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viernes, 30 de noviembre de 2018

Tener vocación...













He visto a mi preciosa niña rota,
la fiebre se la come. Es un juguete
en manos de la suerte y un paquete,
con un destino incierto que alborota.

¡No hay médicos!, la huelga es dura y trota
nadie se compadece del boquete
dejado en su salud con soniquete
y en su llanto por ser niña derrota.

Vergonzoso es dejar enfermos nulos
mientras algunos médicos reclamen
más dinero y en sus galas y bulos

presuman de salvar vidas y no amen
su deber el que juran en sus círculos,
que no es otro que el de curar ¡Amén! 






viernes, 12 de julio de 2013

Salud y estrella


Debía salvar el examen de salud, ese que cada año se practicaba después de haber pasado por aquel susto monumental, cuando la providencia le sirvió la parálisis sufrida y que casi no cuenta. Gracias pudo dar al cielo que lo atendió un colega en los vestuarios del trabajo, cuando se le presentaron los primeros síntomas y le llevaron directamente al hospital.

Perdió temporalmente el habla y la fuerza motriz. Sin embargo con su esfuerzo y los desvelos del logopeda pudo ir recuperándose cuando nadie daba por esta mejoría ni un céntimo.

Ahora le tocaba comprobar la próstata, análisis que cada año la Seguridad Social hace  a los varones mayores de cincuenta y cinco años. Todo obedeciendo a unos cálculos del riñón que le daban la lata desde ya hacía unos años.

Eustaquio, había acabado de pasar una infección renal y urinaria debido a estas piedrecitas del tamaño de una semilla que se le alojaban en las vísceras y que solía desprenderse de ellas con paciencia, dolor y fármacos.

Aquel día el médico, le suministro la receta y a las pocas fechas debía presentarse sin ingerir alimento alguno en la consulta de visitas externas del hospital. Detalle que tuvo en cuenta y no dejó se le olvidara, concluyendo aquellos análisis que debía presentar a su médico de cabecera.

En aquel tiempo a un amigo de la infancia le habían diagnosticado una arterioesclerosis  múltiple, y la verdad no tenía el cuerpo para zarandajas, él mismo tenia síntomas de que incubaba algo y no sabía a qué atenerse o, quizás fuera el miedo que se le presentaba cuando pensaba en lo que había pasado, en el poco ánimo que tenía para hacer el severísimo régimen que el doctor le había prescrito y las pocas fuerzas que ya le van quedando a las personas, cuando se van encontrando con una complicación tras otra.

_ ¿Qué me  pasa?_ se decía Eustaquio para sus adentros_, no sé que es, me encuentro raro, tengo miedo veo que me cambia la noche y el día, creo que no estoy bien, me da miedo pensar que otra vez estoy perdiendo salud. ¿A quién se lo digo que no le preocupe y me escuche?

La navidad de aquel año se precipitaba sobre el calendario, el tiempo no era demasiado crudo, el frío no atacaba de pleno y la lluvia, tampoco se establecía como demasiado caudalosa. De ningún modo se imaginaba lo que le caería encima sin derroche.

Con urgencia le llamaron desde el ambulatorio, para que imperioso se presentara, ya que el resultado de la analítica no era demasiado correcto. Un nivel de PSA alto le había sido asociado con un incremento en la probabilidad de tener cáncer de próstata. Un PSA de 4 nanogramos por mililitro para la mayoría de los hombres es lo normalizado, aunque va por edades y dentro de su franja lo normal hubiese sido estar por encima de 3.5 ng/mL. Lejos de aquellos guarismos, fue lo que asustó al cuadro clínico, ya que superaba con creces los 250 nanogramos.

Cuando llegó Eustaquio a la consulta, le dieron toda clase de facilidades para que fuese atendido por el urólogo que lo llevaba normalmente, y fuera de las esperas tan dramáticas habidas en los enfermos, por la crisis y el estado de la Medicina en el  país, le dieron visita ese mismo día. Con ello daba imagen de la premura con la que se estaban desarrollando los hechos.

Cuando el doctor Céspedes le visitó, le dijo que no había nada que ya se pudiera hacer, que es una enfermedad que puede tocarle a cualquier hombre y que el propio Eustaquio, llevaba todos los números en aquella ocasión. Le recetó un tratamiento de choque mucho más poderoso y brutal y que volviera pasadas las fiestas navideñas.

_ Como me lo monto yo ahora, para hacer buena cara con toda la gente que conozco, amigos, familia y demás. En Navidad, que todo el mundo está tan contento y feliz_ pensaba de retorno a su domicilio, sin perder la hechura y las formas y deshecho por otro nuevo achaque.

 

Sin dejar de darle vueltas toda la noche, amaneció aquella mañana, y se volvió a dirigir a su galeno de cabecera, el mismo que dos meses antes le había enviado medicación para deshacer sus piedras de riñón. No fuera que toda aquella poderosa química, tuviera que ver, con los niveles prostáticos dados en el resultado.

_ ¡Qué tal Eustaquio! ¿Cómo lo llevas? – le preguntó el doctor, al verle de nuevo y compadeciéndose de una forma educada con el paciente, que no entendía como tenía aquellos niveles tan altísimos de PSA, más altos incluso que los que pudiera tener un cadáver.

_ Mira doctor, yo no entiendo nada, pero recuerdas que me recetaste enmienda para deshacer aquellas piedras que no había forma de derretir y de echar. No tendrá que ver con todo este jodido episodio. Mira que no me fío de vosotros, a la vez que no puedo dejar de estar en vuestras manos y quisiera tener la seguridad de despedirme de todos mis allegados siendo realmente contrastado el diagnostico de cáncer y de fin de la vida.

Aquel doctor, no le costaba nada hacer un esfuerzo por complacer a Eustaquio, que llevaba en la cara, un padecer fuera de norma y decidido quiso adelantar por otras vías, para asegurar todo aquel expediente.

_ Voy a enviarte de nuevo a un ensayo más completo y certero, donde analizaran todas las variantes, además de una biopsia, para tener constancia y realidad de los hechos_ dijo aquel matasanos, que tenía sus dudas por cómo había ido todo el proceso y en la forma que se había sobrevenido.

Con presteza y sin pérdida de tiempo, se realizaron aquellos exámenes, con la premura que lleva el agobio y el trance para dejar de padecer, o de centrarte en las últimas voluntades, dado lo acuciante que son estas enfermedades concluyentes, que se te llevan al otro barrio, mas pronto de lo que imaginamos.

 

Todo había sido un mal sueño, un error, un padecimiento para Eustaquio, que se tragó unas navidades de padecimiento como nadie puede llegar a comprender, en silencio, con la certeza que eran ya las ultimas, que ya no habrían más villancicos, ni mas historias.

Los resultados del PSA, habían bajado ipso facto, dejando los niveles en lo normal y habitual para un hombre de su edad. ¿Fueron los analgésicos que le recetaron? para desintegrar las piedras, los causantes del episodio. ¿Fue la incompetencia de los laboratorios, que se equivocaron? y que los doctores no supieron leer. ¿Fue la nulidad de su facultativo? no recordar que le había prescrito para erradicar aquella infección renal.  

Fue una Navidad, inolvidable para Eustaquio. ¡Irrepetible!

Ojalá que cuando nos visiten según que matasanos, les prendamos en buena forma,  y completamente instruidos, sin errores.

lunes, 14 de enero de 2013

Trastornos Obsesivos



_Mire doctor, vengo solo a concertar una visita, no para mí; es para mi esposa,  sin embargo prefiero hacer esta consulta previa, sin ella, puesto que tiene un comportamiento un tanto raro y no quiero ponerla nerviosa.

_ Bien pues, antes que nada, hábleme de ella, que síntomas le detecta usted que es tan observador y cuando se los ha descubierto.

_ Mire usted, todos creo tenemos hábitos, en nuestra vida y alguna rutina que otra, como cepillar los zapatos cuando están sucios, peinarnos antes de salir a la calle. En el caso de mi mujer es algo extraordinario, tiene preocupación con el orden, simetría y balance con la exactitud, Necesita cerciorarse interminablemente de las cosas. Cuando vamos de visita a casa de los amigos, pasa disimuladamente la mano por encima de los muebles para revisar si están limpios, analiza si no han limpiado el polvo y eso me crea unos problemas descomunales con la gente, porque me doy cuenta que me están dejando de invitar a su casa, y ya comienzan a pasar de nosotros. Se los he detectado desde siempre, pero ahora se hacen inoportunos y cada día se notan más. ¿No cree usted que es una falta de educación?

_ Bueno, muy elegante y educado no es, ¿pero esto lo hace descaradamente delante de las personas?

_ Sí; por supuesto, y cuando le ponen algún refresco, el vaso, lo relimpia con la servilleta de papel, es un número. Doctor y a mí me pone de los nervios, pero no puedo decirle nada puesto que me da mucho miedo, me mira de una forma desquiciada tras sus gafas de pasta y después, la toma conmigo.

_ ¿Suele atenderse mucho?__ apuntó el médico__, quiero decir… es femenina, ¿gasta tiempo con ella, arreglándose? ¿Se cuida las manos y el rostro con cremas nutrientes? En definitiva ¿Se quiere?

No es una estropajosa, pero no suele llegar a esos extremos, se baña, se peina, pero no se acicala, no le gusta, a veces comenta que no le vale la pena; ¡no quiere!  Critica bastante a las presumidas, les regala calificativos groseros, en definitiva ella dice que la que se perfuma, se pinta, se mima, descuida la limpieza de su domicilio. Vive para poder enseñar la casa a los demás, para aclarar que es la más limpia.  No se depila, ni las piernas, ni el sobaco ni el bigote.

_ ¿Usted quiere a su mujer?  ¿Le importa ella?  __ Preguntó Morcillo, con retintín.

_ ¡Claro! Porque lo dice, me ofende su duda. El médico no respondió, siguió con su interrogatorio.

El doctor Morcillo, después de tomar unas anotaciones en lo que serviría después como expediente de Maruja, hablo con la enfermera y llamándola por el comunicador, preparó una visita para la esposa de Hernando__, señorita, por favor disponga de una visita para la semana próxima para__, ¿Cómo se llama su mujer?__, le preguntó el doctor Morcillo a su cliente Hernando Sobado__, se llama Maruja Martínez Sustancia_. El doctor con agrado preguntó si había escuchado el nombre de la paciente, a su enfermera y quedó establecida la visita.

Hernando salió de la consulta, bastante preocupado, porque observaba hacía tiempo que las cosas en casa no le iban del todo bien, y además ahora se enfrentaba a Maruja, una persona, altiva, engreída y arrogante, que vivía dedicada al trapo, al cubo de fregar y al tío Don Limpio un desengrasante para desinfectar, su cocina, su wáter y sus grifos. Pasar el plumero por sus figuras decorativas, el aspirador por sus alfombras de la india. Olvidando incluso en ocasiones el cuidado de su persona, de echarse cremita en las manos, de esa peluquería tan necesaria a la hora del tinte, del arreglo de las cejas y de la depilación cosmética facial, que olvidarlo tanto afea a las damas abandonadas.

No tenía idea, de cómo le iba a plantear que debía pasar consulta;  con el doctor Morcillo, igual podía camuflar la visita con la excusa tan traída y emergente de un análisis completo, para incorporar un régimen especial, el seguir una dieta mediterránea, que siempre tiene gancho entre las mujeres, por aquello de la celulitis y del peso excesivo. ¡Claro!   …pensaba; si no se pinta los labios, ni se gusta ella misma, para que va a querer, perder peso.

Algo tenía que rumiar para que le pudiese acompañar al consultorio del Doctor Morcillo. Tampoco sería desdeñable, el invitarla a que por su bien y su estética, pudiera pasar por la clínica para un estiramiento de la piel, o una corrección de la nariz, hacerse los labios más sensuales. ¡No dará resultado! continuaba en la búsqueda de excusas para sentarla frente a Morcillo__. hablaba en voz baja, para sí mismo Hernando__, Se va a dormir, con un pijama de hombre, para no pasar frío, y ya ni siquiera se pone los rulos en la cabellera, como le va a interesar una cirugía o un estiramiento, si cada día se enrosca mas dentro de la bata de boatiné que lleva.

Como último extremo caviló, en decirle que no se encontraba bien de salud y pedirle que le acompañara al médico, insinuando, que padecía de una dolencia rara y poco reconocida. En lugar de afrontarle la verdad, de forma llana y contundente. Una vez que estuviera en el despacho del médico, despejar la auténtica razón por la que la llevaba de la mano a tomar consejo.

Llegó decidido a la puerta de su casa, aparcó su vehículo y ascendió las escaleras de dos en dos, jadeante, llegó al umbral de la puerta y al entrar saludó, como siempre lo hacía, cariñoso, efusivo y resignado.

_ Hola Maruja, ¡que tal estás!

_ Limpiando el suelo, pero arrodillada, porque esas fregonas que venden, no quitan la mugre del suelo, y éste ha de estar como los chorros del oro, cualquiera que venga y mire al piso, dirá; si no está limpio, que somos unos guarros en esta casa.

_ Mujer, no te pases, que lo has fregado ya tres veces, en lo que llevamos de fin de semana y no ensuciamos tanto, ¿no crees?

_ ¡Claro, tú que vas a decir, con lo tranquilo que eres!  Te da lo mismo, tres que treinta y tres, ¡A ti qué! ...si no estuviera yo al cabo de todo, te iba a comer la mierda. ¡Porque guarro, lo eres un rato!

Hernando, pensaba… Si se lo digo ahora, me manda a la mierda ¡Directamente! Pero la verdad que está de atar__, siguió discurriendo__. Que es esta perturbación obsesiva__, se preguntaba Hernando en su interior pensando para sus adentros, sin dar señales de padecimiento__, y llegó a la conclusión que es una enfermedad que hace que las personas tengan pensamientos insistentes que no desean y que repitan ciertas conductas y exigencias una y otra vez. Él sabia que las obsesiones de Maruja no tenían sentido, pero ella, no era competente para frenarlas__. Seguía especulando en su mente__. Estas obsesiones son ideas, imágenes e impulsos que pasan por su mente una y otra vez.

Aquel padecimiento que llevaba hacía tiempo, ya no lo podía prolongar más puesto que veía peligrar ya no el contacto con sus semejantes, si no la salud de su propia esposa que, de una forma silenciosa estaba reclamando que Hernando, tomara cartas en el asunto y la pusiera en manos de clínicos profesionales que mitigaran esa dolencia, que no hace ruido, que no alarma a nadie, que no produce dolor físico, pero que acumula cantidad de contraindicaciones que llevan a mal fin.

No era el momento adecuado para afrontar tan seria conversación, por lo que lo pospuso con su relajada benevolencia, para dentro de un par de días, que estarían los ánimos más en su sitio, y ella, Maruja, ya habría desinfectado suficientemente el suelo, como para comer papas fritas en él.

Aquella tarde, Hernando, había vuelto del trabajo más pronto de lo habitual, pretendiendo llevar a Maruja de compras y de ese modo ir, preparando esa noticia que quería darle, la de llevarla al doctor, sin que ella tomara, nervios, ni compulsiones. Al entrar en la casa, notó algo extraño y no supo reaccionar hasta que los pensamientos obsesivos de Maruja hicieron que su persona se sintiera muy nerviosa y con miedo. Ella trataba de deshacerse de estos sentimientos realizando ejercicios costumbristas de acuerdo a lo que toda la vida le habían enseñado y que en este caso ella misma elaboró. Estos comportamientos no eran otra cosa que compulsiones.

Estos procederes coercitivos a veces también se llaman rituales. Aquella tarde Maruja tuvo obsesiones relacionadas con los gérmenes. Por esa causa, se había lavado las manos cada tres minutos, haciendo que su nerviosismo le desapareciera durante ese corto espacio de tiempo.

Sin más preámbulo, Hernando, preparó a su esposa y antes de comenzar a exponerle los motivos de su presencia tan temprana en la casa, Maruja le dijo, de forma directa y sin cortapisas.

_Estoy muy nerviosa, porque he de darte una noticia, ¿sabes?

_ ¡Qué bien me lo pones Maruja porque, yo venía a lo mismo! Sin embargo, creo que puedo escucharte con tranquilidad, y sin nervios por mi parte_, presagió Hernando, a la espera de que su esposa le dijera, que ya no podía más, que la llevara a que la ayudaran.

_ Hernando, te dejo. Me voy de esta casa, ya no te aguanto más. No te quiero, hace mucho dejé de hacerlo y creo que lo nuestro ha acabado. ¡Hace años que no te quiero! He aguantado mucho, pero ya no quiero seguir fingiendo.

_ ¡Pero qué dices! Tú estás enferma, Maruja, he de llevarte a la consulta del doctor, para que corrija esos trastornos obsesivos compulsivos, que padeces y volveremos a ser felices.

_ No; Hernando, no padezco la enfermedad del TOC. Esas sucesiones o alteraciones que tú llamas, no son más que dejación hacia ti, por tu forma de ser, porque eres una persona irritante, que no sabes amar. Demasiado obsesionado por el ahorro, por el no gastar, por no comer si no es en casa de los familiares o amigos, porque me cuentas los euros del monedero, y me tienes completamente atosigada, con que si gasto mucha electricidad, demasiado gas, controlando el consumo de la cesta de la compra.

No me sacas de casa, no vamos a casi ningún sitio juntos, no compartimos conversaciones, no me llevas al cine, ni a pasear, no me atiendes como se debe, procuras sacarme de encima en cuanto puedes y con la manía de enviarme temporadas a casa de mi hermana, con la excusa de que no me encuentro bien, y tan solo lo haces por ahorrar y por esa tacañería tuya tan aguda, que pretendes vivamos casi de los demás. Si; Hernando, con ese halo de atento, que das, llevas una auténtica careta entre tus doctrinas, ¡No gastar!

_ Con quien te vas a ir tú, ¿Quién te va a aguantar? ¡Estás enferma! Si en cuanto menos te descuidas, pasas el dedo por encima de los muebles en casa de los amigos, miras descaradamente como visten, les sacas faltas a sus ropas, no bebes de sus vasos, sin antes sacarles brillo con la servilleta. Al final, te darán un chasco y te quedarás con las patas colgando, por tu falta de cultura, provocada por esa deficiencia enfermiza.

_ Eres patético, te crees con la razón siempre de tu parte, y yo tendré como dices defectos, pero igual, saben de qué me viene, todo lo contrario de ti, que te has hecho de un traje de tolerante, de atento, de religioso, de sumiso, de barato y de tonto, que no puedes contigo mismo. Se ríen de ti, de tus comentarios, de tus consejos y de tu imaginaria valía.

Las disputas fueron grandes, la discusiones de siempre, las que solían tener de puertas hacia adentro, después en público, eran dos personas de lo más común. Entrañables, cariñosas, atentas, pero sin dirigirse una palabra.

Acordaron visitar al doctor Morcillo, en aquel estado de nerviosismo y fuera de toda normalidad, habiendo discutido fuerte y de haberse faltado el respeto. Cuando llegaron a la consulta no les hicieron esperar demasiado recibiéndoles rápidamente el doctor.

_Pasa Maruja, y tu marido también estará presente, veras como te pondrás bien, dime que sientes en este momento, que síntomas notas, que te perturba, que te entristece. ¡Habla! de lo que quieras, sin cortarte, sin prisas, sin miedo y sin que te coarte nadie.

Después de mirar durante un espacio corto de tiempo, por todo aquel amplio despacho, Maruja, muy relajada, en contra de todos los nervios que mostraba en su propio domicilio, comenzó su relato sin importarle absolutamente, lo que dijera el mundo. Mientras Morcillo, mandó preparar un inyectable a la enfermera y tras hacerle mella la dosis que le suministró el doctor, comenzó a decir Maruja, con un semblante sereno y con una voz muy sosegada_. Me da mucho miedo la pringue, los gérmenes que están por todas partes, yo sé que están por todas partes. Se limpia y vuelven a llegar. Me aterra el desorden y la suciedad, el polvo de los muebles, que se dejen las cosas sin orden ni concierto. Estoy aburrida de mi vida conyugal con este hombre, que me acompaña, es un ser absolutamente distante, grosero, tacaño, que hace los posibles porque la gente, le crea estupendo y servicial, amante de su hogar, comprensivo con su mujer, regala consejos que después él mismo, en sus procederes no los hace suyos.

_ Tienes pensamientos malos, los cuales te preocupan, por si pudieran apoderarse de ti__, siguió interrogando Morcillo__. Eso son bobadas, mis pensamientos, son tan normales como los suyos, ocurre que una se desespera, tan sola ante tan poca sensibilidad. A mí, ya me tenéis,  con lo que igual conseguís curarme de mis dolencias, o me acabáis de estropear, con esas malditas medicinas que usáis para drogarnos. ¡No me enteraré! Pero, no te olvides de esa mosca muerta, que tienes ahí sentado haciendo cara de buena gente, jeta de sufridor, santiguándose y llamando a su ¡Dios mío!  Es un falso, un Judas tacaño, también deberías pasarlo por el tamiz y por la máquina de la verdad, con seguridad, para él también hay algún remedio, alguna medicina, o alguna enfermedad que tendríais que corregirle.