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jueves, 7 de mayo de 2026

Rateros de mermelada.

 


Llevaba en su aguja de corbata una cámara de una precisión inmejorable, que grababa aquella reunión a la perfección. Se la habían insertado en aquella joya junto al resto de rubíes que lucía para disimular dentro del dibujo de zafiros. Quedó incrustada delicadamente junto a las piedras preciosas de la alhaja haciendo un perfecto dibujo con lo que representaba, y para lo que había sido contratado. Para recuperar el dinero invertido por alguno de los magnates.

Los diseñadores y especialistas de la empresa Securité du Monde, fueron los orfebres que prepararon aquella cámara disimulada que se conectaba por control remoto a los teléfonos de los investigadores y peritos de la firma que tenía asegurada la mayor parte de lo que desaparecía en aquel sector.

Piezas de arte valoradas en muchos cientos de miles de dólares, que además, todas contaban con un seguro millonario y de importancia tanto por robo como pérdida o hurto, cubriendo incluso el trance de robo o de vandalismo.

Satisfechos todos los detalles de cuantos riesgos pudieran darse, pasaron a la acción.

Bajo el contrato de una póliza millonaria, por la cual pagaban unas cuotas amplias.

Expertos y curtidos especialistas e investigadores pertenecientes a la compañía mencionada habían preparado a espaldas de la policía, un plan para intentar descubrir el autor de aquel delito en particular, y quizás de cuantos aún estaban por desvelar.

Aquellos profesionales eran los que iban tras el rastro de un delito difícil de contrastar, intentando descifrar antes que la propia policía el paradero del singular y original cuadro robado.

Los detectives interesados en el descubrimiento de la infracción, pretendían enganchar cuanto antes, y de forma elegante, sin demasiada publicidad a los ladrones de aquellas piezas artísticas. Autores ya, de demasiadas fechorías, que quedaban sin resolver y generaban cuantiosas pérdidas en las arcas de la aseguradora Securité du Monde.

Obras irremplazables, originales y de un valor incalculable, desaparecían sin dejar huella. Sin dar lugar a recuperar lo despistado ni forma de hallarlos, ya que se perdía la pista por completo.

Violando de una forma inaudita, museos, salas de arte y cajas fuertes donde estaban guardados.

Seguros almacenamientos que se creían inexpugnables eran violados de una forma banal e irrisoria, que dejaban a la altura de la burla a las fuerzas de la custodia de aquellas obras de arte.

Saltándose sin demasiadas expectativas la seguridad de sus lugares de reposo.

El ministerio policial no daba crédito por los sucesos acaecidos en aquel período ni a la perplejidad de los acontecimientos continuados.

Zonas donde siempre había reinado la seguridad por estar ubicadas en los barrios más destacados y poderosos de New York y por la cantidad de familias adineradas que residían en el barrio.

Aquella intensidad de escamoteos y robos se estaba dando en una época singular, y poco propicia. Dadas las cautelas habidas por la crisis desatada no solo en aquel país, sino en todo el continente americano.

Sin que pudieran atajar a los infractores, ya que estos eran más que especialistas, brujos indescifrables de cuantos asuntos absurdos, e imposibles de detectar se pudieran suceder.

La propia compañía aseguradora con sede en la capital Suiza, la famosa Securité Du Monde, tomó cartas en el asunto, de una forma discreta, segura y anónima. A pesar de cuanto sucedía y aun y cuando tuviera que contratar a gente del hampa, que viviera en aquel submundo de perversión y crimen. Pretendiendo acabar con aquel chorro de mermas que le representaba perder millones de dólares y consecuencias que de seguir sin atajar, darían con la firma en banca rota.

Se daba la circunstancia que incluso antes de cada una de las raterías, robos y atracos cometidos, los autores del macabro derroche de inseguridad, iban por delante del futuro de las piezas robadas, llegando la directiva del ministerio a pensar que había un conjuro dentro del propio despacho de delitos que evitaba que los detectives pudieran dar caza a tanto ladrón.

Por su maestría en la desconexión de cámaras, alarmas y frenos de una forma indetectable y magistral, que jamás se había dado entre aquella gente amante de lo ajeno.

Las autoridades comenzaban a pensar en una red establecida y secreta, donde se encontraban incluso alguno de los propietarios de lo desaparecido, que usaban el intelecto para cobrar el monto del seguro, sin perder el producto, que luego vendían bajo cuerda a quienes estuvieran interesados, o lo escondían para que pasado el tiempo volver a resarcir y mercar con aquellos tesoros.

 

Nadie conocía a Mack Gregor el poseedor de la increíble cámara que le pendía de la aguja de su corbata. Era el designado oculto y disimulado, para solventar las muchas violaciones que estaban por resolver.

Jacky Mack Gregor era un tipo desalmado de los barrios bajos, que había estado en la trena más de una vez, por causas varias.

Todas ellas fuera de la decencia. Según decían los que le trataban de cerca, había cambiado mucho.

Notaban y así lo manifestaban que se había vuelto honrado de la noche a la mañana. Tras haber purgado tantos años de cautiverio y por haberse relacionado con una buena mujer que lo había reconducido por los caminos de su religión. Su pareja, su amante y confidente la señorita Dorothy Marlon, su abogada y además pastora religiosa, la causante que lo había integrado por los caminos de la auténtica dignidad y la madre de sus dos hijas.

Jacky Mack Gregor, había justo finalizado entonces su condena y tras haber pasado años de mentalizarse, y penar por todo lo que se había embrutecido. Tocar con sus pies en el fondo del pozo más oscuro, tras apretarse de todo lo ajeno, le propusieron un último trabajo desde la sombra, para dar con tanto sinvergüenza que vivía escondido tras los principios de legalidad.

Así que después de varias sesiones y años de contrición, en cuanto depuró su condena, lo sacaron de la celda siete tres, donde había pasado los últimos diez años, tan solo con el consuelo de su Dorothy en el bis a bis de cada semana, y esperando llegara el instante de su libertad. Liberarse de aquel recinto sombrío de la penitenciaría del Sudoeste, la peor de la nación, donde cumplen condena los execrables ampones existentes.

Llegado aquel interín le dieron su primer trabajo. Una labor que amparada por la ley debería llevar a cabo, sin que la mayor parte de los agentes de la justicia conociera.

El trato hecho con Jacky Mack Gregor era mezclarse con la jauría de criminales y una vez conociera el modus operacional de tanto hurto y robos, denunciara al cabecilla de los delincuentes que llevaban a término los despropósitos y las muchas extorsiones en la zona.

Habían pasado tres meses de su libertad y con sus artimañas, esas que se aprenden en los barrios bajos y jamás se olvidan, supo integrarse dentro de aquella sociedad de ampones. En la cual para probarlo le habían ido dando un par de trabajos que desarrolló sin el más mínimo percance.

Aquella tarde estaba reunido con el núcleo de los mejores caballeros de la ciudad, los más acaudalados y a su vez los más sinvergüenzas. Se trataba de despistar del museo local un cuadro del pintor español Velázquez, que el Museo del Prado había cedido a la Asociación de Artistas Neoyorkinos como intercambio de la cultura hispano americana.

Reunidas la flor y la nata de los prebostes de la ciudad, junto a varios de los agentes supuestamente defensores de la justicia, para formalizar un plan de hurto del famosísimo cuadro del pintor ibérico del siglo XVII.

Aquellos que infligían los delitos en sus propios patrimonios para que las aseguradoras indemnizaran las cuantiosas pérdidas robadas, estaban preparando un golpe de mano y seguir pasando desapercibidos y encima quejarse por el cómo y de qué manera estaba la ciudad de falta de control.

Aquella aguja de corbata, estaba transmitiendo en directo la secreta reunión que a su vez estaba siendo grabada por dos de los especialistas y salvadores de la corporación de seguros.

Los que de una forma inmediata, y tras años de juicios y demostraciones no fáciles de llevar a cabo, solucionaron aquellos problemas y resarcieron en las cuentas y contabilidad de la aseguradora suiza, todo lo que habían robado aquellos caballeros insignes de la ciudad con el amparo de los corruptos agentes que nunca dejan de existir.


Autor: Emilio Moreno

Emilio Moreno.



 


sábado, 13 de julio de 2024

Aquellos dicharacheros.

 














Aquel componente del club, demostró ser una persona floja y decepcionante y además permitió que su novia tomara parte, en las decisiones de una sociedad, que hacía aguas por las envidias de según que accionistas.

Fastidiando aquella pareja ilusa, con demasiada saña, a la gente que no estaba de acuerdo con ellos, porque pudieran hacer sombra o quitarle las luces a Fortunato.

 Sin darse cuenta, el secretario Fortunato, que poco a poco, iba ganando enemigos y contrarios. Gracias a la desconcertante novia que tenía. En un momento en que el equipo podía bajar de división.

Detalle que a esa pareja no le importaba lo más mínimo. Con tal que ellos quedaran como los salvadores de la entidad.

Los dos estupendos, fingían siempre y daban besos a diestro y siniestro. Para hacer creer a la gente que eran prodigiosos, y serviciales. Que sus colegas y socios pensaran de ambos que eran un dúo digno.  

Fortunato el mejor dirigente y Esmeralda, una mujer entera digna y ejemplar, que le hacía una labor de encomio al novio.

 

Cuando realmente, con su cháchara estaba dejando a su Fortunato, en el lugar indecente que le correspondía, y a la altura del mayor de los cínicos.

Haciendo una labor de desgaste fatal al ejecutivo que entonces dirigía los destinos de aquel Club.

 Dejando mucho que desear, en la siembra de malos modos y mentiras. Simulando que era el jefe principal del consorcio. El responsable de la mala marcha en la relación entre los socios.

Por las imprecisiones y detalles nefastos que iba sembrando su media costilla.

La ínclita y desesperante embustera, que muy lejos y fuera, de preparación alguna y de intelecto. Entorpecía y generaba malos modos y fatal ambiente entre los clientes de aquella comunidad.

Su falsedad llegaba a la altura de cualquier película de intriga, ya que con toda la hipocresía del mundo actuaba. 

Después de dar el último falso abrazo y el beso de Judas, a la última persona que se cruzaba con ellos.

No les importaba el respeto, ni el apego del agasajo, que falsamente repartían.

Menos aún, la verdad del hecho. Si podían lo incomodaban y sin venir a cuento lo maltrataban por capricho.

Tan solo por la envidia, y por el encono que le tenían a los semejantes, que demostraban ser normales, y no se dejaban convencer por la pareja magnifica.

Así que, aprovechando la figura del último que se cruzaba con ellos. Lo agarraban y lo estrujaban para besarlo como si les fuera la vida, o más aún. Fueran familia allegada. Era un sainete, ver a estos embusteros besar incluso a las farolas de la avenida. Con tal de intentar caer bien y demostrarle al mundo, que como ellos dos, no había otros. Fingiendo ser la buena gente que no eran.

Una vez eras besado y agarrado, se olvidaban y si cabía y tenían la mínima oportunidad. Entraban a saco para criticarlo, sin medida y sin compasión. Vituperándolos si cabía y dejarlos a caer de un burro. 

Quitándoles de facto, el mérito del beso y abrazo, que pocos minutos antes, habían propinado.

Falsos como los duros sevillanos de la España de la capa y el sombrero de ala ancha.

 Los socios del club, que por cierto no eran timoratos. Ni poco atentos, se dieron cuenta que esa pareja, querían conseguir ser los próximos presidentes y directores del equipo. Empujando al que ahora representaba a la peña.

Rodeándose de gente inculta y no preparada como ellos, para llevar aún más, si cabe al equipo al pozo tenebroso.

Con estos conceptos, disgustaron a muchas de las personas que componían aquella compañía.

Las críticas entre individuos con puntos de vista diferente. Se hicieron cada vez más preocupantes, inculcando mentiras y estimaciones inexactas.

Hasta que consiguieron separar al gran grupo y generar dos tendencias. Con el lema de los impotentes.

O conmigo, o con nadie.

 

El presidente que regía aquel equipo, parecía que no veía el juego malabar de aquellos dicharacheros. Este director, con llenar el campo y ganar socios, tenía bastante. El resto, insultos, prebendas, ofensas, y demás cuitas. Lo traían al pairo.

Demostrando que aquella situación, que se cernía a la vista de todos. Tan clara, le importaba una mierda.

Con tal que no lo pusieran en un brete, y lo dispusieran como juez de todo lo que se estaba maquinando. Lo daba por bueno. De esa forma evitaba tener que tomar una determinación, que permitiera la justicia necesaria.

Este gobernante era un tipo sin fuste, que solo pretendía hacer caja con las salidas del equipo y sumar créditos frente a los accionistas. Quedar a poder ser, siempre como el Rey Salomón.

El Salomón de juguete.

 Hasta que se armó el lío en las instalaciones del Club, una tarde después de haberse jugado un partido que se perdió por goleada y dejó sin apetencia y desalmados a los presentes.

Se formó la discusión, faltándose el respeto entre alguno de los componentes del equipo de organización. Que hacía meses, se tenían gana.

Se ofendieron sin sumisión y los insultos se escucharon entre los jugadores y el público presente.

Humillándose de forma grave y soez, entre unos y otros. Sin llegar a las manos, porque Dios no lo quiso.

Aunque hubo amenazas y tensiones, provocándose con mala educación y dejando el respeto en las taquillas del vestuario.

El espectáculo que dieron los copropietarios de las relaciones, fue de lo más impresentable y como era de suponer, llegó a los oídos de los gerifaltes.

 El delegado de urbanidad de la entidad, pasó el informe de los desmanes y gritos, a los garantes políticos de aquella firma.

A los pocos días fueron llamados al orden, todos los que habían participado. Entre ellos Fortunato, quizás el culpable de todas las desgracias del equipo y por haber mantenido discusiones con varios de los deportistas del Club.

Abriéndose una gestión, para averiguar y subsanar las discrepancias que se montaron tras el miserable espectáculo.

Al señor Fortunato lo pusieron de patitas en la calle.

El equipo bajó de división y taladró las conciencias, de muchos de los socios, que viendo aquel espectáculo habido, aprovecharon para darse de baja.

 Fue una lástima, que gente tan poco preparada. Estuviera al frente, o al lado de la buena marcha del club.

Cuando son ellos los culpables, con sus determinaciones, con sus prebendas y corrupción los que desenfocan la permanencia de las entidades de postín

 

 

 


 


viernes, 29 de abril de 2022

Privilegiados sin mérito.

 



Políticos que sois grises al pueblo

Abandonad los cargos y fugaos

Dónde seáis provechosos, ¡Desperezaos!

Velando vuestras nubes con anieblo.


Iguales a los malos jefes, ¡Tiemblo!

mandos todos, ineptos. Estáis “piraos”

y en lugar de amueblar, nos dejan “paraos”

Así va el país, como el tiempo ¡Nublo!


Responsables de empresas. Inservibles.

Colocados a dedo, y con engaños,

soportan a su vez, gentes risibles.


Gobernantes del “Ping Pong”, con escaños

ubicados sin méritos visibles,

cacarean y cuentan sus apaños