viernes, 16 de febrero de 2024

Puedo decirte, ahora

 













Intento y convierto

necesariamente,

mi esfuerzo es sediento.

Te exijo verdad,

por tanto, talento.

Y así no me engañes

ni quieras mutar

y solo te apañes.

 

Siempre razonando

y así suponiendo

que estás en razón

y te comprendamos.

Lo más natural,

también lo aceptamos,

pero no me uses

por valor de cambio

 

Por disimular

lo muy evidente

y por no enfrentar

siendo pertinente

quiero resaltar,

porque soy prudente.

Aunque sea parco

Repentinamente.

 

Siempre fantasmal

resurjo de un sueño,

pesadilla incierta

lo que es vuestro empeño

no es testimonial

y sin alcanzar

toda mi deidad.

Solo arqueo el ceño.


Y con quien me junto

sí son irascibles.

No se pueden ver

fingen con sus besos

y luego ese punto.

Del todo inservible

se dejan caer

volviéndose fieros.

 

Y así aparentando,

se escardan los huesos,

hoy toca abrazar

sigamos fingiendo.

Todos soportando

parecen posesos.

Detrás reprochar

estoy suponiendo

 

A ver quién les gana,

unos por mentir

bobinan la pana.

Otros por fingir,

cordero de lana.

Es un sin vivir,

por larga tangana.

De seguir así,

me marcho mañana.


Febrero de 2024, 

siendo un poema del año 2010 traspapelado

Autor: Emilio Moreno.



miércoles, 14 de febrero de 2024

El alma más alejada




Archipiélago de Tristán de Acuña, compuesta por cuatro islas. Tristán de Acuña, Inaccesible y Ruiseñor y Gouch. El lugar más alejado de cualquier evolución. Situado en el Atlántico Sur. 

 En ese paraíso vivió John Garret, que huyó del territorio en los años setenta tras unas fechorías difíciles agraviando a la cerrada comunidad. Hecho inconcebible en un lugar donde no hay propiedades personales y casi todo se comparte. Lugar donde no se venden terrenos a nadie porque la isla es comunitaria. No se cierran las puertas de las casas y todo es factible entre la vecindad.

Garret estaba casado con Gisela Mirror, descendiente en su profunda lejanía de la saga de los Bonaparte; llegados a Santa Helena, por la condena de uno de sus miembros y en evitación pudiera regresar a Francia. 

Estando recluido en el presidio de la isla Helénica y a pesar de la gran distancia existente entre esa isla y Tristán de Acuña, el amor es inevitable entre los humanos.

En uno de los largos viajes que hacían las respetables jovencitas y señoras de Tristán, a la isla del presidio militar, por motivos de supervivencia, y evolución generacional. Con el consabido trueque de alimentos, de artesanía y aperos de pesca, donde pasaban grandes temporadas por esperar a que otro velero o embarcación las pudiera regresar a sus residencias, interactuaban con las personas del pueblo Helénico. Lugar que siendo muy lejano tenían que visitar y estacionar sin remedio. Por ser el asentamiento más próximo habitable de donde ellas habían nacido. 

Con lo que era fácil que ya en el siglo XVIII, siendo jóvenes y estando fuera de sus casas, se enamoraran, se relacionaran y mantuvieran estrechas relaciones. Entrando en contacto amable, con civiles y militares o familiares de los castrenses encarcelados o residentes en aquella zona. A sabiendas y evitando la endogamia existente en Tristán.

Siendo Mildred una de las bisabuelas de Gisela, la que frecuentó la cama de la casta francesa a escondidas, llegando preñada a Tristán de Acuña, ya inseminada por algún miembro de aquella familia original de Córcega. Después de haber recibido atenciones y caricias de los napoleones. Detalle que disimuló casándose con un tal Lancáster hijo y nacido en su misma isla

De Ahí que su ADN y su correspondencia de cromosomas, coincidieran con la casta del gran estadista francés.

John y Gisela eran primos y además habían contraído matrimonio, aunque la ingesta de whisky por parte del esposo hacía inviable la convivencia marital. Cometiendo adulterio con la hermana de su esposa, que a la vez era prima por parte de la familia del padre y de la madre.

Detalles que en la estructura familiar no eran admitidos y tuvieron que salir huyendo de la isla, en uno de los barcos balleneros que recalaron en la misma, a finales del año mil novecientos setenta y nueve, con destino a Sud África.

Aquel secreto tan tenebroso no hubo manera de poder ocultarlo. Era un dilema del que no podían sustraerse. Sumado a la maldición que le habían echado las bujas del islote, por creer que su sangre descendía del malvado Bonaparte y no congeniaba con la casta serena y edificante de los nacidos en Tristán.

Se amoldaron a la vida del continente y pasaron los años, sin que nadie del archipiélago supiera nada de John, esposo de Gisela y amancebado con la hermana de la misma, la bella Marriot. Sin noticias, hasta que Marriot, fue destacada en la prensa británica por un asesinato brutal con desmembramientos mínimos del cuerpo de un hombre desconocido.

Por los rastros, despojos y las investigaciones mínimas realizadas en aquel tiempo por la Scotlant Yard, se creyó que los míseros guijos humanos hallados correspondían al cuerpo de John Garret que, a la vez de ser su cuñado, primo cercano, y amante, jamás lo volvieron a ver con y; sin vida. 

Dicen los historiadores que Tristán de Acuña, es la isla más remota conocida. Sita en el bajo Atlántico; entre dos continentes. África y Sud América. Es un territorio montañoso y volcánico, que emerge de entre el mar. En una latitud, poco frecuentada por barcos y visitantes. Radicada en el centro del océano. El punto o la sociedad humana más cercana está al norte, y es Santa Helena. (Donde estuvo preso y murió Napoleón Bonaparte).

Para llegar ahí, se han de recorrer más de dos mil ciento setenta y tres millas náuticas y si pretendes llegar a las costas de América, arribar a la Argentina, se han de superar o navegar tres mil kilómetros o casi mil seiscientas veinte millas marinas.

Su capital es Edimburgo de los siete Mares y es una colonia inglesa. Donde normalmente conoces a tu pareja antes incluso, de enamorarte, relacionarte y tratar de conquistarla sin ni siquiera pensar que has de casarte. Es un lugar endogámico, constituyéndose la zona como una dependencia de la ya mencionada Santa Helena. 

Según cuentan los pobladores y refrendan sus leyes, no admiten a cualquiera que llegue con intención de empadronarse, sin haber pasado por el filtro de la comunidad y aprueben su residencia definitiva. 


Febrero 2024

 


jueves, 8 de febrero de 2024

Desnuda en Carnaval

 




Aquel año quiso disfrazarse en carnaval. Jamás lo había hecho, no porque no tuviese ganas, sino porque estuvo en su infancia medio prohibido y además, por representar un gasto extraordinario en el seno familiar. No se lo podían permitir.

En una de las muchas apuestas que hacían entre camaradas, dudaron en si tenía valor y agallas para exhibirse en el séquito y la comparsa que concurriría aquel año.

Sus amigos, aquellos que decían eran allegados le animaban para que tomara la decisión de buscar un disfraz singular que pudiera competir con los participantes del concurso. Ese certamen que elegiría a los más destacados.

Dudó con proseguir con aquella idea, sin embargo, se arriesgó al devenir futuro que le pudiera propinar semejante decisión, sin haberla sopesado antes y decidirla con la suficiente seguridad, en que era algo apropiado para ella.

Era una mujer bien puesta en el suelo ocupando un perímetro sagaz, poseía de una inteligencia amueblada con principios legales y leales que sin tener que hacer grandes esfuerzos al expresarse, lucía de entre los muchos que la rodeaban.

Su corazón rebosaba néctares decisivos de coherencia y le daban validez en ser muy humana y comprensiva.

Quería participar pasando desapercibida de modo coherente a su génesis. No le faltaba ninguno de los atributos estándares de belleza, por lo que su cambio de imagen, su disfraz debía ser discreto, medido y amplio.

Comenzando por su cabello que debería disimular, por lo rubio natural y reconocido en muchos ambientes, por lo bien tratado y lacio que lo presumía. Su cutis impregnado con la suavidad y la tersura de una muñeca de porcelana, resurgía de entre las epidermis más excelsas de la ciudad. Labios prominentes pulposos que al hablar hacían destacar a una dentadura pulcra y nítida como los copos de nieve recién parados.

Quizás si cupiera tenía que aplicarse más en el dibujo falsario de su nariz, chiquita y respingona, fácilmente achacable a su diseño por lo singular de su tamaño y esbozo. Ambos equidistantes a sus orejas que estando tapadas por la caída de su cabello no destacaban a la vista de los que la envidiaban.

El conjunto de su presencia estaba tan cuidado y reservado que pocos conocían que albergaba su figura del cuello hacia abajo, quitando ambas extremidades que normalmente las llevaba al aire, calzando unos zapatos diáfanos super elegantes. Sus manos nítidas muy perfiladas con dedos extra finos y rectilíneos acabados en unas escuetas falanges de uñas decoradas y sutiles. Sin extravagancias dando certeza de garantía. Jamás había destacado por grandes escotes ni por ropa suelta y abierta que hubiera revelado ni una pulgada del espacio de su piel. Manteniendo siempre el perímetro de su cuerpo oculto, secreto y opaco, llegando a ser anónimo a los que les atraía normalmente y la escoltaban pretendiendo descubrir lo que ella reservaba como anónimo. Definiendo en la imaginación de quien la observaba, tener unas medidas optimas femíneas que ficticias, llegaban a ser inconcebibles, por aquellos que la adoraban o despreciaban. Reduciendo esa quimera a ceder en lo ignoto.

Ágata como siempre muy sola, decidió participar no descubriendo la forma de su concurso. Sin dar noticia ni pista a los más allegados a ella. Tomando la decisión que días antes a la fecha de ese paseo carnavalesco, desaparecería para poder mutarse en quien quería implantar.

Algún detalle o pesquisa, tenía que mostrar en el momento de aparecer, que no podía camuflar con trapos o con atuendos artificiales.

Su voz, peculiar y registrada por todos, sus ojos y cejas llamativas y luminosas con el acabado de ese manto añil que parpadea y perfila las oquedades de sus pestañas, haciendo viajar al mundo de la belleza.

Debía esconder evitando la descubrieran, por viajar sin boleto al mundo de la evidencia, en un éxtasis de mimetismo inusitado.

 

Los componentes de aquella sociedad cambiaban opiniones y unos a otros hablaban sugerían y criticaban sobre el embozo que lucirían el día del gran festejo. Algunos se ayudarían en el momento de vestirse y del paseo, como queriendo ocultar cierto recato o vergüenza al cruzar por la pasarela roja de doscientos metros. Donde juezas y magistradas de la pomposidad, la moda y el glamour darían su veredicto tanto al personal femenino como al opuesto.

La contribución en aquel evento se hacía mediante una inscripción un tanto reservada en evitación de posibles detalles que pudiesen descubrir a los participantes.

Ágata la había suscrito por correo, no dando apenas detalles de su concurso al presentarse con un seudónimo no conocido por nadie, pretendiendo fuera lo más anónimo posible. En las bases del certamen y al ser una fiesta privada entre colegas, amigos y compañeros estaba permitido absolutamente todo.

Dejando que cada cual tratara su atuendo, su figura corporal y sus gustos preferenciales muy libres y exentos de prohibiciones. Sin trabas a la hora de la exposición, del instante del paseo y del fin de acto. Siendo desvelados y descubiertos todos aquellos que aun no se conociera su persona al no ser desenmascarados.

Dando el premio final, los emblemas, diplomas y agasajos al término del acto.

El andamiaje con la reluciente alfombra morada estaba inerte sobre el longo desfiladero del ateneo esperando el inicio del espectáculo, bordeado por dos filas de butacas para acomodar a los componentes del escogido público asistente, debidamente seleccionado de entre sus amistades más allegadas, colegas de trato frecuente, compañeros habituales y gente afín a los pertrechados.

Exceptuando familia, vecinos y detractores. Entre damas y caballeros actuantes, se contaron setenta y tres personas a desfilar. Cuarenta y nueve féminas y veinticuatro varones.

En el tiempo previo a la adquisición de vestidos, maquillajes y demás, Ágata jamás comentó en que forma iría disfrazada. Ni se hizo acompañar de las muchas amigas que tenía en el trayecto de la compra de telas o perfiles. Necesarios todos para componer un atavío singular y seductor y llegada la fecha aquella beldad femenina desapareció del mundo y ninguno de sus cercanos, sabía donde paraba, ni donde residía temporalmente. Evitando tener que dar detalles de su puesta a punto.

 

La noche mágica llegó a su álgido culmen. Tanto los participantes como el respetable que estaba invitado al acto entraban al recinto. Los primeros se alojaban en el “Back Steys” y el resto se acomodaban en las butacas al efecto. Los protagonistas departían y enseñoreaban sus tapados y vestimentas, riendo a mandíbula batiente y disfrutando del momento tratando de descubrirse entre ellos para saber quien era cada cual.

Alguno de los presentes, tan solo con el acento, con la silueta de su cuerpo, con los ademanes que usaban, se descubrían al instante. Otros era empresa harto difícil, saber quién alternaba, y los menos que también los había era meramente imposible detectar de quien se trataba. Quienes eran los que bajo aquel hábito disuasorio se ocultaban.

Nadie descubría a la que más interés suscitaba, la famosa Ágata que todos querían y pretendían localizar cuanto antes para compararse entre rivales. Había premura por saber bajo que ironía habitaba la popular compañera, pero ni por su estatura, ni por su timbre de voz, ni por sus grandes aspavientos pudieron detectarla. Creyendo que no se habría presentado, aunque en la lista de apariencia, tan solo quedaron por exhibirse tres de los competidores anotados en acta, que al ser baile de disfraces, las normas y los organizadores, no pudieron ofrecer ni más información, ni más detalle de quienes no hicieron acto de presencia.

La más complaciente y atractiva, era la gata morena. Alguien que de momento no se conocía su personalidad, por sus medidas, su impronta y su luz. Que no era factible relacionarla con nadie, por detalles físicos que no se podían alterar.

La misma que conversaba con todos los allí presentes, con un acento afrancesado nada localizable, con entidad acreditada.

Iba ataviada de minina azabache, abrigada con un albornoz semi transparente y bajo ese capuz, lucía el cuerpo de una felina desnuda completamente en cueros. Tan solo y no era poco, ostentaban por sobresalientes los bigotes de una gatuna, tocada por un lazo en la cintura de color verde, dejando todas sus medidas y recovecos a la vista de quien quisiera observarla, por llevar sus gracias al aire.

Cuando desfiló por el par de cientos de metros de alfombra, ya sin albornoz, lució su razón y palmito sin prisa con aptitud donosa. Mostrando todas las arrogancias físicas de su conjunto corporal. Haciendo como marcan las ediciones en cada presentación de cualquier desfile con modelos. Sus giros repentinos, sus gestos apabullantes, y ternezas espontáneas mientras vagaba con alegres y sensuales meneos. Al finalizar la caminata por el estrado, todos los ataviados entraban de nuevo en el salón de aguardo, hasta que el tribunal de la comparsa llamara a los premiados a recibir su distinción.  Setenta personas esperaban, quitados las tres ausencias habidas, y algunas aun no habían sido descubiertas.

Resolviendo el jurado, que el primer premio se lo daban a la felina doméstica y descalza, por su sencillez nada fingida, la valentía y el rigor en mostrar un cuerpo tan especial, simplemente decorado con un lazo en el bajo vientre.

Al despojarse de los bigotes y de la máscara de la cara, comprobaron que aquella mujer tan sumamente bella, era la que todos consideraban, la menos agraciada, y menos presumida. La única que no se jactaba de sus curvas por ser la más inteligente.

Ágata, participó de lleno en aquel bonito espectáculo, sin presentarse a la cita concursal, por motivos obvios. Al haber sido elegida Presidenta del Comité del Jurado de aquel carrusel Carnavalesco.


Emilio Moreno

Carnaval año 2024

febrero, del mismo año

 

 

 

 

 


lunes, 5 de febrero de 2024

Las nubes no levantan.

 










Se agota el agua,

pasamos sed

si no lo notas

verás después.


La lluvia niega

en su caer 

naturaleza

se puso en pie.


El hombre duda

en previsión

perdiendo el tiempo

sin más razón.


Nadie se aclara 

es un desmán

así pretenden 

normalidad.









¡Que pena el mundo!

A mi me da

si no ponemos

serenidad.


A ver si llueve

al Dios le pido

que no  se olvide 

de lo que digo.


Por ello rezo

en oración

con mis palabras

y sensación


Milagro llegue 

con emoción

mi fe se allegue

en conclusión.









martes, 30 de enero de 2024

Aquel cabello, lacio y crino .


 



Su reloj marcaba las once y dieciocho de aquel martes de febrero.

Ya había cenado y se había despedido de su familia. Al día siguiente tenía previsto un viaje profesional y debía estar en el otro punto del globo en las próximas veinte horas.

Miró a sus hijos, y les recomendó que siguieran siendo buenas personas, ayudaran a su madre y a los abuelos en su ausencia y aprovecharan la escuela. Aquel abrazo le suscitó una especie de nerviosismo un tanto raro.

Era un viaje profesional, importante para él y para la empresa donde trabajaba desde hacía bastantes años. En la que tenía puesta toda su ilusión por el ascenso que le habían prometido.

A las cinco de la mañana un taxi lo recogería en la puerta de su casa, para llevarlo al aeropuerto, que distaba a cuarenta y tres kilómetros.

Se fue a dormir, inquieto y vacilante. Se levantó al poco, a tomar un medicamento que conocía y tenía la seguridad que le concedería por lo menos descanso si no algún momento de sueño profundo.

Las horas se sucedieron en un lapsus inapreciable. Estando presto poco antes de la llegada del vehículo que le llevaría a la terminal aeroportuaria.

Antes de salir a la calle, entró en el dormitorio y miró a su esposa que dormía plácidamente y después abrió la puerta del aposento de sus hijos y sin encenderla luz, con un gesto les envió un beso que le sonó a una despedida inquietante.

Desde la ventana vio llegar el taxi que se detuvo entre la penumbra, frente a los sauces que cubrían los rayos del sol en los días floridos. Dejó su maletín en la cajuela de bultos y sin mirar entró en el espacio destinado a los pasajeros. En los asientos ulteriores, justo detrás del conductor, y antes de percatarse y poder hablar; escuchó un saludo de buenos días, con una voz femenina muy cálida, que le daba los parabienes y le invitaba a que le dijera el sitio exacto que pretendía descender para aproximarlo a la puerta de embarque más cercana. Respondió al saludo sorprendido, porque no se esperaba fuera una conductora la que lo llevara a destino.

- Buenos días, puede dejarme en la terminal cinco, he de tomar un vuelo transoceánico y allí me viene mejor y mas cerca la puerta de acceso.

- Muy bien señor como desee, hacia allí nos vamos, el camino será rápido a esta hora; la carretera de enlace está semi desierta y nuestro trayecto será breve.

El hombre respondió con un vocablo y un gesto para agradecer la simpatía de la taxista, la que sin dejar de hablar le preguntó sin más.

- ¿Usted está seguro que debe viajar hoy en ese vuelo NY73 con las previsiones que han dado los meteorólogos de la zona?

¿Se atreve a cruzar el atlántico norte y llegar a la isla donde va, en la que no hace más de tres días pasó el tifón Nosferatu y dejó a la mitad de la población sin cobijo?

Aquel pasajero quedó atónito. ¡Quien era la dama en cuestión!

Nadie le había dado información de donde viajaba a la que conducía el transporte local. Ni se le había dado el número del vuelo al país que iba a volar. Estaba seguro que nadie le había dado datos sobre si volaría por encima del Océano. Fue cuando intentó verle la cara sin conseguirlo, al ir sentado justo detrás de ella y para lograrlo hizo un movimiento de traslado lateral, cambiándose de acomodo en la plaza justo a su izquierda.

Pudo ver su cara con claridad. Ese rostro lo conocía, sin apreciar en aquel instante donde lo había visto por última vez. Aquellas ojeras penetrantes, el cabello lacio y crino y los labios finos y equidistantes, le eran muy familiares, o por lo menos sus miradas habían tropezado en algún lugar que no precisaba.

- Puede usted decirme como tiene toda esa información y preguntarme si soy capaz de volar sobre el mar y llegar al archipiélago que insinúa. Preguntó el pasajero.

- Podría hacerlo. - Le respondió la conductora. -pero no lo voy a hacer, tan solo le digo que a usted aun no le ha llegado la hora y debería quedarse en tierra, con Bernadette, Michel y Hamfry. Su esposa y sus hijos; y siguió argumentando. Mientras aquel viajero se hacía cruces.

- Además, ha de saber que ese ascenso prometido, jamás lo tendrá. Se lo han insinuado una y otra vez, para distraerlo y aceptara el reto que lleva para conseguir, pero hace bastante tiempo decidieron dárselo a Neil Paccino, sobrino de la esposa del director financiero.

- Tenga la amabilidad de decirme quien es usted. - inquirió el hombre-. No la conozco de nada y me está dando datos que ni yo mismo soy capaz de procesar, ni creo sean posibles se lleguen a cumplir.

Aquel trayecto no se hizo interminable, pero cuando llegó a la ventanilla de validación de boletos, la empleada le dijo que el vuelo había despegado a primera hora del día. Le habían estado esperando y ya se sabe que los retrasos en viajes aéreos no son compatibles. Al ver que no llegaba, el avión partió sin más.

Se miro la hora en su reloj de pulsera y no comprendió nada. Desde que lo había recogido el taxi, habían pasado nueve horas, sin que pudiera comprenderlo, al haber tan solo cuarenta y tantos kilómetros en una carretera de madrugada y semi vacía.

Sin otro vuelo que tomar, no pudo hacer otra cosa que regresar hacia su casa. Antes en el restaurante de la zona comió un sándwich y pasado el tiempo salió fuera del recinto de las dependencias y tomó otro taxi de vuelta.

Ya en la carretera, la radio del vehículo, detuvo la música que emitía para dar una información importante a los vecinos de la ciudad. Sobre un accidente aéreo de ese mismo día.

El vuelo NY73, que había partido del aeropuerto había sufrido un accidente, por motivos mecánicos, motivados en gran parte por el tifón Nosferatu y la gran tormenta atlántica.

Cayendo al mar, y temiendo que tanto los tripulantes como los treinta y seis pasajeros a bordo, hubieran sucumbido sobre el mar Océano.

Al llegar a su casa, encontró a la familia llorando su pérdida. Todos lo daban por muerto, al haberse enterado de la noticia dada por la emisora de radio. ¡Se alegraron y dieron gracias! No pudo explicar con exactitud qué es lo que le había ocurrido, pero al entrar y dejar su abrigo, su mirada tropezó con una imagen de la Virgen Dolorosa situada encima del marco de la puerta del pasillo, que le miraba sin pestañear. Reconociendo aquellas ojeras, aquella mirada y aquellos labios sibilinos.




 


lunes, 29 de enero de 2024

Qué es talento artificial.

 











Una jovencita le preguntó a su abuelo que significaba “Inteligencia artificial”, y este sin saber de qué se trataba quiso aclararlo tanto que le contó un cuento incomprensible a su nieta de diez años, y sin pretenderlo se le fue la pinza. Comenzando a dilucidar en voz alta, mientras la niña, se miraba perpleja a su viejito como se explicoteaba.

 

Nos bombardean con el talento imitado. Es otra forma de engaño.

Esa inteligencia famosa, que la denominan con el vocablo de artificial,

debe ser otra estratagema, otra forma de doblegarnos y que no rechistemos,

tenernos en un puño, para hacer con nosotros de sus antojos.

Igual podrían haber buscado otra palabra para describirlo, sin embargo, van a lo que vende, a lo que enreda, jugando al despiste y siempre marcando la dirección opuesta donde debemos fijarnos.

 

Da un poco de miedo. La verdad.

Se puede confundir todo, si no se controla con leyes justas y que sean concisas.

Son tecnologías que simulan la voz original de protagonistas que incluso ya ni están en este mundo.

Trucando con fotos e imágenes falsas, manipuladas con tanta perfección que confunden con la propia realidad. Sumadas a películas de personajes que no han tenido nada que ver con los intérpretes de las propias historias.

 

Sobra esa inteligencia, la superficial,

que con ella se ayudan, los descerebrados,

tratando de inculcarnos con sus mil sembrados

nuevos puntos de vista, sin ser pericial.

 

En el último cuarto de siglo, las cosas han cambiado bastante.

Algunas ni siquiera las comprendemos, sin embargo, callamos y las aceptamos, como si cualquier cosa.

Miramos a otro lado sin pedir explicaciones, o sin importarnos como si no fuera con nosotros.

Muchas de ellas son vitales y nos han hecho ganar comodidad, nos han facilitado mejor la convivencia, nos han ayudado a mejorar y comprender lo que antes era prohibitivo.

 

La niña interrumpió la charla de su abuelo, con una frase hecha

-        ¡Que me estás contando!

-        No me estás aclarando la cosa,

-        ¿Estás fumado?

Con mucha índole la niña invitó al abuelo a callar comentándole.

-        Déjalo, ya lo he buscado en Google, y me lo ha aclarado con dos palabras,

 ¡Tío te enredas mucho! Perdona tronco, de tío nada. ¡viejo!

 Espera que llamo a la enfermera y le digo te chute un poco más de ese nítido para colocarte un poco más” jevi”.

 Dejarás de estar chungo y así permitirá serenarte con un porrito.

 

La jovencita fue a buscar a la asistente, para que le atendiera, mientras el veterano, siguió murmurando entre dientes y sonriendo por haberlo confundido su nieta con un tío siendo el abuelo.

 

 

Carecen de paciencia,

Se creen subliminales

pretenden ser esencia,

igual iluminados,

por la ya inteligencia

llamada artificial

No es posible frenar

el avance total.

 

 




Enero 2024.

 

 

 


miércoles, 24 de enero de 2024

El peso, puede ser específico.

 


Entró en la farmacia con idea de pesarse.

Se notaba más gruesa y molesta que un par de semanas atrás. Achacable a la solemnidad de las navidades y haberlas disfrutado sin mesura a tope con amigos, amigachos, coleguitas y familiares. Pasándose diez pueblos en asuntos inmateriales todos inconfesables.

Una vez estuvo frente a la romana eléctrica, se despojó de la gabardina mostrando un cuerpo femíneo de hembra presumida mientras el objetivo de la cámara de seguridad del establecimiento medicinal la enfocaba.

Bajo la prenda de abrigo, nada más que piel. Lo demás, tan solo chicha.

Vestía un mini atuendo de dos piezas, en color carne que se confundía con su tono bronceado. El paño superior ostentaba un par de cazoletas duras a modo de sostencillos de algodón forrado de franela, que sujetaban dos senos destacados.

En el borde inferior de las caderas menos ropaje. Tan solo lucía un escueto taparrabos, sujeto a la cintura por un lazo anudado sobre el muslo izquierdo propio del modelo y marca del tanga de diseño. Pretendiendo disimular aquello que se escondía.

Al ir a descalzarse de unos borceguíes mínimos en color negro, con quince centímetros de tacón, acudió el farmacéutico para evitar que la dama se cayera entre tantas medicinas, apósitos, compresas, lociones y tiritas de vendaje. Ofreciéndose muy gentil en ayuda de la clienta fortuita, habiendo dejado con la palabra en la boca a doña Asunción; una enferma crónica octogenaria parroquiana de aquella apoteca.

–Perdone usted señora. – dijo el empleado presentándose.

– Gregorio Formal, para servirla. Permita que le ayude y asesore en lo que usted pretende conseguir.

La morena ya descalza y sin vestir, a punto de subir a la plataforma de pesaje le respondió con mucha gracia.

–Muy atento es usted don Gregorio, y veremos si es tan formal como su apellido.

Ya que se brinda permítame abusar de su amabilidad y preguntarle si cree usted que debiera quitarme mas ropa para que el peso fuese más aproximado.

El licenciado muy sereno y sin quitar los ojos de aquel recipiente físico dotado de hermosura respondió de forma doctoral.

–Mujer; usted verá. Deje que le revele un detalle. Cuando un neófito se enfrenta a ingenios super científicos y perfectos, no imagina la gama de propiedades que le puede suministrar.

Puede conocer su peso sin quitarse prenda alguna que lleve puesta, por mínima que sea,

– Esta artificial balanza puede ofrecerle el dato más insospechado y secreto que suponga.

Le cuento.  y prosiguió con su monólogo.

Mientras la mujer que sin taparse permanecía inerte, oyendo al señor Formal, y sin subir a la tarima, se gustaba al verse en el espejo mural que estaba detrás del practicante.

Siendo observada desde la distancia por doña Asunción, que aún esperaba a don Gregorio, le expidiera el antitusígeno que le había recetado su doctor de cabecera.


Este invento medicinal, – apostaba Goyo sin dejar de escudriñarla, – Le ofrecerá a cambio de una moneda de veinte céntimos de euro, su altura y peso. Presión sanguínea, la velocidad de sedimentación de su sangre, la grasa acumulada en el hígado. Además del estado del conducto de sus arterias y otras venas secundarias. La glucosa pasiva, comprobando su diabetes y colesterol. La cera de sus oídos. El prolapso de su cérvix, y el contenido del duodeno.

Lo ingerido en las últimas 24 horas con el historial y si es de su interés, la reseña del último mes.

El arqueo de su espalda y la presión del lumbago hacia sus vértebras. Analizando la artritis pausada que pudiera aparecer sin haberse destacado de momento.

La cantidad de mililitros de orina que haya miccionado en el último día, y la sensación corporal general, incidiendo en su estado de ánimo.

Sopesando la depresión personal acumulada. Sin dejar de lado la multi fase anatómica pasional. Con quien y a que hora mantuvo el último trance conyugal.

Reflejando el grupo sanguíneo de la persona relacionada con el brete sexual.

 

Aquella señora, concentrada en las manifestaciones del licenciado, quiso saber hasta dónde podía llegar aquel invento chivato y el boticario añadió algunos detalles que fueron poniendo el fin al interés de la clienta.

Proponiendo con un mohín aquella dama, un alto para frenar la exposición recibida y muy comprensiva y sutil, dejar el tema por no estar interesada. Avisando al instruido Gregorio Formal, que no pasaría por ese monstruo irreflexivo que era capaz de descubrir todas las barbaridades ilícitas que había disfrutado durante su existencia.

Creyendo, que era una práctica que estaba fuera de la ley al exponer las tropelías en secuencia para conocimiento del ajeno. Descubriendo reseñas que están protegidos por la ley de Protección de Datos, como son descubrir la cantidad de cerveza, cubatas y bebidas espirituosas ingeridas, relaciones extra conyugales y otros menesteres secretos de cada cual.

Dejando zanjado el asunto con prontitud, y con un gesto de hartazgo desdobló el tabardo para abrigarse, coqueteando con su imagen sexi, y recolocándose la tirilla del tanga para que le enfundase el canal de su trasero.

Saliendo de la farmacia después de despedirse cordialmente del empleado sin gastar los veinte céntimos y diciendo entre dientes.

<<Ahora le voy a dar explicaciones a este Goyo Formal, de las informalidades que cometo a cada instante y encima pagar por los detalles>>

Se convenció que le valía la pena de ir a la báscula del súper mercado, cuando quisiera saber si había engordado.

 

De vuelta Gregorio, reanudó el esmero a doña Asunción, que había observado todo el enclave realizado por el farmacólogo y ésta, se atrevió a preguntar mientras le acercaban el jarabe recetado.

– Hijo mío si es verdad todo lo que le acabas de contar a esa señora, creo que vale la pena subirse a la balanza y dejar de ir al médico.

Es mucho más directo y puede evitar errores, ingerir pastillas que nos hartan y no curan.

Así y sin desvestirme, por veinte céntimos voy a subir al invento, porque fui a mi medico por picores y hemorroides y veo que me ha recetado un arrope contra la tos para lavarme el culo y con ello erradicar las almorranas.



  • Emilio Moreno
  • 24 de enero del año 2024
  • 134 años que nació mi abuelo materno.