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viernes, 21 de agosto de 2026

¡Es por demás! ... ¡cayó por el pedregal

 








El maestro don Primitivo Isús, era un hombre soltero, extremadamente serio y cordial, que había dedicado su vida a dar cultura a los demás. 

 

Un postergado como muchos de los hombres dedicados al bien y al cuidado de los anhelantes y deseosos de erudición.

Uno de los sujetos serviciales que son almas, en definitiva. Muy difíciles de hallar.

Consumidores de omnisciencia, prestos a dejarse martirizar por el mero hecho de aprender enseñando. A los pocos o muchos necesitados de sapiencia y apasionados por instruirse.

Alguien que se miraba poco al espejo y no tenía ni un ápice de presumido o farolero.

Un gentilhombre que ya estaría en la edad de los cincuenta y bastantes años, con el único propósito de subsistir sereno y sin mudanzas intrusas.

Era natural de una de las jurisdicciones catalanas. Probablemente, perteneciera a la Ilerdense. Por el deje que tenía cuando hablaba en el idioma oficial, y obligado de aquel tiempo; el castellano.

En aquella época sin libertad, y tan viscosa, impartía clases en uno de los colegios de una localidad cercana al Llobregat, y además de instruir a una clase de cuarenta y dos alumnos, no se dejaba conocer, ni por el cuadro de profesores de la institución ni por los alumnos a los que formaba.

Isús pertenecía al cuadro de honor del centro de enseñanza. Sin embargo, de sus anhelos, de sus creencias, de sus amores nadie sabía más allá del…

< Buenos días…> que ofrecía en su alborada, para saludar con los que se tropezaba; y el…

< Que Dios le ampare en sus sueños> que consentía y se le escuchaba en la nocturnidad para desear un dulce descanso.

Era una persona hermética, el bueno de Primitivo Isús, como pocas. Educado al extremo, sabía comportarse, pero jamás se propasaba con detalles íntimos, por lo que era meramente imposible que nadie supiera a que dedicaba su existencia esencial, su tiempo. 

No dejaban de entender aquellos discípulos, que entonces eran chiquillos, que el señor Isús era un caballero andante. Sin escudo y sin espada, con un genio singular cuando se cabreaba, pero que a su vez permitía que aquel conjunto de escolares pudiera disfrutar con holgura de sus salidas de tono. 

En una palabra, que se pudieran reír, de sus acudidos,

—: < como hacen los alumnos de cualquier colegio >.

Mofarse a sus espaldas de sus maléficos patinazos ridículos y de sus reprimendas, y además como no; poder a escondidas vejarle y ofenderlo como respuesta incómoda a la réplica de algún castigo que les hubiera infringido.

 

Aquella mañana de abril, al comienzo de la clase de gramática, el señor Isús les dijo a sus alumnos.

—Saquen el bolígrafo y la libreta de ejercicios.

¡Vamos a hacer un dictado!

Aquel profesor como norma les hablaba de usted a todos sus educandos, y no permitía que en clase nadie, saltara por peteneras y distrajera el guionado de las enseñanzas.

Una vez comprobó que todos los jovencitos estaban preparados para escuchar y aplicar en el papel aquel dictado comenzó con su ritual.

No sin antes advertir a Romero.

—¡Le estamos esperando, energícese! Tiene usted señor Romero, sangre de nabo. Debería analizar su comportamiento, para no atrasar la buena marcha de las clases.

Volvió el profesor a dar un vistazo general y tras un mini intervalo, se adaptó una vez más a la pausa.

Comprobada la onda, y que la clase estaba presta anunció con su voz metálica, la primera frase del dictado, que leía de una noticia surgida en la prensa nacional, más o menos de cuatro años de antigüedad. 

Es por demás. El carro bajaba por el pedregal… punto y seguido—. Se detuvo Isús, mirando la primera fila de la clase, que eran los más aplicados y viendo que el de siempre levantaba la mano en señal de preguntar. Haciendo otro inciso.

Romero, como siempre inmerso en su tardanza, reclamó.

—Señor Isús ¿podría repetir la última expresión…—?

El profesor con un gesto de disconformidad redundó la frase completa alertándole.

—No voy a tolerar más, estas interrupciones—. dijo enfadado el maestro y sin detenerse adujo.

—Voy a ir dictando como se establece en la norma de la clase.

El que pierda el hilo, que se aguante.

Que no interrumpa, y que se adapte a aceptar las medidas impuestas, con una nota baja. Que además de las faltas en la ortografía, saben ustedes que las califico con crudeza.

A estas alturas, ustedes deben interesarse por el idioma e intentar no destrozarlo. Concluyo y seguimos, y de facto, siguió dictando.

 

Sin frenos, aquel carro se detuvo destrozado en las inmediaciones del camino.

Despedazado y sin control, sin atalajes.

Dañado con averías estructurales y una de las dos ruedas, la izquierda, partida.

Fue la causante al salirse del eje, la que hiciera volcar el carro.

 

La joven mamá que iba en la caja, que es el cuerpo principal del carruaje donde se acomodan los pasajeros, estaba herida. Muy dañada y con contusiones y lesiones evidentes…

 

Aquel profesor siguió dictándole a la clase, sin embargo, Martínez Obrador, quedó inmerso en su mundo, tras recordar aquella remembranza que le pungía en el alma y volvía a vivir desde el pupitre de la escuela.

Evocación que le sobrevino tras la ulterior frase acentuada por el señor Isús, y que aquel niño, dejó de inscribir las palabras pronunciadas por su profesor.

Ciñéndose en la narración de su desgracia.

Impregnando realidad, y lo sucedido aquella noche descendiendo por el pedregal que provocó el accidente.

Palabras que le hicieron volver al sufrimiento acaecido aquella negra noche de marras, en sus carnes… que aún recordaba y rememoró cuando escuchó en boca del señor Isús.

—¡Es por demás! ¡El carro bajaba por el pedregal!

Anotando aquel niño, en su libreta de ejercicios en lugar del pronunciado por el profesor, su propia vivencia.

En vez de anotar lo que decía el maestro. Subrayaba algo muy diferente.

Anotaba su recuerdo, escribía su dolor, y lo sucedido en la noche aterradora, sobre aquella hoja ajedrezada.

Tan solo irradiaba la crudeza del recuerdo nefasto que entrañaba su íntimo sufrimiento.

Martinez, una vez concluyó la clase, entregó el ejercicio al señor Isús sin más. Sin percatarse que su escrito, no era el del relato del ejercicio en clase. Pablito Martinez, entregaba escrita la consecuencia de un martirio vivido.

 

Al cabo de los días; y una vez que estaban corregidas todas las transcripciones del precepto tradicional escolar, llegaba la hora de puntuar a cada cual.

De la severa clase de gramática, impartida por el profesor señor Isús, el autor que firmaba como Pablo Martinez, no había entregado la totalidad del enunciado del dictado, y que la hoja no correspondía a lo expresado.

Aquel ejercicio comenzaba como todos los demás, pero llegados a un punto, lo que reflejaba era una historia personal.

Completamente diferente, severa y agria como para que aquel instructor no la dejara en el olvido.

Viendo Isús, que el texto no se ceñía a lo leído en la clase de lingüística llamó a su alumno, de forma privada y disimulada en el despacho de dirección de la academia.

Para que reivindicara las explicaciones de un relato que no correspondía con lo que se dio en clase aquella jornada.

Interesado en aquel trance mayúsculo, que tan anónimamente había recelado el insigne docente quiso saber los motivos concretos de semejante narración y conocer personalmente el padecer de su alumno Pablo.

Que sin duda estaba sumido en un brete considerable, el que no pudo explayarlo debidamente, y dejar que aquel disgusto fuera compartido con personas que pudieran consolarle.

Enunciado duro y experiencia maldita sobre lo vivido y que se lo recordó el simple título de un ejercicio en la escuela.

 

—¡Es por demás! ¡El carro bajaba por el pedregal!

Circunstancia equivalente, casi calcada, sobre lo que había descrito el señor Isús.

Contenido leído que comenzó tal y como lo dictaba el profesor y que derivó a una historia completamente distinta, sangrante y doliente, que describía con dolor Pablito Martinez Obrador.

Relato que expresaba con pelos y señales.

Sobre una desgracia habida en su familia.

El maestro reunido con el muchacho, le preguntó.

—¿Lo que reflejas en el ejercicio es cierto?

—Sí. Profesor, es real, y debo pedir disculpas a usted y a la clase, por mezclar mi padecimiento. No debería haberme dejado llevar por mis recuerdos. ¡Perdóneme!

—Tu mamá está bien, pudisteis atenderla en aquella noche fatídica. Cuéntame un poco que ocurrió, solicitó el señor Isús a Pablo.

—Profesor ocurrió exactamente lo que usted describía aquella mañana en el ejercicio que nos exigía. Fue como si usted, estuviera recordándome lo sucedido aquella noche. Sin saberlo señor Isús, usted leía la noticia del brutal accidente que sufrimos en muestro peregrinar. Cuando éramos vendedores ambulantes, profesión de mercantes que abandonamos al morir mamá, y la yaya en el descrito suceso.

Quedamos en la ruina, además. Sin norte, sin carro ni aquellos machos que arrastraban los atalajes… y Pablito describió de nuevo el trance.

 

Sin frenos, aquel carro se detuvo destrozado en las inmediaciones del borde del camino. Sin estrellas, sin luna, solos ante la desgracia inundados por la sangre que emanaba del cuerpo de mamá.

Despedazado y sin control, sin atalajes. El macho de arrastre muerto por la caída.

Dañada la carga y completamente perdida, sin poder aprovecharla para la venta. El carromato con averías estructurales y una de las dos ruedas, la izquierda, partida. Completamente astillada fuera del eje, inservible.

Fue la causa de la muerte de madre, y de la abuela.




autor: Emilio Moreno.



 

 

sábado, 5 de noviembre de 2011

Homenaje y Recital de Poesía


La lluvia incesante hizo en el día del Festival, que se personaran aquellos que realmente sienten algo por las letras, el arte y el espectáculo. Se necesita la lluvia, ¡es cierto! sin embargo agrada verla o disfrutarla desde casa, por ello y aún cuando en la butaca se está divinamente, aquellos que estaban acomodados en sus poltronas, abandonaron tales comodidades, tomaron sus paraguas, chubasqueros y vinieron a Cal Ninyo. Teatro estupendo y singular, a disfrutar de todo lo que se regalaba, que era mucho, bonito y agradable.  
El homenaje se le hacía al gran poeta y escritor Federico García Lorca, que además de todo lo que se refiere, también era músico y guionista. En pocas palabras un artista completo que ahora se cumple el 75 Aniversario de su muerte. 
La Asociación de la Casa de Castilla y León y el grupo artístico de Retalls d’Art, se adhieren un año más para llevar al escenario esta distinción para con el mencionado artista. Desde un marco incomparable como es el Teatro de Cal Ninyo.


Se había publicitado por toda la ciudad durante el último mes, en carteles y anuncios para que llegara al conocimiento de todos los ciudadanos, y la verdad que a pesar del día tan gris, tan desangelado y tan lluvioso, el patio de butacas estaba bastante completito dadas las circunstancias. ¡Gracias a todos! 





Al presidente de la casa de Castilla y León, se le mencionó y se le envió un caluroso abrazo, dado que estaba hospitalizado y su colega el cabeza de Retalls d’Art, Don Manuel Bravo, subió al escenario además de agradecer y dar la bienvenida a todos, recitar un par de fragmentos de poesías del homenajeado Federico García Lorca, dando así comienzo el espectáculo.
Por parte del Ayuntamiento, se personó la Consejera de Cultura,  Montserrat Mirabent  i Coll, que honró con su persona el Certamen. La Concejala, muestra siempre su adhesión a todos estos movimientos culturales, dando apoyo y amparo a todas las muestras artísticas que se celebran dentro de la ciudad.
Asimismo el Presidente de la Asociación Vinyets Molí Vell, Raimundo Omella y su esposa, asistieron al acto, dando con su presencia sustento al acto. Agradecerles a ambos el cariño mostrado con todos los componentes de Retalls D’Art, en todos los encuentros habidos entre las dos entidades.

El espectáculo estaba servido y comenzaron a escucharse las poesías, poemas, versos de aquellos que los declamaban que más que palabras, en algunos casos, articulaban propio sentimiento. El Cantante de boleros, nuestro amigo y artista Mario Manuel, con sus interpretaciones magistrales, supo cautivar al espectador que en aquellos instantes se encontraba inmerso dentro del narcótico que produce el encanto de la música.

El Poeta Castellano Leonés: Nicanor, explicitó de manera clara lo que es la declamación y el monólogo de recitación expresiva. Un lujo para el espectador y para todo el que le escuchaba.







El Grupo de Canción Popular El Molino, hizo un repaso a buena parte de la región Castellano Leonesa, con canciones populares y regionales, deleitando a sus paisanos, al resto sorprendió gratamente por la riqueza del folklore y por el entusiasmo del grupo que sin duda canta extraordinariamente bien.





Elena Almeda, poetisa, pintora, nos confirió con una narración intimista, que discretamente, iba relacionando los avatares de la vida de alcoba cotidiana. Haciendo mella en las situaciones comunes y prácticas de la propia existencia.

Ana Otero, Poeta

Ana Otero: Poeta, con su ya clásica fineza escénica, puso de relieve un par de poemas de su puño y letra, que encantaron al respetable.

Ellas las damas del escenario: Elena Almeda, Ana Otero, y Paquita Roldós, supieron acaudillar la concentración de la sala del teatro, el riguroso silencio que presidió a sus declamaciones, fueron registro patente de entusiasmo que a raudales repartieron estas grandes poetisas.
Diego Fernandez, recitando unos poemas, declamando a la sencillez de su oratoria precisa, emulando con el rictus de su cara a los instantes gozosos de su pronunciación. Diego es Presidente de la Fundación Espejo y siempre aporta con su participación desinteresada, su sencillez y su impronta.
Paquita Roldós y el Doctor Antonio Bobé, recordaron a García Lorca, con su dicción predilecta, Dama de la poesía es Paquita, señora de auténtca valía, rapsoda delicada. En esta ocasión acompañada por el Doctor Antonio Bobé, recitaron a duo, un par de odas del propio Federico, haciendo con su donaire artístico, que fuera un placer escucharles recibiendo el mensaje que expandían como esencia natural del propio recinto teatral.

Johan Odor, Pintor, Poeta.




Joan Odor, con su oratoria y sus poemas de talla singular dieron idea de lo que es el modernismo dentro del mundo de los poemas, dando paso al debutante: 

Paco Pino, recita
Paco Pino, un componente de Retalls D’Art, que sin duda tiene “relieve”.  Recién llegado a nuestras filas y que nos ha de dar muchas y buenas letras. Recitó una poesía, composición propia relacionada con García Lorca, que describía de forma unísona los últimos episodios de la vida del dramaturgo.

Diego Garnica, Cantautor




Diego Garnica, trovador, pintor, poeta, narrador, fotógrafo, nos deleitó con una canción, letra de García Lorca, que cantó a capela, de forma natural y excepcional.  Copla que al salir de su garganta nítidamente y auspiciada por la falta de eco, en el sonido, aunó a todos los presentes en un paradigma ejemplar.



Tras ese baño de arte y de artistas, la organización había preparado un lunch y con unas copitas de Cava, para todos los allí presentes, publico, poetas, técnicos, auxiliares, políticos y familiares. Brindando por la salud de ellos y de ustedes que leen esta crónica y por la buena marcha del arte en general.
Mario Manuel, cantante de Boleros

La lluvia pertinaz, seguía cayendo a raudales. Desde los camerinos del teatro se escuchaba como golpeaba en las claraboyas del techo. Como si las lágrimas de García Lorca agradecido, cayeran desde el cielo y en su golpeo contra los cristales de la techumbre, marcasen los diferentes tempos de su partitura especial de vida. Agradeciendo de forma sublime y sin más ruido que ese tono caracteristico de llanto.


Emilio Moreno, presenta en Cal Ninyo






Queridos amigos, os saludo con mi abrazo, mojado con el agua de esas nubes que van por encima de mi, provinientes de esa tormenta que no amaina y que es como un llanto azul, que moja mi estampa. 

jueves, 28 de julio de 2011

Reflexión sensible




Al verte pude juzgar,

como te trata la vida.

Tu indolencia manifiesta,

distingue por las intrigas.



Nos quejamos de la suerte

cuando esta no se encuentra.

Es más fácil, lamentarse

que provocarla y que venga.



Por no exigir se hace esquiva

si no la tientas no viene,

al incitarla despierta

y se hace persuasiva.



Que te encuentre despejado

y en la cara una sonrisa.

Si cuando llega te escondes.

Se esfuma con muchas prisas



La placidez no es perenne,

según enseña la prosa,

en tus días de abandono

no eres dichoso, ni gozas



Has vivido sin trabajo,

comiste sin dar un palo,

te quejas de desgraciado.

Motivo injustificado

 



Elegiste ser cigarra ingenua,

en lugar de laboriosa hormiga.

Ahora con los años y fatigas

prefieres que no se diga

 



No te quejes que no debes,

no tienes crédito abierto.

Si hablas con desconcierto,

pronto se te llevara el cierzo




No interesan las verdades.

Huyes de remordimientos.

¿Sacudir memorias rancias?

Ya se pasó aquel tiempo.



Si pudieras regresar,

una treintena no más.

Sabiendo recuperar

lo que dejaste escapar.



Sin duda he de pensar

que en tus noches soñarás

con una oportunidad de,

Volver a recomenzar.





lunes, 27 de junio de 2011

Secuencias

Aquel día recogió a Jacinta en el portal de su casa. Él; Amancio la esperaba en la acera de enfrente, justo al cruzar la Gran Vía, bajo un platanero que daba una sombra permanente evitando a ese sol tan relamido y desbastador de la tarde. Fuera de las suposiciones y los comentarios vecinales, procurando mantener esa pulcritud en el disimulo y esa discreción tan deseada en las relaciones incipientes.

Diligencia anglosajona la de esta joven, haciendo honor al dicho: “más vale llegar a tiempo que rondar un año”_ El muchacho había llegado con una cuarta de tiempo antes, para evitar imponderables que se suelen suceder cuando menos esperas. Cuando apareció en el zaguán de su vivienda aquella mujer, se paralizaron los semáforos de la avenida, entrando en parálisis titubeante de color ámbar, para permitir el paso a semejante gallarda. El edificio ganó varios enteros en lustre, decoración arquitectónica y diseño esnobista, dado el arco de luz que irradiaba Jacinta.


Amancio, se deleitó con la imagen y sintió una corriente deliciosa que desembocaba en el puerto de su satisfacción personal emocionándose y sintiendo un orgullo indescriptible por ser el mismo quien acogía dentro de su círculo de afectos a aquella señorita tan linda, que expandía la hermosura de la mejor manera.

Sencilla y feliz, aquella sonrisa estructural y blanquecina, radiante de luz le llegaba al chico hasta incluso el borde de la acera opuesta de la avenida. Al verla no pudo más que pensar para sus adentros lo bonita que era aquella criatura.

_ Hola guapísima ¿Cómo estás? ¿Contenta? ¿Dónde te gustaría ir esta tarde?
_ Hola, ¡muy bien que estoy! ¿No me ves? O te falta vista. A que vienen tantas preguntas seguidas. ¿Estás nervioso?
_ Por eso pregunto, por encontrarte preciosa y con buen humor. No estoy nervioso y si así fuere, sería por la prisa que tengo en agradarte.
_ Y por qué habría de estar enojada sin motivo. Estoy sana, me encuentro a gusto con mis medidas, imposible pedirle más al cielo.
_ Olé; esa boquita preciosa que pronuncia de mil amores palabras tiesas y que las perfecciona tu propia dicción.
_ Estás de broma o hablas con guasa ¿moreno? Me confunden esas gracias naturales que despilfarras para agradarme.
_ ¿En broma contigo? Imposible, sería una cobardía imperdonable la que evitara decirte el traducido de mis ojos.
_ Preguntabas ¿Dónde quería ir? Pues llévame al cine, abordan una película divina. Mientras en el camino de ida y el paseo de vuelta podré escuchar esos requiebros buscados que tratan de impresionarme.
_ Hágase tu voluntad en esa sala de proyección, con la historia que tú has elegido, esperando que los protagonistas seamos nosotros y vivamos felices y comamos perdices, mientras dure el influjo de la historia.
_ Será un tanto enojoso comer perdices en ese recinto y a oscuras. No te aterroriza mancharte la corbata, con las fritangas de la salsita.

Fueron paseando por la amplia calle hacia la zona donde están las salas de recreación, con aquel agrado y una gran alegría. Disfrutando de los márgenes del regocijo y la placidez desmedida. En aquel cine de barrio, las butacas no estaban numeradas y los asiduos entraban buscando el lugar donde se encontraban más cómodos. Las parejas de trato prolongado, solían buscar la platea trasera o el llamado “gallinero”. Aprovechando el lugar y el momento aunque la trama de la película, no invitara y beneficiándose de la poca luz, más bien escasa del extremo de la sala, se regalaban caricias y besos furtivos, que se disfrutaban con obsesión. Aparte de perder el hilo de la película, que llegaba en según qué casos a carecer de importancia, dada la conveniencia del trueque o trapicheo.

Amancio, muy gentilhombre, se excusó de Jacinta haciendo el gesto que le esperara un minuto mientras él se acercaba a expender un par de entradas, a sabiendas que la sesión de media tarde ya se había iniciado y la película que estaban pasando había comenzado.


_ Por favor, dos entradas si es tan amable._ Amancio solicitó a la expendedora.
_ Caballero, la película de esta tarde: Con faldas y a lo loco, ha comenzado hace un ratito.
_ No se preocupe, entramos de cualquier forma. Como es sesión continua, si nos parece veremos después el trocito que nos hayamos perdido.
_ De acuerdo _ respondió la taquillera mientras Amancio acercó el billete y la empleada le cobró sin problema.
Una vez tenía las entradas en la mano, volvió junto a Jacinta y le explico con detalle lo sucedido.
_ ¿Vamos a entrar, comenzada la película?
_ Sí mujer; tampoco hace tanto tiempo, entre que dan los cortes de la semana próxima y anuncian lo que se está preparando, no habremos perdido demasiado del film.
_ Si que llevas prisa por entrar, eres así de nervioso con las cosas.
_ Anda mujer, que no es para tanto. Que dejamos de ver media docena de escenas y luego lo aprovechamos para pasear, merendar o lo que desees.

Subieron la escalinata del Hall y un empleado cortaba las entradas pasadas la gran cortina de blonda anaranjada y gruesa, antes de cruzar el portón de la sala de proyección. El que dio aviso al acomodador, dado que las luces estaban completamente apagadas y no se sabía dónde había localidades libres para albergar a la pareja.

_ Síganme, por favor_, les orientaba el empleado mientras les daba razón_ que les alumbro con la linterna y les acomodo, ¿quieren muy adelante o prefieren…?
_ Preferible hacia atrás, si es posible_, le dijo Amancio, mientras se miraba a Jacinta, que ella, sonreía con ignota imaginación. Suponiendo de las intenciones saludables del acompañante, las debería controlar en aquella platea concurrida de excitados.
Pasaron pasillo hacia la izquierda, con un desnivel acentuado mientras en sus pies notaban  el beneficio de una alfombra que se suponía mullida, por el regodeo que sentían sus plantas. En la pantalla, ya se comenzaba a mascar el carrete del argumento y el ambiente olía a desinfectante barato.

Los ya acomodados pedían silencio y otros, se quejaban de la llegada de público una vez la cinta estaba en marcha, por aquello del despiste que generan las interrupciones de esa índole. Tras del acomodador y su linterna iba concentrada Jacinta, que llegados a un punto dónde el ayudante observó habían plazas indicó para que los dos se acomodasen. Jacinta hizo una especie de escaramuza y, no ocupó ni la plaza ni la fila que el farolito le indicaba, detalle que pasó por alto a Amancio que mientras ocurría el detalle, estaba de espaldas y ofrecía una propina al servicial subalterno, perdiendo de vista el lugar donde se había sentado la guapa Jacinta.
Una vez guardó la cartera en el bolsillo izquierdo del chaleco, levantó la vista y se dejó llevar por su sentido de la ubicación hasta el fondo de aquella hilera de butacas, dónde se divisaba una despampanante melena al uso y formas muy parecidas a las de Jacinta.


Se apresuró en acercarse a la que creía era su butaca de destino y sin previo aviso y con oscuridad y alevosía, sin verificación individual, ni algo que se le pareciera dejó suelta sus ganas de amparo y creyendo que la mujer que permanecía acomodada, somnolienta por los efluvios de los encantos de los protagonistas Toni Curtis y Marylin Monroe, era la ilusión de su huerta.

Pasó su brazo derecho por encima de los hombros abrazando a la dama que tan tranquila y concentrada atendía las secuencias de la gran película emitida en aquella sala.
En décimas de segundo se cruzaron las miradas de las dos personas, quedando estupefactas y fuera de sitio, como el que se desorienta en un desierto rimbombante sin arena, como el que se pierde en un glaciar paranoico de nieves perpetuas, como el que se orina patas abajo sin echar gota y se le encojen los pantalones.
No era Jacinta, no lo era. ¡Dios mío, me la han cambiado! Jamás podré encontrar una muchacha más linda que ella, Habrá sido el acomodador que en el entretanto de la programada recompensa, la ha raptado de mis quicios enajenados de seducción.

Todo pasaba en un espacio de tiempo tan breve que llegaba a ser centesimal, en la pantalla del gran cine estaban las secuencias de la finalización de la película cuando:
“Jack Lemmon en el papel de Dafne le dice a Osgut _No puedo casarme con el vestido de tu madre, no tenemos el mismo tipo ._Decía Dafne ataviado y con vestimenta de mujer.
_ Podemos reformarlo_ Le decía Osgut con cara de y ¡…que pasa!
_ He de ser sincera contigo_ le decía en la secuencia final del film a Osgut, mirando de desentrañar un lio de hombre vestido de mujer”.

El estruendo que se escuchó, provocado por el grandioso guantazo, retumbó en toda la sala de proyección, como si el obús de un cañón hubiera hecho diana sobre una cacharrería. Llenando de dedos la amplitud de las facciones de Amancio, la extremidad de la señora que sentada a su izquierda le propinó en toda la fisonomía.


_Descarado, sinvergüenza, de que vas ¿Qué te has creído?
_ ¡Tú no eres Jacinta!
_ Qué coño ¡Ni soy Jacinta ni afortunada estoy! ¡Granuja!


Los espectadores, se giraron hacia atrás al escuchar semejante bocinazo, creyendo que alguien había quedado en estado de lipotimia seducida. Jacinta en ese instante se levantó y con un chillido, avisó a Amancio que estaba esperándole dos filas más atrás, justo en la diagonal de donde le habían abofeteado.



_ Amancio, ¡No te hagas el gracioso quieres! te espero hace rato, por favor no tardes. ¡No puedo concentrarme!



viernes, 24 de junio de 2011

Acarreo



Aunque quiera olvidarlo
no consiento, ni permito
es condena y acarreo
la acepto y admito



Sabes que llevo en mis sentimientos
igual ni se nota, de tanto escarmiento
por ello me inclino a seguir sincero
aunque la sombra me niegue el último aliento



Viendo como sufre, giro la mirada
aunque lo finja sin decir palabra
siento en la noche, angustia palpable
fuego en las venas, inflama y arde



Esa pena envuelve indisoluble rutina
aunque disimule, siempre será mía
acepto al completo mi gran herejía
la llevo en mi huella todos los días



El llanto que guardo entre mis adentros
no borra memoria, ni bendición ni gloria
si cierro los ojos, siento mi gran pena
que será después, cuando yo me muera



Como podría ayudar sin dejar huella
si cuando lo intento se culpa sin tregua
ese desconsuelo será imperativo
lo pienso, lo admito y, leo lo escrito



Aunque quiera olvidarlo
no consiento, ni permito
es condena y acarreo
la acepto y admito