viernes, 13 de septiembre de 2013

El wáter cósmico _ recelos_


Viene del Capítulo Anterior: _Suministros

Entrega del capítulo: El wáter cósmico_ recelos



Imaginó súbitamente en aquel preciso instante, quien estaba al otro lado del auricular; antes de levantar el aparato le sobrevino fugaz la figura de su ex mujer: Mercedes Piedra Roqueta, la fiscal de Vinaroz, que a pesar de estar separados mantenían una relación educada. Habían olvidado a la fuerza, la tragedia del fin de su matrimonio, sus ilusiones, el cariño y sobre todo se había esfumado la cantidad de planes maravillosos que Mercedes y Manuel habían forjado en un pretérito pasado no lejano. Su amor; la pasión de Mercedes había desaparecido de la noche a la mañana, dejando a Manuel sumido en un mundo irreal, que él trataba de superar.

Agotando todas las posibilidades por tratar de recomponer su existencia sentimental, con la joven de toda la vida, su novia de juventud, la chica que le bebía el seso. Aquella que se dejaba besar a hurtadillas en el portal de su casa, que huía de las calles alumbradas para poder recibir las caricias de Manolo por toda su topografía corporal. La misma que le pedía en susurros la hiciera feliz poseyéndola y penetrándola sin zarandajas bajo la luz de la luna o; en el propio Renault 4 que conducía Mercedes.

 Se agotó el amor y Mercedes le dio puerta, había perdido la atracción y el deseo, por su esposo, con el que apenas hacía tres años llegó a celebrar una boda de película, donde todo parecía iba a durar mientras vivieran. El ansia de toda jovencita que se precie, la pareja ideal para encuadernar en el recuerdo, la mujer que solícita bebía los aires de su amado y en los colores de la cara, se reflejaba los benéficos matices de la pasión de un sexo desmedido, del fragor de las noches locas interminables donde se confundía el regodeo con sueño y los milagros con la vitalidad erótica

 Hubo otros motivos deshonestos que ayudaron también a que se diluyera ese lazo, que ella por no querer airear los hechos, debido a la repercusión que tendría en su ascendente carrera y por cobardía finalizaron en una separación inesperada. Mercedes, toda una fiscal de la jurisprudencia, una mujer de leyes, una abogada del Estado, una representante de postín, una legisladora equilibrada y defensora de la licitud, guapa y elegante, falló por deshacer su nido.

Venida de una familia arrogante de pueblo, descendiente de gentes engreídas y no siendo de alto abolengo; sí; se las catalogaba de medio pelo. Gente adinerada gracias a los desmanes y negocios oscuros que trajo la guerra civil, y con unas pretensiones de merecer elevadas. Muy respetadas por el miedo que otorga el poder, pero poco queridas por sus vecinos y conocidos.

Llegó a la conclusión de que no amaba a Manolo, que había fallecido el amor, porque se prendió de un profesor de la universidad de Valencia, que le daba clases de Derecho Civil, más notable, afamado y sobre todo con más prestigio mediático y adinerado que Manolo, con posibilidades de llegar a uno de los Ministerios del gobierno y con menos necesidad de dar explicaciones, ni justificar ausencias y retrasos nocturnos.

Detalles que sumados a la trayectoria de la nueva fiscal de una ciudad cercana a Castellón, desnivelaban la balanza en contra de Manuel García de la Serrana, vendedor del wáter cósmico.

 

Levantó el teléfono y aún y sabiendo quien era preguntó con voz obsequio_: ¿Necesita una experiencia nueva en su lavabo? ¡Dígame si es así!
_ Manolo soy Merche, Veo que has llegado a Managua, que tal ¿buen viaje?
_ ¡Sí!  Ha sido un viaje estupendo, no nos ha faltado de nada y no hemos notado a parte de las horas de avión, que si bien estás un tanto preso;  la necesidad de salir pitando_ aventuró Manuel.
_ Gracias por llamar, tú tan atento como siempre_ afirmó Mercedes con educación legislativa_. Que todo te vaya muy bien y que vendas mucho. Te dejo que tengo mañana un juicio muy importante y aun no he preparado nada de la vista_, ultimaba la fiscal.
_ Venga, señora fiscal ¡adiós!, que todo te salga bien y que no te condenen los ángeles celestiales por tus prisas de siempre_ recortó  Manolo muy guasón su falta de tacto y la forma de expresión, lanzando una interpelación directa a la ex legítima_ Por cierto señora fiscal_: ¿Cómo llevas el tema de nuestro divorcio? Que no se retrase más allá de lo normal,  sabes que tengo ganas de sacarme de encima este asunto para dejar de pensar en ti, lo antes que pueda. Dice mi abogado que estás dando largas a los detalles y eso no creo sea propio, ni de tu honorable familia_, concluyó con énfasis su invocación.
_ ¿Tantas ganas tienes de llegar al punto y final? _ pregunto Mercedes, no sin molestarse por tanta exigencia.
_ Más prisa que la que tuviste tú por engañarme con el futuro Ministro. Sabes que gracias a Dios_, continuó Manolo disfrutando con sus palabras_, has sido un fallo sentimental, un percance en mi vida, que debo corregir y cuanto antes reponga el desliz; cuanto antes te sustituya por una mujer como debe ser, mejor quedará mi espíritu y no digamos mi cuerpo_. Sin dejarla continuar y antes de colgarle el aparato: alegó_. Te dejo, atiendas tu juicio de mañana y que tenga suerte el encausado, lo mismo paga los platos rotos de esta conversación.

Al dejar el teléfono, suspiró con dureza y con asco, tan solo el recuerdo de su figura, todo lo mal querido que fue y la desvergüenza de alguien que no tiene ni sentimientos ni dignidad le producían urgencia de olvido.

Tan solo tardó unos segundos en dejar ese capítulo de su inmediato pasado en fuera de juego, debía resarcirse con algo que le produjera satisfacción y anhelo y se acercó a su agenda para buscar algo que el sabia tenía aislado en su billetero, junto al compartimento de las fotos, donde al colocar la cartera en el bolsillo de su chaqueta, toca directo al corazón. Buscó fácil y preciso una dirección y un teléfono, que junto a una foto aguardaban entrar en ese trance de jugada maestra. Miró la foto con cariño y leyó los dígitos del número, que marcó seguidamente desde el supletorio de la mesilla de noche de la habitación. Mientras escuchaba el sonido de la marcación, miro de soslayo su reloj y comprendió que la hora era completamente inadecuada, sin embargo, aguantó que los sonidos cantaran una y otra vez hasta que una voz agradable y anestesiada decía_: ¡bueno, quien es!
_ ¡Hola! Sé que no son horas, pero no he podido aguantar ¡Soy Manuel!  He llegado a Managua y quería que lo supieras.
_ ¡Hola pajarito, ¿qué tal fue ese trayecto, hasta esta linda tierra? ¡Como os va! Recién soñaba con vos, y me extrañaba no dierais señal de arribo. Me encantó saludaros. ¿Dónde paráis a estas horas?
_ Estoy en el Hotel Los Robles, cerca de la zona residencial Los Parques de Altamira_ anunció Manuel, leyendo su folleto de inscripción
_ ¡Sí, conozco el sitio! estupendo lugar para una estancia de ensueño, digna de un experto vendedor, desde donde puede trasladarse en condiciones optimas por la ciudad; pero ahora es muy tarde y yo no estoy en condiciones de poder ir a verte. Comprende colibrí, dale tiempo a esta pajarita para que sosiegue sus ganas de abrazarte y quedamos mañana a la hora que más te convenga.

_ Por supuesto, ¡claro! No debí haber llamado a estas horas, perdona fue el impulso y la reacción de que supieras que estoy aquí_ esperó un par de segundos a ver los reproches que aducía Mechthild, que no llegaron y continuó_: son tantas las ganas que tengo de conocerte, que mi impulso ha sido superior a mi educación_. Se reprochó Manuel nervioso.

_ ¡Ah… no pasa nada!, lo único, fue que acá en estas horas dormimos, pero mañana nos vemos y nos saludamos. Te llamo después de salir de la oficina, y quedamos un ratito, nos vemos, y solucionado_, dijo la señora, sin el más mínimo enfado ni reproche.

_ Entonces hasta mañana pajarita_ se despidió nombrándola con el pseudónimo con que la conoció Manuel_, colgando el teléfono, con pocas ganas. Hubiese estado casi toda la noche charlando, como normalmente hacían desde hacía unos meses, cuando se conocieron en aquel foro de despistados. En las noches que no dormía, por los problemas acaecidos en su matrimonio y el desdén de Mercedes con el profesor que le daba clases de Derecho Civil. 
 

Fue una noche de desconcierto, que por casualidad, Manuel harto de esperar a su esposa Mercedes y con los nervios a flor de piel, entró en una web de amigos internacional, por la vía castellana, creyendo podría detenerse y despejarse en una de esas audiencias agrupadas, que todo lo critican, todo lo pueden y además son superiores a las fuerzas naturales porque se abastecen solos de cuanto necesitan, ya sea una taladradora para hoyos en el mar, como una aspirina para los más indulgentes de los desgraciados con dolor de cabeza.

Allí estaba: Pajarita, esperando a que alguien le diera conversación y vela en aquel encuentro. “Chispa” pseudónimo de Manuel García de la Serrana, la saludó aquella madrugada, sin demasiadas perspectivas ni ilusiones. El destino, la suerte o quizás el desaliento que ambos poseían por el barbecho que habían tomado sus vidas, remó porque aquel encuentro se sucediera con más asiduidad de lo especulado por ellos. Haciendo del uso de tratarse un frecuente denominador el cual al cabo de los meses, franqueó cierta confianza para poder tratarse.

 
Continuará

To be continued

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