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lunes, 13 de enero de 2025

Velocidad culpable.

 




Aquel viaje, en el Crucero la Maravilla del Atlántico, viajaban personas que estaban en una posición preferente en la vida, por sus beneficios y sus capitales. Aunque en su inicio, algunas de ellas, habían sido personas muy necesitadas y en algunos de los casos, habían sufrido por menosprecios, y falta de posibilidades hasta para comer.

Petrus era un adinerado personaje, que se dedicaba a ofrecer dádivas y socorros a los necesitados, y queriendo vivir un poco la vida, se había enrolado en aquel viaje de placer, para sosegar el alma.

En la reunión y ulterior cena con el capitán del navío, pudo explicar a los comensales que acompañaban en aquel banquete, todas, o parte de las vicisitudes que había sufrido hasta llegar, al momento en que levantaba la copa del brindis.

Lo más imponente y a su vez trascendente en Petrus es su falta de extremidades inferiores. Amputadas a la altura del abdomen y la entrepierna. Después de sufrir un accidente de circulación, cuando un coche que circulaba en contra dirección por una carretera provincial, lo embistió sin contemplaciones. Dejándole en un estado físico lamentable, bastante precario y sin futuro.

Petrus comenzó a narrar su historia, y quiso ponerse en la piel que le cubría entonces. Explicando las dificultades y los sinsabores que tuvo que soportar…

 

Era una época donde la juventud y el desquicio por la prisa, protagonizaba la vida de Petrus, el que quiso relatar, sin ambages la realidad, que sufren y sufrirán muchos afectados y dejados de la mano del Señor.

Comenzando el relato con cierta ironía… yo fui un dechado…

Un tipo que en su plenitud debió ser alto y fornido, rubio y no mal parecido. De tez cerúlea con un tono tirando a roto. Super rebelde y bastante exigente a pesar de los pesares de mi situación personal.

En el instante de la colisión iba acompañado de una amiga, Milena, y otra pareja de amigos. Los cuales quedaron indefectiblemente sin vida, por el impacto brutal que sufrimos en la fatal sacudida.

Quedé fuera de mí, acabando mis días. Manteniendo mis brazos corpulentos con unas manchas blanquecinas que iban moteando su piel hasta llegar a las manos, que no se les veía trabajadas ni vulgares. Aquella mirada que en un principio era perpleja y chulesca, salida de unos ojos azulados no simétricos, quedaron abatidas.

En el interior de mi cavidad bucal, se observaban la falta de los dientes incisivos frontales y laterales, que el impacto los destruyó y sin dudar alguno más quedó perdido, por la hendedura y posición en que quedaron mis entonces ovaladas mejillas. Me llevaron medio muerto al hospital, creyendo que no saldría de aquella.

Estuve más de seis meses entre el purgatorio y su sala de espera. Por fin una mañana volví al castigo. A una vida que no había escogido y que la salvé a cambio de padecer durante todo el transcurso de mi existencia.

Al no tener familia, y quedarme en aquel estado lamentable, me internaron en una especie de residencia acotada para personas físicamente no capacitadas para valerse por sí mismas. Donde tenía que mezclarme con enfermos que sufrían de síntomas mentales, y no podía departir ni hablar absolutamente con nadie que usara la misma frecuencia.

Era una especie de psiquiátrico adaptado a otras deficiencias varias, que nos hacían convivir más o menos atendidos.

El director del centro en el momento del ingreso me había prometido— según palabras de Petrus, que inmiscuido en la historia la relataba como si fuese una leyenda.

 

 — Que le daría tres mil pesetas en efectivo. Mensuales para sus gastos. Sin embargo todo aquello quedó en la mitad de la promesa, ofreciéndole únicamente cada día treinta del mes, un paquete de tabaco por día y quinientas pesetas en metálico, que las usa para echar quinielas y loterías, que le pudieran sacar de aquel marasmo.

Antes de perder la cabeza, en aquella policlínica quiso serenarse y pensar en la necesidad de vivir otra vida para conseguir algo de felicidad.

 

Escribió a todas las instituciones benéficas del país, a todas las Organizaciones pro disminuidos sin tener respuesta de nadie. Jamás. Hasta que tras muchas quejas sonoras a los inspectores facultativos del centro donde residía, hicieron mella.

Embajadores médicos y psiquiatras recién titulados, que deambulaban por allí haciendo informes para la mejora de los pacientes.

Quiso Dios que le sonara la flauta, y le llegó como caído del cielo un milagro oportuno.

En una de aquellas reuniones periódicas, y rutinarias, fue entrevistado por Madeleine, una delegada del Ministerio de Salud, que hacía poco tiempo había tomado plaza en el centro y que se compadeció de Petrus.

 

Una vez este le contó cómo había sido su peregrinar, tras aquel fatal accidente, prestándole la atención necesaria a sus lamentos y en cuatro días lo trasladaron a la institución que escogió. Donde era muy posible que debido a un acto de caridad lo tuvieran ingresado hasta que el Dios del cielo quisiera.

Pasados los años, y habiéndole cambiado la vida. Ve los entresijos y aspectos reales de forma muy ecléctica. Gracias al gordo del Euro Millón. El sorteo europeo semanal, que lo puso sobre la pomada del bienestar, en un golpe de suerte, y de una abundancia superlativa. Quiso corresponder, con aquellos, que en su momento lo escucharon y con su preocupación lo atendieron como merecía. Proveyéndolo de lo más necesario entonces. Comprensión, atención y cariño.

 Manifestaba que la única familia que posee, son dos sobrinas las cuales, cuando las necesitaba lo tenían completamente abandonado y que desde que ingresó en el centro, no lo visitaron ni una vez. Comprensivo, supo de los motivos y el perdón no se le niega ni a los infaustos.

Ahora las tiene contratadas a las dos como asistentas domésticas, y gobernantas de su hogar. Habiendo enterrado aquel olvido que mantuvieron con su persona cuando precisaba de un calor allegado.

Con la ahora doctora Madeleine Cospedal, aquella becaria pasante, que supo escucharlo y hacer para que lo trasladaran del Psiquiátrico al Complutense, jamás la olvidó.

Sabiendo darle la importancia que vale su persona, con la que tiene deferencias constantes y por deontología enmudece. Lo que puede significar profusión, agradecimiento y sin duda aprecio inalterable.

Petrus, sabe muy bien, dónde ha estado, de dónde viene y dónde puede acabar por lo que no deja de ayudar a la beneficencia controlada, para que muchos de los que necesitan de apoyo, consigan mantener un mínimo de ayuda.

Su circulación sanguínea no debe ser demasiado oportuna porque aduce que sus manos las tiene siempre heladas como la nieve y proclama a los cuatro vientos.

 


— No me valgo por mí mismo. Se le escucha decir.

— Para levantarme y acostarme necesito apoyo externo, igual que para ir al excusado a cumplir con mis exigencias fisiológicas. Para bañarme — acotó. — Me valgo gracias a mis ayudas de cámara y a las personas que admiro, por el cariño que me dan.

—Hasta para quedarme tranquilo y sosegado con mis pensamientos, necesito ayuda ajena, ya que han de arrimar el hombro a calmar el dolor que sufro en mi espina dorsal.  

 

Cuando la cena finalizó se retiró a su camarote, dando por finalizado un trámite. El de estar en una mesa demasiado fantasiosa, grandilocuente y muy irreal.





autor: Emilio Moreno
enero de 2025




viernes, 27 de septiembre de 2024

Innecesario ambientador

 



Presumía Ernesto con su nueva novia y con su pisito en el ensanche. Ocultando la bárbara cuantía de la hipoteca en que se había metido, y a la vez complicando a su gente, por aquello del aval. Sin conocer que el futuro que se avecinaba no le iba a ser fructífero, con lo que arruinó a sus padres y algún que otro hermano.

Parecía haber nacido en el palacio de la marquesa de Bermejal. Por sus grandezas imperiales postizas y falsas, poco coherentes. Sin recordar que venía del arroyo. Que había nacido en el seno de una familia honrada, pero tristemente pobre. Con serias dificultades todos ellos, para llevarse un trozo de pan duro a la boca. No por vagancia, ni tampoco por ser gente perezosa. Todo lo contrario. Por la escasez del trabajo y los pocos medios de supervivencia, que se daba en la zona donde habían nacido. De donde tuvieron que emigrar, buscando precisamente esa ocupación que yéndoles bien, los llevaría al alimento diario. Pudiendo disfrutar por fin de aquella dentellada alimenticia, que tanta falta les hacía. Todos ellos, el tropel al completo, junto con vecinos y amigos de la misma zona. Migraron al norte, viendo que en su lugar de origen, no había ni habría jamás la posibilidad de levantar anclas.
Vivian en una caseta de los peones camineros. Sin luz ni agua corriente, que para defecar debían salir al campo y tras unos matojos aliviarse. Lo de bañarse en condiciones, no se acostumbraba. Una vez por semana iban los más audaces, a la acequia y se mojaban con las aguas mansas, sin darse jabón ni mucho menos. Los barbudos a falta de medios, se dejaban el pelambre en la cara y cuando podían pasaban por casa del esquilador y se apañaban las quijadas.
Habitaban hacinados en un reducto de cuatro metros cuadrados. Abuelos, padres e hijos. Garita levantada con la buena voluntad y unas docenas de mahones terreros. Situada en una de las calzadas secundarias, que enlazaban las dos regiones más meridionales de la topografía nacional. Rozando sin más, el sur de la olvidada tierra.
En la fiebre del sobre existir, montaron un éxodo sin vuelta atrás. Decidiendo migrar y llegar a empadronarse en una de las más importantes ciudades del mundo. Recalando en la metrópoli, como el que se compra unos zapatos nuevos y los va pagando a mesura que va pudiendo. Con los miedos normales de los que dejan lo conocido, para entrar en un mundo raro al principio, e inexplorado. Eran una caterva los que llegaron a la urbe y todos se emplearon en lo que pudieron. Sumando y dejando a su vez, cada sueldo, cada jornada, cada ingreso, cada ahorro. En las faldas de la abuela que era la que controlaba el caudal monetario, para cuando fuere menester y poseyeran en la faltriquera un acopio de billetes. Mirar de conseguir alquilar, una vivienda digna y confortable, y dejar las dos habitaciones que les había prestado su tía Lola, para que pudieran comenzar a desquitarse del hambre.
Tras mucho batallar, trabajar con denuedo, rogar sin medida hasta el punto de rebajarse a lo indecible, Ernesto el primogénito de los Medina, pudo colocarse en una empresa de automoción, en la que fabricaban radiadores de camiones de medio tonelaje. Accediendo al empleo, gracias al enchufe y amparo de don Paco Buendía. El señorito que tenía contratada a su tía Lola, con unos horarios extensos y pocas fiestas, y que además, era un digno hijo de su madre, por el trato que le daba a la buena de Dolores. El poco sueldo que le pagaba tarde y mal, y ser el mandamás de los delegados, en la firma de los calefactores de vehículos.
Aquella familia, incluido el presumido de Ernesto pronto se adecuaron a la “Dolche Vita”, sin tan siquiera prever ningún tipo de futuro.


Cambió de forma de pensar y actuar. Olvidando aquellos sacrificios que pasaban en familia para comer. Cada cual se buscó la vida como pudo y fueron sacando el cuello hasta quedar aquellos padecimientos olvidados en el pasado.
Nadie se acordaba de su pueblo, nadie recordaba el hambre, ninguno echaba en menos aquella garita a los pies de la carretera y menos del excusado que tenían al aire libre, donde no hacía falta el ambientador.
 
Discutía Ernesto, con frecuencia por inconveniencias, con su novia de toda la vida. Familia la de Mari Cruz, que también habían recalado con otra media docena más de estirpes y vecinos en la ciudad. Venidos todos del mismo lugar y radicando a su vez, en la localidad norteña.
Aquellas gentes, se emparentaban en cuanto nacían sus hijas, haciendo pactos entre vecinos o amigos y esas alianzas, quedaban en pie hasta que los convenidos contraían matrimonio. Se gustasen o no se pudieran soportar. Con lo que la niña Mari Cruz y el sabelotodo de Ernesto, estaban desde la cuna destinados a entenderse.
Mari Cruz, se había colocado en una fabriquilla de zapatillas de salto de cama, y ahorraba para cuando ella y su futuro decidieran que se casaban. Aunque ella le veía al novio una especie de cambio muy brusco, que le preocupaba. El canje se lo notaba desde que trabajaba en los talleres metalúrgicos.
 
Ella apostaba porque su vivienda, estuviera cerca de donde estaban ubicados la familia al completo, y a Ernesto, casi le parecía poco quedarse en aquella zona. Como dándose de más categoría, creyéndose fueran descendientes de los Bermejal.
Ese tema los llevó a bastantes complicaciones y llegaron incluso a discutir amargamente sobre la vivienda y el modo en como debían asociarse.  
Mari Cruz, después de la decepción que se llevó con el novio, por dilemas habidos incluyendo el anunciado desamor. Comenzó a repensarse si su pareja la quería o tenía otra chica donde refugiarse. Valorando la niñez y juventud pasada con su prometido y por esperarlo siempre.
Una tarde aquel Dandi, fue a buscar a su novia y le dejó caer, que ya no sentía por ella lo mismo de antes. Que había conocido a una muchacha en los talleres y estaban comenzando una historia de amor.
No tardó Mari Cruz en dejar la relación con aquel que le había hecho perder toda su adolescencia, esperándolo y pensando en él, para que ahora de buenas a primeras le saltara con semejante tesitura.
La engañada jovencita, comprendió que fue lo mejor que le podía pasar con semejante falsario, que la dejaba de la noche a la mañana, sin darle opción a luchar por su amor, el que creía sería para toda la vida. Pocas explicaciones y menos excusas. El “cojonazo” que se formó entre la familia fue de película de suspense. Sin embargo, el tiempo siguió su curso y todos creyeron que era lo mejor que les podía suceder, cuando el amor sucumbe.
Marí Cruz, se relacionó con Fernando Manrique, un compañero íntimo de Ernesto. Un muchacho que había bebido los vientos desde niños en secreto por ella, que no hizo nada por entorpecer su relación por ser la novia de una persona allegada a ellos.
Jamás se atrevió a decirle nada a Mari Cruz, pero ahora que notó que se distanciaron, el pretendiente enervado y al acecho, se acercó a la muchacha, y esta aceptó de buenas maneras el comenzar una historia y comprobar que les nacía aquella simiente que los llevara al matrimonio,
 
Después de los muchos comentarios en privado, de vecinos, conocidos y de la propia familia, nadie quiso inventar nada en relación con Mari Cruz y Ernesto y quedaron acalladas las voces. A las preguntas formuladas, ella respondía con la crudeza de la verdad.  
— Me abandonó con todo el ajuar preparado.
Decía la buena de Marí Cruz. Por un capricho suyo, el que me abrió los ojos y me hizo tropezar con Fernando.
A su vez y desde la bancarrota, el divorcio, las deudas y la enemistad con su familia. Ernesto, decía con ínfulas de rico.
—Cómo iba yo a vivir en un pisito de cuarenta y cinco metros cuadrados, en la barriada de la Prenda Bruna. Al bueno de Ernesto, la memoria le fallaba.
No recordaba cuando tenía que limpiar su trasero, con los cardos borriqueros del bosque.



Autor: Emilio Moreno
Sant Boi, 27 septiembre 2024


miércoles, 7 de agosto de 2013

El Wáter Cósmico, origen.







En tres vuelos diferentes de la compañía Spanweby  Airlines, que salen hoy desde el aeropuerto de Barajas, se encuentran tres hombres. Javier, Manolo y Ángel. Compañeros de trabajo y asesores de venta de productos sanitarios.

Todos ellos provienen de una gran empresa alemana, que está radicada en Zaragoza y necesita dividendos, mejores ventas, cash y resultados, intentando abrir frontera en varios puntos de la geografía mundial.

El departamento de Ingeniería,  idea una opción para la venta de sus sutilezas fuera del país y en sus agendas tiene previsto preparar a equipos de vendedores para que trabajen en distintos puntos del globo, con el motivo único de engordar su facturación.

Llevando su producto líder que consiste en un wáter automático, que ayuda en los esfuerzos, tira solo de la cadena, y limpia perfectamente los esfínteres del usuario, aseándolos con higiene pulcra, sin dejar rastro de mugre y sin hacer heridas.

Por tanto el producto ha de ser conocido en el mundo entero por su versatilidad. Ahorra cantidad de agua, detergentes, se auto friega perfectamente, aportando un mantenimiento sumamente barato, higiénico y desinfectado. Cada cinco segundos se auto gestiona activando una tarea de asepsia muy pulcra, sin dejar enzimas ni bacterias, debido a esa tecnología tan de vanguardia.

Quieren expandirlo a la vez en países, que por razones de mercado, estos inventos innovadores llegan algo mas tarde. A lugares donde tengan salida y puedan distribuirse sin demasiados problemas.

Enviando como prueba piloto a tres noveles y selectos vendedores sin experiencia, pero con unas dotes extravagantes según los test probatorios de profesionalidad, de cada uno de los comerciales, que sin duda les confieren unas capacidades excepcionales para el trato con la gente, la venta y el encanto.

Además, ¡claro! No tener vergüenza para hacer la demostración en cualquier situación. Bajarse los pantalones en escenarios impensables, para demostrar lo fácil y sencillo que es el acto de “hacer caca” en público, sin el menor indicio de vergüenza, dirigido a los humanos en general y más a esos pobres y sufridores estreñidos que les resuelve el problema con el disfrute del mejor sanitario inventado.

Han de abrir mercado donde les asigne la dirección de la conocida empresa: Schissen lecker, que traducido al castellano sería algo así como: “Defecar gustoso”.  Líder en el mundo de los sanitarios higiénicos.

Ahora que las ventas han bajado por la crisis y que fuera de las fronteras, parece verse mejor la luz  de los negocios y los tratos comerciales. Es el mejor momento para lanzar el maravilloso sanitario.

Javier,  lleva boleto para Costa Rica, Manolo ha de desembarcar en Nicaragua, y Ángel tiene que afianzar sus ventas entre Chile y Perú, para dar cobertura a los dos países. Con lo cual la salida de sus respectivos vuelos difiere en unas horas.

 Mientras, los tres vendedores se encuentran en el aeropuerto de partida y se alegran al poder departir experiencias, hacer apuestas de quien sería el que vendería más retretes, casuística y forma de venderlo, doctrinas en las demostraciones, y ganas de triunfar. Al mismo tiempo cambiar opiniones al respecto del producto.

Idea que han tenido los sabios del departamento de expansión, al intentar distribuir el producto estrella de la empresa. El autentico e irremplazable: Kosmische Wasser, en español conocido por: Wáter Cósmico.  

 

Javier lleva destino y ha de aterrizar en el aeropuerto de Juan Santamaría, a 18 km de la ciudad de San José, capital de Costa Rica. En Coronado le espera un departamento chiquito donde pernoctará y, desde donde viajará por todo el país y reportará las ventas a la Sede Central en Zaragoza.

Manolo hará lo propio en la terminal de Augusto C. Sandino a tan solo 11 km de Managua. Destinado en Nicaragua, con el propósito de vender en todos los centros comerciales, y con la indicación de proclamar a los cuatro vientos ese magnífico retrete, tan ergonómico y tan perfecto para llevarlo incluso a poblaciones cercanas a la selva, por sus prestaciones y salubridad.

Ángel, tomará tierra en el aeropuerto de Tacna el famoso y aclamado Carlos Ciriani, en Santa Rosa, no demasiado lejos de la ciudad peruana, frontera con Chile. Este mercader prefiere alojarse cerca de la ciudad del Comercio Tacneño, se hospedará en el hotel “Princess” que se encuentra a la vuelta de la feria "Caplina".  Desde donde desplegará toda su idea e ingeniería para el cometido que lo ha llevado a esa ciudad fronteriza, desde la cual servirá a dos países con su producto estrella.

El primer llamado a embarque es Javier, por los altavoces del aeropuerto Internacional de Barajas es el vuelo SJO502 de la compañía aérea de bajo costo Spanweby, que tiene su embarque por la puerta C14, de vuelos internacionales, con destino al geográficamente país mejor situado, Costa Rica donde dicen los entendidos y financieros que se explotan cinco fuentes de energía, en orden de importancia: hídrica, térmica, geotérmica, eólica y solar. Siendo destacable el gran potencial de la energía hidráulica en el país. Una de las primeras plantas hidroeléctricas de centro América y la primera del país ubicada en la ciudad de Aranjuez, muy céntrica a la capital San José y que entró en activo en el siglo diecinueve. Por tanto y fijándose en esos parámetros cabía en ese lugar conocieran el wáter más higiénico del globo, pretendiendo con ello, abrir sendero comercial.

Los dos amigos que aun esperaban la partida de sus vuelos quedaron en amigable conversación, disertaron que Javier, tenía una buena predisposición para las ventas, que además era capaz y gracioso y que posiblemente, consiguiera novia antes que una venta. Con sus artes para el baile, era capaz de encandilar a las Ticas con corazón. Contando además que si perseguía a sus clientes como lo hacía en su zona de origen, tendría pingües beneficios por la cuantía de las comisiones.

El minutero del reloj caminó corto espacio, al ser llamados los pasajeros con destino a Nicaragua, y Manolo que se las tenía todas consigo, se precipitó a ser uno de los primeros en embarcar. El más sincero y el mejor dispuesto a llevar a cabo su cometido, el menos embaucador, no mentía jamás a ningún cliente, ya que en su persona coincidían varios factores que le ayudarían a ir por el sendero más adecuado para sus conveniencias.

Un abrazo de categoría le ofreció a modo de despedida a su amigo Ángel,  quedando en que se llamaran vía teléfono y wasap, además se cartearan vía mail cada vez que fuera necesario y sobre todo al principio para poder departir sobre cifras, tecnología y quehaceres normales de la propia empresa.  Manolo, es un vendedor nato, siendo capaz de venderle un frigorífico a un esquimal.  Había finalizado su preparación de forma imponente, con unas cifras de mercado excelentes, lo cual tampoco significa que no le costara su trabajo, ya que el mundo de las ventas está muy complicado. La elección de Managua, no era por casualidad, es un país que está bendecido con dos largas costas, dos grandes lagos, volcanes, montañas, selvas y ríos, las que están poco descubiertas y desarrolladas. Lugar extraordinario para promocionar el Wáter Cósmico de la empresa. Siendo el diminuto país de la América Central, el lugar perfecto para los trotamundos comerciales en busca de además el eco-sistema,  la captación del mundo del turismo en tantos hoteles como albergan veraneantes de todos los países.

No habían pasado quince minutos cuando eran llamados los pasajeros que debían aterrizar en Tacna, y Ángel, que es el que tenía el vuelo más largo, debía casi recorrer América del Sur de punta a cabo, para arribar a una bella ciudad peruana, fronteriza con el país de los seísmos.

Ángel, es un rompe bragas de pronóstico, se las da de guaperas y además se cree con un influjo especial para enamorar a las mujeres, camelándolas con mucho estilo. Este vendedor es ágil y comedido, siendo un cerrador nato en negocios de interés, agudo con sus propósitos y siempre, mirando el poder de lo que regala una buena cifra de venta.




La dirección de la firma, le había dado a él, dos países grandiosos y fenomenales para que sus pobladores, llegaran a disfrutar del wáter cósmico, que gozaran tanto al cagar como al comer. Que compararan el antes y el después, ¡que ya no era necesario comprar papel higiénico!

Es el vendedor más joven de los tres y capacitado como el que más; porque además de ser un perfecto profesional, era un hombre convincente y decidido, que jamás se arrugaba por casi nada y a la hora de hacer esfuerzos era el que mejor los aguantaba dando unos copiosos beneficios a la casa matriz. Aventurero, buen jugador de cartas, deportista y además con dotes de cocinero aventajado.

Huía de Zaragoza, de su pueblo, de su novia y de los padres de ella, que se les había metido en la cabeza casarlo con Demetria casi a la fuerza, viendo que a la hija se le pasaba el arroz y Ángel, cada vez estaba mejor soltero.

Prevista la boda para ya, teniendo el restaurante, los invitados, el cura y el viaje de novios reservados para el mes siguiente. Él se marchaba a vender el famoso wáter cósmico.

To be continued…

Continuará….

 




 

jueves, 18 de julio de 2013

¡Te vimos el culo!


Aquella oficina era como otra cualquiera, si no fuese por la envidia y la maldad de los propios administrativos, que facilitadas las malas condiciones que se daban en la empresa por despidos improcedentes y falta de negocio, había despertado entre sus empleados una serie de chivatazos, malos modos y desconfianzas que nadie ya podría frenar. 

El jefe era una nulidad, un hombrecillo y no precisamente por la talla que exhibía; colocado por enchufe desde las altas esferas. Un individuo falto de preparación mundana, carente de don de gentes y pericia mental clara, que se dejaba llevar por  el último que le confiaba un secreto; un comentario malvado, o el clásico soplo que ponía a parir al compañero. 

 Esas insuficiencias personales del mandamás la descubrieron las empleadas y con ello jugaban, poniéndolo ardiente, fogoso y mojado, al mostrarle parte de sus zancas bajo el mini refajo. Luciendo anchos descotes sin mangas y torpezas de las chicas que se les desabotonaba la blusa en el despacho mostrando sin querer aquellas tetas que solo enseñaban para empalmarlo. Usando además aquellas picantes conversaciones verdes y altas de tono, que ellas gestionaban para ponerle tieso el bálano y sacarlo de la realidad inmediata. 

La sala de servicio y perforación estaba dispuesta por cuatro grabadoras de impulsos informáticos, y una central de base con el control para la recogida de los datos, que eran pertrechados sobre una cinta magnética para su posterior proceso. Cinco bufetes dispuestos todos en perímetro cercano, con la división de mamparas correspondiente, que es donde se gestionaban las funciones burocráticas. Se analizaban los proyectos de recogida de expedientes e informes, que luego serían debidamente ejecutados y los posteriores resultados de la cadena de aplicación, entregados a las diferentes secciones de la firma, una vez resueltos por el Ordenador Central. 

Las cuatro mujeres mecanógrafas adiestradas como perforadoras de tarjetas primero, y después el mismo trabajo pero con diferente tecnología. Oficialas distinguidas en la rapidez de transcritos de signos y caracteres a velocidades vertiginosas, que querían salvar su puesto de trabajo a toda costa y sin paliativos. Curadas de todo espanto y sin preocupación por el juicio de crítica, llevaban muchos años en la profesión, para perderla ahora, por el capricho de unos accionistas relamidos, que decidieron que ya no ganaban tanto como antes y ese era uno de los motivos para trasladar aquel departamento de cálculo a otro lugar. 

El país entonces se estaba abriendo de toda una serie de prescripciones y prohibiciones en indivisos conceptos, que había durado cuarenta años en cerrar heridas viejas, muchas de ellas incurables y casi todos estaban necesitados de decir la suya, aunque no viniera a cuento. Destacar por encima de los demás, hacer notar su valor y su dominio, confirmar su predilección política, y recuperar todo el tiempo que se había perdido, mientras se estaba sufriendo por aquella falta de libertad.  

El amor libre, las reuniones y manifestaciones legales y aquellas que se producían a las bravas, el aborto, la libertad de expresión, el derecho de huelga, las playas nudistas, el divorcio, la aparición de revistas sexuales, el cine erótico, con escenas tan reales, jamás vistas en las pantallas, la publicidad de condones y líquidos amatorios y tantas libertades más que produjo aquel cambio.

Conceptos que ya eran presentes y que ya nadie se mordía la lengua, al tener que decirle a cualquiera si quería un ligue o pasar un rato en cualquier cama, y menos en los trabajos, en el trato a su jefe, llamarle libremente por su nombre o por el de explotador, negrero, déspota, ladrón, adjetivos que los traía la propia libertad del tiempo.

Así de instruidas estaban las señoritas del Centro de Proceso de Datos. 

Los técnicos de aquel Complejo de Cálculo, algo más miedosos y poco dados a las alegrías, tampoco se mordían los labios para airear los descaros, o para críticas despiadadas sobre opiniones referentes a sus compañeros y por salvar su continuidad en las instalaciones del negocio. Nadie se fiaba de los demás y eso hacía que el ambiente fuese muy tenso e indeseable.

Por ello, la jefatura de aquella oficina, se las veía y deseaba para frenar aquella avalancha demócrata de despropósitos que se les venía encima. Razón de más, cuando estos jerarcas, no llegaban a la altura de las circunstancias y les venía grande el saber llevar a gente tan experta y preparada. 

Nadie usaba su uniforme de trabajo, aquellas batas blancas con el logotipo de la empresa bordado en el bolsillo superior derecho. Sobre todo las mujeres habían pasado a lucir sus vestidos de calle, que en ocasiones eran fantásticos y transparentes, dando un toque de diversidad a todo aquel mundo tan escueto y fútil. Los propios jefes admitían todos aquellos deterioros a las normas establecidas, para evitar que los ánimos se encresparan más de lo que estaban y a la vez disfrutar del concurso de modelos en “Prêt-à-porter”, que ejercían las empleadas en su afán de ser la más sensual y snob;  la más guapa y maciza, o quizás la más atrayente y elegante.  

El porcentaje de errores en los procesos aumentó de forma destacable. Los despistes, olvidos y pifias en el tratamiento de los ejecutables, llegó a niveles inauditos, teniendo que repetirse aquellos trabajos con la de consecuencias que ello comportaba: ausencia de responsabilidad en el procedimiento, fallos en los protocolos de calidad y pérdida de credibilidad en el recurso informático.  

A medida que se iban acortando las faldas y se ensanchaban los escotes,  en proporción de la transparencia de carnes en los corpiños y blusas, y de la flexibilidad de las medias ajustables en los muslos de las hembras, crecían más y aumentaban las imprecisiones y los resbalones en los procedimientos de calidad, por parte de los varones, haciendo insostenible la razón de aquel departamento. 

En la sección técnica, se sentaban cuatro especialistas que llevaban la tramitación de los encargos, el repaso de las cadenas de trabajo, la revisión de archivos, el control de calidad y el servicio de atención al cliente, que no era otro, que el despacho y aceptación del tratamiento de soluciones dirigidas a otras secciones de la empresa. 

Konya Morales, una mujer divorciada con un desparpajo innato, llevaba unos menesteres adjuntos a esas labores administrativas, y además mantenía un contencioso con las otras chicas, por aquello de ser más sexy, ser más elegante y estar más buena que las demás. Su falda era prácticamente una blonda de seda y sus pechos se notaban entre aquellas montoneras de papel continuo, que debía repasar, sin dejar de perder el hilo en lo que se disertaba y se cocía en aquella oficina.

El señor Cisco, el jefe del negociado, la invitaba con frecuencia a entrar en su despacho a departir, así sentada frente a su mesa, podía divisarle las bragas y toda la comisura de sus piernas. Amén de sus redondos y abultados pechos que emergían sobre el borde de aquel top claro oscuro que se procuraba para una muestra de su figura femenina. 

Mientras las demás, clamaban al cielo entre ellas, con críticas abusivas y fuera de toda clemencia, buscando excusa para entrar a interrumpir al jefe y a la empleada descarada. Trataban de inmiscuir a los dos varones que haciendo su misma labor, estaban viendo en silencio, todo lo que ocurría.

_ Esta tía es una marrana_ ¿No creéis vosotros que sois tíos?_, dejó una interrogante para ser contestada Jovita, la compañera de elaboración de Konya, que no podía ni resistirla, por encontrarse en inferioridad con ella, al usar  su complexión dos tallas menos de sujetador que la compañera.

_ ¿Y tú; no haces lo mismo, que ella, cuando te viene a cuento? Porque yo te veo muy a menudo sentada en la misma silla que está ahora ella, con las piernas arqueadas para que el asqueroso de Cisco, te coma bien con su mirada entre los muslos, y aunque no lo creas, esto lo vemos todos _ Adujo Elías, uno de los que ocupaban lugar en aquel grupo de mesas_. Además_, siguió argumentando Elías, muy risueño y saboreando aquella respuesta, que le había brindado la ocasión_, lo mismo diría ahora tu amiga, si en vez de estar en el despacho ella, estuvieras tú.

_ No sabía yo…, Elías que tuvieras tan mal concepto de mi_ acompañó con una mirada tras los cristales, para observar en qué punto estaba de la conversación Konya con el jefe.

_ Daos cuenta_ intervino Benito, que estaba sentado en el pupitre de la izquierda de Elías_, que se os ve el plumero a las dos, nos enseñáis chicha fláccida sin venir a cuento, a nosotros y a quien se ponga por delante, y ahora vais de estrechas y de inflexibles, ¿creéis que con eso, conservaréis el puesto de trabajo? Ellos…_refiriéndose a la jefatura empresarial_, lo tienen todo estudiado, van tres años por delante de nuestros conocimientos y ya deben tener la lista hecha de quien sobra y quien se queda y aunque le enseñes el mismo culo al idiota ese, que se las da de “play boys” aquí en la oficina, en su casa su mujer lo ningunea por ser un redomado imbécil y a lo mejor, con seguridad por ni siquiera verla sexy cuando le pide guerra.

_ Yo no tengo que justificar ni defender nada mostrando mi sexo, porque soy lo suficiente cachonda como para quedarme y hacer mi trabajo en mejores condiciones que esa pelandusca, que le hace la pelota a Cisco. 

Dejó de conversar con sus colegas alzándose de su mesa con un solo propósito, interrumpir la charla que tenían aquellos dos en el despacho. Se levantó, se desabotonó un botón más de la pechera, se apretó las tetas de abajo arriba y se las pellizcó desde el mendrugo, para que estuvieran entrenadas, se manoseó la falda, girándola hacía su estómago y se dirigió al despacho de Cisco. 

_ ¿Molesto… si;  interrumpo? _ pronunció sin pedir permiso al llegar al umbral de la puerta del recinto y exigiendo a la voz de ¡Ya!_. Señor Cisco, ha de firmar estos documentos sin falta ¡Ahora mismo!  que nos vienen de gerencia, sobre el proceso de control de materiales, que debo subirlos a la secretaria de Herr Jelliestrasse, antes de la pausa.

_ ¡No… no…, adelante!,  puede usted pasar Jovita_ alegó Cisco, con ojos de emborrachado, tras haberse destrozado la vista, mirando tanta rebanada bajo la saya de la empleada, que ya se levantaba y se despedía_. Konya, ya se iba_ ¿verdad señorita Morales? 

Aquella mujer, se alzó con un movimiento sexy, otro aspaviento de cabeza meneando y despeinando su cabello, trasteándoselo, miró con desprecio a su compañera, que le venía con cuentos, para usurpar aquel ligue que mantenía, con el irresponsable y calenturiento gerente. 

_ ¡Sí, ya me iba, que mi trabajo no puede esperar! _ Quedamos en lo que usted ha apuntado tan sabiamente señor Cisco, mando por correo certificado los protocolos de acción y esperamos la respuesta de la jefatura de Recursos Humanos.

_ ¡Bien hecho señorita Morales! ¡Buen trabajo! _ respondió con la mirada en el culito respingón de la nena, que zarandeándolo a modo de lambada salvaje se retiraba de aquella silla donde había podido revolverse entera para que el jefe, supiese como se cotizaba el precio de la lujuria. 

Una vez dejó el quicio de la puerta, y certificando ese instante Jovita, ocupó la misma butaca que dejó vacante su compañera diciendo_: ¡Uyyy está viva Konya! que caliente va, la pobre… ¡Está ardiendo el taburete!

Estallaron de risa los dos, mirándose con gancho y esperando el baboso de Cisco, aquello tan importante que traía Jovita para sacarle de un negocio con tantos efluvios y vapores sensuales.

Jovita, se aposentó escarranchada, con sus dos muslos festivamente entre abiertos para que pudiera penetrar por esa abertura, aquella mirada felina de don Cisco, que buscaba ardiente esa vía de visión regalada por la dama de la mini falda rosa y el top desabrochado. 

Ya en el patio de operaciones, apareció Konya, saludando a Elías y a Benito, que se lo estaban pasando en grande. Tras la representación erótica de ambas mujeres, que se estaban rifando a Cisco, como si se tratase de un mono de circo. Sabiendo que no se podía exceder con ellas en horario de oficina, si quería conservar su jefatura de trabajo, y a la vez estas cachondas empleadas probar los puntos flojos del calenturiento jefecillo,  para a posteriori entrar en ataque frontal y dejarlo si fuese necesario en calzoncillos en el mejor de los casos. 

Se anidó Konya en su bufete olvidando las formas y disponiendo sus dos piernas como se le antojó en gana, detalles que los dos hombres, notaron y observaron al unísono. Al instante el bolígrafo de Benito fue a caer al suelo, debajo de la mesa de éste que se apresuró a recoger, sin demasiada prisa, mientras Elías quedó quieto observando aquella oquedad, que mostraba el despiste de la señorita Morales. Un espectáculo totalmente peculiar y semi tenebroso que mostraba al fondo de la calleja de sus muslos, una presencia cuando menos desestabilizante. 

_ ¿Os habéis dado cuenta, la putada que me ha hecho la mosca muerta de Jovita? parece que no puede soportar mi “feeling” con el jefe. ¿Deben ser celos, o es que quiere joderme en exclusiva?_ matizó Konya con verdadero asco, esperando contestación de Elías, ya que Benito, aún estaba buscando el bolígrafo debajo de la mesa, sin demasiadas prisas_ ¡Por cierto Elías, tú que estás mirando! Tan descarado y ¿con tanto atrevimiento? _ preguntó insolente la mujer, sin titubeos, mirando febrilmente a Elías, que disfrutaba viéndole el triangulo vaginal. 

_ ¡Miro, lo que enseñas! Lo que de original presumes y muestras a todos de forma natural, ¡Creo es cosa de humanos, poder echar un vistazo!  ¿No lo crees Konya?_ proclamó Elías con suma llaneza.

_ Por lo menos, eres sincero y lo expones mirándome a los ojos, cayéndote la baba, disfrutando del panorama…  y no haces como este pendejo de Benito, que tira adrede su bolígrafo al suelo, para verme de cerca la concha.