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viernes, 16 de octubre de 2015

Cuando no exista


Cuando ya no esté presente,
en el calendario nuevo,
nadie me recordará
como un poeta egregio.

No pretendo que derrames
una lágrima en recuerdo,
ni tampoco que te aflijas
porque ya no exista el cuerpo.

y si al releer mis versos
como ahora estás haciendo
tuvieras un cosquilleo,
como el que estás sufriendo.

Sin dudar será mi afecto,
el que te acompaña pleno
y desde donde me encuentre
agasajarte contento.

Agradeceré tu gesto
por seguirme descubriendo,
seguirás dándome aliento
aunque yo; ya esté muy muerto.

Sabiendo que uno se muere
cuando el eco pierde estrépito
si tu declamas mis cuentos
¡Vivo estaré! No habré muerto.








miércoles, 26 de febrero de 2014

Lamentos



El viernes fue a cruzar
las negruras opacas
no queriendo retornar
a su vida cansada.

Anduvo por el quicio
sin la salud, sin color.
Dejando el bullicio,
la esperanza y el dolor

Colofón de semana
para romperme en canal.
Con las luces tempranas
huyó mi mundo irreal.

Si me dejo conducir
llanto ruin me solapa.
Sé que no le veré más
a mi padre en su casa.

Tenso parece dormir
¡¿Es imaginación?!
El cuerpo se puede ir
¡Supliquemos al Señor!

Los que van ya no vuelven
¿Será la vida mejor?
No le designes vida
a la bruma  defunción

El viernes fue a dejar
falto a su rebaño.
No queriendo regresar
a las penas de antaño.



miércoles, 6 de noviembre de 2013

Ausencia





Dolosa es la pena

¡Lamento! Que sufrí al enterarme.

Con dolor muy profundo

ya ni vivo, ni muero, sólo peno 

 

Instantáneas grabadas,

guardadas en mis sienes de plata,

emergen con viveza,

tornan el presente, siendo pasadas.  

 

Recuerdo tus noches

imborrables, tantas vivencias quietas.

Así como alegres ocurrencias

imágenes tan bellas. 

 

Sé que nos dejas solos

que partes a otros lugares ignotos.

Es la muerte grotesca.

Llegada sin avisos sin esperas. 

 

Pensamos que es muy fea

sin saber de su belleza ingrata.

Igual,  la muerte;  ¡Esa!

Nos quita la vida y todo cesa.




 

martes, 26 de marzo de 2013

Melodía póstuma


A pesar de tener 83 años, nuestro amigo supo siempre dar la amistad a los que le rodeaban, que por cierto eran bastantes, por no decir muchísimos, que le respetamos y le añoramos. Dios le tenga ne la Gloria.
De ahí que este poema póstumo, sea en su memoria.




¿Comienza un tiempo de amargura?
Es una pregunta que hago.
No veo, que nadie responda
Por ello, sigo apenado 

¿Tanto noto las ausencias?
Tus huellas, dejaron rastro
y no se diluyen con dudas
De ahí que te añoro tanto. 

¿Es resultado normal?
¿Cosechar abandonos forzados?
Años tantos, voy muriendo con cuidado.
Recuerdos componen, los que han marchado.  

Ahora descubren mi daño,
Más que reconociera antaño.
Estoy más afligido y desolado.
Es páramo que cruzo angustiado. 

Otro amigo nos dejó.
Se escapó con su bagaje.
Sello original. ¡Injusto!
Enfermedad infame. 

Destacó por sencillez,
en esta tierra salvaje.
Donde y por no presumir,
costó pagar su peaje. 

Era un hombre como tal.
Valía la suya, apreciable,
exigua talla corporal,
que regía sin ambages. 

Discreto, sereno y plural.
Callaba si no le venía el traje,
¡Ese que a medida!
Solo confecciona el sastre. 

Nació para servir al presto
a todo el que quisiera mandar
desde el familiar imperfecto,
al insigne del lugar 

Veraz, culto y sereno
Educado y buen mancebo.
 Proles y parentelas,
¡Supieron sacarle el sebo! 

Nadie le otorgó ternura,
mendigó migajas de apego.
Tanto afecto como regaló,
Acabó solo y sin consuelo. 

Nacido en otra estirpe,
en una familia, con distinto concepto.
Hubiera sido feliz, ¡tanto!
¡Lo sé bien cierto! 

Calló su enfermedad, mientras pudo.
No quiso ser popular, ni molesto.
Su gesto, fue de aceptarlo.
¡Muy honesto! 

No tengo lágrima fácil
Ni sé engañar a nadie.
Cuando me enteré de la noticia…
Era tarde. Se detuvo la prisa. 

Esa pena, ya la tengo… ¡por siempre!
No estuve en su sepelio.
Ausente por lejanía,
Aunque distancia, no había. 

Algo escribí sobre ti
Con mi amistad por delante.
Tanto énfasis proveí.
Con lo que pudiste enseñarme. 

Sólo tú, Dios y yo,
sabemos lo que explicaste.
Esto queda entre nosotros,
Que ya nadie tome parte. 

Tan sufrido como siempre,
Ya te consumía el cáncer.
Jamás quisiste alertarme,
en los siete años de alcance. 

Mi lágrima no se hundió en la arena,
tampoco se la llevó el mar.
No necesito encontrarla
Aún la tengo que echar. 

Entre tanto… Si te olvido
que eso, no se podrá dar.
En mi mente estás presente
y eso no ha de cambiar. 

Que digan los incrédulos,
Los que dudan de la amistad,
voy a echarte mucho en falta
¡Eso ya no podrá cambiar! 

Y si… allá donde te has ido,
crees que has de reservar lugar,
habla con quien creas conveniente
que los demás hemos de llegar. 

De lo que presumía hace poco,
que mi lágrima, aún tengo que echar.
Estoy llorando amargamente de pena.
¡No hay nada que me reconforte más!

 

 

 

 

miércoles, 29 de agosto de 2012

Anoche estuve con ella




Anoche estuve con ella,
yo nervioso, ella serena.
Me despertó con su flema,
fui víctima de la dama reina.

 

El billete aún no es tuyo.
Dijo apenas con voz hueca.
Espera tranquilo, y  jadea.
No quiso angustiar siquiera.

 

Ahora calmado examino,
con extraña sorpresa,
el porqué quiso espolearme,
 con una tos ronca y seca.

 

Anoche estuve con ella,
yo casi extinto, ella resuelta.
Incitado por mi muerte,
quiso que la viera.

 

Toga de seda ceñía,
cabello sedoso, melena tamaña.
Aguafuerte desagradable,
presencia de guadaña.

 

 Respiración no adquiría,
el pulso, ahogaba franquías,
corazón diviso, se detenía
Claramente  es: ¡Mi agonía!

 

Anoche estuve con ella.
Difunto, calmoso,  muy justo.
Postergó llevarme al luto,
¡Ya van dos veces! ¡Qué susto!
 
 
 
 
 

jueves, 23 de febrero de 2012

Un pasillo sin acera


Alguna vez esperamos:
al tren,
a la suerte,
a la muerte.

El aguardo de aquel tren
que te alejó de aquella historia,
que jamás conocerás,
por no ser la tuya propia.

El aguardar a la Estrella,
 la suerte así llamada,
podría llegar muy pronto
de noche o de madrugada

Discutimos la tercera opción,
vamos a disimularla.
Ya que la menciona el poema,
no vayamos a enfadarla.

La espera en la consulta
tras una indisposición,
no es como esperar al tren
y viajar a New York.

Ese pasillo sin acera,
corredor de hospital,
todo pintado de blanco
y con perfume anormal.

Esperas diagnostico concreto,
con esperanza que apremia,
el reloj detendrá sus manecillas
dentro de su propia esfera.

Se recibe muy serena,
cuando llega, impensable.
No lo esperaba ahora.
Momento indeseable.

La incertidumbre del todo,
la pesadumbre del cuando,
la costumbre del miedo
la turbación de lo ignoto

El viaje sin aliciente,
el retorno simulado,
las pocas ganas de verte.
Todos te esperamos.

Veredicto en la puerta 50,
de las visitas externas
de un hospital comarcal.
Cirugía Vascular

Una frase muy cordial,
un resultado normal.
Temiendo la consecuencia
del principio, sin final.

la doctora muy atenta
conduce, invita y asienta
Pregunta ¿estás nervioso?
¡Dices no!   y encojo.

No sufra no es de cuidado.
¡Desnúdese y tiéndase en la camilla!
Dice en el mejor caso.
¡Pues vaya que pesadilla!

Aprensión al desnudarse,
trepando al pedestal
mientras te vas remangando
tras el cortinaje fatal

La ropa quedó ahí. Suelta,
en la percha del penar,
no sabes, a ciencia cierta
que es lo que va a pasar

Aflojas el pecho,
 quitas la cuerda,
la del reloj corporal.
Temes, no aciertas ¡qué pasará!

Como si fueras fragmento,
esperas cualquier señal,
si gesto tanto mejor. Silencio
tacaño, jadeas con temor

Tranquilo ha repetido,
señal que hay un motivo.
Significado alarmante,
se prevé un desenlace.

Pronto, se descoserá,
no es grave puede pasar,
¡Cuántos más viven así!
y a penas se les nota.

Lo sueles todo aceptar,
rompiendo por dentro a llorar.
Aunque nadie lo perciba,
cuesta tragar la saliva.

Mucho adelanto hay ahora,
dice sin pestañear,
mientras te baja una floja
por toda la parte de atrás

Momentos de desencanto.
¿Hay salida?
En la autopista de la decepción.
Noto a lo lejos, llegó el peaje y la expiración

La doctora, repasa, toca,
tantea, ausculta. Enigma,
lo temes, ahuyentas, ¡No adivinas!
¡Vístase no tenga prisa!

Desconsuelo, aún, no atinas
como lo dices, cuando y
a quien arruinas,  la felicidad.
¡Vaya palo!  No imaginas.

Apelan al oído gastado,
atendiendo sin pensar,
para decir ipso facto,
que medicina tomar.

Al cabo que puedo hacer,
pues me visto, muy a prisa
no sea que con la demora
consiga perder media vida.