas en el mecanismo de su persona. Hasta que cayó con las molestias y las fiebres. Por lo que aprovechando, la coyuntura de los bronquios cargados, fue a visitarse y le mandaron aquel descanso forzado, y la desconexión de cuanto influyera en su psiquis.

Medicinas inadecuadas por aquello del recorte en Sanidad, que no damos importancia, y nos esquilman en silencio, sin dejar pruebas, a la par que nosotros todo lo vemos bien y por no molestarnos, lo aceptamos todo, venga de donde venga.
Esperando recomponer en pocas fechas su desbarajuste pulmonar tomó paciencia y quedo en “standby”. En un principio se dejó llevar por las experiencias, pero pronto se dio cuenta que si se metía un par de fechas en cama, podría acelerar su reposición y su falta de optimismo y su mejoría física.

Asintió, en uno de los arrebatos de tos que soportó, y claudicó entrando en las sábanas de su colchón. Tapado y abrigado por aquello de las corrientes de aire, que siempre las había temido y tenido en cuenta, gracias a los consejos y previsiones que por costumbre, le enseñaba su abuela y se cuidó de todo aquello que perjudicial, pudiera serle. Hasta que el sueño provocado por las décimas de fiebre, le pudo entrando en aquel recinto inesperado y tan desconocido, que dejándole desnudo de todo cuanto poseía le hizo vivir en sueños una tragedia, que con seguridad ahora ya ni recuerda.

No sabía quien era Spencer, ni de donde venía, tan solo se veía atrofiado sin poder andar, y los movimientos que hacía era arrastrándose moribundo y agarrotado por la acera de aquella ciudad, que tampoco conocía.
Acompañado de un grupo de criaturas disformes, como él, que todas impedidas por deformaciones físicas, parasitaban en la encrucijada de la esquina, solicitaban abrigo, viandas y atención del resto del mundo. Siendo despreciados e insultados por cuantos se cruzaban con ellos. 

Aquella vivencia ficticia, duró demasiado en el tiempo, «en el sueño pesado», hasta que agotado, quiso morir sin asirse a nada, ni exigir reclamo ni conciencia, todo por no tener, que sufrir más de aquel mal que le sometía, su propio subconsciente.
Ni tan siquiera prestó atención, por carecer de remordimientos, ni pudo comprobar, que no estaba preparado como tantos otros, al sufrimiento ni a las calamidades que otros seres sufren, a espaldas nuestras sin que nadie ni tan siquiera intente remediar. Quedando claro, que solo nos interesa lo viable, y cuando vienen malas trazas, entonces, ya no sabemos que hacer y nos encontramos muy desgraciados y, que no merecemos lo que nos pasa.

Se despertó en un arranque de su tos, medio ahogado sudoroso y completamente coherente, reclamando en silencio volviera la calma en su soledad gripal, y comprendiendo que nos podemos ir sin más en el minuto menos esperado, menos propicio y menos increíble.
Nos aferramos al teatro que tenemos, aunque sepamos como es, seguimos pretenciosos y fanfarrones, hartos de ínfulas y apariencias, y aunque nos lo han repetido muchas veces aquello de «Que aunque creamos que somos algo», y que todos pecamos de eso.
No somos absolutamente nada, ni le importamos a nadie, quitando los que nos quieren de verdad, que podríamos contarlos y guardarlos en un guante. 

Sonrió mientras se desquitaba de los estornudos y quedó convencido, que una vez se repusiera, volvería a intentar olvidarse de todo aquel cuento que sufrió durante la fiebre, sabiendo a ciencia cierta que no cambiaría jamas. 












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