viernes, 4 de enero de 2019

Campanada final





Amaneció el primero de enero después de festejar la salida del año anterior, con suma alegría entre amigos y colegas. Fue cuando le presentaron a Dulcinea Marinesku y quedó prendado de la calidad humana de la mujer y del conocimiento cultural que atesoraba. Tanto que lo dejó anonadado.
Perdió la noción de los sucesos tras del agrado de aquella fiesta, donde nadie le molestó ni distrajo, a pesar que siempre era él quien animaba las reuniones.
Anoche nadie quiso molestarle y se fue encontrando tan a gusto que llegado un momento ni siquiera recordaba, el cómo ni el cuando.

Se notó extraño y se despidió amable de los camaradas y conocidos, viniéndose a su casa.
Durmió sin interrupciones, se levantó y cuando salió de la ducha, se preparó su café de todas las mañanas y al ir a degustarlo,  -pensó-  Que raro que nadie me haya llamado siendo las horas que son y sin hallar respuesta volvió al sabor de la cafeína.

No acertó en precisar que su teléfono móvil no lo tenía situado donde normalmente lo dejaba cuando llega a casa.

Apareció de madrugada y venía con las fuerzas justas para llegar y echarse sobre sus sábanas. Su pregunta era:

—¿Venía solo, anoche? Quizás me traje a Dulcinea conmigo. No supo contestarse y se echó otro terrón de azúcar en aquella taza de café.

No tenía el mismo gusto de siempre, amargaba.

Le daba vueltas a su cabeza, preocupado sin poder recordar y se acercó a la bandeja de mimbre, que es -donde guarda sus pertenencias al llegar a casa- y vio que el teléfono no estaba, ni su billetera. Ni siquiera las llaves que debió utilizar para poder abrir la puerta de su casa.

Al levantar la cabeza y mirarse en el espejo mural que permanece asido al tabique que resguarda la mesilla de centro, situada justo en el pasillo de acceso a la casa ¡Se sobrecogió del susto! No se reflejaba.

Estaba situado frente al luna de su espejo y no se reflejaba en él. Su figura no se mostraba, como si fuese invisible.

No quiso perder la serenidad y fue al salón, se acomodó en el sofá analizando que es lo que le estaba sucediendo y comenzó a hilar desde el inicio de la noche, cuando... llegó al restaurante La Despedida y se encontró con Mónica y Raquel, que le presentaron a Dulcinea…

—¡Cómo puede ser! Mis amigas Mónica y Raquel, hace dos años murieron camino de la playa—pensó para si mismo.



martes, 1 de enero de 2019

Una cena







Aquella noche del 31 de diciembre se juntaron todos, para despedir el año viejo y recibir el Nuevo, eran gente sencilla y poco dados a las grandezas. Entre otras cosas porque no se lo podían permitir.
Sus posibles más bien eran escasos para comer y tampoco podían hacer grandes dispendios en estupendas cenas de mariscos y pasteles. No necesitaban más. El tiempo era muy frío, estaban soportando temperaturas muy bajas y además las calles estaban nevadas con mucha precariedad en las calles, con lo que aún hacía más bucólico aquel encuentro. Se celebraba la entrada del nuevo año de 1962, y todos estaban muy contentos. Había salud y ya no se necesitaba nada más.
La leña en el hogar ardía para calentar aquellos cuerpos agradecidos que se unían en la cena de Noche Vieja y todo eran alegrías y villancicos..
El padre una vez estuvieron reunidos en la mesa con los abuelos, sus tres hijos y su mujer comenzó a cortar las hogazas de pan para repartir.
La madre desde un perol grandioso donde había hecho la sopa, repartía con el cazo en el plato de cada cual la comida apetecida. Comenzando por los mas veteranos, los abuelos que se miraban a su familia muy orgullosos.
Todos esperaban el pollo, que comerían en eran fechas para saltar de año y no podía faltar ese plato que tampoco tenían costumbre de comer de continuo. 
Durante la cena, todos hablaron y se rieron, se contaron curiosidades y el respeto era una máxima. El padre dijo llegado el momento—He recibido una carta de la tía Trini, que se marcha de Valencia y se muda a Barcelona, porque han encontrado una portería en el centro de la ciudad, donde les dan también la casa y así tendrán trabajo como porteros.
Trabajo necesario para poder seguir hacia adelante. Me ha dicho que os repartiera besos y abrazos, que está deseando vernos y que pasemos unos días felices todos juntos y con salud.




Pasaron como aquel que no quiere la cosa y sin sentir 57 años y en aquella familia, ya faltaban algunas personas y otras habían llegado. Contando a vuela pluma, habían pasado o estaban por pasar dos generaciones. El abuelo Matías y la yaya María ya no estaban, los pobres faltaban desde hacía mas de cinco lustros.
Aquel padre que repartía las hogazas, ahora las veía venir en el lugar de abuelo y los tres niños que eran entonces Matilde, Manolo y Paco, ahora ya casados tenían dos hijos cada uno y todos estaban tan alegres con sus respectivas familias sus hijos y sus nietos.
Se habían reunido en casa de Matilde que preparaba la cena como entonces la Cena tradicional de Fin de Año, tan diferente a aquella del año sesenta y dos.
Ahora, todos tenían casi un régimen especial, la sopa ya no se hacía en aquel perol, ni por supuesto se comía pollo. Aquello había quedado fuera de uso, pollo comían a cada momento y además ni siquiera lo tenían que cocinar. Les viene hecho con su salsa y envuelto en un pedazo de plástico que es muy manejable, rápido e insípido.
Habían preparado una cena con grandes y modernos alimentos. Menos a los abuelos que los pobres tenían azúcar y la tensión muy alta y ellos se han de cuidar para seguir padeciendo de la gran soledad que llevan encima. Nadie les hace puñetero caso y los tienen como piezas de un Belen. Así que les dieron para cenar una ensaladita de espárragos y un trocito de queso de cabra, desnaturalizado y que esperen para brindar con Cava.
Matilde, se casó con German y tuvieron dos niñas. Manolo se casó con Esperanza pero se separó y se volvió a casar dos veces más, aunque solo tuvo hijo e hija con Esperanza.
Paco se casó con Manuela y a su vez tuvieron dos hijos varones.
Todos ellos cenaron aquellas gambas al ajillo, y la gulas llevando algo de cuidado porque la mujer de Paco padece de la gota y debe llevar cuidado.
Aunque por un día no creen que le pase nada. Manolo ha venido solo, porque solo está siempre. Sus hijos ahora están en Venezuela y después de tantos enredos con faldas prefiere ir solo al hogar del Anciano y bailar su música en línea. Aunque la verdad es que se encuentra solo y enfermo. Él cenará lo mismo pero con el cuidado de tomarse las pastillas del corazón.
Todos los hijos de aquellos niños que comían aquella sopa hace tantos años, no han venido porque tienen amigos y unos están esquiando en la Molina y otros están en Puerto Banus, con unas vacaciones pagadas. En la cena nadie habla, porque todos llevan el Smartfone y claro es normal, que envíen y reciban mensajes de sus amigos, con esos videos y paparruchas tan pesadas que interrumpen cualquier conversación y que se está haciendo como se llama "Viral".
De aquella tía de Valencia, la Tal Trini, que se fue a Barcelona a una portería para mejorar. Hace muchos años dejaron de hablarse, ya no saben de ellos han perdido toda pista y ellos creen que ya es tarde para volver a entablar relaciones.

No me digan ustedes que no ha cambiado la cosa. Ha esto le llaman modernidad.
Veremos cuando alguien vuelva a explicar algo relativo a las futuras cenas de Fin del Año 2051, que es lo que pueden decir.
Igual ya no hará falta de cenar tan siquiera. Con un sobrecito de la farmacia. Arreglado








lunes, 31 de diciembre de 2018

Despedida del 2018 y llegada del nuevo






Felicidades para todos y que este año 2018 haya sido bueno y agradable, deseando que el venidero aún le gane en Felicidad, amor y fantasía.





Los gustos que compartimos
son admitidos con dicha
y siempre que discutimos
se nos deshacen deprisa.

Es preferible callar
antes que romper el ritmo
si te llevo la contraria
rápido me vuelvo un pingo

Evito el enfrentarme
directamente contigo
a menudo me contengo
sin pronunciar, me reprimo

Después el tiempo irritante,
ni me hablas ni te miro,
cuando tu propones algo
solamente recrimino.

Un par de días distantes
ponen los puntos en solfa
razones tenemos todos
para corregir las formas

Llega por fin el inicio
de seguir nuestro destino
pensamos no discutir
hasta que se rompe el hilo.

Por ello prefiero siempre
no discutirme contigo
aunque tú lleves razón,
o sea yo el compungido.
Sabré estar en mi sitio
esperando muy tranquilo.








miércoles, 26 de diciembre de 2018

Tarareo















Pasadas las fiestas
descansa el bullicio
la norma es protesta
de nuevo al concilio.

Llegó el gran auspicio
esconden las crestas
volvieron los vicios
final de la ingesta.

Mentiras dolosas
sin fin repartidas
como si tal cosa
fueron admitidas.

Como se machacan
hermanos y primos
como se maltratan
los que conocimos.

Con tanta comida
nutriente de alguno
después del hartazgo
no quedó ninguno.

Por fin el noviazgo
de la hija de Bruno
la rubia del trasgo
y su feo ayuno.

Bebidas calientes
pusieron concorde
de cuantos pudientes
quedaron al borde

A quien llamas borde
al canto la mesa,
o algún disconforme
que ya no interesa.


Ahí, las bebidas
son espirituosas
fueron muy servidas
como las gaseosas

Insultos, caricias
ofensas injustas
menciones albricias
en las cenas mustias

Por qué tanta herida
sin gracia ni fuste
porque tan sufrida
con tan poco ajuste.















Te digo te cuento
lo sabes no es cierto
pero si, así fuera
mantenme despierto.

Menuda noticia
me ha puesto enervado
yo no lo sabía
parezco amuermado.

Confianza te tengo
por eso lo digo
ya sabes aquello
que pasó el domingo.

No lo conocía
explica el motivo
porque yo aquel día
no estuve contigo

Fue ella quien me dijo
besale los labios
y así yo me fijo
los cerró de enrabio.


Se ajustó su viso
después de los nervios
sin mandar preaviso
sin querer abrevio

No llegué a saberlo
pero cuenta el pueblo
que por no beberlo
se formo un retiemblo.

Y no quiero cuentos
es lengua despierta
muchos más alientos
que dejó en la puerta.

Que con esos vientos
y parecer cierta
con muchos silencios
sucumbió alerta.








lunes, 24 de diciembre de 2018

Cachos de afecto









Mi palpitar

Me gustaría saber
le dijo un amigo al otro
llegando su Navidad
ahora lo puedo entender
que mientras miro y concentro
caen los años sin piedad
cambio el debe por haber
porque ni veo ni encuentro
días de felicidad.


















Envíalo por what

Las tradiciones se pierden por prisa
y es una pena porque ya no vuelven
luego sí; nos quejamos que no escriben
ni al llegar Navidad sé de tu risa

Crees que poniendo un What va tu sonrisa
pero eso no es verdad no se perciben
tus anhelos ni tu fe sobre viven
me quedo con pesar y sin tu brisa.

Mis amigos distinguen mi postal
ya sé que todo vale muchos euros
pero si no invierto en ti no es normal

que yo siendo tu amigo el de los puros
consejos, de amistad larga y cordial
te envié mis abrazos tan seguros.


















Aquella lágrima



Recuerdo una Navidad, de hace muchos años. El ver como se derramaba una lágrima por la cara de uno de mis abuelos; que trataba de disimular, para que no pudiese preguntar
—: por qué lloraba.
Me emocionó aquel momento, después de hacerle la pregunta y entonces no comprender la respuesta
—Lloro por ti; porque cuando tú hagas lo mismo—Se frenó en su argumento y concluyó
—.Sólo estaré en tu memoria.





Feliz Navidad, 
Emilio Moreno