viernes, 26 de enero de 2018

No pude dejar de mirarte





La vi en aquel súper del barrio
entró como despistada,
con sus aires de siempre,
propios de estrella nublada.

Ninguno de los dos esperábamos
aquel súbito encuentro.
Ella dudó en principio y se ruborizó
Yo la reconocí ¡Al momento!

Recordé y presentí a cien por hora,
Irrumpí en mis hazañas y olvidos
por supuesto no era broma.
Fue sueño irreal, con fantasía y suspiros.

Mis años verdes, ilusiones, mi audacia
mis mejores recuerdos y vivencias,
ahorcándose en promesas no concretas.
Los llevaba en mi bagaje sin la menor conciencia

La miré sin más, con mi expresión educada.
Respetando su complicidad y mis recuerdos
procuré aguantar mi emoción.
Esperando su reacción. No hubo empeño

Llené mi tórax de veneno intenso
preví con urgencia excusas crueles,
sin poder evitar un ardor muy denso
recordando sus flirteos, infieles.

Ella se quedó prendada a mis ojos
atenazada a mis pestañas,
dañando mis párpados con su punzada,
y por extrema colmar mi saña.

Arañándose el recuerdo
intentó, no conocerme
evitando el saludo y mostrando
su punto fuerte.

Hasta que un centelleo fugaz
la separó como el destino,
en su día nos distanciara,
para todas las suertes

Quité mis ojos de los suyos,
que entonces eran hogueras prendidas
para enfocar otro lugar y sofocar mi rabia.
Por su desprecio tenaz y cortesía perdida.

Con la excesiva velocidad en mi sangre,
supe mantenerme a flote.
Imaginando un último beso
recordando el olor de su escote.

Con esfuerzos mantuve la vertical y
ella sobrecogida aspiró un dolor venenoso.
Aún mantuvo sus ojos claros, su mirada al fondo
quizás sin dar crédito a mi aplomo bondadoso.

Abiertas y afables miradas,
como queriendo exhumar de la nada,
todos nuestros recuerdos
los ya; pretéritos sin música de balada.

Viendo mi gesto resolutivo y audaz,
se aferró al brazo de su acompañante
mirándole preocupada y a la vez
mostrando para mi. Señal de prohibido acercarse.

El tiempo había pasado para ambos,
¡Ya lo creo! Mírate en aquel espejo.
Habían caducado todos los anhelos
¡Absolutamente en cien años todos muertos!

Era la misma, la que reconozco ahora
en el mercadeo de su sombra,
nerviosa porque se encuentra culpable
y al que le acompaña. Tampoco adora.

Hasta mañana me dijo entonces,
y ese mañana jamás llegó.
Cuantas esperas vacías, me alegran hoy.
Evitando muchas horas de perfidia y dolor

Tantas demoras juradas
razonando una sinrazón.
Se olvidó de mi aliento,
como yo de su candor.

Detenidos como entonces
nos volvemos a encontrar,
en un pasillo del súper,
en un encuentro fugaz

Qué diez segundos más largos
no convino en saludar,
su falta de valentía
me hizo mucho dudar.

Viendo mi gesto sentado,
cansado quizás de volar
apretó a su acompañante
y aceleró el caminar.

Con señal de prohibido
no se me ocurre arrancar,
aquella flor de solapa,
que jamás pudo apreciar.

Hay fechas que se me antojan
que las he vivido ya
es como si las volviera
de otra forma a pisar.

El encuentro de aquel día
me ha hecho recapacitar,

¿Cual hubiere sido mi destino
por una casualidad?


¡y el arte de tropezar!





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