Mostrando entradas con la etiqueta mi pueblo es Valderrobres. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mi pueblo es Valderrobres. Mostrar todas las entradas

lunes, 10 de agosto de 2020

A la poetisa: Emily Dickinson

 


Poema de Emilio para E. Dickinson




El agua que mencionas en tu poema.

Tu; ¡Gran poetisa! Emily. Sincera.

Y además de notarse por tu lema,

se aprende, con su magia tan sobrera.



¡Menciona; nuestra Tierra! ¡Siendo extrema!

¡Suspendida, por el hombre de la era!

La paz. Esa mujer, y su dilema,

que abriga, en su vagina la primera,

y real penetración, del cruel emblema.



Dejado por mi hueco, en primavera.

Buscando en mi memoria, cualquier tema,

indescifrable que juntos pudiera.

Hacerse vivencial, como un eccema.

¡Mientras yo, a su vez! De gusto muriera.



El agua asea dentro de mi flema,

y limpia, y da grandeza, por ser fiera.

A mi llama rugiente y no nos quema.

Despejando la broza que adultera.



Por ello, escribiré sin ser problema.

Estos poemas que son, de cabecera,

y con ello se aumenta, el gran dilema

de esa vida que fue imperecedera.

Al mostrar, a la Dickinson ¡Extrema!



Agosto de 2020. Año del Confinamiento










martes, 28 de agosto de 2018

Desde el tarro



















Con mi nostalgia de ingenuo
miro buscando el calvario,
tantos recuerdos menudos
me vienen muy a diario.

El calvario es un vergel
un antiguo cementerio,
que usaron antecesores
para enterrar a Emeterio.

Es un edén muy soñado
donde reposa el martirio,
es un oasis poblado
del esfuerzo y sacrificio.

Desde mi balcón observo
al capellán y al vicario,
arrastrando a todo el pueblo
seguidos del boticario.

La procesión del lugar
la preside el comisario,
que ademas es el banquero
hijo de un mal sanguinario.

Desde la terraza alcanzo
recuerdos extraordinarios,
tu cuerpo en el mes de marzo
y aquel frío planetario.

Tus pechos al descubierto
en tu rincón incendiario,
y yo creyendo tus cuentos
de princesas y templarios.

Tus miedos que ahora recuerdo
predicados en rosario,
los consejos que me dabas
entonces innecesarios.

Te marchaste aquella noche
con tan diverso escenario,
siempre fuiste una ilusión
mi sueño de visionario.

Y ahora que te hablo de sueños
he recordado el calvario,
aquel trocito de vida
dentro de mi breviario.

El sitio donde he pedido
ir al ponerme el sudario,
que me esparzan en el aire
de un lugar tan centenario.

Al lado de aquella esquina
en el codo de aquel barrio,
una vez sea cenizas
que me esparzan desde el tarro.