domingo, 6 de septiembre de 2026

Quién da más

 


Recalaron aquella pareja de vividores en el mundo de la farándula.

Eran dos sinvergüenzas asilvestr5ados, pero nada delincuentes, gente poco cultivada, que precisamente les escaseaba esa vergüenza aludida.

Y dada la falta de oportunidades laborales convenientes provechosas para ellos—manifestaron en su momento—, aquellos amigos, Conrado y Saúl.

Como podrían evitar el doblar demasiado el lomo y mantener sus vicios sin engañar a compañeros y patronos, encontrando un curro.

Precisamente por la falta de oportunidades que se daban en la ciudad, todo sobrevenido por unas decisiones políticas nada aprovechables para el pueblo. Dejando a según que artesanos sin la consecución de cualquier trabajo o, la ocupación necesaria. Que fuera honrada y les mantuviera vivos.

 

Sin lloros sin rasgado de vestiduras se decidieron a explorar lo innato que parecía poseían. Algo inherente que guardaban en sus personas, que nunca antes nadie descubrió y desde entonces trataron de aprovechar.

—Oye… tío, vamos a ver qué pasa. Otros con menos gracia actúan y comen, aunque sea poco… pero comen. ¡Como no vamos a comer nosotros!

 

Parece tenían un don artístico que se vieron obligados a descubrir, tan solo por el vicio de poder seguir comiendo.

Los habían despedido de la carpintería donde trabajaban. Porque el dueño, el señor Luján, había llegado a su jubilación y cerraba las puertas del taller, sin herederos, y sin que nadie continuara con el tajo. Quedando los cinco empleados en lo que se llama la puñetera calle.

—¡Sí! Es verdad—dijo Saúl—Cobrando el desempleo y la poca indemnización, que nos pertenece, pero, en el pacto del hambre. ¡y después qué!

Tras unos meses buscando denodadamente y sin oportunidades, Saúl le planteó seriamente a Conrado un pensamiento.

—Mira, hemos de tener mas cara que espalda y atrevernos a probar—se detuvo para explicar con detalle a su colega, que le escuchaba desesperado.

—En el garito los chueles. Ese de la carretera entre Los baños y Lucerna, buscan gente que les entretenga la parroquia, en las noches de mucho tufo. Haciendo el mierda, con diálogos graciosos. Cantando, explicando chistes o meneando el body.

—No me estarás proponiendo que nos pongamos delante de un escenario por cutre que sea, a trabajar explicando chorradas y tocando la guitarra y el acordeón mientras cantamos las canciones que interpretamos en los bautizos y bodas. ¡No me jodas!

—Eso es lo que te propongo, tener los suficientes tacones, para intentarlo—debes estar loco, le anunció Conrado a Saúl, descojonándose y siguió, —Tú te crees que porque ganamos el concurso en la tele del barrio, sobre el chocho de artista por un día, somos mejores que Frank Sinatra.

 

Continuará….

 

Tomaron su decisión, tras ganar un concurso

Motivo y repercusión que les puso en marcha para ganar unos euros.

Divertían a la gente en discotecas, en baratos, y bingos del contorno, hasta que un mexicano que visitaba la zona de clubs vio su morbo y

 

Espera que acabe. gracias

 

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