jueves, 5 de enero de 2017

No me creerán.





Cuando regresaba esta madrugada; solitario, por las calles de mi ciudad, en busca del descanso del inquieto, he observado que unos metros delante de mi sombra, marchaba el llamado Santa Claus camino de su rincón, a esperar de nuevo que vengan estas fiestas tradicionales, para volver a emerger con su vestido rojo y sus barbas.

El trineo vacío y el reno, ya lo ha cambiado por una moto de gran cilindrada, con unas ruedas gordísimas y un manillar que parecen verdaderamente los cuernos del primer ciervo que trajo.

Se notaba en él, el cansancio de todos estos días, de los momentos alegres que vivió y, de los instantes no tan dichosos, que además también tuvo que soportarlos. Saltando de balcón en balcón y de casa en casa, bajando por los postes de la electricidad y gateando por las chimeneas para no ser visto, escalando por las fachadas entre balcones y dejando sus regalos.

Al llegar a la esquina de Montevideo, con Pintor Mariano Fortuny, se han casi tropezado con los tres Reyes Magos, que estando hospedados en el Hotel El Castillo, imagino trajinaban para ir a las cuadras_ el aparcamiento de Siset_ a preparar a sus camellos, que tampoco habrán descansado tanto como ellos hubieran querido.

Camellos, digo así bien; puesto que los transportes que traen estos reyes de las ilusiones, son coches de la marca Citroën, de la empresa local, que siempre han estado a su disposición. Galanteo de los organizadores de la Cabalgata.

Melchor le ha dicho a Nicolás_ ¡Ei!  Sobresaltado casi, ha hecho un respingo que por poco cae a la acera húmeda justo al lado del kiosco.

__Tío, vas muy apesadumbrado_ le silbó con ese sonido cabrero que tienen traído del oriente más lejano, casi aturdiendo a esas horas de la madrugada al resto de invisibles.

__ Hola Melchor, ni me había dado cuenta, que nos cruzábamos. Voy cansado. ¡Es verdad! No sé qué pasa, pero cada día hay más regalos para repartir. No me lo explico. ¿Es necesario todo este despilfarro? En casas, cuyo poder adquisitivo no llega ni siquiera para subsistir. Tiran la casa por la ventana_ acabó diciendo Santa Claus.

En ese instante de la madrugada, Gaspar y Baltasar, se habían acercado a Santa Klaus y a Melchor, y se sumaron al coloquio de alborada.

__ Buenos días Majestades, ¿Qué tal? __ preguntó nuevamente, Papa Noel, a los recién llegados, abrazándoles y sintiendo ese calor oriental que portaban entre sus ropajes.

__ Te saludo Nicolás_ dijo Gaspar, el más rubito de todos y esperando, para proseguir que su colega Baltasar le diera los parabienes al nórdico vestido de rojo, que tiraba del trineo a duras penas en la subida de calle Montevideo.


__ ¡Ya lo viste amigo! Ha pasado otro año, y otro y más que pasaran. Por cierto, preguntó Baltasar a Papá Noel_ Cuantos años, cuantas veces nos hemos encontrado en este cruce de calles, ¿lo recuerdas, por casualidad?

Santa Claus, quiso recordar y ¡sí!, que dio una cifra en años_ dos mil y pocos, ¿quizás? _ contestó Melchor, sonriendo y observando que aquellas calles, ni siquiera existían, ni aquella encrucijada de esquinas, ni aquel pueblo, ni aquel hotel donde esta noche se habían alojado.

Impensable que yo pudiera comprender, el por qué de esta tradición viene desde hace miles de años, aunque no me había percatado jamás.

De algún modo tuve que hacer algún ruido, y ellos se percataron, en que no estaban solos y con desparpajo me preguntaron casi a la vez, Baltasar y Nicolás.

__ ¡Qué haces a estas horas por aquí!, ¿es que no esperas ningún regalo?

__ ¡No espero nada! _ Mentí, para saber si ellos me detectaban esa trola.

__ ¡Claro, que esperas! _ mantuvo Gaspar_ y quizás más que nadie, aunque no lo reflejes en tu cotidiano meneo, pero veo, dentro de ti una esperanza que nace desde hace años y que no acaba de cuajar.

__ Sois reales_ pregunté con interés, por semejante aparición inesperada; porque no me lo puedo creer, jamás en la vida, me había ocurrido semejante espectro y ahora en el borde de la indecente realidad, aparecéis.

No; uno, el famoso Papa Noel. ¡No, nada de eso! San Nicolás y, además los que faltaban, los de oriente ¡Chúpate esa! Todos juntos, los del Oriente y el de las nieves.

Por lo que veo, o estoy soñando o me han hipnotizado. No aprecio vuestras barbas postizas, ni el color de vuestra dermis teñido. ¿Sois de verdad, los personajes que imagino?

Rápido contestaron con pocas formas y con el descaro de los más insultantes guerreros medievales. Tanto que pronto Melchor, no pudo contenerse y dijo.

__ ¡Somos reales!, míranos y acércate y luego si puedes, lo escribes, porque decirlo así a lo pronto. No podrás.

__ Explicarlo a tus amigos, a tus familiares, al mismísimo “Sur sum Corda, que como sabes proviene de la liturgia católica_ apuntó el mismo Melchor_ y viene a significar en latín algo parecido a “Levantemos nuestros corazones” y creamos en la divinidad de lo que refieren en sus milagros.

No te entenderán y presumirán que es ficción tuya de escritor. Dicho de viva voz, será una pérdida de tiempo y creencia.

No supe que decir, me faltaron los atributos, los adjetivos. Pasaron por mi cabeza, tantas cosas, que había vivido, junto a mi hermano, a mis padres, y recordé tanta ilusión enlatada en una milésima de segundo, que solo pude ejecutar un silencio cobarde.

Me despedí de ellos__, Buenas noches majestades, que acaben bien la jornada de trabajo_ miré el reloj de pulsera, las cuatro y treinta y tres minutos de la madrugada, camino de mi casa.

No me contestaron, ni me siguieron con sus miradas, al poco trayecto, me giré para preguntar en último extremo y ya no les vi.

Ya no estaban en la esquina de Montevideo, Mariano Fortuny. Seguí muy decepcionado buscando la cama, y amanecí con un regalo que me hizo mucha ilusión.

Sobre la mesilla de noche, debajo de la lamparita, una nota que decía. No te creerán. ¡Escríbelo! ¡Somos reales!







lunes, 2 de enero de 2017

Infame la segunda opción



¿Tantos años hace? __ Le preguntó la conciencia, como si ella no tuviera memoria.

¡Así es! Han pasado muchos años, ya lo creo. Como el que no quiere la cosa, y cuando lo evoco, casi me parece mentira.

Ahora que lo refieres, empiezo a recordar, aquel nerviosismo tuyo, tan alarmante, siendo tan solo un trabajo. ¿También es verdad! Que tú has sido siempre un “puñetitas” y todo te gustaba completamente perfecto.

__ Me iba demasiado en el envite. Reconozco, que la experiencia de entonces, era exigua y ante lo desconocido, solemos dudar, temblar y hasta desistir.

__ ¿Demasiado dices? Serás cara dura y embustero, con veintidós años que tenías, ¿a quién pretendes engañar? A ti mismo.

Si me hubieras hecho caso y valor, lo habrías enviado todo al garete y te habrías enrolado en aquel viaje, hacia el país más maravilloso del mundo, a hacer tu particular América, pero claro, las dudas ganan. El esfuerzo de salirse de la zona del confort, la conveniencia de escucharte siempre a los mismos perdedores, la falta de apego a la aventura, hizo que lo dejaras escapar y ahora, pretendes excusarte.

La promesa que hiciste, sentado en aquella plaza, por supuesto que la cumpliste con creces, después de haber pertenecido a la misma obligación por más de treinta y muchos años, pagaste el gasto de esa hipoteca imaginaria. Sin embargo, yo sí sé lo que te perdiste en no seguir hacia adelante y quedarte junto a los tuyos, mimado y empalagosamente abrigado en los momentos que hay que reaccionar.

__ Tú hablas tan seguro, porque para ti es fácil. Eres la conciencia y lo ves todo sin gasto alguno y jugando con ventaja.

__ Entonces no me provoques y me incites a querer saber que hubiese sido de ti, de haber emprendido lo que tanto deseabas. Va a ser muy fácil, estoy acompañado en este instante por unos trámites que teníamos que solventar, con mi amigo “Destino” y le voy a preguntar, que me explique qué es lo que hubiera sido de ti, si tu valentía te hubiera ayudado.

__ Qué tal conciencia, ¿me llamaste?

__ ¡Sí amigo Destino!, quiero que te remontes unos años, y me cuentes que hubiera sido del amigo en caso de haber decidido dejar la tranquilidad, el empleo seguro, la vida rutinaria y cansina y el envejecer como cualquiera de los mortales.

__ Está preparado este amigo tuyo, para enfrentarse con realidades, que no ha vivido, ni en los más espléndidos sueños.

__ ¡Claro, que lo está!, además soy su cognición y si no lo puede soportar, que podrá, siempre sabrá de aquella decisión y del futuro, que no quiso emprender, por falta de valor o comodidad.

__ De acuerdo, vamos a jugar a la remembranza. ¡Verás!, iré recordando y voy a personalizar las vivencias, como si fueran reales en tu misma cabeza. Así nos evitamos tener que traducir sensaciones. ¡Eso sí!, que sepas que lo que te explique, es lo que te hubiera ocurrido, hubiera sido tu destino. El marcado, que no aceptaste.



Habías despreciado el trabajo, en aquella empresa y todos te denostaban por la oportunidad que dejabas escapar, Buen sueldo, buenas expectativas de futuro, una vida plácida. Además de abandonar a tu novia de tantos años, para marcharte a buscar tu vida en solitario, a tierras ignotas. El avión salía desde Paris, por lo que tuviste que hacer camino hasta Francia, para emprender el vuelo.

Charlotte, aquella negrita preciosa, se encaprichó de ti.

Era una dependienta del Boulevard Rouge, que andaba buscando amor desesperadamente por una decepción personal, a la cual tu sin saber resolviste y te encandiló aquella noche.

Retrasaste el viaje tres días para quedarte con ella en su apartamento, muy cercano al Mouline Rouge, llevándote de la mujer, aquella esencia de conquistador que te infringió una noche de loca pasión sin que tú supieras que hacía.

Cuando llegaste al destino en Medellín, nadie te esperaba, ni siquiera tenías conocidos, ni trabajo, ni dirección donde ir.

No tenías donde caerte muerto, y casi bien mirado por poco no traspasas la primera noche. Justo al llegar tropezaste con el tipo más sanguinario de la zona, el que te puso en el punto de mira y te utilizó para que fueras su camello, hasta que ellos mismos te dejaron a la deriva y te acribillaron a balazos en una esquina de la Ciudad de Cartagena, cuando tan solo llevabas trece días en aquellas latitudes.

Te hicieron desaparecer y nadie supo más de ti.


jueves, 29 de diciembre de 2016

Tú eres de Papa Noel o de Reyes Magos






Desde el Cosmos Indeleble, una región que pertenece a un país lejanísimo y muy desconocido. Estaban tres ángeles. Albino, Rubio y Moreno, pajes de los verdaderos Magos de Oriente.
Ese Cosmos indestructible, ni siquiera llega a ser país. Más bien está dentro de los límites de un maravilloso Edén Celeste, que en el Globo Terráqueo le llaman sin precisar, vulgarmente: Limbo.
El trío de querubines charlaba amistosamente y veían desde sus nubes virtuales, la vida en la tierra, esa existencia humana vista desde tan cerca, que bien parecía eran ellos también los protagonistas de vivencias actuales. Haciendo de jueces con todos y cada uno de los intérpretes que intervienen en la misma y que por estas fechas suelen fijarse un poco más debido a las Navidades.
Prestando atención en unas zonas, donde la abundancia era la estrella de grandes desequilibrios y las penas, la escasez, por ser más abundante tenía más adeptos y desilusionados.
Gentes que van sobradas de todo y otros que no llegan a los mínimos necesarios. Otras que triunfan y ríen, y el resto que van de fracaso en fracaso intentando cumplir como buenazamente pueden.
Así que, en su interés, fueron a poner el punto de enfoque en algunos lugares, de aquí o de allá, sin más criterio que el de visualizar un poco, como se comportaban los humanos en el borde del comienzo de un nuevo año.
En el visor apantallado de Albino, el paje más preparado y ceñudo de los tres, fue a situarse en la casa de una familia distinguida, que había adoptado a celebrar Santa Klaus, desde hacía pocos años, aunque no habían dejado de festejar el día de Reyes.
Aquellos niños, los hijos del doctor Tijeras, tenían prisa, aquella tarde por ir a dormir. Sabían que los Reyes de Oriente estaban a punto de llegar y no querían que los pillaran despiertos. Aunque la verdad, es que el pasado día 24 de diciembre, esperaron despejados al gran Papa Noel, y también tuvieron algún que otro regalito. 
El Santa Klaus, de los hijos del doctor, representó su papel de forma estupenda, casi nadie le conocía y algunos incluso llegaron a creer que venía desde la lejanía al trote de un reno y un carro con juguetes.
Los niños, le saludaron, sin descubrir al pobre comediante, dándoles un abrazo tan fingido como antinatural, pudiendo comprobar que era un empleado de su papá que, envuelto en su traje rojo de navidad, recorría su casa y la de sus primitos, representando una recreación de la noche de navidad.
Thais y Eliot, muy educados, por las monjas de la Congregación del Primer Beso a Jesús, no quisieron de ningún modo descubrir a Ramón, el esbirro de la familia, que ponía todo su empeño por hacerlo bien.
Recogieron con tanta ilusión sus paquetillos que lo recordaran siempre, mientras vivan. A pesar de haber quedado los juguetes y presentes en uno de los desvanes de mamá, donde guarda lo inservible para que llegado el momento puedan recogerlo desde la oficina de Auxilio Social.
Disfrutando ese instante con esos dones que Santa Klaus les regalaba y que no eran bien recibidos por los jóvenes hijos del doctor, a pesar de justificar su comportamiento ante todos los allí presentes, ya que son almas educadas y tienen la potestad de elegir, y escoger.
Aquellos presentes lamentablemente, distaban muy lejos de las pretensiones de aquellos jovencitos.
Fue en esta ocasión el Rubicundo Paje, de Gaspar el que situó la vista en la casa de Manolo y Raki, que no comprendieron como el Papa Noel, había pasado de largo en su casa. Aunque pensando entre los dos hermanos, llegaron a la conclusión que, como sus papas, no tienen costumbre de poner árbol navideño, y con el lío de la enfermedad de mamá, pues el tal Nicolás, ha pasado de ellos por falta de fe.
Esta noche han colocado sus zapatos en el balcón, junto al lavadero lleno de agua limpia y trozos de pan duro, una botellita de anís recién salida del alambique, y unas castañas, para cuando lleguen de madrugada, a su casa los Reyes de Oriente, puedan abrevar sus camellos y ellos, logren descansar tomando una copita de licor dulce.
Los regalos de Manuel y Raquel, ya saben cuáles serán, si es que, en el cielo, ellos los magos, consideran que su comportamiento ha sido bueno y se han relacionado con profesores, familiares, y amigos decentemente, sin rechistar y cumpliendo bien durante todo el año.
Después de haberse levantado a las seis de la mañana cada día, para ayudar a sus papás, en dar de comer a los animales: las gallinas, cerdos y conejos. Poner la ropa en la pica y lavarla, para después tenderla, hacer el trabajo de la casa, mientras sus padres se atarean con lo más delicado y una vez eso está completo, ir al colegio a tres kilómetros y volver andando cuatro veces cada día. Así doce meses del año.
Hacer religiosamente los deberes, y seguir si les queda tiempo con esas ilusiones de jovencitos, en pensar que el día de mañana, las cosas serán de otra forma.
La carta enviada por estos niños fue muy simple: Queridos Reyes Magos de Oriente, este año, solo te pedimos una cosa, que rezamos para que nos la puedas traer, y la podamos disfrutar a medida que pasan los días.
La cambiamos por ese carbón de dulce que nos trajiste el pasado año, que estaba muy sabroso, pero hemos de sustituirla en esta ocasión tan necesaria y solicitamos que nos lo otorgues: Cura a nuestra mamá, que no está demasiado buena y la necesitamos mucho. El pobre papá, no puede con todo y ambos están muy preocupados.
 La casualidad fue a parar en la diligencia al elegir lugar directo el paje más oscuro, el chambelán de Baltasar, el morenito, quedándose la aguja del buscador clavada en la situación del pedagogo más dedicado de la ciudad.
Antonino, es un profesor de primaria, soltero y timorato que, llegadas estas fiestas, y no teniendo familia a la que invitar. Se presta a ser uno de los protagonistas de la Navidad Lapona, o sea uno de los cientos de miles de personajes disfrazados que pululan por el mundo como Papa Noel.
Siendo y transformándose en ese imaginario rojizo con cabellera y barbas blancas, para que los niños, puedan ir con sus cartas al supermercado donde le colocan la butaca y hacer de correo especial.
Donde espera a que los chavales lleguen con sus ilusiones y entreguen esas misivas llenas de sueños y encargos de juguetes.
Es un trabajo que hace desde ya, unos cuarenta años, y con su preparación de instructor, lleva con un hilo de lana a los críos, en sus preguntas dándoles ilusiones de futuro.
Como la Nochebuena ha pasado, Antonino, está en el Carrefour cercano, haciendo la misma labor, pero en esta ocasión disfrazado de Paje de sus Majestades los Reyes de Oriente y con su peluca blanca, su barbita nívea y recortada y sus guantes de seda, da el pego y no imagináis la cantidad de chiquillería que espera ser atendida para entregar su carta a mano, para que lleguen sin falta las peticiones, a los tres Magos.
El regalo que recibió Antonino, fue el mismo de cada año, su contribución a que esos millones de niños, sean felices `por unas horas.
 Los tres Arcángeles, dieron otro metido al embolo de vivencias y se marchó al Hospital de Sant Joan de Deu, donde la enfermera Matilde, lleva un trajín escandaloso, estos días, por aquello de que nadie se quede sin juguetes, o sea el repartir cacharros a todos los niños de la planta por festividad y tradición, tan emocional en estas fechas.
Preguntándoles a todos los niños que se recuperan de sus dolencias. Si ya habían escrito la carta para que en la noche del cinco al seis de enero les visiten los Magos.
Todos han contestado afirmativamente y con gran ilusión esperan, primero curarse y además que ese día amanezca pleno de felicidad por tanto regalo llegado de quien sabe dónde.
Los tres residentes en el Cosmos Indeleble, Albino, Rubio y Moreno, viendo toda esta ilusión, y mucha más que se queda en el tintero, por tantos niños, tantas ilusiones y tantas penas que limar; deciden bajar ellos mismos a ayudar a muchas de las personas buenas que hacen el bien sin recibir nada a cambio y llevar ellos mismos en plan privado unos miles y miles de ofrendas.
… y bajaron, y descendieron de sus naves estupendas, y dejaron a todos los abuelos de todas las residencias del mundo, un día sin penas ni dolor, que les pareció tan dulce como el mazapán.
 A todos los niños y mayores enfermos, del planeta tierra, hubiesen o no escrito su carta, les regalaron salud para seguir adelante, con sus juegos, sus estudios y sus ilusiones a los primeros y con esperanza, ilusión y mejor vigor a los segundos.
Pasando un día tan maravilloso, que se reflejó en los anales de la historia y que fue tan sonado aquel día, que pasarán generaciones y seguirán hablando del milagro.
A todas las personas que padecen por un motivo u otro, les regalaron en un santiamén, esa serenidad necesaria que, es la llave, para comenzar a pensar en positivo y llevar la carga que todos transportamos de una manera u otra, con más ligereza, más comprensión y resignación.
  … y a mí, queridos amigos, me dejaron un poco de imaginación para que os pueda brindar desde aquí, todo mi cariño y mi respeto.
 Enviando mi abrazo a todos y especialmente a ti que estás frente a mí; leyendo esta ilusión. Te remito un caluroso abrazo con todos mis parabienes, y cuando los recibas, ni siquiera tengas la intuición que viene de mi parte.
Siendo una constante en este período del 2017
 Amen.



martes, 27 de diciembre de 2016

Fin de Año en la plaza



Habían salido de casa, con el racimo de las doce uvas, para celebrar la entrada del nuevo año en el portal de la iglesia de su pueblo. Era una pareja algo rara que no tenía relación apenas con nadie.
Ni siquiera en el trabajo, donde dependían de un sueldo en el supermercado de la carretera, en el que trabajaban desde hacía unos años.
Departían no con demasiada gracia, con los demás empleados, y con los clientes. Eran gente de pocas bromas y menos amigos, distantes entre ellos, poco amables y dados a las bromas, muy alejados de cualquiera.
Dos personas Nelson y Dorada, ya no tan jóvenes, en la edad más bonita de la existencia, cuando se tienen esos años verdes, que todo lo pueden y nada solventan por falta de ilusión y de amor.

Ni se entendían, ni siquiera se soportaban. Iban en la misma dirección y ninguno de ellos, tenía nada que decirse, nada que compartir y menos que explicar. Ni siquiera intercambiarse una mirada de afecto, un rozamiento casual, un beso robado al pronto.
Eran dos témpanos, un matrimonio congelado por el hielo de su corazón, transformados en autómatas, y puestas en una vecindad brutal, donde nadie les comprendía, ni siquiera les veía, porque a base de desprecios por parte de ellos, optaron todos los vecinos por hacerles un hueco.
Un resultado mezquino, aquel que les arrojaba como derivación de su proceder, a un poco más de la misma sordidez y desamparo, en la que se cobijaban sin suponer que se puede cambiar sin demasiado esfuerzo para ser mejor.

El año que había transcurrido, había sido aburrido, tedioso, y pesado en su cotidianeidad, como los muchos anteriores. Del trabajo a casa y al revés, ni una salida al cine del barrio, a tomar una caña en la barrita de la esquina, el simple hecho de reír, era trasnochado.
Lo que se dice un mundo diferente y tan desconocido, era el que vivían ambos, sin poner remedio a la enfermedad de su falta de vigor.
A nadie de su edad, se le podía ocurrir mostrar esa vida y ese talante, porque estaba fuera de toda imaginación.

Cuando bajaban por la calle ancha, Nelson, notó que llevaba la bolsa de granos de uva, y se preguntó para sus adentros_ y yo que hago, con esta fruta, caminando hacia un punto que no quiero.
Se miró a Dorada y vio que en aquel instante ella se hacía la misma pregunta, aunque ambos continuaron su marcha por aceras diferentes, como si alguna fuerza interior les llevara al punto donde tenían que situarse, para escuchar las campanadas de la entrada del nuevo año.
Dorada, tropezó en la esquina y trastabilló, hasta llegar a la altura de la baranda de hierro que separa el desnivel de la calle, donde estaba Griselda, una chica muy delgada, que nadie conocía, la que frenó la caída y le dijo
_ Si no llego a estar aquí, precisamente, caes a la avenida, rodando escaleras abajo_ Griselda no esperaba contestación por parte de Dorada, pero sí, tuvo una respuesta de agradecimiento hacia la doncella.

_ Si, ¡muchas gracias!, es verdad, si no me paras me voy de bruces abajo, sin remisión. Aunque la verdad_ siguió diciendo_ no se hubiera perdido nada y a lo mejor… Dejó la frase por terminar y Griselda, le comentó_ No sé porque dices eso, si estuvieras enferma, si no tuvieras trabajo, compañero y vida, igual podrías decir que llevas razón, pero es todo lo contrario. Te equivocas y de mucho, no eres una persona feliz, porque no quieres serlo y te empeñas en que eso pase.
Dorada, quedó estupefacta a su lado, por todo lo que le había pronosticado en un minuto, sin ni siquiera saber, quién era.
La miró con timidez y quedó a su lado en espera de las doce de la noche, guardando precisamente el recodo aquel que había hecho en su desplazamiento de la caída.
Griselda que desde el suelo había recogido los granos de la uva, se los entregó y le dijo, luego te sucederá algo que te interesa mucho. ¡Espera!

Nelson, llegó junto al pino, y allí dejó en un lado del macetero, su paquetito de uvas, para sacar de su bolsillo la pitillera de tabaco y ponerse un cigarrillo en los labios, en el preciso instante que una ráfaga de brusco viento, le arrancó la cajetilla de las manos y la llevó volando al otro extremo, donde Gaby, pudo asir la tabaquera antes de que cayera al suelo y se mezclara con la nieve.

_ Por poco se te escapa y te quedas sin fumar_ dijo Gaby, mirando a Nelson_ ¡Ah gracias!, de buenas a primeras se arrancó el viento y me dejó sin saber que pasaba_ te apetece fumar conmigo_ le dijo Nelson, mirando a sus pies y viendo que iba descalzo sobre la nieve y que le sobresalían una especie de alas, de debajo del chubasquero, que se confundían con el follaje del pino.

_ ¿Quién eres, con ese ropaje? _ preguntó de nuevo Nelson, no es que conozca demasiada gente, pero a ti precisamente y disfrazado, no te tengo visto.
_ Soy Gaby, pero me conocen más por el Arcángel Gabriel, ese rubio que surca en todos los capítulos especiales de las Sagradas Escrituras, y me mandan desde el muy lejano camino de los Infelices, para darte a ti y a tu pareja, aquella chica llamada Dorada, que está con mi compañera Griselda_ ambos miraron hacia donde estaban y Gaby siguió.
Ella realmente es Ángela Di Celis, una muy buena angelita del pabellón más dignísimo del Paraíso Celestial. Ahora charla con Tu chica, después de haberla salvado milagrosamente de una caída muy fea y dolorosa, que hubiese percutido en su cuerpo, rompiéndose tres costillas.

_ ¿Quién sois?, y qué queréis de nosotros_ preguntó mirando de nuevo y viendo a la amiga de Gaby, en el otro lado de la plaza, que lucía el mismo chubasquero y le sobresalían unas alas más vistosas inclusive que a él mismo.

La Ángela Di Celis y Dorada, se entendían y ésta muy tristemente, le contaba sin percatarse a la doncella, sus deficiencias, su padecer, sus miedos y sus rabias contenidas, su infelicidad y su gana de acabar con todo.
_ ¿De dónde vienes? Te he visto en alguna revista_ preguntó Dorada
_ Imposible, verme en revistas, no. Me has visto en la Biblia, que tenéis en vuestra casa, sobre el poyete del radiador, justo al lado de la máquina de coser
_ Como puedes saber todo eso, quien eres, ¿El espíritu de los cuentos de mi abuela?
_ No padezcas, déjate llevar, y no tengas preocupación porque no te preguntaremos nada, todo lo sabemos, sin que des explicaciones, corregiremos tu infelicidad, hemos venido, a subsanar estas deficiencias, ayudarte en este trance y que, al tragar el último grano del racimo de tus uvas, entréis_ tú y Nelson_ en una felicidad dignísima.
Dorada buscó con sus ojos a Nelson y le vio, en un gozo lejano, departir con un ángel rarísimo que también había visto en aquellos libros del poyete de su casa.
Paralizada por el miedo, quedó junto a Ángela Di Celis, que ya la protegía

Nelson quiso arropar a Gaby, que sudaba sobre aquella calle helada con dos palmos de nieve, y Gabriel le dijo sin grandes imitaciones_ No es necesario, más que ver a quien padece de verdad, en silencio y ocultando sus temores, sin que posean la solución de erradicar esa enfermedad tan extendida entre los individuos.
Un padecimiento que nadie le quiere dar nombre, nadie la bautiza, pero que existe entre las almas de muchos seres humanos, sin que les deje ser felices.
Sigue mis instrucciones, Dorada, sabe lo que ha de hacer. Ángela Di Celis, le ha puesto al corriente y los dos os encontraréis.
Ahora van a caer las doce de la noche_ continuó diciendo el Arcángel_, las cero horas, y en cada grano de uva que mastiques, ve acercándote un paso hacia ella, Dorada hará lo mismo.
No mires a nadie, solo piensa en tragar a tiempo y mirar a los ojos a tu Dorada, ni siquiera solicites ningún deseo, todos esos fallos los conocemos y hemos venido como hacemos cada año, a dar felicidad a alguien, y enseñarles a cada cual como la han de encontrar a partir de ahí.
Buscamos cada diciembre al que más lo necesita y quien más desea ser feliz y que este lo lleve a los demás.
Este 2017, te ha tocado a ti.

¡Sí! ….. por ello, sigue masticando y acercándote a ella, procura no atragantarte y cuando llegues al punto de no tener ningún gajo en el racimo, y suenen las alegrías del Año Nuevo, cierra los ojos, ¡bésala!, y da gracias al cielo por tantas cosas…. 





sábado, 24 de diciembre de 2016

Noche buena, hoy



Todos preparados para la cena más familiar del año. La cena de la Noche Buena. La celebrada en la noche del día 24 de diciembre, que es la desvelada cuando los pastores de Belén, se iban acercando a la cueva, siguiendo una estrella que desde el cielo les orientaba y les marcaba el camino a seguir.
Donde aquellas gentes creyentes y no tanto, quedaban admirados por las noticias que le llegaban boca a boca, del nacimiento del hijo de Dios.

Significando algunos, con aquella incredulidad lo que se sucedía en contraposición con los que tienen fe, de seguir el áurea del camino marcado hasta postrarse a los pies de aquella cuna hecha con palotes y piedras, y ofrecer lo mejor que ellos poseían. Con el único sustento de calefacción del cuerpo de María la Virgen, que lo tendría en el regazo, llegado el momento y a José de Arimatea muy nervioso, con sus manos atadas y sin saber qué hacer, donde mirar y administrando su ánimo de proteger al niño que iba a nacer. 
María esperando, tranquila bajo el aliento del borrico y la vaca, como única calefacción central esperando que pastores, agricultores, caminantes y mendigos fueran a ofrendar con miel, dulces y alimentos, el inminente nacimiento.

Por las calles no se podía transitar, los colmados, las tiendas, las tabernas están a rebosar de gente. Nadie percibe nada, sin atender ni dar cuenta de algo que no pase alrededor suyo. Entre los veinte centímetros y el propio cuerpo, aún podían generar algo de atención, a partir de esa distancia es un mundo. Todos gritan, todos beben, nadie entra en razones, ni siquiera creo yo, se enteran de lo que les hablan, puesto que nadie escucha.

El frio congelaba las orejas de aquellos dos niños que bajaban por la calle de la iglesia, sin saber dónde ir, sin saber qué hacer y sin cobijo. Buscando alguna puerta semiabierta para penetrar a hurtar lo que pudiesen y caldearse un poco, y si encontraran algo de comida, pues mejor. Nada hallaban para saciar su hambre, nadie les veía y menos les esperaban.
Son dos almas de doce años, echados a la calle en temprana edad. Dos muchachos sin familia, huidos desde hacía semanas de su correccional, tras haberlos capturado en una de esas balsas pateras, que se atreven a cruzar el mediterráneo. Haciendo peripecias para conseguir una vida mejor, sin saber realmente qué futuro incierto les depara.
Afanando todo lo que se les pone por delante, quebrantando propiedades y entrando en los huertos para recoger alguna hortaliza, forzar en los supermercados más amplios y con menos vigilancia, para llevarse a la boca sin ser vistos, el trago de la botella de leche que violentaron, o la rosquilla y el trozo de pan que sustrajeron.
Los han pillado y van camino de la comisaría del barrio. En su interior piensan, por lo menos esta noche no la pasaremos al raso.

La pareja de escoltas de control, en la aduana, que esta pernoctación no podrán estar en familia por haberles tocado la guardia de la semana en esta marcada noche. Atendiendo su trabajo y su obligación sin dejar de hacer funcionar su cabeza y pensar donde estaban aquella misma noche de hacía diez años, tranquilos, abrigados y en familia, cantando aquellos consabidos villancicos, que más les aburrían que otra cosa y que en esta ocasión, van a echar en falta. Se les ha complicado el servicio, cuando han sabido que desde una cárcel de la comarca ha habido una fuga y lo más probable es que traten de cruzar el fielato, dentro de alguno de los camiones que traspasan la frontera viniendo con sus cargas desde países ajenos.

En el mismo despacho de la policía, está detenido sin remisión el novio violento y celoso, que ha destrozado la cara de su chica, por un asqueroso arrebato de envidia, a la cual han llevado al hospital comarcal los vecinos, para ver si llegan a tiempo y pueden salvar a la pobrecilla muchacha, que se desangra por el capricho de un descerebrado criminal. Uno de tantos que van sueltos por nuestro mundo.
Una relación que no les venía demasiado bien, por los antecedentes del muchacho y que temían que las reacciones de semejante descentrado, pudieran afectarle a la niña. La familia de la joven penaba y a pesar de haberla informado del pie que calzaba ese hijo de Satanás, la lozana trigueña no hizo caso y le fue dando pie, confianza y amor. Hasta que, en un momento de arrebato por locura innecesaria, ha obrado como un gallo de corral, de forma machista, brusca y desmedida en contra de los principios de cualquier persona razonable, destrozando y faltado a todo lo que prometió amar durante toda la vida.

Los enfermeros de guardia del Hospital de la Clemencia, alertados y con supra ultra celeridad, han salido fuera, en el muelle donde las ambulancias se apean, para entregar a los sanitarios, los enfermos que trasladan. En esta ocasión un auto lesionado. 
Un abuelo, que ha llegado con indicios de haberse quitado la vida. Un señor mayor de setenta años, que vivía solo desde la muerte de su mujer, y que viendo que los hijos se han marchado a pasar estos días navideños de vacacionales a la nieve, ha creído oportuno ponerse en el bolso un billete preferente para un viaje de: Irás y no volverás.
Fruto de una desesperación o de una intransigencia, no lo sabremos, ya que antes de llegar a planta, veo aflojar la marcha de los camilleros y su dejación de brazos, en señal de que ha emprendido el viaje que mencionaba antes.

En la sala de estar de su casa, está Xaume, esperando a sus amigos que esta noche le llenaran la casa de alegría y de música, celebran en esta ocasión, la alegría del millonario. El sorteo de la lotería de Navidad, que les ha agraciado con un primer premio, y del cual llevaba cuatro décimos premiados. Ha querido tirar la casa por la ventana y ha mandado a su mujer al pueblo con sus hijos y se ha quedado con sus cuatro amigos de confianza para ponerse ciego en esta noche de festejo. 
Sin mirar en el gasto y con la tranquilidad de que todo lo tienen permitido según ellos. Comer no sé si lo harán bien, pero beber, seguro que no tendrán sed. Bebidas espirituosas y de alegrías con nenas hermosas lo tienen casi casi “apañao”
Ante tanta insatisfacción, frente a tanto padecimiento, creo necesario dejar de relatar éstas micro historias que suelen suceder alrededor de donde estamos. Solo hace falta poner un poco de oído y entendimiento, ver o querer ver, como padece la gente que nos rodea, lo infelices que son y nos daremos cuenta que la vida no es solamente perder el oremos por las cosas intrascendentes. Vale la pena mirar al de al lado y facilitar algo de cariño, eso que ahora va tan escaso.

Cierro mi ventana y me quedo en mi mundo, observando para saber y entender que es lo que nos pasa a la gente, porque perdemos el chiste y la sonrisa, para que usar tanta envidia por nada. Evitando ser felices los momentos que el destino nos dé y no preguntar. No nos creamos ser el ombligo del mundo, porque eso es una falacia.

Cuesta, es verdad, pero intentemos ser esta noche navideña algo más sensatos, más serenos y más humanos




miércoles, 21 de diciembre de 2016

Seis y dos son ocho y ocho dieciséis





Esta historia comienza muy atrás, cuando nadie de los que asistimos año tras año, al festín imaginaba lo que después iba a ocurrir.




Inclusive algunos de los que ahora concurren ni siquiera nos acompañaron en un principio. Por varias razones, no estar en la edad laboral, y mil razones más. ¡Vaya usted a saber!





En pocos años, ya se veía como se iba desarrollando la foto fija de la comida de Navidad, quienes eran los que año tras año, asistirían a no ser que algún imperativo de última hora se lo impidiera.



El ambiente magnifico, desde el principio, siempre ha habido un “ángel”, que acogía aquellas reuniones de pan y cuchillo, siempre había una risa para compartir, y siempre hubo algo que celebrar. ¡Como lo recuerdo! ¡Qué ambientazo!



¿Era un tiempo de no problemas?  ¡Para nada! Éramos jóvenes y todo quedaba en aquel ratito de asueto que nos dábamos a nosotros mismos, y lo canalizábamos para reír, charlar y comer. No se había inventado el colesterol, ni el ictus, ni se hablaba de la diabetes.




Cada comensal se fue agregando cuando le pareció más oportuno y bienvenido fue. Ahora pasados los años lo recordamos y nos vemos en las pupilas de los demás, con canas, con arrugas y con otras metas.



Después, la afectividad y la efectividad hicieron su trabajo y fueron dejando ese poso que se aglutinó en nuestro querer y sigue insistiendo en “juntarnos” para estas fechas decembrinas, a pesar de que muchos de los componentes del grupo ya no estemos en activo.





Nos alegramos y nos agradecemos con las clásicas frases discretas de afecto, nos comprendemos entre sonidos, entre miradas y en el trasfondo entre sonrisas y lágrimas no visibles, vemos como parte de nuestra vida ha ido diluyendo entre ellos.






Tantos años, tantas historias, tantas urgencias, tantas bravatas, tantas prisas, que han quedado en mucha paciencia, mucha esperanza, mucha ilusión a lo que nos aguarda.





Recuerdo de quien partió la idea, del amigo Aurelio, que en aquellos años era el jefe de la teneduría, ayudado por el segundo de entonces José María, que ahora es el que controla a los tenedores, quien le sustituyó y se quedó con la plaza del generalato.



Ahí nació nuestro particular Noel.

Hoy seguimos todos, además de los que se han integrado, que a la postre son los que llevan la música y han recogido el testigo de las batallas, que son las mismas que lo fueron nuestras y que el tiempo ha puesto muy a tono, en manos de otros protagonistas.



Hasta el próximo año amigos.





martes, 20 de diciembre de 2016

Equipo del Programa de Radio de la Gent Gran




Anoche a las 19 horas del 19 de diciembre de 2016, en las instalaciones del cómodo y acogedor bar de Can Massallera, se celebró la merienda – cena – piscolabis del grupo de la “”Gent Gran”” de Radio Sant Boi. Programa radiado para todos los públicos, especialmente dirigido a los mayores. Aquellos jóvenes que ya están en la franja entre los cincuenta y ciento noventa años.

Atendidos a la hora de la degustación por Carmen y Pedro, las personas que regentan el establecimiento y que nos lo pusieron fácil, sencillo y además apetecible. Por hacernos degustar aquellas lonchas de pan, acompañadas del mejor de los embutidos, todos ellos variados y que fue un rico encuentro con los placeres del gusto por comer.
Todos los amigos y componentes del espacio, nos encontramos para desearnos felicidad en estos días de Pascua, en un acto sencillo y sobrio, que se hizo ameno y muy especial.
Ya nos han transcurrido unos meses desde que el pasado septiembre, proseguíamos una nueva singladura en la radio, tratando de distraer a los oyentes, intentando amenizar sus sobremesas y tardes con el gusto de hacerles llegar aquellas curiosidades, noticias, diversiones, comentarios, efemérides, acompañadas de música y de hechizo, que a ellos les interesen y nos sigan acompañando en este tan bonito trayecto como es la comunicación.
Sin darnos cuenta hemos terminado la primera etapa de los programas del curso 2016-2017. Los cuales han tratado lunes tras lunes de cuatro a seis de la tarde, versando sobre toda la diversidad y amalgama que nos podamos llegar a creer y antes exponía. Personajes destacados de la localidad, músicos de renombre, rutas de excursiones, charlas con nuestra abogada. Las flores y decoración junto con los remedios caseros, la Poesía. Las ganas que tenemos todos nosotros por agradaros y que os sintáis fenomenales.
Ultim program año 2016 nº 273, Mariangeles, Candelas,Emilio,Carme,Lluis

Casi todos los componentes estuvimos en la merendola, y se charló de varios temas sin prefijar ninguna máxima, ya que a nosotros no nos han de dar demasiada cuerda para comenzar una historia, un cuento, un chiste, o incluso un consejo.
Amigos ya saben si nos quieren seguir nada más han de pulsar o buscar Radio Sant Boi, Frecuencia Modulada en el 89.4 del dial del Bajo Llobregat, o buscarnos en el Potcast de Radio Sant Boi a la carta, _ fácil encontrar con cualquier buscador_ y cada lunes tendréis una gran e interesante sobremesa.