viernes, 4 de abril de 2014

Habla de amor


_ ¿Sobre que podemos hablar?_ Le dijo el Psicólogo a Norma _ Sobre el amor_ Le contestó de forma segura aquella joven mujer. A la vez que la acomodaba en el sofá de la consulta, ajustando su cuerpo con preferencia.

_ ¡Si podemos! _ comentó el médico psiquiatra_ Mira te hago unas preguntas ¿De acuerdo? y las respondes con lo que primero se te acuda. Imagínate, que no soy tu terapeuta sanador, que no soy tu Psicólogo, que soy tu amigo, que me conoces de siempre y que además nos apreciamos y nos tuteamos.

_ Esta muy bueno. ¡Vale!, Comienza tú a preguntar y te contesto sin pensar_ indicó ella

_ Ahí va mi duda  ¡La primera!_. Estás enamorada en la actualidad de una forma, que solo lo sabes ¿cuándo te angustian las noches?, Cuando no puedes dormir, cuando le deseas brutalmente, y  ¿por la intranquilidad de no tenerle cerca?

_ ¡A ver!   …¡Sabes!  Le has pegado en el ojo. O sea te explico. Yo salgo con alguien un buen hombre, tiene sus limitaciones pero es bueno. ¡No es en él!   En quien pensaba en esas noches. ¡Es en otro! Con el que me enjugo, que ya se fue.  Al que tuve que dejar ir. Por alguna razón que aun no lo he arrancado de mis pensamientos.

_ ¿Era sacerdote? _ indagó el clínico, sentado tras el sillón, y ya con una luz tenue para concentrar todas las sinergias de la sanación

_ Mejor dicho  ¡Es!  Eminencia  ¡Sí!   …y muy joven, aunque no lo parezca.

_ Dentro de tu felicidad, que la tienes cuando retozas con él, no tienes remordimientos de conciencia por estar liada con semejante personaje, ¿estás complacida en tu conciencia? crees que te liberas a menudo de toda esa contrición, de ese llamado pecado, para pensar en ti misma.

_ Pienso que puedo mejorar, me falta cierta disciplina, constancia ahora, lo del cura ya esta pasado, es ya historia. Además fui yo la que siempre trate de salir de eso y lo hice físicamente luego,  la persona con la que salgo ahora me hizo enojar. No fue grave, pero me disgusté y ahí volví a recordar al otro y se coló en mis pensamientos de nuevo. No creo que sea amor, hay muchas cosas de ese capellán que no me agradan y otras que si quedaran en mi corazón ¡claro!

_ Si el sacerdote te dijera ¡VEN! Lo dejarías todo ¿Como en el bolero?

_ ¡Eso es lo raro!, creo que no de buenas a primeras. Creo que no lo haría, dejar todo mi rollo actual, perder todo lo que tengo me seria difícil, por eso ¡no sé!,  ¿Por qué aún lo sigo añorando?

_ Entonces tu respuesta ofrece dudas. Dejarlo todo, con el lío que tienes sería difícil. Que puede más en ti, la aventura, la comodidad, la seguridad o esa relación apasionada y furtiva que solo te lleva a la propia locura. Además; él está casado con la iglesia y tu otro amante actual tendrá compromiso.

_ No, casado ¡no! Divorciado luego de veinte años de matrimonio Sencillamente no se entusiasmó, se aburrió de su mujer. Suele pasar, y yo también le dije al final que quería algo serio, algo mejor y lo tenemos. ¡Creo yo, que aún dura! _ siguió hablando la paciente, ya con los ojos entornados _ Él me dijo que no quería hacerme sufrir y que no se comprometería fácilmente. Yo me aleje naturalmente, volvió para fin de año a la capital ni yo ni él nos volvimos a buscar y ahí quedó. Hasta que nos volvimos a enamorar en Semana Santa de hace un par de años.
 En cuanto al clérigo, solo nos buscábamos para yacer algún fin de semana, éste sí, que no dejaría todo el chocho que tiene, ni por mí, ¡Por nadie!

_ Entiendo, pero a ti aún te fluyen deseos ardientes por tus venas en cuanto al presbítero_, preguntó suavemente el doctor a Norma, que ya hablaba bajo los influjos de la tranquilidad de una semi hipnosis.

_ Es una añoranza rara y si es por ese lado no creo. Es la pasión que compartimos lo que extraño, el estar fuera de lo normal, el que un prelado de la iglesia tuviera valor de dejarlo todo por amor, el pecado mortal que nos inculcaron desde la religión, quizás abrí los ojos y eso es lo que me hizo aflojar en mi sentimiento.

_ Y como mujer enamorada y ansiosa de amor, ¿lo has contrarrestado?

_ Era muy fácil estar con él, naturalmente me atraía. ¡Era muy judío el cabrón!  Ves cuando alguien te gusta y parecía que está hecho para ti.

_ Ya sabes, que la felicidad no se tiene a la medida de los deseos

_ Creo que extraño esa pasión y lo que sentía estando con él. Fue lindo y no vuelve fácil algo así. ¡Es raro!, ¡Sé lo que es! Merezco algo mejor, por eso me fui como pude,  pero aun está en mis sueños. Ya no puedo precisar, cuando hablamos en confesión. Fui a su ciudad, a la Catedral a verle, y me preguntó, así como es él.
Travieso y directo si podría quedarse en casa al venir a la playa, donde veraneo.  Naturalmente eso es una locura, mi madre está en casa y no es fácil disimularlo. Sencillamente me reí y le dije que no era posible, además él tiene todo una estructura  donde quedarse si viene.
Nada más fue una fechoría, pero le dije que aceptaría ir a tomar algo con él si venía, y él me dijo _ ¿nada más tomar algo?_  le contesté_, que era lo mejor que podíamos hacer, lo más sano_. Solo eso, ya no me contesto nada.
Él quería venir para todo, para disfrutar del sexo, para follar como un poseso y yo no le di mucha cabida. Ahí quedó, es mejor así debe hacer su vida. Yo estoy ya en otra parte con otro hombre.

_ Decir que estás tocada por Cupido, ¿sería mentir?  Es igual que estés ocupada con otro amor, tú sabes, que en los momentos de placer cierras tus ojos y piensas siempre en el cura, que cuando te excitas con palabras u obras, el primero es él. Por las noches en tus últimos deseos interviene él.

_ No creo que sea amor, es que a veces encuentras alguien que te llega dentro y sientes que tienes cosas en común. Ese tipo por más que la razón te diga que es un cínico incorregible, es para olvidarlo. Mi juicio me dice que todo es mejor si no está, y por eso estoy aquí en el neurólogo, para curarme si puedo. La persona que hoy está conmigo, es buena, tiene sus limitaciones, es menos apasionado y calmado pero está y tiene su atractivo también.

_ Eres una paciente admirable. Sincera, sencilla, directa y concisa ¿Te lo habían dicho alguna vez? _ Habla del capellán, como te enredó. Ya que por la experiencia que me da la profesión. Todas las mujeres que han sido atraídas por un cura, las iniciativas siempre han partido desde el confesionario, de ellos.

_ Porque lo dices, de donde sacas esa conclusión señor Psicólogo    … ¿No me burlo eh? _ siguió argumentando Norma_, me resultó simpática tu conclusión por eso te replico.

_ Norma, las preguntas las hago yo, quedamos en que tú solo confesabas y sin demasiado pensar, esto es un análisis para llegar a una conclusión y poder medicarte si es preciso. Ten la amabilidad de responder, por favor.

_ Le conocí en una homilía que dio en una inauguración de una iglesia, yo estaba en la primera fila y noté que me miraba de forma inadecuada, yo me dejé llevar por la lascivia y no le hice miedos al reto. Entonces tan solo era Obispo, muy joven, inexperto. ¡Eso creía yo y muy simplón!  Se las compuso para acercarse tras la charla y me dijo que si me había confesado alguna vez con un Obispo.

Quedamos en que esa confidencia se daría y me dio fecha, para encontrarnos al sábado siguiente, en uno de los jardines botánicos del Parque de los Jazmines. O sea que me citó en un cementerio.
Le encontré, medio aturdido en su fe, teniendo graves dificultades para sentirse emocionalmente equilibrado y después siempre he creído que era una estrategia suya, para desnudarme y llevarme a la cama.

Me puso al frente de una organización eclesiástica, con otras mujeres, para que el vernos con tanta asiduidad, no levantara comentarios y no fuese más que una excusa derivada de la administración de la estructura diocesana. En la organización estábamos tres mujeres que le atendíamos sus insolvencias sexuales y con toda su cara nos presentó a las tres y puso todo lo que pudo de su parte, para que nos hiciéramos amigas. Además del hijo contraído con otra joven que había quedado en la ciudad donde le ordenaron.
Nosotras sabíamos que eso era pasajero, aunque alguna se entendiera con él, desde hacía más de dos años, vejándolas a su placer y las cambiaba cuando lo creía oportuno, cuando se cansaba de alguna nos repudiaba sin el más mínimo crédito y como estaba en la cúspide de la fe, nadie podía pensar que era un crápula. Un disoluto cachondo y sensual.

Hasta que conocí y me enamoré de Isidro, un buen tipo, sencillo sin tanta fe ni tantos estudios divinos pero con una sinceridad que muchos la quisieran. Sanador de mentes perdidas y un tipo genial. Todo nos iba de maravilla, hasta que le tomé celos por una chiquillada. Me enfadé con él, sin necesidad y sin que llevara culpa, tan solo porque no quiso que me volviera a salir con la mía y pretendiendo que lo nuestro llegara a ser una relación normal de una pareja natural.
Todo obedece a la rabia contenida que llevo, por el último desprecio del puñetero cura. Eso es todo señor psicólogo. El resto me lo callo porque solo me atañe a mí y ya no quiero dar más definiciones. Tan solo quiero llegar a tiempo a pedirle perdón a Isidro, que seguro está sufriendo y preparado para darme un escarmiento.

_ Levántate del diván Norma_ sugirió el médico, no tienes nada, que no se pueda curar con la normalidad del día a día, ve a casa y espera a tu Isidro, que sin duda ha entendido tus problemas y como siempre sabrá como reparar ese sufrimiento que llevas. ¡Ves…!  como a veces es bueno ser sincera y sacar toda la miseria humana.

El neurólogo la ayudó a levantarse del diván y la acomodó con mucho afecto en la butaca que tenia frente a su mesa, mirándola con una sonrisa de aprobación y de sinceridad explosiva.

_ Me perdonas, ¡Doctor! podrás perdonarme_. Exponía Norma con dos lágrimas enormes que descendían de sus oquedades_. No he querido hacerte sufrir más, eres lo mejor que me ha pasado en mi vida, con diferencia _, finalizó Norma su cuerda, enjuagándose los ojos sutilmente con un pañuelito de tela.

El Doctor tomándole las manos y acercándolas con suavidad a media altura, le replicó susurrante_ Te quiero Norma, ve a casa y espera mi llegada. No tardaré.


_ Gracias Isidro, eres el amor que no merezco.

jueves, 3 de abril de 2014

Aguas menores


Sonaba en su imaginación la canción de  Penélope. ¡Sí! Ella la conocía, aquella historia dulce de una joven que esperaba a su amado en la estación, con sus zapatitos de tacón… La escuchó por primera vez en la voz de un gran cantante Ecuatoriano llamado Santy Bass, en una adaptación de la versión original.

Mientras por los altavoces de la estación se escuchaba un mensaje que estaba a punto de cumplirse
¡Tren con destino a Valencia, tiene su salida por vía tres!
Sentada en la estación de Caspe, estaba María que se marchaba de pueblo, empachada de esperar su oportunidad. Con el culo mal fijo en el quicio de uno de los promontorios del andén del apeadero y arreglándose como podía las medias, que se había colocado aquella mañana tan a prisa, después de una noche con su jefe el señor Anselmo, dueño de la frutería y hermano del farmacéutico Don Cirilo.

A modo de despedida y para poder conseguir el finiquito de sus tres años de trabajo en los negocios de la familia Urpegui. Ya que el patrón se negaba a dejar marchar a semejante buena trabajadora y mejor persona sin que le dedicara la última noche.

Una maleta flexible contenía todos sus enseres, que al completo entraban en el interior de aquel equipaje. Del mismo modo que cuando llegó de su país de procedencia, Colombia.
De la ciudad salsera de Cali, y que tras haber pasado un tiempo por Italia, se establecían con muchas ganas de crear, de encontrar un lugar tranquilo, trabajando, honradamente y poder hacer venir a su familia que aún la esperaban tras tantas promesas y tanto retraso.

Término de contrato de María, que no hubiera conseguido de no pasar por la cama con el primogénito de la familia Urpegui, que a pesar de ser un vejestorio, aún tenía necesidad de que le hicieran ciertos favores eróticos. Los cuales los disfrutaba si se los proporcionaba alguna de sus empleadas, a cambio de prórrogas de contrato, de puntualidad en el pago de la nomina, y cosas de poca monta, que en esa estirpe se suele mantener como regla en el transcurso de los siglos.


Los dos hermanos Urpegui, se habían servido de las necesidades de María Sarmiento y de Carola, llegadas de Italia con una mano atrás y otra delante y que intentaron abrirse camino decentemente en esa zona. María una mujer hacendosa y sin miedo al qué dirán, aprovechó los momentos y además de trabajar disfrutó de sus instantes y de sus devaneos. Mirando de poder arreglar a su familia. Ahorrando para poder mandarles pasaje a sus hijos y traérselos a su lado.

Carola, a la servidumbre de Cirilo, cuidando de su mujer muy delicada y quejumbrosa, y de sus cuatro hijos, como empleada de hogar y como asistenta de uso personal. Tanto era así que también acostumbraba a divertirse con Carola, en las noches que Doña Magdalena, se ponía aquellas cuajadas nutritivas en la cara y se enroscaba aquellos cilindros en el cabello con redecillas en el pelo, que mas bien parecer una mujer, lo que asemejaba era una momia grasienta embalsamada.
 Aprovechando aquellas formalidades y lo benigno de la economía, tan boyante del momento en esta tierra, consiguieron sus propósitos, documentación y poder hacerse ciudadanas nacionalizadas. Autonomía para ir y volver tantas veces como quisieran estando dentro de la legitimidad más consensuada

El último martes de abril, harta de esperar los resultados de un contrato regulado, sin tener que pagar derechos de pernada a nadie, y en el modo de arreglar definitivamente su situación para su mejora personal y laboral María, decidió poner fin a la pesadumbre que ya le suponía estar en aquel lugar. Se trasladó a pocos kilómetros pero con mejores perspectivas y sin tributo, a los caprichos de los hermanos Urpegui.

¡Decidía cambiar!   Consiguió empleo en aquello que había sido su ocupación desde niña. Camarera y segunda cocinera en un restaurante, con su horario, su sueldo, sus fiestas de guardar  y sin más zarandajas ni mandangas, que servir en condiciones a una patrona más oronda y creativa, y a los clientes de aquella fonda que comenzaba a dar sus resultados en el cruce de la calle principal de la villa.

Pronto localizó una pensión para poder refugiarse y sin pensarlo abrió su maleta y colocó los cuatro trapos que llevaba en las perchas de un armario sombrío y silencioso.
Saliendo al balcón a respirar el aire, que necesitaba tras un periodo de ataduras que habían quedado tan atrás como el conspicuo Don Anselmo. Con todo le sobrevino el pensamiento y retornó a su sillón, colocó su música en un tono medio y se sumergió en un sueño.

La última noche que fue arropado por ella, le prometía entre ronquido y quejido_ por el reumatismo que padecía_,  que si no se marchaba le pondría a su nombre la tintorería “Chorros de Sol”, que estaba en la plaza. Con todos los papeles a su nombre para que la regentara ella misma. No dejándose engañar María denegó el ofrecimiento, además de saber de forma clara, que aquello era una táctica para enclaustrarse y no abonarle el remate pendiente de euros que le debía y que tenía que recibir por fin de contrata_ que siempre era lo que el mismo Anselmo decidía_, puesto que jamás tuvo legalizada a ninguna de las personas que tenía en el registro de sus negocios.

En aquel pueblecito, nadie usaba los servicios de la tintorería, todos los vecinos se lavaban las prendas en su casa y ese negocio estaba para tapar algunos asuntos o negocios extraños. Anselmo era un esperpento de unos setenta años, que había enviudado hacia seis, y se valía de las dependientas imprudentes y vergonzosas de su boliche, para que le hicieran el caldo, le lavaran los calzoncillos y le suministraran las pastillas de la tensión, y calentaran sus sabanas.

Tampoco es que Anselmo obligara a sus alojadas a hacer esas avenencias a la fuerza, sin embargo, algunas de ellas se dejaban manosear por el abuelo, por los regalos y propinas que recibían en la mañana siguiente, y aún más a sabiendas que el patrón, se dormía en cuanto empezaba el ruido del somier y, el balanceo de sus amigas.

Anselmo, se despertaba en la noche unas cinco veces, y para lo único que se levantaba de la cama es para ir a hacer aguas menores, dada la próstata alegre y húmeda que gastaba. Sin hacer ascos a nadie, pero sin erigir el menor caso a los pechos refulgentes de cualquiera de las compañías femeninas que estuviese con él durmiendo.

Sin ser grosero en el trato, ni obsceno en ritos fantásticos. Ellas dormían tan alegremente, aguantando a un añoso a su lado, pero a cambio de un buen pellizquito que recogían en forma de billetes de curso legal.

María estaba deseando formar una casa, tan solo con sus hijos y con el trabajo necesario para poder vivir de forma corriente, en esta tierra. ¡Sin más! Harta de lo que le había tocado vivir desde su infancia. Ella creía que ¡Ya era hora! de ser una mujer dedicada a los suyos, sin más, por ello deseaba cambiar de formato su efectividad.

Desde muy jovencita se vio forzada a casi mantener a sus progenitores, a su madre y hermanos en particular, ya que a su padre lo habían asesinado una madrugada en una reyerta de bebedores en la ciudad de Cali, tras haber finalizado sus riñes entre amigotes. La bebida, el pisco y los desordenes del juego, lo tenían hacía tiempo fuera de su casa habiendo olvidado a sus descendientes y a la madre de ellos.

Por tanto ella, se encontró como mayor de la saga, primero acarreando y haciendo recados para una mercería y después trabajando en el oficio que la trasladaría de alguna forma a buscarse la vida en Europa. El restaurante Teatro Mágico del Sabor, un maravilloso lugar para comer de forma asombrosa en el barrio de San Antonio de la ciudad del Valle del Cauca, donde llegó a ser una buena cocinera y mejor empleada.

No tardó demasiado en conocer a su pareja, con la que mantuvo relaciones durante diez años, siendo en un principio más felices que la propia dicha. En ocasiones, la felicidad dura lo que tarda en apagarse la llama del deseo, en otras se hace una incontestable pesadilla y una inaguantable relación de despropósitos. A Henry, le comenzó a faltar el trabajo y la esperanza de luchar por encontrar otro.

Llegaron los hijos, los malos tratos, las borracheras y el olvido,  cada día eran más fuertes las broncas y las impudicias, los insultos y las deslealtades, el cariño se trocó por desafecto, relaciones distantes e inestables, hasta que llegó el momento de los perdedores. De los que se echan al vicio, que no se preocupan por salir del atolladero y después se quejan de tener poca suerte o de pasar las penas del purgatorio. Tras los sucesos se fueron encorvando las diplomacias conyugales hasta que se quedaron desgarradas, sin posibilidad de arreglo, ni de enderezo.

Otra vez desamor, la adicción a los juegos de azar destruye vidas y familias mucho más rápido que el alcoholismo o la drogadicción. La calamidad afectó a Henry, su marido, el padre de sus hijos. Que acabó reuniéndose tres veces a la semana para controlar la enfermedad en una asociación de ludópatas de su propia ciudad.

Crecieron los niños, la crianza tuvo que recaer en María, y esta emigró primero a Italia, y tras pasar unos cuantos apuros con el idioma y con los pasionales romanos, se tuvo que venir hacia la parte aragonesa de España, con una amiga que encontró en Roma, Carola, que era nacida en Riohacha y que ahora es la amiga de Cirilo, y madre de otro de sus hijos.
Las dos amigas se vinieron como pudieron atravesando las fronteras, cuando las autoridades no estaban tan encima de todos estos asuntos de emigración, años en que la economía era otra cosa, y todo cabía y más que hubiese habido en tantos proyectos comenzados y en fase de ampliación.

La relación con Henry, se esfumó como se funden los trozos de hielo a la vera de una candela. Con lo que el bueno de Henry, no se repuso de su ludopatía y poco a poco dejó incluso de atender a sus hijos perdiéndose en las marismas colombianas con las guerrillas urbanas.



Al pronto se dio cuenta que había perdido el norte, que se había dejado ir por los recuerdos y que tenía necesidad de llamar a sus hijos, tomó el teléfono móvil y marcó el numero de su casa en Cali, a pesar de la diferencia de horario tenía necesidad de hablar con sus hijos y decirles que en breve, se reunirían en su nueva casa, ¡Ya definitiva! , en su nuevo destino, que su nuevo trabajo, le permitía vivir a todos juntos y que no lo iba a dilatar más. Mientras se escuchaba una canción de Santy Bass, llamada: Como si fuera un niño.








lunes, 31 de marzo de 2014

Y tú eres... la otra


Habían ocupado el asiento que les indicaba el boleto de la compañía de ferrocarriles y por supuesto, no podían hacer otra cosa, ni cambiarse por antojo_, aunque lo pensaron_,  en unos butacones que permanecían desiertos junto al gran ventanal del vagón restaurante.

 A Natalia, que es una chica madura y que aún está por deshojar la Margarita definitiva de la pasión. Le preocupaban ciertas cosas de su relación actual, que la tenía como medio inerme o semi parada.
Natalia se había complicado la vida desde hacía un tiempo con Eladio, un hombre diez años mayor que ella, que apenas veía y, que se dedicaba a algo que muy bien no sabía.

Lo último que le había comentado era que ocupaba un puesto en un acuartelamiento militar. Habían vivido ciertas complicidades en viajes que solían hacer a la campiña, durante largos fines de semana. Solos, sin más luz que la del sol y sin otra comida que los menús diarios que solían degustar en casa de la Lola, en la parte alta del pueblo de los antepasados de Natalia, pero todo volvía a su costumbre toda vez que se acababan aquellos periodos poco asiduos.

Glenn el amigo que le acompañaba en aquel viaje, era su inspiración. Desde siempre lo había sido, un camarada que en su tiempo tuvieron algo de connivencia sentimental, mientras cursaban juntos los estudios medios y que este por el destino tornadizo se fue del país recalando en el Aragón profundo de una España, en aquel tiempo que comenzaba a despertar después de la tan larga dictadura.

Una vez aquel tren comenzó su marcha y ya acomodados en sus lugares, Natalia dirigiéndose a Glenn que volvía a hacer de iluminador le entró con su dicharachera parla y en contestación a la primera interrogación a la que se veía sometida por parte de su amigo, contestó acalorada.

_ Oye…  es  que quieres saberlo todo.
_ Tengo el tiempo justo, atiendo a varios frentes me has llamado y por eso estoy aquí en este viaje, si quieres cuanto antes lo aclaras y si puedo te ayudo.

_ Déjame clara y serena. ¡Tú puedes! qué opinas de mi problema.
_ Pienso que pierdes el tiempo con este tipo
_ Muy bueno eso...  ¡Hace que me reconforte!  Qué pasa cuando una mujer  le pide a un hombre más y ese hombre  dice_: que no está para eso. Tal vez porque no quiere comprometerse o viene de un fracaso sentimental.   ¿Luchas por él?  O le dejas ir_. Respondió Natalia inspirando una respuesta agraciada o cuando menos comprensiva.

_  ¿Me estas usando?, para despejar alguna incógnita ¿¡que no acabas de aclarar!? _. Comentó Glenn, con cierta suspicacia.

_  No he llegado a tanto, pero todo se andará
_  ¿Tú eres?, de las mujeres que miran a los ojos y dicen: ¿¡ven!?
_ ¡Así es! Claridad  ante todo. Y más cuando se tienen deseos de consumir esas delicias carnales. ¿Engañarme a mi misma y olvidar esos placeres lascivos?  ¿Puedo preguntarte algo más, para no perder el hilo?

_ Si claro, mil cosas puedes hacer conmigo mientras imagines y dure el trayecto.
_Necesito una visión de inspiración masculina ante este asunto, entre mis amigas hay diversidad de veredictos, unas que me tire al pozo con él, otras que le saque lo que pueda y lo mande a freír monos cuando acabe, y el resto que ni me acerque a sus huesos, como si estuviera apestado, por los problemas que acarrea

_ ¡Tú qué crees!  ¿No necesitarás un milagro?  Que te devuelva la coherencia, pareces primeriza, cuando ya has roto algún que otro corazón ¿No recuerdas?_ Refrescó con una sonrisa Glenn, haciendo un jeribeque con sus labios.

_  Cuando alguien te dice que no quiere comprometerse contigo; ya sea porque tiene sus planes de viajar, o recuperarse de la ruptura sentimental que tuvo después  de veinte años de estar casado pero, tampoco quiere terminar contigo y tu le replicas con tus deseos. ¡Qué quieres! ¡No solo momentos sino amor! Algo más que encuentros furtivos, porque estando juntos nos sentimos bien. ¿Qué haces…   luchas por él?  O lo dejas ir para siempre.

_  ¡Adiós para siempre! Con seguridad no eres la única que le haces un hueco en sus sábanas, y sin embargo no lo confiesa por la comodidad de tener un polvo en cada puerto.
_  Justamente es lo que no quiero_. Apuntó Natalia, apretando los puños entre sí_. La fuerza es lo que no necesito emplear; se trata de un militar de carrera. Un Coronel de 46 años, divorciado desde hace veinte. Duro como son los castrenses y con su encanto. No es romántico para decir_: ¡Te quiero!  ni de prometerte la luna.
¡Cuando está contigo está contigo!  Da la impresión de que está a la deriva a veces, aun, sin ganas de estar realmente con nadie nunca dijo ¡no quiero verte más! Él te llama cuando quiere. Él ha de viajar  en cualquier momento y lo ha de dejar todo parado.  Al pedirle compromiso, responde_: no quiere sufrir ni hacer sufrir ni lastimar a nadie.

_  ¿Sabes a ciencia cierta, si es divorciado, que no lleve una doble vida, se vaya haciendo el niño bueno y después sea un inquisidor de esos que viven a expensas de las mujeres ¿Está buscando solo un romance contigo, o en el futuro de hará su mujer?

_Divorciado, la mujer lo despachó. Eso es lo que me dijo con mucha pena.
_No me extraña, suele ser habitual, el querer dar pena es su excusa_. Exclamó Glenn, viendo las cosas poco claras, y a ella Natalia muy abstraída por perder lo que creía poseer.

_ Por mi parte lo único que hice es decirle_: me voy si en algún momento te das cuenta que me quieres para algo más, ¡Búscame tú!      Y lo dejé así.     ¡Es todo!
No lo llamé ni lo busqué ni le hablé al verle por ahí cerca.   El es de irse y luego volver. Sobre todo si yo alguna señal le doy.  Aunque ahora dudo en volver a repetir lo que te cuento. Es todo.

_ Tú ¿Lo deseas? y ¡lo esperas!  ¿Aunque él no lo sepa?
_ Yo lo recuerdo y lo quiero, porque fue muy bello ese momento de estar con el repetido muchas veces, pero su idea es firme,  y la mantendrá si vuelve. Aunque eso implique que él se vuelva a ir.

_ Entonces según dices, lo quieres porque fue muy bello el momento de estar con el repetido ¿No será que lo que tú necesitas es alguien que te caliente las noches?

_ Es posible, no creas que no lo he pensado, por lo menos sería más barato y nada comprometido_ Añadió casi convencida Natalia, mirando a los ojos de Glenn.

_  ¿Sabes, si él, tiene  aun tratos con su ex?  ¿Os comparte en la cama a las dos?
_ No tiene contacto con ella. La ex ya se volvió a casar hace un tiempo
_ Y tú eres la otra, en qué lugar te sitúa, Estaría contigo si tuvieras hijos, o no lo has hablado todavía, te prefiere sin ataduras  ¿verdad? soltera y sin compromiso.

_ ¡Sí!  Vuelvo a estar soltera, después de mi matrimonio; soltera,  y hablaré en tercera persona para que sea más llevadero y no acusarme_ comenzó a dirigirse como si la protagonista, ella misma, fuera una conocida_. Ella lo quiere aun, pero no quiere ser una amante de ocasión.

_ Lo que se descubre es que ella está pirada_. dijo Glenn
_ Por eso tratará de mantenerse en su posición y no perder el orgullo.  A sus 46 años, no prometió nada. No se comprometió _ contestó Natalia.

_ Es  liberal. Eso suele decirse, es un recurso amañado, para quedar bien

_ ¡Sí!  ¡Así es!  Militar  muy en el son

_ ¡Ya sabes lo que has de hacer!_ Asintió Glenn convencido del reparo. _ ¡Tú misma te dices!  Y lo valoras como un padecer_ ¿Has dejado perder  oportunidades por estar a su lado?_ Concluyo la ristra de interrogaciones el amigo Glenn hacia Natalia.

_ Lo ignoro. Sé que le enseñé a ser más tolerante, porque no lo era. Sé poco ahora que me doy cuenta sobre él.

_ ¿Te engaña?

_Dentro  de su egoísmo nunca mintió

_ Sin embargo vosotras tenéis un sexto sentido en esas cosas, y cuando un tío os traiciona, lo sabéis muy pronto ¿Tiene  otros líos?

_ Siempre me dijo_: difícil que yo vuelva a formar pareja tras el engaño con su ex.
_ Esa no es la respuesta que te gustaría, de hecho te molesta, dudarlo tan a las claras.   ¿Lo retienes a la fuerza?

_ Si alguien quiere estar conmigo, mi regla es vivir ese momento y nada más

_  Mira que no puedo creerte ya no recuerdas lo nuestro ¿Esa regla la decidiste tras padecer mucho? Porque no te creo que la afirmes de buenas a primeras.

_ Es la regla del  hombre. Ha de ser así y bueno. No sé si estaré ciega, sucede. Eso es todo.

_ Podrás asentarlo en algún lugar, ¿llegarás a ser feliz con él?

_ Ulm… dicen que es difícil, ellos no tienen un lugar fijo, hasta que se retiran

_ No das pena, lo sabes Natalia, y te has buscado lo que tienes. Más bien te veo alocada, muy ardiente y sin sentido, ¿tan angustiada estás, tanto necesitas a un tío a tu lado? A qué precio vas a pagar esa factura.

_ Va con el mensaje de que no quiere compromiso, lo que quiere es viajar y ganar dinero para reponerse de su situación.

_ Y tu muy modosita, lo aceptas sin más ¿Sabrá reconocer que le quieres?

_ Si vuelve pues allí esta ella_, continuó tratándose como si hablara de otra mujer_,  con sus ideas, su postura. Estoy tranquila a esta hora lo tenemos claro

_ Sabe Dios lo que estarás sufriendo y fingiendo, porque no creo que tú, no hayas pensado en las consecuencias que te pueden albergar.

_ Me quede pensando en todo  y como  te dije: lo llevo claro y lo tengo chungo.

_ No puedo ayudarte más. ¿Eres ciega, o lo finges?

El viaje tocaba a su fin, la estación de Morella estaba cerca, Glenn descendía allí para tomar transbordo en un bus que le acercaría a su destino, Natalia, continuaba y se despidieron como amigos, que lo eran.

_ La semana próxima te escribo y acabas de contarme como acaba este folletín que parece sacado de los cuentos de Calleja, ¡Siempre que te apetezca claro! Le dijo Glenn cuando le arrancaba otro beso de sus labios.

_ ¿Dónde vas Glenn? ¿Puedo ir contigo? ¡Por favor!

_ ¡No! Aquello es pasado y no volverá. Te llamo Natalia y te escribo_ Levantándose y tomando su maletín bajó del vagón y por la ventana observó cómo se mortificaba Natalia, mientras el tren comenzó cansinamente su marcha hacia ninguna parte