viernes, 23 de junio de 2017

Palmira fue la asesina



Desconcertado y nervioso salió del apartamento y deambuló por la plaza de la Vila, sin centrarse hasta que cansado tomó asiento en uno de los baretos que hay en la calle Bonavista, entró en la cafetería Hule y se aposentó en una de las mesillas que dan justo a las cristaleras. Al poco, se le acercó la muchacha de la barra, pidió medio bocata de queso y un cortado y esperó a que se lo sirvieran, pensando en cual sería el primer paso a dar dentro de aquel tremendo enredo.

Estaba ya dentro de las circunstancias, cuando le dejaron frente a él, aquel cortado caliente y su emparedado. Se convencía así mismo, que lo más adecuado era presentarse con el cuento a la policía. Imaginaba todo lo desagradable que aún le esperaba, para enfrentarse y resolver. Sin el control de saber que estaba haciendo, se comió su bocado y tomó el café prácticamente de un sorbo, cuando miró su reloj, se tranquilizó.

Faltaban veinte minutos para medio día, con lo que se dispuso a ir a visitar a Palmira. Esa mañana la debería encontrar fácilmente en el salón de belleza que ella regentaba.
Anduvo Travesera de Gracia en sentido mar y llegó sin dejar esa vía al stand donde laboraba su esposa. Al situarse frente a la gran cristalera, esta se descorrió hacia la izquierda dejando el hueco necesario para que accediera dentro del negocio.

Narciso sonreía forzado, detalle que le devolvieron las tres empleadas de aquella boutique tan moderna, a la vez que perseguian con sus ojos la cara de Doña Palmira, que atendiendo a una clienta con problemas en sus uñas, no se percató de aquella inesperada aparición.
Con un gesto, a la primera dependienta indicó Nayim, que esperaría a que Palmira quedara liberada.

Tenía deseos y necesidad de comentarle varios detalles personales, precisos y urgentes. Aquel silencio tan extenso, después de haber notado la apertura del portón de acceso y el mínimo ruido producido por el saludo de alguien a las dependencias, hizo que la recelosa Palmira se girara.
Muy atenta, sorprendiéndose con la presencia de Narciso, que estaba sonriendo a una de las auxiliares de la tienda.

No se reflejó en su rostro sorpresa alguna y continuó en los consejos para la dama que en aquellos instantes asesoraba. Al cabo, cuando despidió a su femenina visita, se acercó al esposo y en tono bajo preguntó entre dientes__ ¿Que haces tú aquí?, que cosa más rara ¿No?__ sin dejar las interrogaciones, continuó__ No podías esperar a vernos en casa, o es que llevas mucha marcha en el cuerpo y no sabes en que desgastarte.

__ He de hablar contigo urgente, y no me des largas porque estás en un lio bastante gordo. Le iba diciendo Narciso, excitado a la vez que Palmira lo arrastraba dulcemente de un brazo hacia el despacho que la jefa tenía al final de la bonita y sensual botica.
Se encerraron tras el ajustado acristalamiento, subió el tono ambiental de la música de toda la estancia y la mujer volvió a insistir de nuevo__ Tu dirás Nayim, a que se debe este privilegio tan desagradable.
Se acomodó tras la mesa de caoba y cruzó las piernas una sobre la otra, cuidando no enseñar mas muslo del que le permitía su escaso vestido. Esperando un imposible, y con cara de impaciencia, achuchó al marido para que acabara lo más rápido con aquellas escenas.
Sin ningún atenuante, sin contemplaciones Narciso, le asestó la noticia: Irene está muerta.
El anuncio le recorrió el cuerpo a Palmira, dejándola tibia y ajada.

__ ¿Has matado a Irene, verdad? __Preguntó con ojos desencajados y fuera de todo control.

__ ¡Que dices, mamarracho! Estás más loco de lo que pensaba. De donde sacas semejante atrocidad, eres mezquino como toda tu familia__ respondió Palmira, intentando mitigar el temblor de las dos piernas que descruzó para que volvieran a su estado natural. Pisando el suelo.

__ Te pregunto de nuevo y deja de mentir, que se te da muy mal ¡La has matado tú!

__ Pero a mi que me cuentas ¡coño! Si no la veo, desde quien sabe cuando.

__ Eres una embustera compulsiva y asesina. Ya me contarás que hacía tu lápiz de labios, junto a su lecho de muerte, pegado con el neceser que lleva tu nombre en letras de plata y los contenidos desparramados por su cama.

__ ¡Está muerta de verdad! __ Volvió a preguntar, con rencor__ No me engañas ¡Estás seguro! Quiero asegurarme, como sabes por motivos obvios, pero yo ¡no he participado! No te negaré que me alegro de ese hecho, pero yo no he tenido nada que ver.

__ Pues todo apunta a que tu sabes más de lo que dices, porque desde luego huellas has dejado que ni te cuento. Veremos como lo explicas a la Brigada, porque van a dar con nosotros fijo.

__ Has sido tan cabrón de no intentar traerte a casa, mis objetos personales, ¿los has dejado allí, para que me inculpen?, eres tan hijo puta que lo has hecho adrede. Con tanto que te he soportado en tantos años. Tantas infidelidades y tantos viajes de placer con tu puta ¡Sí con tu puta!

__ No podías dejar las cosas como estaban, ¡estás enferma Palmira! La has matado como a una perra__ dijo Nayim__ en su cama y además con tanta urgencia y tan poco preparado todo ese crimen, que te van a pillar a la primera de cambio.
De donde tus objetos de manicura en su casa, si ella contigo no tenía ni una palabra, ni además te aceptaba de ningún modo. ¿Por qué, estaban allí el pintalabios y los enseres de maquillaje? ¡Dímelo maleante!


__ Yo no tengo nada que ver! Te contaré, lo sucedido, si me dejas y no boceas más, que todo el mundo se ha de enterar.











1 comentarios:

Reinaldo De Jesús Páez Indabur dijo...

Un estilo ágil, vigoroso, lleno de vida y realidad. Me encanta leer cosas así.

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