miércoles, 14 de mayo de 2014

El Chambelán de Lupita -Final-



Viene del capítulo Anterior…….



Solo pudieron aguantar sin pasar por la vicaría dos años, de viajes de licencias, de festejos varios, de excentricidades todas, de encuentros en la quinta dimensión, de noches largas unidas con días de lujuria, hartos de disfrutar, regocijo a la carta y de abundancias múltiples.

Jorge comenzó a viajar de nuevo, a pilotar desde su profesión sin la presencia de Lupe, detalle que a ella no convencía por el gran peligro que se cernía en torno a Jorge, pero pronto ella convenció a sus padres en transitar con él, no fuera que intimara con alguna de las azafatas, que le fueran a arrebatar aquella perla salida de una casualidad y que ella no estaba dispuesta a perder sin nada a cambio. No le costó demasiado con la ayuda de la señora “Toya” madre de Guadalupe, que sabía de todos esos capítulos, ya que ella era especialista en artificios.


Metió en razón a los padres y a los suegros con sus maquinaciones y en lugar de preparar boda, como los tiempos eran otros, pudo conseguir el permiso que deseaba y no fue más que el de llevársela como pasajera adjunta,  en los trayectos largos, en los transoceánicos, los que duraban más de una semana, por lo que ella aún y sin pasar por el contrato del casorio, disfrutó como supo y pudo de todas las diversiones sexuales que le brindaba su posición de señorita distinguida.

Jorge, poseía un departamento completamente amueblado en la parte alta del distrito federal, donde la jet set del momento se ubicaba, con un completo servicio incorporado, cocinera y ayudantes para todo, un confort a prueba de ricos, y un status no fácil de conseguir en personas del montón. Su vida se había complicado, de forma comprensible, la ligereza que poseía antes de comprometerse con Guadalupe, ya no era la misma. Ahora debía pasar retreta y dar explicaciones a cada momento de lo que hacía, de los que tenía previsto e incluso a veces de lo que pensaba.

Guadalupe era una muchacha absorbente, miedosa e indecisa, que le gustaba el control de la situación, especialmente con su novio, ya que ella veía que podía peligrar su relación, dadas las cualidades de Jorge y de lo que son capaces ciertas féminas, con tal de hacerse con el amor prohibido, venido de alguna compañera, amiga o conocida, siempre que interesase por cartera, lujo, apariencias y posición.

Tanto es así que el piloto, comenzó a echar de menos su libertad y a sus amigos de siempre. A pesar de tener que llevar una vida decorosa por la responsabilidad de la profesión ejercida,  por la navegación aérea y los rigurosos controles a los que se veían sometidos. Poniendo freno a la diversión exagerada.

Aquellas fiestas celebradas en el departamento de Avenida Miguel Hidalgo, con la  esquina de calle del Rosario, se acababan por necesidad de protocolo y cuando las cosas comenzaban a complicarse, se tomaron medidas ajustando a modo las posiciones de aquella pareja, que ya necesitaban estar haciendo una vida en completa conjunción. Se organizaron desde la celebración del matrimonio, siendo el domicilio usado por ellos tras el casorio.

Se enlazaron y aquello fue un potorro de boda, llegados de todas las partes del mundo, más de quinientos comensales, un atropello para la normalidad de las costumbres establecidas, dos obispos celebraron la misa, un sinfín de alegría un gasto desmesurado una bacanal abierta desde el Distrito Federal al resto de los pueblos. Las revistas del corazón dieron buena cuenta de la fecha y aprovecharon esa noticia para divulgarla a medio planeta

Aquel Mercedes Cabrio del año 1973, recién estrenado por Jorge, regalo de sus padres, que le daba ese empuje por las avenidas del centro federal, que era la envidia de todo aquel que le veía manejar. Dejó de circular del mismo modo, ahora, acompañado de la señora esposa Guadalupe, ya no parecía tan extraordinario para las niñas solteras.
Un estado de bienestar boyante florecía en la ciudad y daba como factores el producto del resultado del amor entre Lupe y Jorge.


Hacía unos meses que cuando viajaban a las ciudades europeas, él como piloto y comandante de una de las líneas aéreas Lufthansa, y ella como acompañante, ya cónyuge del navegante, cada uno tenía su propia vida.

En uno de los viajes a Londres, mientras Jorge atendía asuntos profesionales y otros emocionales que le ocupaban bastante tiempo, Guadalupe encontró a Elías un antiguo compañero del grupeto de amigos de juventud. Aquellos que se lo pasaban en grande en aquellas memorables tardeadas cerca del Bosque de Chapultepec.

Elías residía en la capital del Reino Unido, por haber sido fichado por un equipo puntero de la Premier League. El Tottenham, de los equipos londinenses el más sereno y austero. Su novia lo esperaba en México con resignación, desde hacía dos temporadas, esperando volviera a por ella para casarse, con lo que no vivía con él en la ciudad del Támesis.
Sin saber cómo ni el modo, Elías metió a Lupe en su cama, comenzando una historia de amor. Dejando embarazada a Guadalupe, siendo un secreto que ninguno de los dos, aclararon ni siquiera dijeron a sus más íntimos.


Al mismo tiempo, Jorge departía con Giselle una negrita francesa muy guapa que conocía y se apasionaba en la cama con ella desde el comienzo de sus vuelos regulares entre México y Londres, ya hacía más de cinco años. Relación que no estaba dispuesto a abandonar. Ni tampoco a divulgar con nadie, era una aventura nueva cada vez, era un amor en la ciudad, apasionado pero silencioso y disimulado.

Al llegar a la capital de España, en otra de las rutas de los viajes usuales estipulados por la empresa, disfrutaban cada uno a su modo. Trayectos que parecían de diseño para ellos, por la mentira y por el engaño entre ambos.

Llegaron a Madrid donde ni siquiera se miraban a los ojos, ni se dirigían palabra, pasando cada cual a disfrutar del modo que tenían previsto a sus conveniencias. Desplegando sus vidas no declaradas. Inspirando coca y consumiendo todo lo que se podían meter en su cuerpo.

Jorge de una relación venida de tiempo atrás iba al Paseo de la Castellana a ver a su hijo, y a la madre de este, a los que mantenía desde siempre. Javier de tres años adoraba a su papá, que veía de Pascuas a Ramos y que jamás olvidaba, ya que el cariño era mutuo y cada vez que recalaba en Madrid le traía su regalo y asumía los gastos que le pasaba a Paloma su madre, con la que se acostaba cada vez que le apetecía.

Guadalupe en Madrid, lo tenía más fácil se entendía con Didac, un tipo nacido en Barcelona que conoció en el Museo del Prado y que le daba caña brava. Este restaurador de Bellas Artes, cuando se enteraba que Lupe llegaba a Madrid, viajaba desde la Ciudad Condal al Hotel Chamartín en la capital de España y pasaban unos días de amor y sexo.




Pasaron cinco años más sin sentir. Cuando el amor verdadero no existe, cuando la atracción deja de ser potente, de tener tirada, las relaciones se entristecen y mutan. Los sentimientos se aflojan, los deseos quedan inactivos. En el último quinquenio les había sucedido todo lo desagradable. Ella había parido tres veces, dos niños y una hembra.  

El mayor hijo del futbolista y Guadalupe. Garrett, jamás supo de su padre verdadero, de sus triunfos en el futbol europeo, y dentro de la selección mexicana.  Ella siempre ocultó esos detalles haciéndolo pasar como hijo legítimo entre ella y Jorge. Garret Von Riegel constaba en sus documentos.

El segundo hijo fue de Jorge su marido, y la niña, ni lo sabía a ciencia cierta, de tantos amores y camas diferentes que había disfrutado la señora de Von Riegel.

 Sin saber desempeñar el papel de madre y de esposa, ahora se hacía pasar por abogada de un prestigioso gabinete mexicano, para atraer a algún desorientado y ser captado por sus redes amatorias.
Jorge, había participado en más juergas y había recalado en la calle del vicio, saliendo y entrado de ella, tantas veces como le parecía, dejando en el olvido sus obligaciones y trabajo. No supo ser un buen padre, ni buen profesional y mucho menos buen compañero para Lupe.

Divorciados y con vidas separadas, sin contacto vivan. Se llamaban de tanto en vez por teléfono, para aclarar alguno de los detalles de los hijos, siendo cada vez más distanciada esta necesidad.

Guadalupe estaba en una nube virtual, con un nuevo amor cibernético, al que le hizo creer que defendía a los desafortunados sin amparo en casos de ley, asesinatos, malos tratos, todo relacionado con la jurisprudencia. Ocultándole la verdad, de sus hijos y la suya propia.

Jorge sin cognición, despedido de la empresa Lufthansa, dado de baja del sindicato de pilotos comerciales, en plena crisis depresiva y recogido por sus hermanos y familiares en San Sebastián de Bernal, junto a la famosa peña Bernal, el tercer monolito más aparatoso y grande del mundo, cosiendo ropas en una tricotosa.






sábado, 10 de mayo de 2014

El Chambelán de Lupita - segunda parte -


El Chambelán de Lupita

Segunda  parte




El joven piloto Jorge Von Riegel, era  nacido en Berlín, por circunstancias de la vida. Cuando su padre Adolf hacía unas practicas especiales en Múnich, conoció a Antonieta Richy de Sorrenti, una italiana bella que lo llevó de cabeza y de bragueta mientras quiso hasta que engendraron y tuvieron a Jorge, inclusive antes de contraer matrimonio en Bernal.



Todos ellos mexicanos de pro desde hacía generaciones. Muchos de ellos, personajes destacados en el campo de la industria, del comercio, de la medicina conocidos por todo el ámbito ciudadano.


Acentuando esta popularidad por su amparo al prójimo, por sus declaradas manifestaciones en pro de los sin techo y veladores de la iglesia católica, dando grandes sumas dinerarias en concepto de donativo y de misericordia. Lo cual les califica dentro del grupo de personas caritativas del país.


El viaje a la familia Chalamangui Tarascona les duró tres meses.  Disfrutaron de California, de sus encantos, del clima y de las distracciones varias a las cuales puedes acogerte en aquella preciosa zona. Visitaron todos los vericuetos y sus estados, San Francisco, San Diego, Monterrey, Los Ángeles, y todos aquellos recuerdos que se trajeron para sí, fueron imborrables.



La estancia con su tía Epifanía, les hizo recabar y reactivar el cariño, tras tantos años de silencio y lejanía. Los padres de Guadalupe, gozaron de su hermana y familia y agradecieron a la idea nacida en Epifanía, siendo el enlace del nuevo trato que seguro durara para siempre.



Al regreso de la familia Chalamangui a México y pasados unos meses, Javier con una excusa llama a Héctor, para entregarle unos presentes que sus padres habían preparado para la familia, dada que en una de las fiestas ofrecidas por los Von Riegel, habían tenido presente a la familia Chalamangui Tarascona, por los consejos y las buenas vibraciones que produjo la conversación de Héctor durante el vuelo coincidente que hicieron con Jorge, su querido hijo.

Una llamada telefónica de Jorge, puso en antecedentes a Héctor de la verdad de todo aquel delicado detalle.


_ Don Héctor. Gusto en comunicarle de nuevo

_  ¡Qué tal Licenciado Don Jorge! A que se debe tanto honor.

_  ¡Pues no le voy a engañar! Don Héctor, es por su hija Lupe

_  ¡Luego que pasó con Lupita!

_ ¡Pasó que es muy bella! y quisiera galantearla. Le solicito permiso para poder hablarle de mi amor y decirle mis intenciones. Siempre con su anuencia ¡claro! y con la de su señora esposa. ¡Además por supuesto de entregarles unos obsequios!, que mis padres prepararon para ustedes, en agradecimiento.

_ Licenciado, no mezcles cosas. Ni quieras distraer la verdad.

_ Don Héctor, quiero ser su yernito. ¡O mejor, poderle tratar a usted de suegrito!

Una risa estridente surgió de la gran garganta de Héctor, a la vez que le abordaba un ataque de aquella grosera tos, que le importunaba frecuente, cuando quería respirar, tragar y hablar a la misma vez.  ¡Gritándole a voz en gollete!

_ Mira piloto aterrizas en casa un día para almorzar y lo tratamos todo, frente a ella, delante de mi Lupita. Lo normal es que mi Guadalupe, opine sobre estas cosas, que a la postre son necesariamente temas muy personales de ella misma, ¿No crees? y así nos volvemos a saludar en persona ¡Sí!

_  ¡No se hable más Don Héctor! ¡Así se hará!


Lupe estaba en la preparatoria y sus amigos y amigas por igual que ella, seguían estudiando para poder graduarse en su momento. Sin embargo eso no era obstáculo para aquietar esas prisas de Jorge, ya que la tal señorita Chalamangui, no le hacía ascos al cambio de vida, a los lujos constantes, viajes por todo el mundo, reconocimiento inmediato y lujo a granel. Sin contar con el sexo desabrochado y practicado poco después de los quince años, con un hombre algo  mayor que ella, que siempre le produciría mejor regodeo que el de esos amiguitos que se miran a cualquiera antes de decidirse por rubia o morena.

La lujuria que ofrecía la nueva etapa, las venias que su piloto le concediera mientras lo dejara planear por el aeródromo de su vientre y aterrizar entre los dos volcanes de fuego para seguir y hacer aparcamientos torpes en el hangar de su vagina flamante, el dejar a unos padres tan sumamente remilgados, que ahora ya comenzaban a prohibirlo absolutamente todo, le hacían ver el mundo en colores.

El piloto, rubio, joven, atractivo y millonario ya tenía una profesión, ya trabajaba en una línea aérea internacional,  gozaba del mejor carro del año y su departamento amueblado en la ciudad.

Ella le admiraba  y le simpatizaba.  Era otro globo y le parecía un individuo muy interesante e inteligente. Amor por él, no sentía_ ¡es lo de menos!_  pero tanto se lo había escuchado a la frígida de su mamá, que esas cosas no le eran de importancia, que si debía llegar el cariño, el amor, llegaba y si no, pues_: siempre había hilo incoloro para cosidos de prendas rotas.

No fue un obstáculo para dejarse ir por la novedad de la nueva etapa de Guadalupe Chalamgui. El sexo ya consentido pero disimulado, las bebidas fuertes, estupefacientes y las salidas nocturnas. Amén de renunciar a toda responsabilidad académica y familiar para dedicarse en alma y cuerpo al hombre que Dios le había puesto en su camino.
Un gusto para Lupe, que no midió las consecuencias a no largo plazo, pero que por demostrarle a sus amiguitas todas, de clase alta, de cuna regia, que era la primera que se situaba con garantías plenas en la sociedad, por nada menos que amparada por un verdadero  Von Riegel.



to be continued 

Continuará

El Chambelán de Lupita - final -













El Chambelán de Lupita

El Chambelán de Lupita

Primera parte


Llegó la fecha en que Guadalupe cumplió quince años. Sus padres organizaron la fiesta de presentación ante la sociedad fue una celebración muy bonita con catorce damas e igual número de chambelanes, además del palaciego principal que inició el Vals solicitando un baile con la señorita Chalamangui. Una canción clásica, y siguieron los bailes solicitados por ella con su padre, Don Héctor, seguido de su padrino. ¡Que lujo!

A raíz de estos bailes iniciales de presentación, los invitados se unieron en la pista de baile también. Todos disfrutando, algunos interpretando un papel que nos les correspondía, otros fingiendo estar dichosos, cuando estaban insolentes. Había de todo en ese salón monumental que se había preparado para aquella memorable fiesta de la señorita Guadalupe Chalamangui.

Un derroche cojonudo, la orquesta de mariachis y el cantante de rancheras más cotizado y más famoso de la época en México, Ramón Gabriel de la Floja Gordillo. Las mujeres locas por el pollo de las rancheras, un artista de lo más soso en las distancias cortas, además de ser miope con las mujeres. ¡Qué será que Dios solo le da pan al saciado!

Vestidos largos de seda, encajes para las damas y chaqué y frac para los caballeros, un esplendor fuera de lo normal. Amigos y conocidos más de cuatrocientos invitados. Hasta dos procuradores del gobierno republicano y sobre todo el nieto. El “nietísimo” de un ex presidente del  Régimen estaba invitado.

Fue una fiesta de ensueño para la niña, un modo de divulgación de prosperidad del estatus del padre y una propaganda sin límites frente a las amistades de la madre, que nuevamente se hacía notar ante casi todo su pueblo.

Eran tiempos estupendos, para la familia Chalamangui Tarascona. Lupe se sentía en una nube, con los amigos organizaban tardeadas y cuando tenían algo más de dinero de lo acostumbrado que era casi siempre constituían unos fiestones de película yendo al Café del Bosque a disfrutar del próspero devenir que les ofrecía la vida.

Los Chalamangui Tarascona, entonces vivían a cuatro cuadras del Bosque de Chapultepec. Aquella vida era un puro lujo y una gozada tras otra, tanto que no les daba tiempo para sufrir por nada ni por nadie. Los días se esfumaban como por arte de brujería feliz. Todo era música, ¡vida! Alcohol y fiestas, nada podía parar aquel disfrute, aquella bacanal parecía jamás iba a dar fin.



En la cuadra donde vivía Guadalupe, residían todas esas niñas ricas que aún sigue frecuentando. Con ellas vivió la infancia, adolescencia sus primeras ilusiones, sus escarceos iniciales en el amor y esas cópulas furtivas echadas a la luz de la tarde, a lo bestia simplemente con el preservativo en el bolso y sin tener que elegir consorte, cualquiera de los amantes valían, pues todos poseían propiedades, patrimonio, cartera y apellido.

Epifanía una hermana de su padre, el Señor Don Héctor Chalamangui Bermúdez, vivía desde que se casó en San Francisco California y con motivo de la puesta de largo de su sobrina Guadalupe Chalamangui,  y por cumplir y celebrar su fiesta de los quince años  le regaló un viaje precisamente a San Francisco y demás ciudades de importancia_: Detroit, New York, todas ellas preciosas. De esa forma Epifanía, podía aproximar a casi toda la familia a California y disfrutarles después de tantos años de distancia y ausencia.

Iniciaron el viaje padre, madre y la niña, en clase de primera y principal. Un viaje soñado más por la madre de Lupe, Doña Victoria Tarascona, que por ella misma.  Con eso podía presumir ante sus amigas de toda la vida de gozar de una escapada sorprendente. Ir de punta a rabo de los Estados Unidos de América y disfrutar de tanto encanto.

Durante el vuelo conocieron a un joven que viajaba en el asiento del otro lado  del pasillo, hizo  muy buena conversación con el papá de la nena, el rubiales y macizo al ver que tipo superlativo tenia Lupe y como miraba esta señorita a según qué partes de su corcho flotante, este desgarrador de atuendo intimo, siempre le mostro su lado varonil a la señorita.

Ella, aprovechando las mañas femeninas, hizo para poder descubrir su cuerpazo, y que ésta promesa de los aires, quedase enamorado de sus largas piernas y sus turgentes pectorales, se encoñara con la muy, se dejó mirar y observar desde todos los ángulos de su cuerpo fino y adiestrado.
Tipo que enseñoreaba, tras el conspicuo escote de un vestido de blonda. Sus dos mamas, mas duras que el mango de un martillo y sus pezones más rígidos que el mendrugo de un bollo.
En conjunto, hacían llamamiento a las miradas furtivas del piloto invitándole a   … “Mírame pero no me toques”.
Semi transparente su vestido dejaba lucir sus carnes y envuelta como en un envase dúctil, rabiaba por ser poseída en su contenido apetitoso.

Javier atento y rompedor estaba a cien por hora, solo por observar a aquella mujer joven que se le proponía del otro lado de los asientos, con la maestría de disimular en los momentos claves, para que sus padres vieran nada raro.
Sin dejar pasar la oportunidad al ver la muchacha que no se le iba a resistir puso los condicionantes por si podía aprovechar esa circunstancia en el futuro.
Aquel joven estaba en edad de beneficiarse y de degustar todos los manjares apetitosos que la cosecha mujeril le pusiera a su alcance, por otra parte andaba buscando una buena hembra, sumisa y obediente que pudiera presentar con garantía entre sus amistades.


Don Héctor que también comenzaba a pensar con quien iba a emparentar a su hija,  para que le proporcionara además de equilibrio, negocio y dinero a sus arcas, se dejó envolver por el halo vertiginoso de Jorge. Se nivelaron en gustos y en pretensiones, en aumentos y conquistas y en ver quién podía y resurgía más de una conversación totalmente inocua, a la vez que llena de matices y de preferencias.
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Jorge, era piloto comercial, habiendo cursado su carera en el colegio mayor de especialistas y oficiales de Aeronáutica Militar y para su sorpresa Don Héctor conocía al padre de Jorge,  Adolf Von Riegel un  casi extranjero descendiente de ciudadanos alemanes que se habían establecido hacia siglo y medio en el Estado de Querétaro.

Cerca de once generaciones, mezclándose con las gentes de San Sebastián de Bernal. En un negocio establecido desde entonces en uno de los telares de lana, en la calle de Zaragoza de ese pueblo. Manteniendo la ocupación de toda la saga durante años.
Sus bisabuelos ya tejían ropajes y mantas tradicionales. Hasta que con el paso del tiempo y el esfuerzo de la familia Von Riegel, transformaron en una espléndida industria de confección. Manufacturas con toda una amalgama y  clase de ropas tradicionales, cortinajes y grandes telas.

 Llegada su juventud, Adolf padre, tuvo que marchar a la ciudad para graduarse en Querétaro, y poder cursar una carrera de ciencias políticas. Dejando a sus hermanos y padres al cargo y explotación de la fábrica de mantas y ropas.


Tanto Héctor como Adolf, habían coincidido en la misma Universidad Autónoma de Querétaro, siendo camaradas en la misma promoción y licenciatura. Por tanto conocidos en los años tiernos de su incipiente mocedad. Esos detalles y coincidencias, hizo que Héctor y Jorge entablaran rápidamente nueva plática con risas y mensajes, providencias y banalidades. Se dieron los teléfonos y direcciones para quedar en el futuro




To be continued
Continuará en la próxima entrega
El Chambelán de Lupita - segunda parte

martes, 6 de mayo de 2014

Otra canción triste de Macarena


La hora de la comida quedaba atrás, ellos estaban tranquilos recordando detalles de cuando ni se sabe. Estaban profundamente atraídos los dos, no se notaban los defectos que cargaban, ambos bebían los vientos y nada les hacía perder el control de la sinrazón. Totalmente a la deriva vivían desde hacía unos meses. No atendían casi a nada ni a nadie y los efluvios amatorios, les hacían estar fuera de la concentración necesaria para desempeñar sus funciones.
Era una abstracción ingenua e imprevisible, que comenzó en un momento y no se sabía hasta donde podían llevarla. Macarena, una mujer madura que había sufrido lo suyo hasta el momento, Cheo Oriol, un “Viva la Virgen” descerebrado con un tendón privilegiado para la felicidad.
Ella, obnubilada después de una exaltación erótica recién concluida, quería contar lo que se le agolpaba en su mente, y no dudó en posicionar su cuerpo semi vestido para decirle a Cheo, aquello que le quemaba.
_Voy a contarle desde el principio una historia que revelará la forma en que fue mi infancia. Es ¡más! algo de mis antepasados. Temas a veces tabús que se llevan muy en secreto y que no se suelen contar a nadie_ preparó con antelación aquella hermosa de mujer_ Nunca hay un motivo ni  existe el momento oportuno y ¡claro! Estas historias suelen quedar en el olvido y se mueren oxidadas con nosotros_. Expresaba Macarena, una jaca campuzana muy bien puesta y agraciada en la habitación de un motel tras haber tomado un baño de flores y perfumes.
En la pausa y el reposo de un viaje de placer con un amigo y acompañante íntimo que conoció hacia poco más de dos años en uno de los Ateneos de Caracas, la capital Venezolana.  Pareja que hacía algo más de tres meses compartían cama, cuerpo, mesa y mantel y vivían juntos en el intenso paraíso de los placeres mundanos.
_ Y eso cariño a que viene_, le dijo Cheo, mientras abría el frigorífico de la suite_,  es que te ha venido de pronto un ramalazo histórico y crees que debes darme información antigua, ¡qué digo antigua! Completamente añeja, para mi conocimiento especial; o te ha sobrevenido algún misterioso poder y te obliga a que lo cuentes sin miramiento antes de tu juicio final.
_ Cree, lo que te venga en gana, ¿No me taladras tú?, con los pensamientos Freudianos y con las aventuras profanas de tu padrino, aquel que fue con Fernando de Magallanes a descubrir el archipiélago Filipino. Quedándose en la plaza de Cavite y casándose con una aborigen, que a la postre llegó a ser tu abuela paterna, pues atiéndeme, que nosotros ya, a estas alturas ya no lo podemos narrar a nuestros hijos, ni los tuyos ni por supuesto los míos. Nos mandarían donde pican los pollos, si les venimos con una traca como esta. Por lo que me place contártelo, ahora que puedes atenderme ¿No lo crees justo, chavalín?_, concluyó Macarena, mirando a su amigo que se preparaba uno de esos combinados de verano que tanto le gustaban.
_ ¡Sí cielo mío! ¡Ataca!  Mientras siga despierto y procura llevar una intriga.  Es en definitiva lo que me obliga a interesarme por las aventuras_ Redujo definiendo Cheo, su amigo con esa gracia que tienen los nacidos en Cádiz.

_ Mi abuelo era Teniente Coronel, con especialidad en artillería tuvo tres hijos; dos mujeres y un varón. Venancio Toledano, mi abuelo, que además de ser castrense era una persona muy recta y con poco engrase en su simpatía. No se reía aunque le hicieses cosquillas en las ternillas de su pecho.
Sus fotos lo dicen, y alguno de los familiares que le sobrevivieron, siempre lo acreditan como un ser demasiado serio y poco comunicativo_ continuó desgranado aquella guapa mujer el dibujo del terrible abuelo paterno_ Enviudó cuando sus hijos eran aún muy niños. El mayor; Wilfredo, Epifanía y Angustias tenían, siete, cinco y tres años respectivamente. Los que quedaron al cuidado de las monjitas legionarias, seglares que estaban al cuidado de los huérfanos del Ejercito en uno de esos colegios mayores, destinados para los hijos de militares viudos o sin familia cercana. Venancio, no se volvió a emparentar con mujer alguna, ya que tenía tantas que no sabía cual escoger.
Epifanía, fue una niña muy recatada, y bondadosa, tanto que pasó la vida haciendo caso a los hombres de la casa, dedicada a coser y planchar, además de encargarse de la cocina, pudo estudiar por los profesores que el abuelo les dispuso, aun y no estando demasiado bien visto, que las mujeres tuvieran tanta letra y adiestramiento, dada la época vivida.  Sin embargo ella siempre quiso prosperar y sacó la cabeza de entre tanto machista y tanto ordenante. Licenciándose en Filosofía y letras y llegando a finalizar la carrera de profesora de Física en la Universidad de Caracas.
Angustias, ya fue de otra forma, gruesa, obscena, embustera y envidiosa, lo que le llevó siempre de cabeza, ya que a los patrañeros se les caza siempre, tarde o temprano y a ella, se le notaba mucho, porque además de mentir, no tenía memoria y eso la dejaba siempre con su gran culo al aire. También estudió pero sin llegar a hacer nada sobresaliente. Esperando un marido que la hiciera feliz en su casa, le diera caña y llevando y trayendo chismes de un lugar a otro.
Cuando Wilfredo, cumplió los diez años, su padre decidió llevarlo a una escuela militar donde estuvo hasta los dieciocho años. Saliendo con el grado de teniente. Un tipo chulo y duro, agraciado, nada feo y con dotes de mando, que rompía corazones allí donde latieran y además las mujeres, según cuentan, caían a sus pies para que las amara.
Se casa a esa temprana edad con una mujer algo mayor que él y este a su vez tiene tres hijos. El primogénito muere a los dos años del nacimiento, quedando Eladio como sucesor y Pancho, el menor de ellos.
La vida, pasaba entre espadas y traslados, entre cuarteles y prisas, entre chismes y engaños, insultos, enfermedades contagiosas, traiciones y barbaridades escuchadas y vividas de entre los asistentes ayudantes de cámara que les tocaban por reemplazo. Se vivía como venia el viento, unas veces hacia el norte y otras a verlas venir limpiándose los mocos.

A los tres años muere Marciana, esposa de Wilfredo, una muerte casi anunciada por la enfermedad del momento, Disentería, unas diarreas tremebundas la llevaron casi de la noche a la mañana, a dejarla sin peso hasta que acabaron con su existencia, dejado a los niños Eladio de cuatro años y Pancho el menor de ellos con dos. Para entonces Wilfredo Toledano ya es Capitán y Comisionado en el Acuartelamiento de Puerto Cabello. La desolación entró en la casa y los chiquillos, no podían quedar solos sin la atención de una persona que los pudiera criar y educar mientras su padre atendía las cuestiones del cuartel, sus guardias, sus montas sus maniobras y sus ausencias y faltas.
No le queda otra que llevar a sus hijos a casa de su hermana Angustias, la que ya tenía cinco hijos y un esposo sin trabajo conocido, muy delicado de salud _solo servía para preñarla, hacerle barrigas cada nueve meses y tener descendencia, no tenía otra fuerza en ningún otro músculo de su cuerpo el pobre de tío Elías_, Angustias, no podía tampoco salir a la calle a trabajar, por lo que su hermano llegó a un trato honesto,  ella cuidaba a sus hijos y sobrinos y en retribución el capitán Wilfredo, el que sería mi padre, se hacía cargo de toda la familia_. Hizo un inciso Macarena para tomar respiro y pensar en todo lo que había explicado, cuando su amigo Cheo Oriol, le preguntó para aclarar un poco toda la información que le había regalado.
_  Me habías comentado en alguna ocasión que tus abuelos ¿se habían separado? Ya en aquel tiempo, ¿funcionaba el divorcio? Es increíble, porque me estás hablando prácticamente de los años cuarenta principios de los cincuenta, estás hablando de fechas del siglo pasado_. Definió exacto Cheo Oriol

_ Los que se separaron divorciándose fueron mis abuelos maternos, y te estaba contando detalles sobre mis yayos y mis tíos, los padres y hermanos de papá. ¡Espera que todo llegará! _. Significó Macarena, agradecida por el preámbulo y la escucha.

_ ¡Cierto, perdona, Así es! _ dijo Cheo Oriol, dejando que siguiera en su gran despliegue la señora que disfrutaba, recordando todas aquellas anécdotas que le sobrevenían a su cabeza de forma natural y necesitada contárselas a alguien que de una forma u otra le importaran y pudiera juzgarlas.

_ Eso que apuntas es real, se divorciaron y mi madre, la señorita “cenicienta” que fue mi mamá, se tuvo que ir a vivir con sus abuelitos, los padres de su madre, Don Joaquín y Doña Emma, por todos los sinsabores que sus padres despojaban. Por tanto ella, mi madre quedó sin el amparo de sus progenitores.
Bajo el cuidado de sus abuelos maternos, personas ya de edad avanzada y sin ganas de criar a nadie_. Sin perder el hilo tomado y la inercia, siguió argumentando Macarena, mientras Cheo Oriol, le escuchaba cortésmente concentrado en la historia.

_ Mi abuelita se vuelve a casar y tiene tres hijos más, a los que mi mamá no puede conocer  porque, el nuevo marido de la abuela no lo permite. De modo que ella vive como he referido antes con sus abuelos hasta la edad de los diez y seis años, que coincide con la fecha que ellos fallecen.
De ahí  vive un tiempo sin apego con un familiar y otro tiempo despreciada con otro distinto, sin que su madre la que la trajo al mundo, sin ella pedírselo, la amparase en ningún momento_. Gimió disimulada Macarena y trago saliva para continuar con desprecio relatando aquellas efemérides
 _ ¡Ya me dirás que clase de madre hace cosa igual!  
En no querer saber nada de sus hijos, aunque hayan sido concebidos en otro matrimonio, o de forma ilícita, pero los hijos, siempre son los hijos. ¡Así lo creo yo! _ modificó la postura Macarena, frente los ojos de Cheo, para que la luz de la tarde le llegara en tenue caída sobre sus pechos desnudos. Siguiendo el cuento con la más convincente de las amarguras.
_ Hasta que se prepara  para formar parte del ballet, de la Universidad de Zulia.  Ella bailaba muy bien el son Joropo_ música llamera_ y pasa a formar parte del cuerpo principal de danza, y es así y como conoce a mi papá.

En aquel país el día 24 de junio es el día del Ejercito Bolivariano, conmemorar a las tropas de la nación,  se agasajan con un festival al cual asisten como artistas invitados a tal evento El Ballet de la Escuela Nacional de Danza del cual formaba parte la Srta. Verónica Ferrándiz una hermosa Joropeña,  rubia de ojos verdes y ahí inicia una relación en la cual termina casándose con el viudo capitán Don Wilfredo Toledano.  Los que después resultarían fueron mis padres.

En pocos meses se arregla todo, se pacta lo necesario para que mi padre pueda montar a la joven bailarina de danza, festejan, se mal conocen y se casan y ella Verónica, va a vivir a la casa familiar, la misma casa donde vivía la tía Angustias. La mansión que gobierna Wilfredo desde que enviudó, donde todos los gastos pasan por sus fueros y bolsillos. Siguiendo con el cargo de mis hermanastros de padre el niño Eladio de ocho años y el pequeño Pancho de seis.

Pasan diez años y la señorita Verónica no se embaraza y en el transcurso de ese tiempo, la pareja desborda su cariño sobre los hijos de Wilfredo y los cinco hijos de  Angustias, haciéndose cargo absolutamente de su cuidado y educación.

Por fin Verónica queda en cinta para su dicha, y desdicha de tía Angustias y uno de mis hermanastros  Pancho,  ya que se sentía el consentido de su papa, por ser el más joven_. Macarena, siguió explicando a Cheo, sus pensamientos mientras él, no perdía detalle emocionado de todo lo que escuchaba.

Nací un día de agosto de 1949, en el seno de una familia que aparentaba lo que no existía. Como pasa en tantas y tantas casas. Mi madre era una mujer asustadiza, y con miedo de perder a mi padre, por lo que le seguía siempre sus caprichos aunque en alguna ocasión, ni ganas de compartir con él tanta fiesta, tanto alcohol y tanto mujerío transitorio.
Creo que mi madre se casó con el gran militar sin amor hacia él. Buscando una seguridad y un hogar donde por lo menos, tuvieran cariño con ella, para mitigar todo el sufrimiento que había llevado en sus días.

El ballet hacia de trampolín y de escaparate ayudado por la belleza que ella poseía para encontrar refugio fuese donde fuese y costase lo que costara, todo eso unido con las deficiencias de mi padre y la necesidad de labios genitales femeninos que llevaba aquel capitán del ejército, surgió esta ecuación con necesidad de despejar aún su incógnita.

Por ello aguantó a la bruja de mi tía durante años y a toda la parentela. Sin embargo si las vidas se han de medir por la cantidad de felicidad. La de madre fue escueta.



Todos se disputaban el querer ponerme nombre. Mi papá se empecinó en ponerme un nombre tradicional, mamá no estaba nada de acuerdo. Al final ganó la cordura y quedaron no sé de qué manera de acuerdo para bautizarme con el nombre de una amistad que tenían en España muy devota de la Virgen llamada Macarena.
¡Así me pusieron Macarena del Mar!

_ No sé cómo ha sido que te he contado todos estos recuerdos con pelos y señales, querido Cheo, pero igual tenía necesidad de que me acurrucaras y me hicieras de nuevo feliz soportado estoicamente todas las emergencias de la leyenda_ recordó la guapa mujer, mirando a su amigo y alargándole la mano para que se la estrechara_ con esto ya finalizo y te dejo descansar_ comento riendo sin ganas, esperando una señal de Cheo Oriol.

_ No sufras Macarena, cariño ni te atolondres, todos y cuando digo todos. ¡Yo mismo! Voy incluido. Tenemos nuestras vivencias, momentos y detalles que igual es mejor olvidar. Lo que has conseguido con tu novela es, que aún valore más tus cualidades, y sepa que eres más sincera de lo que esperaba. Deseo, algún día puedas continuar, con otros detalles que han quedado grisáceos o no explicados que desde luego ahora ¡sí! estoy interesado en conocerlos.









domingo, 4 de mayo de 2014

Personajes ficticios



Se habían reunido aquellas personas en una de las salas del gran complejo. Presididos por la Fundadora del Imperio, Gertrudis María de la Encarnación, una resoluta mujer de carácter, la cual dirigía aquella agrupación con mano de hierro y enfoque equivocado. Tanto era así, que asustaba a los componentes de la susodicha cofradía por las salidas de tono y por las contrariedades que sufría a lo largo de su trayectoria. Los celos, la envidia, la falsedad y la invención.

Una de las personas de aquella reunión era la primera vez que asistía a esos encuentros con la nada y se le tenía que hacer el honor de presentación de ella misma y de los demás componentes, por lo que Gertrudis María, dio la palabra a la primera persona que permanecía acomodada  a su derecha y comenzó la tanda de exposiciones personales.


_ Me llamo Yasmina de Ricky, soy de Panamá y estoy haciendo las veces de secretaria de este club, aporto lo que puedo con la ilusión que algún día pueda gozar de las mismas realidades que los demás, puesto que aún no estoy reglada en este país, en el cual resido desde hace mas de cinco años. La Señora, me prometió que conseguiríamos la documentación necesaria para este objeto y poder ofrecerme un empleo digno, de lo cual estoy necesitada y esperándolo para abrazarlo en cuanto llegue. Solo espero, ese instante, mientras trabajo en los actos de esclavitud a los que me someten.

La mujer un poco afectada y mirando sobre la gran base de la mesa, le dio la venia al señor que tenia justo a la diestra. Este miró a un lado y a otro y con voz controlada y conteniendo la sonrisa comenzó a declarar.

_ Yo soy Jacinto Esteve, me encargo de los mercados turbios y emergentes,  de los viajes sin destino y de las transacciones ejecutivas de la sociedad, vengo de una empresa esotérica similar y desde hace un tiempo presto mis servicios a esta entidad.

Sin más ofreció una ojeada al caballero que debía proseguir en la presentación y miró a la institutora, con cara de guasa y elocuencia, esperando en ese breve espacio de tiempo, respiraran todos los allí presentes y nadie hiciera preguntas aclarativas, ni quisiesen saber la verdad, de todo lo que le pasaba por su mente.
Tomando las riendas del comentario el siguiente ponente, hinchó sus pulmones del aire semi contaminado de la sala y apuntó.

_ Buenas tardes, me llaman Francisco de los Godos y Girón, soy el encargado de lo urgente, de lo más candente, de hacer las fotos y acomodador de la sala de actos.
Lo hago por dedicación y como ofrecimiento a todos los efectos derivados de mi aportación a una causa decente, buena y sin parangón.

No miraba a nadie cuando expresaba su comentario, como si estuviera poseído, como si estuviera pasando cuentas con un ser superior, a la vez que, dada la cacofonía de su voz, los allí presentes escuchaban con el más completo gusto. Acabó su alocución dando el testigo de la palabra a Miguel Brotón de las Muelas, un caballero que parecía venia de otra época, que ocupaba su enjundia perimetral con una gracia subliminal, que solo lo demostraba y lo recibían aquellos que sabían ver y leer entre líneas y límites fronterizos. Este personaje, no iba a descubrir nada, en aquella misteriosa reunión se limitó a decir.


_  Me llaman Miguel y hago lo que me mandan_. Enmudeció. Se auto quitó el habla y miró con su vista cansada y graciosa, al que le precedía que estaba a la otra punta del armazón de la mesa.

Estupefacto, sin saber que decir, el orador que debía presentarse, impreciso y coartado, balbuceó cuatro frases mal descritas, con una sensación de frescor poco acostumbrado, viendo que todo era una veleidad, una chanza de la imprecisa realidad de aquel encuentro, un juego entre adultos descentrados y una tertulia poco reveladora dada las alturas de la circunstancia.
Aún y así, conteniendo el respeto por los presentes y el terror por lo que podía disolverse de aquellas presencias, se limitó a decir lo que le imponían.


_ Soy Eleuterio Morante Deslizado, generador de entuertos, desvolvedor de misticismos y ejecutor de piedades y arrebatos de la empresa. Hechicero de soluciones frívolas y consejero de todo lo intocable e invisible.

Muy serio, sin gratitud, con una lealtad firme, pasó la palabra a la persona que sentada y serena, con ganas de entender algo, no comprendía absolutamente nada y que además era la nueva.

La dama que por primera vez asistía a un encuentro en la fase cuatro de los terribles del encanto. Por el efecto de continuidad, habló aquella persona, no sin antes dudar y aclararse la voz para que le surgiera más dura y más pujante.

_ Hola a todos, me llaman María de los Ángeles Custodios del Consorcio Celestial, pero podéis llamarme Maruja, así es como me llaman todos los que me conocen.

Soy agregada profesional de una empresa de resoluciones infranqueables y conozco a la fundadora de este invento, desde hace muchos años, le he dado algunos consejos y bueno_, parpadeó las pestañas, al ver que a la señora Gertrudis María, no le hacía gracia el comentario, se excusó con un lenguaje corporal, que ambas usaban a la perfección_. Los consejos y cautelas nos las hemos intercambiado de vez en cuando, por la amistad que atesoramos y conservamos desde quien sabe los tiempos. O sea un peloteo descarado y un enchufismo fuera de la ley.
Estoy aquí puesto que tanto ha insistido Gertrudis, que me he dicho, ya es hora de hacerles una visita y si me gusta, saco partido, puedo presumir de mis detalles ¡me quedo!_. Aquella mujer siguió moralizando de una forma pertinaz y con poco brillo, sabiendo que a la presidenta de la mesa, no le agradaba, es más, le desconcertaba su aptitud y finalizó su cháchara diciendo_. Así es como pienso. Tú lo sabes, si me gusta, ¡me aprovecho!
Gracias por escucharme a todos, sois encantadores pero a la vez incomprensibles y medio maniáticos, pero así sois ¡qué le vamos a hacer!  Le pasó la terna con mucha delicadeza a la señorita tan atenta que está a mi derecha.

Las dos señoras que precedían a la nueva fueron tan rápidas en su presentación como las áureas celestes en su paso por el Cosmos, dijeron sus nombres, y sin más dejaron la plática del verbo para que la gran matrona, la gran fundadora hiciera de su capa un sayo y les regalara a todos los presentes con una de sus eficaces charlas, de sus engreídas jaculatorias y de sus perseverantes y consecuentes súplicas.

Estoy aquí, por suerte pero a la vez agradecida a los poderes mágicos. Sé que mi misión es la de casi reconciliar el mundo agrario, en la faceta de reconstrucción de aéreas para simientes y plantas aromáticas, tengo una orden venida desde donde ni imagináis que debo cumplir antes de marchar a otra fase y es mi sino.

Es difícil de explicar por ello, no os voy a decir nada, primero porque como siempre os mentiría. No sé hacerlo y segundo porque no me da la gana de aclararos todos los puntos hasta que el guión de la película que vamos a rodar esté más definido.

Vosotros seréis los actores y actrices y ya veis el papel que más o menos os ha tocado interpretar. Pronto conoceréis la fecha de los ensayos y pruebas, los exteriores serán realizados en esta ciudad. El caché es el de siempre. ¡Suerte y mucha mierda!



viernes, 2 de mayo de 2014

Relámpagos de pasión



Miradas cruzadas tropiezan.
En cada momento buscadas,
induciendo, solas empiezan,
deseo en noche marcada.

Gritan sórdidas asomadas
con su final  en poseerte.
Crueles viles, desaforadas,
derrochando luz absorbente

Solo miradas, nada de voz
ningún ruido, solo un rumor,
Sus pestañas a golpe de coz,
cuando se ciegan bajo temblor.

Ya la tengo,  dijo con ardor
el tipo flaco del mechón.
La codicio sin ningún rubor
¡Mía será en consumación!

Lascivia por deseo trocó,
con luz tenebrosa de traidor.
La mujer espera pasión,
penetrando desnudan la flor.

Echando un atisbo miró.
Ajar ese cuerpo atroz,
que inerte posaba se unió
inmoral con los ojos en hoz.

Una y otra vez atrajo
a la mujer a su jergón
poseyéndola desde abajo
en relámpagos de pasión.

Dando una ojeada tras,
las sábanas del gran camastro,
lucen desnudos sin compás.
¡Esos cuerpos!,  sin dejar rastro.