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martes, 17 de junio de 2014

El wáter cósmico _ Conoce a Metchild_





El wáter cósmico _ Manolo conoce a Metchild  _
Esta historia conecta con la última entrega
Para recordatorio de otras. Ver el links de la última publicada

http://emiliomorenod.blogspot.com.es/2014/04/el-water-cosmico-te-conozco.html




Carlota se separó algo de su amiga y comenzó a representar su papel, caminando con su contorneo femenil hacia el acceso del complejo hotelero y accediendo al mismo, mientras Metchild, se retrasaba según lo acordado y entrando por otro lugar que se destina para los paquetes y acompañantes, empleados, y personal de compañía de los respetables clientes.
Carlota, apareció preciosa y serena por la puerta y el sol, apaciguó y contuvo su fuerza mientras hacía la reentré.

Con paso marcado y bordando caderas se dejó disfrutar y dirigiéndose hacia los recurridos asistentes del servicio de recepción, esperó su turno paciente, mirando hacia uno y otro lado.

Mientras caminaba por el pasillo a Manolo se le había venido el corazón a la boca, puesto que Carlota, iba vestida de la forma en que habían quedado de acuerdo para conocerse. Nervioso y creyendo que era Metchild, se acabó el café de un trago y muy intranquilo esperó a ver qué es lo que hacía aquella dama, y si se ajustaba al protocolo que ambos habían dispuesto.

En la otra parte del hall, había entrado muy disimulada Metchild y se había sentado en una mesa muy ladeada, y ella muy discreta esperaba mirando hacia el fondo de la gran estancia, intentando descubrir a su amigo Manolo.

Nadie había precisado en Metchild, por no haber realizado la entrada normalizada, pero gracias al conocimiento que tenia del establecimiento la señora, pudo llegar sin que nadie la viera y sin llamar la atención.

Por la puerta de ingreso, cerca de donde estaba sentado Manolo, no cesaba de entrar personas y alguna que otra mujer distinguida, por lo que Manolo quedó a la espera irritable, de que alguien se le acercara y preguntara sin más.

¡Eres Manolo!



_ ¡Buenos días señora! En que puedo servirle_ dijo el asistente, con animosidad.

_ Hola, que tal_, dijo Carlota_, mirando con interés en lo que se cernía, girando la cabeza, divisando ya a Metchild, en el ángulo que habían previsto cuando preparaban el intento de ataque.

Carlota, estaba siendo atendida, y con mucha elegancia le dijo al meritorio del departamento de recepción.

_ ¿Puede llamar al Señor Manuel García?, por el servicio de altavoces, es una persona que viene de España y no la conozco, se que está alojado en este Hotel y por ello, me gustaría pudieran hacerme el favor.

_ Por supuesto, ¡Faltaría más! ¿Dónde se ubicará usted señora?_ le anunció el sirviente.

_ En la mesa número dos de la sala principal_, con un gesto Carlota le indicó al muchacho, donde estaba la mesa que había designado. No demasiado alejada de donde estaba dispuesta Metchild.

En aquel instante, por línea interna, se anunciaba el nombre de Manuel García, y un servicial mozo lo iba buscando por la sala, para invitarle a que se acercase a la segunda mesa de la Sala Mayor.

Manuel se levantó y se acercó al mostrador de Recepción de Clientes y se presentó.

_ Buenos días, ¡Soy Manuel García de la Serrana!

_ ¡Hola señor!, tenga la bondad de acompañarme, le están esperando _, le participó el mozo que con una reverencia le indicaba por donde debía acompañarle.


El mancebo lo llevó frente a Carla que se había desprendido ya de sus grandes lentes de sol y se levantó de la silla al ver que se acercaba el esperado.
El mozo les dejó a solas, retirándose con una sonrisa clara y pícara en sus faz.

Ellos se miraron, se rompieron trepando con sus ojos por el perímetro de sus plenos y se quedaron extasiados tanto ella, como él, al ver que la realidad se hacía persona y al intuir que algo extraño flotaba en el ambiente.


Manuel, se la miró de arriba hasta los pies sin atreverse a acercarse de momento, quería disfrutar de aquel panorama, necesitaba aspirar todo el aire de la sala en sus pulmones, para que su cerebro estuviera completamente oxigenado y no perderse ni uno de los segundos de luz de aquel  cuerpo de mujer, que él no recordaba.

Una mujer tipo europeo, se le presentaba frente a él,  aunque sabía que era nacida en Nicaragua, la sorpresa que se llevó y el asombro agradable. Manolo, no conocía a aquella señorita de nada, era muy guapa, pero no sabía que pensar. Su cabeza comenzó a procesar pensamientos diversos, y ninguno daba con aquella sorpresa inesperada.

Ninguno de los dos, pronunció palabra en los cinco segundos que mantuvieron el tipo hasta que el teléfono de Carla, comenzó a sonar.

No había abierto la boca hasta que pronunció en respuesta a la llamada entrante, con su voz innata y delicada_. Dime Metchild, que debo hacer a partir de ahora_ Contestó y siguió escuchando las instrucciones que Metchild le estaba dando, desde la mesa que situada en el mismo lugar, quedaba un poco retirada del escenario establecido. Sin que Carla pudiera decir nada, Manuel intentó hablarle con mucha educación, pero ella le hizo gesto amable que esperara unos segundos.

Mientras Carla escuchaba lo que le decía su amiga, se miraba a Manolo, con cierta expectación, como si lo hubiese conocido en otra esfera, en otro tiempo, le era familiar el estar con él, incluso el tono de la voz de Manolo, le era perfectamente conocido y su figura, su presencia, su cara, le estaban diciendo que si, que le conocía, que no era la primera vez que le tenia presente.

_ ¿Metchild? ¿Tú eres Metchild? _ Interrogó Manuel, con un halo de inquietud, al ver que aquella imagen de persona, no correspondía a su esperada amistad.

No era para nada la mujer con que había estado comunicándose durante bastantes meses. El mismo nerviosismo, le había llevado a una dislocación de la realidad y de los hechos, que ahora comenzaba a reaccionar y ver la situación, recomponiendo todas las piezas de un puzle inesperado.

_ Manuel, yo no soy Metchild. Soy Carla su amiga, si eres tan amable de esperar yo misma te llevaré y presentaré a Metchild.

Te encontrarás directamente con mi amiga, con Metchild, la que te ha estado esperando impaciente desde hace semanas para abrazarte. Has de perdonar el montaje, que nos aseguráramos de este paso y nadie cometiera errores, ni hubiera enredos. Se han dado astucias muy desagradables en esta zona y urdimos esta estrategia, para reservar la dignidad de Metchild.
¡Espero lo comprendas! Cuando Manolo iba a abrir su boca para pedir explicaciones. Carla le dijo_: Gira tu cuerpo noventa grados y ahí está tu amiga. ¡La verdadera!

No pudo decir ni media palabra, Manuel se dio la media vuelta y a unos pasos, estaba en pie aquella guapa señora, que con una sonrisa le esperaba para darle la bienvenida. Morena, muy guapa, serena, alta, con un porte especial, un peinado natural de cabello negro que le caía sobre el hombro izquierdo, sin llegar a ser melena. Su amplia dentadura blanca, atractiva daba señal del cuidado que la dama le ofrecía a su cuerpo.
Se adelantó y quedó a unos pasos de Manuel, con un par de lágrimas a punto de recorrer el camino de descenso por el cutis de su cara.

_ ¡Soy Metchild!, ¿no me vas a saludar?

El caballero, se adelantó y sin pronunciar nada, le besó en los labios, de forma frugal, sin aparatosidad, acercándole la totalidad de su cuerpo, pasándole aquella necesidad de posesión, que ya hacía días transportaba.

_ Hola Metchild, he dudado, no sabía que pensar. Creía había viajado para nada, ha habido un momento, que me he desorientado. No es que tu amiga fuese maltrecha, ni fea, pero no era ese perfil con el que he estado soñando, escribiendo y tratando, durante estos meses y me he preguntado ¡Sí que has cambiado! 


_ Por cierto Pajarito, voy a presentarte a mi amiga, ¡la mejor!, es como si fuera mi hermana, y la verdad, para ser sincera, me moría de vergüenza tener que recibirte así de buenas a primeras, se me hacía un mundo. Por ello, pensamos en esta travesura, espero nos disculpes.

Se acercó a Carla, que permanecía emocionada junto a la parte opuesta a la mesa nerviosa, contenta, alegre y dichosa por ver a su amiga, ¡tan feliz!

Continuará

To be continued





lunes, 21 de abril de 2014

Viernes Doloroso


¡Si amigos!, todo comienza hace de paso mas de dos mil años. Tantas lluvias, tantos temporales, demasiados asuntos sin resolver y muchos disgustos que no se han narrado en todo lo que refiere la Semana Santa.
Por ello, es mejor buscar las historias en lugares creíbles, en recintos próximos. Desde que aquel Gobernador de Judea se lavó las manos en presencia del pueblo y preguntó a quien querían salvar. ¿Recuerdan aquella anécdota? ¡Sí! por Dios, ha superado todos los tiempos y todos los avatares y además ha salvado las mil y una maneras de explicarla, jamás nadie ha tratado de ocultarla. Por si acaso ahora no les viene a la memoria ahí va:
Tiberio Poncio Pilatos el prefecto Romano, preguntó al pueblo, a la multitud. _ ¿A quien suelto? _, de los dos uno dicen que es el que viene en nombre del cielo a salvaros, llamado Jesús y el otro es un ladrón conocido de todos vosotros, ¡Barrabás!.
El pueblo clamaba como desesperados, salidos de sí, en su creencia de estar en lo claro, despreciando al tal Jesús, aquel que decían había protagonizado aquel reparto de panes y de peces, aquel que a su amigo resucitó, tras llevar mas de dos días sepultado. En contra de aquel que vivía fuera de las leyes y entre peleas y broncas, sin olvidar todos los desmanes que protagonizaba. El gentío clamó dejándolo muy claro_. ¡ A Barrabás! ...¡Salva a Barrabás!
Del Quinto Prefecto de Judea, volvió a salir aquella interrogante_. ¿Al ladrón? ¿Queréis salvar al ladrón? y el pueblo volvió a vocear con rabia y con saña_. ¡Sí! a ese queremos librar de la cruz.
Tras más de dos mil años, el pueblo sigue eligiendo a los que como Barrabás actúan, los sigue salvando de la cruz y de dar la cara, siempre hay excepciones gloriosas que se salvan, sin embargo las menos. Condenaron a muerte al Jesús de Nazaret.
Que gozada cuando se ve en imágenes reales toda esa representación. Comenzando por el romper del silencio.
La llamada Rompida, a las doce del mediodía del viernes santo, cuando en la villa se unen de todos lados para ver esa estampa, tan real como que el sol luce cada día, que las imágenes muestren ese sonido, ese color esa fuerza que imprimen los mozos de Valderrobres, aporreando sus bombos y tambores, para hacer esa llamada de la crucifixión, para delatar a esos cobardes que hicieron que un hombre fuera a la cruz, viniera de donde viniera y fuera quien fuese.

Link de la "rompida". Marcarlo y con el botón derecho pulsa a ir  a:

http://youtu.be/ExjZjxNe32A



El viernes Santo a partir de la nueve y media de la noche, los nazarenos se preparan para sacar su procesión por las callejuelas de Valderrobres y con el peso salir al casco nuevo donde se aglutinan los turistas y los lugareños para ver discurrir su peregrinación. Todos rezan como en cualquier parte de España, que por lo menos en ese tramo horario no llueva, en caso contrario se suspenden todas las salidas y queda absolutamente todo anulado. 
Después de tanto ensayo de trompetas, de bombos y de tambores, que les lleva desde la mitad del año hacia estas fechas el ensayar, para que ahora por el capricho de la naturaleza en dejar caer su precipitación. Llegó la hora de la salida. Los cornetas a punto para dar el toque de atención y firmes y desde la plaza de la Iglesia, comenzó la comitiva a desfilar, cada feligrés se iba colocando detrás de donde ellos son creyentes, o tenían su promesa hecha.
Los Bombos comenzaron a dar su estruendo serio y seco, dejando el ímpetu bajo mínimos, los nazarenos serios, todos con su capirote encasquetado sin dejar traslucir quienes eran. En los márgenes de la derecha y de la izquierda de la procesión iban los acompañantes, con sus cirios y velas, justo al lado, delante o al pairo de su imagen señalada. Con paso serpenteante y cansino, muy lento iba transcurriendo la presencia de algo que en el ambiente levitaba
¡Boom, Boom! El susurro desesperante del bombo. ¡Requetequeté! el escandaloso rumor del tambor, sin tregua, sin pausa, sin prisa, sin gracia, sin garbo, sin más.

Silencio, pasa la Virgen por la puerta, y todos miran extasiados hacia arriba, nadie habla, casi ni respiran_ excepto aquellos que están de vuelta de todo_ La asociación entre la gente y el paso es ferviente y nadie lo expresa, todos en algún momento miramos al cielo, y decimos algo que nos de referencia a lo que solicitamos.
El bar de la plaza, esta medio en penumbra, todos recogidos, las mesas que disfrutan de los caldos de la tierra o de la cena que consumen, hasta disimulan en el mascar para que el rigor de la imagen que pasa, se dignifique con su postura tranquila y sosegada, degustando lo antedicho, sin precisar que la procesión andante cruza la plaza.
En otro tiempo, no muy lejano imposible hacer esta degustación sin más, y en esas tesitura. El mascar se unifica con el talento de los bombos y parece que se masca más la tragedia que la comida. Un traguito de vino amargo para pasar con lubricante ese degustar, que ya no gusta, que encima criticados por los penitentes que acompañan al trono denuncian con sus ojos. La gente se arremolina desde la plaza de España, puente de piedra, hasta la carretera, cruce a la izquierda, curva del horno de Guarch, hacia el puente de hierro para enfilar la calle de don Santiago Hernandez Ruiz, pasando por los porches del Casino, hasta nuevamente franquear la plaza España.
Volver a ver a los que mascan, y beben en penumbra, sin dejarse ver, sin ser vistos, sin ser destacados, decir ni ""muuuú,"" hasta enfilar la calle del Carmen hacia arriba, doblar por la calle del Codo a la izquierda, pasar frente al Hotel El Castell y llegar a la Iglesia principal de Santa Maria la Mayor, para guardar devotamente las imágenes para ser utilizadas en la Semana Santa del año próximo



Link de la "procesión del Silencio". Marcarlo y con el botón derecho pulsa a ir  a:

http://youtu.be/lnGvZzz8JtA


Dejamos unas imágenes de los detalles de la procesión de la Virgen, no es una diferente, es simplemente tomas que han sido detalladas desde otros ángulos o posiciones.


Link de los "detalles ". Marcarlo y con el botón derecho pulsa a ir  a:
http://youtu.be/rfxkG6vWxb4











lunes, 14 de abril de 2014

El wáter cósmico _Te conozco_

Esta historia conecta con la última entrega
Para recordatorio de otras. ver el links de la última publicada
http://emiliomorenod.blogspot.com.es/2014/04/el-water-cosmico-quitatelas.html




Manolo conocía a Metchild tan solo por foto, nunca había estado a su vera, jamás había apreciado de su olor corporal, no tenía ni idea de cómo se movía en distancias cortas, ni siquiera en grandes trechos. No conocía su resonancia ni contraste, a pesar de haber hablado vía teléfono y notar su tono por teléfono o por video conferencia, no es igual timbrar y modular la voz al lado de la persona, que a miles de kilómetros de distancia. Ni la percepción es la misma, ni los detalles de cercanía se ven en estas condiciones.

No sabía lo que era decirle un piropo al oído, ni compartir sonrisas. Notar su silueta, ver la sombra de su figura al rondar junto al paseo marítimo, sentarse en la cafetería a compartir un aperitivo, apretarle las manos debajo de la mesa, o tocarle las rodillas de forma furtiva mientras veían una película de estreno en el cine de la barriada.
De los cinco sentidos que usan los humanos, Manolo y Metchild, solo habían ejercido el de la vista al mirarse y nunca en directo, con unas horas de diferencia, siendo una imaginación lo que había de transmitir el trámite real, al no haber estado juntos jamás en la misma estancia, se conocían muy bien por imagen derivada del video o de alguna foto.
El oído también podía ser contrastado con algún matiz, pero el olfato y el tacto, ¡jamás! El gusto, lo tenían simultáneo y comprobado de forma virtual, a lo lejos por lo que sí se podía predisponer de alguno de los sentidos en positivo, aunque fuesen diferidos.

Manolo quería dar una impresión concreta. La de buen hombre en principio, la de persona honrada, educado y servicial y sobre todo quería demostrarle todo aquel apego, que le había dispensado en este tiempo que habían compartido, cartas, llamadas y conceptos ilusorios.
No era un tipo “diez” en aspecto, ya que no tenía una planta de modelo de pasarela, tampoco era un adefesio, pero dejaba mucho que desear si se comparaba con ese tipo de hombres.
Alto y muy flaco algo desgarbado, siempre vestido con traje, muy pulido y limpio, agradable, bastante calvo, y con una educación fuera de lo normal, trato preferencial a los semejantes y exquisito con las mujeres. Dado que era profesional del comercio y estaba preparado para ello, sabía comportarse y como preparar las palabras para que gustasen, siempre que él así lo dispusiese.

Tampoco era lerdo y contaba con un carácter genuino que no podía desplazar ni aparcar en momentos de rabia y furor, ya que iba implícito con sus genes.

Había balbucido entre él y su pensamiento, como iba a ser la primera impresión al encontrarse con Metchild, cuando apareciera, donde debía mirar, donde llevar sus pupilas, y donde le gustaría a él, que ella fuese a fijarse. Pocas prebendas tenía en su mano para poder ofrecer, ya que no estaba en su casa, y en un hotel no disponía de todos los recursos, aunque pensó en que cuando entrara la mujer, se quedara buscándole con la mirada.
Aunque lo hiciera disimulado y no lo ubicara en principio, que le fuese difícil localizarle, hasta que él mismo se le acercara y le susurrara al oído.

Por lo que decidió esperarla fuera de la sala del comedor, y hacer la entrada compartida con ella, sin que pudiese imaginar que la persona que ella buscaba, no estaba en el interior del recinto donde habían quedado en un principio.
Procuró situarse en una mesa fuera del recibidor principal del Hotel Los Robles y en uno de los accesos externos de la recepción de los clientes, se acomodó en una de las mesas y solicitó un café cortado mientras veía pasar no a demasiada distancia desde donde estaba acomodado, todas las personas que entraban y salían de aquel complejo hotelero.

Metchild, hacía unos minutos le había mandado un mensaje por whatsApp con la apostilla de que ya salía de la oficina y que en poco estaba para conocerle, que estaba muy nerviosa, y que tenía unas ganas enormes de abrazarle.
Le abordaron a Manolo, todos los recuerdos inmediatos por su cabeza, su modo de conocerla, la casualidad de la vida, los momentos que parecen sean fabricados para que las personas se encuentren en los lugares más insospechados, y con las distancias más anormales.

Individuos que sin conocerse de nada, llegan a intimar y a formalizar esas ilusiones que no siempre quedan en un tintero, esperando que alguien las describa. Al vendedor de la empresa Schissen Lecker, le importaba muchísimo poder vender  cuantos más equipos del afamado Kosmische Wasser, por aquel sentido de la responsabilidad que siempre tenía, y por las suculentas ganancias en comisiones y desplazamientos que le suponían, pero lo que realmente le había movido a hacer ese largo viaje a las Américas era el poder conocer a Metchild, de una forma agradable y sin tener que preparar viaje expreso para tal motivo.

Con lo que pensaba con agrado que el destino le había favorecido y le ponía los detalles y situaciones en franquicia para conocer por casuística ideal y propiciatoria a su amiga.
 Dejándose de remordimientos, de pesares y de gastos innecesarios en el caso de no llegar a buen puerto en ese encuentro y no tener un desvelo si no fuese lo que esperaba.

Metchild tampoco quería dejarse sorprender por nadie, era una mujer resoluta y estaba en la página actual de la vida, activa y decidía, jamás dando por perdido ni un resquicio de posibilidad en su devenir, ni en su felicidad. Atractiva y desenvuelta, sin querer dejar al azar esa primera entrevista, con aquel hombre que ella creía podía ser su media creencia y comenzar una historia tan bonita como arriesgada.

Extranjero, español para más señas, con solo referencias fortuitas de nada que fuera oficial, buen vocabulario, mejores deseos, primorosos requiebros y sensaciones impensables, tampoco hacían que Metchild se dejara perder por tan poca reserva y tan poco brillo. Toda precaución es poca, cuando se trata de la intimidad y a pesar de que el corazón le decía algo diferente, su cabeza le abocaba a llevar el más absoluto de los cuidados y la más exigente de las cauciones.

Descendió del piso sexto de las oficinas del Banco de Fianzas de Managua y justo en la puerta, la esperaba su amiga Carlota, una mujer de su misma edad, con la que había compartido lo mejor de su juventud y de sus regocijos. Cuantas Toñas, se habían bebido mientras disfrutaban de la noche de Managua, de las diversiones y placeres  que les regalaba la vida, de los pretendientes y de los amores que habían pasado por sus vidas, sin dejar ninguno, esa huella auténtica que les atara a ellos.

La de secretos que compartían las dos mujeres amigas, que igual de tanto roce se les podía relacionar de hermanas.
Carlota una mujer, tan o más guapa que Metchild, ya que ésta era totalmente autóctona de la misma Nicaragua. Tica auténtica, galana y sensual, morena, espigada y bien proveída, muy lista y agradable que pasaba muy bien por las medidas de cuerpo y altura que tenia Metchild.

Al encontrarse en la recepción del negociado, para ir a desarrollar aquella acción, las dos se miraron prudentes y no pudieron por más que sonreír y pensar entre ellas ¡Que vamos a hacer!
_ ¿Estás segura del paso que das?_ Le dijo a Metchild su amiga Carlota, riendo y con una picardía atroz, disfrutando de lo que su amiga le había propuesto representara.

_ Carlota, ¡Él! ¡Me gusta! pero no le conozco de nada, es muy chic, y educado a distancia, pero y si es mentira, y si la foto que me mostró no es la suya, y si no corresponde la imagen que llevo de él, con la que me mostró, y si el tal Manolo es un fraude, no es de mi agrado, ¡Qué pasa!, como le digo ¡adiós muy buenas!

Así si vienes tú, entre que hacemos este interludio yo le veo, me da tiempo de pensar y de sentir y si ya de entrada no me llega, te llamo por teléfono y me lo pasas y yo misma le digo que no es mi tipo. Salimos de ahí de forma elegante y educada, sin tener que dar disgusto ni montar un escándalo a Manolo ni a nadie.

_ Sobre todo Metchild, no seas cruel, no dejes tampoco que te gane la pena o el remordimiento, ni concretes nada, es muy pronto para que te comprometas, si es que llega ese punto. No entiendo cómo te  has enredado con una persona de tan lejos, cuando aquí tienes los partidos que quieras. ¡Lo sabes! _, opinó Carlota, mientras tomaban un taxi y se disponían a llegar a las puertas del Hotel Los Robles.

_ ¡Pues!   …Como te lo diría yo Carlota_ dijo Metchild con ese agrado que ella compartía con los demás, con esa franqueza y alegría_ No es un tipo gracioso, ni guapo, ni extraordinario, pero tiene algo, que no sé…  pero me encanta, me ha ganado al cabo de este tiempo.
Por no presumir de nada, por no ser capaz, según él, de conseguir la meta, por no entretenerle lo que a los demás les divierte. Está para divorciarse, si no lo ha conseguido ya. No tiene hijos ni además vea que le gusten, no es chulo ni apasionado, es de lo más gris del mundo, sin embargo tiene alguna gracia oculta que me pone.

_ Bien amiga Metchild, ya veremos en qué queda todo, ya hemos llegado y déjame volver a ver la foto suya, para que la memorice.

El taxi llegó a la misma puerta del Hotel, y Carlota recogió la foto de Manuel García de la Serrana, mientras Metchild abonaba lo marcado por el taxímetro y las dos se dispusieron a entrar de forma disimulada, por si el señor Manolo, había dispuesto a su vez alguna treta, que las desorientara.

Las dos mujeres, habían ocultado su cara con unos anteojos de sol, de los que son superlativos y vestían muy a la moda, llamando la atención por sus  piernas extremadamente bonitas y por su talle, que no dejaba a nadie sin retorcer el cuello al pasar, para mirarlas.

Carlota se separó algo de su amiga y comenzó a representar su papel, caminando con su contorneo femenil hacia el acceso del complejo hotelero y accediendo al mismo, mientras Metchild, se retrasaba según lo acordado y entrando por otro lugar



Continuará

To be Continued