Hotel Mediterráneo Park en Roquetas de Mar en la provincia de Almería, lugar idílico para estar pasando unos días de asueto, con ese mar sereno, nuestro mar Mediterráneo tan fabuloso y tan bondadoso que nos remitía el olor a sal y nos reponía de cuantos cansancios hubieren habido en estas últimas fechas.
Todo comenzó con la boda de Helga y de Javi, que decidieron unir sus destinos y pasar por el altar en una iglesia tan bonita como es la de la Parroquia de Santo Domingo en el precioso enclave del Egido.
Ellos, son dos jóvenes, que además de buenas personas, son de lo más cariñoso que se puede imaginar, y ahora mismo en este mundo tan poderoso donde vivimos, que nada tiene su valor real, que todo va de prisa y sin saborear lo romántico de las situaciones y de la vivencias, destacan precisamente por sus dones y atenciones que nos regalan a cuantos les acompañamos en ese día tan importante para ambos.
Hacía un día fresco y con muchísimo aire, se había levantado ese viento del Sur, que arrastra con deseos de acarrear hacia otros lugares, toda la felicidad que se destilaba en el ambiente de la boda. La alegría rebozaba de entre todos los presentes, llegados de todas partes.
En la Iglesia, todos los asitentes, guardaban sus lugares y todos ellos, en un respeto otorgado y del todo impresionante, veían como se celebraba la ceremonia.
La novia, de blanco impoluto, espera esa fecha con esa ilusión inusitada. El sacerdote ya se dirigía hacia ellos, ofreciendoles el matrimonio y el resto de invitados, pues... distraidos y esperando que acabase para ir directos al festejo que esperaba no muy lejos de allí
El Santo, en su postura de hace mil años, sin menearse ni "mijita" presenciaba el entusiasmo que por alli se destilaba. Esta unión es deseada, han esperado muchos años para celebrar lo que ambos contrayentes querían. Como en esta vida todo llega, esta fecha del Año 2012, llegó y fueron felices y lo seguiran siendo por muchos años. ¡Así Sea!
El Altar Mayor, de la Parroquia de Santo Domingo en El Egido, ¡Precioso! Esperaba que los acontecimientos se dieran en la forma que sucedieron, con mucho amor, respeto y gracia. Los asistentes, en un par de ocasiones y reclamado por el propio capellan, aplaudieron con fuerza para darles la felicitación a los novios que sonrientes, disfrutaban de lo que vivían.
"" Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre"". Frase escuchada en la iglesia que repetía el sacerdote.
Ya una vez pasada la tarde, comenzaron a llegar invitados al Capillero, un restaurante muy preparado no demasiado lejos de esa zona. Los invitados, entraban buscando sus alojamientos en la mesa queriendo participar en esos brindis y en esa cena, que se prometía sensacional.
1 comentarios:
Me alegra verte viajar, amigo Emilio, a la tierra donde nació tu amigo José. Y si ha sido por una ceremonia nupcial; la alegría es doble.
Hasta pronto.
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