Harta de promesas
de medias mentiras y de imaginados desprecios lo citó en su residencia. Era el
final de un trayecto que no tenía futuro. Fue en un principio un amor de
juventud, que fue durando en el tiempo, con frecuentes regocijos sexuales, y con
satisfacciones eróticas, que jamás llegaban a una determinación, y menos al
compromiso que ella pretendía.
Cinco años
que compartían vivienda. A nombre de la mujer, con todos los suministros
domiciliados a su nombre.
La permisiva
y feliz señora, y no resignada compañera, quizás tras tanto cambalache ya estaba
saturada, de malditos espectáculos y de adulterios.
En este
asunto de los engaños, trabajaban los dos a la par.
Ambos eran los
protagonistas. Los generadores de un sexo añadido con la permisividad de
convenios que tuvieren y que asimilaban perfectamente.
Acostumbraban
a darse el salto a la recíproca para después como si no hubiese ocurrido nada,
compartir besos, cama y juegos conyugales, sin remilgos.
Atendiendo al
cincuenta por ciento los recibos del gas, el costo de la cesta de la compra y
del pan diario.
Aquella convivencia
no se sustentaba por fingida, falsa y dolosa. Con lo que ya debían poner las
cosas claras y por ese motivo citaba a Primitivo, el noviete de toda la vida,
al orden en ese mismo entonces.
Era imposible
desplazar aquella medida en el tiempo. Aquel compromiso debía estar
definitivamente asumido.
Ya no podía
alargarse en el tiempo y debían intentar organizar sus vidas y que el toro de
la edad, no les pillara con heridas irresolubles y sin solución. Aún estaban a
tiempo de disolver aquella sociedad en comandita, y en caso que aquel
compromiso inicial estuviera activo, había posibilidad de corregir.
La guapa casi
cónyuge y amante Help. Permisiva y asumiendo el bagaje de lo que a ella le
correspondía se iba a enfrentar a su pareja de inmediato. Sin remordimientos
por lo pasado, y por lo que aun debía ocurrir. Sin pena, sin afeamientos respondía
como dueña de sus actos.
La bellísima
mujer, conocida por Help Oftaste. Esperaba aquella tarde a Primitivo que
llegaba en diez minutos,
Su nombre
realmente era Socorro Del Gusto, pero le llamaban Help por aquello de la ayuda
en inglés.
Igual que
al apellido lo transformaba en Of taste. Que correspondía a una larga historia
vivida antaño, cuando aun no habían recalado en el domicilio donde habitaban.
Eran muy
británicos ellos dos, desde siempre, jugaban con estas tontadas que les
arrancaban una sonrisa amarga, a menudo.
Help tenía
una presencia estupenda, enamoraba a cualquiera, damas o varones con su tipo y
no digamos la ligereza que poseía y libertad con que mostraba su desnudo body.
Encantaba
al más, o a la menos teñida. Sin apenas zarandajas, una mueca, una mirada, un
rozamiento oportuno y dentro…
Daba igual su
gusto por el amorío, lo hacía congeniar con cualquiera, sin el más mínimo
corte. Fuera colega de trabajo, amiga, conocido cercano, o incluso vecinos. Si convenía
yacer, no se le ponían puertas al campo. Situaba su presencia todopoderosa y omnipotente,
con mímicas eróticas y al ataque.
Su presencia
estaba dotada de hermosura, con luces propias. Singular y llamativa, sobre todo
cuando se mostraba como Dios la trajo al mundo. Desnuda, cálida y centelleante.
Primitivo no
se hacía traducir el nombre, ni las invariables formas de pensar, vitales y
seductoras. De remoto y primitivo tenía poco. Era el clásico guaperas, atlético,
culto y sobresaliente cuando interesaba, que solía darse a menudo. Frente a
hembra dispuesta al juego del: tu te agachas y yo comprendo. Siempre con
educación y misterio, pero jamás timorato.
Era descarado,
amoroso y paciente. Bromista y seductor, gracioso y ponderado casi siempre.
No se
molestaba con el juego practicado por Help, o por lo menos lo disimulaba muy
bien, para que nadie, averiguara dentro de sus psiquis, sus internos
sentimientos. Jamás una queja de celos, de reproche, de malas formas, y aunque
tampoco tenía comezón ni pizca de vergüenza, para proponer ir a la cama a
ninguna mujer. Se cuidaba en su discreción para evitar dolos, sin importarle fueran
amigas de Help, o incluso primas o sobrinas.
Era un chantajista
desnudando bellezas, y un embaucador descalzando a quien se ponía a tiro.
Help Oftaste,
era en realidad, una mujer aventurera y valiente, que se había dejado llevar
por las esperas y engaños de un novio que no se decidía a contraer el
compromiso que la madura doncella esperaba.
Tampoco en
verdad, ella había propuesto a Primitivo cerrar definitivamente el cerco de diversión
al que estaban incrustados. Demandándole matrimonio, o cuando menos una
relación cerrada, donde pudieran tener vida común y como no, tener sus niños.
Por lo que
había llegado el momento de aclarar aquella relación y antes de mandar al amor
de su vida al traste, quería darle la oportunidad de enmendar la plana, o bien en
caso contrario buscarse la vida, con quien quisiera, pero fuera de sus días. De
su domicilio y de sus pensamientos. Teniendo Primitivo, caso de no llegar a un
acuerdo, en dejar el pisito por ser desde siempre, propiedad de Socorro, que es
como se llamaba la ingenua pareja de Primitivo—.
Aunque todos la conocían y llamaban Help por su falsa modernidad.
Aquella esperada
conversación entre Primitivo y Help, duró tan solo cuarenta minutos que fueron
los que le costó hacer su maleta, al fornido caballero y salir de aquel tercero
tercera.
Primitivo adujo
que después de tantos avatares, historias, amoríos y adulterio, no se veía
preparado en quedarse para siempre con Help.
Jamás tuvo
pretensiones de ser padre ni de llevarla al altar, que hacía muchos meses que
pretendía exponerle su partida, y que le venía como anillo al dedo que ella lo
planteara, sin escusas, sin rencores y sin retrasos.
Que la
seguiría queriendo siempre, pero en el recuerdo y en la memoria.
autor: Emilio Moreno.
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