martes, 12 de noviembre de 2024

Voy a pronunciarlo.

 










 


 

Guardaba este poema y ¿Recitarlo?

En el momento justo, y necesario.

No es por mi cortesía. Es secundario.

Siendo oda normal, quiero pronunciarlo.

 

No lo rechaces. Solo es escucharlo.

Te lo dedico, por extraordinario.

Cura cualquier dolor imaginario,

que lo escribí por ti y por no olvidarlo.

 

Perdona. ¡Estaba tan equivocado!,

Retiro el verso. Lo sigo ocultando.

No es el instante de ser invocado.

 

Conseguirá mi rima. Y yo, deseando,

tu amor, por el momento inesperado.

Al ser un sueño, que estoy disfrutando.

 





 








autor: Emilio Moreno
noviembre de 2024


domingo, 10 de noviembre de 2024

No me aflijo con los bobos.

 














Con los tontos, me altero normalmente.

Junto a ellos, la paciencia, pierdo fijo.

Provocando una risa que cobijo

bajo el disimular lento y paciente.

 

Soporto casi nada, al indecente,

que se ríe de todo, y no corrijo,

aún y viéndolo imbécil, no me aflijo.

Sin poder conseguir, sea diferente.

 

Merezco la paz. Siendo otro cedente,

y soportar tontadas de los bobos

que resisto. En mi intervalo silente.

 

Entre la cualidad, de estos ímprobos,

me salvo de ellos, cuando estoy ausente.

Condenso oído. El resto, son mis lodos.

 

 








 















Emilio Moreno.

sábado, 9 de noviembre de 2024

Sin responsabilidad, ni vergüenza

 

 


Habían pasado casi dos semanas y media, desde la tragedia de la noche entre el 29 y el 30 de octubre de 2024. 

Ese día igual, se hubiese celebrado la Festividad del patrón de las moscas. Onomástica de San Narciso. Sin embargo, quedará como una fecha muy trágica para muchos de nuestros compatriotas, amigos, conocidos y familiares. Fue un día negro.

Cuando la “GOTA FRÍA” … Lo que ahora designan como DANA, se llevó la vida y enseres de tantas personas en pueblos de Andalucía, en villas de Albacete y de la ribera de Murcia y del Mediterráneo tocando a la Albufera y huerta de Requena, Chiva, y setenta y tantos pueblos más de la Comunidad Valenciana, de Castilla la Mancha y Andalucía.

Personas que ajenas a lo que pasaba, disfrutaban de sus vidas sin prever las consecuencias. Al no ser avisados por las fuerzas políticas del país, que como siempre estaban en otra pelea. Sin importarles, lo que los meteorólogos advertían hacía días. Ellos a sus cuitas, a sus discusiones y a todo menos, a socorrer al pueblo.

Alguno se pregunta. Donde quedan tantos protocolos y tantas normas, tantos mandamientos y leyes. Si después no hay nadie que las aplique. 

Y las justificaciones no nos valen.

Muchos de los que han salvado la vida, y la familia de todos ellos dan las gracias al cielo, porque ayuda y socorro, no han recibido. El destino les puso en otro lugar o se agarraron a una farola, un árbol, verja de hierro, una puerta, una esquina, o una valla. Al agarradero físico que se les presentó en ese instante. 
Quizás porque como dice el refrán… No era su hora. Pudiéndose resguardar de perecer entonces. A todos ellos les quedará la imagen del momento, y por siempre recordarán semejante desgracia. En la que no pudieron hacer nada para evitarlo.

Otros los difuntos. No se esperaban acabar sus días en la forma que sucedió. Dentro y encarcelado en sus coches, arrastrados por la fuerza de la riada, engullidos por el encabritado feroz de las aguas.  Sabemos que ante las fuerzas de la naturaleza, poco se puede hacer y aquellos deberes que tendrían que estar hechos, pues no se hicieron en su momento. Dejando que ese "Cambio Climático" con el que se llenan la boca, nos invada indefectiblemente, con esas tristes consecuencias.

No tiene nombre, ni justificación la reacción de nuestros mandatarios, y sin pretender nombrar a nadie.
(Porque todo el mundo los conoce y con razón nos avergonzamos de ellos). Los hemos de soportar. 

Ya saben aquel refrán que dice...

 “Dios los cría y ellos se juntan”

Porque entre ellos se tapan, poniendo cara de afectados. Siempre están cubiertos, se hacen millonarios, y siempre, siempre tienen excusa.

¡Vergonzoso!...

Después, todos nos quieren seducir, en el periodo de elecciones. Es penoso y difícil de corregir. Son engañadores profesionales. Claro; no todos pero...

Entre todos la mataron y ella sola se murió

Decir que no hay ninguno, o son escasos los gobernantes, que tienen nivel político para administrar, y cuidar a los casi cuarenta y ocho millones de habitantes que tiene España, no es mentir. 

Dense por aludidas ustedes, las políticas, gobernantas, jefas, directoras, (miembros y miembras), que dijo una dama defendiendo un error en su lenguaje inclusivo. Esperaba más de esos y esas que nos prometen protección. Señores y señoras que se dedican a la política, que tampoco dan la sensibilidad necesaria, para que con su mano izquierda. Consiga el pueblo llano ventajas de su aportación.

Hoy el pueblo está de luto, porque los que han perdido a sus allegados, amigos, compañeros, y familiares, no los recuperaran. 

¡Que Dios los tenga en la Gloria!... 

Ni tampoco aquellos otros, los muchos que han perdido sus casas, sus bienes, porque después de tantas promesas hechas. Todo queda en falsedades, en lodo, en detritos, en ausencias y en el olvido.
Si me pongo a pensar, observo por desgracia que no es la primera vez que ocurre, ha pasado siempre y por desgracia seguirá pasando. 
Qué pensarán en la Europa, la de los veintisiete, cuando vean y se cercioren de todo lo ocurrido. 

A qué... y a que cosa. Se estaban dedicando los que nos han de proteger, quizás a ponerse en sitio seguro, y en lugar de enviar las ayudas, los apoyos y la protección civil, discutían porque el protocolo no cumplía con los requisitos.

Al tiempo, veremos como todo queda en "Aguas de borraja" y Los que tienen que responder y solucionar, se diluyen como el humo entre las nubes.


 









Emilio Moreno.
Un abrazo para todos los afectados, recordando
a mi familia que reside en Albal, que también han
sufrido consecuencias.

viernes, 8 de noviembre de 2024

Somos muy poco, y menos sin calzoncillos.

 


Anestésico que atonta.




 

Que sensación estar allí aguardando, cuando llaman por aquel altavoz, y escuchas tu nombre, y que te requieren en la sala del final del pasillo, y al llegar te despides del acompañante y te dicen que entres y te vayas preparando, mucho antes de entrar en la antesala del límpido y amplio quirófano.

Vienen a tu mente todos los instantes anteriores que recordarás a lo largo de la espera larga a que te someten las enfermeras.

 — Por favor, entre en el reservado. Desnúdese completamente — dijo la señorita de la bata blanca, a la vez que te mira las manos para ver si tiemblas; y con sus gestos estudiados indicó el lugar donde has de quedarte. En cueros, como cuando llegaste a este mundo, y sigue mascullando. 

— Deje en esta bolsa los zapatos, para que no ensucie ni contagie el resto de enseres. Las gafas las coloca a la vista, en la estantería, junto a lo demás. Esté tranquilo, que no notará apenas nada, y volvió a repetir.

— Desvístase por completo y póngase esta blusa, átesela a la espalda sin hacer nudos. El gorro de plástico ajústeselo a la nuca y los zuecos de nylon para evitar ir descalzo. No tenga prisa, vaya con calma, y salga al pasillo cuando esté. Avísenos y pronto vendremos por usted, y le atenderemos.

Obedeces y poco a poco te vas desnudando, quedándote más indefenso que las plumas que arrastran los vientos del norte, y una vez acabas. Guardas la precaución, procuras estar al tanto de todo lo que te rodea. Sin llegar a comprenderlo de entrada, por aquellos nervios que aunque no quieras te abochornan. Te miras en el espejo del reservado y te das pena a ti mismo. Notas que no somos nadie. No somos nada y menos sin calzoncillos. 

Disfrazado con el gorrito verde, una bata atada a la espalda y los zuecos que evitan que tus pies toquen el suelo de aquel pasillo. Pensando, a la vez con sorna, porque no te queda otra. — Creí que jamás me disfrazaría.

 Pretendes estar diáfano, y llegas a creer que no tienes miedo. ¡Estás aterrado! No sabes que pasará. Piensas que es un riesgo, entrar en el desconocido sótano del cloroformo. Desprovisto, y escaso. Tan sensible, agudo y penetrante que no te inspira seguridad puedas volver a vestirte con tus propias manos.

Coincide mi recelo, muy sesudo, o por lo menos así lo creo. Estoy escaso de ideas y de decisiones y sigo sintiéndome tan huérfano y tan irreal que ni me siento al palparme, por el terror y caos al penetrar en aquella sala de espera. Donde me colocan en la muñeca una etiqueta, larga y engomada que agarran alrededor de mi mano izquierda, imposible que se pierda, marcándome sin fuego. Estampando mi identificación como si fuese el próximo espécimen que han de degollar.

Me conducen por el pasillo y al llegar a la zona de la amplia antesala de aguarde, me invitan y ayudan hasta acomodare en una camilla, procurando me sienta cómodo y al punto, una pasante, toma la muñeca de la mano izquierda y buscan palpando con sus dedos, lo que ellos llaman una vía. Diciéndome muy agradable, familiar y  y atenta. 

— Voy a pincharte y verás como ni lo sientes. Dijo con una voz de duda, que tras atravesar mi piel varias veces, consigue hacerme una carnicería en mi brazo. Sin hallar la vena. Al no tener éxito, llama a la enfermera jefe y ésta, algo molesta le da instrucciones para la próxima vez, no llague tanto al paciente.

—¡Ya está. Ahora tranquilo— Dijo la entendida. Vendremos a ponerte medicamento varias veces, antes de entrar con el anestesista.

Vuelvo a quedarme con mis pensares y reservas, pero dejas que todo fluya, ya nada está en tu mano. Ni tan siquiera el volver a levantarte de la camilla, sin que te den el permiso para hacerlo. Ves pasar urgencias por tus lados y piensas, que esos pobres están peor que tú, pero tampoco te importa.

Los enfermeros, van comentando detalles de sus días y explican sus cosas, ríen y charlan, sin más. dándolo todo como normal, como habitual en su profesión, como lo hacemos todos cuando defendemos un trabajo. 

Han pasado mas de cuarenta minutos y el camillero te menea y transporta. Notas que te arrastra por el pasillo, deteniéndose antes de acceder al set del médico anestesista, y pregunta. — ¿Estás tranquilo?, yo contesto apenas con ganas de hacerlo, pero la educación no hay que olvidarla, aunque estés en situación semejante

— Si lo estoy. Eso creo. No puedo estar de otro modo, ni siento frío ni hambre, ni me preguntes más, que no se ni explicarme. Háblame tú— le digo y el silencio me inunda.

El auxiliar se calla y al poco empuja la camilla y quedas a merced de otro licenciado que te pregunta, por tu nombre, de donde eres, para cortar el hielo. Es el lugar donde te colocan y te dejan medio lelo. Desconcertado como si fueras un durmiente, antes de entrar al quirófano donde extirpan y cortan sin engrudo. Escucho su voz que insiste.

— Cuanto hace que no comes. Imagino que habrás cumplido con lo que te dijeron, llevar más de seis horas sin ingerir ni mijita… ¿Verdad? 

Escruta sin dejar de hacer sus cosillas sin que tu las veas, porque te ponen una especie de gasa encima de los ojos. Respondo a su pregunta con esfuerzos vitales.

— Llevo sin comer desde esta mañana a las diez, no he bebido ni tan siquiera agua. Nada, a la espera de este instante. Ya no obtengo respuesta, o por lo menos no la escucho.

Dudo en qué fase me encuentro, por lo desconocido del lugar, y lo noto muy tenue. Imagino que por los efectos de esa inyección disimulada que me han colocado para sedarme de forma anónima.

Veo todos los conceptos y aspectos que pueden llegar a ser negros. No queriéndonos enterar de que todo puede pasar cuando estás encima de una mesa de cirugía. 

Notas la carencia de tus máximos y añoras aquellos mínimos, que hasta hace menos de una hora estaban muy próximos.

No he apreciado el rígido bisturí que abre. Ungiéndonos con sangre que debe recorrer la piel, bajo aquel cloroformo tan ázimo

 







jueves, 7 de noviembre de 2024

Bisturí de cirugía

 








 

 




Que sensación estar allí desnudo

en la antesala del amplio quirófano.

Guardas la precaución, estando diáfano,

desprovisto, y ridículo. Tan agudo.

 

Coincide mi recelo, muy sesudo

muy escaso, sintiéndome tan huérfano

con el terror y caos en aquel sótano

donde extirpan y cortan sin engrudo.

 

Dudo desconocido y tenue anónimo

Aspectos que son negros. No queriéndonos,

que te dejan carente de tu máximo.

 

Siendo un enorme mínimo tan próximo

Rígido bisturí que abre. Ungiéndonos

bajo aquel cloroformo tan ázimo

 




 


lunes, 28 de octubre de 2024

La hija del curandero

 



Aquella mujer bajó de la Rioja huyendo de su padre y de sus hermanas. sin mencionar las voces que se oían en su pueblo por la pertinaz actuación de su predecesor. El curandero, pinchaculos y barbero de Embid de la Rivera, al que se le relacionaba con unas prácticas extra matrimoniales y causante de la muerte de su esposa. Aprovechando la confusión con unas fiebres muy altas que le originaron su deceso, en la época de la llamada y denominada Pandemia Española del año 1918.

Carmen huyó de aquel pueblo donde aquel personaje que les tocó en suerte a la familia, hacía y deshacía de las suyas.

Aquel hombre que además del oficio de barbero, era el practicante médico del pueblo. Un hombre listo y calculador, que llegó a ser dueño de grandes negocios que a la postre lo llevaron a la decadencia. tras haber sido protagonista él mismo de la ruina de muchos de los que coincidieron en sus días.

Cuando se marchó Carmen dejó tras de sí a dos hermanas menores que ella, que no la respetaban, ni valoraban jamás. Ni tan siquiera cuando intentó tomar las riendas de la casa, al faltar la madre.  Por lo que decidió huir de aquel pequeño pueblecito muy cercano a Calatayud y venirse a buscar su fortuna, a una ciudad donde nadie la conociera, ni la pudiera relacionar con su pretérito.

Llegó a la capital y tras buscar una pensión en la zona de Pueblo Seco, radicó su estancia momentánea. Una mañana que iba en busca de trabajo a la dirección de una señora de postín, y esperando el transporte público en una de las paradas del llamado tranvía de circunvalación, tropezó por casualidad con aquella señorita. Allí coincidió con Rosario, una joven andaluza muy dicharachera y simpática y a la vez, lianta y mezquina que nada más conocerla entablaron una amistad que al poco tiempo se transformó en familiar.

Ellas dos se vieron en un par de ocasiones para explicarse sus penas y en nada de tiempo, Rosario la llevó a su casa, a presentarle a su familia. Estimulada por un cariño expedito y compadeciéndose de la pena que Carmen le contó en aquella charla que había comenzado aquel día en aquella parada del veintinueve. En el paralelo de Barcelona.

Carmen ya no salió de aquella casa. La madre de Rosarillo, le cedió una habitación en su propio domicilio y así es como conoció y se relacionó con Antonio. hermano de Rosario, un muchacho rudo, poco social y muy sensual, que la llevó en tres meses al altar. 

Noventa días le faltó a aquella pareja y se unieron durante toda la vida. Quizás el amor no lo tuvieron jamás, pero entre ellos engendraron cinco partos y acabaron juntos al final de sus días. Con todas las dificultades que tuvieron y con todas las repercusiones que padece una familia pobre, sin futuro que ha de criar a varios hijos.

Corría entonces el año de 1923 y en España la política y la sociedad estaba desquiciada y transfundida por los acontecimientos, que al cabo de pocos años la llevaron a una guerra fratricida entre hermanos.

Vivieron en un alquiler de la barriada de Pueblo Nuevo, hasta que les concedieron una vivienda en la nueva zona creada para dar cobijo a los emigrantes que venían a trabajar en Barcelona, con motivo de la Exposición del año 1929.

Ocuparon el barrio llamado entonces de las Casas Baratas de Horta, o barriada de Ramón Albó, donde transcurrieron todas y cada una de sus consecuencias. Cuando ocuparon su vivienda, ya tenían dos hijos y otra venía en camino. No parando ahí la creación de vida, ya que entre el periodo de la contienda y el fin del conflicto, Carmen alumbró a dos hijas más.

Ahí comenzó la historia de la hija del curandero. Carmen una mujer bastante cultivada por derivación de la familia de donde procedía. Un padre con estudios y una madre que nacida en la Comunidad Valenciana, no se quedaba atrás en la disposición y hegemonía con su marido. En cuanto a conocimientos, habilidades, e instrucción académica. Su familia había poseído negocios de telas y de enseres.

Carmen siempre fue una atrevida por su carácter y arranques, que tendería al desarrollo de su vida, sabiendo gobernar a su esposo Antonio y los cinco hijos que engendraron a lo largo de su matrimonio.

Cada uno de los hijos vivió sus días con el bagaje y las consecuencias heredadas. Viviendo bajo el ordenamiento de su madre, que les hacía de guía espiritual. Detalle que les perjudicó siempre, ya que en su momento, ninguno de ellos supo tomar las decisiones que quizás, más les convenía. Quedando todos solteros, excepto la primera hembra, la segunda de sus hijos, que fue la que contrajo desposorio en contra de la voluntad y el deseo de su madre y hermanas. 

Diábolo el primogénito, en el comienzo de su iniciación a la pubertad, tuvo según atestiguaba su madre, una afección de poliomielitis que lo dejó semi afectado en su raciocinio durante toda su vida. la que no fue corta, ya que vivió por más de ochenta años. Soltero, raro, desquiciado y maleado por sus hermanas menores. Hablaba y gestionaba con normalidad, aunque en su persona, y en el modo de comportarse y de gestionar sus decisiones. Notabas que le faltaba un hervor. 

Cártama su hija mayor, la segunda nacida de aquel matrimonio. Fue una persona falta de seguridad, la que siempre se mantuvo en segundo plano y no quiso entrar en protagonismos ni tomar decisiones que a la larga la hubieran beneficiado. Contrajo matrimonio. Siendo la única que lo hizo, de todas las hijas. Se casó con Patxi, otro joven que provenía de familia descorsetada, con muchísimos secretos inexplicables. La pareja convivía sin escándalos de puertas para afuera. Aunque la esposa no encontró la felicidad y mantuvo silencio siempre sin hacer ruidos en la delicada trayectoria que le tocó vivir. Tuvo dos hijos, que no le llenaron de dicha.

Cuca, nacida en tercer lugar, siguió su destino, sin poder complementarlo por escuchar a quien no debía y hacer caso de lo que le perjudicó. En primer lugar a su propia madre, la que se hizo venir de un regimiento de hijos, que usó en su vejez, consiguiendo un sustento hasta que murió. Ya que usó siempre a su descendencia, del mismo modo como la obligaron a ella. Como esclavos, sin que ellos pudieran llegar a notarlo. La tercera hija de la saga, no quiso compromiso con ningún hombre. Aunque ella se entendía con un casado. Amigo de una familia relacionada con ellos, que la montaba varias veces durante el mes. Creyendo la tal Cuca, que era un secreto entre ambos, cuando realmente, familia, y amigos conocían sus relaciones sexuales, que finalizaron a la muerte del maduro, que la poseía.

 Priscila, nacida durante la guerra, adoptó la beligerancia de la época. Era un ser despreciable por su maldad, con la gente que le rodeaba incluida sus hermanas, a las que sometió de manera flagrante y decidida. por su envidia y criminalidad aparente. Estigmatizada por su rencor, que no le permitía aclimatar tanta paranoia. Consiguiendo que aquellos que la rodeaban no tuvieran ni paz ni seguridad. Era catalogada por los que después pudieron analizarla, como una vulgar pécora. Fue a sabiendas de la madre, una instigadora y desgraciada persona. Imbuida por su defecto maléfico. Una hembra, que mantuvo en el anonimato su estado sexual, sin aclarar jamás si era heterosexual, o lo quería parecer.
 Magdala, la última hija nacida cuando finalizó la contienda, fue la menor y la pieza del disloque de Priscila, que le tenía una envidia visceral y unos celos enfermizos. Hasta conseguir desterrarla de la casa familiar. Siendo la única que rompió con la familia, huyendo de la casa, cuando era tarde. Para poder vivir en paz, con su sexualidad y sus gustos. En un tiempo que aun estaba en vida Carmen, la madre de todas ellas. La que no pudo impedir, que su hija menor desapareciera de su entorno sin su consentimiento. Haciendo de ella y de su infelicidad, marchamo de costumbre en toda su descendencia. 
Magdala se mantuvo fuera del concurso del resto de los allegados y fue una persona gris y poco comunicativa. Acabó sus días muriendo sola en su apartamento y encontrada al cabo del mes de estar difunta.  
Llevándose a la tumba todos los secretos que algún día serán revelados.




viernes, 25 de octubre de 2024

Muchas mujeres cosmopolitas

 



Aquel hombre se quedó solo de buenas a primeras, sin esperarlo. Una muerte súbita de su esposa lo dejó libre. No imaginaba lo poco desdichado que se quedaría al faltar Rouse. Ferrando se había dedicado toda la vida a la música, sin pensar en el futuro. Así que de pronto, sin Rouse, comenzó a vivir momentos inesperados. Bastante aceptables fuera de la supuesta pena que tendría y del lamento por su pérdida, con lo que aceptaba su situación dentro de lo que se registra en la actualidad como desgracia.

 Ferrando Blake era un musico que se había quedado viudo hacía unos meses sin echar mucho de menos a su esposa. Se había pasado la vida viajando por esos mundos en las orquestas, componiendo canciones y bastante alejado de la familia. Era un tipo raro y extravagante. Por no quererse. Ni se quería él mismo. Buscaba rehacer sus días, encontrar nuevas aventuras, y se le ocurrió hacer un viaje para conocer gente nueva y darle alegría a su ego. Con mucha traza encontró la distracción que le merecía su mejor atención. Escogiendo un itinerario en un crucero. El MMC. El famoso viaje denominado Muchas Mujeres Cosmopolitas.

Embarcando sin más en aquel fenomenal invento.

En el crucero encontró parte de lo que él creía le hacía falta. Entre el pasaje y la gente que le rodeaba, tropezó casualmente con una cantante árabe que tenía un cuerpo tan venenoso, como el de una serpiente. Fino y atractivo por sus escamas plásticas que en cuanto supo de las consecuencias que tenía aquel pasajero iluso, y del posible patrimonio que le había dejado su viuda, quiso acercársele con mayor esmero. Dado lo conocida y famosa que era Rouse, en el mundo de la moda y de la cultura.

Se puso manos a la obra, y consiguió acosarlo con su escote y su culo.

Tratando de seducirlo, al enterarse de buena tinta, que le habían quedado unos buenos dólares, una dote con paga incluida. Además del patrimonio testamentario.

 Se dejó llevar y disfrutó de todo lo que ella le ofrecía y ambos se pudieron lucrar según les venían las ganas y los deseos.

Por parte de Ferrando el gozo de un cuerpo celestial y ambiguo al que no podía sacar partido. Aunque ella quería representar, frente a sus ojos, que quedaba satisfecha y complacida, después de los ripios actos sexuales que mantenían. Dentro del posible enredo que le estaba tejiendo para cazarlo como a un pajarillo, y dejar la prostitución. Ocupación de meretriz, a la que obligaban a llevar, en los diferentes cruceros a los que su chulo la empleaba. Como dama de compañía y, cantante de la orquesta del MMC, en alta mar…

Avelina Vinicius, era una trovadora de 20 años más joven que Ferrando, del que parecía se dejaba engañar. Aunque tan solo lo parecía. 

En el magnífico crucero atlántico con el nombre de “Muchas mujeres Cosmopolitas”, se encontró cada día más a gusto, con las tantas diversiones habidas. Iba dirigido por vacaciones al Caribe y en la isla del encanto tendría una de sus paradas. Venía con rumbo de las Canarias y hacía la primera escala en la Isla de Cuba, donde tuvo sus más y sus menos con esa música preciosa como el Son y el Guaguancó. Los menos eran para la cantante que perseguía su beneficio. Que eran los sueños que llevaban al cielo ayudado por las caricias de Avelina.

En una de esas noches semi románticas la joven seductora, se le acercó a Ferrando y quiso declararse en una conversación de las mas románticas, a la vez que le mostraba parte de sus pechos, para conseguir seducirlo completamente desde aquel momento. Pasaron unos días en la Habana y en Santurce de Puerto Rico, difíciles de olvidar. Mientras a todo ese disfrute, Ferrando iba haciéndose una idea de lo que haría con Avelina y con su vida al regreso en el puerto de origen de aquella travesía. 

Cuando terminaron las vacaciones en el famoso crucero de las famosas Mujeres Muchas Cosmopolitas. Ella quiso desenredar el final de aquella historia sexual que habían tenido Ferrando y Avelina en el barco, y de una forma torticera quiso atar su futuro en la cubierta del buque. Con el sonido de los dos violines que había predispuesto ella, para mejorar el entorno. Cuando le preguntó de forma directa.

— Donde vamos a vivir cuando lleguemos a puerto. Has madurado en quedarnos a vivir los dos en Puerto Rico. Comunicó Avelina convencida, a su compañero.

—No he podido pensar en nada, puesto que lo que hemos tenido los dos en este viaje, creo ha sido una aventura. Sin más. Por lo menos así lo he imaginado.

—Eres un hijo de madre mala y un sinvergüenza. Me sales con esas conclusiones, ahora, pedazo de cabrón, después de embaucarme. Sabiendo que soy tuya y desde el principio y por mi parte, dedicarte todas las actuaciones hacia tu persona. Ahora que me tienes enamorada, me quieres dar la patada.

—Tú enamorada? Es que sabes hacer esas cosas. No te has entrenado demasiado bien. No has llegado a convencerme y sabes que pienso. Que eres una aventurera. Lo que he de respetar y comprender, sin que ello me ate a ti para nada. 

Ferrando había desarrollado su vida engañando a todo el mundo, tocando y cantando en orquestas de prestigio y otras de medio pelo, por los pueblos ibéricos. Canciones de todos los artistas y vocalistas del momento. Teniendo mil y una aventura, con quien se le ponía a tiro. Por lo que no lo iban a encarrilar ahora, que tenía resuelta su vejez. Se había quedado solo y con la dote que procedía del patrimonio de su viuda, podría apañárselas. 

A Rouse Marichalar, la que fue su esposa. La conoció en Marbella una noche de verano, cuando pertenecía a la orquesta de Nueva Celeste. Era una joven muy guapa, distinguida y efervescente. Se le acercó cuando cantaba una melodía de José Feliciano y se brindó a que la poseyera. La llevara a los trasteros de los carromatos de la orquesta y allí le diera un revolcón. Teniendo la primera sesión de lo que después sería el comienzo de su relación. Una vida poco licenciosa y adecuada. No quisieron tener hijos. No querían cargas familiares, con la vida que llevaban, era meramente imposible.

Ferrando, no aceptaba ese enfoque, y no lo hubiese admitido. Sabía de buen grado que no podía llevar a cabo todas las ingratitudes que le tenía preparadas a Rouse, Eran impensables, hasta para él mismo por las cuantiosas relaciones con las muchas y guapas mujeres a las que conocía. Aguantando la relación con su cónyuge, hasta que ella pudiera soportarlo y se cansara. 

La defunción por sorpresa de Rouse, fue de una forma rara. Se habló de violencia machista, de abusos y de malos tratos pero ella no dio motivos negativos sobre su marido, que tenía faltas, pero ella lo amaba. Nunca lo denunció.

Por parte de la familia de su esposa, en ningún tiempo lo tuvieron en buena estima, catalogándolo con todos los defectos del peor de los truhanes, pero llevaban casados más de dos lustros. Se habían unido en matrimonio en su día como mandan los santos oficios. Al final no pudieron achacarle ninguna de las acusaciones que se vertían sobre Ferrando y heredó. 

Cuando llegaron al puerto de la ciudad condal…Despidió a la señorita Avelina y quedó con la música que había interpretado siempre, hasta que la enfermedad del Alzheimer, lo dejó sin padecimientos con la misma sonrisa que presentaba por costumbre. 

 

miércoles, 16 de octubre de 2024

El desenfreno de Amanda Dániels

 













Había una cierta confianza entre Robin Wells, y Amanda Dániels, una joven amiga, que conoció en la primavera de los ochenta y cinco. Por relacionarse y pertenecer a la peña de toda la vida, y a la colla, de edades comprendida entre los dieciséis y los casi veinte añitos, que todos los veranos agregaba algún joven más al núcleo del grupeto.  

Dentro de todas las jóvenes de la panda, llegó una nueva muchacha, que todos aceptaron de buen grado. Quizás, era algo diferente, porque sobresalía. No por su inteligencia, ni belleza. Todo lo contrario. Llamaba la atención por el timbre de voz que imponía en cada una de sus disonancias. Además de ser y demostrarlo enseguida, suspicaz, escamada y muy celosa. Por lo cual sus compañeros sabían de buena tinta, que debían ir con el ojo avizor, y poner un poco de distancia para no verse comprometidos en ninguno de los enredos que podía establecer.

Una adolescente no habituada a la amabilidad, al respeto ajeno y sobre todo a la ausencia de instrucción y medidas. Cualidades que tampoco le impedía relación con aquella peña en la que de todo abundaba. Y tan solo se reunían en verano, dadas las fechas vacacionales de la familia, y el reencuentro anual característico.

Aquel agosto transcurría muy divertido, con todo lo que trae de sí, el tiempo estable, las tardes largas y las noches de estrellas, mientras, aquella cuadrilla disfrutaba de la música de Ricky Mártin, que tuvo como no, una velada de marcha y encanto en aquella localidad.

Las fiestas patronales prometían de lo lindo, dejando a la libertad al buen rollo y la confianza que hicieran lo propio. Las niñas de la peña, se acicalaban para gustar y ellos pues no les tenían que apretar, para descorchar su alegría y sensualidad. Bailaban entre ellos y se gastaban bromas comprensibles y banales a veces. Otras, las manos iban a parar donde las mozas lo permitían, que no era óbice para que se quedaran mancos, y por no faltar a lo recíproco, ellas no eran tullidas al apretar muy arriba o más abajo. Todos conocían que aquello se acababa a final de mes, y quizás con suerte, salud y talante se reemprendía al año siguiente. Habían pasado una semana de fiestas completamente perfecta, y todos aquellos mozos y mozas se encontraban en su cenit de alegría, como para seguir algunos días más. Aunque aquello llegó a su fin irremediable.

Cada cual volvió a su lugar de origen y comenzaron las clases en los institutos, para algunos pocos, y la ocupación laboral, para los menos afortunados, que debían ganarse desde ya; el pan, acabadas las preceptivas holganzas laborales.

Habían pasado cinco semanas de todo aquello y una mañana de viernes, la señorita Dániels apareció por casa de Robin, sin aviso previo. Pulsando el timbre de la casa y presentándose como la que llega y a la que esperan. Saludando en la mismísima puerta a los padres de Robin, que ya la conocían por haber departido durante aquel verano, algún momento con ella.

 —Hola, ya me conocéis soy Amanda, ¿Está vuestro hijo en casa?. Preguntó Amanda, mirando hacia el interior de la vivienda. La madre fue la que respondió sin menoscabo.

—Pues mira no está en casa desde hace días. Pensando al mismo tiempo que es lo que busca esta jovencita. Tras de aquella sensación rara. Recordó en qué fecha se fue, y sin precisar respondió.

— No lo sé ahora muy bien, pero igual hace cinco o seis días. Salió de viaje por cuenta de la empresa y volverá el martes. Con lo que tendrás que volver y verle en otra ocasión.

—¡No!  …nada de eso. — comunicó Amanda, con mucha jeta.

— Fue Robin vuestro hijo, él que me dijo que si pasaba por aquí, que me acercara a verle y eso he hecho. No he pasado por casualidad, pero me apetecía. He venido de exprofeso y ahora no voy a volver a Madrid sin más. Que pensarían mis padres verme retornar tan pronto. Anunció, como si aquel viaje lo hacía con anuencia de sus papás.

— He venido por verle y a pasar con vosotros unos días, para conoceros mejor y que vosotros tengáis contacto conmigo.

La madre de Robin se quedó de piedra, al oír aquella revelación y quiso preguntarle para certificar lo escuchado.

— Tus padres saben que te has presentado sin anunciarte aquí, sin más. Porque no me lo puedo creer. Adujo la mamá del muchacho, mientras el padre salía al encuentro y comenzaba a enterarse de la visita de la nena.

— Es que me pones por embustera. Solo he dicho, lo que pensarían ellos. Cuando se enteraran del tema. Al comentárselo yo en su momento. Ahora mismo no saben que he venido a veros, pero os doy permiso para que los llaméis y le digáis que he llegado en el AVE, muy requetebién.  Después de la disertación pidió con un gesto que se apartaran del acceso para entrar. — Me dejáis pasar por favor.

Se hicieron a un lado y dejaron entrar a la fantástica señorita Dániels, mientras Dorothy llamaba a la casa de la monina. No tardó en marcar el teléfono y conoció a Martha que se ponía al aparato. — Dígame, quien es.

—Hola buenos días, Martha soy Dorothy Wells, la mamá de Robin. Que tal estáis, 

— Pues ya lo ves, chica, currando como podemos sin mucho que contar, y vosotros que explicáis. A qué se debe la llamada. ¿Hay alguna urgencia?

— Urgencia no, pero ha sucedido algo incomprensible. Decirte que Amanda, se ha presentado en casa, con una maleta para pasar unos días aquí, sin previo aviso, y con el agravante que Robin está de viaje de trabajo y hasta el martes no vendrá. Tú sabias alguna cosa de esta ¿repentina aparición?

 — No sabía nada, pero ya conoces como es Amanda, es un terremoto. Lo aconsejado es que le deis cobijo hasta que llegue tu hijo y después la volvéis a mandar aquí.

No podemos con la nena. Es muy tozuda y es arduo luchar con ella. Nosotros la dejamos por imposible. Se le mete algo en la cabeza y para convencerla, es una odisea.

—Dime Martha, sabes algo sobre la relación de ellos. Es que tienen vislumbre entre los dos, o se gustan. interrogó Dorothy a Martha.

—Creo que no, pero no me hagas caso. No lo sé. Adujo Martha sin conocimiento del hecho.

— Te lo pregunto porque no me ha dicho nada mi Robin, y he quedado de piedra, al verla en la puerta, exigiendo pasar.

— Que yo sepa— dijo Martha—, ella no me ha dicho ni por ahí te pudras, pero lo mismo le ha dado un ramalazo y quiere camelarlo. No lo sé, es mi hija, pero no la conozco nada.

 

Le ofrecieron amparo y la mamá de Robin, lo localizó por teléfono y le explicó lo que sucedía. El hijo no se hacía el cargo, que hubiese tenido tanta cara la moza, porque a él no le gustaba en lo más mínimo.

Ni tan siquiera se acercó a ella, durante las fiestas, dándole esquinazo y demostrándole fehaciente, que a él le molaba y mucho, Georgina. La jovencita rumana y rubia de la trenza larga. La que le devolvía los gustos, con sus arrumacos y sus intimidades.

Detalles que Amanda, observó y quiso romper por sus celos viscerales. Intentando abortar de plano esa relación, con sus estratagemas.

 

Robin no adelantó el viaje de retorno hasta el día en que tenía previsto. Dejando a sus padres se comieran el plato de un arroz crudo, pasado y desaborido.

Amanda se acomodó en la suite de invitados y comía con los padres de Robin y les hacía unas gracias que ninguno de los dos admitía. Aquel fin de semana, fue el más largo de sus días, sin el hijo y aguantando a una fresca, que pretendía hacérselas pasar por graciosa y entendida, y era de lo peor que unos padres desean para un hijo.

Mientras llegaba Robin de viaje desde la otra punta del país a casa, el padre fue a la estación de tren, a sabienda y en acuerdo con Robin para sacar los billetes de retorno a Madrid, para el miércoles, el de aquella semana que debía entrar.

De ese modo y aprovechando las sinergias, el nene se marchaba en el mismo tren que Amanda. A ella la dejaba en la capital y él continuaba su viaje hacia su destino laboral.

Con los nervios y las prisas el papá de Robin expidió aquellos billetes con tan mala suerte, que en lugar de dar la fecha del miércoles acordado, dio la de otro miércoles... pero fue el del mes próximo, y se vino para su domicilio sin precisar en que, la fecha de partida era incorrecta.

Llegado el instante de la marcha, subieron al tren los dos jóvenes y de pronto Robin; se apeó del vagón y le dijo a su padre, que una señora quería sentarse en sus lugares. 

Después de mucho querer entender lo que pasaba miraron los boletos y se percataron que aquellos pasajes estaban fechados un mes más tarde.





Autor: Emilio Moreno
fecha: 16 de octubre 2024
antes de entrar en quirófano.