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domingo, 12 de noviembre de 2023

Que misterio, tendrán


 











De quien te puedes fiar ahora,

en un tiempo que no vale,

ni la palabra y la honra.

Porque cambian y les sale,

conveniencia que evapora,

que lo mejora o iguale.

Sin afectar y se ignora.

 

Sabes a quien me refiero

no hace falta ni nombrarles

todos prometen primero

y se muestran muy formales,

Pronto se ve, su plumero.

¡Nadie se salva! Anormales.

 

He dejado de creer

porque me afecta, y me humillo.

Me juraron que al beber,

de su fórmula y membrillo

podría llegar a leer.

¡Que ellos cuidan mi flequillo!

 

Si yo volviera a nacer,

no sería tan pardillo,

igual al estremecer

me daría mucho brillo.

A ver si al oscurecer

conseguía otro carguillo.

 

La verdad ya no se lleva,

veremos no la prohíban.

Ahora ni llueve y no nieva,

todos saborean y liban

y alguno también se ceba.

¡Que sigan!, ¡Nunca se privan!


Que nos espera mañana,

porque ayer fue San Martín

y conociendo el refrán,

igual les llega y corrigen,

les vuelve la sensatez,

y comemos las perdices.

de aquel cuento ancestral,

que nos hace más felices





Noviembre, 12 de 2023








 

 


sábado, 11 de marzo de 2023

Alejandría y flores

 













Llena cualquier momento de mi mundo;

viviendo lejos, dentro de mi espacio.

Colmando mi secreto y mi prefacio,  

regalando a menudo mi redundo.

 

Recóndito, insondable muy profundo,

sentimiento cercano en mi palacio.

Ese; que yo padezco, sin ser reacio,

motivando la pausa, que secundo.

 

Si no pudiera, creer en tu improviso,

lo inventaría para mis entrañas.

Disfrutándote. Sin ser más preciso.  

 

Hipoteca de lágrimas tacañas,

suspiros con lamentos de indeciso,

delirios de soñar donde te bañas.

 

.

P.D.

Así me enturbias y además me empañas.




 

 

 

 

 

 

 

 


lunes, 8 de julio de 2019

New York, ¡Un churro, para ellos!




Rocío es una mujer que estaba deseando huir de su casa. Dejar a sus padres y hermano plantados. Así como suena. Sin dar más preámbulo al motivo.
Para lo único que la consideraban, era para hacer de burra de cargas, como sirvienta y quitamierdas. Más bien, tirando a esclava, sin ofrecerle su propia madre, jamás; ningún tipo de apego ni cariño.
Tanto va el cántaro a la fuente, que llega por derramar el agua, y una tarde después de pensárselo poco más de lo que llevaba considerado. Se abrió y desapareció, sin decir nada a ninguno de los que esperaban el café, después del plato de puchero que les había cocinado, preparado y servido.

Habiendo sufrido de antemano con su turno de mañana, en el taller de Corte y Confección de la empresa Camilzas, empleo que defendía desde que tenia catorce años, sin haber faltado ni un solo día, con aquella tediosa verificación de los cuellos de camisas.
Su madre, no era mala gente, pero si tenía costumbre, de quejarse por todo y por nada y dolerse de las muchas y tantas enfermedades, que existen en todos los catálogos y revistas. Por lo cual, se pasaba muchas horas en cama durmiendo y descansando, cuando no sentada en el sofá desamotinada con las labores del hogar, viendo telenovelas y series de suspense, que le encantaban.
Todo lo conocido, menos afrontar los verdaderos enredos de una casa, sin atender absolutamente a nadie.
De su papá, pues tres cuartos y media, sumándole los vicios de un gomoso, que se pasa media vida en la barra de los bares.
No siendo personaje de empinar el codo, tan solo en un solo bar, le encantaba recorrerlos todos y, en cada uno de ellos tomarse lo que le viniera en gana.
Siempre decía haciéndose el mil hombres, que había que darle de comer a todos.
Justo cumplía con su horario en el tablón y al acabar la jornada de trabajo y antes de llegar «medio pedo», a su casa, visitar cualquier esquina, donde hubiera una barrita que sirvieran cerveza y bebidas alcohólicas.
Con Rocío, hacía mas de tres meses que no le dirigía palabra, se había cerrado en banda y creía que la hija, se entendía con el primogénito de su más encarnizado enemigo. Un ferretero honrado del barrio.

Roque el hijo mayor, se sentía atraído por Rocío, desde hacía muchos años, y esperaba tirarle los tejos a la joven, muy pronto. Con ello seguían con su amistad juvenil y ambos creían, con el tiempo llegar a poder relacionarse en plan de pareja, por la atracción que de ellos se desprendía.
Enemigo del padre de Roque, por el sencillo motivo que cada vez que jugaban al póker, en el bareto de la plaza principal, el vivaracho ferrallista, le metía mano en su egoísmo, soplándole toda la guita que llevaba y además de humillarle, lo dejaba pelao, sin un centavo.
Su hermano, Douglas, era como una visita a las horas de la comida y de la cena. Un joven con pelos en sálvese la parte.
De los de la llamada saga de los «SinySin». Esos que ni estudian ni trabajan, pero comen, gastan y piden dinero para vicios a quien pueden, empezando, por su hermana.
A la que tenía fuera de si, dado que ya no le sableaba, se lo hurtaba, cuando ella cumplía con su horario en Camilzas.
Con ese panorama Rocío, pensaba desde ya; unos años atrás, en que debía tomar una determinación.
Compartiendo casa familiar, «pensaba» y dedicada a las labores domesticas sin descanso, como le pasaba a ella. No le veía ni porvenir, ni manera de poder cambiarlo, con sus quejas y demostraciones.
Sus queridos papás, exigían y le echaban en cara, que la vida es así, que no la habían inventado ellos, que estaba sin alternativas.
Era la hija mayor y la que debía encargarse de toda la infraestructura y el devenir de todos.
Opinando del «SinySin», que por ser un descastado, no le podían pedir nada, ya que podría quitarles la poca alegría y llevarlos a un derrotero que no pretendían.
Los propios padres, le consideraban un alcohólico, sumido en toda forma al consumo y súper aficionado a los estupefacientes, y en lugar de corregir aquella disyuntiva, «decían alegremente», que pronto caería en algún manicomio y ella, la nena de la casa, por fuerza debía cumplir con los mandamientos familiares.

¡Un churro, para todos! Pensó y se esfumó.

Dejándoles a todos, con los orines en el vientre. Desapareció aquella tarde sin dejar rastro ni modo de poder encontrarla.
Semanas antes Rocío había pedido el finiquito en Camilzas, y con ese montante, y todo lo que llevaba recogido de tiempo inmemorial, se había sacado un pasaje hacia Nueva York. Dejando en su pueblo a la familia, a su amigo y a todo lo que envolvía su pasado primitivo para siempre. Comenzando a base de esfuerzos, una nueva existencia en la ciudad de los «Rasca cielos»

La señora Romina Wanderclos, que era el nombre que adoptó, al huir de su casa, volvió a su zona de origen, cuando sucedió el desastre de las Torres Gemelas, encontrando tan solo vestigios de un tal Roque, propietario entonces, de un ruinoso almacén de ferreteros.
Desgastado por el alcohol, abandonado en sus tres matrimonios por causas inherentes al derecho de las mujeres.
Acabado como persona de provecho, siendo ya, un ser deprimido, empedernido jugador y maltratador de seres humanos.
Acusado de tantas fechorías, que ni tan solo se molestó en saludarle.

El hermano, murió en el atraco a la Joyería Watson, y los padres después de la desaparición de Rocío, huyeron de aquella comunidad, intentando seguir los pasos de su hija, sin llevarse nada, porque nada tenían.
Vivieron de la limosna. Jamás torcieron la espalda para querer tener una casa como dios lo manda. Ni aderezar a ese hijo que tanto les necesitaba, primero por haberlo criado sin principios y después por no saber donde acaba el final.

Ahora siguen ingresados en la residencia estatal de Ohio, como personas sin recursos. La madre con sus dolores y el padre con sus designios. Creyendo que no han tenido suerte en esta vida.

















martes, 28 de agosto de 2018

Desde el tarro



















Con mi nostalgia de ingenuo
miro buscando el calvario,
tantos recuerdos menudos
me vienen muy a diario.

El calvario es un vergel
un antiguo cementerio,
que usaron antecesores
para enterrar a Emeterio.

Es un edén muy soñado
donde reposa el martirio,
es un oasis poblado
del esfuerzo y sacrificio.

Desde mi balcón observo
al capellán y al vicario,
arrastrando a todo el pueblo
seguidos del boticario.

La procesión del lugar
la preside el comisario,
que ademas es el banquero
hijo de un mal sanguinario.

Desde la terraza alcanzo
recuerdos extraordinarios,
tu cuerpo en el mes de marzo
y aquel frío planetario.

Tus pechos al descubierto
en tu rincón incendiario,
y yo creyendo tus cuentos
de princesas y templarios.

Tus miedos que ahora recuerdo
predicados en rosario,
los consejos que me dabas
entonces innecesarios.

Te marchaste aquella noche
con tan diverso escenario,
siempre fuiste una ilusión
mi sueño de visionario.

Y ahora que te hablo de sueños
he recordado el calvario,
aquel trocito de vida
dentro de mi breviario.

El sitio donde he pedido
ir al ponerme el sudario,
que me esparzan en el aire
de un lugar tan centenario.

Al lado de aquella esquina
en el codo de aquel barrio,
una vez sea cenizas
que me esparzan desde el tarro.