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martes, 23 de noviembre de 2010

El banco de la placita




Anoche: ¡Más bien de madrugada! Soñaba que te despedía, te notaba triste, como nunca te había detectado, tanto que inclusive pensé __que lo estabas pasando mal__ preferí dejarlo, no recabar en tu pena y renovar mi sueño.
A veces es peor __quieres arreglar con gracia una situación__ y lo que haces es empeorar el ambiente.
Me acerqué a la ventana, veía la avenida, las aceras mojadas por la humedad, las luces amarillentas en su emulsión difusa dibujaban un panorama silente y poco acogedor, los arboles ya sin hojas, ladeaban y se mecían debido al viento, las estrellas allí arriba en el firmamento, lucían brillantes y lejanas. Una de ellas, centelleaba como un lucero, tanto que me sedujo con ese resplandor como si una fuerza me absorbiera con tanta fuerza que hizo temblar mi equilibrio sensiblemente.
Por la hora, la vía estaba vacía, ni un alma paseando, todos los portales y ventanas cerradas, con sus luces asfixiadas oteé el despertador digital de la mesilla y leí, un guarismo corto y conciso, las tres y despierto. Volví al tálamo y me arropé, es tiempo inclemente y solo puede regalar algún achaque, si no precisas en resguardarte del relente. Tumbado mientras me llegaba el espejismo, quedé atolondrado con los entresijos de la reflexión. Hasta que por fin…
“Recuerdas el paseo de la rambla; cuando quedábamos para hablar, ¡si claro! ya sé que hace muchos años, tú tenías aquella luz que sin duda ha permanecido
_ ¿y yo? ¡Ay yo! _

Siempre tan escrupuloso, tan expresivo y tan queriendo ser más atrayente.
_Si es que lo fui_ A veces lo dudo, porque al cabo de una vida, cuando haces recuento de vicisitudes, te preguntas tantas cosas, distingues tantas otras, comprendes lo que entonces hubiera sido improbable y recuerdas consejos recibidos y no aceptados.

La esperaba en el paseo y juntos caminaban hasta el banquito de la plaza de la iglesia _Aún parece que te veo, tan alegre y tan guapa_
Ella como lo sabía y en el fondo le encantaba, que todo el mundo participara de su alegría, saludaba a todo el vecindario, hasta el vendedor de helados les iba a increpar para que le comprara el helado de vainilla. _Sin embargo, así es la vida_ Tras aquellos días de felicidad, dónde lo bueno parece no puede durar más allá de lo soñado llegó la primicia del desenlace.


Todo mudó de aires y ambos tomaron vidas diferentes, llegaron los días de las ausencias.
Aquella mañana de domingo llovía tímidamente. __Aquel pluxim, que caía esos días calurosos de verano__

Llevaba puesto un trajecito claro con camisa azulona y recogió el paraguas gris, _aquel anchuroso que tenía para pasear juntos y evitar que ella se mojara_
Los zapatos los llevaba salpicados de gotas, dibujando a modo de lágrimas en el calzado.

Cuando le dijeron que la habían visto huir muy de mañana camino de la playa, no lo entendió pero, cuando llevaba esperándola más de una hora, comprendió, que la noticia era cierta. Lo que nunca supo con certeza, el porqué no tuvo valor para decírselo. Ya nunca volvieron a verse, ni en la rambla, ni en el paseo, ni en ningún sitio.
El tiempo transcurrió y tuvo que despegar para no quedarse firme y oxidado, fueron tiempos de oportunidades competitivas y de logros interesantes, viajó desde la Meca a la Ceca y vivió al minuto, sin más reparo que su propia identidad y salvaguarda. No fijó su residencia muy lejos pero si lo suficientemente para cambiar de aires.
Los amigos jamás apuntaron nada, entre ellos hablaban y comentaban, a él; nunca por respeto decían ni bueno ni regular sobre el tema. Como nunca fue persona timorata ni escindida y siempre presumió de tener arrojo y decencia se valió y jamás dio sensación de ser un desdichado ni un perdulario
Jamás trató de llamarla, de hablar, que le dijera que ocurría; si alguien se había interpuesto entre ambos, nunca quiso saber más allá de lo que le permitía su orgullo y su genio. Les fue ganando la distancia y un día se enteró que se casaba y con el paso de los años, olvidó.
No había vuelto a sentarse en aquel banquito de la plaza, _ ya es de otro material más moderno, pero ocupa el mismo lugar, el mismo sentido_
La misma orientación, hacia el este, mirando al mar. Hace pocas fechas lo volvió a ocupar después de un sinfín de años sin apostarse en él, con la excusa de leer la prensa a la vez que tomaba el sol.
Los domingos por la mañana, aquel paseo lo recorren otros jóvenes, de otro relevo, sin embargo las costumbres y las tendencias jamás cambian y suelen repetirse estirpe tras estirpe.
Odón; el vendedor de helados, ya con mucha edad y con sus achaques físicos se acercó a él y dijo con una sonrisa: _ “Ella lo tomaba de vainilla, tu lo preferías de nueces; ¡Quieres uno!”_
Se miraron a los ojos y estos delataron el tiempo que había transcurrido.


_Lo vio mayor, desgastado, pero feliz y sonrió con la misma gracia que tenía hace treinta y muchos años diciendo: Ten disfrútalo mientras te cuento. Tomó el helado y el vendedor comenzó a hablar__
_ ¿Sabes? Ella no ha vuelto a tener una sonrisa como la que lucía.
No hace mucho, quizás la temporada pasada, se sentó en el banquito y ocupó la posición que tomaba, cuando venía contigo; en el mismo lugar. Estaba sola y también le vine a ofrecer su helado. _Preguntó por ti, siguió arguyendo Odón.

_Le dije que te iba bien, me ilustró sobre el paraguas gris, aquel que tenías tan enorme, que usabas para cobijarla y que no se mojara. Me sondeó. Intentaba conocer; si en ocasiones viniste a sentarte con alguna chica al banco de madera, si la arropabas como a ella con la misma gallardía. Se marchó con lágrimas en sus ojos. No quiso que la invitara, dijo: que la última persona que la había convidado a consumir un helado de vainilla, eras tú y así debía seguir.
Me dio tristeza, verla en aquella tesitura_
Dejó que finalizará de hablar, no inquirió nada, absolutamente nada, solo atendió, asintió con la cabeza y le dio las gracias por aquel estupendo helado de nueces inigualable en la zona.
Alzó sus posaderas del banco, y se alejó paseando por la rambla.”

Rinnng …Rinnng
. El teléfono móvil, que está situado en la mesilla de noche suena y hace que despierte de su noche.

_ ¿Sí; quién es?

_ ¡Hola, del restaurante Los Sueños Inolvidables! Tiene usted reservada una mesa para el domingo, que lo ha invitado una dama y quería decirle que de postres solo tendrán helado de vainilla y de nueces. Sólo quería participarle ese detalle, adiós buenos días y perdone la hora, pero me urgía. ¡Adiós!

El restaurante Los Sueños Inolvidables, no viene en la guía telefónica, no tiene referencias y nadie sabe dónde encontrarlo.

Esperaré a volver a soñar y quedarme con los detalles.
















martes, 16 de noviembre de 2010

Otra vez... Mario Manuel

Mario Manuel, cantante peruano, nacido en Puerto Chimbote, actuó en el Teatro de Cal Ninyo de Sant Boi, en el Homenaje a Miguel Hernández, el insigne poeta. " en la foto se le ve en los camerinos del teatro"

Mario Manuel es una persona gentil, educada y agradable dónde las haya, el pasado día 13 de Noviembre, cumplió años, de los que más de la mitad los ha pasado con un micrófono en las manos, cantando por esos mundos de Dios, valses, boleros y melodías para las buenas gentes.



En una gran amistad que me une con él y con su compañera Mati, hemos compartido en más de una ocasión, charla, conficencia, café y hasta plato de comida. En sus explicaciones me narraba cuando pertenecía al grupo de los Pasteles Verdes, de sus actuaciones por diversos paises de latinoamérica. La música siempre ha sido para él, pasión, ilusión y vida, por ello aqui les dejo unos segundos con su actuación en Cal Ninyo, el pasado dia 12 de noviembre.




Pulsar a la acción para que se reproduzca el video








Mario Manuel, necesita realizarse en España, como cantor, como artista, que las gentes lleguen a conocerle y a saborear con sus canciones aspectos románticos de la vida, de esos momentos que son tan necesarios como adecuados para regocijarse y reencontrarse con el alma. Por ello participa en cuantos eventos sea necesario, aporta su granito de artista para cualquier causa y se brinda con su comportamiento de caballero, como con su talento de virtuoso creador a reuniones de poetas, cantores y cantautores, llevando su impronta y su cualidad.


Descendencia debe llevar de un conocido cantor argentino que no es otro que el famoso, Hugo del Carril, puesto que así lo demuestran sus apellidos, por parte materna, Carril, además de asegurarlo el propio Mario Manuel, que en la lejanía de la estirpe estaba emparentado con el afamado cantor.


Aquí le vemos, "amarradito" como se llama la canción romántica: el vals peruano que canta primorosamente.