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jueves, 3 de mayo de 2012

Otra boda en el Capillero

Hotel Mediterráneo Park en Roquetas de Mar en la provincia de Almería, lugar idílico para estar pasando unos días de asueto, con ese mar sereno, nuestro mar Mediterráneo tan fabuloso y tan bondadoso que nos remitía el olor a sal y nos reponía de cuantos cansancios hubieren habido en estas últimas fechas.



Todo comenzó con la boda de Helga y de Javi, que decidieron unir sus destinos y pasar por el altar en una iglesia tan bonita como es la de la Parroquia de Santo Domingo en el precioso enclave del Egido.



Ellos, son dos jóvenes, que además de buenas personas, son de lo más cariñoso que se puede imaginar, y ahora mismo en este mundo tan poderoso donde vivimos, que nada tiene su valor real, que todo va de prisa y sin saborear lo romántico de las situaciones y de la vivencias, destacan precisamente por sus dones y atenciones que nos regalan a cuantos les acompañamos en ese día tan importante para ambos.



Hacía un día fresco y con muchísimo aire, se había levantado ese viento del Sur, que arrastra con deseos de acarrear hacia otros lugares, toda la felicidad que se destilaba en el ambiente de la boda. La alegría rebozaba de entre todos los presentes, llegados de todas partes.
 En la Iglesia, todos los asitentes, guardaban sus lugares y todos ellos, en un respeto otorgado y del todo impresionante, veían como se celebraba la ceremonia.
La novia, de blanco impoluto, espera esa fecha con esa ilusión inusitada. El sacerdote ya se dirigía hacia ellos, ofreciendoles el matrimonio y el resto de invitados, pues... distraidos y esperando que acabase para ir directos al festejo que esperaba no muy lejos de allí



 El Santo, en su postura de hace mil años, sin menearse ni "mijita" presenciaba el entusiasmo que por alli se destilaba. Esta unión es deseada, han esperado muchos años para celebrar lo que ambos contrayentes querían. Como en esta vida todo llega, esta fecha del Año 2012, llegó y fueron felices y lo seguiran siendo por muchos años. ¡Así Sea!

 El Altar Mayor, de la Parroquia de Santo Domingo en El Egido, ¡Precioso! Esperaba que los acontecimientos se dieran en la forma que sucedieron, con mucho amor, respeto y gracia. Los asistentes, en un par de ocasiones y reclamado por el propio capellan, aplaudieron con fuerza para darles la felicitación a los novios que sonrientes, disfrutaban de lo que vivían.
"" Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre"". Frase escuchada en la iglesia que repetía el sacerdote.
Volaran las alegres melodías alrededor de Helga y de Javier, haciendo que ese instante mágico sea el que abra esa felicidad preciosa, que todo ser humano tiene derecho a disfrutar, a lo largo de sus vidas, y compartiendo esos instantes de gozo con amigos, familiares, y demás conocidos. ¡Que Alegría Dios! Se han casado y han unido sus destinos. Comienzan su singladura por el mundo y son felices punto de partida para que todo les salga a pedir de boca y como se les ve tan enamorados, todos dijimos en voz alta:

¡¡VIVAN los Novios!! Se escuchaba la marcha Nupcial, y ellos iban saliendo del templo, donde sus amigos, familia y conocidos, les echaban por encima ese arroz que se colaba por entre todas las rendijas del cuerpo y que ellos recibían de una forma educada y resignada. Las palomas volaban por encima de nuestras cabezas, sin echarse al suelo a picotear el arroz, que ya inerte posaba en el suelo. Lo impedía la multitud de personas que celebraban el festejo y rodeaban a los desposados. 
Ya una vez pasada la tarde, comenzaron a llegar invitados al Capillero, un restaurante muy preparado no  demasiado lejos de esa zona. Los invitados, entraban buscando sus alojamientos en la mesa queriendo participar en esos brindis y en esa cena, que se prometía sensacional.



lunes, 30 de abril de 2012

Avenida pendiente

Bajo rodando la calle
detallando tonterías,
rodando es un decir
detallar es picardía.

Esa avenida es mi savia,
con portales, con esquinas.
Esa calle la conozco
más de lo que imaginas.

Como quieres que te engañe,
si eres del portal vecina,
me conoces, hace tiempo
se de tu vista fina.

La existencia es una la calle,
quizás la propia avenida.
Quien podría imaginarse
que yo te valoraría.

Deja que cruce el paseo,
que gire la travesía.
Cuando llegue el gran final,
todo será una utopía.

Volver a subir la avenida,
en sentido de retorno,
es mostrar cuerpo valiente
por esfuerzo y por arrojo.

Poseo el tiempo medido
para decir lo que puedo,
porque no siempre consigo,
explicar lo que deseo.

Por ello quiero imagines,
la vida, como un pasacalles,
con sus portales cerrados,
no ven las adversidades.

Con sus farolas ardiendo,
secretos iluminados.
En las aceras se pisan,
los celos del más pintado.

En las esquinas se cruzan,
la inconsciencia de las almas,
sin percatarse que falta
la pura esencia y la calma.

Si contrastas lo comprendes,
analizando, se entiende.
Aunque no camines cada día,
por esa precisa pendiente.

Entender lo que se expone,
deja sujeto a cualquiera.
No son aturdidos caprichos.
Es experiencia concreta.

Esa vecina es mi sombra,
llamando así a la conciencia.
A la que tanto acudimos
para que nos de licencia.

Muchos recuerdos pasaron,
por mi avenida pendiente.
Al inicio, el pleno emerge,
cuando vuelves, se disuelve.

Dos vecinos tengo anejos
que me acompañan de siempre.
Una es la cercana conciencia
que ataca directamente.

El otro el ilustre recuerdo,
que viaja conmigo perenne,
facilita y acopla la memoria
para que siempre la ostente.

Tengo el tiempo ajustado,
para decir lo que puedo,
porque no siempre consigo,
decir aquello que debo.