viernes, 14 de junio de 2024

El deseo y el sexo de la señora Kinterbwole - entrega siete

 




 




El único varón que navegaba con nosotros era Andreas Gorgeous.

Que era el propietario, el consignatario y el mecenas. Todo el personal restante, que viajaba a bordo del Nautilos eran féminas. Incluyendo a la capitana de la marina turca. La laureada Briséis Nayim Zemin, a sueldo del farmacéutico armador.

Hablaba con menos miedo, pero con la seguridad que saldría mal parada de no ser convincente con aquellos truhanes que venían dispuestos a esclarecer los hechos de la colombiana.

—Dónde atracaron para el intercambio, en que puerto y quien recibió a las esclavas. — preguntó el ascensorista.

— En un principio pensaban recalar en el puerto deportivo de Santa Mónica, pero al Emir Ratmed Manya no le pareció seguro y modificaron la fecha y el lugar. Concluyendo fuera el cuarto día de navegar por aguas internacionales. Decidiendo que irían a fondear en las dársenas del puerto norte de la isla de Santa Catalina.

Allí transbordaron a las cuatro mujeres latinas, y se hicieron cargo de los ayudantes del argelino.

— Donde embarcaron esas modelos y de que países procedían. La doctora contestó haciendo un inciso y sabiendo que posiblemente aquella revelación le costaría más que un disgusto.

— Dorely, Mariol, Víchense, y Natalia eran propiedad de la prole de un tal Tucson, al que yo jamás conocí, pero por comentarios, sabía que es un personaje vengativo y cruel. Desconozco el procedimiento que usaron en el rapto. Distrayendo a las cuatro mujeres que drogadas no pusieron objeción, accediendo a lo que se les solicitaba.

La nicaragüense Dorely y Víchense procedían del harén que poseía su amo en los Ángeles y la guatemalteca Mariol del prostíbulo mexicano de Zihuatanejo.

La colombiana Nadia era especial. Llegando a ser la última amante conocida de Andreas. Con lo que en un principio no se contaba sacarla de la terna y que fuera mercancía carnal como las demás. Sin embargo, supo camelar al ateniense y al cabo fue la que protagonizó el suceso. descubriendo Andreas que Nadia estaba en complot con el sicario de Tucson y que ambos mantenían una relación más allá de los negocios. De hecho, la propia colombiana estando bajo los efectos de la síntesis, reconoció que el padre de su hija era Clyde Welsy, más conocido por el apodo de Tucson.

Después de las descalificaciones con el armador, y no estar totalmente en acuerdo. Contando que su salida y la de su hija era o estaba comprometida, y ante la imposibilidad de comunicarse con su amante. Agredió en un arrebato mortal al griego.

No sé muy bien con que arrolló al consignatario, porque yo estaba entonces atontando a las cuatro modelos y lo escuché desde la distancia.

Sin embargo, puedo asegurar, que el heleno quedó cadáver en el transcurso de la reyerta.

Succionó un trago de agua de un botellín colocado en su mesa y García siguió con su argumento

— Nos quedaba por poner el rumbo y navegar más de la mitad de las millas marinas que separaban aquella isla del continente y la capitana prefirió no fondear en Santa Catalina, y volver al puerto, para dar la denuncia en el país donde se había cometido el crimen. Así que Briséis Nayim Zemin recaló en el puerto de partida.

Al llegar la oficiala del navío dejó sin explicaciones y en libertad a las mujeres y unas millas antes preparó el cadáver de Andreas para hundirlo en aquellas aguas, tirándolo por la borda en cuanto entramos en el malecón. Con el fin que pudiera ser descubierto más tarde o temprano.




Nadia fue la única que pudo zafarse de aquella entrega, desapareciendo.

Se supone por lanzarse al agua y nadar hasta quien sabe dónde.

Una vez fondeó el velero, los guardacostas avisados por algún desconocido, hicieron su trabajo. Todos a sueldo del gran capo el señor Tucson, el que en aquella operación recuperó a todas las muchachas que en un principio fueron desviadas menos la tal Nadia, que fueron incapaces de encontrarla.

—Qué relación guardas ahora con Nadia, porque ella te visita en la consulta, estando en un manicomio.

— Todo es una tapadera, Nadia se quedó con todo el negocio de Andreas. No me preguntes cómo. Desplazando a sus esposas y manteniendo no sé en que forma los laboratorios y toda su sede de narcotráfico. Haciendo creer que Andrea aún vive y siendo ella la que menea los hilos del entramado. — Alcanzó argumentando, mientras se mecía el cabello.

— Reside en el manicomio como si fuera una paciente más, desde donde une el nexo de los negocios, simulando como ella sabe. Así en su clandestinidad, puede hacer vida normal, y ningún directivo médico la controla como enferma.

Yo soy su psiquiatra, su mano derecha, la que gobierno y educo la buena marcha de su Rita. Su hija y todo lo que le concierne.

Durante todas las manifestaciones que la doctora García le hacía a Cornelio, Tucson estaba presente, sin que la doctora descubriera la identidad del jefe. Escuchando de viva voz todo lo que estaba narrando la psicóloga, sin abrir la boca para preguntar, comentar o reafirmar.

Mantuvo su porte y nunca supo la licenciada García, que el mencionado como gran capo y jefe Tucson, estaba presente, frente a ella, sentado cara a cara, oyendo lo que Cornelio, su ayudante recababa.

   La niña de Nadia está afectada por alguna dolencia — preguntó Cornelio.

García como un resorte, no tardó en aclarar. — Eso es lo que ella ha hecho creer al mundo para que la dejen en paz. Rita es una niña preciosa, con valores destacados, que se está criando al margen de los enfrentamientos y los negocios. Saben disimular las dos y llevan un escrupuloso y eficaz silencio frente a los desconocidos. Manteniendo separada a hija y padre, por las consecuencias que ella cree, le cobrará el amigo Tucson si la descubriera.

La doctora fría como el mármol y concreta, confesó para dejarlos atónitos.

— Ahora mismo Nadia, está escuchándonos y viéndonos en este instante.

Hizo un gesto hacia un lateral marcando una zona donde se hallaba disimulada una diminuta y precisa cámara de observación y vigilancia y continuó argumentando.

— Así que, si deben enviarle algún mensaje o recado, es el momento.

Quedaron perplejos nuevamente. Cornelio se miró con descaro a Clyde Welsy, y le incitó a que hablara.

Sereno y comedido, sin rencor ni resentimiento después de pensarlo durante unos instantes se dirigió a la cámara y preguntó.

— Nadia o Thinoy, como quieras que te nombre, hemos de vernos. Sé que esa Rita es hija mía y tengo el derecho a conocerla y a acercarme a ella. Como, además, pretendo relacionarme contigo como lo solíamos hacer, antes de toda esta mala vivencia, de la cual creo tener todas las culpas. Por Dios, te pido des señales de vida.

En aquel preciso instante en un lugar de aquella ciudad dos mujeres. Madre e hija preparaban las maletas y valijas para salir y buscar un lugar de residencia bastante lejos y así jamás ser encontradas por nadie. Yendo a un destino desconocido incluso de la propia licenciada García.


De hecho, Nadia lo estaba preparando justo después del momento en que se cruzaron en el ascensor del The Steel, para huir de ese mundo del hampa y curar todas las penas tras haber asesinado a dos hombres que intentaron robar su libertad.

 

 

FIN.




lunes, 10 de junio de 2024

El deseo y el sexo de la señora Kinterbwole - entrega seis.

 





 

 

Fue mínima la estancia al aterrizar en Bogotá. Pronto los traficantes ilegales recogieron a la comitiva procedente de los Estados Unidos y los metieron en otro vuelo privado con destino a la Guajira, buscando el norte del país, que era dónde aquel Cártel, tenía además de sus plantaciones de cultivo las ingenierías para la transformación de aquella materia prima de la sutil carcoma blanca.

Nadia, no intentó si quiera, recabar ni visitar a sus parientes consanguíneos. Franqueando de puntillas por la urbe de su recordada Riohacha.

Resonando en su memoria aquella preciosa y alegre juventud, cuando se sentaba en los bancos de la iglesia, en aquella coqueta plaza del Almirante Padilla, dónde ella misma había contraído matrimonio con Pier Paolo. Ni quiso encontrar a su familia para abrazarla, como la reina pródiga que era para todos ellos.

Una vez cerrados los acuerdos en la plantación de la Tía Amalia, se volvieron Tucson y Nadia, a los alojamientos que disponían en la propia ciudad. Sin modo alguno de quedar fuera de la vigilancia de aquellos matones, que los custodiaban siempre junto a ellos, hasta que se concluyera el negocio.

Cerrando uno de los tratos más amplios habidos en aquellos años entre el país más poderoso del mundo con aquel semillero de sustancias para su reventa.

 

En la consulta de la Psicóloga García, esperaba ser atendido Tucson aquella tarde por la doctora, para ponerle en cuanto pudiera las cartas sobre la mesa. Intentando desmontar los pufos que parecía tener aquella licenciada, con traficantes habituales en su devenir.

A los que le debía pleitesía, por cómo se desarrollaban los acontecimientos. Utilizando a la mayor parte de sus pacientes como conejillos de laboratorio en pro de sus ensayos y análisis médicos. Todos ellos fuera de la ley. Rayando la criminalidad y la usurpación acometida en personas, con el principio de apoderarse de sus voluntades, por el vicio, la droga, la extorsión, y el robo de valores con propiedades a cuantos caían en sus redes.

 

Fue recibido por la toxicóloga García. Se había presentado en su consulta sin cortapisas, para sacar algún detalle claro de lo que la titulada guardaba en sus archivos.

Apoyo lo tenía sin dudar. Al otro lado de la puerta esperaba su nuevo correligionario. El hombre de la recepción del edificio.

Un tal Cornelio, conocido de la doctora por los servicios comunitarios prestados a lo largo de más de medio año. El que serviría de nexo de enlace si el momento lo requería y si tuviera que intervenir.

Acabó la licenciada de revisar un falso informe y datos, que le habían acercado de un imaginario paciente, como excusa para ser recibido el bribón que tenía acomodado en el diván por la titular del consultorio.

Tucson la miraba con atención, con gesto negligente esperando tener uso de la palabra.

— Usted señor, realmente a que viene a esta consulta y de qué modo podemos ayudarle. No le veo la relación entre lo que acabo de leer y su presencia — Preguntó cariñosamente García, viendo que la persona que tenía frente a ella, la miraba con escepticismo.

— Mire usted licenciada. — replicó Tucson desorbitado.

— No puedo perder el tiempo con este cuento que lleva desde hace meses, y con según que pacientes. Sé de qué va todo esto y quienes son los que están detrás de este engaño. — Se frenó algo en su exposición para tomar aire y prosiguió. Mientras era escuchado por la terapeuta con interés y desazón.

— Sé de buena tinta, que están tratando a la señora Kinterbwole, que por no ser cierto; ni siquiera ese es su verdadero nombre. A cuento del capricho de Andreas Georgious, el heleno fallecido y que lo mismo usted, nos puede aclarar alguna cosa del crimen.

Persona que apareció asesinado en el muelle de esta ciudad y de momento nadie sabe realmente la causa de esa violación.

La doctora quiso interrumpir de facto lo que estaba pasando, sin poder argüir de momento, ya que el tono de voz de Tucson y las amenazas veladas surgieron en aumento, para acabar aquella síntesis.

— Por tanto, tan solo deseo, que me ponga al corriente y al completo de todos los entresijos y barbaridades que le están haciendo a quien me he referido antes.

Nadia Kinterbwole, como creo que la tiene referenciada en su fichero.

— ¡Oiga usted! ¡De dónde emerge y quien es! —. preguntó García con tono agresivo—. No sé de qué me está usted hablando. Ni puedo dar datos de ninguno de mis pacientes, por lo que le ruego salga de mi despacho si no quiere que llame a la seguridad del edificio para que lo saquen a patadas de esa silla.

Acabó muy enojada la doctora tras aquellas palabras, que con mucho acento no alarmaron al matón.

El visitante sonrió y sin nervios quiso calmar a la médico, que fuera de entonación, no sabía dónde mirar.

— Doctora no se ponga así. Si es que valora su vida y siempre que quiera mantenerse ilesa y sin daños corporales. Evitando desperfectos en esta consulta y seguir con su rutina, sin que nadie altere su camino. Por lo que volveré a preguntarte, quien es el jefe de su organización, y porqué están sometiendo a una paciente suya llamada Nadia.

— Le repito que no sé qué me está hablando, y además no tengo porqué darle semejante información ni a usted ni a nadie. Voy a llamar ahora mismo a la seguridad.

Hizo el gesto para pulsar la llamada de emergencia, cuando recibió un bofetón que le cruzó la cara a la médica, desplazándole las gafas graduadas hacia la izquierda, evitando la alarma. Quedando aterrorizada movida brutalmente y mal sentada en su butaca.

De inmediato y siguiendo lo pactado se abrió la puerta del despacho de la psicóloga, entrando el amigo Cornelio, que con lenguaje corporal informaba a su jefe que le dejara en sus manos aquella interrogación.

Accediendo Tucson que el recién aparecido tomara el relevo.

Cornelio, desposeyó a su jefe de las riendas de las preguntas y ella, lo miraba con desprecio al conocerlo y haber conversado tantas veces en el cubículo del ascensor. Durante tantos meses, sin sospechar que fuera uno de los delincuentes que ahora la amenazaban.

Este sin miramientos y con dolo, presionó con uno de los lápices del escritorio, una de sus tetas y preguntó.

— Díganos que dolencias le trataba a Nadia, de existir alguna. Antes de que se nos acabe la paciencia y pasemos a mayores.

La coacción sobre la licenciada era brutal y aquella experta de la medicina a sueldo, se vino abajo y comenzó a relatar.

— El tal Andreas Georgious. Estuvo casado antes, por lo menos que yo sepa.

 — expresó avergonzada García. — Con dos mujeres a las que no les tenía respeto.

Nadia era la tercera con la que contraería nupcias en breve. Mujeres engreídas todas, que mantenía engañadas y con las que probaba sus nuevos fármacos y medicamentos, procedentes de su laboratorio —. Siguió apuntando mientras temblaba de miedo.

—Yo soy empleada suya, o por lo menos lo era antes de que lo asesinaran.

En el último crucero, navegando por alta mar, se inició una discusión muy fea con amenazas incluidas. Todo por la custodia de la niña de Nadia.

Lo que se vinculó después y llegó a mi conocimiento es que al ateniense lo habían asesinado.

—Quien crees tú que lo hizo — interrogó Cornelio.

—Dicen que fue la nueva novia, por lo menos es la impresión que circulaba a bordo. — sentenció García y añadió.

—Ya le habíamos suministrado un par de dosis del medicamento nuevo y ella creyó perder el oremos. Se le fue la pinza se apoderó de un pánico mortal y sintió un miedo atroz de perder la vida y a su Rita.

Una preciosidad de criatura. Además de simpática muy inteligente y hasta ese instante ahijada por el armador Andreas. El que quiso arrebatarle la niña a Nadia, para quizás venderla en el mercado asiático. Una vez tuvo certeza que no era su padre biológico.

— Cómo estás tan segura que la asesina fue Nadia. — indagó Cornelio a la licenciada y esta respondió sin titubeos.

— Porque yo también viajaba en ese velero. Fuera de la presencia de todos, escondida para poder ejercer el plan que Andreas había elaborado y administrar cuando fuera necesario, medicamentos no autorizados, drogas de diseño y el cloroformo a los pasajeros y rehenes para su desvanecimiento antes del intercambio. — Interrumpió el parloteo y curioseó, queriendo matizar Cornelio.

 

— ¡Pasajeros!!... ¡Rehenes!!... ¡Dime quien iba a bordo de aquel cascarón! Desconocemos ese punto. Habla sin mentir, que se me acaba la paciencia. Le atusó sin menoscabo aquel desquiciado.

— No lo parece. —Siguió tartamudeando la doctora—, pero el Nautilos tiene noventa metros de eslora y viajaban además de Nadia, bastantes invitados más. Yo era otro componente de la dotación.

Cómo les he comentado. Además de eso, un grupo amplio de azafatas que transportábamos como diversión sexual del Mustafá Alí Ratmed Manya y su séquito. Para su pasatiempo hasta arribar a puerto.

 

 

Continuará


miércoles, 5 de junio de 2024

Cumpliendo los siete

 







 

 




No sabíamos a quien rogar,

por falta de convicción

y sin querer alarmar,

el aguardo se hizo aval.

 

En la esperanza hospital.

Prenatal quedaba cerca,

nervioso aguarda final

y el nacimiento se allega.

 

Las horas lo consumían,

avanzando en su camino.

Se abrió la puerta de pronto

recibiendo aquel designio

 

El cuarto día de junio, fue fecha

destacada del año diez y siete.

Por una bienvenida, que ni inquiete

como lo hizo en mi orgullo, aquella flecha.

 

Hoy cumple los siete

de júbilos, fácil

sin nada que apriete.

Contar alegrías

y penas, inhábil

 

Sonando los soplos

que la vida deja

y guste o no guste

débil se coteja.

 

La Memoria crece.

Divina parodia,

la que a veces mece

morando custodia.

Sin llegar a trece.

Su abuelo salmodia

 

La niña es salero

canta el florilegio

de ese lisonjero

siendo un privilegio.



E.Moreno

junio 2024.


jueves, 30 de mayo de 2024

Montserrat, monte dentado.

 









De vez en cuando efectúo

a Montserrat mi visita.

Es un gesto que fluctúo

con sensación exquisita.

 

Mi recuerdo perpetúo

y mi razón deposita.

Todo lo que yo puntúo

y mi pauta necesita.

 

De chiquito lo sitúo

como inicio que transita.

Así en mi piel yo tatúo

con mi fe que no oposita.

 

A Montserrat acentúo

con la virgen que musita

y elimino y exceptúo,

ese error que incapacita.

 

 


Visitando la Basílica de Montserrat, después de tantos años de no hacerlo, pude disfrutar de mucha y buena compañía. La primera del compromiso en saludar a la “Moreneta”. El estupendo tiempo caluroso que nos brindó la naturaleza y del viaje en transporte público y a la vez, por qué no decirlo presenciar con pena, la falta de educación que suelen tener algunos de los viajeros en los medios de traslado.

Ahora como todo vale, pues casi te la juegas; si llamas la atención al que comete faltas graves de urbanidad.

Sin embargo, es que en no pocas ocasiones la paciencia se agota y te consume por dentro.

Como el relato va del disfrute me ceñiré a mostrar alguna de las fotos que pude tomar y de lo bien que lo pasé, encontrándome primero con los recuerdos de mi juventud, de la bondad de la climatología y de otras cuestiones que por aquello de la privacidad me las reservo.

Hacía años que no ascendía a la montaña sagrada, y mira por dónde se presentó la oportunidad de hacerlo, y allí nos fuimos.

Con la paciencia de tomar el Carrilet en Sant Boi hasta Monistrol y allí empalmar con el tren cremallera que nos subió como siempre hasta el complejo, para poder visitar la zona y entrar en la Basílica a ver a la Virgen Morena.

Calor. Parecía ser mes de julio por lo menos. A pesar que los meteorólogos habían pronosticado lluvias y ventoleras a tener en cuenta. No fue así.

El sol lució durante toda la jornada y gozamos de su benevolencia. La zona estaba rebozada de rigor y dulzura, y atestada de personas originarias.

De otras que venidas de latitudes lejanas se rinden en el altar de la Basílica, con fervor ante la fe que les subyuga. Detalles que no dejan de ser muy bonitos y delicados, sobre todo en estos tiempos de la inteligencia artificial que todo lo muta y lo allana hasta límites insospechados.

 

Recuerdo la primera vez que visité Montserrat, era muy niño y me llevaron mis padres en una de aquellas calamitosas excursiones que solíamos hacer, tirando de la cesta con la comida, y las gaseosas que llevábamos para pasar la jornada. Una expedición de nervios ya que íbamos varios chiquillos en edad de corretear y hacer poco caso a los mayores.

Nostalgia que el recuerdo me retrae y por ser poco frecuentes, resuenan con la casi nitidez de la edad párvula.

Después llegaron tiempos en los que como ahora, eres la persona que enseña y explica las curiosidades del lugar emblemático. O sea, el Cicerone de turno, que suelo hacerlo con mucho gusto.

Aquí lo dejo documentado y si os falta “chicha” podéis entrar en la página de la Basílica o del entorno.

Un abrazo para todos y hasta pronto.















Rosa d'abril
morena de la serra
de Montserrat
al cel.


Mayo de 2024.
Autor: E.Moreno

lunes, 27 de mayo de 2024

Patinando en firme.

 








De patinar sobre ruedas ninguno de los dos sabía. Aunque se esforzaban en mejorar yendo a practicar a la pista en las instalaciones deportivas de la ciudad. Excusa que se inventó la joven, para poder estar cerca del amigo, al que igual pretendía y lo preparaba para llevarlo de su mano al éxtasis. Dándole de beber del agua que ella sabía proveer, dejándole palpar aquello que Lola, protegía en ciertos momentos y si podía, llegar a enloquecer al patinador con su olor y feminidad.

 No era una obligación, y se lo alternaban, siempre en domingo. Cuando coincidían y reunían aquella moneda de dos cincuenta de peseta, (Los llamados dos reales), que era el coste del boleto al pabellón. No era una cantidad exagerada, pero al estar en la edad de estudios. Debían mirar por su economía, para poder llegar a final de mes y seguir disfrutando de su escasa libertad.

Así comenzaron a disfrutar, sin poder llegar a más, y no por falta de las ganas de Lolita en que aquello comenzara a tomar enjundia.

Germán no preveía lo que Dolores preparaba y se dejaba llevar mirando furtivamente entre el escote que ella cada vez lo bajaba más, para que el muchacho perdiera el oremus

Ella era algo mayor que el rayuelo, pero apenas se notaba la diferencia física, por ser muy corta la distancia entre sus fechas de nacimiento.

Donde existía trecho diferencial era en la experiencia mundanal, en la picardía y en la práctica sexual de la agraciada morena.

 Era todo tan natural. Se lo ponía tan fácil, lo acariciaba tan discreta, que el muchacho no había apreciado la urgencia que tenía la chica en verse con más frecuencia fuera del complejo deportivo, y que despertara súbitamente en él una pasión descontrolada y la encimara como un poseso.

Sin querer perder tiempo Lolita, le propuso al amigo, cambiar de deporte por una vez y en su próxima salida, la llevara a la playa, para así con su ayuda hacerle perder el miedo y sin susto la enseñara a nadar. Sin necesidad de espanto ni desconfianza.

Conociendo ella el lugar preciso, el sitio ideal, por haber ido otras veces, a ilustrarse con la natación.

No era un sacrificio llegar a la ribera. Estaba muy cerca de su domicilio, siendo un viaje agradable hacia la maravillosa playa.

Existía una cala escondida, con arbóreos de yuca que resguardaban a los bañistas de los mirones. Poco profunda donde Germán podría darle el apoyo y la ayuda necesaria para aletear entre las olas como si se tratara de una sirena.

 Dolores, era una chavala, preciosa y poco cultivada. Con la juventud que atesoraba ya hacía cuatro años que servía en casa de Don Eustaquio Lorente, el farmacéutico del laboratorio Cruces de la localidad. Haciendo encargos domésticos y atendiendo a su esposa en el cuidado de sus hijos y las labores caseras.

Ella provenía del seno de una familia poco estructurada, donde careciendo de culpa, había presenciado no pocas experiencias más o menos trágicas en su casa.

Hija de padre alcohólico, que laboraba en hurtos y descuidos cercanos. Cuando no en desfalcos de importancia por lo que había estado preso en varias ocasiones.

La madre Leocadia, una mujer entregada fue siempre la encargada de sacar a la prole de los hijos hacia adelante. Siempre con el miedo que alguno de ellos, siguiera el camino de Jesús.

Por lo que todo lo que le sobrevenía de parte del farmacéutico, lo daba por bueno, sin que la mujer de este lo supiera. Y aprovechando esas labores caseras la muchacha había aprendido más que a nadar a guardar la ropa, sin poder explicárselo a nadie y teniéndoselo que tragar.


 

Aquella mañana tomaban el trenecillo que los llevaba a la cala de la pasión. Germán vestía unas deportivas con pantalón y camisola fresca y Lolita, un conjunto de algodón veraniego amplio y holgado que transparentaba su piel agitanada. Las braguitas que llevaba debajo de las enaguas con el mismo tono que el vaporoso taparrabos revelaba un deseo inconfesado por desear estar dentro de la normalidad. Con alguien que a ella le agradaba y del que poco a poco se colaba.

Puntuales se saludaron con un gesto de cejas y moviendo poco la cabeza, sin llegar a palparse con las manos, se ungieron con la vista. El muchacho se le acercó con idea de besarla, pero no se atrevió. Jamás lo habían hecho. Ella tampoco quiso adelantar gestas.

Le preguntó muy conciso, qué clase de excusa les había puesto a sus padres, para salir tan temprano en un domingo y ella, se limitó a encoger los hombros. Como respondiendo que no les había importado absolutamente nada, que saliera o que se fuera.

Lola también quiso saber qué clase de excusa, mentira o motivo aludió para salir de madrugada y Germán, le dijo que iba a la playa con Lolita. A enseñarle a nadar y a intentar desterrar el miedo que sentía por el mar.

El muchacho previsor, le pasó un hatillo, donde llevaba panecillos, canapés y embutidos y un par de bocatas bastante generosos, para que comieran ese día los dos amigos.

Diciéndole las bebidas ya las compraremos en cualquiera de los tenderetes del lugar.

Lolita, también aportó algún detalle, que prefirió no descubrirlo de momento. Asegurándole que era una insignificancia, pero asentó.

—Será lo que nos permita disfrutar de la jornada, sin prevenciones, miedos ni excusas. Siempre que te dejes llevar por mí.

 


Ya encima de la arena, bajo un espeso de yuca tropical de la playa, Germán se despojó de la indumentaria. Solo tuvo que quitarse los vaqueros que cargaba y se quedó con su bañador de pernera. Arremolinó la ropa junto a una de las grandes piedras que acercaron en el arbóreo elegido donde se iban a amoldar. Sirviéndoles para apostar sobre ellas los bocadillos y la botella de agua fresca que compraron.

Esperó a Lolita, se desvistiera para ir a recibir justo en la orilla, el sol y que las olas rompieran sobre sus cuerpos en aquel día sofocante.

En aquella zona, los bañistas que tomaban el sol estaban bastante alejados del lugar donde la amiga escogió para su baño. Así que, sin ningún tipo de precaución, se quitó el vestido y se quedó completamente desnuda frente al amigo, que se la miró con agrado y no dijo absolutamente nada.

Se congratuló para mostrarle los atributos de su piel provocativa. Alzándose sus pechos y apretándolos con ambas manos, como diciéndole, ¿Te gustan? Mientras le miraba, con lascivia por debajo de la cintura.

Se calzó y ajustó la braga del bañador sin necesidad de ayuda, pero se las volvió a quitar para darle más morbo a un Germán que estaba disfrutando. Sin más se agachó y con la prenda en la mano, invitó al mirón que se las ajustara en su cintura. Solicitando cariñosa, más ayuda impostada para que enlazara en la espalda los cordones del sujetador.

Torpemente el chaval, tocó los pechos de la desesperada Lolita y antes de pedirle perdón, ésta; le cerró los labios y musitó.

—Que gusto me da, sentir tus manos en mis senos. No sabes lo que te espera.

 

Fueron sin mediar palabra a la orilla y Lola entró en el agua como una sirena, sin pedir ayuda. Nadando perfectamente y dejándose llevar por la marea.

—No decías que no sabías nadar. —Preguntó sorprendido.

—Yo siempre digo muchas cosas, para conseguir otras. —Le advirtió la niña lozana.

— Confía en mí, si quieres ver las estrellas y suéltate la melena

Entró tras de ella en el agua y ésta le rogó de forma romántica acariciando sus nalgas.

Instrúyeme. ¡Por Dios! ¡Creo que podría ahogarme!

 Recibió su primera lección, que a ella le supo a gloria celestial, tan solo por la forma de agarrarla para que supiera en que pose debía bracear con las extremidades superiores y ahondar con las inferiores. Controlar esa cadencia necesaria de sus ancas y el tiempo para jadear en distancias cortas.

 Volvieron bajo la yuca a descansar, y al reclinarse sobre las toallas Lola, se despojó de su bikini, quedando en colitates. Completamente desnuda sobre el molludo paño, que serviría para secarse una vez concluyera la lección teórica del nadar sobre firme.

 

De su bolso extrajo una caja de preservativos. — Te dije que era una insignificancia, del resto de mis palabras seguro las recuerdas sin más.

Cumpliendo así aquel detalle escondido en un principio que no quiso desvelar, cuando le participó al joven que ella también aportaba deseos inigualables en lugar de comida. Evitando así el miedo y guardando las prevenciones.

Lo invitó a hacerla feliz.

Gozaron todo ese día, confesándose secretos y anhelos.

Jamás volvieron a calzarse unos patines los domingos por la tarde.

En ningún tiempo aprendieron a patinar sobre ruedas.

Distanciándose muy mucho desde entonces, hasta que pasadas unas semanas Lola desapareció de la zona para siempre.

Cuando Germán preguntó por ella, Leocadia, la madre le comunicó muy contenta que su Lolita se había casado y se había mudado de residencia