martes, 10 de septiembre de 2013

El wáter Cósmico _suministros_



Viene del Capítulo Anterior: _Arreos

Entrega del capítulo: El wáter cósmico_ suministros

Rosalía entraba por la puerta del hotel, vestida con un claro modelo de Balenciaga y con unos zapatos de tacón de Yves Saint Laurent; desde los cuales era preciso tomar un paracaídas para bajarse de ellos. Un cierto aire de misterio y un cuerpazo tirando a voluptuoso y atlético. La joven Rosalía era brigada especial de las huestes voluntarias de la ciudad y compaginaba el apoyo a los demás con un ejercicio digno de la mejor de las gimnastas, sin perder la feminidad de hembra  estupenda y cuidada.


Su cabello entre moreno y cetrino teñido, daba porte de la buena asesora que era para su benefactora: Doña Glenda, a la cual servía como consejera en los negocios y en los asuntos de organizaciones de bienestar social. Aparte de actos de secretaría y de mediadora que desenvolvía en pro de las tantas causas personales íntimas e, intransferibles que llevaban a cabo y en el mas estricto secreto.
La guapa mujer llegó a la recepción del Princess con un bamboleo digno de la mejor modelo europea, tambaleándose a propósito para mostrar su delicado paseo, su contorneo estructural y el porte de su enjundia divina. Infringiendo las leyes de la naturaleza y merodeando con el modelito de su cuerpo por el largo pasillo que existe entre la bienvenida del hotel hasta la recepción.

Alivio constituyente para los clientes que esperaban despistados sin imaginar tal presencia que insurrecta acaparó el hall; ya que los allí presentes tuvieron que mirar a la bella Rosalía, que aparecía en escena en aquel recinto, yendo a depositar sus desnudos brazos sobre el mostrador de atención al cliente y anunciar su presencia. Mientras su esqueleto hizo un recorte que dejó pálidos a los que la observaban.
Los empleados al anunciarse, y reaccionar al perfume que dejaba Rosalía, la dirigieron amablemente hasta la segunda planta en la suite 202, que es donde se alojaba Ángel, sin imaginar el talante que portaba su amiga.
El timbre de la puerta sonó y al abrir, apareció una preciosa dama, que miraba con una contemplación de lo más chic y que olía a un bálsamo de los que atraen hasta dejarte deshecho por esos efluvios maravillosos del olfato. Unas pestañas colocadas ex profeso para destacar de entre las más admirables, demostrando unos ojazos negros, que con el swing de su cabello, dejaba titilante a cualquier humano masculino.

En cuanto recuperó la respiración Ángel despidió al botones del hotel, con un billete de cinco euros, que entregó disimuladamente y éste recogió con galanura, haciéndole reverencia a Rosalía, para que entrara en la suite 202, quedando la puerta cerrada a cal y canto, frente al acomodador de la planta, con el cartelito de: No molestar - No Distrurb Please.


Después del coito y la cópula que mantuvieron durante aquellas frenéticas horas, Elisa y Javier, estaban exhaustos sobre la cama, perfectamente despojados de indumentarias y de secretos y sin prisas por desenredarse de esa faena sexual que conlleva un buen polvo.
Elisa, intrigada por las llamadas que Javier había hecho, quiso sacar provecho y conocimiento de cómo se las arreglaba aquel hombre en su día cotidiano, preguntando directamente y de la forma más directa posible como lo haría una portera a su vecina; sin preámbulos ni mandangas.
_ Te pone los cuernos cada vez que quiere: ¿verdad? _ Preguntó Elisa mirándole a los ojos a Javier, para saber si mentía.
_ ¿Crees que soy un cornudo? ¿De esos tipos que se dejan domeñar por la primera tía que aparece?_ respondió bajando los ojos a la altura del pubis de Elvira y poniéndole sobre él, su mano torpe para acariciarlo.
_ ¡Tú sabrás! Le has llamado que yo sepa por lo menos dos veces, y como no estaba has optado por telefonear a la de repuesto, que esta otra mujer, ha de estar cerca de aquí, por lo que te he escuchado decías.
_ No es así. He llamado a mi mujer en Zaragoza, que se ha quedado con mi hija de cinco años, pero hace ya un tiempo estamos viviendo separados. Solo quería saber cómo estaba Estela, mi niña que es la que me importa. De la madre, Jimena, no quiero ni agua. Que haga su vida y nos deje en paz_. Replicó Javier con resignación_, sin embargo siguió diciendo_. Procura la muy… y con malas artes, separarme de mi Estelita, sin conseguirlo de momento.
_ Mal negocio, cuando pasan esas cosas, los críos son los que pagan los platos rotos, y crecen con desamor, sufriendo por los malos tratos de la pareja, que sin pretenderlo a veces, se aprovechan de esa coyuntura, para hacerse mas daño si cabe. Usados como moneda de cambio, siendo ellos los niños, los que lo sufren en sus emociones, sin justificación que valga_, dijo Elisa con algo de pena a la vez que se miraba a su desnudo amigo, que yacía con ella en la pitra_. Sin dejar que respondiera, siguió interrogando, con voz seductora_, ella es extranjera, ¿verdad?
_ ¡Como lo has adivinado! _ Espetó Javier, en un gesto de inesperada sorpresa_ ¡Sí! Nos conocimos por mediación de una prima hermana, que reside en México. Nos presentó en uno de los viajes que hice por la antigua empresa donde trabajaba_, siguió argumentando, cubriendo un poco la desnudez completa de su compañera de catre y dejando de acariciarle el sexo_. Vendía toda clase de componentes y carburantes, y fue al fundar las oficinas en su país, cuando inauguramos el negocio con los intermediarios mexicanos_. Inició entonces una larga ilustración para dejar conforme a su amiga, que interesada escuchaba sin estorbos.
_Mi prima; Martina siempre ha sido un trasto, pero una tía que además de guapa es legal y no engaña a nadie. Decidió que su vida la hacía lejos de sus padres y hermanos y se marchó para Estados Unidos, como le fue imposible entrar en el país, se instaló pues donde pudo, bien cerca para volver a hacer intentos mas adelante.

Al final del cuento se quedó en México y tras dar más tumbos que una peonza, se colocó en una firma muy conocida del país dedicada a las cafeterías, cantinas, tabernas. Se situó en la cadena de restaurantes Walmart y era compañera de Jimena. Una noche que esperaba a Martina para salir a tomar unos tequilas, me la presentó, salimos los tres y a la vuelta cuando estaba medio tomado y más caliente que el cazo de un churrero, con sus artimañas, me metió en su cama y me sedujo como a un poseso. Tenía ejerce en hacerte perder el “oremos”. Enseguida congeniamos, se abrió de patas y todo era permisible con ella. Notó mi falta de costumbre con las mujeres y debió pensar: ¡este tío es bobo! Haré de él un fantoche; lo que se me antoje, nada más que enseñándole el chumino, o haciéndole una felación lo tendré a mis pies. ¡Este tío es para Jimena! y ¡Así fue!
Ella, lo tramó todo, quería conseguirlo y me engatusó, con lo que ya; la traje para España, en contra de la opinión de Martina, que me dijo clara y contundente: para follar, para un polvo y un revolcón ¡vale!, para ¡nada más! Nunca para cónyuge, y menos traerla como novia. Alertando a mi juicio para que no lo hiciera. No le hice el menor de los casos. Ya sabes lo que es la mierda de encoñarse y no ver más allá de los huevos.
Conmigo aterrizó y cuando nos vieron arribar en Zaragoza, mi familia, se quedó como Edith, la esposa de Lot al huir de Sodoma, como una imágen de sal. Tuvieron disgusto, ya que la novia, la mía de toda la vida, se quedó compuesta y nuestras familias se disgustaron. Fue uno de los peores tormentos que le he dado a mi gente, que yo recuerde.
La metí en casa, y al principio, con mis padres todo parecía ser de maravilla. A pesar de que no la tragaban, ella se hacía la buena mujer y la honrada, por lo que dieron su brazo a torcer y la aceptaron como una más de la familia, la orientaron en el negocio de la ferretería, como ayudante en la tienda, despachando poco a poco aprendió la forma y con su agrado que cuando quiere lo tiene, se ganaba a la gente, además de a mi propio padre, hasta que nos casamos. Entonces al verse la muy puta afincada en el seno familiar y segura, con papeles, con el cariño de los míos.

Es cuando comenzó a hacer de las suyas. Desaparecía dinero del cajón y nadie sabía quién podía ser. ¡Sí lo sabíamos!, pero no nos lo queríamos creer. Lo enviaba a México a su familia a su comunidad azteca, cerca del estado de Nayarit. Vinieron familiares suyos a Zaragoza y pensaban que esto era la panacea, todos trataban de exprimir a mis padres y amigos y ellos, sin dar un palo al agua. Hasta que se quedó en estado. Nunca sabremos bien, si de mi cosecha o de tantos y tantos primos cercanos que llegaron a verla y a complacerla.
No era mujer de un solo hombre y un día mientras nuestra hija berreaba como una loca del hambre que pasaba, la pillé jodiendo con un emparentado de su etnia que echados como bestias en mi cama retozaban sin perjuicios; borracha perdida disfrutaba de un casquete, mientras la niña se desgañitaba. Después ya puedes imaginarte lo que sucedió. Malos modos, haciéndose la víctima, de juzgado en juzgado. Teniendo que demostrar cada palabra, cualquier acto, cada cuestión. Para llegar al sufrimiento que es compartir la tenencia de Estela, la custodia compartida_. Finalizó su larga exposición, no sin secarse una lágrima de sus cuencas.
_ ¿Y tus viejos, como lo han tomado? Por qué ellos, se hacen cargo de Estelita, mientras tu vas al trabajo ¿verdad?_ preguntó Elisa, ya enterada del episodio.
_ Con resignación. A mí no me dicen nada, pero les veo que sufren, por su nieta, por mí, por el futuro incierto. Por todo lo que se ha complicado mi vida personal. Todos estos problemas hacen ir dando tumbos por la complejidad que llevan y por los gastos que nos ha traído todo este comercio, sin contar con lo que aun nos queda por ver y resistir.

El teléfono de la habitación de Manuel García de la Serrana, sonaba con insistencia, en respuesta al mensaje que había dejado en el contestador automático de Mercedes tras haber recalado en el hotel Los Robles. Era la segunda llamada que Manuel hizo tras haber dejado a Natalio Rupérez con su tanto por ciento de consecuencia.



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