sábado, 28 de septiembre de 2019

La calle que piso.







Es distinta, si observas; empinada,
cuando te alejas, todo es un descenso,
por ello, la conozco y, ¡Sí!, lo pienso.
Si vuelvo fatigado. No se enfada.

Siempre puedo sentarme en su bancada,
o descansar un poco, si estoy tenso.
Ejercicio no me falta, es intenso,
de ahí que me da cuota, perfumada.

Rendirse ya no cabe, es mi gran gozo.
La subo y la paseo por usanza,
la monto y la garbeo de alborozo,

y aunque mojada esté, siempre me alcanza,
porque me espera, al ser de mi; un trozo.
Es mi calle, mi suelo y, mi esperanza.







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