Mostrando entradas con la etiqueta Festival de la dona. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Festival de la dona. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de febrero de 2012

De la cepa



 
Camino muy largo seguí
para conseguir mi regalo,
yo no quisiera mentir.
Aún lo estoy esperando

Aguardando su llegada,
distraigo mi amargura,
prefiero ser muy sincero.
Si cuando llega. ¡Perdura!

Los sueños son cotidianos,
pensando ¿Que será digno?
El balance ya vendrá,
cuando vaya de camino.

Desconozco si soy débito,
quizás, adeudo mi saldo.
Abrasado por culpas,
el crédito ha resbalado.

No presumo de valiente,
incluso puedo ser mohíno,
permítame celebrarlo
con un amargo de vino.

Los días consiguen merma
en mi espectro de cigarra,
si palpo, ya no conozco,
ya no tañe esa guitarra.

Como olvidar los guirigayes,
cuando todo era esperanza,
¿Hubiera guardado algo?
No serviría de nada.

No adivino dejadez,
en el traslado del alma,
no me quedaré plantado,
tampoco tocaré palmas.

A menudo me pregunto,
¿Cómo recorrí la cañada?
Tan angosta que es la vida,
no pude gozar de nada.

El carácter, viene en la cepa,
amonesto mi andanada.
A todos no puedo gustar,
bastante y mucho me aguantan.

Cuantas noches perturbadas,
intentando conciliar,
errores ya incorregibles.
No se pueden subsanar.

Soy feliz, cuando no pienso,
no existe sensación igual,
de ahí hundido en los versos,
para sentirme genial.


viernes, 18 de marzo de 2011

Me bajo en Triunfo

Capitulo 1º  Testigos, encausados y licitaciones
Me bajo en Triunfo



Cuando advirtió estaba en el andén del metropolitano en dirección al Supremo, el intervalo le atosigaba, aunque sabía de antemano que él no era el encausado, no vislumbraba ni remotamente, que se iba a relacionar con la diversidad y amalgama mas variada de proscritos, acreditados artesanos de la delincuencia, prototipos deleznables e irracionales, que ciertamente viven fuera de la ley y que ni en los letargos más hostiles hubiera soñado, clases sociales marginadas que están ahí, que circundando la humanidad, violentan a los profanos cuando la casuística y el azar les cruza el camino.

El quejido de las vías del tren le hizo volver a la realidad, cavilaba, que no podía equivocarse y llegar más tarde de la hora en que estaba citado, hizo transbordo para tomar la línea más aproximada al lugar donde estaba su destino.

Concentrado en sus argumentos, no atendía a la muchedumbre que le rodeaba en el itinerario, cuando llegó a su terminal se apeó y andando con paso firme y audaz, llegó a las escaleras mecánicas. Al ascender a la calle observó la mañana tan fantástica que hacía, lucía el sol como si de un día de pleno verano se tratase, de repente volvió a notarse vivo y se fijó en los transeúntes, una auténtica revolución, gentes de toda condición; en caterva, sin coincidir entre ellos, sin saludarse ni tampoco atender el gran alborozo que emitían, aletargados, aseados, desgreñados, indigentes, irrespetuosos. Afluencia terrenal, unos; con más celeridad, sin turbarse, directos a sus penurias, como si el mundo tuviera las horas contadas y de pronto todo concluyera. Otros haciendo de su camino un regodeo, un contento, mirando de no tropezar con aquellos precipitados; y todos sumergidos en sus infortunios.

Mientras caminaba, procuraba de forma particular el estar alerta, generándose en su cerebro, las respuestas a las posibles preguntas del interrogatorio. Los destellos del sol le tocaban suavemente la cara y casi cegaban su vista por el influjo de la luz contra la graduación de los cristales de sus gafas.

Su maquinal le estaba sometiendo a un examen de los incidentes, y se iban presuponiendo las evidencias, quedando muy registradas por si hubiere caso, su convicción estaba conducente y aplomada, y su fonética debía ser templada y con tono comedido, sin ponderaciones, ni teatros, simple y llanamente lo que acaeció.

A fin de cuentas._ seguía reflexionando _ le sacaron de la cama, aquella amanecida del mes de mayo, cuando sonó el teléfono, no eran las cinco de la madrugada todavía, lo despertó la policía, no tenía ni idea de lo que ocurría, hasta que hicieron las preguntas de rigor, y quedó sobrecogido por la noticia.

_ ¿Y ahora qué debo hacer?. Era su última duda antes de aterrizar de su vuelo imaginativo.

Había hecho el trayecto necesario, en un breve espacio de tiempo, transitando las calles de la ciudad. Sin reparar subía la escalinata de los juzgados fijándose en los diferentes carteles indicativos que impávidos, inertes e inviolables mostraban en dos idiomas los diversos departamentos y orientaban a los no habituales.
El vetusto edificio, de una antigüedad no muy lejana, posible construcción mediados del siglo XIX, elegante y señorial visto desde la distancia. Permanecía de puertas abiertas, frente al acceso de entrada los encargados de la protección con ojos cautelosos escudriñaban a todo el que pasaba delante de ellos, al ingresar en el edificio, el servicio de seguridad le hizo desocupar los bolsillos y acceder por la pasarela detectora de metales, el corazón irrumpió en una carrera irrefrenable de pálpitos taquicárdicos, notó que la sangre aceleró su velocidad de sedimentación a niveles extraordinarios. Recogió los objetos personales que habían pasado mediante la cinta transportadora entre las estaciones de control, a la vez que servidumbre especializada lo revisaba desde las pantallas de sondeo. Comenzó a escalar los peldaños, debía subir cuatro pisos, umbrosos, lúgubres y tiznados. Los descansillos anchurosos muy foscos, escasamente un luminoso con el tubo cuasi exhausto pendía del techo con un parpadeo latoso; antagónico con el día tan impoluto que lucía, y que instantes antes había deleitado.

Le costaba cada vez más ascender por aquella vía, en la que se cruzaba con nacidos del más amplio trasgo, cada zona tenía su indicación, no había pérdida ni posibilidad de error. En la cuarta planta se encontraba delimitado el distrito de tribunales que buscaba, el público se agolpaba bajo los dinteles de madera, el ruido era ensordecedor, unos por aquí otros por allá, dentro del desorden, se detuvo por unos instantes, observando in situ lo que se le ofrecía, queriendo descubrir alguna salvedad o pretendiendo distinguir algo que le fuese doméstico, se dirigió a uno de los bufetes que estaban con las puertas de par en par, preguntando si era allí, donde estaba convocado, mostrando un despacho, que había recibido hacia ya poco más de un mes y medio. 
_ ¿Perdone, sería tan amable de informarme si estoy en el lugar adecuado? _ Mostrando la misiva con educación y donaire.
Contestó una empleada, de mediana edad, después de hacer una pausa y oteándolo de arriba abajo, exhibiendo unas descuidadas manos y un cabello muy roñoso _
- Pregunte al oficial Judicial, está en ese departamento, lo identificará, lleva gafas y tiene muy mala leche.- indicándole con un gesto hacia la izquierda (...)

Tomó otra vez el sobado telefonema y acechó justo al lado de la embocadura de la Sala de Vistas, allí había un colectivo de personajes bastante llamativo, entre ellos se encontraba una fémina joven de color. Cabello a modo de coleta corta anudada con una cinta elástica, muy aseada y vestida con sencillez, sobresalían unos ojos profundos y diáfanos, una boca con los labios grandes, la dentadura blanca nacarada, extremadamente pulcra e higiénica.
Razonaba con otra hembra más adulta, de tez cobriza, que por su acento debía ser hispana, predicaba en guisa plañidera y desolada, como queriendo enviar su mensaje a alguno de los que allí se encontraba, el resto eran hombres de edades comprendidas entre los treinta y los sesenta años, pero a todos se les presuponía, que se dedicaban; A la tan famosa protección del orden público.
En especial uno de ellos, tenía los bíceps tatuados con la " Romana de la Ley ", que mostraba con el máximo orgullo. Su persona ofrecía todo un espectáculo narcisista.
Regodeaba su presencia y se embelesaba él mismo, al verse reflejado en los cristales de una ventana. La jerga que tenían entre camaradas era propia de un sainete, presumiendo de actos y de historias un tanto increíbles.
Cuando se abrió aquella cancela apareció un togado con gafas, seguía a una exigua comitiva de individuos, salían del sumario que justo se había celebrado. Aún tenía el aviso en la mano, y abordando al letrado; creyendo era la persona a la que debía presentarse, le hizo la pregunta; este se rió y le comentó que no era el agente judicial.
_Perdone, me han dicho, que era un señor con gafas. _
- Oiga, gafas lleva mucha gente.- Volviendo a reír el letrado y siguiendo su camino sin detenerse.

Adivinó por deducción y por lógica, que los togados no eran el mismo ente jurídico que los oficiales de juzgado, se notó inquieto y atribulado, la nula experiencia, el no haber vivido semejante circunstancia, ni tener referencial en estos casos, el respeto a todo lo que sobreviniese, la falta de seguridad, el ridículo que sintió, hizo enmendar la premura y el anhelo por descubrir al secretario.
Nadie le iba a extender una mano de apoyo, no les interesaba ¡porqué! Cual era su móvil, ni si tenía delitos, o si era el interfecto. Comprendió que era uno más de aquella vorágine; no valían prebendas ni subterfugios, precisaba estar atento, impasible y sosegado.

Justo al concluir aquellos raciocinios, aparecía el auxiliar que pretendía, ésta vez, lo descubrió, además de llevar unos superlativos anteojos, certificó el otro dato, la mala leche, se le suponía, por la apariencia y ademanes. Respiró, llenó los pulmones con unos litros de aquel aire infecto, y le abordó con educación como hizo con el picapleitos, éste se excusó con desprecio, conminando a que aguardara. Con una actitud grosera y dando alaridos desapareció a la carrera averiguando para reprochar a alguien.
Volvió a abismarse de nuevo percatándose del conciliábulo que gastaban aquellas mujeres, visó que aguardaban para entrar en la audiencia, incriminadas de algún delito licencioso y que el resto de personajes, el del porte musculoso y los acólitos eran los agentes que habían procedido a la detención.

_Mira Olegaria, aunque tu; hayas salido de Cuba y te creas que estás en el paraíso terrenal, las cosas no son tan bonitas ni fáciles, en este país hay mucha injusticia y xenofobia.-
Hablaba Domitila, la Dominicana; la de color cobrizo dirigiéndose a la negrita, que la miraba a los ojos, queriendo comprender lo que realmente transmitía su comunicante.-
- Y éstos….. Maderos…, nada más hacen que chulear, no te dejan vivir.
Siguió aduciendo en tono despectivo mientras la morenita Olegaria escuchaba sin reflejar en su rostro mueca alguna.

Guardando el comunicado en un bolsillo volvió la cara para mirarlas. La chismosa latina, denotó que el mensaje había llegado dónde pretendía y acto seguido se puso a vaticinar con la muchacha de dientes amarfilados en una jerga, ininteligible para cualquiera de los que aguantaban allí, quizás le avisó de algún detalle, del hombre del atuendo claro y de la agenda, que seguía sin ser atendido, por el mal educado empleado público.

-Ahora entramos nosotros.- un joven le dijo a Domitila con una sonrisa en la boca, mientras pasaba entre ellas sin detenerse.
-De acuerdo _ contestó ella, con su entonación caribeña, no sin ondular su cuerpo con aquel morbo tropical, tan singular de las bailarinas del Combo Puertorriqueño
-¿ Quién es? _ Preguntó Olegaria, mirando con desconfianza al joven, a medida que se iba alejando. -
- Es nuestro abogado _ le dijo la indiana Domitila, sin dejar de observar al joven con lascivia.

La negrita enseñó los dientes al sonreír, haciendo gesto de complacencia, el intercesor volvió a salir de dónde había entrado y le preguntó algo en susurro, acercándose al oído de la cobriza aborigen.

Ésta contestó con la cabeza haciendo signo de negación y apostillando en voz alta.
-!La negra bembona es mi cuñada¡ Haciendo reconocible la parla dulzona, señalando con la mano, hacia la muchacha de color.

-Está casada con mi hermano. . _ Siguió arguyendo, con una guasa en su rostro, que le centelleaba por la cantidad de maquillaje._
El letrado sonriendo y mirándola de forma penetrante y obscena, se excusó, mientras desaparecía por otra puerta, la criolla, rió y dirigiéndose a su emparentada le charló en rumor bajo del detalle poco educado del secreto que le había confesado el jurisperito, matizando según su lenguaje corporal que le había agradado, la broma del joven defensor.
Con el telegráfico de nuevo en la mano y un poco más tenso pero a la vez más intrigado en lo que se cocía allí, seguía alerta a los acontecimientos.
Domitila la criolla teñida de caoba, con su pelusa escarolada, un tanto desamparada de presencia, justificaba a lo que se dedicaba y no fingía ni se ocultaba. El calzado con ausencia de lustre, así como las uñas de las manos; largas mal perfiladas y puercas, eran sinónimo y postal de visita inequívoca de la ínclita mujer, que bien se diferenciaba de la presencia personal de su cuñada.

Al poco, apareció por el corredor el oficial judicial y el caballero pudo abordarlo haciéndole la interpelación, que tanto tardaba en ser respondida, este abrió una carpeta y miró, indicándole afirmativamente, que esperara, punteando el nombre en su hoja, el juicio estaba previsto para las doce menos cuarto horas; faltaba bastante. El oficial procesal le ordenó con autoridad que aguardara fuera, que serian invocados todos a su tiempo.

Dentro quedaron las dos latinas, los guardianes se habían recogido en otra sala contigua a aquel callejón, justo en el lateral de la Sala de Audiencia, estos jaleaban haciendo uso de su falta de tacto y de posesión de la autoridad mal acreditada, haciéndose notar ostensiblemente, queriendo resarcir algún detalle con la alianza de la secretaria de aquel despacho con quien trataban y comentaban particularidades de alguna intervención callejera.
Con las instrucciones que había recibido y su cita documental guardada por enésima vez, entre una de las hojas del dietario que llevaba, escapó del pasillo, cediendo la antecámara, a las dos peponas que estaban esperando de un momento a otro enfrentarse al juez.

Ya en el corredor, después de oír lo que había y no dando crédito a la situación que le amurallaba comenzó a tener síntomas de intriga y trató de enterarse de qué y cómo funcionaba todo aquel entramado que de forma casual le había llevado a participar como artista incidental en un culebrón enigmático.

Leyó minucioso los panfletos que colgaban suspendidos de una chincheta en los tablones de anuncios. Indicaban los procesos y las vistas que habían sucedido o que estaban por celebrarse, lo comprendió divinamente, se relacionaban por orden de causa, aclarando la hora que se debía celebrar el dictamen, el motivo de la querella, el litigante, el acusado y los circunstantes que aportaban tanto la defensa como la fiscalía.
Allí estaban sus referencias, abiertas a todo el que quisiera descifrarlas, claramente los dos apellidos y el nombre, en calidad de testificación, número de expediente y del documento de identidad, con la dirección del domicilio y hora de la incoación. De los acusados únicamente se reflejaba el patronímico.
En aquel momento conoció como se llamaba el pillastre. Aquellos datos así suministrados, no le hicieron chispa de gracia, al caballero.
Pensaba, ...no sin tribulación _ Será todo lo correcto y lo democrático que se quiera, con tanto chorizo que anda suelto; solo falta proveerles ideas y relaciones, por si no quedan complacidos de los damnificados, poder volver a incomodarlos de nuevo.

Esos registros personales en sus manos que escrutan con sosiego, mientras esperan resolver su última fechoría, son una reseña adicional que no debería estar a su alcance.
No daba crédito a leer aquellas líneas en un lugar semejante. Servidos en bandeja por la propia Administración, con todo lujo de detalles.

_ Inaudito _ seguía rumiando al tiempo que mecía sus cabellos_

Con esos indicios te montan un "sarao" y te birlan hasta la cera de las orejas. Quien había autorizado aquel disloque. Se hacía preguntas sin respuesta, quedando perplejo y desolado.

Aquel claustro era miserable y descuidado, tan mugriento que las pisadas quedaban dibujadas en el mosaico, que morado en su color natural y lleno de polvo, por la infinita dejadez humillaba a la mirada, las colillas de los cigarrillos iban directamente al piso; la estancia carecía de ceniceros, en el afán de prohibición y veto a los fumadores.
El ambiente era sofocante, tanto por la enrarecida atmósfera, como por la poca sistemática que denotan estas estructuras públicas; se manifestaba la ausencia de lo necesario que es para cualquier territorio, tener regulado el dogma, para que nadie se quede sin su castigo cuando lo merezca. Parecía lo contrario, a quien se castiga es ...al infortunado que ha sufrido con el escarnio, estafa o vaya a saber; relacionarlo sería ímprobo por la cantidad de fechorías que existen.
Por regla general, los delincuentes cuentan con derechos y ojito que te pases, o intentes hacerles ver donde está la razón, que saben todos los recovecos de las normas vigentes.
Todo quisque esperaba su turno, mezclados policías, letrados, inculpados, testigos y acólitos; habrían quizás una cuarentena de personas, todas postergadas a la llamada del subalterno.
Los rodapiés marmóreos del corredor habrían sido níveos, pero ahora rotos y desconchados como dentadura perdida, yacían asquerosos. Las paredes graníticas de color grisáceo, perseveraban groseras en su parte baja y vulneradas con huellas de zapato, por la propia falta de atención y limpieza, en el techo faltaban algunas de las lamas de aluminio que separaban el cielo raso, entre las cuales se podían ver los cables de la instalación eléctrica y los tubos de la calefacción, un auténtico paradigma del desorden y de la escasez de pulcritud.
Adosados a las paredes cuatro bancadas de madera noble barnizada, soportaban el peso de la concurrencia que permanecía sentada en ellos, el resto de pié o paseando de derecha a izquierda, amén de los que ambulaban de un lado a otro entrando y saliendo de las diversas puertas que daban al inhóspito pasadizo.
Los fulanos denunciados por delitos cometidos, no mostraban el más mínimo atisbo de preocupación, quizás eran los que más asumido tenían su presencia en aquella cámara, salvo honrosas excepciones, que todas las normas las tiene.
La concurrencia, inhibida comentaban entre ellos mientras otros despachaban con sus portavoces, temas dimanantes de su futuro inmediato, resolviendo las últimas dudas y aclaraciones antes de entrar en el hemiciclo.
Se levantaban del banco con movimientos angustiados y se sentaban otros. Estos quedaban quietos por algún tiempo y los que habían estado acomodados quedaban en pié, y viceversa, como si de una noria de festejo se tratara, la mayoría fumaban despiadadamente, de nuevo el ruido era clamoroso, y el ambiente insoportable, pero sugestivo y candescente.

Al pronto salían aquellas dos alhajas que sollozando escuchaban atentas los comentarios del abogado que tan sólo unos minutos antes les había arrancado la risa, con paso lento se iban alejando, hasta que se perdieron al final del pasillo, del corredor, del tiempo, del juicio, que de forma inapelable, con probidad o sin ella habían recibido sentencia, una sanción de la que se deducía por la imagen que les quedó no estaban en absoluto conformes, esfumándose por el portal de acceso a la cuarta planta.

Tras sus huellas aparecieron en la escena aquellos agentes que ha poco, reían y hablaban en un tono altísimo, que casi escandalizaban. Reunidos y con voces más intrigantes mascullando, no sin guasa intercambiaban opinión sobre la rápida resolución del Señor Juez.
Cada cual tenía su versión parecía que todos estaban de acuerdo con la condena y celebraban de forma activa como se había desarrollado la vista.
-Ni son cuñadas, ni el que va a camelar a la negrona, es hermano de la dominicana, son dos putones que trabajan en el Blustres, un putiferio del ensanche _ adujo el fiscal.

-No tienen remedio, se les hizo un registro en el antro y se les encontró de todo, drogas, prostitución, menores, una auténtica casa de lenocinio, conculcando pederastas y tipejos de toda calaña. Concluyó el letrado.

Habían protagonizado una de las comedias de teatro más hipócritas, al querer airear sus diatribas para que todo aquel que las oyera, les compadeciese, como mujeres de recto proceder.
Estaban acostumbradas a incurrir en el engaño y prorrumpir escenas pintorescas para camuflar así sus andanzas y disimular el latrocinio; Sin suerte para ellas, los magistrados deben tener muy calados a estos impíos personajes. Las pruebas eran concluyentes y el cierre del establecimiento estaba siguiendo recurso legal.
Aquellos funcionarios se despedían, deseándose suerte, abrazándose y dándose achuchones mientras iban caminando para tomar las escaleras y desaparecer como tránsfugas. El jurisconsulto se encerró en uno de los departamentos de la sala y no se dejó ver más.
Dos agentes de la Guardia Civil, pasaron con sus uniformes tradicionales, con sendos detenidos enmanillados, en el corredor se produjo una silente expectación a su paso, la cara de los reos reflejaba en el primero vergüenza y desesperación, con la mirada perdida hacia el suelo y sobrecogido de hombros, con sus manos en posición de clemencia, en el compañero era muy diferente, desparpajo en su rostro, dañaba profundamente a quien le examinaba, presencia digna del más despiadado de los convictos.

Se dirigían a otros lugares dónde otra Sala de Vistas los acogería, otro juez, les tomaría declaración y dictaría sentencia, el paseo fue breve, no tanto como la incertidumbre que dejó aquella imagen a los que impertérritos miraron y que de alguna forma se les reemplazó su figura entre aquellas cadenas arrastradas por los uniformados de la benemérita.
Pasados unos segundos, volvía la normalidad al lugar, los pulmones de los allí presentes, volvían a henchirse con una respiración abdominal, que llenaban de oxigeno ebrio, aire enrarecido, por la falta de ventilación y de según que alientos expelidos, semejantes a los efluvios que salen de las cloacas más profundas.
La sonoridad del vocerío, fue tomando altura y al poco, aquel silencio desapareció, como si del entreacto de una obra cómica se tratara.
La parroquia no tenía conciencia, ni se imponía el clásico remordimiento, nadie adoptaba postura de delincuente, ni siquiera se evidenciaba el motivo por el que se topaba frente a la ley, no había arrepentimiento.
Los hechos estaban así y de forma inconexa o dudosa se dejaban llevar, como si las aguas de un río caudaloso los arrastrase hacia el mar.
Daba igual, aunque de ésta salieran inocentes, o no inculpados. Quedaban tan a gusto, con certeza cualquiera de los infractores allí presentes, visitarán más a menudo de lo imaginable aquel Edén que la ley y la sociedad tienen destinado a tales fines.
Sentados en el primer sitial de madera, el que daba a la derecha según se salía al pasillo de la Sala Grande. A la diestra una mujer con una hija de meses, no más de seis, la niña dormía a la vez que devoraba un chupete de goma que tenía entre los labios y que suspendido por una cadenilla de eslabones de plástico le colgaba del cuello. Notó que era cría por los aretes y por la ropita de color entre rosa y amarillo, babuchas de lona azules. La madre, un cuerpo orondo vestido con ropas extremadas y llamativas, por lo apretadas, no adecuadas para llevar en un acto como el que debían sufrir. A su lado acompañándoles un tipo fornido con atuendo vaquero, trasquilado con esos cortes de cabello que ahora tan de moda están, no se apreciaba si el pelado era por ir a la moda,  o porque había salido de los correccionales. José Ponce, querellante, expediente 1.996-11-18, padre de la niña y compañero de la “ mofletuda mama “  que lucía soberbio escote y minifalda exigua.




Próximo capítulo de " Me bajo en Triunfo" En breves días.
novela narrativa de suspense: escrita por E.Moreno
Los nombres de los personajes, los datos de expedientes, los lugares citados no se ajustan ni corresponden a la realidad. Cualquier parecido con los personajes, situaciones o datos, es pura coincidencia.
El Capítulo publicado aquí es el primero de la novela, sucesivamente se iran editanto hasta completar.
Reservado los derechos de autor.






domingo, 13 de marzo de 2011

Festival de la Mujer 2ª parte

Ya estaba servido el menú de actuaciones, estábamos en la mitad del evento y entonces, sin preveerlo me pasan nota que ha de incluirse a Jep Cardona, a este cantautor no hace falta presentarlo entre nosotros y con seguridad muchísimos de ustedes le conocen por su trayectoria, dentro de nuestro suelo y fuera.
Festivales, Certámenes en Cuba, en Mexico en Francia en Argentina, sin contar todo lo recorrido por nuestra piel de toro. Como no lo teníamos en cartera subió al escenario, casi de puntillas con su magnifica personalidad, recibido con los aplausos que merece y cantó dos canciones muy bien interpretadas con la ironía que le caracteriza. Mientras actuaba, le sonó el teléfono y con su "flema tranquilizante", paró de tocar la guitarrra y sacó su telefonino del bolsillo y se puso a charlar parando la actuación. Como si todo fuese un "gag" dentro de su actuación. Mirando al respetable desde su silla de actuación, charlando y saliendo su conversación al aire  por el micro de pie que tenía frente a él. Un estupendo número, el suyo que ya quisieran para sí, muchos de los artistas consagrados del mundo de la farándula. Dónde hay calidad, se expende a manos llenas.
Diego Fernández; Presidente de la Fundación Espejo, subió al escenario a declamar un poema de los compuestos por Paquita, haciendo su interpretación a la usanza de los poetas con poso. De esas actuaciones que sin zarandajas se explicitan a los allí presentes, con la naturalidad del mejor histrión. Conciso, directo, agudo dejó muy buenos sabores en su interpretación, detalles que todos fueron recogidos, por la sensibilidad de Paquita, que a medida que iba transcurriendo la tarde, sus emociones las tenía cada vez más acuciadas. Estaba dentro de su personal pensamiento, sintiendo y sabiendo que todos los allí presentes, le agasajaban con sus presencias y con el alma. No hay nada más bonito que sentirse apreciado cuando percibes...  que llega desde el corazón, desde el sentimiento. Eso es lo que ocurría en Cal Ninyo, ese fantástico dia 9 de Marzo de 2011.

El murmullo de la gente en ocasiones se hacía palpable cuando algo le entusiasma. Lo hace de la forma más natural posible, con las exclamaciones y con los vítores silentes que se quedaban aparcados entre la garganta y el pecho.

Toni García, ese gran artista y showman, esa persona sensitiva y locuaz como pocos, que nos transporta al mundo de los sueños estando completamente despiertos. Volvió a tener presencia en el escenario para cumplir con esos deseos que lleva siempre... dar sus canciones, regalar su arte, improvisar cuando puede, emocionarte siempre y darlo todo, porque él mismo;  es eso que citamos tan a menudo, posiblemente sin darle la verdadera entidad que contiene: alma, caricia entrañable, que como una pluma acaricia sin tocarte, dejando ese légamo amable y  perfumado que te tranquiliza contigo mismo. Al acabar su actuación, no bajó del entarimado porque acompañó a otra fenomenal mujer, que además de compositora es: escultora, poeta, la mismísima: Pepi Nieto, que además de interpretar composiciones de Paquita, nos regaló, el ya ...imno de Retalls d'Art, la canción de: Oh... María, que como

 bien reflejaba ella en sus palabras, "había quedado un poco desfasada la canción, por aquello de que ahora los hombres, ayudan más en las tareas domésticas y son de otra catadura". Sin embargo, en opinión de un servidor, "esa canción...Oh María"  no ha perdido ni una gota de actualidad, ya que aunque parezca que se ha cambiado, siempre quedan aquellas reminiscencias pasadas, que se reflejan tanto y que muchas de ellas van en contra de las mujeres. Solo tenemos que leer lo periódicos, para ver que el maltrato persiste y  ...en diversos períodos se acrecienta. Vean el corte de video de más arriba y disfrútenlo.
A pesar de no tener casi voz, por un medio resfriado que llevaba, sacó fuerzas y coraje de dónde pudo y salvó su interpretación de la canción: Maria Coraje, que cantó a Capella, con un par de memoles y dejó en el ambiente, rigurosamente silencioso, escuchando y saboreando su canción, que apropiada por ese el día de la Mujer, rasgaba en el ambiente de esos pozos negros de tristeza, que siempre nos infringen las diferencias y miserias mundanas. Diego Garnica, es un personaje allegado y mejor persona, que lo da siempre todo. En el corte de video de más arriba, lo veréis cantar sólo, como suelen hacer los bravos. Diego Garnica; es sencillo,
afable y muy buen actor, comunicador y cantante.

El siguiente que paseó por el escenario los boleros y la música romántica, no es otro que el mismísimo Mario Manuel, la ya conocida "voz de Puerto Chimbote", que andaba también lleno y pletórico de ganas de agradar como siempre, dando una demostración de lo que es sentimiento. Tenía la oportunidad de cantarle a las mujeres catalanas, que las tenía justo enfrente y todas ellas, las que no le habían escuchado todavía, ardían en deseos de hacerlo, las que lo conocen, se dejaron ir, abandonándose en las butacas, entornando sus ojos y paladeando la melodía de los boleros de Mario Manuel. Se escucharon suspiros y no precisamente esos ...resoplos eran de dolor y de angustia, los efluvios eran de placer y de emoción al escuchar semejantes canciones. Llegó el momento más crucial de la noche, Paquita Roldos, estaba en su cenit de emociones, los ojos le brillaban con luz propia y las lágrimas estaban en la entradilla, en la salita de estar de sus pupilas, no podía contener más emoción. Sacó fuerzas de flaqueza y al unísomo con la melodía de Begin the Beguine, subió al escenario, llamada por el spiker que la reclamaba para ser agasajada por todo el Teatro.

Tras su interpretación, sus poesías maravillosas, diciendo que: no tenia palabras para expresarse, lo había encontrado todo bonito, y no tenía brazos para abrazarnos a todos. Acabando su actuación con deleite;  nos quedamos con ganas de que continuara. Fianlizó el acto con los agasajos. El presentador daba las gracias a todos por la asistencia y les invitaba en el reservado,  al final del evento a tomar unas copas de Cava Catalan y unas pastas, haciendo subir al escenario al Presidente de Retalls, Manuel Bravo,  Ana Otero y a José Amador, que es el Orfebre que ha creado una rosa metálica, bañada en oro, para mostrar todo el cariño y el concepto a la Señora Paquita Roldós.

La Fiesta finalizó, con un regusto y un sabor de haberlo pasado bien, que traspasaba los umbrales del Teatro de Cal Ninyo. Las autoridades locales, encabezadas por el Vice-Alcalde Don: Angel Carcelén Luján y la Consejera de Cultura, Doña Montserrat Mirabent i Coll, que asistieron al acto, dieron su placet a todo cuanto allí se produjo.
El público asistente, dando muestras de conocerdor y usuario practicante del movimiento artístico, valoró el Certamen, con su aplauso sentido. Los componentes de Retalls d'Art, impresionados por la acogida, mostramos y dimos las gracias como está establecido en las normas de la estricta educación, escapándose en momentos, la alegría desbordante que en algunos de nosotros era visible y muy evidente tras las muestras de cariño que nos dispensaban por todos los ángulos de aquel magnifico escaparate.
En la foto se aprecia a Paquita Roldós en su momento álgido de declamación, haciendo uso de su verbo, leyendo un poema delicado al respetable, que la atendía con el gusto y el respeto, con que se atienden a las grandes Divas del panorama artístico. Después recitando a Lorca, en su gran y extensa obra, poniendo ese énfasis notorio en las pronunciaciones, haciendo los tempos del verso, que es cuando toman altura las palabras y resurgen por encima de los excesos  permisibles  literarios. Magnifica la puesta en escena de todas las Odas que nos recitó y que encandilaron a propios y extraños.

El presidente de Retalls D'Art; Don Manuel Bravo, le hizo entrega de unas finezas que fueron aceptados con elegancia y donarire por la homenajeada. Abrazándo desde el escenario al público que puesto en pie, rendia tributo con sus aplausos.

 No podemos olvidar desde esta tribuna a nuestro director de escena: Santiago Jimenez, que no pudiendo asistir al acto, por motivos plenamente necesarios, delegó su cometido y  sus consejos. Para que en su ausencia notoria, echándole en falta hiciésemos lo recomendado, para obtener estos frutos. Gran actor, escenógrafo, versátil  y singular como pocos, hombre amable y distinguido, nuestro amigo y maestro. Queden definidos desde este púlpito el aprecio, reconocimiento y cariño que todos le dispensamos. De su mano, ...a buen seguro, andaremos juntos para poder seguir ofreciendo a la ciudad en general muestras y argumentos poéticos, teatrales y musicales para el gozo del gran público. ¡ Un abrazo maestro !


Para finalizar subieron al escenario el Presidente de Retalls, Ana Otero y José Amador, que es el orfebre que diseñó y creó la "rosa de oro", con que fue obsequiada Paquita, una preciosidad hecha en metal y bañada en oro por el artesano Amador, que tuvo la gentileza además, de subir a la hora de la entrega al escenario, a modo de despedida del Festival de la Mujer; Festival de la Dona.
El tiempo, es expedito y no tiene ni dilaciones ni se para por nada ni nadie. Todo aquel evento, todo aquel maravilloso sueño llegaba a su destino final en olor de multitud, de buenos perfumes que eran los que se husmeaban en Cal Ninyo, por todo lo que se destilaba y emanaba de la propia esencia de las personas, unidas por los vínculos de las letras, del armonioso arte y de la amistad.




Desde este gran balcón que es el que me permite explicarles estas vicisitudes, dentro de la más estricta realidad, aprovecho en saludar a todos aquellos seguidores que me leeis, que sin lugar a dudas sois parte del cometido de mis ilusiones y que os llevo a todos muy presentes para informaros, exponeros y sentiros. Con mi más agradable devoción y con el más escrupuloso de mis sentimientos os abrazo más que como amigos, como gente próxima y familiar.
Amigos míos, todo esto va dedicado a vosotros.


Foto y texto: Emilio Moreno

jueves, 10 de marzo de 2011

Festival del dia de la Mujer 1ª parte

El día de San Juan de Dios, 8 de Marzo, se conmemora el "Día Internacional de la Mujer", " El día de la Dona". Nosotros los poetas y escritores, los cantores y pintores, los difusores de espectáculos de Retalls d'Art, (Retazos de Arte), lo celebramos en la fecha siguiente el; 9 de marzo, cuando pudimos tener dispuesto el Teatro Cal Ninyo. Nuestra lanzadera al mundo ...el sitio precioso dónde nos damos cita para exponer al público todo cuanto llevamos dentro. Un paradigma dotado de una hermosura fantástica, que hace levitar a los espectadores y los transporta a ese maravilloso mundo del Arte, con mayúsculas. Nunca imaginamos cuanto de bueno se expone en ese recinto, hasta pasada la fecha del Certamen, es cuando ....echamos la vista atrás y nos regocijamos de ese momento, que queda en el recuerdo, en ese baúl memorial que todos tenemos para guardar como privilegio, esa vivencia exquisita de lo complacido y recreado. El momentazo del Festival.
Se iran exponiendo secuencias de video de lo sucedido en ese Certamen. Por favor;  a su gusto vayan pulsando sobre la flecha que corresponda y podran disfrutar en diferido de la magia que se estableció entre el respetable publico, los rapsodas y este humide presentador que hizo las veces de transmisor en avanzadilla de lo que iban a paladear.
Antes de comenzar dar un abrazo y todas las gracias a nuestro director teatral, el ínclito y perfeccionista Santiago Jimenez, que sobre su idea original y sus disposiciones se pudo lograr aquel climax que in crexendo fue hasta llegar al cenit de la desabotonadura de las alegrías cuando se le ofrecía a Paquita Roldós, su homenaje merecido. Santiago, amigo mío, amigo nuestro, recibe como mereces a dosis pausadas pero, con ese desenfreno que necesitamos a menudo todo el reconocimiento como actor, director y persona genial.

El foro se llenó hasta la bandera; como se dice en Catalán: " de gom a gom". El público iba llenado las butacas, al entrar se les obsequiaba con un ejemplas de nuestra revista Retalls d'Art del mes de marzo, sin poder imaginar lo que se les iba a ofrecer en los siguientes minutos. Esperamos a las Autoridades del gobierno local. Todo estaba preparado. La música sonaba reclamando la atención del público, con las tonadillas de:  Mari Trini, Mimi Ibarra, Cecilia, Ana Belen, Luz Casal.

Guión de Escena

Hasta que daba comienzo el Festival, sonando la melodía de Continental y apareciendo sobre el escenario el presentador que en los dos idiomas oficiales declaró abierto el Certamen, dando paso en primera estancia al Presidente de la Asociacion de Retazos de Arte, Don Manuel Bravo Tejada que agradeció a las autoridades y a los invitados especiales, así como al público en general su presencia y su concurso.
Muy a prisa comenzaban las ganas de entrar en "harina musical" El primer interviniente fue el Cantautor Antoni García, que fue recibido con los acordes de la guaracha:  Me voy p'al pueblo, segun indica el Guión de Escena que se muestra en el margen derecho de esta publicación.
Fueron uno tras otro, saliendo a escena a interprestar poemas de Paquita Roldós, con la intención de mostrarle de forma fehaciente, aún más si cabe el gran afecto que se le tributa a la rapsoda y ensayista. La que se encontraba muy emocionada por todo lo que estaba viviendo, sintiendo y disfrutando.
Pepa Gonzalez; en su ya conocida forma de recitar a Lorca y a Machado se confabuló con una oda que llegó profundamente a nuestros sentidos por la gran impresión con que fue declamada. También echamos en falta a Joan Rodó, que a última hora tuvo un imponderable y no pudo asistir en persona, sin embargo, todos echamos en falta su concurrencia. El ambiente se iba cargando de buenas vibraciones y todos comenzaban a

estar complacidos con lo que se veía y escuchaba sobre el escenario. El público con mucho respeto y más atención correspondía. Vean la secuencia de Mario Manuel arriba, interpretando un bolero dedicado a las mujeres. Con su voz cálida y su impacto sensitivo, recorría a lo largo del escenario interpretando también con el lenguaje corporal, ese bolero que iba calando en todo el recinto. El cantor decía en sus letras: que no le importaba sufrir, queriendo ir al fin del mundo para entregarle su amor, ya que nació para esa mujer. Aunque le costara la vida, seguía buscando su amor, seguía amando, indagaba preguntando por su amor, porque, repetía: nació para ella. Disfruten del corte de vídeo, haganselo suyo y cierren los ojos, que solos llegaran a un estado o pueblito llamado Felicidad.
El Spiker, llamó a escena a la Señora Ana Otero, tras su correspondiente presentación, fue muy aplaudida por los presentes. Les dejo unos fotogramas de su actuación.



Ana, recitó dos poemas, uno de Paquita Roldos, otro de su puño y letra, dedicándolo a sus familiares y al público en general, su lirismo, su rima y su trova hicieron otro punto de inflexión dentro del palmarés que paseaba por ese escenario.
El que les proporciona esta crónica, también tuvo la oportunidad de recitar un precioso verso de Paquita, titulado Flor de Azahar, adaptandolo a su personalidad y con la dificultad que entraña el declamar poesía que no es de cosecha propia. Sin embargo, cuando acaricié el poema con mis manos y tuve la oportunidad de leerlo, me enganchó en el primer cuarteto y lo interpreté además con el cariño que tengo por Paquita, con esa tranquilidad que tienen los descarados que deambulan por la vida, sin hacer daño a nadie, pero sin solicitar permiso para expresiones personales.


Tras esta actuación, dejamos un parentesis para editar la segunda parte del Festival, que para no hacerla demasiado prolija, la acortamos en dos partes. En la forma que ustedes, amigos que leéis estas crónicas urbanas podáis apreciarlas comodamente, con ese puntito de suspense que nos gusta a los escritores, para saborearlas. Ese sería nuestro deseo, ojalá y Dios quiera que os hayan gustado.

Seguiremos con: Festival de la Mujer 2ª parte a continuación