miércoles, 8 de julio de 2026

Help... era una mujer

 






Harta de promesas de medias mentiras y de imaginados desprecios lo citó en su residencia. Era el final de un trayecto que no tenía futuro. Fue en un principio un amor de juventud, que fue durando en el tiempo, con frecuentes regocijos sexuales, y con satisfacciones eróticas, que jamás llegaban a una determinación, y menos al compromiso que ella pretendía.

Cinco años que compartían vivienda. A nombre de la mujer, con todos los suministros domiciliados a su nombre.

La permisiva y feliz señora, y no resignada compañera, quizás tras tanto cambalache ya estaba saturada, de malditos espectáculos y de adulterios.

En este asunto de los engaños, trabajaban los dos a la par.

Ambos eran los protagonistas. Los generadores de un sexo añadido con la permisividad de convenios que tuvieren y que asimilaban perfectamente.

Acostumbraban a darse el salto a la recíproca para después como si no hubiese ocurrido nada, compartir besos, cama y juegos conyugales, sin remilgos.

Atendiendo al cincuenta por ciento los recibos del gas, el costo de la cesta de la compra y del pan diario.

Aquella convivencia no se sustentaba por fingida, falsa y dolosa. Con lo que ya debían poner las cosas claras y por ese motivo citaba a Primitivo, el noviete de toda la vida, al orden en ese mismo entonces.

Era imposible desplazar aquella medida en el tiempo. Aquel compromiso debía estar definitivamente asumido.

Ya no podía alargarse en el tiempo y debían intentar organizar sus vidas y que el toro de la edad, no les pillara con heridas irresolubles y sin solución. Aún estaban a tiempo de disolver aquella sociedad en comandita, y en caso que aquel compromiso inicial estuviera activo, había posibilidad de corregir.

La guapa casi cónyuge y amante Help. Permisiva y asumiendo el bagaje de lo que a ella le correspondía se iba a enfrentar a su pareja de inmediato. Sin remordimientos por lo pasado, y por lo que aun debía ocurrir. Sin pena, sin afeamientos respondía como dueña de sus actos.

La bellísima mujer, conocida por Help Oftaste. Esperaba aquella tarde a Primitivo que llegaba en diez minutos,

Su nombre realmente era Socorro Del Gusto, pero le llamaban Help por aquello de la ayuda en inglés.

Igual que al apellido lo transformaba en Of taste. Que correspondía a una larga historia vivida antaño, cuando aun no habían recalado en el domicilio donde habitaban.

Eran muy británicos ellos dos, desde siempre, jugaban con estas tontadas que les arrancaban una sonrisa amarga, a menudo.

Help tenía una presencia estupenda, enamoraba a cualquiera, damas o varones con su tipo y no digamos la ligereza que poseía y libertad con que mostraba su desnudo body.

Encantaba al más, o a la menos teñida. Sin apenas zarandajas, una mueca, una mirada, un rozamiento oportuno y dentro…

Daba igual su gusto por el amorío, lo hacía congeniar con cualquiera, sin el más mínimo corte. Fuera colega de trabajo, amiga, conocido cercano, o incluso vecinos. Si convenía yacer, no se le ponían puertas al campo. Situaba su presencia todopoderosa y omnipotente, con mímicas eróticas y al ataque.

Su presencia estaba dotada de hermosura, con luces propias. Singular y llamativa, sobre todo cuando se mostraba como Dios la trajo al mundo. Desnuda, cálida y centelleante.

Primitivo no se hacía traducir el nombre, ni las invariables formas de pensar, vitales y seductoras. De remoto y primitivo tenía poco. Era el clásico guaperas, atlético, culto y sobresaliente cuando interesaba, que solía darse a menudo. Frente a hembra dispuesta al juego del: tu te agachas y yo comprendo. Siempre con educación y misterio, pero jamás timorato.

Era descarado, amoroso y paciente. Bromista y seductor, gracioso y ponderado casi siempre.

No se molestaba con el juego practicado por Help, o por lo menos lo disimulaba muy bien, para que nadie, averiguara dentro de sus psiquis, sus internos sentimientos. Jamás una queja de celos, de reproche, de malas formas, y aunque tampoco tenía comezón ni pizca de vergüenza, para proponer ir a la cama a ninguna mujer. Se cuidaba en su discreción para evitar dolos, sin importarle fueran amigas de Help, o incluso primas o sobrinas.

Era un chantajista desnudando bellezas, y un embaucador descalzando a quien se ponía a tiro.

Help Oftaste, era en realidad, una mujer aventurera y valiente, que se había dejado llevar por las esperas y engaños de un novio que no se decidía a contraer el compromiso que la madura doncella esperaba.

Tampoco en verdad, ella había propuesto a Primitivo cerrar definitivamente el cerco de diversión al que estaban incrustados. Demandándole matrimonio, o cuando menos una relación cerrada, donde pudieran tener vida común y como no, tener sus niños.

Por lo que había llegado el momento de aclarar aquella relación y antes de mandar al amor de su vida al traste, quería darle la oportunidad de enmendar la plana, o bien en caso contrario buscarse la vida, con quien quisiera, pero fuera de sus días. De su domicilio y de sus pensamientos. Teniendo Primitivo, caso de no llegar a un acuerdo, en dejar el pisito por ser desde siempre, propiedad de Socorro, que es como se llamaba la ingenua pareja de Primitivo—. Aunque todos la conocían y llamaban Help por su falsa modernidad.

Aquella esperada conversación entre Primitivo y Help, duró tan solo cuarenta minutos que fueron los que le costó hacer su maleta, al fornido caballero y salir de aquel tercero tercera.

Primitivo adujo que después de tantos avatares, historias, amoríos y adulterio, no se veía preparado en quedarse para siempre con Help.

Jamás tuvo pretensiones de ser padre ni de llevarla al altar, que hacía muchos meses que pretendía exponerle su partida, y que le venía como anillo al dedo que ella lo planteara, sin escusas, sin rencores y sin retrasos.

Que la seguiría queriendo siempre, pero en el recuerdo y en la memoria.



autor: Emilio Moreno.




 


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