Recalaron aquella
pareja de vividores en el mundo de la farándula.
Eran dos sinvergüenzas
asilvestr5ados, pero nada delincuentes, gente poco cultivada, que precisamente
les escaseaba esa vergüenza aludida.
Y dada la
falta de oportunidades laborales convenientes provechosas para ellos—manifestaron
en su momento—, aquellos amigos, Conrado y Saúl.
Como podrían
evitar el doblar demasiado el lomo y mantener sus vicios sin engañar a
compañeros y patronos, encontrando un curro.
Precisamente
por la falta de oportunidades que se daban en la ciudad, todo sobrevenido por
unas decisiones políticas nada aprovechables para el pueblo. Dejando a según que
artesanos sin la consecución de cualquier trabajo o, la ocupación necesaria. Que
fuera honrada y les mantuviera vivos.
Sin lloros sin
rasgado de vestiduras se decidieron a explorar lo innato que parecía poseían. Algo
inherente que guardaban en sus personas, que nunca antes nadie descubrió y
desde entonces trataron de aprovechar.
—Oye… tío, vamos
a ver qué pasa. Otros con menos gracia actúan y comen, aunque sea poco… pero
comen. ¡Como no vamos a comer nosotros!
Parece tenían
un don artístico que se vieron obligados a descubrir, tan solo por el vicio de poder
seguir comiendo.
Los habían
despedido de la carpintería donde trabajaban. Porque el dueño, el señor Luján, había
llegado a su jubilación y cerraba las puertas del taller, sin herederos, y sin
que nadie continuara con el tajo. Quedando los cinco empleados en lo que se
llama la puñetera calle.
—¡Sí! Es
verdad—dijo Saúl—Cobrando el desempleo y la poca indemnización, que nos pertenece,
pero, en el pacto del hambre. ¡y después qué!
Tras unos
meses buscando denodadamente y sin oportunidades, Saúl le planteó seriamente a
Conrado un pensamiento.
—Mira,
hemos de tener mas cara que espalda y atrevernos a probar—se detuvo para explicar
con detalle a su colega, que le escuchaba desesperado.
—En el
garito los chueles. Ese de la carretera entre Los baños y Lucerna, buscan gente
que les entretenga la parroquia, en las noches de mucho tufo. Haciendo el mierda,
con diálogos graciosos. Cantando, explicando chistes o meneando el body.
—No me
estarás proponiendo que nos pongamos delante de un escenario por cutre que sea,
a trabajar explicando chorradas y tocando la guitarra y el acordeón mientras
cantamos las canciones que interpretamos en los bautizos y bodas. ¡No me jodas!
—Eso es lo
que te propongo, tener los suficientes tacones, para intentarlo—debes estar
loco, le anunció Conrado a Saúl, descojonándose y siguió, —Tú te crees que
porque ganamos el concurso en la tele del barrio, sobre el chocho de artista
por un día, somos mejores que Frank Sinatra.
Continuará….
Tomaron su decisión,
tras ganar un concurso
Motivo y repercusión
que les puso en marcha para ganar unos euros.
Divertían a
la gente en discotecas, en baratos, y bingos del contorno, hasta que un
mexicano que visitaba la zona de clubs vio su morbo y
Espera que
acabe. gracias

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