viernes, 17 de julio de 2026

Adúltera Evelin: culpable

 


El tipo aquel soportaba la vida. A trompicones cayendo y levantando el escaso ánimo y su mordido cuerpo, desgranaba las horas de sufrimiento, haciendo verdaderos esfuerzos. Sin embargo ese lapso cansino y reticente lo estaba desahuciando a medida de sus excesos, sus plétoras y demasías…

Lo que se suele decir cuando notas que la salud se escapa a chorros y no se ponen medios para corregir esa depresión acarreada por la enfermedad.

Envenenado por sus muchos colmos, que le infectaban en la sedimentación de su sangre, esculpiendo en sus extremidades unas venas varicosas a punto de detonar, las que poco a poco demostraban el corto espacio que la salud le iba a permitir.

Ni más ni menos anidaba una degeneración hepática galopante. Que el propio Neil se había procurado, sin pretender desde el final de su tiempo de universidad.

Los abusos pasan factura sin parangón, aunque quizás la juventud, quiera disimular o prolongar su aparición.

El desmedido consumo de cualquiera de los polvos inhalados, esas placenteras grajeas que tragaba, o las picaduras en vena, a parte del alcohol y sus excesivas temeridades poco saludables, le iban abocando a su final.

Neil Brunetti, era un perdedor.

Pudiendo haber llegado a la cima de donde se hubiera propuesto, se quedó en lo fácil.

En el perreo, el vicio, y lo obsceno. ¡No quiso ser honrado!

Destripó su felicidad con su pareja, la señorita Harrison, con la que compartía vida desde un tiempo y en la que se encontraba feliz.

Ahora se dedicaba a guardar las espaldas de gentes deshonestas fuera de la ley y todos ellos, pájaros agregados a la caterva de delincuentes poderosos. Malhechores que necesitaban de escudos humanos para pasear por las calles. Evitando agresiones de sus propias mafias o atentados desde cualquiera de las cúpulas del mundo de la droga. Poderosos delincuentes con mucho riesgo de quebranto.

Era la ocupación más peligrosa a la que se podía dedicar, para comer lo poco que consumía, y sufragarse el gasto de tantas harinas raras que se metía entre morro y gollete.

Sufragado en efectivo, por trabajo realizado y siempre esperando las migajas del gánster custodiado.

Empleo arriesgado donde los hubiera, siempre a la espera de la próxima ocasión, en que se jugara su vida, a la que daba muy poca validez. Una vez probó el desencanto del abandono de su Caroline.

Resguardaba vidas ajenas jugándose el tipo.

Sin importarle el riesgo y sin embargo parecía que la suya, la ponía al abasto fácil de un navajazo o un disparo, y perderla complacido, en un breve espacio de su consumido tiempo. Sin querer guardarse para mantener su jodida existencia. La suya, la que debiera importarle, y a la que no daba seguro, al no evitar ese riesgo fatal.

Era un tipo enigmático el tal míster Brunetti. Un personaje criado en las calles de la gran urbe, sin vigilancia parental alguna.

Nieto e hijo de familias condenadas al fracaso por su molicie, desidia y deshonra.

Negacionistas perversos, a ultranza de lo real y malvivientes, que hiperventilaban únicamente sadismo, odio y desprecio, por esa falta de conocimiento y cultura a la que estaban sometidos todos ellos, desde hacía generaciones.

Gentes que tan solo creían en su mala suerte, faltos de constancia, de lucidez y de brío. Almas sin intentar el mínimo esfuerzo, para egresar al mundo de los comunes, de los denominados y conocidos por todos: como sujetos normales.

A parte de esas circunstancias creció en un correccional, repudiado por Elisenda su madre.

Una Napolitana dedicada a la ruta, mujer que no podía mantener a los tres hijos que había parido. Muchachos que le arrebataron desde la dirección de la Sociedad de Niños Desamparados y cada uno de los cuales fue adoptado por sendas familias sin volver a unir sus vivencias.  

En el reformatorio Neil, cayó en buenas manos. Adoptado por una pareja feliz, con ganas de que él también lo consiguiera.

Tras muchas energías pragmáticas, a la vez que cariñosas, casi lo consiguen. Supieron orientarlo y valorarlo. Donde en sus inicios parecía que iba a ser la excepción de su apellido y sería un universitario de éxito para la sociedad americana.

Lo que se dice un hombre aprovechable, apuesto y convincente.

Fue así mientras le duró la fiebre de querer y aspirar a ser un ejemplo y prototipo orgulloso y caballero.

Dicen que el querer es fácil. Lo costoso es alcanzar, y en el mundo de Neil es un logro que no todos consiguen.

Aquel muchacho no tenía bases que lo asistieran, con lo que tomó la esquina más cercana. La errónea. Despreciando todos los sinsabores que pasaron sus padres adoptivos. A los cuales tras sus decisiones repudió, y apartó de su camino, con cajas destempladas.

Su mundo desde entonces, fue un desastre, una deriva que lo abocaba al presidio en menos que cantara un gallo. De haber escogido el canto opuesto, se hubiera enorgullecido de sí mismo.

Decrecía su físico y su salud se resentía. Tan solo analizaba su derrota irremediable cuando estaba sereno.

Notaba que estaba en la vía muerta y no tenía tonelaje de corrección. Comprendiendo que le abordaba una dificultad exigente, evitando pudiera mantener una ocupación distinta a la que de momento desempeñaba.

No era precisamente la que le encantaba, pero tenía que amoldarse a la que le brindaban, y estas eran irremediablemente las execrables.

Criminales y abominables.

Se conformaba consiguiendo trabajos indecentes, que le respaldaban deudas y sufragaban vicios.

Su máxima dificultad era convencer a sus patrones, de su lealtad y aptitud sanguinaria.

Lo utilizaban como matón a sueldo. En los actos más peliagudos y peligrosos, sin ningún miedo a perderlo como empleado. Lo consideraban carne de cañón. Un estorbo que de momento disparaba.

La mujer con la que vivía, la emprendedora Carol. Lo había abandonado, ahora hacía cinco años y medio. Harta de broncas, de promesas y de hastío y sobre todo por el affaire que mantuvo con Evelin, una de sus hermanas a escondidas.

Caroline Harrison, era una mujer decidida y valiente.

Azafata de vuelo que en excedencia laboral, en aquel tiempo de vivencia con Neil, dada de baja y resguardada en su domicilio, el que compartía con su hombre y recuperándose obligada por los severos síntomas dejados en su cuerpo, tras el aborto padecido.

El adulterio de Neil con Evelin, no fue óbice para poner sus pies en polvorosa. Dejando a su suerte a su hermana y al hombre con quien ella había compartido su vida tantos años.

Sin excusas se marchó de aquella vivienda, dejando a su compañero hacer y deshacer las aventuras que se dieron con Evelin.

La que sin más quiso romper esa conjunción que tenía su hermana con su novio, por un rencor enfermizo que le tenía a Caroline, desde la infancia. Ganando a cambio un poco más de desprecio por parte de la que en su momento le dio amparo.

Carol, pronto recuperó su trabajo y olvidó al depravado de Neil, al que ya le venía siguiendo la pista, y esperaba cualquier excusa para abandonarlo.

Sin esperar que el rechazo de Evelin, le sirviera para desembarazarse de un desgraciado.

La señorita Harrison volvió a su vida.

Viajaba en largos trayectos aéreos por todo el mundo, una vez rota su relación con Neil y totalmente recuperada de aquel aborto inesperado.

Sin el menor contacto con aquellos aborrecidos, de su hermana y su exnovio. A los que borró de su vida de un plumazo.

Desde entonces el atrevido señor Brunetti, caía al abismo. Tras el engaño de la exuberante Evelin y su artificio.

Aquella que por envidia, celos y obscenidades contra su hermana, aceleró el final de una infecta felicidad, que de por sí, comenzaba su final.

Acto perverso en el que el inducido Neil, borracho cayó una noche de devaneo en ausencia de su Carol, con la transgresora y adúltera Evelin, que aprovechó para introducirse en el lecho de un drogado, más desnuda que una felpa. Esperando que su hermana abriera la puerta y los encontrara enlazados fornicando, para su conocimiento. Desde entonces aún más si cabe, sumido en el mundo de la bebida. Olvidado primero por la que fue su compañera durante largos periodos y después por la hermana de esta, que una vez usado en el catre, lo desterró de su compañía sin piedad ni misticismo.

El futuro sin lugar a dudas, de aquellos que todo lo ven fácil, estaba dispuesto.

Personas que no controlan sus actos ni saben cuidar ni cuidarse.  

Descerebrados que se abandonan, por los efluvios de los narcóticos y tras las primeras tetas que se dejan palpar de forma prohibida, y como no, por los sucesos habidos inevitables que el devenir te va poniendo al abasto, para después buscar excusas donde no las hay.

Creyendo al ser tan falsos, que echando la culpa a su mala suerte, todo queda exonerado.

Craso error de los sin cerebro. Sujetos superfluos que se creen que su estrella los ha abandonado, y que su Dios, no vela por ellos. Intentando compararse con otros que han conseguido establecerse en la normalidad, con esfuerzo y ganas

Uno de esos trabajos peligrosos tuvo que atender Neil Brunetti con suma urgencia, para resolver unas dificultades del magnate del acero de la Costa Este, por un lío en el que se había visto envuelto, y del que le sobraban un par de testigos, los cuales debían desaparecer antes de la celebración de la vista del juicio.

Por lo que tuvo que partir de inmediato hacia Massachussets, acompañado de dos esbirros aún más peligrosos que Neil.

Recogieron los pasajes en el punto de encuentro reservado que tenía la organización, y embarcaron en uno de los vuelos hacia aquella ciudad.

La sorpresa de la que Neil, no esperaba se dio, en el momento del embarque en la nave aeronáutica.

Fue atendido por una azafata de vuelo, que conocía, con la que esperaba poder explicar lo que sucedió con Evelin, y por lo menos aunque no lo perdonara, supiera realmente lo sucedido.

Cuando el vuelo llevaba dos horas de trayecto, un aviso dado por los servicios de seguridad, impedían acercarse al asiento A237, de la fila tercera de la nave.

Un pasajero había sido acuchillado y estaban por averiguar lo sucedido entre los viajeros, donde habían detectado un agresor que disimuló una daga en una de los portafolios de empresa, con la que le quitó la vida a un tal Neil Brunetti.

El comandante y piloto tras informar al pasaje de lo sucedido. Daba la vuelta y regresaba al aeropuerto de partida, para que las autoridades detuvieran al homicida.


autor: Emilio Moreno










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