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lunes, 1 de agosto de 2016

El wáter cósmico_ Padre nos abandonas

Esta entrega viene de una narración anterior
titulada: Le subió las faldas

Nueva entrega: Padre ¿Nos abandonas?




No habían pasado diez minutos, y poco antes de que comenzara a ponerse nervioso, después de examinar y  fijarse en el ornato de la estancia, y del gusto de la decoración, cuando apareció Caterina, con su camisón afranelado de dormir y unos ojos legañosos, cabello revuelto como de haber participado en una pelea de gallos y una sonrisa humedecida por el placer que le comenzaba a ganar mientras una alegría rara e insondable le sobrevenía de su alma.

_ Papá, como vienes tan temprano. ¿Es que has venido a despedirte?¿Te vas a España…? ¡No me asustes, vale!

Antes de responder, Javier la abrazó con mucho cariño y  besó en la mejilla sin prisa, notando la premura que contenía su hija, que esperaba una respuesta inmediata.
El padre muy adrede y, posponiendo las respuestas hizo un descanso para proseguir mirando alrededor por si ya, venía Cecilia, y poder confesar las dos preguntas que le exigía Caterina, para que fueran  recogidas a la vez por las dos mujeres que más interesadas pudieran estar _ ¿Dónde está tu madre?

Caterina esperaba unas contestaciones antes de informar a su padre, del paradero de la mamá y calló sin informar de inmediato, viendo que su padre, ya tenía una decisión tomada y posiblemente dentro de su arrepentimiento, pretendiera hacerla efecto cuando todas ellas, estuvieran juntas, y antes de que su papá, se sintiera más incómodo y hablara sin acomodo, le dejó disfrutar de su propia hija que él, sin más opinara lo que le conviniera en aquel minuto

 _ ¿Quién le ha hablado de mí a la señora que me abrió la puerta? _ preguntó Javier a su Caterina, con un sentido coloquial y muy cercano.
Su hija, tras mirarle con agrado, le respondió con soltura. Iniciando las respuestas en orden inverso.
_ Mi abuela materna lo sabe todo, ¿y hablarle de ti,...  preguntas? _ siguió confesando Caterina, con aquel desparpajo de una señorita preparada, con el conocimiento de todo el affaire que mantenían sus padres, y de los consejos que escuchaba por parte de sus abuelos.

_ Ni te lo imaginas, ni puedes llegar a intuir nada; ella siempre te defendió. Mi nana, Fredesbinda, siempre te escudó de todas las responsabilidades a las que mi mamá, no quiso tener en cuenta, ni tan siquiera participarte la noticia de que iba a ser madre y la abuela, siempre creyó que su hija hizo mal.

Hemos dicho perrerías sobre ti, todas nosotras_, volvió a certificar Caterina, con una sonrisa en los labios_, siendo Blinda, la que siempre acusó a su hija de cobarde y puso en duda la forma tan mezquina que mi madre, escondió la realidad de lo sucedido para dejarlo todo, y venirse para acá _sin pausa siguió Caterina razonando y presentando a su yaya, para que su papá conociera algo de ella_ La llamamos por su nombre, Fredesbinda_, Blinda es más corto, añadió con una mueca de placer y de amor _: y es una abuela maravillosa, que nos cuida de vez en cuando, si mamá ha de ausentarse o salir de urgencia.

Frenó su cháchara  aquella jovencita alegre y charlatana, para responder a la segunda pregunta. Mientras a su padre le caía la baba de felicidad.

_ Cecilia, ...mamá;  no tardará en salir a saludarte; se está acabando de acicalar y despertando a la peque. ¡No tarda nada!
La niña, volvió a intentar por segunda vez,  saber antes que nadie, sobre la decisión que Javier, su padre había determinado y volvió a preguntar, ahora con más impaciencia.

_ Papá, ¡¿has decidido verdad?!  ¡No irás a asustarme y a abandonarnos de nuevo! ¡Los españoles tenéis fama de gallitos acobardados!

_ Esperarás a que estén tus hermanas y tu madre, para que os enteréis todas al mismo tiempo.
No es nada fácil para mí; como comprenderás y no debes ponerte nerviosa, que con lo que se decida deberemos adaptarnos ¿no crees, princesita?

_ ¡Si pero, tú has de saber muy bien, lo que haces!  ¡¿No?! _ Abrazada a su padre, casi le sujetaba para que no pretendiera escapar por aquella puerta, que cerrada con dos llaves permanecía tan  afianzada.
Cuando iba a tomar de nuevo la palabra Javier, apareció Blinda con una bandeja mediana y blanca tan nítida como el camisón de la niña, en la que llevaba una cafetera y una taza, para servirle algo calentito, reprochando la intolerante interrogación de Caterina.

_ ¡Óigame señorita fresca! ¡¿Dejarás que tus padres decidan libres y sin presión?! O usted va a ser el clásico pendejo que se va a adelantar a los ¡¿acontecimientos de los mayores?!
Tras el inciso y lo inesperado de las palabras de Blinda, se pronunció Javier, que asumió el papel de padre, que aquella mujer ya le daba por descontado.

_ No nos pongamos tensos, tengo las cosas muy claras, sin embargo, en primer término he de saber si Cecilia_, dijo mirando a Blinda; y dirigiéndose a su hija_, ¿tu madre, me sigue deseando, como yo la quiero a ella? _ apuntó Javier, cabizbajo y preocupado, para continuar hablando del asunto que le llevaba frente a ellas, casi entre dientes.

_ Aceptará de buenas a primeras como yo lo acepto y lo digo con todo el amor de mi corazón, nuevos hijos inesperados, para educarles, quererles, protegerlos, ¿Tendremos el suficiente amor para ir despejando cuantas incógnitas y desamparos nos presente la vida en familia?. Todas esas respuestas han de ser contestadas y admitidas por Cecilia, sin remedio alguno_ Lo comprendes ahora, hija, te das cuenta de que muchas veces las personas hacemos cosas que nos impiden ser felices durante toda la vida_ Dejó abierta la posibilidad de preguntas y cerró los ojos para continuar departiendo con su hija.

_ Has de ser paciente Caterina, y debemos esperar a mamá _ adujo Javier mirando de reojo a Blinda y abrazando nuevamente y de forma muy tierna a su hija que ya le resbalaban dos lagrimas pronunciadas por la mejilla.

Blinda que había visto un reflejo entre los cristales moteados de la puerta que separaba el recibidor del salón se hizo a un lado cerrando la boca y dejando que apareciera su hija Cecilia, con un moñito que le recogía su cabello en la nuca, y un salto de cama totalmente transparente, que le reflejaba todo el itinerario de los desniveles de su cuerpo, desde el cuello hasta un poco más arriba de sus rodillas; descalza y dándole una mano a Soraya, y la otra a Natalia. Sus otras dos hijas que unidas aparecían en aquel saloncito haciendo las veces de antesala del gran salón del apartamento.

El silencio triunfó en aquellos dos segundos de duda, que se estableció cuando se miraron a los ojos Cecilia y Javier, quedando éste perplejo y recordándole un tiempo pasado que jamás tuvo que extinguirse.
La silueta de Cecilia produjo en él un sofoco desmedido que tuvo que retener por caballerosidad y principios.

Fredesbinda, miró a Cecilia y la vio radiante, como a ella le gustaba que fuera y le hizo una señal como pidiendo permiso para dejar entrar a Javier en los aposentos del apartamento y no seguir de ninguna forma la conversación desde donde estaban.
Cecilia al darse cuenta preguntó_ ¡Que haces aquí Javier!, ¿cómo no has pasado?
En aquel entretanto, fue Blinda la que habló justificando_: He sido yo, la que lo ha retenido en la antecámara_ siguió diciendo apenada.

_ No sabía si tú accederías a dejarlo entrar. ¡Perdona hija, estoy segura; viendo y escuchando lo que he presenciado, que me he equivocado! y te pido perdón por ser tan desconfiada.

_ No pasa nada mamá, nos acomodamos en el salón y que nos explique a que se debe su visita a estas horas tempranas de la mañana. En día de fiesta y sin haber reservado ni alertado de su presencia.

Las niñas que iban de la mano de su mamá, se echaron en brazos de Javier, sin que nadie les dijera absolutamente nada, como si ellas supieran que sus vidas estarían sustentadas a partir de ese instante de ese señor, que ya conocían y que admitían ampliamente.

Javier se levantó de la butaca y se acercó a Cecilia, la que no huyó a la solicitud de un beso por parte de él, que la estrechó en sus brazos y ella no hizo el más mínimo gesto de rechazo. Se besaron y Cecilia se estremeció como la mujer que espera del cielo aún atisbos de felicidad.






Esta historia continuará

to be continued




lunes, 27 de abril de 2015

Poesía en la Hermandad




La mañana se hacía eterna, bajo los rayos solares, en uno de esos paseos cerca de las playas costeras del litoral de levante. Lejos del terruño propio, por estar en un viaje que me llevó por dondequiera con un libro bajo el brazo, que se espera que lo firme a tantos y tantos amigos, que lo quieran leer y disfrutar.

Fue cuando observé la página de la Asociación de Poetas de Cornellá, y en la que me vi reflejado con un compromiso que no esperaba, ni siquiera intuía.

Debía recitar en la Hermandad de las Santas Alodia y Nunilón. Un recital de poesía musicalizada, que se había preparado y que con tanto trasiego de idas y venidas, de firmas y rubrica tus, de ríos de sonrisa artificial, de tiempo que se escapa sin considerar porque las prisas hacen que no lo identifiques, se me había escapado de mis anotaciones de agenda.

No me daba tiempo presentarme a la hora en el lugar, si no ponía los pies en polvorosa, finiquitaba los asuntos con tanta premura, que pareciera tenía un ataque súbito de descomposición corpórea irreversible y enfundando la camisola del mejor de los pilotos de autos, y además respetando las normas de la seguridad vial estrictamente, tome la ruta del bacalao con guindillas y tras una navegación fuera borda rayando las prudencias personales y comer de forma frugal y precipitada en una venta del tiempo de Curro Jiménez, pude presentarme a tiempo para el "gong" de salida en la mencionada parroquia católica de Cornellá.

Que suspiro de bienestar y de elogio al verme intacto en el aparcamiento del centro parroquial, cuando como si por mí, no fuera la cosa y en un acto de normalidad apresurada mecí mis cabellos mirándome en el reflejo de la luneta trasera de mi vehículo, al tiempo que de reojo veía la cara de mis compañeros que al no saber de dónde venía y advertir que aparecía de forma súbita e impertérrito me ajustaba el nudo de mi corbata azul marino al cuello de la camisa de popelín. Creyendo todos que llegaba de un renacimiento apoteósico, por la impronta normalidad que le concedí al detalle.

Observé la hora y me dije, _he llegado a tiempo_ y una voz en off, que ya hacía horas venía resonándome tras el cogote me respondió_ ¡Por suerte!

Por suerte_ repetí de nuevo como cuchufleta_ A salir a la voz de ya, a no parar más que para comer de forma repentina, no hacer la digestión, meterme entre pecho y espalda doscientos cincuenta kilómetros, cuatro abonos de peaje en la autopista y aparecer en la parroquia como el hombre araña. ¿Eso es suerte?



La misma voz, no quiso atentar contra el orden establecido y tan solo adujo_ Déjalo mil hombres, y concéntrate en el mundo del ensueño, de la praxis, de la oda, del encanto; que debes salir a un escenario a declamar. Ellos, los espectadores no tienen la culpa que tú seas tan despistado y no leas los programas que los responsables editan para que, los leas con atención.



Al entrar en el salón, me quede difuso por la historia que ceñía el teatro, parecía ser un lugar donde el mismísimo Góngora, o Garcilaso, que digo el propio Quevedo, con sonetos y versos de su época, tuvieran que salir a exponer ante tan distinguido personal. La oscuridad dramática del anfiteatro hacía que la exigencia se pusiera al borde de la ceguera indiscutible del recién entrado, dándole alas para seguir caminando hasta el confín de los tramoyistas, y dejar tus atalajes aparcados para seguir disfrutando de aquella postal palaciega.

Nuestro cantautor Alfredo González Vilela y su músico el señor Mariano, me saludaron mientras ellos preparaban los arreglos y las conexiones electrónicas sobre un entarimado precioso de más de cien años, unas cortinas moradas como la pasión de algún mártir caían yertas sobre el maderamen del borde del capitel y un alumbrado tectónico en blanco daba credibilidad a lo que intentaba consentir.

El presidente de la Asociación vino a mi encuentro y me dijo tan solo mirándome a la cara y viendo mi incredulidad_ ¡Que tal!_ sin parar y sin dejarme opinar continuó diciendo_: Hacía más de cincuenta años que no pisaba este lugar, fue allá por el año 1958, cuando llegué a Cataluña, éramos niños, y el cine que había era este, y aquí mismo, que recuerdos_ continuó diciendo_ mientras casi sin percatarse continuó_: jugábamos entre estos solares y recuerdo ver en este teatro, que por aquellos entonces tenía una pantalla de cine, unas películas estupendas del perro Ring ting ting_ una serie que venida de los Estados Unidos, veíamos todos los mozalbetes de entonces.

Fue algo estupendo reencontrarte con los nueve años, mientras Alejandro iba contando detalles de su infancia, podía entenderle, porque difería de la mía tan poco, que parecía me estaba describiendo una leyenda que ya me habían explicado en alguna ocasión, una vivencia que ya había disfrutado en ese tiempo, que de nuevo venia a conmemorar para que no pudiese olvidar jamás.



Pasaron aquellos minutos muy rápidos, más incluso que los que utilicé para mi llegada desde tan lejos hasta el punto de inflexión, el lugar donde iba a recordar los años cincuenta y muchos, cuando yo era un mal zagal y vestía con pantalones cortos, tenía miedo y respeto a todo lo desconocido, no se podían decir mentiras, ni quebrantar con los pecados mortales, por si te dormías y no despertabas, ya no podríamos ir al cielo.



La presentadora del acto Sara Fernández, tomó la palabra cuando finalizaron la primera intervención los músicos: Mariano y Alfredo, y fue desgranando las actuaciones una por una.

La primera interviniente fue una señora del público Doña Gloria Ortiz Valcárcel, que subió al entarimado a recitar de pura memoria unas odas a la Virgen y fue ovacionada por el respetable que ubicado en las butacas recibía los inputs de la calidad que se regalaba aquella tarde de sábado, mientras a pocos metros de allí jugaba  el Real Club Deportivo Español, contra su aferrado contrincante el Futbol Club Barcelona.



La secretaria de la Asociación la señora Ana Isabel Pérez Pizarro, nos deleitó con unos versos de su poemario, que nos metían aun mas en las condiciones que reflejaba anteriormente, de la bondad de las cosas, de lo divino y humano, de la realidad de la vida, de la lujuria y del pensamiento más profundo



Alfredo fue interviniendo con su voz melodiosa en tantos y tantos himnos preciosos que fueron sonando a la guitarra y al teclado. Con ese aplomo tácito que suele emerger desde las cuerdas de la guitarra y de las teclas del piano.



Por riguroso orden en el programa y ateniendo a los poetas que se habían presentado al acto, Emilio Moreno, Juan Alejo Esteve, que sumado con la colaboración indispensable de Jordi Subirá Fumanal, se cerró el acto, tras las palabras del Presidente Don Alejandro Sánchez de Ahumada Penalva.



Así se sucedieron los detalles, tal y como se los hemos contado, agradeciendo como es norma en nosotros los hombres y mujeres de la Asociación de Poetas de Cornellá, a todos los que nos siguen, tanto en presencia como en la distancia, desde el patio de butacas, y en las publicaciones a tal efecto.



Gracias de corazón.

Emilio Moreno
    

viernes, 24 de abril de 2015

Recital en Viladecans dia de Sant Jordi

       

En un lugar de Viladecans, de donde el nombre me acordaré mientras viva, por sus cuestas y repechos de aquella calle famosa del Doctor Reig, donde estaba situado el edifico de la Casa Cultural de Entidades, en la mismísima plaza de la Constitución.

Lugar donde se celebraron con mucho énfasis el encuentro de escritores venidos de allende las Castillas, para presentar sendos libros, con el apoyo de los poetas de la Asociación de Cornellá_, todos enteros al fin y a la postre, después del desgaste_, que llegamos con el resuello perdido de tanto buscar, sudar y pensar con aquella fe que tenemos los poetas creyentes, "Al final lo he de encontrar"



Y se dio y sin más, todos hermanados nos encontramos y tras unos saludos, y esperas a compañeros que aún hacían el esfuerzo de conseguir la meta_ eso ¡Sí! retrasados_ y con la penalización de su pena, grande y majestuosa, que demostraron al llegar, comenzamos el bonito encuentro.


La sala estaba con bastante público, acogedora y amplia, con una lumínica expléndida y un sonido muy concluyente, parámetros concretos, que con la experiencia y la gracia que alberga nuestra presentadora, fue suficiente para que nos pusiera a tono para recitar, escuchar, y participar en cuanto nuestra conductora quiso. 


 
Supo hacerse con la situación y con un control propio de una embajadora en conciencia, hizo que los primeros instantes de su intervención fuesen de apetecible descanso, para hacernos olvidar los esfuerzos, nos llevó por los derroteros de su clase, haciendo con el verbo y su sonrisa, que entráramos directos a la concentración del acto, una delicia secuencial que los visitantes adaptaron a sus conveniencias y participaron de su delicada y serena condición. 
Les adjunto el video de Alfredo, en su innata clase musical, concentrando todas las sinergias en la delicada canción, que con letra de un compañero ha musicado de forma extraordinaria.
                 
         

                    


El plantreamiento estaba prescrito como le gusta a nuestro Presidente Don Alejandro S. de Ahumada, y los guiones perfectamente delimitados, para que el respetable no se sintiera agoviado por tanta palabra, tanta semántica y tanto verbo_ para que después digan que lo que se prepara con cariño y con gusto profesional, sale mal.

Los que ya conocemos el paño, venimos a disfrutar del espectáculo, sin zarandajas ni excusas, dado que todos ponemos de nuestra parte y ¡Amigos! Nuestra parte, que es lo mínimo que nos pueden solicitar, es dada de corazón y no se hace notar. Es simplemente dejarte llevar por las aguas de la naturalidad poética.


Lo vivimos, y se nota, esa transmisión enérgica y tan singular. Los asistentes la agradecen tanto, que se aferran a su silla y ya sabes_ que me traigan más madera_ Una delicia.


El panorama de todo lo que se suscitó no lo voy a escribir, porque ustedes podrían tacharme de partidista, y como decía en lineas anteriores nuestro programa estaba hecho y publicado, para que nadie pudiera decir aquello tan socorrido de: No lo sabía.
 En cuanto menos te lo esperas, entra la música de la guitarra y el piano, la voz de Alfredo González Vilela, que les dejo una sintesis de su actuación en el video del principio, y pues que volvemos a levitar. ¡Como lo escribo! ¡Sí amigos, es inaudito! Creanlo, que me tengo por poco exagerado y para muestra un botón.




De los componentes de la Asociación, pues les diria que muchos equipos de la primera division de la liga de escritores, copiadores, parladores y festivaleros, quisieran. 

Desde el entrenador Alejandro, Sara, la psicologa presentadora, el músico cantautor, generador de vitalidad corpórea, Ana Isabel, la secretaria que está en todo y para todos, cumpliendo con su cometido que no es fácil. ¡Ah! Si les hablo de los templarios, que emergen con sus Deidades, las poetisas del Eden, los delanteros del poema, aquellos mas callados pero que si les pones a recitar te hacen temblar, que van por el lateral del campo de expresión como si con ellos no fuese la cosa. Menudo equipo, como les digo de Premier Ligue.

Con ellos les dejo. Mejor dicho con sus fotos, para que se vayan acostumbrando, y les vayan conociendo, porque estos y estas estrellas, haran mucho ruido. 
¡Al tiempo!

Bueno pues, en la reunión vinieron una madre y sus dos hijos los cuales los tres traian sus libros para presentar, Conchi Zafra, con Carlos y Oscar Navarro Zafra. La escritora de uno de los temas mas candentes, que ahora nos ocupa. 



El maltrato de la mujer, visto desde dos puntos de vista diferentes, en primer término de la mujer que no tiene posibles, de aquella que no tiene trabajo, ni posibilidad de ganrse la vida por sus propios medios.
Estado muy diferente a esta otra mujer, que tiene resuelto su gasto, que tiene más medios para frontar al tipo que le amarga la vida, y que en definitiva puede desprenderse del poseso, por no tener que necesitarlo para los mas basico. Comer.

Todos ellos expusieron con más o menos elocuencia y sentido de la expresión sus novelas, las cuales quedaron al deseo de tantos y tantos parroquianos que nos acompañaban.

Como norma tras el acto, se celebra con unos canapés y un sorbito de Cava, condición "Si ne quanom" para brindar por las nuevas vibraciones de tanta gente, que a la postre nos espera, nos atiende y nos respeta. Un trueque de ilusiones, ellos y nosotros en la comunión con el poema, en sintonía con el canto y de la necesidad que se tiene  de dejar remitir tantas y tantas presiones que se soportan al cabo del dia.


Es el dedo índice de un Templario, además poeta, bardo y actor, con su inmediatez significa cuanto se propone, abduciendo de forma impensable hacia su territorio, que es la franqueza y la bonhomia personal.













Buenas noches y buen dia de San Jorge_ Sant Jordi_ les precipitó la crónica su seguro y servidor. 

E.Moreno