La reportera
más enérgica, vital y destacada del semanario <Reseñas Sublimes>, se entrevistaba
por primera vez con el Ceo del Clúster de aquella institución. El mandamás de
todos los jefes, por encima incluso del director del periódico y cadena de
noticias donde prestaba sus servicios.
Era la primera
vez, en los seis meses que hacía que colaboraba con aquella firma, que la
llamaban a capítulo. No por discrepancias, ni por inconvenientes. Todo lo
contrario. Era debido a la buena marcha en que funcionaba su sección, con un cambio
sustancial y un incremento de lectores. En más de un treinta por ciento si se
relacionaba con los datos arrojados con el profesional anterior.
La activación
de la sección “Entre trapos y cosas”, que así se denominaba la publicación que
firmaba semanalmente la dueña del abrigo negro según hiciera calor o frío, mutó
para bien. Sufriendo una contundente metamorfosis beneficiosa para la marca. La
cifra según el último barómetro de medición de audiencias, seguía en progresión
y aumento. Detalle positivo que alertó a los responsables del rotativo. Interesados
por descubrir que esencias varias, había combinado la nueva responsable de la
publicación, para favorecer aquella inigualable pujanza.
Era inaudito
e inexplicable la temperatura que había tomado aquella sección, en cuanto al
interés de los lectores. Ya que incluso a la actual responsable se le pagaba
menos, y se le habían cortado ciertas preferencias, que antaño gozaba el que
firmaba las mismas entrevistas y quizás menos reportajes.
Liliana Luna
Lausín, más conocida por el nombre con el que firmaba sus escritos. Lilí Luna y con Gracia.
Licenciada en
sociología y periodismo. Graduada psicóloga y corresponsal de guerra. Se había
graduado en las dos universidades más punteras de Canadá, habiendo prestado
servicios en diversos hospitales de Ottawa y en los dos últimos años defendiendo
la corresponsalía de noticias en los campos de batalla de lo que fue la antigua
Yugoeslavia.
Recalando en la ciudad de nuevo, por un periodo de transición excedencia y descanso. Con lo que colaboraba en aportaciones dispensando sus conocimientos y valores periodísticos en la citada revista semanal <Reseñas Sublimes>
Consiguiendo
en tan breve espacio de tiempo, y demostrando sobre la marcha y la actualidad, que
sus reportajes llegaban a mover la compunción de sus lectores. Que cada vez,
estaban más interesados en sus aportaciones y crónicas.
Por ello, y
por sus resultados, los accionistas y responsables del Clúster, quisieron
atarla si podían con alguna estratagema. Convenciéndola para firmar un contrato
prolongado con la empresa y evitar, llegada el fin de su excedencia volviera al
frente de cualquiera de las conflagraciones y guerras establecidas.
Aquella tarde
Lilí, llegó al edificio principal de la entidad, ascendiendo a la planta noble.
La novena. Donde la esperaba su jefe inmediato, su director que fueron los que
la acompañaron a lo largo del pasillo hasta llegar a la sala magna de reuniones.
Al entrar Lilí, con aquel desparpajo esencial que derrochaba, los quince
jefazos que esperaban su presencia, se levantaron de sus poltronas y sus dos
acompañantes, quedaron al filo del acceso sin permiso para acceder a la
entrevista. Fue saludando uno por uno, a todos los asociados. Ayudada, por su
descubridor, el que tenía la indulgencia para permanecer junto a ella y
servirle de guía llegado el instante.
Aquellos destacados
consocios, se la miraron de arriba abajo, queriendo absorberla con ojos de gavilán
desorbitados. Pretendiendo saber con una simple caída de ojos, de que iba, como
respiraba y que pretendía.
Una vez
estrechó la mano de todos ellos, descubrió quienes eran falsos y embusteros. Tan
solo a dos pudo destacar, como dignos y comprometidos con la causa. No eran por
supuesto ni tenían categoría actuarial, para tomar decisiones directas y
concisas.
Lilí no se
despojó del símil veraniego de Astrakán, en color negro, que le llegaba por
encima de sus rodillas. Abotonado total, mostrando parte del cuello y poco más.
Dejando visible la canalilla de sus pechos que estaban circundados por una
medalla en oro, con la efigie de Atenea. Diosa de la mitología griega, quien además
es deidad de la conciencia y la táctica militar.
Le mostraron
su butaca, que la ocupó con gracia, sentándose sin cruzar las piernas, ladeándolas
hacia la izquierda, dibujándose de inmediato un par de extremidades largas y
bien dotadas, que se dejaban advertir por debajo del abrigo. Detalle que no
pasó desapercibida por los observadores presentes. Zapatos negros con engarces cristalinos,
pertrechados desde el empeine hasta el tacón no demasiado alto, y a juego con
el gabán en unos pies no demasiado prolongados. Medias indesmayables transparentes,
que permitían la esbeltez de la dama. Al tomar asiento se tocó el flequillo,
apartándolo de su frente y puso toda la atención que pudo. No sin antes
quedarse con el reflejo y las efigies de todos los allí presentes. Hombres de
negocio, recios y corpulentos. Oscilando entre edades no demasiado juveniles.
Su historia
profesional fue expuesta por su mentor, aquel que la había contratado, en
cuanto la entrevistó. Sabiendo que su labor sería efectiva. Siendo un estilete
con la forma de sutil daga que abriría las respuestas a los entrevistados y
daría conclusiones humanas a los lectores de su columna semanal. Una vez hecho
el preámbulo tomó la palabra el Ceo del Clúster, Doctor Agrippin Highlander de Guilty,
el que dominaba un perfecto francés, idioma que usaba Lilí para expresarse.
—Señorita o
señora. Preguntó Agrippin. Esperando una sentencia, y siendo observada por el
resto de ojos de los presentes. Personajes cínicos y desleales, que se la comían
desde la cabeza a los pies. Notando en ella una sencillez supina, impropia de
una guerrera. La que respondió sin ningún tipo de timidez comiéndose al Chief
Executive Officer con la vista.
—Mejor me
llama Lilí, sin más. En confianza, es usted en la actualidad, uno de mis jefes,
y le correspondo como lo hace usted con mi persona. Tiene la venia y si lo
prefiere puede tutearme. Yo suelo hacerlo con todo el mundo. Gracias. —Obligatto.
Dijo el Ceo. —Creo que nos vamos a entender. Pienso igual. Las cosas claras y
de frente, sin censuras. La verdad evita la mitad de los conflictos que se
suscitan. Sin embargo de usted no tengo dudas, quería conocerla sin más.
—Bien. Doctor
Agrippin, tu dirás para que me mandaste llamar, en plena campaña de trabajo y
sin haber finalizado mi periodo de pruebas en <Reseñas Sublimes>. Aunque si
me apuro, acabas de responder, con lo que podría partir.
—Sí, pero
antes una duda, que me aturde y no comprendo. Es totalmente personal, con lo
que si no quieres responder, lo entenderé y además estoy convencido que Lilí,
sabrá despejar, con la maestría a la que nos acostumbra, semana tras semana.
—Adelante
con esa duda. Forzándolo a preguntar sin más, se preparó a dar respuesta. Aunque
añadió la corresponsal.
—No sabía
yo, que un Ceo de tal prestigio, mandara llamar a la empleada, para descifrar
dudas personales. Creo Agrippin que podrías haberme llamado por teléfono y
preguntar esos titubeos. Con gusto te los hubiera resuelto.
Todos los
allí presentes, rieron por la jeta de la periodista, sin darle la menor
importancia, ya que el doctor, sabía muy bien que tecla tocar en cada momento y
la empleada, supo por dónde iba a agredir.
El doctor
Agrippin, trataba de forjar un deshielo, que de momento no había conseguido, y
sabía que de no hacerlo, todo esfuerzo por atarla a su cadena, quedaría en
nada. Volviendo a inquirir.
—Observo Lilí,
que jamás te desprendes del abrigo. Si es invierno suele ser de Astrakán o Cachemir.
Le dijo y sin dejar que respondiera, continuó.
—Lo he
comprobado siempre. Te sigo en tu publicación, y en las fotos jamás te
desprendes de ese uniforme. Ni dejas de vestir, esa prenda que te he nombrado. Imagino
que estará forrado de una especie de piel sintética calorífica y evite los desafíos
del frío seco y de la humedad. Detuvo su tesis para hacer un inciso, respirar y
persistió.
—Si es
verano, luces el mismo modelo de abrigo, bastante más ligero y fresco. Fabricado
en un lino negro de calidad. Siempre negro. ¿Tiene respuesta esa duda?... Con
lo que me encantaría la respondieras con tu lealtad y desparpajo.
Lilí,
sonrió y atrevida ni pensó en las consecuencias, replicando.
—La tiene, aunque
no sé, si la contestación que te voy a dar es la que esperas. Segura estoy que
los presentes ni lo imaginan. Tan enjutos, y religiosos. Todo bastante falso. Quizás
deberías desistir. Porque a la respuesta que daré, pretenderás una ratificación,
y puede ser fuerte. Muy fuerte.
—Adelante
con tu atrevimiento. Quiero comprobar si es cierta toda esa nube que te rodea. Tu
valentía total de la que presumes. Aquí nadie se morirá con el resultado. Lilí
sin pensarlo dos veces apuntó.
—Debajo del
abrigo y en invierno. No llevo más que las ligas que aguantan mis medias que
cubren hasta los muslos. Ahora es verano. Nada más llevo a Atenea entre mis
tetas. Voy desnuda. Así de real.
—Demuestra esa
verdad. Apuntó el Doctor Agrippin Highlander de Guilty.
Lilí Luna y
con Gracia. Se levantó de su poltrona, y a la vista de todos, desabotonó la
gabardina de lino, que cayó a sus pies. Mostrando su desnudez.
Autor: Emilio Moreno.
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