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sábado, 13 de septiembre de 2025

Níxie, mitómana compulsiva.

 







Aquella mujer no hablaba más que para mentir. Era una embustera compulsiva, que vivía en un entorno ficticio y enfermizo, sin discernir lo real de lo imaginado. Por ello para Níxie Serrines, sus mentiras eran realidades absolutas que las vivía en su mundo inestable.

Toda la familia observaba aquella tendencia y mal que menos lo soportaba. Por supuesto estaba al corriente de sus hipocresías, fingimientos y trolas.

Pocos se atrevían a afrontar ese grave inconveniente que poseía y lo sobrellevaban como un mal menor, y un vicio sicótico, que le venía de sus propias decepciones y desengaños.

A sus espaldas la censuraban, le criticaban los embustes y las falacias, catalogándola de lo que era. Una patrañera cojonuda.

Lo normal y habitual en la señorita Serrines, era el despiste, y el silencio cuando debía dar explicaciones claras de las tantas pifias que la embargaban.

Sobrando ocasiones, a los que la rodeaban para mofarse y reírse a mandíbula batiente por sus futesas.

Cuando no le habían de parar los pies por encontrarse metidos en algún embrollo y tratar de deshacerse de los mismos como podían.

A menudo los que la trataban decían de la poca vergüenza que poseía, y hasta el punto de dolo que llegaba a mostrar en sus tinglados.

Tenía tics de persona poco estable y pasada de rosca, convencida al explicar sus invenciones, que la gente la envidiaba, y que daba dentera a sus escuchantes. Por una suerte especial, inexistente que creía poseer.

En no pocas ocasiones aquellas falacias, enredos e imprecisiones daban paso a discusiones y malos tragos.

Cuando montaba tinglados y maldades de mucha enjundia con quien fuera, parecía disfrutar, con aquellos detalles decadentes. No le importaban los protagonistas, ya podían ser amigos, hermanos, o primos. A todos jodía. Causando broncas de mucho alcance. Consiguiendo tener enfadados a la mitad de la familia entre sí y al conjunto de los amigos divididos.

Nada que decir de las relaciones, que las había perdido sin más. Todas las amistades la abandonaban debido a su lengua falaz. No podía guardar un secreto, y si cazaba alguno lo revelaba sin criterio a los demás, agregando alguna mendacidad de su cosecha.

Era un ser, que todos los que estaban a su alrededor dejaban de atenderla y valorarla, de preocuparse por sus necesidades y despreciarla por sus reacciones.

 

Níxie tampoco permitía que entraras en su mundo irreal de depravación y vicio, que sin dudar lo poseía y practicaba a espaldas de sus allegados. Llevando una vida secreta y anónima, que nadie llegaba a entender dada la edad en la que estaba entrando, al ir deponiendo su juventud, por el paso del tiempo.

En conciencia a nadie le importaba mínimamente la vida y los infundios de la infeliz Níxie. Aunque todos le notaban esa falta, vicio o tendencia que alguno de los que la trataban más o menos con frecuencia, consideraba como enfermedad.

Seguramente de haber sido tratada por sicólogos o terapeutas, hubiesen descubierto que la tendencia mitómana se debía a un defecto del nacimiento, o una falta cognitiva de su cerebro.

En cualquier caso confusión de la personalidad.

Una dolencia que arrastraba desde niña. Herencia de sus genes, y que le afectaba principalmente a ella, y alguno de sus hermanos.

Todos ellos habían adquirido en mayor o menor medida, inseguridades y desconfianzas que por pasar casi disimuladas, se confundían por trastornos leves. O lo que vulgarmente se le denominan “manías”.

Siendo esas perturbaciones difíciles de detectar con facilidad. 

En el viaje que preparó aquellas vacaciones a Puerto Rico, le debieron pasar una ingente cantidad de circunstancias, buenas y malas que las tuvo que disfrutar a su modo y sin que nadie supiera con quien se fue, donde se alojó y a que dedicó los quince días de asueto con que contaba.

Hechos que se conocieron a posteriori. Gracias al hospital, donde ingresó y a la Guardia Civil que aun está intentando resolver el caso.

Cuando informó a los amigos y allegados, de la marcha a un país tan bonito, tan lejano y con un paquete de vacaciones tan sumamente caro, alguno pensó en que mentía. Dejándola diera más detalles y se explayara.

En ocasiones la gente prestaba atención a lo que declaraba para notar en su relato, donde se escondía el engaño.

Normalmente cuando viajaba, siempre había alguien que la acercaba a la estación más próxima, o al aeropuerto, y en esta ocasión comentó que había solicitado un taxi para ese momento.

Que no necesitaba a nadie, que se bastaba sola. Les dijo a todos los que preguntaron.

Otra ocasión para pensar que algo escondía. Sabiendo lo avarienta y egoísta que era, lo encontraban inaudito.

Demostrando otra vez su falta de confianza en exponer los mínimos detalles de ese viaje previsto, y comunicando de viva voz.

—Lo haré a mi manera. No tengo porque dar más explicaciones.

Sin que absolutamente nadie pidiera más detalles, informó sin ganas sobre los itinerarios y fechas. Sin participar si la acompañaban amigos, o conocidos.

A pesar de ser preguntada por Analía, una de sus cuñadas, por aquello de precisar alguna cosa en tierras tan alejadas y tener un mínimo punto referencial por si cabía dar o recibir noticias de calado.

—Si ocurriera alguna urgencia, podemos ponernos en contacto contigo en algún sitio, ¿o avisar algún conocido? Insistió la esposa de su hermano.

Volvió a mentir, Níxie diciendo.

—Voy sola. Argumentó repitiendo otro refrán.

Más vale sola que mal acompañada.

Añadiendo sin más, con aquella suficiencia que le proporcionaba la medicación que tomaba.

—No necesito a nadie para visitar la capital de San José. Sabré valerme por mí misma y no preciso absolutamente a nadie más.

La falsa invención tiene las zarpas exiguas, o lo que es lo mismo. La mentira tiene las patas muy cortas. Por lo que <Se pilla antes a un embustero que a un cojo>. Eso dice el refrán y será por algo.

En la fecha predicha, desapareció del barrio y de su residencia, y tanto los amigos, como los vecinos, lo encontraron muy raro, que no se despidiera. Incluso alguno de los familiares cercanos, pensaron. Que ya estaba en las américas. Disfrutando de su copita de Caipiriña, de Martini y sus zumos de papaya. 

Dejaron de recibir noticias de la desquiciante Níxie.

Ya dejaba de ser normal y comenzaba a ser insólito, pasados nueve días, no saber absolutamente nada de la española en tierras portorriqueñas.

Tampoco respondía las llamadas que se le hacían a su móvil, con lo que uno de sus amigos, comenzó a inquietarse.

La familia no se acordaba de ella, y creían que lo estaba pasando en grande con su mondongo, con los jibaritos, con el clima, y con el baile de salsa precioso de aquellas tierras maravillosas. 

Con lo que no se alertó, ni poco ni mucho.

La conocían muy bien, y esas decisiones de no dar señales de vida, las usaba en ocasiones. Sobre todo cuando salía con sus amigos, y alguno de ellos le daba bejuco de almíbar, lisonjas en el moño y aplausos en las nalgas. Por ello y algún detalle más que se guardaban y no revelaban. Nadie la echaba en falta. 

Sin embargo la verdad de toda la osadía que no explicó, se descubrió porque a veces el destino se muestra tal cual tenemos sentenciado. 

Una mañana aquella cuñada que se interesó por ella, intentando saber un punto de referencia por si ocurría alguna urgencia, recibió una llamada.

—Buenos días, Me llamo Ángela Monterde, secretaria de personal del hospital Municipal de Níjar. Pregunto por una tal Analía. ¿Es usted quizás? Es familia de la mujer Níxie Serrines, o la conoce?

—Sí, claro. Es mi cuñada. Está de vacaciones en San José de Puerto Rico. La pasante del hospital volvió a preguntar para asegurar.

—A ver, si nos entendemos. Es usted Analía, familia de Níxie Serrines Serapio, con residencia en la provincia de Zamora. Hija de María Serapio y de Aniceto Serrines. Todos ellos naturales de Salamanca.

—Preguntó la voz de Ángela Monterde, desde el auricular del teléfono, por si no se trataba de la enferma que residía en el hospital.

—¡Pues claro! …Es de la familia. Es hermana de mi marido, Servando Serrines, y la hija de Aniceto y María.

Hizo un inciso Analía, y respiró pensando que ya la había vuelto a joder aquella mitómana.

—Y dice usted que está en Puerto Rico. Preguntó Ángela.

—Eso nos dijo antes de marchar de veraneo, que se iba a la ciudad de San José. A la América Central, y se quedaría en Puerto Rico. Acotó Analía.

La comunicante, Ángela Monterde, aclarando y viendo que era a quien buscaba volvió a preguntar, para certificar definitivamente.

—Níxie. Está en el pueblo de San José, pero de la zona del cabo de Gata, en la Andalucía española. Y para nada esto pertenece a Puerto Rico. Creo que hablamos de la misma mujer, pero que sepa que está ingresada en el hospital de San Isidro en Níjar.

Analía, la cuñada pronto cayó en las falacias que decía Níxie, y le vino un mal augurio repentino, respondiendo con claridad y sabiendo de que iba el percal.

—Sí. Creo que sí. Ya entiendo y perdone señora. Usted dirá. Le escucho con atención. Replicó la esposa de Servando, pensando que se trataba de un nuevo y grosero disimulo de la falsaria Níxie.

Aquella mediadora, se dispuso a relatar los hechos que conocía del estado de la accidentada en aquel centro hospitalario.

—Menos mal que le hemos podido localizar. Al buscar en su teléfono móvil y a la primera de cambio, y comenzando por el inicio de la agenda. Nos refleja como primer contacto Analía, por ello perdone, pero le hemos de dar una noticia urgente.

—Está bien de salud Níxie, preguntó Analía.

—Sí, está recuperándose, pero está fuera de peligro. Ingresó bastante mal, contusionada, y quizás forzada. Aunque ella lo niega, como no queriéndole dar importancia al hecho. Es más, no ha querido interponer denuncia en la policía. Es una persona muy rara y poco sociable. Afirmó la enfermera, cediendo la palabra al contacto, que insistió en la pregunta.

—Que ha ocurrido. Instó la cuñada, con interés para saber por qué se debía aquella urgencia desde un hospital andaluz, que nadie esperaba.

—Nos ha costado dar con algún familiar de esta mujer. Anunció la enfermera y prosiguió informando, tras el silencio aterrador desde la otra parte del auricular.

—La paciente, —dijo Monterde—se negaba a que nos pusiéramos en contacto con la familia. Alegando unas excusas que no vienen al caso. Sin embargo dicen bastante de su conducta, poco legal y muy incomprensible. Aquella empleada hospitalaria recabó.

—Hicimos en su momento, además del ingreso en las urgencias del centro, la información obligada a los agentes de la Guardia Civil, dado el estado calamitoso que presentaba la paciente. Consiguiendo mejoría, restablecerla del coma etílico que acarreaba. Hemos podido encontrar a sus cercanos, con la ayuda de los agentes del orden. Se detuvo la señorita Monterde y añadió más datos para el conocimiento familiar.

—Hemos elaborado un informe para que lo lleven a su clínico de cabecera o mejor, al especialista sicológico más próximo de su zona. Creemos que Níxie, padece de una enfermedad mental acuciante y peligrosa.

—Pero a ella que es lo que le ha ocurrido. Insistió Analía, y esperó respuesta.

—A ciencia cierta no lo sabemos, —respondió la asistente Monterde, y sin dejar que le entrara la siguiente duda, apostilló.

—La paciente señora Serrines, cambia de excusa cada diez minutos. Alucinando al médico más pintado. Lo que si podemos decir es que lleva diez días ingresada en este hospital y no ha manifestado una sola verdad. Aquella empleada quiso agregar sin estar obligada.

—La encontraron desnuda unos pescadores, con contusiones y heridas de arma blanca, tirada en la playa, con una infección etílica de grado sumo. Hizo un mínimo receso y prosiguió.

—La policía local, y sobre todo el cuerpo de la Benemérita, en sus pesquisas, supieron que se alojaba en la pensión La Trola Nijareña, y en su habitación, encontraron dos teléfonos.

Uno de ellos es del que hemos sacado la información de su agenda.

El otro Smartphone, está sujeto a una contraseña que de momento los agentes no han descubierto. Creo que están intentando hallar la causa de la agresión, pero todo este affaire está bajo el secreto policial.

Ellos, los gendarmes serán los que pongan a ustedes al corriente.

Tengan la bondad de pasar a hacerse cargo de sus pertenencias, y recogerla. Creemos que ha perdido los papeles, y no sabe quién es. Aunque puede ser mentira.

Un silencio lúgubre se estableció entre la empleada del hospital de Níjar y Analía, hasta que esta volvió en sí, del trauma que le había causado aquella noticia, despidiéndose agradecida de la señorita Monterde.

—Muchas gracias, tomo nota y nos pondremos en el asunto, para solventar los detalles y personarnos en ese centro de salud.









Autor: Emilio Moreno,
fecha 13 de septiembre 2025.

lunes, 23 de septiembre de 2024

La soplona de los Mendoza.

 



Leía el ciudadano Mendoza, desde la butaca de su salón una noticia que publicaba el lunes pasado el rotativo liberal, del Sol Guaraní, referente a una desquiciada de su zona, que al seguir averiguando pudo comprobar que se trataba de su cuñada Nicoleta. Aquella desquiciada y delirante embustera, hermana de su esposa, que los traía con los efervescentes al pairo a todos los componentes de la familia. Además con los santos bemoles, de ponerlos a todos a los pies de los caballos, por haber pedido su puñetera vergüenza y el carajo sacado desde hacía unos años.
Pronto don Luis, llamó a su esposa, la dama Mariluz Boquín, hermana por parte de madre de Nicoleta.  Mostrándole la reseña surgida en la prensa de la ciudad. Quedándose de nuevo patidifusos el matrimonio, por la de veces, que les sacaba los colores ante sus amistades y conocidos.
— Otra vez tenemos que dar la cara frente a las autoridades por la embustera de tu hermana.  Adujo don Luis a su esposa, que se compadecía por tener en la familia semejante carga. Aterrorizada por las consecuencias que le sobre vendrían a partir de aquella nueva patraña, y preguntándole a su esposo con resignación.
—Qué es lo que vamos a hacer con está jayuela. Se secó la humedad fría que le abordaba en su frente, bajo su pelambre esperando la réplica ácida de Luis.
—No lo sé, pero ya comienzo a estar hasta los gladiolos, ¡Que digo yo!, ¡Hasta el tallo cilíndrico de la cebollana! Y ni siquiera te digo que hables de nuevo con ella, porque es zorritonta, y no se entera.  Siguió argumentando, muy resentido, dirigiéndose a su consorte.
— Tú te enfadas cuando te lo digo—argumentó Luis—, pero creo que le falta una ebullición de ciento veinte grados. No crees lo que muchas veces comento y lo repito esperando no te enfades. Mariluz, reprochó ese comentario aduciendo.
—Aunque lo sabemos, que en no todas, pero en muchas familias existen contrariedades. A nosotros nos ha tocado el guijarro con la prendita de Nicoleta. Tendremos que aguantar, es mi hermana. Aunque demuestre que no quiere a nadie.
 
Los Mendoza, son una familia dentro de lo que hoy se considera como “normal”. Tirando a modernos. Van bastante a lo suyo, aunque la verdad, les duelen los líos y los enredos que se provocan desde el propio linaje.
La esposa de Luis, Mariluz, en detrimento y como queriendo quitar algo de hierro al asunto le comentó con disgusto a su marido.
—La pega que tienes querido Luis. Es que a Nicoleta, no la puedes soportar. Ya sabemos como es, pero a mi me da pena.
El esposo aguantando a sus caballos salvajes dentro de un decoro le significó, no sin razón.
— Nos lleva siempre de boca en boca, con todos los que conocemos, provocándonos desencantos. Que jamás se resuelven del todo. — y añadió don Luis, con sorna.
— Creo que viene dado, por la peor enfermedad. La que sin duda padece. Su adicción a las aguas fogosas y con misterio, y sin quererte ofender. Ni hacer leña de su lacra. Súmales a los defectos, sus celos, envidias, los embustes, y los líos que se dedica a expandir. Haciendo daño a sus cercanos. Teniendo que soportar las secuelas, padres, hermanos cuñados, y demás parentela.
— Qué familia carece de un soplón. — dijo Mariluz y matizó aún más. — Un desconfiado, un impostor, o un perjuro. Hay pocas que se libren. Aunque la verdad, algunas se salvan. Mariluz, finalizó su argumento, dejando el matiz y la palabra en boca de su esposo.
—Albricias; a todos los que tienen esa suerte. — dijo Luis. — Por deleitarse con ese placer y librarse de esta compunción. ¡Benditos sean, los que soportan a los irritantes de lejos!
 
Luis siguió leyendo la plana del Sol Guaraní a Mariluz, para dar fin a la reseña, y concluir con la conversación. Además de tomar cartas en el asunto y personarse en la Comisaría para dar la cara por ella.
 
Noticias de última hora:
Nicoleta ha sido detenida por la guardia federal de la república, para ser interrogada al levantar sin pruebas, ni evidencias, un bulo a Nerea del Consuelo.
Una conocida y amiga, que vive en el mismo edificio que ella. Justo en la puerta de la izquierda de su apartamento. Acusando a la vecina, cómo lo hacen las cobardes, por la espalda, sin escrúpulos y con nocturnidad. Sin que ella estuviera al corriente de sus acotaciones, ni tan siquiera sospechara la denuncia efectuada en la Delegación del Amparo Nacional.
Acusación patibularia, sin evidencias ni certezas. Tan solo basada en comentarios malignos derivados de una discusión de celos, por un conocido que por lo visto prefirió a Nerea y dejó sin atención a la ínclita Nicoleta.
El rotativo daba amplia información sobre el tema, que caló de lleno en la ciudad, al ser muy conocidos el apellido mencionado.  Luis, continuó releyendo la amplia información que daba el diario matinal.
 
La denunciante pertenece a la familia de los Mendoza. Nicoleta, es hermana de la mamá de todos ellos, y tiene una falta que sobresale de las muchas que atesora. Informaba el rotativo, gracias a las declaraciones de Marinela, testigo que presentó el abogado de la acusada Nerea del Consuelo, y seguía informando el prestigioso Sol.
La buena mujer disfruta sembrando mierda, entre algunos de los componentes de la saga. Los afectados incluso han comentado, que le falta un hervor, otros significan que padece de una enfermedad grave, que la lleva sin que lo note, a disparar balas engañosas entre sus propios hermanos. El resto significa que le sobreviene desde el origen, al carecer de alguna encima necesaria para vivir entre las gentes coherentes. Perjudicándolas por acrecentar hechos inexistentes.
La mayor vileza que posee es la falsedad intrigante. Nicoleta escucha y observa fijamente, quedándose y guardando detalles, que igual son insignificantes, y que ella en su psiquis utiliza para formar relatos impensables.
La familia la conoce, y se lleva sumo cuidado en hablar delante de ella, asuntos delicados que puedan traspasar las paredes, y que lleguen a terceros modificados a su albedrío.
 
Se dedica a llevar los trapos sucios, los dimes y diretes que pueden hacer temblar los cimientos familiares. Cambia sus informes médicos, escondiendo lo que cree su familia padece. Embustes convulsivos. Cambiando verdades por errores o mentiras, vertiéndolas entre los componentes y cuando se ve descubierta, se excusa falta de toda culpa.
Remodela opiniones verdaderas por falacias agregando sus críticas. Noticias falsas desde una parte de la familia a otra. Atacando siempre a los que no están presentes y montando unas historias, que tan solo caben en su loca cabeza.
Es una persona toxica, balbuciente e impostora. Creando unos pilfostios que son de cuidado.
Así nos ha explicado—reseña el corresponsal del Guaraní— Marianela Domitos, la asistenta de la familia, que la viene soportando desde hace treinta años.



Autor Emilio Moreno
septiembre 2024,