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miércoles, 27 de agosto de 2025

El abrigo de temporada.

 










La reportera más enérgica, vital y destacada del semanario <Reseñas Sublimes>, se entrevistaba por primera vez con el Ceo del Clúster de aquella institución. El mandamás de todos los jefes, por encima incluso del director del periódico y cadena de noticias donde prestaba sus servicios.

Era la primera vez, en los seis meses que hacía que colaboraba con aquella firma, que la llamaban a capítulo. No por discrepancias, ni por inconvenientes. Todo lo contrario. Era debido a la buena marcha en que funcionaba su sección, con un cambio sustancial y un incremento de lectores. En más de un treinta por ciento si se relacionaba con los datos arrojados con el profesional anterior.

La activación de la sección “Entre trapos y cosas”, que así se denominaba la publicación que firmaba semanalmente la dueña del abrigo negro según hiciera calor o frío, mutó para bien. Sufriendo una contundente metamorfosis beneficiosa para la marca. La cifra según el último barómetro de medición de audiencias, seguía en progresión y aumento. Detalle positivo que alertó a los responsables del rotativo. Interesados por descubrir que esencias varias, había combinado la nueva responsable de la publicación, para favorecer aquella inigualable pujanza.

Era inaudito e inexplicable la temperatura que había tomado aquella sección, en cuanto al interés de los lectores. Ya que incluso a la actual responsable se le pagaba menos, y se le habían cortado ciertas preferencias, que antaño gozaba el que firmaba las mismas entrevistas y quizás menos reportajes.

Liliana Luna Lausín, más conocida por el nombre con el que firmaba sus escritos. Lilí Luna y con Gracia.

Licenciada en sociología y periodismo. Graduada psicóloga y corresponsal de guerra. Se había graduado en las dos universidades más punteras de Canadá, habiendo prestado servicios en diversos hospitales de Ottawa y en los dos últimos años defendiendo la corresponsalía de noticias en los campos de batalla de lo que fue la antigua Yugoeslavia.

Recalando en la ciudad de nuevo, por un periodo de transición excedencia y descanso. Con lo que colaboraba en aportaciones dispensando sus conocimientos y valores periodísticos en la citada revista semanal <Reseñas Sublimes> 

Consiguiendo en tan breve espacio de tiempo, y demostrando sobre la marcha y la actualidad, que sus reportajes llegaban a mover la compunción de sus lectores. Que cada vez, estaban más interesados en sus aportaciones y crónicas.

Por ello, y por sus resultados, los accionistas y responsables del Clúster, quisieron atarla si podían con alguna estratagema. Convenciéndola para firmar un contrato prolongado con la empresa y evitar, llegada el fin de su excedencia volviera al frente de cualquiera de las conflagraciones y guerras establecidas.

Aquella tarde Lilí, llegó al edificio principal de la entidad, ascendiendo a la planta noble. La novena. Donde la esperaba su jefe inmediato, su director que fueron los que la acompañaron a lo largo del pasillo hasta llegar a la sala magna de reuniones. Al entrar Lilí, con aquel desparpajo esencial que derrochaba, los quince jefazos que esperaban su presencia, se levantaron de sus poltronas y sus dos acompañantes, quedaron al filo del acceso sin permiso para acceder a la entrevista. Fue saludando uno por uno, a todos los asociados. Ayudada, por su descubridor, el que tenía la indulgencia para permanecer junto a ella y servirle de guía llegado el instante.

Aquellos destacados consocios, se la miraron de arriba abajo, queriendo absorberla con ojos de gavilán desorbitados. Pretendiendo saber con una simple caída de ojos, de que iba, como respiraba y que pretendía.

Una vez estrechó la mano de todos ellos, descubrió quienes eran falsos y embusteros. Tan solo a dos pudo destacar, como dignos y comprometidos con la causa. No eran por supuesto ni tenían categoría actuarial, para tomar decisiones directas y concisas.

Lilí no se despojó del símil veraniego de Astrakán, en color negro, que le llegaba por encima de sus rodillas. Abotonado total, mostrando parte del cuello y poco más. Dejando visible la canalilla de sus pechos que estaban circundados por una medalla en oro, con la efigie de Atenea. Diosa de la mitología griega, quien además es deidad de la conciencia y la táctica militar.

Le mostraron su butaca, que la ocupó con gracia, sentándose sin cruzar las piernas, ladeándolas hacia la izquierda, dibujándose de inmediato un par de extremidades largas y bien dotadas, que se dejaban advertir por debajo del abrigo. Detalle que no pasó desapercibida por los observadores presentes. Zapatos negros con engarces cristalinos, pertrechados desde el empeine hasta el tacón no demasiado alto, y a juego con el gabán en unos pies no demasiado prolongados. Medias indesmayables transparentes, que permitían la esbeltez de la dama. Al tomar asiento se tocó el flequillo, apartándolo de su frente y puso toda la atención que pudo. No sin antes quedarse con el reflejo y las efigies de todos los allí presentes. Hombres de negocio, recios y corpulentos. Oscilando entre edades no demasiado juveniles.

Su historia profesional fue expuesta por su mentor, aquel que la había contratado, en cuanto la entrevistó. Sabiendo que su labor sería efectiva. Siendo un estilete con la forma de sutil daga que abriría las respuestas a los entrevistados y daría conclusiones humanas a los lectores de su columna semanal. Una vez hecho el preámbulo tomó la palabra el Ceo del Clúster, Doctor Agrippin Highlander de Guilty, el que dominaba un perfecto francés, idioma que usaba Lilí para expresarse.

—Señorita o señora. Preguntó Agrippin. Esperando una sentencia, y siendo observada por el resto de ojos de los presentes. Personajes cínicos y desleales, que se la comían desde la cabeza a los pies. Notando en ella una sencillez supina, impropia de una guerrera. La que respondió sin ningún tipo de timidez comiéndose al Chief Executive Officer con la vista.

—Mejor me llama Lilí, sin más. En confianza, es usted en la actualidad, uno de mis jefes, y le correspondo como lo hace usted con mi persona. Tiene la venia y si lo prefiere puede tutearme. Yo suelo hacerlo con todo el mundo. Gracias. —Obligatto. Dijo el Ceo. —Creo que nos vamos a entender. Pienso igual. Las cosas claras y de frente, sin censuras. La verdad evita la mitad de los conflictos que se suscitan. Sin embargo de usted no tengo dudas, quería conocerla sin más.

—Bien. Doctor Agrippin, tu dirás para que me mandaste llamar, en plena campaña de trabajo y sin haber finalizado mi periodo de pruebas en <Reseñas Sublimes>. Aunque si me apuro, acabas de responder, con lo que podría partir.

—Sí, pero antes una duda, que me aturde y no comprendo. Es totalmente personal, con lo que si no quieres responder, lo entenderé y además estoy convencido que Lilí, sabrá despejar, con la maestría a la que nos acostumbra, semana tras semana.

—Adelante con esa duda. Forzándolo a preguntar sin más, se preparó a dar respuesta. Aunque añadió la corresponsal.

—No sabía yo, que un Ceo de tal prestigio, mandara llamar a la empleada, para descifrar dudas personales. Creo Agrippin que podrías haberme llamado por teléfono y preguntar esos titubeos. Con gusto te los hubiera resuelto.

Todos los allí presentes, rieron por la jeta de la periodista, sin darle la menor importancia, ya que el doctor, sabía muy bien que tecla tocar en cada momento y la empleada, supo por dónde iba a agredir.

El doctor Agrippin, trataba de forjar un deshielo, que de momento no había conseguido, y sabía que de no hacerlo, todo esfuerzo por atarla a su cadena, quedaría en nada. Volviendo a inquirir.

—Observo Lilí, que jamás te desprendes del abrigo. Si es invierno suele ser de Astrakán o Cachemir. Le dijo y sin dejar que respondiera, continuó.

—Lo he comprobado siempre. Te sigo en tu publicación, y en las fotos jamás te desprendes de ese uniforme. Ni dejas de vestir, esa prenda que te he nombrado. Imagino que estará forrado de una especie de piel sintética calorífica y evite los desafíos del frío seco y de la humedad. Detuvo su tesis para hacer un inciso, respirar y persistió.

—Si es verano, luces el mismo modelo de abrigo, bastante más ligero y fresco. Fabricado en un lino negro de calidad. Siempre negro. ¿Tiene respuesta esa duda?... Con lo que me encantaría la respondieras con tu lealtad y desparpajo.

Lilí, sonrió y atrevida ni pensó en las consecuencias, replicando.

—La tiene, aunque no sé, si la contestación que te voy a dar es la que esperas. Segura estoy que los presentes ni lo imaginan. Tan enjutos, y religiosos. Todo bastante falso. Quizás deberías desistir. Porque a la respuesta que daré, pretenderás una ratificación, y puede ser fuerte. Muy fuerte.

—Adelante con tu atrevimiento. Quiero comprobar si es cierta toda esa nube que te rodea. Tu valentía total de la que presumes. Aquí nadie se morirá con el resultado. Lilí sin pensarlo dos veces apuntó.

—Debajo del abrigo y en invierno. No llevo más que las ligas que aguantan mis medias que cubren hasta los muslos. Ahora es verano. Nada más llevo a Atenea entre mis tetas. Voy desnuda. Así de real.

—Demuestra esa verdad. Apuntó el Doctor Agrippin Highlander de Guilty.

Lilí Luna y con Gracia. Se levantó de su poltrona, y a la vista de todos, desabotonó la gabardina de lino, que cayó a sus pies. Mostrando su desnudez.









Autor: Emilio Moreno.


martes, 22 de octubre de 2019

Si la “Nena” no tuviera cuarenta y nueve años.


Vamos a la boda de la Nena—Le comentaba la tía carnal, de la casamentera, a su cuñada Modesta, que es una mojigata, muy escandalosa y criticona, del pueblo de los Gandules
Se casa en apenas dos horas y mira como estamos aún a medio vestir—recalcó con mucho afán Vicenta, a Modesta.
Si quieres que te diga la verdadaclaró Modesta—¡No sé!, ni qué ponerme, porque todos hablan de moda, y dicen que entienden los muy jodidos, pero se presentan a la iglesia, con unas pintas, que mete miedo. ¡Bueno miedo! Es un decir, risa es lo que da. Todo roto y remendado. Es, lo que ellos dicen que «mola»
Los jóvenes y menos jóvenes, vienen con los pantalones rotos, las chicas con unas faldas que parecen bufandas por lo poco que tapan. Así claro cuando se acomodan en las bancadas de la iglesia, a Don Bartolo, el cura, se le sube la «bestiarrubina» y pierde la dicciónMujer no seas burra, querrás decir Pelirrubina

Sabéis que es tartaja, el bueno del cura… viendo a las feligresas como vienen en cualquier momento deja de decir la homilía y se pone a explicar el chiste de los cerdos y los peces—añadió Vicenta, cortándole y quitándole la palabra a Modesta
Es cuando los creyentes más disfrutan, viendo al señor párroco, hecho un follón con la descripción del cerdo y de los atunes.
Como te decía, para no irme del hilo. Las chavalas llevan una ropa, muy vistosa, pero de elegante pues ¡nada de nada! Todo al aire, enseñando los tatuajes que cada vez mas trozo de piel le ocupan.
Creo que al final, no necesitaran ponerse nada encima, la tinta será su aderezo y veremos quien frena las alcoholemias, los alzheimer, los infartos de miocardio y las animaladas que cuentan. Me fijo, yo que soy muy observadorame comprendes Vicenta—en los escotes estupendos, enseñando mas pechuga que cuello, y la raja entre las tetas, que enseñan sin recato, cuanto más a la vista, más contentas se ponen, esas abuelas, que las lucen. Fíjate que; las que tienen poquilla carne chicha, pues con esos llamados “ Wonderbra “. Se las suben y suben hasta que les sale la chicha por los lindes del sostén.

Ese un sujetador sin tirantes y con aros, que adaptan los pechos grandes y pequeños, pues todo queda disimuladoAñadió su compañera, poniendo de su parte, con un conocimiento brutal.
Los perfumes que se plantifican y esos rímeles en los ojos, parecen todas gallinas cluecas, revoloteando el corral.
Ves... los hombres son más tontos aún. Además los maduros, quieren ir en condiciones de jovencitos, pero como se ven desbordados con esas pintas, se me achantan y se ponen ropa tan pequeña, que incluso no llegan a marcar ni a entrar en su talla.
¡Sí! Ahora, le llaman así, a las presencias de toda la vida, en lugar de llamarles “pintas, le llaman looks” pues se quedan cortados y se ponen esas corbatas tan pasadas de moda, que la boda de la “Nena”, va a parecer una película de risa.

En la boda de la Nena, la de la hija de don Pascual Vizuete y Doña Virtudes Tripera, se ha colado un tipo, que creo que nadie sabe quien es.
Todos se preguntan de que parte de la familia viene, si de la parte de los Vizuete, o por el contrario de los Tripera, pero nadie puede asegurar el parentesco del mismo. Es muy educado. ¡Si! Para que decir una cosa que no es, pero los invitados están intrigados.
Se ha presentado en un lujoso coche y han bajado el regalo que le hace a la “Nena”, y por el tamaño, tiene que ser importante, porque grande es.
Tanto es así que lo han bajado del coche los encargados que vienen con ese señor, desconocido con el traje gris marengo, tirando a marrón que ahora charla amigablemente con el novio de la “Nena“.

Aquel desposorio comenzaba a vivir por inercia propia. Como queriendo el destino de la “Nena”, darle un «halo» de naturalidad, otorgándole un recuerdo inmortal, que fuese recordado siempre.
Los invitados del festejo iban llegando, unos a pie y el resto en grandes «cochazos», de alquiler. Unas limusinas espectaculares que le quitaban el «hipo a cualquiera», del barrio de los Gandules, que es donde residía la “Nena” y además donde se festejaba aquel connubio señalado.
La gracia ahora, era saber de que parte provenían aquellos invitados, de parte de la mamá, o del papá.
Ya que aquellos parientes, no se podían ni ver. Cuando menos se aguantarían sus lenguas viperinas en una celebración semejante a la que pretendían celebrar.
Aquel desconocido, paseaba entre los unos y otros, comiendo y bebiendo como un verdadero hambriento. Bien es verdad, que el alcohol lo probaba poco, para no perder el hilo de lo que se podría avecinar.
La ceremonia estaba prevista celebrarla en los jardines del complejo hotelero, y los casaría en lugar de Don Bartolo—el párroco de los Gandules—un antiguo ministro del gobierno de Felicidades. Un Presidente de la isla llamada Garnikaky, que está situada entre mares ignotos, que nadie supo, ni sabrá jamás ubicar.
Así que el Ministro Don Sindo de Tuagmutú, sería el que los enlazaría como esposos a la “Nena “ y hasta ahora su querido novio Kanto Frique, que nadie conocía de momento.
El posible emperador de la Isla de Garnikaky. Lugar paradisíaco donde campa la democracia más amplia del mundo.

País protegido por los Estados del Norte Divino. Nación donde se hace lo que dicta el Congreso de mujeres autóctonas, que a su vez son las únicas que pueden gobernar aquellas tierras, y tan solo proclama leyes en beneficio de los que laboran, viven y disfrutan de su clima.
Petróleo, diamantes, oro, y agricultura para todos, repartido para los habitantes del islote. Hacen de esa zona sea el idilio buscado por la mayoría de los humanos, haciendo que su migración, sea inexistente e inapreciable. Teniendo a Felicidades, como ejemplo de civilización, la que da el nombre a la capital de la isla. Ciento dos mil habitantes, todos ellos nacidos en Garnikaky.

Al final, todos descubrieron quien era el señor del traje marrón marengo, aquel que lo recorría todo, comiendo y bebiendo agua, para no dejar de sentir. El novio de la “Nena”, el mismísimo Kanto Frique, su amor difuso, al que siempre le han gustado los juegos del despiste. Hombre que como todos los nacidos en Garnikaky, solo los utilizan para copular, porque trabajadores no lo son, y mañosos aun menos y viendo las mujeres de Felicidades, que lo que tocan lo joden, los retiraron de todo ahínco y con la ayuda de un “yerbajo” que les dan a cada rato, los mantienen afilados y disponibles.
La “Nena” estaba preciosa, llevaba un vestido ...bueno llevaba un pantalón con una sola pernera y la que lucía, tenía un roto bastante vistoso.
Los zapatos eran de cáñamo verde, tan solo sencillez, una suela de esparto y una liana de palmera, sujetaba aquellos pies largos con dedos de taquígrafa inglesa.

Lo más llamativo era la blusa blanquinosa, que lucía. Un diseño de Proton koñato bocetista de Garnikaky. La guayabera que ostentaba, era un tanto original. Tan solo una manga—por lo que se ve, no le dio tiempo a coser la otra—que le rebasaba, vamos que el puño le llegaba al suelo, y recogida arremangada, le hacia un gran promontorio en su muñeca izquierda, que dicen que sirve, para secarse la boca, cuando babeas.

Una idea también procedente de la capital Felicidades.
Maquillada, preciosa, solo un ojo con rímel, y sombras, el otro al natural, y sus labios carnosos, portaban aquel tono de carmín tan solo en el labio inferior.
Originalidad a tope, desde el inicio. 

Si la “Nena” no tuviera cuarenta y nueve años, creería que todo ha sido un capricho de adolescente.