jueves, 4 de enero de 2018

El regalo



Lo deseaba con toda su alma, soñaba con aquella fortuna desde hacía años. Era como un gran regalo que no se había podido hacer todavía. Comprendía que nadie en su sano juicio se lo regalaría sin más. Por otra parte, (se lo preguntaba para sus adentros); como me van a conceder semejante obsequio, sin haberlo manifestado, sin saber absolutamente nadie, que bebía los vientos por aquel objeto invisible de deseo.

La noche de reyes estaba próxima y por esas fechas, aún pensaba más en ello. Llegó casi a ser enfermizo ese espejismo que ya era impertérrito.
No se diluía ni siquiera con los años. Milagros se producen y siempre están dentro de la espera paciente del que sufre por la causa.

Esperando que sonara la flauta, muy tranquilo con la convicción de que llegaría ese gozo.
Que expresión más barata, decir que “sonara la flauta”, como si fuera la aventura de Melinka, imaginó momentos antes de dormirse sobre el sofá molludo del salón, dejando caer la copa de vino ya, vacía sobre su regazo

__ Tenga la amabilidad de pasar, la duquesa le espera en sus aposentos Don Melquiades.
El caballero dejó su capa de armiño, en manos del mayordomo, en una acción displicente y se dirigió tras del disimulado y petimetre ayuda de cámara de la gran señora hasta la puerta de su alcoba.
Al llegar al umbral de la puerta, aquel servidor bajito e insignificante pidió permiso con dos golpes de nudillos en la puerta y se escuchó una voz agaitada de mujer que decía.

__ Deja pasar a Don Melquiades, tu puedes retirarte sin entrar. No estoy visible para ti.
Ayudó a entre abrir la pesada puerta y sin mirar al interior dejó que el caballero accediera a la “chambre de la Madame”.
Estaba erguida frente al acceso, esbelta y completamente desnuda, la duquesa a pesar de ser octogenaria, no tenía un gramo de grasa, todo eran huesos. Lo cual tampoco le daba concesión para pensar que no era una imagen bella.
Esqueleto sin calcio, disimulados por su rugosa dermis sin ni siquiera un atisbo de garbo en su postura.

Su piel se había transformado en un pliegue permanente, mostrando realmente su edad. Lo que distraía y desviaba a las duras miradas de aquel cuerpo, era una almeja de gran opulencia que pendía de la cintura y quedaba enclavada en el triangulo corporal de sus “Bermudas”.
A pesar del medallón de oro macizo que portaba sujeto en su bajo abdomen y que sobresalía por su lujo y por estar semejante tesoro mal atado a una anatomía tan engurruñada, decrépita y distinguida.
Los pechos de la duquesa, chiquitos, sin chicha muy trémulos no podían caer negligentes sobre la cadena ornamental y fabulosa que sujetaba el gran medallón, porque les faltaba enjundia.

Melquiades mintió al decir__ ¡Que guapa estás!__ Él caballero atisbaba con vehemencia el medallón rebozado de esmeraldas y diamantes y prosiguió aduciendo__ No es necesario presentes esa joya tocando tu desnudez.
Posiblemente es demasiado pedirle a un organismo que ha sido tan activo durante toda su trayectoria profesional, la anatomía de la mejor actriz austriaca de todos los tiempos.

__ Eres un embustero adorable, has esperado este momento durante toda tu vida, durante toda tu carrera, poder interpretar esta obra magnifica.
Ser el protagonista de la representación del Tío Vaina de Antón Chéjov.
La interpretación que te falta y te dará fama mundial en todos los escenarios del planeta cultural, aunque para ello hayas de hacerme el amor todas las noches de función sin descanso. Por ser yo la protagonista desde hace veinte años y no hay ninguna actriz con categoría para suplantarme.

__ Sabes que soy actor y una vez estás metido en el rol, en ese papel, no ves si tu “partenaire” es rubia, morena, fina o gruesa.
__ Eres un fariseo astuto y gatuno. Tragarás lo que te echen con tal de interpretar esa gran obra en el Music Hall de New York ¿Verdad?
El movimiento de su postura al ir a tomar a la duquesa y besarla sin contemplaciones se contorsionó y aquella copa vacía de vino que había quedado entre él y su sofá, cuando quedó dormido cayó al suelo haciéndose añicos.

Despertó al momento y se vio sumido en el final de aquel sueño.
Su sueño deseado, en la víspera de los Reyes Magos.
Una alucinación que el actor andaba interpretando precisamente en sueños, desde hacía ya; muchos lustros










0 comentarios:

Publicar un comentario