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viernes, 21 de diciembre de 2018

Todos a la vez















Pensamos llevar la verdad en todo
afeamos al que sigue divergente,
el corazón nos late indiferente
y encima nos gustamos de ese modo.

Hablan por interés, sin acomodo
y como poco importa miro al frente,
paso del tema y de toda esa gente
por confundir mi cielo con su lodo.

Quien escucha a quien, todos rajan mucho.
Acaso alguien se entera de lo que hablan
¡Todos a la vez cascan! , ¡Yo no escucho!

Y si por un casual su verbo entablan
con la pena de siempre, me hago el ducho.
Les hago tener fe en lo que arramblan.














domingo, 14 de octubre de 2018

Si dicen..., que dizan...











Lo que busco no lo encuentro
por no ser fácil de hallar
sin embargo me concentro
y si llega no fallar

Felicidad caprichosa
que les llega a los demás
en mi sino poca cosa
y al que presume jamás

La costumbre no regala
bendición sin trabajar
a los guapos les resbala
la sudor como al que más.

A personas presumidas
las he visto destacar
por valores sin medidas
no siendo de su abarcar

Quisiera ser un bendito
y muchas veces callar
cuando dicen te repito
y critican sin dudar

Cuatro caras de la luna
se reflejan en el mar
la tuya no siempre es una
sobre todo al engañar

Si dices verdad alguna
ya nadie te entenderá
cuando mientes ya ninguna
persona te creerá

Me siento como el payaso
tengo ganas de llorar
a quien le cuento mi caso
si nadie sabe implorar








viernes, 10 de noviembre de 2017

El espíritu se manifestaba



Habían quedado a una hora temprana de aquel miércoles de febrero, para acompañar a la casa de Serrer de Neres a Edwin. Con lo cual se presentó justo a la hora, para resolver aquel procedimiento tan nefasto.

Como lo era para aquel hombre, que de buenas a primeras; recibe una citación urgente y, además es de un familiar que han encontrado frito en la cama, por motivos que hasta la propia policía desconoce.

No les hizo esperar y como le advirtieron aguardaba, con antelación para evitar esperas.
La caporal Esmirna le había entregado al pariente las llaves de la casa y esperó en el acceso de la comunidad, hasta que llegó un joven que nadie hubiera imaginado era policía.

Sin uniforme, con barba de dos días, vestido y calzado, como suelen hacerlo en la actualidad los hombres medio maduros de cualquier centro cívico. Más bien simulaba ser uno de esos estudiantes que se mezclan con cualquiera en el metro, escuchando la radio o la música desde su teléfono Smartphone.
Edwin observaba su reloj, apoyado en la esquina del portal, con los pensamientos fuera de compás, hasta que en aquel instante le abordó el agente que disimuladamente preguntó, desde una distancia más bien corta.

__ Por casualidad te llamas Edwin.

__ ¡Sin casualidad!, respondió absorbiendo su estampa de arriba abajo, ¿Tu eres…? Y enmudeció esperando respuesta por si acaso no era quien esperaba.

__ ¡Claro, soy el cabo Espinella, de los Mossos d’Escuadra. Mi colega Esmirna me ha comentado, que has de subir al piso de Irene Delapeire y querías ser acompañado por alguno de nosotros.

__ ¡Es cierto! No sé qué es lo que puedo encontrarme ahí dentro y como no quiero ningún tipo de responsabilidades, ni tener a posteriori problemas, prefiero sea de esta forma.
Lo que busco son los documentos para poder darle entierro y después imagino que alguna de sus hermanas se harán cargo de lo restante.

__ Pues si te parece subimos_ indicó Espinella.

Ascendieron por las escaleras, hasta el segundo piso sin dejar de mirarse y de recelar.
Era una situación que les tensaba los nervios, consiguiendo dejarles desubicados por no ser común, ni habitual.

La puerta la abrió el propio Edwin y en un gesto de educación o de miedo, dejó pasar por delante a Espiniella, que se adentró y lo dejó solo en el umbral.

Cuando penetró dentro del salón de la casa, ya traspasado un pequeño recibidor, el olor que le sobrevino, era el de una humedad notoria por el frescor del tiempo, al no tener calefacción aquel recinto y ademas una emanación que normalmente destilaba Irene. Con lo que se aferró a mirar sin detener la mirada en parte alguna, ya que la iluminación que prendieron al acceder al piso, era de escasa potencia y dificultaba el ver a simple vista los objetos.
La persiana que daba frontal al entrar, la subió Espiniella, manifestando a Edwin.

__ No se apures amigo, yo te guio. Fui uno de los agentes que hizo la intervención y sé como está casi todo. Inclusive si me preguntas por ella, en anónimo te diré como la encontramos. ¡Claro si te ves con fuerza de escucharlo!

__ Gracias, Espiniella yo te digo en cuanto me parezca. Ahora permite que tome frecuencia, o sea que atine en este lugar, que hace más de quince años no visitaba y como podrás comprender, fue de una forma tan distinta, que me confunde y me provoca una desorientación manifiesta.

__ Lo comprendo y vislumbro. Tú mismo y ya me preguntarás si crees pertinente.

Aquella sensación de ser abrazado por alguien que no se veía; no se dispersaba, diluyéndose en el espacio y el lugar. Como si un ser o espíritu fluyera por el ambiente, queriéndose hacer notar y en ocasiones estremecer al afligido Edwin
Todo lo contrario a no apercibir sucedía en aquel perímetro. Fue “in crecendo” a medida que los oídos le chirriaban de forma sutil, como un bordoneo de viento en calma que le iba exhortando donde debía poner la vista y llevar las manos.

En un principio fue pasando de estancia. De una a otra, sin control, queriendo tropezar con algo familiar, algo que fuera directo, que de una forma clara, le despertara de un sueño. Le dijera que es lo que había pasado en aquel habitáculo, en los últimos dos meses y de qué y como había perdido la vida.

El efluvio del ambiente, se fortalecía según donde se acercaba Edwin, denotando que de un momento a otro iba a aparecer Irene, y le iba a preguntar sin mas.
Una vez tuvo el norte de donde estaban situadas las estancias, comenzó a preguntarse para sus adentros que es lo primero que necesitaría para poder darle descanso a Irene.

Saber si tenía póliza de defunción, algún seguro de vida, la cartilla de la seguridad social, la libreta de ahorros de su banco.
Encontrar determinado teléfono de amigos que pudiera llamar para decirles sobre el suceso de Irene, y a la vez preguntar si es que sabían algo, tenían idea de sus últimos deseos. Conocer si era preciso dirigirse a alguna otra parte, para poder discernir algo mas de aquel completo y delicado crucigrama.

No sabía por donde empezar y al pronto fue a la mesilla de noche de la difunta. En el cajón esparcidas halló un sin fin de pastillas mezcladas y difíciles de denominar, ya que sueltas sin la caja estaban entre los pañuelos moqueros. Dando una sensación de ser ingeridas a pares, o cuando menos con frecuencia.

Sobre el respaldo de una silla de la habitación, pendían dos pechos de silicona muy reales, un viso transparente blanco encima de la cama y dos prendas íntimas que arrebujadas dibujaban una imagen bastante desconcertante.
La practica totalidad de la habitación revuelta, sin ni una joya, ni un reloj de pulsera, ni cualquier anillo de metal.

Siendo ella tan sumamente presumida y yendo casi siempre cargada de pulseras, cadenas, atavíos y medallas de primera calidad.
Entre sus cachivaches solo había desorden y desconsuelo.
La cama una moderna de esas que el somier es de los articulados eléctricos, que tanto alzan los pies, como el cabezal, extendiendo un badén profundo en la parte central del mismo, para que descansen de las caderas.
Con los ropajes medio caídos y dando una imagen de in pulcritud normal, después de tantos días como se habían sucedido con un cadáver inerte.

Dentro de un apartado de la librería, encontró la tarjeta de la seguridad social, unos informes de los últimos análisis que se había realizado, y en el margen derecho de la misma, los papeles del banco, detalles, cuentas corrientes y devengos en las diferentes entidades de la ciudad.

En cuanto a seguro de defunción no pudo encontrar absolutamente nada. Lo que hacía prever que darle descanso a la señora Irene, no iba a ser por lo menos cómodo, ni fácil, dadas las expectativas que demostraba una de sus hermanas.
Espiniella le ayudó a recoger, todos los efectos y carpetas necesarios y salieron del apartamento sin mediar palabra, hasta que llegaron a la puerta de la casa, donde el agente de la policía le dio idea de lo que debía hacer en principio y donde dirigirse, para que la pudieran incinerar.










domingo, 19 de marzo de 2017

Hombres sometidos


Hay muchas mujeres maltratadas, 
el ser humano es así de irracional, sin embargo
también existen muchos hombres que callan y
sufren por ese maltrato escondido 
a que les someten
sus propias mujeres



Después de nuestras últimas disputas
todo ha cambiado, ya nada es lo mismo.
De puertas hacia fuera ilusionismo,
por dentro relaciones disolutas.

Regañas mis respuestas absolutas,
contestas groserías con cinismo
aplicando maltrato a tu civismo
y encubierto, me ofendes y me ocultas.

Eso también es un maltrato físico,
abuso para el hombre sometido
por ellas, que lo esconden por incívico.

Humillado denuncio lo que explico,        
por el desprecio falso concurrido
que reciben los hombres que os indico.






lunes, 1 de agosto de 2016

El wáter cósmico_ Padre nos abandonas

Esta entrega viene de una narración anterior
titulada: Le subió las faldas

Nueva entrega: Padre ¿Nos abandonas?




No habían pasado diez minutos, y poco antes de que comenzara a ponerse nervioso, después de examinar y  fijarse en el ornato de la estancia, y del gusto de la decoración, cuando apareció Caterina, con su camisón afranelado de dormir y unos ojos legañosos, cabello revuelto como de haber participado en una pelea de gallos y una sonrisa humedecida por el placer que le comenzaba a ganar mientras una alegría rara e insondable le sobrevenía de su alma.

_ Papá, como vienes tan temprano. ¿Es que has venido a despedirte?¿Te vas a España…? ¡No me asustes, vale!

Antes de responder, Javier la abrazó con mucho cariño y  besó en la mejilla sin prisa, notando la premura que contenía su hija, que esperaba una respuesta inmediata.
El padre muy adrede y, posponiendo las respuestas hizo un descanso para proseguir mirando alrededor por si ya, venía Cecilia, y poder confesar las dos preguntas que le exigía Caterina, para que fueran  recogidas a la vez por las dos mujeres que más interesadas pudieran estar _ ¿Dónde está tu madre?

Caterina esperaba unas contestaciones antes de informar a su padre, del paradero de la mamá y calló sin informar de inmediato, viendo que su padre, ya tenía una decisión tomada y posiblemente dentro de su arrepentimiento, pretendiera hacerla efecto cuando todas ellas, estuvieran juntas, y antes de que su papá, se sintiera más incómodo y hablara sin acomodo, le dejó disfrutar de su propia hija que él, sin más opinara lo que le conviniera en aquel minuto

 _ ¿Quién le ha hablado de mí a la señora que me abrió la puerta? _ preguntó Javier a su Caterina, con un sentido coloquial y muy cercano.
Su hija, tras mirarle con agrado, le respondió con soltura. Iniciando las respuestas en orden inverso.
_ Mi abuela materna lo sabe todo, ¿y hablarle de ti,...  preguntas? _ siguió confesando Caterina, con aquel desparpajo de una señorita preparada, con el conocimiento de todo el affaire que mantenían sus padres, y de los consejos que escuchaba por parte de sus abuelos.

_ Ni te lo imaginas, ni puedes llegar a intuir nada; ella siempre te defendió. Mi nana, Fredesbinda, siempre te escudó de todas las responsabilidades a las que mi mamá, no quiso tener en cuenta, ni tan siquiera participarte la noticia de que iba a ser madre y la abuela, siempre creyó que su hija hizo mal.

Hemos dicho perrerías sobre ti, todas nosotras_, volvió a certificar Caterina, con una sonrisa en los labios_, siendo Blinda, la que siempre acusó a su hija de cobarde y puso en duda la forma tan mezquina que mi madre, escondió la realidad de lo sucedido para dejarlo todo, y venirse para acá _sin pausa siguió Caterina razonando y presentando a su yaya, para que su papá conociera algo de ella_ La llamamos por su nombre, Fredesbinda_, Blinda es más corto, añadió con una mueca de placer y de amor _: y es una abuela maravillosa, que nos cuida de vez en cuando, si mamá ha de ausentarse o salir de urgencia.

Frenó su cháchara  aquella jovencita alegre y charlatana, para responder a la segunda pregunta. Mientras a su padre le caía la baba de felicidad.

_ Cecilia, ...mamá;  no tardará en salir a saludarte; se está acabando de acicalar y despertando a la peque. ¡No tarda nada!
La niña, volvió a intentar por segunda vez,  saber antes que nadie, sobre la decisión que Javier, su padre había determinado y volvió a preguntar, ahora con más impaciencia.

_ Papá, ¡¿has decidido verdad?!  ¡No irás a asustarme y a abandonarnos de nuevo! ¡Los españoles tenéis fama de gallitos acobardados!

_ Esperarás a que estén tus hermanas y tu madre, para que os enteréis todas al mismo tiempo.
No es nada fácil para mí; como comprenderás y no debes ponerte nerviosa, que con lo que se decida deberemos adaptarnos ¿no crees, princesita?

_ ¡Si pero, tú has de saber muy bien, lo que haces!  ¡¿No?! _ Abrazada a su padre, casi le sujetaba para que no pretendiera escapar por aquella puerta, que cerrada con dos llaves permanecía tan  afianzada.
Cuando iba a tomar de nuevo la palabra Javier, apareció Blinda con una bandeja mediana y blanca tan nítida como el camisón de la niña, en la que llevaba una cafetera y una taza, para servirle algo calentito, reprochando la intolerante interrogación de Caterina.

_ ¡Óigame señorita fresca! ¡¿Dejarás que tus padres decidan libres y sin presión?! O usted va a ser el clásico pendejo que se va a adelantar a los ¡¿acontecimientos de los mayores?!
Tras el inciso y lo inesperado de las palabras de Blinda, se pronunció Javier, que asumió el papel de padre, que aquella mujer ya le daba por descontado.

_ No nos pongamos tensos, tengo las cosas muy claras, sin embargo, en primer término he de saber si Cecilia_, dijo mirando a Blinda; y dirigiéndose a su hija_, ¿tu madre, me sigue deseando, como yo la quiero a ella? _ apuntó Javier, cabizbajo y preocupado, para continuar hablando del asunto que le llevaba frente a ellas, casi entre dientes.

_ Aceptará de buenas a primeras como yo lo acepto y lo digo con todo el amor de mi corazón, nuevos hijos inesperados, para educarles, quererles, protegerlos, ¿Tendremos el suficiente amor para ir despejando cuantas incógnitas y desamparos nos presente la vida en familia?. Todas esas respuestas han de ser contestadas y admitidas por Cecilia, sin remedio alguno_ Lo comprendes ahora, hija, te das cuenta de que muchas veces las personas hacemos cosas que nos impiden ser felices durante toda la vida_ Dejó abierta la posibilidad de preguntas y cerró los ojos para continuar departiendo con su hija.

_ Has de ser paciente Caterina, y debemos esperar a mamá _ adujo Javier mirando de reojo a Blinda y abrazando nuevamente y de forma muy tierna a su hija que ya le resbalaban dos lagrimas pronunciadas por la mejilla.

Blinda que había visto un reflejo entre los cristales moteados de la puerta que separaba el recibidor del salón se hizo a un lado cerrando la boca y dejando que apareciera su hija Cecilia, con un moñito que le recogía su cabello en la nuca, y un salto de cama totalmente transparente, que le reflejaba todo el itinerario de los desniveles de su cuerpo, desde el cuello hasta un poco más arriba de sus rodillas; descalza y dándole una mano a Soraya, y la otra a Natalia. Sus otras dos hijas que unidas aparecían en aquel saloncito haciendo las veces de antesala del gran salón del apartamento.

El silencio triunfó en aquellos dos segundos de duda, que se estableció cuando se miraron a los ojos Cecilia y Javier, quedando éste perplejo y recordándole un tiempo pasado que jamás tuvo que extinguirse.
La silueta de Cecilia produjo en él un sofoco desmedido que tuvo que retener por caballerosidad y principios.

Fredesbinda, miró a Cecilia y la vio radiante, como a ella le gustaba que fuera y le hizo una señal como pidiendo permiso para dejar entrar a Javier en los aposentos del apartamento y no seguir de ninguna forma la conversación desde donde estaban.
Cecilia al darse cuenta preguntó_ ¡Que haces aquí Javier!, ¿cómo no has pasado?
En aquel entretanto, fue Blinda la que habló justificando_: He sido yo, la que lo ha retenido en la antecámara_ siguió diciendo apenada.

_ No sabía si tú accederías a dejarlo entrar. ¡Perdona hija, estoy segura; viendo y escuchando lo que he presenciado, que me he equivocado! y te pido perdón por ser tan desconfiada.

_ No pasa nada mamá, nos acomodamos en el salón y que nos explique a que se debe su visita a estas horas tempranas de la mañana. En día de fiesta y sin haber reservado ni alertado de su presencia.

Las niñas que iban de la mano de su mamá, se echaron en brazos de Javier, sin que nadie les dijera absolutamente nada, como si ellas supieran que sus vidas estarían sustentadas a partir de ese instante de ese señor, que ya conocían y que admitían ampliamente.

Javier se levantó de la butaca y se acercó a Cecilia, la que no huyó a la solicitud de un beso por parte de él, que la estrechó en sus brazos y ella no hizo el más mínimo gesto de rechazo. Se besaron y Cecilia se estremeció como la mujer que espera del cielo aún atisbos de felicidad.






Esta historia continuará

to be continued




viernes, 8 de julio de 2016

Un cobarde camuflado

Acostumbra a presumir de sus andanzas y de sus consecuciones. Todas ellas fundadas en la falacia y en la cachondez. No hay cosa que se le resista, ni mujer que no caiga a sus pies deshechita de deseo y atracción, cuando le oyen declamar sus anonimatos exasperantes o sus refranes retocados que te dejan fuera de juego, por no venir a cuento.
Tampoco a su vez existe,  tema del que no entienda o esté más versado que nadie.
Te lleva la contraria en todas las conversaciones que trenzas de inicio y si se tercia, se apodera de palabras, hechos o consecuencias que no le pertenecen a él, que igual las ha oído, y se ha adueñado. Tíos así se les conoce pronto.
En ambos casos y en estas dos tesituras explícitas actúan en la misma forma o parecida.
La primera: Se la han escuchado decir a alguien lejano y se apoderan de la misma por encantarles, la hacen como si fueran suyas _: entonces nadie le rebate, por desconocimiento lejano.
La segunda: cuando la frase o el acudido, o el pensamiento es de alguien cercano y conocido, que igual está presente, aunque tras del enamoramiento de la palabra no recuerde de donde procede la autoría; se jacta pronunciándola como tracista e inventor. Dado ese caso y en ese momento, la tenemos en discusión y risas.
También es verdad que todo el mundo del entorno está al tanto y ya pues; todas las bravatas y exageraciones, verdaderas o falsas se transforman en lo que llamamos: N.A.S.A, Normal Adaptation Situet Accepted, que en nuestro lenguaje coloquial significa: Situación Normal Adaptada y Aceptada. Llevada con la relación de amistad que nos une de siempre.
De ahí que en una de sus ensoñaciones nos deleitó con una historia verdadera, pero traída a su antojo para demostrar su gran valentía y su arrojo ante adversidades que no dejan de ser cotidianas en las vidas normales de los normales a los que frecuentamos.

Un buen día, con tanta prisa como lleva siempre, debido a su valiosísimo tiempo, que no se "puede aguantar", o a ese nervio imperativo y audaz por querer hacerlo todo rápido y sin complicaciones, se montó en un tren de cercanías con dirección contraria a donde pretendía llegar, explicando su versión a posteriori, con ganas de presumir ante quien le rodeaba. Versión especial y retocada. La que le convenía un falso relato presumiblemente valiente,  siendo el mismo protagonista.
_ Ahora que tocamos el tema, y como viene a colación os he de explicar lo que me ocurrió el pasado miércoles, y es que me pasa cada cosa que es para cagarse_ informó casi riendo y muy jocoso Nicolás_ Los allí presentes le dieron orejas al relato que con premura narró.
Me equivoqué de dirección, al llegar al andén, y por querer ayudar a una viejita, en el trayecto de las escaleras mecánicas, pues fíjate por donde fui a entrar con la abuela, en su vagón y se me cerraron las puertas, no teniendo más remedio que apearme en San Vicente_  aquella línea no se detenía ni en La Colonia, ni en Santa Paloma del río_  dos estaciones intermedias distantes relativamente cerca del punto de donde expresaba.
Los presentes, esperaron que acabara su cuento, creyendo que sería profundo y merecido, por el boato que aplicaba en su planteamiento. Gestos no acordes al sentimiento y a lo sucedido, se dibujaban en la silueta del cuerpo y en la cara de circunstancias del amigo Nicolás.
_ Cuando bajé traté de validar el billete en los canjes automáticos para poder salir de la estación y volver a entrar por la otra puerta, aquella que me permitía la dirección a la que yo necesitaba. Me negó el acceso y tuve el primer problema. Como todos sabemos los precios de los tramos difieren en precio y como llevamos el boleto de pensionista, y la estación de San Vicente, es zona dos, diferente a mi zona de distrito, donde bajé. No me permitía abandonar sin peaje nuevo aquella estación.
Intenté forzar la salida, las dos puertas batientes transparentes, que parece son débiles, solo lo parecen, pero no fui capaz, sabiendo que la cámara de seguridad me estaba tomando en película, no forcé nada y sin más dilación y sin llamar por el locutorio de urgencias de la asistencia de la estación, salí a las vías  muy cabreado y fuera de mí y las crucé saltando una tras otra, para entrar en el andén que me correspondía y en dirección a la ciudad.
Sin pensar que los guardias de seguridad están al acecho, esos “Seguratas” que no hacen más que entorpecer, me detuvieron en el apeadero y quisieron multarme por haber agredido las normas_ siguió arguyendo el amigo Nicolás sin creerse lo que nos explicaba.
Me llevaron frente al Jefe de Estación y allí, se dieron cuenta que soy un ejemplo de la sociedad, cuando les dije quién era; el porqué de todo aquello, el motivo real de mi salida de tono, por querer asistir a una anciana me encontraba en aquella tesitura y lo comprendieron, me dejaron ir sin más y tomé el tranvía siguiente.
Acabada la historia; nadie le interrogó, no parecía ser del interés de ninguno de los presentes, cada uno escuchó los alegatos, y por supuesto el preguntarle a Nicolás, era imaginería pura, invención en sus respuestas y ahondar más en las exageraciones, sin llegar a aclarar nada. Con lo que cada uno, y como dice el refranero popular murciano: “Cada perrico se lamió su pijiico”, pasaron a dejar como nueva aventura las manifestaciones engañosas del amigo Nicolás.

Terminada la reunión de camaradas y después que cada uno había dejado escapar sus últimas fechorías, se despidieron hasta otra ocasión cuando se encontraran en nueva visita semanal, para reunirse y hacer una mesa redonda de colegas con alegrías, nuevas vivencias de afecto.
Nicolás aquella tarde debía hacer un viaje a casa de su madre; precisamente en la misma dirección y en el mismo convoy de la causa comentada por él mismo. Dejando a horas prudenciales al grupo de amigos, todos pertenecientes al cuadro de Psicópatas del Doctor Marrón, que los congregaba dos veces por semana a todos sus pacientes para controlar el buen camino y la mejoría de cada cual, llevada por los afectados en la superación de sus manías, psiquis, locuras, actos compulsivos y demás, todos ellos asociados en la seguridad benéfica del país.
Eran bien pasadas las ocho de la tarde, cuando Nicolás tomaba aquel vagón sin pensar en nada más que la cena que le esperaba, sería opípara, en compañía de su madre y hermanos, contando con Abigail, que podría dormir en la noche con ella, ya que se encontraba mucho mejor de su crisis y teniendo todo su amor retenido para dárselo en cuanto la pillara.
Se acomodó en aquellas butacas y pronto quedó inmerso en sus pensamientos reales, en los que le atormentaban y que trataba de escatimar al mundo. Volviendo a revivir de forma real, el acontecimiento sufrido por él en la estación de la que montó un cuento increíble para confortar a sus colegas y como no, desahogarse él mismo de sus estrecheces emocionales.
El sueño le ganó terreno y quedó soñando mientras viajaba, en la verdadera historia del error de dirección.



Todo ocurrió muy a prisa y sin tiempo de reacción: caminaba por los aledaños de la estación y vio llegar dos trenes, uno partía hacia el norte y el distinto hacia el este, o sea el centro de la ciudad.
Sin confesarse ni cosa igual, inició su carrera nerviosa, en pos de alcanzar aquella felicidad, que sería el llegar al punto de inicio de su trayecto, errando por esos nervios y además por el cansancio de la carrera.
El convoy que debía tomar para acercarse donde él pretendía, no abordó; llegando con el resuello alquilado por el esfuerzo, y al alcanzar el punto de embarque metió la pata, en un despiste humano,  tomó su acomodo en sentido inverso.
Cuando quiso reaccionar las puertas se cerraron y aquel tren comenzó su marcha en destino contrario. Saltó de su asiento y antes preguntó con mucha prisa, por aquello de no querer admitir su fallo, a una señora latina, que le miraba como se mortificaba.
_ ¿Este tren va hacia la Condal?
_ No se mijito_ le respondió la amable pasajera, que permanecía frente a él, muy bien asentada, agarrando su bolso de mano con una fuerza espectacular
Casi sin esperar a la respuesta, y sin dar las gracias por la atención de la contestación, se levantó del asiento y se situó frente a la puerta del vagón, como queriendo detener aquella velocidad que has de deshacer una vez comprendes que las prisas son malas consejeras.
El vagón no se detenía en la estación siguiente, ni en la se mas allá, y fue a apearse en la que le daría el disgusto de la jornada.
Cuando bajó trató de validar el billete en los canjes automáticos para poder salir del apeadero y volver a entrar por la otra puerta, para retomar su dirección real. No pudo hacerlo ya que no le valía el billete del trayecto.
Se encontraba en San Vicente y aquellas máquinas expendedoras, no le permitían siquiera validarse la salida.
Nicolás como en él costumbre, pretendía engañar a la empresa de transportes, evitarse el pagar nuevamente el billete y entrar de rositas como si nada hubiese pasado en dirección a la ciudad, sin que nadie supiera los antecedentes, sin que nadie le dijese que debía pagar de nuevo. Engañando al mismo mundo.
Intentó forzar la salida, las dos puertas batientes transparentes, que parece son débiles, pero no fue capaz, sabiendo que la cámara de seguridad le estaba tomando en película, no forzó la franquía y no rompió nada para que nadie nunca, le reclamase desperfectos de mobiliario.
Sin más engaño y tratando de no llamar la atención más de la cuenta, sin tampoco, usar la cabina de informaciones al público, salió a las vías  muy cabreado y fuera de sí.
Las cruzó saltando una tras otra, para entrar en el andén que le correspondía y en dirección a la ciudad. Transgrediendo las normas, sin leer los carteles y bajo la responsabilidad que estaba sujeto. Jugándose su propia vida, de haberle sorprendido un tren sin parada.
El servicio de seguridad de la estación lo detuvo sin paliativos, en cuanto se incorporó al recoveco del sentido contrario. Dos hombres pertrechados con porras, pistolas y demás juguetes al uso, para disuadir a cuanto delincuente se sume al juego del engaño, de la falta de urbanidad y del deber no cumplido
Casi lo arrastraron frente al Jefe de Estación, tras advertirle los dos agentes muy seriamente la falta cometida, los decretos que había infringido y la multa y la denuncia que le correspondía.
Allí comenzaron los lloros y súplicas de Nicolás, cagado de miedo cuasi llorando pedía clemencia aduciendo que era un buen hombre y jurando que no lo volvería a hacer jamás.
Aquellos vigilantes, sin poder ejecutivo no le creyeron y lo llevaron frente a la máxima autoridad de aquella estación, mientras el amigo Nicolás sollozaba de forma fingida, por lo que comprendía no debió hacer  en ninguno de los casos.
_ No sabe usted, que lo que ha hecho, es una falta grave. Saltar las vías, pudiendo haberse quedado allí mismo de haber pasado en aquel instante un tren_ Le asintió con crudeza el responsable de la estación
_ Lo sé señor pero mire usted, me he equivocado de dirección en la plaza de los Boixos y cuando he querido validar mi billete no me lo ha permitido. No soy un delincuente, mire soy un pobre hombre que voy con prisa a la ciudad, y me puse nervioso, infringiendo normas, pero no lo volveré a hacer más. No creo que por eso haya usted de incomodarme con una denuncia que bien podemos ahorrarnos.
La cara de buen tipo, que ponía era semejante al actor Humphrey Bogart, y la mentira representada en su rostro, era para echar a correr y ocultarla a sus amigos más fervientes, aquellos que le creen cuando habla y cuando matiza.
Temblaba por lo que se le venía encima y gimoteaba, entre los dos vigilantes y el Jefe de la Parada.
De buenas a primeras, aquel responsable le preguntó a Nicolás_ ¿Dónde va usted? , ¿De dónde viene?_ Lo tomó del brazo y casi arrastrándolo comenzaron a caminar
_ Mire voy a la ciudad, y vengo de dos poblaciones atrás_ Mostrándole el boleto de viaje, que era la única certidumbre de los comentarios.
El Jefe de Tráfico, lo acercó a una máquina expendedora, ya fuera del influjo de los dos perros guardianes, que únicamente querían sangre justificada, y le situó frente a la venta de tickets, que pagó religiosamente Nicolás, sin comentario por su parte. Atendiendo a la advertencia del Jefe, que le trasladó una vez tenía el boleto en mano al lugar donde debía tomar su tren.
_ Mire es usted un pobre hombre, luego igual; te vas de aquí y te cagas en mis reales, en todo lo que huela a mí. Con eso cuento cada día al cumplir mi trabajo
De tipos cobardes y llora migas como tú_, siguió apostillando el Jefe_ estoy harto. Presumís para vuestra galería y delante de vuestros conocidos; parece entonces que estáis hechos de una pieza y en realidad a solas os cagáis encima, de puro cobardes que yacéis.
Te voy a dejar marchar, antes de que me supliques más, eres capaz de vender a quien sea por salvar tu culo; pero lleve usted cuidado, y cambie esa cara de caga miedos y aprende a enfrentarte a la puta realidad.
Si lo haces, lo que sea, págalo y no lloriquees como una modistilla, porque las normas están para que se cumplan.
Hoy me has dado vómito por tu falta de hombría, y te dejo ir sin la denuncia correspondiente, porque yo también soy un poco comodón y no tengo ganas de complicarme la vida con un mierda de tu calibre, un medio hombre, pero que no suceda más, en esta estación si no quieres que te joda la vida.
A Nicolás le flojeaban las piernas, _ "Las cametas li feian figa" de desasosiego que tenía. Más que eso estaba "Giñao" de miedo y de vergüenza _, cuando validó su huida, tras los barrotes de aquella máquina de acero inoxidable, quedó algo más sosegado, viendo que le condonaban la pena.
Dejó con prisas de mal pagador aquella estación que a partir de ahora, cada vez que la cruce en un sentido o en el otro, sabrá lo que es la hombría y la caballerosidad de un Jefe que se apiadó de él.
Dejando muy a gusto y muy atrás a los guardianes, que con cara de pocas bromas vieron partir al cobarde Nicolás.

Suspirando y mirando a derechas e izquierdas; comprobando que no le hubiese visto o reconocido nadie de su entorno, quedó pensativo en su propia falsedad.