Mostrando entradas con la etiqueta damas de honor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta damas de honor. Mostrar todas las entradas

lunes, 15 de julio de 2019

La Reina 2019, .... y sus damas. Presentaciòn

Como todos los años, de forma inequívoca, se repiten los mejores festejos en uno de los pueblos más bonitos de España—para mí; no tengo duda, sobre la belleza de la Villa de Valderrobres. ¡El más bonito!

Es precisamente en él, dónde año tras año, las reinas de las fiestas son elegidas por los jóvenes que cumplen la mayoría de edad, en el transcurso del año vigente, o sea al cumplir 18 años. Dando un toque de singularidad a las jovencitas que comienzan a despuntar al salir de la pubertad y hacerse preciosas mujeres. Tradición de ni se sabe la cantidad de años en que se vienen celebrando. Primero son elegidas, después presentadas en sociedad, para después un poco mas adelante ser: Coronadas por las autoridades de la Villa, en presencia de todos los vecinos y visitantes, dentro de las Fiestas Mayores.
Ellas; las damas y reinas como en todos los reinados, van acompañadas de personas que les ayudan, les sirven y les adoran y por supuesto, estrenan vestidos preciosos, que ahora tal y como transcurre la vida, se hace difícil tener oportunidades para poder lucirlos.


No le voy a echar más literatura al mensaje por lo que dejo fotos de aquellos niños y niñas, que nacieron en el año 2001 y que este de 2019, cumplen la mayoría de edad.
Felicidades a Reina y a sus Damas y por supuesto a los caballeros, aquellos muchachos de la misma leva, que como acompañantes, les ofrecerán a estas señoritas elegidas, de soporte y compañía.




















Fotos y argumento de Emilio Moreno
Noche del 13 de Julio de 2019
Presentación de la Reina y Damas.
Acompañados por los jóvenes caballeros
de la localidad.





sábado, 10 de mayo de 2014

El Chambelán de Lupita - segunda parte -


El Chambelán de Lupita

Segunda  parte




El joven piloto Jorge Von Riegel, era  nacido en Berlín, por circunstancias de la vida. Cuando su padre Adolf hacía unas practicas especiales en Múnich, conoció a Antonieta Richy de Sorrenti, una italiana bella que lo llevó de cabeza y de bragueta mientras quiso hasta que engendraron y tuvieron a Jorge, inclusive antes de contraer matrimonio en Bernal.



Todos ellos mexicanos de pro desde hacía generaciones. Muchos de ellos, personajes destacados en el campo de la industria, del comercio, de la medicina conocidos por todo el ámbito ciudadano.


Acentuando esta popularidad por su amparo al prójimo, por sus declaradas manifestaciones en pro de los sin techo y veladores de la iglesia católica, dando grandes sumas dinerarias en concepto de donativo y de misericordia. Lo cual les califica dentro del grupo de personas caritativas del país.


El viaje a la familia Chalamangui Tarascona les duró tres meses.  Disfrutaron de California, de sus encantos, del clima y de las distracciones varias a las cuales puedes acogerte en aquella preciosa zona. Visitaron todos los vericuetos y sus estados, San Francisco, San Diego, Monterrey, Los Ángeles, y todos aquellos recuerdos que se trajeron para sí, fueron imborrables.



La estancia con su tía Epifanía, les hizo recabar y reactivar el cariño, tras tantos años de silencio y lejanía. Los padres de Guadalupe, gozaron de su hermana y familia y agradecieron a la idea nacida en Epifanía, siendo el enlace del nuevo trato que seguro durara para siempre.



Al regreso de la familia Chalamangui a México y pasados unos meses, Javier con una excusa llama a Héctor, para entregarle unos presentes que sus padres habían preparado para la familia, dada que en una de las fiestas ofrecidas por los Von Riegel, habían tenido presente a la familia Chalamangui Tarascona, por los consejos y las buenas vibraciones que produjo la conversación de Héctor durante el vuelo coincidente que hicieron con Jorge, su querido hijo.

Una llamada telefónica de Jorge, puso en antecedentes a Héctor de la verdad de todo aquel delicado detalle.


_ Don Héctor. Gusto en comunicarle de nuevo

_  ¡Qué tal Licenciado Don Jorge! A que se debe tanto honor.

_  ¡Pues no le voy a engañar! Don Héctor, es por su hija Lupe

_  ¡Luego que pasó con Lupita!

_ ¡Pasó que es muy bella! y quisiera galantearla. Le solicito permiso para poder hablarle de mi amor y decirle mis intenciones. Siempre con su anuencia ¡claro! y con la de su señora esposa. ¡Además por supuesto de entregarles unos obsequios!, que mis padres prepararon para ustedes, en agradecimiento.

_ Licenciado, no mezcles cosas. Ni quieras distraer la verdad.

_ Don Héctor, quiero ser su yernito. ¡O mejor, poderle tratar a usted de suegrito!

Una risa estridente surgió de la gran garganta de Héctor, a la vez que le abordaba un ataque de aquella grosera tos, que le importunaba frecuente, cuando quería respirar, tragar y hablar a la misma vez.  ¡Gritándole a voz en gollete!

_ Mira piloto aterrizas en casa un día para almorzar y lo tratamos todo, frente a ella, delante de mi Lupita. Lo normal es que mi Guadalupe, opine sobre estas cosas, que a la postre son necesariamente temas muy personales de ella misma, ¿No crees? y así nos volvemos a saludar en persona ¡Sí!

_  ¡No se hable más Don Héctor! ¡Así se hará!


Lupe estaba en la preparatoria y sus amigos y amigas por igual que ella, seguían estudiando para poder graduarse en su momento. Sin embargo eso no era obstáculo para aquietar esas prisas de Jorge, ya que la tal señorita Chalamangui, no le hacía ascos al cambio de vida, a los lujos constantes, viajes por todo el mundo, reconocimiento inmediato y lujo a granel. Sin contar con el sexo desabrochado y practicado poco después de los quince años, con un hombre algo  mayor que ella, que siempre le produciría mejor regodeo que el de esos amiguitos que se miran a cualquiera antes de decidirse por rubia o morena.

La lujuria que ofrecía la nueva etapa, las venias que su piloto le concediera mientras lo dejara planear por el aeródromo de su vientre y aterrizar entre los dos volcanes de fuego para seguir y hacer aparcamientos torpes en el hangar de su vagina flamante, el dejar a unos padres tan sumamente remilgados, que ahora ya comenzaban a prohibirlo absolutamente todo, le hacían ver el mundo en colores.

El piloto, rubio, joven, atractivo y millonario ya tenía una profesión, ya trabajaba en una línea aérea internacional,  gozaba del mejor carro del año y su departamento amueblado en la ciudad.

Ella le admiraba  y le simpatizaba.  Era otro globo y le parecía un individuo muy interesante e inteligente. Amor por él, no sentía_ ¡es lo de menos!_  pero tanto se lo había escuchado a la frígida de su mamá, que esas cosas no le eran de importancia, que si debía llegar el cariño, el amor, llegaba y si no, pues_: siempre había hilo incoloro para cosidos de prendas rotas.

No fue un obstáculo para dejarse ir por la novedad de la nueva etapa de Guadalupe Chalamgui. El sexo ya consentido pero disimulado, las bebidas fuertes, estupefacientes y las salidas nocturnas. Amén de renunciar a toda responsabilidad académica y familiar para dedicarse en alma y cuerpo al hombre que Dios le había puesto en su camino.
Un gusto para Lupe, que no midió las consecuencias a no largo plazo, pero que por demostrarle a sus amiguitas todas, de clase alta, de cuna regia, que era la primera que se situaba con garantías plenas en la sociedad, por nada menos que amparada por un verdadero  Von Riegel.



to be continued 

Continuará

El Chambelán de Lupita - final -













El Chambelán de Lupita

El Chambelán de Lupita

Primera parte


Llegó la fecha en que Guadalupe cumplió quince años. Sus padres organizaron la fiesta de presentación ante la sociedad fue una celebración muy bonita con catorce damas e igual número de chambelanes, además del palaciego principal que inició el Vals solicitando un baile con la señorita Chalamangui. Una canción clásica, y siguieron los bailes solicitados por ella con su padre, Don Héctor, seguido de su padrino. ¡Que lujo!

A raíz de estos bailes iniciales de presentación, los invitados se unieron en la pista de baile también. Todos disfrutando, algunos interpretando un papel que nos les correspondía, otros fingiendo estar dichosos, cuando estaban insolentes. Había de todo en ese salón monumental que se había preparado para aquella memorable fiesta de la señorita Guadalupe Chalamangui.

Un derroche cojonudo, la orquesta de mariachis y el cantante de rancheras más cotizado y más famoso de la época en México, Ramón Gabriel de la Floja Gordillo. Las mujeres locas por el pollo de las rancheras, un artista de lo más soso en las distancias cortas, además de ser miope con las mujeres. ¡Qué será que Dios solo le da pan al saciado!

Vestidos largos de seda, encajes para las damas y chaqué y frac para los caballeros, un esplendor fuera de lo normal. Amigos y conocidos más de cuatrocientos invitados. Hasta dos procuradores del gobierno republicano y sobre todo el nieto. El “nietísimo” de un ex presidente del  Régimen estaba invitado.

Fue una fiesta de ensueño para la niña, un modo de divulgación de prosperidad del estatus del padre y una propaganda sin límites frente a las amistades de la madre, que nuevamente se hacía notar ante casi todo su pueblo.

Eran tiempos estupendos, para la familia Chalamangui Tarascona. Lupe se sentía en una nube, con los amigos organizaban tardeadas y cuando tenían algo más de dinero de lo acostumbrado que era casi siempre constituían unos fiestones de película yendo al Café del Bosque a disfrutar del próspero devenir que les ofrecía la vida.

Los Chalamangui Tarascona, entonces vivían a cuatro cuadras del Bosque de Chapultepec. Aquella vida era un puro lujo y una gozada tras otra, tanto que no les daba tiempo para sufrir por nada ni por nadie. Los días se esfumaban como por arte de brujería feliz. Todo era música, ¡vida! Alcohol y fiestas, nada podía parar aquel disfrute, aquella bacanal parecía jamás iba a dar fin.



En la cuadra donde vivía Guadalupe, residían todas esas niñas ricas que aún sigue frecuentando. Con ellas vivió la infancia, adolescencia sus primeras ilusiones, sus escarceos iniciales en el amor y esas cópulas furtivas echadas a la luz de la tarde, a lo bestia simplemente con el preservativo en el bolso y sin tener que elegir consorte, cualquiera de los amantes valían, pues todos poseían propiedades, patrimonio, cartera y apellido.

Epifanía una hermana de su padre, el Señor Don Héctor Chalamangui Bermúdez, vivía desde que se casó en San Francisco California y con motivo de la puesta de largo de su sobrina Guadalupe Chalamangui,  y por cumplir y celebrar su fiesta de los quince años  le regaló un viaje precisamente a San Francisco y demás ciudades de importancia_: Detroit, New York, todas ellas preciosas. De esa forma Epifanía, podía aproximar a casi toda la familia a California y disfrutarles después de tantos años de distancia y ausencia.

Iniciaron el viaje padre, madre y la niña, en clase de primera y principal. Un viaje soñado más por la madre de Lupe, Doña Victoria Tarascona, que por ella misma.  Con eso podía presumir ante sus amigas de toda la vida de gozar de una escapada sorprendente. Ir de punta a rabo de los Estados Unidos de América y disfrutar de tanto encanto.

Durante el vuelo conocieron a un joven que viajaba en el asiento del otro lado  del pasillo, hizo  muy buena conversación con el papá de la nena, el rubiales y macizo al ver que tipo superlativo tenia Lupe y como miraba esta señorita a según qué partes de su corcho flotante, este desgarrador de atuendo intimo, siempre le mostro su lado varonil a la señorita.

Ella, aprovechando las mañas femeninas, hizo para poder descubrir su cuerpazo, y que ésta promesa de los aires, quedase enamorado de sus largas piernas y sus turgentes pectorales, se encoñara con la muy, se dejó mirar y observar desde todos los ángulos de su cuerpo fino y adiestrado.
Tipo que enseñoreaba, tras el conspicuo escote de un vestido de blonda. Sus dos mamas, mas duras que el mango de un martillo y sus pezones más rígidos que el mendrugo de un bollo.
En conjunto, hacían llamamiento a las miradas furtivas del piloto invitándole a   … “Mírame pero no me toques”.
Semi transparente su vestido dejaba lucir sus carnes y envuelta como en un envase dúctil, rabiaba por ser poseída en su contenido apetitoso.

Javier atento y rompedor estaba a cien por hora, solo por observar a aquella mujer joven que se le proponía del otro lado de los asientos, con la maestría de disimular en los momentos claves, para que sus padres vieran nada raro.
Sin dejar pasar la oportunidad al ver la muchacha que no se le iba a resistir puso los condicionantes por si podía aprovechar esa circunstancia en el futuro.
Aquel joven estaba en edad de beneficiarse y de degustar todos los manjares apetitosos que la cosecha mujeril le pusiera a su alcance, por otra parte andaba buscando una buena hembra, sumisa y obediente que pudiera presentar con garantía entre sus amistades.


Don Héctor que también comenzaba a pensar con quien iba a emparentar a su hija,  para que le proporcionara además de equilibrio, negocio y dinero a sus arcas, se dejó envolver por el halo vertiginoso de Jorge. Se nivelaron en gustos y en pretensiones, en aumentos y conquistas y en ver quién podía y resurgía más de una conversación totalmente inocua, a la vez que llena de matices y de preferencias.
.
Jorge, era piloto comercial, habiendo cursado su carera en el colegio mayor de especialistas y oficiales de Aeronáutica Militar y para su sorpresa Don Héctor conocía al padre de Jorge,  Adolf Von Riegel un  casi extranjero descendiente de ciudadanos alemanes que se habían establecido hacia siglo y medio en el Estado de Querétaro.

Cerca de once generaciones, mezclándose con las gentes de San Sebastián de Bernal. En un negocio establecido desde entonces en uno de los telares de lana, en la calle de Zaragoza de ese pueblo. Manteniendo la ocupación de toda la saga durante años.
Sus bisabuelos ya tejían ropajes y mantas tradicionales. Hasta que con el paso del tiempo y el esfuerzo de la familia Von Riegel, transformaron en una espléndida industria de confección. Manufacturas con toda una amalgama y  clase de ropas tradicionales, cortinajes y grandes telas.

 Llegada su juventud, Adolf padre, tuvo que marchar a la ciudad para graduarse en Querétaro, y poder cursar una carrera de ciencias políticas. Dejando a sus hermanos y padres al cargo y explotación de la fábrica de mantas y ropas.


Tanto Héctor como Adolf, habían coincidido en la misma Universidad Autónoma de Querétaro, siendo camaradas en la misma promoción y licenciatura. Por tanto conocidos en los años tiernos de su incipiente mocedad. Esos detalles y coincidencias, hizo que Héctor y Jorge entablaran rápidamente nueva plática con risas y mensajes, providencias y banalidades. Se dieron los teléfonos y direcciones para quedar en el futuro




To be continued
Continuará en la próxima entrega
El Chambelán de Lupita - segunda parte

domingo, 22 de julio de 2012

Reina y Damas por un año



Es una tradición que si me atreviera a datarla, con seguridad, podría confundir, por lo que de hábito tiene y años que se hace. Lo cierto es que puede remontarse al final de los años cincuenta. Cuando la práctica se inició para establecerse a medida que pasaban los años como fija. Los mozos que se encontraban en  “quintas” para realizar su Servicio Militar obligatorio, eran los protagonistas y como es costumbre que al mocerío, siempre les cortejen las mozas, se les otorgó el completo protagonismo, ya que eran de la misma añada. Se acertó en darles título de “Reinas y Damas” para ensalzar la fiesta, que por otra parte coincidía con la llegada del verano, el final de la siega y las fiestas patronales.
Los mozos reelegían aquellas señoritas de su tiempo, de su entorno, de su pueblo, para que una vez deliberado entre ellos, optaran por la más guapa, femenina, y destacada entre las demás; quien debía presidir las fiestas, como Reina de todos y el resto de doncellas, serían las damas de honor. Acompañando cada una a los distintos muchachos que debían marchar en breve a servir a su ejército, en nombre de la Patria.

 Para ver el video de la presentación: Pulsar inicio de Video


Las lozanas damiselas en ese tiempo, cumplían los 18 años y era más o menos como una puesta de largo, una presentación a la sociedad de la villa, donde toda la población podía participar de ese encanto y agasajo. Las familias hacían el esfuerzo y el gasto, el sobrellevar la carga y el dispendio en vestidos para sus hijas y la recepción de todos los vecinos que se acercaran a la casa, granjeándoles esas pastas y ese vino bueno que reservado para esas ocasiones reposaba en las alacenas.
Al mismo tiempo, aquellos “Reclutas” que eran sorteados en aquellas fechas, ya sabían donde debían cumplir con ese periodo obligado que el país tenía establecido. Unos con más suerte disfrutarían de la proximidad y les sería más asequible ver a sus familias por cercanía y otros con menos fortuna desde la lejanía del destino, podrían vivir más en solitario y defenderse en solitud esperando el permiso anual de rebaje de funciones.
Han ido pasando generaciones, una tras otra, reinas y damas disfrutando y saboreando de su paso, por ese lujo esplendoroso de haber sido elegida por todos los muchachos del pueblo, como las más destacadas y femíneas.
Cada anualidad ha ido mejorando la fiesta en calidad, colorido y boato. Ahora las cosas han cambiado algo y ya no es obligatorio, que los chavales cumplan con  el servicio de milicias, sin embargo, se sigue festejando todo lo que envuelve a las reinas, y esos afortunados siguen acompañando a esas jovencitas que ilusionadas, presumen con sus vestidos y sus peinados. Esas bellezas serenas que arrastran sus ilusiones, como ha sucedido siempre y que apostamos para que cada mes de julio, se cumplan esos acontecimientos.
Felicidad desde aquí para todos y que la Reina Elegida este año, tenga un mandato precioso, lleno de alegrías y de ilusiones cumplidas.