viernes, 19 de julio de 2024

Sin dejar pistas.

 










El escarmiento dado por aquella mujer maltratada. Fue sonoro.

Violada y arrinconada por un esposo, que no merece ni el desprecio de una venganza truncada y por un padre, que la vendió como una mercancía tarada.

Alondra Sauquillo, se había hartado de las barbaridades soportadas, que su marido le infringía y lo asesinó.

 

No conseguía entender, al castigo que la sometió su padre.

Obligándola a casarse con un tipejo, tan solo por heredar, cien acres de labrantío yerto, unos míseros olivos y dos centenas de terneros.

Exigiendo, que olvidara al amor de su infancia. Porque no tenía donde caerse muerto.

 

Desorientada, por su corta edad y la inexperiencia de la imposición paternal. Soportó.

No supo reaccionar y nadie le ayudó. Permitiendo que la enredaran a sabiendas del fracaso, contrayendo aquella boda. Que en definitiva era la suya.

Cediendo a las disposiciones y deseos de sus padres, que ya habían medrado con otras hermanas, en beneficio de ellos.

Teniendo que dejar a un lado, al amor de toda la vida. Sin poder darle su cariño por la falta de comprensión de una gente, que tan solo tenía hijas para venderlas al primer postor, que les viniera con un patrimonio miserable.

Con ello, incluir en el seno de la estirpe. A un tipejo vicioso, puerco y sanguinario, como yerno. Aceptando incluso a sabiendas, el trato que le iba a dar a su propia hija, tan solo por conseguir la hacienda.

Aquella joven, se había desposado a la fuerza y la anatomía del esposo, le daba una repugnancia espeluznante. 

Fue como todo en aquel tiempo.  <porque lo digo yo Y no hay nada más que hablar>.

 

Si le gustaba bien, y si no. ¡Pues a callar!, y obedecer como tantas mocitas del entonces retrasado país.

Sometidas a unos patriarcas, que sin cariño alguno, y menos cultura se creían redentores. Llevando a sus niñas en muchos casos. A soportar las mismas desgracias, que habían tolerado ellos.  

Lo reglado, era esclavizarse por las ansias de sus mayores, y más cuando se trataba de conseguir aquel botín consensuado. Que llevaría su hija como premio, si se casaba con aquel truhan. Para disfrutarlo junto con las palizas y malos tratos que a bien seguro recibiría.

Estaba todo decidido. Así lo pactaron entre familias. Con mucha prisa, no fuera que alguno de ellos, perdiera interés y se quedara Alondra, “para vestir santos”.

Muy poco convencida y deprimida. Aceptó. Y aún y así, obligada, se unieron en matrimonio.

A Félix le daba igual, que lo amara o lo detestara. También se la habían adjudicado, sin poder escoger. La encontraba guapa y lo calentaba en las noches de invierno, dejándolo satisfecho. Le llevaba la casa, y atendía en el granero. Lo que necesitaba sin más.

Tampoco iba a cambiar sus aficiones con las rameras, el vino, el juego y la francachela. Cuando le parecía la montaba y a buen seguro le serviría para engendrar los hijos que necesitaba, para continuación del trabajo en el campo.

Jamás lo amó, y cuando trajinaba en su cuerpo. Le concedía lo que necesitaba, sin pasión. Cerraba los ojos y su lujuria excesiva, la llevaba a creer que la estaba amando Lucho.

Pensando en las preciosas escenas vividas juntos, en su adolescencia. Con el joven de la familia humilde que besaba sus labios, como los ángeles, y que no podía ser para Alondra por no tener un real que aportar a cambio.

Aquel niño esbelto que en un principio, le “bebía los vientos” y rompía las vergüenzas mal llevadas, para hacerla disfrutar. La esperaría hasta que retornara, para emprender una vida fuera de aquel pueblo.

Desde que contrajeron matrimonio Félix y Alondra tuvieron diferencias soportables.

Ella procuraba no atraerlo, ni apasionarlo para que no se le acercara. Aprovechando cualquier instante, para dejar pasar a Lucho y la acoplara, a espaldas de Félix, la familia y la gente.

Mostrándose con su marido con frecuencia—siendo mentira—enferma y descuidada para evitar despertar la gana de meneo, de aquel ordinario personaje. Al que le iban las brutalidades en la cama, el desprecio por lo romántico y la copulación desmedida.

Félix, además de llevar su hacienda, estaba empleado en el Ayuntamiento de Yecla, como recaudador y listero del cobro de impuestos, de esa población de la Región Murciana. En el último tiempo, se juntaba con gente poco ordenada, y el juego, lo sacaba de quicio. Habiendo contraído unas deudas importantes que le reclamaban los prestamistas.

El marido fuera de toda imaginación y sospecha, no daba señales de estar presionado por la mafia de la zona. y añadido a su chulería petulante preparaba un golpe de gracia. Que le permitiera sacar la cabeza de aquellos que le exigían el pago.

 

Alondra tras ver un nerviosismo poco acostumbrado en Félix, comenzó a seguirle cuando podía y ver qué clase de movimientos tenía. Ese deseo de espiarle, le llevó a conocer que preparaba un acto vandálico, con ayuda de alguno de sus allegados. Desconocía que Alondra lo perseguía desde hacía un tiempo y así, descubrió que Félix guardaba una copia de las llaves de la puerta del Consistorio, dentro de la alacena, en una de las rendijas de la despensa de la cocina.

Que atando cabos, pudo llegar a imaginarse que el enredo, tendría relación con algo que querría sustraer de la Municipalidad.

Con lo que llegó a una conclusión y ésta era, que sería para dar el golpe a la recaudación de impuestos, que debía sumarse a los haberes llegados desde Madrid, para los pagos y devengos a empleados. Montante de divisas en metálico muy importante en la cuantía.

Alondra observó que el atraco no lo preparó solo. Tenía ayudas externas conocidas, llevadas muy en silencio y en secreto. Hasta que llegara la hora cero.

Exigencias que por lo visto las partes requerían por si todo acababa en nada.

Deduciendo, en cuanto echó los cálculos de los plazos, que la fecha del robo sería en menos de una semana, por los términos y pagos a empleados y obreros de la alcaldía.

Por lo que mantuvo observado día y noche a su marido, para atropellarlo en su propia indecencia.

Aquella noche Félix Mondoño, iba a asaltar la caja de los efectos de valor del Cabildo.

Una vez que los guardias, habían depositado y resguar-dado debidamente, las sacas de efectivo. Llegadas desde la capital, con el fin de abonar el pago de salarios del personal, las ayudas de inválidos y pensiones, para los retirados jornaleros de la alcaldía.

Le pareció raro a Alondra, que aquella noche, saliera tan tarde su marido. Sin haber pasado por la taberna como lo solía hacer.

Algo le decía, que era la noche de la rapiña y disimulando, ni tan siquiera preguntó, al ver que no se despedía.

Ella no conocía, la cantidad de valijas que habían llegado, a las arcas del Concejo de Yecla, pero asimilaba en qué lugar las iba a depositar. Caso que las hurtara todas, y con picardía, la propia Alondra, lo siguió en su camino, para saber a qué atenerse.

Subiendo a la terraza del Cabildo para ver el itinerario que tomaba y observar el espectáculo. Desde donde divisaba los ventanales de la lonja. Y al no poder llevar a cabo, su magnicidio desde la distancia. Volvió a su casa, y se cambió de ropa. Disfrazándose de hombre. 

Sin olvidar recoger el trabuco, que guardaba el propio Félix en sus dominios, que usaba cuando iba de caza con su padre y un amigo tan andrajoso como él.

Cargó aquel arcabuz con postas nuevas, de las usadas para la caza del oso pardo. Saliendo a la calle y acercándose entre las sombras, tapada con su capa, y tocada con un sombrero de flanco extenso.

Llegó hasta la esquina del edificio del Ayuntamiento. Donde el asaltante, creía y confiaba, que sería aquella operación del robo, una transacción limpia y muy rápida.

Contando con la ayuda de la copia ilícita de llaves, conseguida de forma poco legítima, que guardaba en la alacena de la cocina.

Evitando la necesidad de forzar puertas y ventanas. Conocer el camino a seguir, sin necesitar el alumbrado, ya que al tratarse de su propio puesto de trabajo, sobradamente intuiría el trayecto.

Se lanzaron a consumarlo. Sus adláteres no descubiertos hasta ese momento, eran su hermano Lucas y su padre, Don Ezequiel. Hombres considerados regios y muy influyentes en Yecla.

Por piadosos y honrados caballeros, se les tenía. Cuando en realidad eran una pandilla de rufianes.

Entró Félix al caer la noche, abriendo los portones del lugar, y pronto, consiguiendo alcanzar y desvalijar las arcas.

Todo marchaba fino como la seda, y una vez consiguieron rescatar las valijas, y sacas, disimularon el lugar poniendo pruebas falsas, para confundir a los Civiles. Que pasadas las horas y consumado el acto, no sabrían por dónde comenzar con las pesquisas.

Félix estaba por comenzar el regreso a su casa, con una saca mediana de billetes de curso legal, sobre sus espaldas. Tan confiado como seguro, dejando el resto para sus ayudantes disimulados, en el zaguán de acceso al consistorio.

De buenas a primeras se escuchó una deflagración brutal, con disparo doble, procedente de aquel fusil de dos cañones, dejando a Félix, sobre la escalinata del acceso al edificio. Más muerto que su alegría.

Alondra Sauquillo, desdibujada bajo aquella capa, y tapada con aquel sombrero negro, recogió una de las dos bolsas. La menos manchada de sangre, pero de más peso y mejor nutrida de billetes. Y con las mismas, emprendió la escapatoria. Ella muy disfrazada y disimulada, llegó a su casa sin que nadie la viera, ni relacionara. Acostándose felizmente.

Antes que sus compinches recogieran las sacas del vestíbulo de entrada y emprendieran la huida. Escucharon el estruendo tremendo del trabuco al ser detonado. Los dos compañeros se asustaron y salieron pitando del lugar, pensando que algo salió mal.

 

Fue un escándalo, conocer que Félix, y sus parientes eran los ladrones de la Alcaldía. El revelo fue morrocotudo y la pobre Alondra, quedó muy sola y según todo el pueblo, desasistida.

Tan solo con las visitas furtivas que le hacía su bien amado Lucho, que desconocía todo el argumento de lo sucedido.

Del botín se recuperó casi la totalidad de las valijas, excepto una parte del dinero contenido en una de ellas, que fue ilocalizable, sin dejar pistas. Que en ningún tiempo se recuperó.

Jamás se supo quien disparó a boca de jarro contra el pobre Félix.

Pensaron que fue ajusticiado por algún arreglo de cuentas, de algún avieso desconocido. Posiblemente el que hizo desaparecer los billetes de curso legal, no encontrados.

 

Alondra quedó viuda muy joven, con gran desconsuelo y desamparo y con los comentarios que la gente le regalaba. Buscó un destino lejos de su Yecla natal y con el tiempo se supo que residía en Río de Janeiro con Lucho, su amor de toda la vida, que la esperó el tiempo que hubo menester.






 


miércoles, 17 de julio de 2024

El efluvio del licor.

 








Era lo suficientemente positiva, como para solucionar el más liado de los enredos.

Ella no era para nada espiritual. Había estado casada pero se embarcaba en el mercante Ciudad de Cavite, como el último recurso para olvidar su presente inmediato y abrir una nueva vía de integración en tierras distintas.

Llevándose el secreto consigo y dejar que la buena relación de su gente, siguiera su curso.

Sin necesidad de estar señalada, por el dedo crítico de nadie y con todo el derecho de rehacer su destino.

 

Dolores Castiza, conocida en su juventud; como la “catedrática”, por dedicarse a la enseñanza desde muy jovencita, con sus primos, amigos, y vecinos.

Hasta que lo hizo en la escuela. Tras acabar su carrera con mucho éxito.

En la que conoció a un profesor ingenuo que le echó los tejos y se casaron, tan a prisa que se arrepintió a las pocas semanas.

 

Dolores tenía un carácter duro, y tampoco se dejaba acostumbrar por nadie, y menos por el que fue su cónyuge. Durante un periodo tan corto, que ni tan siquiera llegaron a conocerse. No se amaron nunca, y siempre hubo dudas.

Eran extraños hasta en el catre y todos se preguntaban; como podían haber transcurrido cuatro años, de aquella frígida alianza.

 

Serafín un buen día se escapó a Santander, con otra mujer. Jovita.

Una viuda de buen ver, oronda y preciosa, que le había echado los tejos con el descaro de su propia lujuria.

Enredándolo como se embrollan las madejas de lana, y sin decirlo ni a su anciana madre desapareció. Sin dejar rastro ni lugar, y jamás supieron de él.

Concupiscente y sin enredos, directa y convencida, Jovita lo llevó a su lecho, aprovechando un exceso de lívido, para evitar que fuera jamás, amante de una esposa a la que no quería.

Dejándose Serafín colonizar por los regalos, y fiestas de la nueva musa. Que desde que la disfrutaba, y por creer que estaba rebozada de capital, sería más fácil la convivencia.

Acostumbrada a gastar sin miramiento, sus billetes. Dinero que ayudaría al angelito, y que pensó, resolverían los problemas de manutención de por vida.

Dado que el capital que le había quedado a la viuda al morir su marido, resolvía la papeleta, para los dos tortolitos.

 

Dolores quedó sola y abandonada, en su Daroca natal, defendiendo el oficio y el cargo de maestra, en la escuela de los Escolapios, lugar de trabajo que preservaba y defendía, desde que se había licenciado. 

La profesora era una mujer con mucho carácter que no le asustaban las dificultades, ni los contratiempos. Aunque con el abandono que sufrió, entró en una especie de depresión, tomando en ocasiones más de lo aconsejado de la botella de alcohol.

Intentando evitar recuerdos de antaño y problemas de una incipiente depresión que la amenazaba.

 

La profesora Castiza, que rozaba muy poco los cuarenta años, se había mantenido sin dar a luz, por la negación que tenía ella a ser madre.

Hasta que aquella noche de vino y de cachondez, enredada con los traguitos, el meneo de baile, el efluvio del licor, y la música. Llegaron los tocamientos irreverentes que ella propinó a su cuñado. Mientras los dos habían emborrachado a Berta y la dejaron en el sofá burlando su ebriedad.

Se manosearon lo indescriptible hasta vivir un clímax inenarrable. Despertando juntos y desnudos en la cama, con carantoñas, y besos afectivos. Mientras su hermana dormía la mona, sin imaginar nada.

Ambos al reaccionar no supieron que camino tomar, tras disfrutar de la mejor noche de juerga y lividez que recordaban. Decidiendo callar de momento y disimular ante los cercanos.

 

La educadora de los Escolapios, había seducido a Tásimo, muy fácil. Bajándole los pantalones y poniéndose ella misma a tiro. Consiguiendo que la fecundara de inmediato sin imaginarlo, por el ansia que mantuvieron en la locura.

El remordimiento por haber engañado a la buena de su hermana primogénita, hizo que se replanteara su situación de futuro. Sin encontrar demasiadas salidas honrosas.

Por lo que debía poner distancia entre ella, y la familia, sin demora.

 

Evitando dar explicaciones y solicitar indulgencias.

Ante hechos ya sucedidos y con la imposibilidad de resarcirlos.

Además, así mataba dos disgustos. El primero, ni siquiera llegaba a ser amargura. Siempre que quedara silenciado. No era plato de buen gusto, recordar cómo embaucó al cuñado y gozarlo como si le perteneciera y sin haber estado comedida en sus actos.

Por lo que urgía, dejar entre renglones lo sucedido, y poner distancia cuanto antes.

Entre ella, Berta y su marido.

Dejando de relacionarse con ellos, con excusas convincentes y evitar formar parte de un trato habitual.

 

El segundo de los sinsabores, posiblemente, el más peliagudo. Era confesar lo sucedido a Berta. Aquella que siempre la había guiado y aconsejado, desde que faltaban sus viejos.

Carecía de fuerza y de justificación, para conseguir el perdón, por un acto tan reprochable que con seguridad. Rompería el idilio, entre Berta y Tásimo.

 

 —Pensaba Dolores. —Si se decidía a contarlo, para quedar liberada del remordimiento y se lo revelaba a Berta.

 

Lo fácil sería que se rompiesen las relaciones fraternas, entre ellas para siempre jamás, y acabar, destrozando su matrimonio.

Por un desliz sexual y casual, que habían disfrutado a espaldas de cualquier razón —. Tras la elucubración sobradamente analizada, dejó pasar los días, que transcurrieron con una celeridad inusitada.

Intentando tomar el mejor fallo. Entre que le llegaba la infusión necesaria, notó serias alteraciones en su cuerpo y en su organismo. Sospechando con certeza, que de aquel regodeo apasionado y sexual, derivaban aquellas variaciones.

Se había quedado en cinta. Guardó silencio, y aquel detalle, aceleró su decisión para que jamás nadie, supiera de aquel suceso.

Así que decidió, quedarse con su hijo, no exigir perdón a nadie y menos dar explicaciones.

Manipuló la consecuencia como ella sabía y resolvió llevando su idea original a término en cuanto pudiera.

 

Conocedora de aquellos viajes al Mundo Asiático, por una alumna suya, que también se escapaba de Daroca, hizo viaje hacia Cartagena, donde tramitó su ingreso hacia las Filipinas, sin dar a conocer su estado de maternidad, ni más razones ni comentarios.




julio 2024, 17. año 2024

autor: E.Moreno.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


sábado, 13 de julio de 2024

Aquellos dicharacheros.

 














Aquel componente del club, demostró ser una persona floja y decepcionante y además permitió que su novia tomara parte, en las decisiones de una sociedad, que hacía aguas por las envidias de según que accionistas.

Fastidiando aquella pareja ilusa, con demasiada saña, a la gente que no estaba de acuerdo con ellos, porque pudieran hacer sombra o quitarle las luces a Fortunato.

 Sin darse cuenta, el secretario Fortunato, que poco a poco, iba ganando enemigos y contrarios. Gracias a la desconcertante novia que tenía. En un momento en que el equipo podía bajar de división.

Detalle que a esa pareja no le importaba lo más mínimo. Con tal que ellos quedaran como los salvadores de la entidad.

Los dos estupendos, fingían siempre y daban besos a diestro y siniestro. Para hacer creer a la gente que eran prodigiosos, y serviciales. Que sus colegas y socios pensaran de ambos que eran un dúo digno.  

Fortunato el mejor dirigente y Esmeralda, una mujer entera digna y ejemplar, que le hacía una labor de encomio al novio.

 

Cuando realmente, con su cháchara estaba dejando a su Fortunato, en el lugar indecente que le correspondía, y a la altura del mayor de los cínicos.

Haciendo una labor de desgaste fatal al ejecutivo que entonces dirigía los destinos de aquel Club.

 Dejando mucho que desear, en la siembra de malos modos y mentiras. Simulando que era el jefe principal del consorcio. El responsable de la mala marcha en la relación entre los socios.

Por las imprecisiones y detalles nefastos que iba sembrando su media costilla.

La ínclita y desesperante embustera, que muy lejos y fuera, de preparación alguna y de intelecto. Entorpecía y generaba malos modos y fatal ambiente entre los clientes de aquella comunidad.

Su falsedad llegaba a la altura de cualquier película de intriga, ya que con toda la hipocresía del mundo actuaba. 

Después de dar el último falso abrazo y el beso de Judas, a la última persona que se cruzaba con ellos.

No les importaba el respeto, ni el apego del agasajo, que falsamente repartían.

Menos aún, la verdad del hecho. Si podían lo incomodaban y sin venir a cuento lo maltrataban por capricho.

Tan solo por la envidia, y por el encono que le tenían a los semejantes, que demostraban ser normales, y no se dejaban convencer por la pareja magnifica.

Así que, aprovechando la figura del último que se cruzaba con ellos. Lo agarraban y lo estrujaban para besarlo como si les fuera la vida, o más aún. Fueran familia allegada. Era un sainete, ver a estos embusteros besar incluso a las farolas de la avenida. Con tal de intentar caer bien y demostrarle al mundo, que como ellos dos, no había otros. Fingiendo ser la buena gente que no eran.

Una vez eras besado y agarrado, se olvidaban y si cabía y tenían la mínima oportunidad. Entraban a saco para criticarlo, sin medida y sin compasión. Vituperándolos si cabía y dejarlos a caer de un burro. 

Quitándoles de facto, el mérito del beso y abrazo, que pocos minutos antes, habían propinado.

Falsos como los duros sevillanos de la España de la capa y el sombrero de ala ancha.

 Los socios del club, que por cierto no eran timoratos. Ni poco atentos, se dieron cuenta que esa pareja, querían conseguir ser los próximos presidentes y directores del equipo. Empujando al que ahora representaba a la peña.

Rodeándose de gente inculta y no preparada como ellos, para llevar aún más, si cabe al equipo al pozo tenebroso.

Con estos conceptos, disgustaron a muchas de las personas que componían aquella compañía.

Las críticas entre individuos con puntos de vista diferente. Se hicieron cada vez más preocupantes, inculcando mentiras y estimaciones inexactas.

Hasta que consiguieron separar al gran grupo y generar dos tendencias. Con el lema de los impotentes.

O conmigo, o con nadie.

 

El presidente que regía aquel equipo, parecía que no veía el juego malabar de aquellos dicharacheros. Este director, con llenar el campo y ganar socios, tenía bastante. El resto, insultos, prebendas, ofensas, y demás cuitas. Lo traían al pairo.

Demostrando que aquella situación, que se cernía a la vista de todos. Tan clara, le importaba una mierda.

Con tal que no lo pusieran en un brete, y lo dispusieran como juez de todo lo que se estaba maquinando. Lo daba por bueno. De esa forma evitaba tener que tomar una determinación, que permitiera la justicia necesaria.

Este gobernante era un tipo sin fuste, que solo pretendía hacer caja con las salidas del equipo y sumar créditos frente a los accionistas. Quedar a poder ser, siempre como el Rey Salomón.

El Salomón de juguete.

 Hasta que se armó el lío en las instalaciones del Club, una tarde después de haberse jugado un partido que se perdió por goleada y dejó sin apetencia y desalmados a los presentes.

Se formó la discusión, faltándose el respeto entre alguno de los componentes del equipo de organización. Que hacía meses, se tenían gana.

Se ofendieron sin sumisión y los insultos se escucharon entre los jugadores y el público presente.

Humillándose de forma grave y soez, entre unos y otros. Sin llegar a las manos, porque Dios no lo quiso.

Aunque hubo amenazas y tensiones, provocándose con mala educación y dejando el respeto en las taquillas del vestuario.

El espectáculo que dieron los copropietarios de las relaciones, fue de lo más impresentable y como era de suponer, llegó a los oídos de los gerifaltes.

 El delegado de urbanidad de la entidad, pasó el informe de los desmanes y gritos, a los garantes políticos de aquella firma.

A los pocos días fueron llamados al orden, todos los que habían participado. Entre ellos Fortunato, quizás el culpable de todas las desgracias del equipo y por haber mantenido discusiones con varios de los deportistas del Club.

Abriéndose una gestión, para averiguar y subsanar las discrepancias que se montaron tras el miserable espectáculo.

Al señor Fortunato lo pusieron de patitas en la calle.

El equipo bajó de división y taladró las conciencias, de muchos de los socios, que viendo aquel espectáculo habido, aprovecharon para darse de baja.

 Fue una lástima, que gente tan poco preparada. Estuviera al frente, o al lado de la buena marcha del club.

Cuando son ellos los culpables, con sus determinaciones, con sus prebendas y corrupción los que desenfocan la permanencia de las entidades de postín

 

 

 


 


domingo, 7 de julio de 2024

Cofrade del Comisario.

 











Sabía que de un momento a otro se iba a desencadenar una tragedia venial.

Aquella gente, no respetaba a su prójimo y se permitía el lujo de hacer comentarios poco edificantes de cualquiera de las personas componentes del Círculo de Artesanos.

Como siempre, la envidia presidía aquella desventura, y los afectados, los últimos en enterarse de las cuitas de los llamados amigos y compañeros. 

Había presentado su nueva novela al certamen de la ciudad, y aquella tesis prometía. Ya que antes de tomar aquella decisión, había pasado por las manos de alguno de los mejores editores de la zona. Los que querían hacerse con los derechos del relato. 

El autor, sin la diligencia que normalmente se tiene, al publicar los resultados de cada uno de los ensayos. Prefirió esperar y no precipitarse.

Mandar su manuscrito a ese concurso, que parecía ser de los más abiertos y de los que llevan la blancura y limpieza por bandera.

Con la seguridad de competir en buena liza, y de entender, que este tipo de competiciones, siempre alberga alguna redacción, que supera lo que con tanto esfuerzo se presenta.

Sin calcular, porque no venía a cuento, que el jurado de aquella convocatoria lo dispuso el delegado de aquel concurso.

Interlocutor atento y a simple vista, parecía ser un tipo delicado y competente. Demostrando después, con su actuación y decisiones, ser el prototipo carente de escrúpulos y decencia.

Cumplidos los plazos establecidos de presentación, todo estaba en manos del Tribunal de Enjuiciamiento, de las crónicas que cada autor presentaba.

Se concedieron los laureles y coronas. El que resultó ser ganador y destacado del ensayo, fue elogiado.

Con el trascurrir del tiempo. Supimos los afectados y concurrentes. Que el ganador fue el prosista que presentó la obra más laxa y la menos orquestada.

Sin detalles retóricos, falta de coherencias y sin exponer alegatos, ni tesis que se pudiera ratificar como obra ficción.  

Aquella situación anómala que se dio en el palacete permitió intuir el tongo.

Por los despropósitos que resultaron en la entrega de galardones, y la poca sintonía de la autenticidad.

Dejando el teatro y al conjunto de espectadores que presenciaron el desarrollo, desmarcados y sin entender nada.

Por la poca certidumbre habilitada, permitiendo una vez más el atropello y la falacia.

No se celebró jamás, ninguna edición de aquel exceso desconsiderado, favorecido por el Círculo de Artesanos. 

Pasados los años, se descubrió que el ganador y el comisario, eran conocidos y residentes en plaza. Auténticos amigos. ¡Dios los bendiga!

La tragedia, si es que se le puede denominar así. Con el tiempo se transformó en jocosa y alegre.

La opereta “Non troppo”. Fue la risa que se desató en todos los ámbitos literarios, y de cuantos habían participado en aquella acción. En favor de las letras, que resultó ser otra patraña de organizadores maculados. 





 Julio de 2024, 
día de San Fermín,

 

 

 

 

 

 


jueves, 4 de julio de 2024

Punto de partida.

 













El pasado miércoles los que acostumbramos a reunirnos, entre nosotros y nuestras letras, una vez al mes, pusimos un paréntesis. En un rincón de una acogedora cafetería de la ciudad del Prat, para comentar nuestras letras, hazañas y desmanes pretéritos y actuales.

Situamos un punto y seguido y nos despedimos hasta que llegue el mes de octubre y si tenemos salud, reemprender con esa máxima que nos complace.

Retornando a tropezar en el mismo lugar, como es costumbre los miércoles primeros del mes.

En aquella mesa. La que da justo al ventanal de la mampara, tres amigos, de los cuales dos de ellos, comentaban sobre la publicación de una novela de recopilación de relatos, en la que estaban implicados.

Referente a sus propias incidencias, acaecimientos y júbilos de un grupo de ex alumnos del San Juan Bosco de la ciudad de Almería.

De hace ya casi media vida. Entre los años sesenta y setenta y tantos del siglo pasado.

Comentaban que no todos los camaradas habían participado en la confección de aquella prometedora joya, pero si fueron bastantes los implicados en la novela de la citada corporación colegial de estudios.

Los que querían decir algo y a fe de Dios, que los plasmaron en aquella edición de una editora de la zona. Los que pusieron su máxima entelequia en los pétalos de aquella antología.

El tercero que estaba presente en el lugar. Amigo de ellos, pero no nacido en aquellas latitudes, los escuchaba y disfrutaba a la vez de como se les hacía la boca agua, al comentar sobre las consecuencias habidas al preparar todo lo concerniente al ejemplar que tenían en las manos.

De esa publicación de momento no pudo decir nada. Puesto que aún no la había leído, pero sí, podía explayarse en los méritos de sus dos acompañantes.

Del amigo Eduardo, decir que está en la brecha, con sus ideas, siempre buenas y sus principios ideales para cualquier proyecto. Sin duda, son de una bella persona y de una calidad extrema.

De Pedro, pues tan solo dejar aquí uno de sus cuentos cortos para amenizaros.

 

NO TODO ES VERDAD.

 

AUTORÍA de Pedro Locubiche

Se dice; ¡Lo que mis ojos han visto, es cierto!

 Bueno, a veces sí, pero otras no.

Lo cuento como lo cuento y valga la redundancia . Así matiza antes de comenzar el relato.

 

Un día dos matrimonios, se encontraban en un bosque buscando setas. Un hombre que también lo hacía, conocido de uno de los matrimonios, pero que no iba con ellos, se extrañó al escuchar los quejidos de una mujer. Le pareció que estaba en otra tarea muy diferente a buscar setas y pensó. Ésta, está buscando otra cosa.

En vez de acercarse y preguntar si le pasaba algo, se escondió detrás de unos matojos, para ver si podía ver lo que imaginaba.

Le era complicado porque una gran planta verde le impedía ver con claridad lo que sucedía.

Solo veía lo que su mente quería ver.

Movimientos obscenos de un hombre encima de ella.

Cuando aquel hombre la cogía en sus brazos, ella se agarró a su cuello, dándole en la mejilla un sonoro beso y le dijo

 —¡Cuánto te quiero! 

El mirón se quedó boquiabierto al conocer a la mujer y en vez de pensar que le podía haber sucedido algo, contempló en que se la estaba pegando a su marido, un buen amigo suyo.

 

La falsa noticia corrió por el barrio y medio pueblo.

Más rápido que una traca en las Fallas Valencianas.

­­<La mujer de Pedro se la está pegando con otro>, …y que no diga qué es mentira porque lo he visto yo.

Cuando la comidilla llegó a los oídos de Pedro.

Gracias a la valentía de un gran amigo que no lo creyó. Se dio cuenta que desde hacía unos días la gente lo miraba con mohines y risitas. Preguntándole quien había sido el <hijo de su madre>, que había difundido la gran calumnia.

Pasados los días Pedro invitó al divulgador de la patraña, y haciéndose la victima le preguntó haciéndose el dolido.

— Me han dicho que sabes algo de lo que estoy intentando averiguar y me gustaría fueses testigo para divorciarme.

Pedro, amigo me sabe muy mal, pero, ¡Sí! Seré testigo si me necesitas, porque lo vi todo. — Apostilló el mirón creyendo su certeza.

 

En aquel instante Pedro se sintió muy mal y pensó hacer algo para que no pudiese decir más disparates. — pero lo pensó bien y le dijo. — ¿Por qué no me lo dijiste a mí, antes de pregonarlo? Has humillado a mi esposa y de paso a mí también. — lo que realmente pasó fue que mi mujer se cayó torciéndose un tobillo. Yo estaba lejos y al que viste que la estaba ayudando ¡Es su hermano!

 

NO TODO ES VERDAD.

 

AUTORÍA de Pedro Locubiche.



Emilio Moreno

julio 2024.