domingo, 6 de septiembre de 2020

Por la vereda.

 


Camino en paz por la vereda plana,

igual estoy llorando mis silencios.

Sin que nadie lo sepa. Llantos recios

por tu descubrimiento, al ser mi aduana.


Pueblo mío secreto, no fue vana

la ilusión, de ser tu hijo sin renuncios.

Sin necesidad de airear anuncios

y al mundo demostrar, que eres mi gana.


Que soy de ti, de tus aguas y tierras,

de tus aires y hierbas, gusto a cobre.

De tus tenues sabores, porque encierras.


mis pasiones, que vuelan alto. Encumbres,

en el valle de nobles, que destierras,

a veces, con despecho, por zozobres.















sábado, 5 de septiembre de 2020

Otro punto al final.

 








Dicen; que nada dura inmensamente,

aunque yo; no comparto. Ni lo pienso.

Mi recuerdo. Si es propio es tan inmenso,

que ha de sujetar, a toda mi mente.


Lo que caduca, no vale, ¿Es un ente?

A eso no le podemos llamar denso,

ni considerar útil. Indefenso

Es un modo de hablar, común, frecuente.


Para afirmar, que lo importante dura,

es confiar, y al final llega y destella.

Es la huella, que deja en su andadura.


No me pidas que la olvide. ¡Es ella!

Es mi tiempo, mi vida, toda hondura.

Imposible no ver lucir, su estrella





martes, 1 de septiembre de 2020

A todo le llamamos destino

 


Con la de prosperidad que se había respirado en el pueblo en los años treinta, que por tener, hasta Juzgado de Primera Instancia tenía. No le faltaba a la villa de nada. Incluyendo el ambiente de abundancia que se respiraba. No escaseaba absolutamente nada de lo necesario, y muchos pueblos de alrededor, para gestionar sus compromisos, tenían que desplazarse hasta aquí. El banco nacional, el médico, la Asociación del Casino, el Cabaret, entonces llamado La Casa del Lenocinio, y la farmacia regentada por Serapio, el amigo servicial que vivía en la calle Mayor.

Desde el final de la guerra hasta nuestros días. Todo se ha venido abajo, hemos ido perdiendo a los jóvenes y ahora, no hay casi gente, los pocos que quedamos somos viejos, y claro si no hay trabajo la gente, se va a la gran ciudad. Motivos sobran para explicarlo, la falta de trabajo es ausencia de prosperidad y de independencia económica. Esas máximas le decía Fernando a su nieto Aaron, haciendo un poco de su historia vivida y un poco decepcionado por como habían actuado, dos de sus tres hijos.

Conversaba, presumiendo en conocer las carencias que comenzaban a ser notables en aquella localidad—Si no fuera por éstos, que vienen comprando casas viejas—expresó de una forma despectiva, Fernando—y las reforman, para venir los fines de semana y dedicarlas a segundas residencias. ¿No sé yo! De qué viviríamos—manifestaba Fernando a Aaron, que les había visitado por Semana Santa, procedente de una de las ciudades más punteras del país.

Con su carrera de periodismo, recién acabada, y con un ansia inusitada en buscarse una historia fenomenal, que al volver de donde venía fuera el punto de partida como investigador naturalista, narrador de cuentos de ultratumba o quizás, reafirmarse en su editorial y dejar la sección de publicación de necrológicas y pasar a ser titular como corresponsal en cualquier país extranjero.

Una vez había consumido sus tardes detrás de su abuelo, y sacale toda la historia que sus recuerdos reservaban, quiso averiguar aquello que su padre, siempre le había ocultado y cada vez que Aaron; se interesaba por esos detalles familiares, sin darle continuidad, ni contestar.

Derivando hacia otros derroteros la incógnita, sin darle la más mínima explicación. Mutando el interés por aclarar conceptos.

Abuelo, nadie me destapa los motivos por los cuales mi padre dejó el pueblo, con la de posibilidades que tenía, según todos cuentan. No sé, en qué se basan, pero, quiera asimilar la verdad, y la de ventajas venidas por tu herencia, posesiones y patrimonio.

¿No te ha referido nada tu padre, en todos estos años?—le preguntó el abuelo.

A la vez que se miraba a Aaron de forma apenada. Viendo que esa familia, se deshacía fuera de las fronteras del pueblo.

¡Pues no! Cada vez que le toco el tema a padre, parece que no quiera contestarme y creo que merezco una explicación, primero por ser su hijo y después porque no lo llego a entender.

Tu padre—le instó. Jamás se enfrentó conmigo, ni yo tengo ninguna clase de rencor con él. Es mi hijo y respeto sin chistar, tras la decisión que tomó. Extraña, dado en un hombre, que preparado con estudios no estaba, pero tampoco le agradaba trabajar el campo. Ni aceptaba gobernar la granja de gorrinos, que mantenemos con unas ganancias importantes desde hace sesenta años.


Tu abuela, aún está esperando que vuelva y creo que no lo hace por orgullo—Dejó la verba, Fernando y tomó aire, para proseguir—Después del acto de presentación de la Reina de aquel año, junto a su novia de toda la vida. Que aquel año la Coronaron como Reina.

Vimos que sufría un cambio de proceder, que no era grave, debido a la juventud.

Ya prometidos formalmente en el año de su mayoría de edad, transcurrió algún tiempo de alegrías, fiestas, <idas y venidas en la peña, con muchas risas y promesas, cuando se marchó al ejercito, a la “mili”.

Cuando lo licenciaron ya no vino a ocupar su lugar en el pueblo. Se presentó a decirnos, que quería empezar su propia vida en la ciudad, romper con su chica y huir. Se colocó en una cadena de montaje de accesorios de una empresa Multinacional de autos y allí permaneció.

Después nos enteramos que se casaba con tu madre y como sabes aquello no fue duradero. Tras el bodorrio que se montó en la orilla de la playa.

Podemos dar gracias—y no se lo digas—que de vez en cuando nos viene a ver. Tenemos una relación buena, un tanto discreta y pidiéndole al cielo, que después de cuarenta y tantos años, vuelva a casa, aunque sea en el tiempo del turrón, para quedarse definitivamente tras su jubilación.






lunes, 31 de agosto de 2020

Cuando se despide Augusto

 




Cualquier todo, caduca en finiquite.

No suceden hazañas que yo, siembre.

Espero el tiempo del fresco, en noviembre

porque mis fechas, van con su remite.


De nuevo treinta y uno, así se omite,

la desgana de algunos en quejumbre,

y aunque quieran negar, su gran herrumbre,

desde ayer todo es apto, se permite.


Agosto se acabó, en San Ramón,

final del mes, calor, y campanadas.

Confiando en la vacuna y el jamón


Antídotos del mal, bravuconadas

y San Ramón dará fin, por mamón,

al ser patrón de todas las preñadas.





Felicidades a todos los Ramones y Ramonas

a los nacidos en este día 31 de agosto, que

tan buenos y raros recuerdos me evoca.

Felicidades y sed muy felices.











sábado, 29 de agosto de 2020

¡No! De momento, no.

 



Aquel ruido del motor le llevó a la noche de los hechos.

Volvieron a nacer los cinco que iban en el 850 especial. Regresaba de un: «Ya nos veremos»

Se ausentaría durante un tiempo, ingresaba a filas en el Ejército.

Cumplía con la norma. Lo exigido en aquella época. «A la fuerza, ahorcan»

Era una ley solo para varones, desde el nacimiento.

No podía evadirse, ni del ingreso a filas, ni del ¡adiós!, a su irradiada familia. Estaba escrito en su destino, que aquella noche fuera trágica.

Aquel joven, no poseía nada, ni siquiera experiencia para afrontar lo que se le venía encima. Se vivían tiempos de verdades a medias y de incertidumbres todas.

Pasados los años—aún lo recuerda—, que la muerte, se paseó dentro de aquel utilitario, y no quiso llevarse a ninguno de los ocupantes.

Después con el tiempo tomaron sus derroteros y todos, siguieron con sus vidas.

Ahora el joven, en la tercera edad. Sigue sufriendo por aquellas vivencias.

Jamás enterrará los chorros de luz chillones, hasta cegarlo y el extravío del conocimiento, al volcar el vehículo.

Oscuridad, después del mundo de luces del vehículo, tras la colisión.

Últimas luces, que alojándose dentro de su mente, le permitía ver su posible defunción, pasándole un resumen de su trayectoria, en secuencias. De lo que fue su paso, por este santiamén, llamado «vida»

Vestigio, que repasó a vuela pluma, poco antes del impacto. Instantes antes de los gritos y las heridas en el cuerpo, de la sangre que producía toda su hemorragia, que a pesar de lesionarle profundamente, no quiso llevárselo de momento.

Cuando abrió los ojos, habían pasado cuarenta y ocho años y su nieta le preguntaba, yayo ¿Me has traído los cinco regalos, prometidos?





martes, 25 de agosto de 2020

Cuando coincide el final

 

La abuela se había quedado viuda, y sin ganas de existir. Sumado al poco apego y ningún cariño que le tenían las compañeras sentimentales de los hijos, y nietos.

A Melitona se le presentaba un futuro, corto, incierto, y demasiado infalible, tanto que todos lo preveían, en poco tiempo.

De haber querido vivir y disfrutar, de todos los posibles que tenía, si se hubiera buscado amigos, y la prisa por llegar a la «parcela de los mudos», no le hubiese exigido acudir cuanto antes. A más de uno hubiera jodido bastante. Tomar un camino diferente a los dos que existen. Era acertar.

El primero en el algoritmo de las posibilidades podía ser; comprarse vestidos nuevos, zapatos, salir al cine, con las amigas y compañeros, visitar los teatros de la ciudad, ir de vacaciones a Benidorm, o la Conchinchina, acompañada de los roces del tío Fulgencio, y bailar la melodía de «la Macarena» Aún y a pesar del colesterol.

Darse sentido homenaje, con cuantos caprichos, le enamoraran. Disfrutar en el restaurante de la esquina. Ese tan descarado llamado la «Concha afeitada» y reventar al mundo con alegrías, o ponérselo por montera. 

Tomó el barbecho, que posiblemente mejor la llevaba a la tristeza, a no comer porque engorda, a no pensar porque es pecado, a no salir por no caerse. No disfrutar del cine, porque es muy caro. Ni participar de excursiones, porque son exuberantes y generan demasiada felicidad.

Eligió la segunda opción, ésta que no satisfacía a nadie. Dando a cada instante las quejas más amargas del mundo a las nueras.

Buscando a la vez los «tres pies al gato» para sembrar de dificultades la armonía de la familia.

Despreciar y corregir de forma desmedida, a las madres de sus nietos. Poner cizaña entre ellas y los maridos, y a los hijos amedrentarles. Herirles sin justicia y sin miramiento, buscando todos los dilemas imaginables.

Comparándolos siempre, con las venturas de su difunto padre, que en gloria esté y desmereciéndolos, como si se tratase de unos maridos muy calzonazos.

Nadie hacía caso, a mamá Melitona, y ella para ganar la atención y joderlos un poquito más, comenzó a tener accidentes, que ella misma se provocaba.

El pasado viernes Santo, ¡Por Dios! Llévame al hospital, ya en Urgencias toda la noche, y la semana pasada, caerse por las escaleras, como las del pasillo son bajas, pues cambiando las cortinas, se dejó caer la abuela del tercer escalón. Hasta que, rizando el rizo. Se pinchó deliberadamente con unas tijeras y el propio medico, les acusó de malos tratos, a los familiares, en referencia a la pobre anciana.                                                

Descubriendo en el interrogatorio, que las heridas, se las había provocado Melitona, para que su hijo y Manuela, su mujer, no pudieran ir a ver la película de estreno que pasan en el Waldorf Cinerama.

Tan mala sombra tuvo el desliz de Doña Melitona que los doctores aconsejaron ingresarla, en la Residencia de la Paz para Desquiciados, por ser agresiva y padecer del síndrome de autolesionarse. Debido a constantes trastornos graves.

Derivados por disfunciones cognitivas y de personalidad.

Una vez que parecía recuperarse, la mantenían controlada y poco a poco volvía a ser la Melitona, de siempre. Con su corona de reina.

Enfermó por el Covid y duró diecinueve días. No pudiendo despedirse de nadie, por las medidas cautelares del centro de salud.








domingo, 23 de agosto de 2020

Aires de vanidad

 


Perfecto idiota es, aquel que mira
por encima del hombro, a la gente
sin tratarla, y sin ser muy diferente.
Maltratando, y así se nos estira.
Ese ego dócil que no ve, y remira
a contra luz la falta deficiente,
que usamos al tratar por exigente,
a ese prójimo, que no nos admira.
.

No nos admira, porque le desaira
esa actitud negada y prepotente,
que peregrina, de forma insolente.
Sometiéndole como el viento gira.
Por inmerecimiento y por mentira,
que sobre ellos, vertimos normalmente,
pretendiendo después, ser tolerante,
y que nos traten con calma y sin ira.
.

Quizás es, porque aún, la gente aspira,
a ser más normal y más consecuente,
y no mirar, color ni descendiente.
Ni raza, ni país; del que respira.
El mismo aire que yo, ¡Así transpira!
Si es del norte o del sur, o de ahí enfrente.
Si es bajito o persona muy valiente.
Es humano, por lo tanto, retira.
.

El insulto que piensas porque expira,
ayúdale a ver su fin tan presente,
y sin ser una carga, referente,
destapa tu amistad que no conspira.
.
.
Yo probé aquel regusto, en Cachemira.
Vilipendiado fui, como insurgente,
y cuando sembré la espiga y simiente,
del tolerar. Vi cómo se delira.
.
.




domingo, 16 de agosto de 2020

El instante de un sueño.

 



La noche pasada: ¡Mejor dicho y siendo más conciso!

¡Anoche! Soñaba con tus olores, perfumes y carnes. Fantaseaba contigo.

Te notaba desairada, como nunca te había detectado, y eso, que sueles ser bastante opaca y discreta, pero aun y así me hice el disimulado y te seguí el juego en mi sueño.

Ahondando aún más, pero siguiendo el consejo de mi criterio, y estando, como digo tan dormido o sea. Dentro de mis elucubraciones: ¡Callé!hice una pausa dentro del sueño y sin despertarme seguí elucubrando—Seguro que pensarás—: « y porqué este tipo no me dijo ni media »

Pues verás, porque a veces, hacemos cosas, sin razón que con el tiempo, nos arrepentimos de no haber procedido y después es tarde.

Sin embargo no sabía como gestionarlo. Yo; realmente estaba dentro de lo que llaman un alucinación. Sin poder casi ni menear un músculo de mi cuerpo. Ni por supuesto salirme fuera del guión de ese sueño tan pesado y prolijo.

Detalles, que por otra parte, jamás te he comentado. Por no tener que soportar tus manidas displicencias durante un mes.

Tan desajustada te encontré, que inclusive pensé «que lo estabas pasando mal»

Preferí dejarlo y no escarbar.

Cruzar de puntillas por esos vafos, bostezos y recovecos de tus suspiros y despertar en forma natural, cuando me llegara el momento.

Seguía soñando y me vi tendido desde mi cama, cuando me levanté y acerqué sigiloso mi cuerpo a la ventana.

Veía la avenida. Una vez icé la persiana. Observé las aceras mojadas por la humedad tras la prolongada lluvia de la noche. Las farolas con esas nuevas bombillas led, tan resplandecientes y blancas en su franquía dibujaban la realidad.

Un ambiente preñado de una atmósfera panorámica, silente y exentas de realidad.

Por la hora del crepúsculo, la vía estaba inerte. Ni una sensibilidad ocupando aquella avenida ancha y sin sombras.

Todos los umbrales y ventanas yacían sin iluminación. Miré de reojo el despertador eléctrico y señalaba una anotación leve y breve.

Las tres y durmiendo profundamente, volví a mi espejismo y me sobresalté. No podía siquiera palparte.

Volvieron de nuevo aquellos perfumes tuyos, tus enfados y tiranteces.

No podía moverme de mi estado semejante a lo que se conoce como catatónico.

Pasó por mi mente, un estado de embriaguez, como si estuviera poseído, como si estuviese dentro del cuerpo de un moribundo, que espera de un momento otro sucumbir.

De pronto, fuiste tu la que te acercaste y me dijiste, muy seria y con un tono de voz que jamás te había escuchado. ¡Adiós! No me sigas, olvida que me has conocido, soy etérea, estoy vacía y pertenezco a tu sueño.

Yo desde mi postura, la que me permitía aquel sueño, que me atrapaba; le dije—Yo no sé quien eres.

Aquella silueta, discreta y conocida, podría ser mi sombra. ¿Por qué otra cosa? No podría entenderlo













viernes, 14 de agosto de 2020

En la edad media, siglo XXI

 





Van cayendo las canas todas blancas,

aterrizan cabellos grises flojos.

Se queman lustros como los rastrojos,

que inundan mis goteras, que son francas.


Aparecen en la piel manchas, y marcas.

Se deshace el pincel colirio de ojos,

y algunos, hasta ven grandes antojos.

Incumplidos detalles, que no abarcas.


Tantos años me agarran, y tu encharcas

el pecho de caprichos. Todos flojos,

esperando soplar tallos de hinojos.

Recibiendo agasajos que no enmarcas.


Cumplo y quiero seguir viendo patriarcas,

vivir como hasta ahora, sin anteojos.

Disfrutar de cabellos pelirrojos,

morenos y muy blancos en mis barcas.


Gracias felicitando a ti que aparcas.

En agosto, con tus claros sonrojos.

El catorce de agrado, y sin despojos.

Con tu gracia, sin par, en la comarca.


Te acordaste de mis grises albarcas

y yo; de mis amigos, con arrojos

Esos, que andan derechos, y los cojos

porque para mi todos sois jerarcas.


Al cielo sugerí, desde mis charcas,

permiso para huir de mis enojos.

Comprendiendo, que no valen cerrojos.

Disfrutando a lo lejos si te acercas


















jueves, 13 de agosto de 2020

No queda claro

 





Difícil resistir. Tiempo fingido

un despecho de afecto. Más auspicio

Se distancia el ardor, será un suplicio.

Sin atisbar los ojos afecto pido


Pasando los veranos, confundido,

buscando en mi sofoco un gentilicio.

Encontré mi melaza por resquicio,

siendo todo esto, bulo desmentido.


El cariño se va. ¡Como libido!

Las carnes se repelen en silencio.

El tiempo cobrará, sin más aprecio,

mi fuga de atracción. Quedé fundido.


Es natural, y me siento asistido,

la libertad es grandiosa, y la acaricio.

Aunque no es mi deber, ni sacrificio,

las formas son así. Soy atrevido.


Me brindo saludable, muy erguido,

hasta el próximo achaque, buen indicio.

Estoy siendo sincero, ya sin vicio

mi verdad es resultante, y yo vencido


No me preocupo, lo tengo asumido.

Si alguien se entera, pues niego el servicio,

y si no se descubre, te acaricio

y no cambio mi sueño. Complacido.