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miércoles, 28 de febrero de 2024

Aquel aprendiz.

 




Ya debía enfrentarse a la nueva tarea, que le pondría al frente de un tiempo, que no sería un volver atrás.

Su aprendizaje había comenzado. Debía cambiar de formas y conceptos para entrar en el mundo de los adultos; dejar los pantalones cortos, y la bata gris rayada, tragar todo aquel miedo a lo desconocido, que a todo muchacho en algún momento de su vida le ha de pasar.

Corría el año 1967, en aquella ciudad se vivía con aquel frenesí que comenzaba a ser natural. Las familias intentaban despegarse de las miserias acarreadas de antaño, a base de esfuerzo supremo horarios sin fin y pocas diversiones.

Las horas extraordinarias eran habituales en la clase obrera, y ayudaban a vivir y ahorrar para la compra del terrenito a las afueras, y del sueño futuro en poseer un Seat 600, como ilusión que al llegar sería un logro.

El deporte rey ya era el fútbol. Lo fue siempre. Daba tema y ayudaba a conversar a los que eran parcos en conocimientos y en lenguaje. El billete de metro costaba seis reales. <Una peseta y cincuenta céntimos>. Ahora sería casi 0,009 centésimos de euro.

El periódico de la Vanguardia, suponía pagar dos pesetas siendo el rotativo más vendido en la zona. Los trolebuses aún funcionaban. El clásico tranvía nº 29, el de la circunvalación daba la vuelta por toda la ciudad. De ahí le viene el dicho popular. <Das más vueltas que el 29>

En las carteleras se anunciaba el estreno “El Graduado”, y “Adivina quien viene esta noche”. En aquel cine de barrio. El Virrey, por un módico precio podías entrar a una butaca de platea. Las sesiones eran continuas y era un lugar reservado y discreto donde las parejas aprovechaban para revolverse en penumbras, siempre en las filas traseras, o en el anfiteatro.

La televisión comenzaba a ser compañía habitual de las familias. Había recalado en los hogares con furor, y dejaba a la onda media, con la radiodifusión, momentáneamente en segundo plano.

Como anunciando en breve, un cambio de tercio, designando de alguna manera a aquellas frecuencias como vehículo informativo del pasado. Motor viejuno con sabor a naftalina y alcohol de quemar.

El nuevo anhelo y recreo, “La Primera cadena de la televisión española”, la única que podíamos sintonizar hasta que no llegó la segunda en UHF, como preámbulo o desenlace de la libertad ansiada, con los programas de concurso, con aquellos Festivales de la Canción, con las retransmisiones de los partidos y corridas de toros, y con aquellas presentadoras del telediario en blanco y negro, tan formales y tan estrechas.

 

El camino hacia su <porvenir> así le denominaban entonces a la ocupación de un puesto de trabajo. Era un calvario. Aún no se había hecho la idea de ser aprendiz.

El niño de los recados y el meritorio de aquel despacho.

Ya no habría patio del colegio, meriendas de pan con chocolate, ni jugaría con los amigos de siempre, mascando el chicle bazooka. No cambiaría cromos de fútbol, ni leería tebeos de Hazañas Bélicas. Echando en falta aquellas comidas reunido y discutiendo con sus hermanos. Era un principio y un final, un descubrir a marchas forzadas, la revelación de la pubertad y el compromiso en ayudar en la casa aportando la semanada.

 

Cuando llegó aquella mañana a la agencia, pulsó el timbre de la puerta de acceso a las oficinas y al pronto se abrió el portón, apareciendo una moza desaliñada y varona, con poca amabilidad y educación para lo que se estilaba en aquellos días, del Servicio Social, para las señoritas y aquel Frente de Juventudes que debíamos asumir por mandamiento.

- Quién eres- Preguntó. Sin dejarle contestar, añadió

- Eres el chavalín nuevo que ¿esperábamos?

Presto contestó con mucha educación

¡Si señora! - Buenos días me llamo…

No le dejó finalizar, ni dar su nombre, haciéndole un gesto de autoridad con las señas de que la siguiera y dándole la espalda inició el regreso por el pasillo estrecho y largo, por el que había venido. Al llegar a la sala amplia le dijo.

- Espera aquí, no se puede fumar, ni comer hasta la hora que se te diga, ahora vienen y te atenderán; no te muevas.

- Muchas gracias. - Respondió y se las dio al aire. Aquellas palabras no fueron escuchadas, porque en un plis plas, había desaparecido aquella mujer.

Quedó a la espera, y por fin, asomó un señor que llegaba desde el final de los hangares muy sosegado y observándole desde la distancia.

- Hola. Tú debes ser González.  ¡No es así!

- Si señor. Me llamo Arturito para servirle y estoy aquí para colaborar como meritorio en esta empresa.

- De Arturito nada. Comprendes. Aquí no estás en el colegio, ni en tu casa, aquí te llamaremos González. A lo sumo chaval. Te queda claro

- Si señor. Lo que usted mande.

- Bien pasa, ven conmigo, que te iré presentando a tus nuevos compañeros, y te indicaré la mesa desde dónde debes ubicarte.

 

          Llegaron dentro de un nuevo recinto. Una sala amplísima, dónde estaban distribuidos los bufetes de forma equidistante, bajo unas ventanas amplias sin cortinas que dejaban pasar toda la luz diurna, sin peligro que perturbaran los rayos solares, ya que se orientaban al norte y necesitaban ser limpiadas con premura.

          Los compañeros, estaban esperando a ser presentados, y uno a uno, fue saludando a medida que llegaba a la altura de sus pupitres. Los veteranos más sonrientes, las secretarias muy comedidas, se limitaban a saludar, pero todos ellos, impolutos, sin estrechar sus manos y poco expresivos.

Al final del recorrido, llegaron a un escritorio, que era el destinado a ser el que ocuparía mientras estuviera en aquel departamento. Una lámpara supletoria y una calculadora, la máquina de escribir Underwood, esperaba paciente a la izquierda sobre el pedestal de su carro involca.

La silla de madera recia, sin apoya brazos, relucía por lo barnizada y por lo limpia.

Al cabo; aquel responsable le miró a los ojos, y le dijo sin más.

- Todo lo que no entiendas, pregúntalo a tu encargada. Ya la conoces. En cuanto pueda te atenderá, y estarás al cabo de todas tus obligaciones.

- Perdone. No conozco a la encargada. No nos han presentado.

- Claro que la conoces. quien crees que te ha abierto la puerta y te ha llevado por el pasillo de las complicaciones.

Con una media sonrisa patética y sin dejar de observarle, siguió advirtiéndole.       

- Me llamo Miguel; y soy el gerente del negocio. Espero que pronto asimiles tu trabajo y te encuentres a gusto con nosotros. Que no seas un zorritonto de esos que nos envían las oficinas de selección y cumplas con tu cometido.

Le dejó a su suerte, a la espera de la visita de aquella persona que le había dado una impresión tan especial y despectiva.

Al poco uno de los ayudantes, que tenía en la mesa del lado derecho, se acercó y le dijo: González, no tengas miedo, que no se come a nadie. Es mucho peor la arpía perversa de la bruja pelocha.

- No conozco a nadie. Como sabes acabo de llegar y no sé de qué va este invento, sin embargo, no creo que esto sea una cárcel. ¡Vamos! ¡Digo yo!

- ¡Dices que no es para tanto!  Pues prepárate, que estos son unos capullos y tratan de asustarnos a la mínima. Vemos cosas que no comprendemos y hemos de mantener la boca cerrada. Cuando comenzó a presumir, de inmediato tuvo que dejarlo. Vio venir a la apoderada y con un miedo atenuante dejó de jactarse. Sin dar definición dejó con la palabra en la boca a González y volvió a su mesa.

 

La mujer que se presentó no era ni mucho menos, la doncella que le había abierto la puerta, ésta era alta, morena, con clase y una educación concisa.

- Hola. Me llamo Marisol Gaztinagarreta, pero me has de llamar Señorita Gaztinaga. Ya nos conocemos, pero no habíamos podido conversar.

Se quedó perplejo y sorprendido, porque ni idea de haberla visto antes para nada, no la recordaba, ni por asomo. Sin dejarle pronunciar vocablo continuó diciendo.

 - González, es tu apellido.

El mocillo, asentó con un gesto, mientras pensaba el lío que tenía montado en su cabeza, no descubriendo donde había conocido a la tal Marisol. Ya acomodada en el canto de la mesa, mostraba su delgadez manifiesta, y su cuidado personal, que disentía de forma clara, con la que le había recibido en la entrada del edificio. Aquella mujer siguió expresando su mensaje tratando de explicar, las bases a las que se tenía que ceñir. Siguiendo con su alocución.

- La jornada de trabajo es de las ocho hasta las seis, de lunes a viernes. El sábado solo se trabaja hasta las dos de la tarde. Cada día se interrumpe una hora para comer. Sobre las trece horas.

En tu caso sales a las cinco y media para ir a clases, viajarás con el bus de la empresa junto a los compañeros hasta la universidad industrial.  

De momento, acomódate, que en cuanto pueda te daré instrucciones para que poco a poco entres en las tareas que desempeñarás. Que sepas; nosotros lo sabemos todo, incluso hasta lo que te acaba de decir Martínez Castillo, tu compañero. El de la mesa justo a la tuya. Ese que ahora me está mirando las piernas de reojo, creyendo que no lo sé. Lleva cuidado con él. Tan solo te advierto.

- Tienes alguna pregunta, – inquirió antes de acabar.

- Si; estoy pensando en lo que usted me ha comentado y no llego a descubrir de qué me conoce. Que yo sepa jamás habíamos coincidido y no nos conocíamos. La verdad y perdone mi falta de consideración, pero no alcanzo a reconocerla.

 

Aquella persona cambió el color de su cara y respondió queriendo disimular su genio por no ser el momento indicado para exponerlo.

-Tú. ¿No has tomado el autobús nº 109?, en la Plaza de España; sobre las 7 de la mañana, ¿en dirección a la Zona Franca?

-Sí señorita Gaztinaga. En efecto.

-Pues; la que iba sentada frente a ti, y más tarde la que te ha abierto la puerta y te ha dado la bienvenida, he sido yo misma. Has de ser un poco más atento, si quieres conservar tu puesto de trabajo, tener imaginación, ser laborioso y sobre todo tener fe en aquello que te resuelva el futuro


          Se marchó del lugar con un gesto de guasa en el rostro, mostrando los perfilados dientes, y definiendo la clase y calidad de persona a la que se enfrentaba.




  1. Autor Emilio Moreno
  2. segunda version actualizada del relato en 28-2-2024
  3. la primera se hizo el 12-03-2009 

 

 

 

 

 


domingo, 14 de febrero de 2021

Hablemos del amor, una vez más

 








 




Que fácil es hablar, del amor nuestro.

Lo hacemos por costumbre, ¿y es sincero?

Mira que fingir es muy chapucero

y dicen que, del tema, se es maestro.

-

¿No es preferible ser del todo vuestro?

¿Llevarlo en el silencio? Porque espero,

ser siempre verdadero y tan certero,

como quiero que tú, seas mi demuestro.

-

¡San Valentín Santón! Pasión existe.

Pero no solo, hoy por esta fecha.

Por todas las que tú, me permitiste

-

acompañarte y ser de ti la flecha,

que, sin notar penetra, y crea un quiste

doloroso por un amor que estrecha.






lunes, 2 de julio de 2018

Otra vez, amor












No había ocupación real en mi mente
más que pensar en ti cada minuto
sembrando casi todo mi tributo
despertando en tu cuerpo transparente.

No existía más en mi el sugerente
placer de repetir con tu absoluto
cuerpo que se mostraba disoluto,
por toda despedida consecuente.

Te ibas cada septiembre esperanzada
que al llegar el verano me tendrías
solícito tan digno en tu enramada.

Solo cartas y atrasos y más días
ponían en un riesgo la cruzada,
pero ganó el amor. ¡Cómo decías!







lunes, 16 de abril de 2018

Mi río



















El curso de mi río da energía,
lo mismo digo del frondoso olivo.
Son mis dos acicates, mi motivo
los dos conservo en toda cercanía.


El recuerdo del río me absorbía,
desbordándome, mero y posesivo.
El olivo más serio asiente divo.
Aguardando el final y sin manía.


Ambos tienen virtud, quitan sed y hambre.
El curso baja pérfido y no engaña
la olivera demora el color fiambre


A mi río le llaman Matarraña
mi olivo espera mis restos, mi cumbre
en su calvario de sangre que empaña






jueves, 23 de junio de 2016

Un lugar para amar en la Verbena perfecta


Se venía preparando desde hacía semanas la salida a Castellón, aprovechando la verbena de San Juan, con todo el grupo de amigos que solemos disfrutar de estas salidas. Grupo de la Muntanyeta, viajeros declarados y amigos desde siempre, que participamos en todos sus lances y en esta ocasión como caso raro, dijimos de salir para celebrar fuera de casa el Solsticio de Verano, haciendo una amplia escapada, con calado en un hotel de la Plana.
Aprovechar los días y además de disfrutar de los lugares y pueblos que hay previsto conocer, darle caña brava y simpática a la costa del Azahar con nuestras desenfadadas presencias.
Residiendo como turistas en la capital Castellonense, dentro de las instalaciones del Hotel Golf y además de recibir mucha variedad de ilusiones, no dejar de visitar las cuevas de San José, en Vall D'Uxó, famosas por su torrente subterráneo, las cuales se recorren en barcaza, en un paseo memorable, con temperaturas fenomenales entre los recovecos de esa naturaleza divina que nos atrae.

Contemplar alguna de las ciudades y pueblos del Maestrazgo, y recalar para comer una "caldereta Morellana" en la espléndida ciudad de Morella
Habitualmente en estas fechas no salimos de viaje. Siempre hemos puesto excusas por motivos no determinados, algunos lo achacamos al tópico mal usado de la seguridad, por aquello del peligro en la carretera, de aquellos que pierden el "oremus" y van por la calzadas de forma incontrolada, haciendo "el borrico" más de la cuenta y por qué no decirlo, con algo más de alcoholemia en la sangre de lo permitido. Sin embargo al ser una excursión en autocar, donde no tienes que preocuparte más que de llevar el monedero al bies, pues nos animamos y ahí estamos.

Además de todo lo narrado como introducción, la ilusión de encontrarme con un amigo del inicio de la juventud, una gran persona, que hacía un mundo que no trataba y había perdido su contacto; por los caprichos de la vida, por esa ruleta que a cada cual nos lleva a rotar donde el destino caprichoso desea.
Más de cuatro decenios, ¡Que fuerte es todo!, cada detalle, cada pensamiento, cada erudición que me llega, cada cálculo que ejercito, me sobrepasa de la cuarentena, como si se tratase de una vulgar hipoteca pedida a un banco y que hubiera estado pagando religiosamente, sin poder pensar en nada más que en cubrir la deuda.
Perdiéndome historias, alegrías, ilusiones, amigos y deseos. La vida es tan caprichosa como la propia naturaleza. Un tipo alegre, que tiene la estrella cambiada, o por lo menos la tuvo en un tiempo siendo original y poco agraciado. David W. Ordoñez, uno de los barqueros de las cuevas de San José, en este Vall D'Uxó típico y natural, otra persona llamada a ser acomodador del cielo, cuando se deban distribuir las plazas de los Bienaventurados.

La noche del 23 de junio, por costumbre en nuestra sociedad, la más cercana a los rigores del verano se suele celebrar, poco o mucho, según quien y a modo de ceremonia, cada cual imprime la fuerza y el gasto que le conviene.
Los hay también que no les apetece celebrar nada y por eso no son menos respetables.
Sin embargo, después de todo el año aguantando, y soportando situaciones dispares, a quien no le apetece prorrumpir dentro del margen que permiten las normas y sin forzar la urbanidad derivada de la buena educación, echar una cana al aire.

Tendría Dawor por aquellas fechas 19 años, y entonces, se celebraban las tres verbenas susodichas: la de San Juan, San Pedro y San Jaime. Tres apóstoles que debieron ser, unos mendas; según sus trayectorias.
Lo sabemos por las improntas dejadas por ellos mismos y por sus escritos, y a pesar de no haber diarios liberales; que dieran certidumbre a lo que les propongo, podemos imaginar que los tres apóstoles de profecía reservada eran bastante sátrapas.
Aunque y apunten las Sagradas Escrituras lo que interese para los beatos y para el  conocimiento general. Se sabe que la historia la maneja siempre el poder y ellos, los protagonistas de tanta multiplicación de panes redondos y peces,  no suelen echarse piedras sobre sus tejados.

Todos los festejos se alcanzaban por orden, la primera fiesta que llegaba el 23 de junio, la segunda celebración el 29 del mismo mes y la última verbena se constituía para el mes de julio día 25, festividad de Santiago y Patrón de España.
Todas ellas eran destacadas y festivas. La democracia quitó dos del calendario y fastidió  como siempre al pueblo llano, ya que eran días pagados y retribuidos, que se perdieron por aquello de cambiarlos por otros feriados;  así perdimos las festividades y festejos de San Pedro y Santiago. ( Aquí también llamado San Jaime)

Aquellas ganas de vida, que se demostraban en aquel período tan tétrico, quedaban reflejadas en los hábitos de la juventud irresponsable de entonces, donde y cuando las libertades brillaban por su ausencia, a la vez que todo estaba rebozado de pecado y esta contrición tan penosa la controlaban las autoridades civiles y eclesiásticas. O sea la mayor indecencia inventada para contrarrestar la convicción de los jóvenes.
A todo esto el Ateneo estaba en su pleno apogeo, las orquestas iban y venían y dejaban a chorro la ilusión, levitando entre tanto pimpollo necesitado de compañía femenina y naturalmente a la viceversa.
Aquellas canciones que estaban en boga y que decían en su letra: Eva María se fue con su bikini de lana, que todos imaginábamos gratamente haciéndonos agua los labios y queriendo averiguar entre pensamientos  ¿Cómo le quedaba el bikini puesto? ¡Que bárbaro!, _ déjame suponer contigo y así lo veremos más fácil_ Imaginemos a la niña con el bikini de lana mojado, después del primer chapuzón.
Teniendo en cuenta que la lana, estando seca es una fibra tan sumamente caliente; pero amigos cuando se moja pierde esas virtudes para conseguir enseñar muchas otras.

Aquel vuelo 502, que nos llevaba a Mallorca, ¿recuerdan? amigos; que decía esa canción de los Tres Sudamericanos.
Volando, volando; decía la letra de la famosa pieza ¡Claro que volabas! pero sin despegar los pies del suelo, tripulando con la imaginación,  agarradito a Rosa Mari, aquella chica de la calle la Rapa, tan monina y que olía a aguas de azucena, con aquel perfume que se ponía de su abuela, para que nosotros los pretendientes nos acercáramos a ella y fuese imposible dejar de asediarla durante toda la noche.

La de veces que nos daban calabazas, aquellas señoritas tan enseñadas y tan hermosas de la época, que estaban resguardadas en el baile, por sus papás y abuelitos, viéndolas a todas desde el palco del anfiteatro, como disfrutaban de la pubertad que entonces les debía comenzar.
Ese rastro de rock, de música de bragueta y de mambo número ocho, cantado por Pérez Prado, que te ponía con la quinta marcha en cuanto escuchabas las primeras notas musicales y le dabas el primer traguito al cubata de garrafa, que servía Manolo el "pistolas" desde la barra de la pista de verano.

Dawor, ¡lo recordará siempre!, ¡mientras viva!, aquella noche de verbena, en los jardines de verano, cantaba en el Ateneo Lorenzo Santamaría y su orquesta; justo en la mejor verbena y pista de baile.

Cuando persiguiendo a Gloria, amiga de Rosa Mari, ésta le concedió el baile que iba justo a comenzar.
¡Inolvidable! pieza musical, tan apreciada por los hombrecitos de entonces, Noches de blanco satén, de los The Moody Blues.

Licencia y permiso con el pronunciamiento de ese ¡Sí!, por parte de la guapa jovencita, para acercarse un poco más si cabe a la cintura de la mujer lozana y acompasar mientras bailas, con sumo cuidado el cuerpo de una necesitada Gloria, que expuso entre dientes aquellas palabras fantásticas de: ¡Sí bailo!

La pareja se dispuso a iniciar la danza romántica donde las haya, Gloria otra vez;  espléndida, morena, seria y gentil, con olor a azucenas del bosque mezcladas con lavanda y su tenue sudoración en la noche tórrida de junio. ¡Qué ilusión! y que endorfinas segregadas por parte de los dos, de ella y de él, a chorreones de gusto por tener entre sus remos no precisamente a la chavala morena, que tanto suspiros le robaba. Fue en contrapartida la amiga de su enamorada.

A fin de cuentas_ pensó_, las dos son guapas y si una se retrasa no será cuestión de perder el  tiempo y la opción de bailar con una fémina ¿Gloria es la amiga de Rosa Mari? ¡Bueno a fin de cuentas, es una mujer! y las dos lindas. Rosa Mari, se ha entretenido mirando al pavo aquel, de la puerta y yo no soy celoso, pero no quiero perder tiempo y esta canción la bailo con quien sea.

Por otro lado ésta amiga, es muy decente y me encanta también, la veo más decidida y más segura de querer amar. ¡Además me ha dicho que sí bailaba! y yo estoy camino de la pista central para darle el gusto.

Ella, siguiendo el consejo de su madre, procuraba mantener las dos piernas semi juntas, para que Dawor, no colocase entre ellas su tercer brazo, su extremidad zurda, y pudiera notarle aquel narcótico que se extendía a lo largo de la pernera. No es que Gloria repudiase ese acontecimiento, era demasiado pronto para abrir las puertas de par en par y que el bailador creyera que era una experimentada.

Pasos cortos, ritmo cadencioso, recios meneos, firmes sin atolondramientos, buscando aquello que el arca perdida tiene oculto, sin levantar premuras ni falsos menesteres. Gloria pensaba _ está bastante duro el amigo de Rosa Mari, igual me lo quedo, a fin de cuentas ella me dijo la otra tarde, que se había fijado en el dependiente de la droguería de la plaza mayor.
Cuerpo a cuerpo, notando o queriendo notar más de lo que la imaginación le regalaba, ella puso las palmas de sus manos en el pecho de Dawor, intentando separarse de él. Todo una farsa, una estratagema para comprobar que él estaba en acción, sus miradas se cruzaron y ella le dijo sin palabras, apretándole el antebrazo de forma afectiva, dejando impregnado el sudor sensual de sus dedos en su dermis gelatinosa, exigiendo muy claro y dejando ir el típico olor de la seducción hasta sus fosas nasales. Apriétame más, quiero más, aunque te esté recriminando, no hagas caso, tu tira hacia adelante, se valiente, que yo me haré la estrecha pero necesito de tus caricias y de tu carne.

Su cara distaba poco entre sí, el aliento de ella, caramelo granizado de Colgate Palmolive, penetraba entre el cielo de la boca y la garganta de su acompañante, que ya pensaba en darle conversación mientras tocaba aquellas carnes vírgenes y deseadas, para mantener a la chica, por lo menos durante cuatro o cinco bailes.
Aroma de masaje Floid, desparramaba Dawor, que ella congratulaba mientras las piernas se hacían flojas y falibles resistencias teniéndose que amparar en él, para no caer al suelo envuelta en aquella necesidad de amor, que le exigía al bailador amigo de su íntima amiga Rosa Mari.
En un descuido ella, dio un paso en ilusorio y agrandó más de la cuenta el espacio de entre sus piernas, aprovechando Dawor el colocar su extremidad, la izquierda, dándole a notar el grosor de su bien hecho topacio. Ella, sin menoscabo ni displicencia, admitió el empalme de esa parte de su cuerpo, por suministrarle una delectación jamás imaginada y apetecible para el momento del roce corporal que estaba viviendo.
Tomó la decisión de apretar con más intensidad su cuerpo contra el de Dawor, en busca de placenteros contagios sensuales, y miró a los ojos al joven, mostrándole sus labios que esperaban fueran mordidos con la descortesía y ordinariez agradable del amigo que la estrechaba entre sus poderes, notando el muelle acolchado de sus tetas que se zarandeaban con ansia entre sus pectorales.

Fue ella la que alargó su boca contra la de Dawor, contagiando las lenguas en un buen principio para acabar con una libación potente entre salivares. Todo hecho de forma educada por parte de ella, sin dejar escapar aquel momento de atracción y de gozo. Siendo ella, de nuevo la motriz, disimulando como si estuviera abstraída sin el mínimo rumbo.
Entre tanta gente, la visión en los palcos era difusa y ella seguía apretada bailando y disfrutando de aquel hombre que ya, la llevaba en volandas sin tocar con sus zapatos en el suelo, sostenida por sus partes pudencas, con un placer extremo para Gloria.
Dawor bajó disimuladamente sus manos abiertas y sensibles para palpar las estupendas y duras nalgas de Gloria, bajo su falda de volantes que había apartado graciosamente a la vez que retiraba la encarnadura del lado derecho de sus bragas, y llegar al centro del culo, que en gloria estaba, palpándolo de buena gana, sin prisas ni falsas maniobras.
Gozosa ella, nuevamente admitió el envite encajándose cuidadosamente de nuevo contra sus bajeras para palpar el hopo y seguir sintiendo el placer de aquellas durezas penetrantes que dolían tan solo de pensar en su final.
_ Quien te gusta más Rosa Mari o yo; contesta sin mentir ahora mismo_ preguntó mientras retiraba su lengua del interior del arca de la boca del amigo.

No pudo complacerla, por nueva invasión en su boca de la apéndice bucal de Gloria, que volvía a perforar sus fauces contra natura, sin aspavientos.
Por final de recorrido,  volvió a descansar y a serenarse, al comprobar que desde la lejanía su gente intentaba descifrar todo aquel mimetismo de la niña.
_ No me has contestado a la pregunta. Da igual, no me interesa conocer ese dato. Debo ser yo, la que te elija o te rechace_ Sin dejar que el joven respondiera, volvió a formular otra interrogación más sosegada.
_ ¿Te llamas Dawor; es nombre Croata?_ preguntó Gloria, para saber más de aquella máquina placentera, que le estaba provocando un pre orgasmo provisional.
_ ¡No Gloria!, me llamo David Wenceslao Ordoñez, y soy de Vilaboi, como creo que eres tu
_ Pues David Wenceslao, no pares en este baile y sigamos hasta que se acabe la noche. Aunque deberías subir al anfiteatro y decirle a mis padres, que te den permiso para bailar conmigo toda la velada y que me acompañarás a casa. ¿Lo harás?
_ Si tú me lo pides, con tanto ahínco, puedo escalar el pico más alto de este salón, subir al escenario, quitarle el micro a Lorenzo Santamaría y pedir nos cante la canción preciosa de : Tu serás mi Babi.
_ No hace falta seas tan atleta, tu ve a mis padres, camélalos y la noche será nuestra, porque imagino quieres acabar en buena forma, lo que hemos comenzado, con tranquilidad, desnudos, pausados y saboreando lo que la oscuridad, de la verbena de San Juan nos propone. ¿No crees tú, David Wenceslao?

Dawor, subió acompañado por ella, a la platea preferente, allí estaban los abuelos, padres y tíos de Gloria y ni corto ni perezoso se presentó ayudado por el concurso de la chica que hizo de mecenas ante ellos.
Estrechando la mano de sus padres que desde ese instante recorrieron ávidamente el contorno del muchacho, sin dejar de observar a la hija, viendo que era completamente feliz con aquel jayuelo.
Desde los palcos su familia, solo habían visto la buena armonía que tenía su Gloria con el joven, sin imaginar que ella lo iba a presentar aquella misma noche para ver si ellos daban su conformidad, desconociendo y jamás imaginando que Gloria, su querida nena, ya le había deslustrado y palpado su órgano eléctrico con un disimulo propio de enseñanzas aprendidas de su madre y de su abuela.
La pareja finalizó la noche en la playa, sobre la arena de Sitges, desnudos y descocados, borrachos de alegría y de sexo, follando como se hacía en las inmediaciones de los setenta, pero con el disimulo aprendido de las prohibiciones, que no era por otra parte, que un estímulo a la imaginación de los practicantes y un acto de persuasión por parte de las ansias de tanto insatisfecho.
Gloria se encargó que desapareciera Rosa Mari de la vida de Dawor, para tener la total seguridad de que no se lo quitara. Se distanció sin previo aviso del afecto que había mantenido durante toda la vida con su inseparable compañera y aquellas decisiones llegaron a enfadar bastante a Rosa Mari, que tampoco entendió el por qué del desapego, preguntándose siempre los motivos y las causas que llevaron a Gloria a tomar semejantes medidas, dejando aquella amistad aparcada y obstaculizada hasta nunca jamás entenderse.

Continuará

To be continued

viernes, 24 de mayo de 2013

Amor para la vida



Magda estaba a punto de salir de su casa hacia el altar, del brazo de su padre, que emocionado le preguntó con aquella confianza tan hermosa que existe entre algunos padres e hijos_ Magda, cariño tan solo: un pensamiento ¿estás completamente segura del paso que estás dando?_, ella se apartó el velo blanco impoluto de su cara y abrazó a su padre con una ternura inigualable_ Le he querido siempre papá, pero no he sabido jamás hacérselo saber, llegarle con el lenguaje corporal, demostrarle mi cariño verdadero, siempre se me ha escapado de las manos esta persona deseada, siempre ha sido el amor de mi vida_. Tomaron asiento en el borde de la cama, mientras ella trataba de explicar todo aquello que guardaba en el interior de su pecho y que le apetecía tantísimo transmitir. 

Conocí a Rubén en la Asociación del Club Obrero de Juventud_ siguió relatando, mientras le tomaba de las manos a su anciano padre, que la escuchaba atentamente_, hace muchos años, cuando éramos mocitos, entonces todo lo veíamos tan claro, que no teníamos necesidad que nadie nos diera lecciones de vida, cuando parecía que todo lo podíamos tomar en el instante que quisiésemos, porque amplio estaba al alcance de nuestros deseos. Él, Rubén ya trabajaba, a pesar de no haber finalizado sus estudios. Irradiaba seguridad y además era un indiscreto que sabía camelar a todos cuantos le rodeaban. Tan arregladito siempre, tan orgulloso, tan presumido; no era guapo, pero tenía algo que a mí me cautivó en cuanto le pude tratar. 

Aquellas dotes organizativas que poseía de manera innata, obligaba a seguirle allá donde apuntaran sus miras. Enseguida noté que me encontraba bien con él y pretendía que cayese frente a mí del todo enamorado. Sin ver que, no era yo sola, la que estaba prendada. Bailábamos juntos, salíamos en grupo y procuraba coparle todas las salidas para que no viera más que a Magda.

Aunque jamás le dije nada, esperando que fuese el mismo deseo quien tomara la iniciativa, detalles que las mujeres siempre esperamos, ser halagadas por nuestro galán, que nos hace las veces de declararse.  

En aquella salida famosa que hicimos los amigos, a los Montes Universales_ que a ti tanto te costó darme el permiso, por no ser mayor de edad, ¿recuerdas?, incitó a la memoria de su padre_. Donde tuve aquel accidente, sin consecuencias pero, que podía haber sido fatal. Al perder el conocimiento y caer al río,  no fue otro que Rubén el que se lanzó a socorrerme, quitándose tan solo los zapatos y nadar denodado hasta rescatarme de la muerte segura. Recuerdo, que recobré el conocimiento una vez en el agua_ lo reconozco ahora; dijo Magda_, viendo que era él quien nadaba para salvarme, me dejé querer. Aún retengo el contacto de sus manos en mi pleno, en su afán de salvamento, me reconoció el cuerpo sin miramientos y yo además de mojada por el baño, me sentí en el cielo, sigo viviendo el instante soñado, cuando me abrió la boca aún dentro del rio y creyendo que estaba desmayada me besó apasionadamente, en lugar de hacer el consagrado boca a boca de salvación. Estrujándome hacia su plexo solar mojado y severo. Mantuve mis ojos entornados mientras me hablaba y me exigía que respirara, volviendo a besarme de nuevo para que reaccionara. 

Nunca me dijo absolutamente nada tras aquel incidente, quitándole importancia en su comportamiento de valentía, y olvidando todo lo que dentro del río él y yo sabíamos que había ocurrido.  

De ningún modo ofreció señales de que me estuviera pretendiendo, a tenor que por mi parte eran constantes los detalles que tenía para con Rubén. Igual creyó que era imposible relacionarse conmigo por la diferencia social, por nuestra posición comparada con la suya, que proviene de una familia tan humilde y trasformada.

Esperaba intranquila me dijese algo referente a la atracción que yo le mostraba descaradamente, recibiendo a cambio una reacción educada pero nada transparente por su parte. Mantuvimos una amistad bonita y cada vez que podía le provocaba la excitación necesaria, para que se desquiciase conmigo, sin encontrar respuesta a pesar de ver que en su semblante el padecimiento que soportaba por aguantar tanto el tipo y las formas llegaba a ser de sacrificio.
 

De buenas a primeras mi amiga Marita, nos dice que se entiende con Rubén, quedando en aquel instante tan desconcertada como olvidada. Marita es un cuerpo. Preciosa y sin entrañas, eso lo hemos descubierto ahora. Entonces se mostraba como una joven decidida, buena amiga y adelantada a su tiempo, sin miedo de experimentar ciertas aventuras peligrosas. Segura de sí misma, y de lo que esperaba del futuro. Nos aturdió a todas las componentes del grupo de amigos y a mí especialmente, dado que ella y todas conocían los sentimientos de fuerte atracción que ostentaba por Rubén.
 
 

El propio recuerdo los sumió a ambos en un pensamiento dispar, quedando Magda, con sus elucubraciones sola e intransferible a título personal y ya sin explicarle a su padre, todas aquellas manifestaciones que vivió de nuevo ella sola desde su pensamiento. Comprendiendo a su vez el padre, que debía dejar que aquellos instantes pasaran al lado de su hermosa y quedida Magdalena.

 

Tuvieron una relación muy corta, como si Marita tuviera prisa por quitarle la libertad a Rubén. Dándole de buenas a primeras todo lo que a Rubén le viniera o no, en ganas. Regalando todas las posibilidades sexuales habidas y por haber, llevándole a un mundo delicioso que en aquella época solo lo tenían permitido unos pocos privilegiados.

Su relación fue intensa y corta y se unieron en contra de todos los pronósticos. Marita, una mujer caprichosa, graciosa, estupenda y simpática, anunció a los amigos que se casaban pronto y así lo hicieron, tras mes y medio de incesante sexo a todas horas, de orgías inexplicables, de celebraciones indecentes, contrajeron matrimonio. 

Rubén seguía sin dar sus verdaderas señales de hacer lo que deseaba, sin embargo como pudo continuó con su trabajo y sus estudios, hasta que pudo licenciarse no sin esfuerzos y sacrificios. Jamás abandonó aquello, que sabía era su futuro, y a pesar de tener que aguantar tanta fiesta y desvarío por parte de las relaciones con Marita y seguir asistiendo al mismo entorno de amigos, él consecuente cumplía a pesar del esfuerzo que le significaba no dejar que las aguas del vicio y del entorno le arrastraran. 

Dos años estuvo Magda suspirando y viendo desde lejos la poca afinidad y el poco trato cariñoso de la pareja. Habían pasado del estar desnudos y desquiciados una encima del otro, fornicando a todas horas en su corto festejar, a ni mirarse en la hora del desayuno. Nunca tuvieron discusión alguna frente a los amigos, ni tampoco señales de romanticismo, si podían evitarse lo hacían pero reservando esa educación y salvando malos modos.
 

Marita con su cuerpo extraordinario llamaba la atención por donde fuera. Ella dominaba la situación, aprovechando esa ventaja frente a las demás amigas que la miraban con cierto desconcierto, que con su porte descarado propiciaba nuevas aventuras con cualquiera, estando presente su propio Rubén.
 

Rubén más bien con el carácter acomplejado que había adoptado desde el comienzo con la relación de su esposa Marita, disimulaba y procuraba no coincidir en demasiadas reuniones con sus amigos de toda la vida. Así evitaba el tener que explicar las relaciones tensas que mantenía con la guapa y estupenda de su compañera.
 

El divorcio convenido llegó como llegan las consecuencias de lo esperado, evidentes razones lo contemplaban sin ruidos ni demostraciones de pesar, sin falsas prebendas ni corazones destrozados por la no tragedia, que se anunciaba cada vez más imperativa. Un buen día Marita se marchó de su casa con un directivo de Carrefour y Rubén se quedó solo, en la gloria, sin tener que dar explicaciones a nadie y convencido que todo había sido un sueño pasajero con menos porvenir que un traficante sordo.
 

Los motivos que llevaron a la ruptura de Marita, no fueron por estar desierta de amor por parte de Rubén, ni por estar melancólica en la cama, ni mucho menos mal follada. Le encantaba cambiar de macho, más que de compresas higiénicas y eso de tener una relación intima por más de un año, era perder el culo detrás de un solo hombre, con la cantidad de tontos y engreídos que militan desocupados.
 

El despreocupado Rubén, quedó libre, agradecido y normalizado tras el abandono de la guapa y ninfómana de su esposa, volviendo a frecuentar sus costumbres, aparecer poco a poco con los amigos y reencontrando su lugar a medida que el tiempo iba borrando su relación, sus deudas y sus disparates.
 

Ya comenzaba a resurgir aquel faisán de sus cenizas, volviendo a ser parte de lo que fue en su día, opinando de cualquier tema y riéndose de sus propios fracasos, cuando por supuesto Magda, esperando paciente su turno, se daba cuenta de todo sin dejar aquel propósito en manos del destino. Ni siquiera en el ámbito de las decisiones de Rubén. Entrando a participar de un modo directo en sus sinsabores.  

Una noche cenaron los amigos, los pocos que quedaban, separados, divorciados, algún que otro soltero en Can Tiberio, un restaurante que con sus platos hacia olvidar las penas más cercanas. Ya finalizada la tertulia nocturna y antes de despedirse hasta el próximo encuentro, Magda le propuso a Rubén que la acompañara hasta su casa, que tenía que contarle un asunto importante, que hacía años le rondaba por su cabeza. 

Al salir de Can Tiberio, paseando decidieron tomar la última copa en el bar de los chinos, que hace esquina con la casa de Magda, para que Rubén pudiese escuchar del asunto tan importante que su amiga quería exponerle sin dilación. Cuando la que en su tiempo, fue salvada de aquel río, tomó la palabra y directamente abordó al salvador_: qué esperas a mirarme a los ojos y decirme lo que sientes por mí_. Rubén Balbuceante y sin esperarlo iba a excusarse, cuando volvió de forma enérgica a ser interrumpido por Magda_. Sabes que me gustas y no es de ahora, pretendes esconder otra vez el bulto y escaparte como un cobarde, ¿cómo hiciste hace años?_ No es eso, contestó Rubén avergonzado. Cortándolo antes de que siguiera pronunciando palabra, aquella mujer que estaba dispuesta a todo por recuperar lo que deseaba, haciéndole mil preguntas una tras otra, se disparó enloquecida esperando respuesta_: ¿no te gusto? ¿No me quieres? ¿No soy tu tipo? ¿No quieres saber nada de mí? ¿He de olvidarte para siempre? ¿Pretendes que vuelva a dejarte escapar de nuevo?

 

Antes de volver a la realidad padre e hija, dejaron sus propias cábalas y escucharon una melodía de Camilo VI, sonaba en el pasillo: “El amor de mi vida, has sido tú” y de pronto se abrió una puerta, aflorando una dama emperifollada y soltó casi gritando: ¡Por favor!  Todo el mundo buscando a la novia y al padre y vosotros escondidos como bandidos. Todo el mundo espera y vosotros tan tranquilos_ dijo la madre de Magda, Doña Purificación Manrique.

 

Salieron hija y padre a la realidad, del brazo agarraditos hacia el restaurante del Hotel El Castillo, donde en los jardines de verano un juez de paz, les uniría para siempre.