martes, 11 de febrero de 2014

Tremendos calçots



El encuentro como de costumbre a las 7:30 Pm,  en la parada del bus de plaza Cataluña. El personal se arremolina unos más puntuales que otros a la espera del convoy que les ha de transportar al destino elegido para pasar el día de holganza. Este destino culinario a base de “calçots”, no es otro que el bar restaurante “L’Escalivada” en la zona del tarraconense del polígono industrial de Riu Clar.

En esta ocasión dos autocares, más de cien personas. Demasiadas para mi gusto, por aquello de las aglomeraciones, de las intervenciones imprevistas, de las prisas caprichosas y por la poca urbanidad de según qué personas que no tienen paciencia y creen que solo ellos son los que merecen un trato particular, ignorando a los que guardan su turno y respetan al prójimo. Además de la incomodidad de tener que visitar los mismos lugares, con la imposibilidad de hacerlo todos a la vez, por aquello del espacio y del tiempo. Multitudes sobradas que se ha de sufrir en estas ocasiones. Dos guías, dos modos, dos opciones, dos de todo…
No es que no sea bueno, ni inviable. Simplemente, que la película es muy diferente para cada uno de los autocares, no se pueden compartir las mismas vivencias, no se cuece la misma enjundia entre comentarios, no se aprecia por motivos obvios aquel compromiso del conjunto de la gente. Ya no digamos a la hora de las compras, el segundo autocar se queda sin atalajes porque el primero ha comprado todo y agota las existencias a los que vienen detrás.

Pero la ilusión tampoco se pierde por estos pequeños detalles que suelen pasar desapercibidos y todo sigue su marcha por las carreteras de un domingo de febrero, adormecidas, casi desérticas por las previsiones adelantadas desde el instituto meteorológico del país, que nos dieron previsiones muy adversas a lo que después deparó el día soleado y poco ventoso, el frio no existió y nos respetó la climatología de verdad. La alegría desbordante como es habitual y las risas desde la parte trasera del autocar nos llegaban a los que íbamos sumidos en una perenne escucha y disfrute de todo lo que se argumentaba.




Ya en ruta nuestro amigo Miguel Ángel, responsable del viaje del coche uno, con su agrado nos recibe y nos da la bienvenida, nos alecciona de los detalles históricos de de los lugares que visitaremos y nos engrosa el conocimiento con fechas, lugares, hechos históricos acaecidos de todos los recintos que habremos de recorrer.

El conductor del bus, Tomás, nos regala con un recorrido amplio antes de llegar al lugar donde vamos a repostar nuestros exigidos vientres, lo que significa que tomó un atajo erróneo y, dimos un rodeo maravilloso por el interior de algunas poblaciones que hacía muchos años que no visitábamos. Detalle este, que para nada molestó al personal pasajero puesto que todos íbamos inmersos en la música que ya hacía minutos sonaba y nos deleitaba de forma sublime. Sumándose a la buena temperatura de ánimo que todos llevábamos y que añadido a la simpatía de la buena gente y al agrado de muchos de los integrantes de la excursión, hacia interesante cualquier pensamiento y relajaba el espíritu.



Nuestra poetisa de la ruta,  la señora Marisol, no recitó a primera hora debido a una afonía en su garganta, que no le permitía dejarse escuchar y que más tarde con el paso del tiempo y con la estima de todos los que le atendemos nos declamó un par de poemas muy sentidos. Detalle que le agradecemos por el esfuerzo que realizó aún y a sabiendas que forzaba su propia faringe.


Recordando a Juan Carmona, amigo y poeta que este pasado diciembre nos abandonó tras una enfermedad traicionera, que se lo llevó tras no sé cuantas sesiones de quimio y radioterapia a lo largo de estos últimos años.

Desde la voz de nuestro “enterteinement” supimos donde nos ubicaríamos en el bar restaurante L’Escalivada, que sería sede del desayuno y del almuerzo. El número de mesa y quienes ocupaban dichas localidades, sin especificar los asientos, que se van ocupando a gogó_ cuantas carreras hacen algunos_, según van llegando los comensales, lo que a veces deja separados a personas que juntos hacen la expedición y no se acomodan juntos en la comida.

Una vez en el restaurant nos encontramos con el personal del bus número dos, que ellos habían llegado directamente sin perderse y,  ya ocupaban sus plazas, con un ruido estrepitoso con excesiva algarabía y una alegría rebosante que ellos dimanaban. A los recién llegados nos costó acomodarnos en nuestros distritos, por aquello que decimos, el bullicio, el descontrol y la guasa, pero ¡Sí!  Conseguimos sentarnos en los lugares que estaban libres dentro de las indicaciones que nos había ofrecido el speaker. Consumimos un buen desayuno, a base de embutidos y de traguitos de vino que sentaban bastante bien, dadas las horas y la buena voluntad que poníamos los que colocados frente a las torradas de pan de “payés” y la butifarra, desestimábamos todo aquello que era intrascendente.

Seguían las risotadas, el murmullo ensordecedor. Ya sabemos que los españoles, somos cojonudos para esto. Hacemos demasiado ruido en los lugares públicos. ¡Mucho! Tanto que por esos detalles también nos conocen.



Después a la hora de decir las verdades, igual  nos acojonamos y queremos enmascarar la realidad, o por intereses o vergüenza cínica, no somos capaces de exponer estos y otros conceptos. Con ello, los caraduras sacan partido. Por ello, como ustedes saben yo cronista, me debo a ustedes y por ello, aquí lo dejo para que cada uno, lo tome como quiera.


A lo dicho, hacemos demasiado jaleo. No lo pensamos y cada uno grita lo que puede, no hay falsa modestia y algunos disimulan pero no lo consiguen. Se nota a cien leguas quien es riguroso y evita no molestar a nadie y no hacer el ridículo.

Los pasillos entre mesas eran realmente estrechos, para ubicar los estómagos y barrigas de algunos y algunas de las excursionistas. ¡Buen provecho!  Así de bien saciaron los comensales el apetito con sus rebanadas de “pà i tomata” que no dejaron indiferente a nadie… pero que mandangas todos hacían lo que podían para entrar y salir a buscar aquello que necesitaban, o poder acceder a las plazas del excusado que debido al aforo estaban con el clásico overbooking. ¡Como lo pasamos! ¡Qué cachondeo!  ¡Qué alegría!  Para no olvidarlo el año que viene, menuda fiesta. Monumental. La gente, riendo y disfrutando a lo máximo que les daban sus mandíbulas, algo inaudito.


Después tocaba hacer tiempo, hasta la hora de los “Calçots”, donde fuese, y de la manera más practica posible, unos para el museo otros para la ermita. Lo que decíamos antes, no pudimos disfrutar de todo el ambiente de la gente por esos incordios de separarnos y mandarnos por grupos a los lugares, donde seguro hubiésemos reído a placer. Eso es lo que nos perdimos, que yo, lamento.



El tiempo a pesar de las prescripciones de la Agencia Estatal de Meteorología, fue muy bueno. No nos hizo demasiado frío, tan solo temperatura fresquita al llegar a la ermita de la “Mare de Deu de la Roca”_ Madre de Dios de la Roca_, en lo alto de una montaña de piedra cobriza, que no nos molestó en los pocos minutos que estuvimos allí en la cúspide, una vez vimos la cripta y el oratorio, algunos salieron y a otros les sirvió para invocar sus oraciones, y que las pudieran ejercer con total libertad y sin prisas. El resto, sentados por las piedras, esperaban a los creyentes a que saliesen y poder bajar a ver el Museo del vino, en Montbrió.

De lo sucedido en el bus número dos. Es imposible relatarlo porque no estábamos para hacernos eco.

Una bandada de estorninos cubría nuestras cabezas, y eso auguraba que la climatología debía cambiar en poco, lo que nos hizo bajar de la cumbre y dirigirnos por una carretera angosta hacia aquellos traguitos de vino, que nos esperaban impenitentes.



El mayordomo principal del Museo “Els Cups” nos esperaba para darnos explicaciones de todo lo que se agrupaba en aquella exposición, y de verdad que lo hizo con su impronta y su gracia, dejándonos deambular por todas las instalaciones y dándonos las pertinentes explicaciones. ¡Eso sí!  La famosa coca de “recapte”,  reputada en todo el pueblo no la pudimos comprar, porque la habían arrasado los que estuvieron antes que nosotros.  Los ocupantes del bus dos.
Ya una vez se probó la mistela, el vermut y el vinito del pueblo nos dieron la alerta que el autocar esperaba a la puerta para llevarnos de nuevo a l’Escalivada”,  bar restaurante de la zona Industrial de la antigua ciudad romana de Tarraco.



¡Menudo Chocho! No se asusten amigos, es una expresión para designar la alegría, el desorden, la charanga, la bacanal, que tenían los del bus más alegre de la excursión al entrar en el recinto. Los amigos del bus dos. ¡Olé! Por ellos, porque estoy seguro valía la pena ir a su lado y no perderse nada.  ¡Vaya meneo llevaban! que ruido tan absolutamente irracional, que risas, que abrazos, que empellones, que balanceos entre ellos, que gente más abierta y descabalgada. La franja de los decibelios permitida se superaba con creces, pero eso que importa cuando se pasa tan a lo bestia. Cualquiera les hacía sombra. Monumental y épico.



Los comedores y degustadores de la tan famosa comida catalana de los “Calçots” se pusieron las botas, y las manos negras de tanto cebollino a la brasa, mojada en salsa “Romesco”   Algunos, y créanme, parecía que no habían comido jamás de nada en su vida, que estaban hambrientos, que necesitaban berrear y meterse las cebollas desde lo alto de la frente hasta el propio gaznate.  Tejas llenas de calçots _ cebollas a la brasa_  iban llegando a las mesas, parecía que el mundo se finiquitaba aquella tarde.

A comer “calçots” a comer cordero, a comer de “tó…”  y que nos sorprenda la tarde con algún rumbón. Hubiesen cantado mis amigos los del “Gran Combo de Puerto Rico” y a fe de Dios, que hubiesen manifestado al final, el detalle de: “Señora no tiene aspirinas”.

Descoque y vanidad de algunos, que queriendo emular a los buenos tragaldabas, después se iban cagando en el autocar porque habían mezclado las cebollitas con las judías secas con butifarra y se iban prácticamente rilando por las esquinas. De hecho el amigo que me tocó de compañero en la parte izquierda de la mesa, me puso el pantalón azul marino perdido de cebollones, de salsa romesco, aceite y de carboncillo de las brasas, porque además de no llevar cuidado al comer, se limpiaba las manos donde le parecía. Tanto es que cuando me levanté de la mesa para ir a bailar, llevaba más manchas en la pernera izquierda que un envoltorio de pescado. ¡Ningún enfado! Amigos, se ha de disfrutar absolutamente de todo y de todos.



El baile, pues…   de aquella manera. La música amansa a las fieras. Tras haber comido como famélicos, creo no era la música más adecuada. Aún más ruido y más fervor para los exaltados. Tras las quejas de los tradicionales, pusieron algún que otro título de música bailable, y echamos en falta al showman que nos tenía que amenizar la sobremesa.
Realmente, hacía años no participaba de algo tan ruidoso, alegre, desenfadado, irresponsable, maravilloso, encantador y desquiciante. 

Aunque hubieron cosas mejorables, la gente suele pasarlo bomba con las ausencias de lo lícito, con las bromas pesadas, con los gestos bestiales y con el salirse de madre.
Gracias a Dios, todos llegamos sanos y salvos a casa, después de haber disfrutado de un día de asueto, con la risa en los labios y la alegría en el corazón.
¡Eso Sí!    …Con seguridad hoy aún están tomando bicarbonato los que se pasaron  comiendo Calçots y secas con butifarra y los que fueron más vergonzosos y timoratos, pensando en lo que podía haber sido y no fue.


martes, 4 de febrero de 2014

El wáter cósmico _Combinaciones_





Elvira ha sido una niña hermosa desde su infancia. Los padres la utilizaron de una forma incomprensible, sin reparar en lo que sería su futuro.
Comenzaron en su tierna edad a los cuatro meses, con sesiones fotográficas para la publicidad de bebés y siguieron después toda la clase de castings y de pasarelas. Dejando al lado las posibles ilusiones de niña y la cotidianeidad de lo que hubiese sido la vida de Elvira.

Cursos de primaria y secundaria inacabados, asignaturas pendientes ejercicios sin hacer, falta de puntualidad, absentismo escolar, ausencia de las tareas más comunes y necesarias en su periodo de aprendizaje. Todo lo que no procedía es lo que se veía obligada a realizar que derivaba de una profesión obligada y que interfería dentro de la vida de una chiquilla. Compartiendo viajes y desplazamientos, con sus deserciones a lo primordial, de su enseñanza, rutina ésta a la que la propia Elvira fue aceptando como natural, ya que no conocía otra, dejando paulatinamente los juegos infantiles, amiguitos del barrio y derivados de un crecimiento uniforme, dentro de una familia obsesionada por el glamur de la niña y por el dinero ganado fácilmente a costa de los hijos.

Tan solo conservaba el cariño por Robert, un joven de su edad que además de ser vecino suyo, se había ganado con su bondad y paciencia una amistad que ella llevaba algo más lejos y que siempre necesitaba. Una especie de atracción brutal que a ella le bendecía y confortaba. Un amor aparcado que desempolvaba cuando podía y que siempre que lo necesitaba, buscaba y hallaba. El punto de conexión con la normalidad, el equilibrio en su escenario natural. Robert era su referente físico real y corporal, la cordura tras tantas carreras, tantas prisas y tantas vicisitudes para agradar a productores y a divos de la Alta Costura.

Robert había acabado los estudios medios y se había colocado a trabajar en la droguería de sus padres en su ciudad natal Badalona, donde seguía a distancia los pasos de la ya, famosa modelo de ropa interior y complementos femeninos que viajaba por el mundo. El joven enamorado de la Elvira mujer, que ya pasaba y estaba aburrido de la irradiación que desprendía Elvira, en el plano profesional.

Aquella niña, vecina suya, la que tantas veces como pudo le había asegurado que no existía otro más que él. Se había transformado en un objeto de deseo, una mujer guapa y anhelada por todos y que esperaba que algún día volviera a su lado y comenzaran una vida en común fuera de los flashes, de los enredos y de esos viajes interminables que no tenían fin. Esperaba que en algún momento todo aquello finalizara y Elvira fuera la joven que él sabía era y que necesitaba cada día más.


Metchild estaba en plena jornada de trabajo, con todo el ajetreo que lleva la coordinación de los almacenes centrales de mercancías de una empresa puntera de Managua que suministraba artículos de oficina a todo su país. Ella como responsable de sección, no podía más que exigir se cumplieran los plazos establecidos dentro de su departamento, pero como mujer a menudo en aquella jornada su mente huía del trabajo y se escapaba junto a Manolo recién llegado a su Nicaragua querida en espera de saber de ella.

Metchild Sröeder nacida de padre alemán y madre Nicaragüense, educada desde el conflicto de Somoza en los Estados Unidos, es una mujer muy preparada que domina un par de idiomas y que además esta licenciada en Economía. Al finalizar su preparación en Boston volvió con su familia, aprovechando la coyuntura de su país en fase emergente dándose coincidencias profesionales para proporcionarle justo a su regreso un empleo muy interesante y con posibilidades amplias de prosperidad.

Una combinación perfecta del carácter ario. Estirpe homogénea con una gran amalgama de fenotipos, que la hacen fuerte y genéticamente rica, mezclada con la sangre y las huellas de la Acahual inca, proveniente por parte de madre, fusionan la personalidad de Metchild. Sangre teutona enraizada con la esencia de las montañas y lagos de centro América, hacían el carácter y de la personalidad de la señora Sröeder una hembra de mucha valía y con amplios valores humanos.

Su simpatía se hacía visible, sin ser empalagosa ni fácil, su educación natural y serena junto con la preparación recibida hacía de ella un encanto de persona, tan comedida como una sinfonía de Wagner, exacta.
Madre de un muchacho de quince años y que tenia estudiando en Canadá, fuera de las costumbres poco aconsejadas y tentadoras habidas en su contorno y que no beneficiaban  a ningún adolescente.
En el país todo estaba por hacer y los conflictos en las calles aun eran frecuentes, malas compañías, vicios juveniles y poco gobierno en la política para la preparación de nuevas generaciones.

Sabiéndose ella mujer sola, con un trabajo de esos que son estresantes, decidió desde el despunte de la infancia de René, que su hijo sería educado en una institución reconocida y sólida, como a ella le había permitido aprender todo lo necesario para su futuro y que a pesar de estar separado de él, valía la pena ese sacrificio en pos de su bien.

La madre para mitigar algo esa distancia, hacía viajes a menudo desde Managua a Montreal para recibir y entregar, aunque fuera en poca medida el calor de su hijo.

Metchild comenzaba a gozar ahora de la tranquilidad y el sosiego  tras haber pasado sus momentos de inquietud y de poca estabilidad. Había recién finalizado una relación un tanto difícil con Julen un guardaespaldas de uno de los políticos que están en la cresta de la ola en Nicaragua.

Su cercanía, amistad, y confianza con Manuel, y ese anhelo de conocerle en profundidad, hacía que viviera una etapa distinta y esperanzadora.
En uno de los respiros que el agobio del trabajo proporciona aprovechó para marcar el teléfono de Manolo.

_ Hola, ¡dígame! _ Respondía a la llamada sin mirar el display del teléfono.

_ ¿Manuel? _ Eres tú, soy Metchild, perdona la tardanza pero cuando quieres que las cosas vayan rápidas parece que se atascan en algún lugar.

_ ¡Hola guapa!, no padezcas. Sé que estás en tus horas laborales y eso lo entiendo a la perfección_ le respondió Manolo caballerosamente, con un alivio en su cuerpo, que no pudo contener a pesar de pasarle desapercibido a la comunicante, esperando continuara en su charla amistosa mostrando una atención cariñosa.

_ ¡No es eso! ¡Mira que rabia! Hoy pretendía fueran los líos habituales del departamento más suaves para poder idear la estrategia de encontrarnos de forma espectacular y todo se ha complicado. No sabes el enfado que llevo. Sin embargo no quiero retrasar más nuestro encuentro y hoy cenaremos juntos y veremos una comedia musical en el teatro Nacional Rubén Darío.

_ Es una buena idea y estoy encantado_ comentó convencido Manuel, imaginando como sería en verdad la estampa de Metchild, que tan solo conocía por foto y aún y con toda la tecnología, los medios de difusión de imágenes personales, él sabía que a las personas se les conoce cuando se les trata y la primera impresión es la que de alguna manera marca el desarrollo de lo que viene.

_ Pues no se hable más Pajarito_ con cariño calificó a Manolo_. Te llamo momentos antes de mi salida de la oficina y podemos quedar en el restaurant del Hotel los Robles, que es si no me equivoco donde te alojas y donde cenaremos, que está cerca a tan solo un paseo del teatro Rubén Darío_ ¿Te parece bien? preguntó a la vez que lo daba por hecho la guapa Metchild.
_ Por mi encantado, envíame un mensaje cuando salgas para estar preparado y te espero con impaciencia y muchas ganas de abrazarte.

_ ¡Bien papito! Hasta entonces.


El embarque de los sanitarios con destino a los tres países americanos: Costa Rica, Nicaragua y Perú partían del aeropuerto de Barajas en Madrid, una vez habían llegado por carretera desde las instalaciones fabriles radicadas en Malpica, una zona industrial a las afueras de la ciudad de Ebro. Tal y como habían previsto desde el departamento de Logística de la empresa Schissen Lecker, al mismo tiempo que  viajaban hacia Tacna los tres administradores de la firma de sanitarios. Natalio, Jürgen y Angüela.

Un viaje que surgió por capricho de Natalio y como control hacia Ángel de la Rosa que era la guinda que molestaba al directivo por motivos muy personales.
A última hora y como excusa para el viaje, inmiscuyó a Jürgen Otto y a su mujer Angüela Kronen Muller, delegada de distribución y a su vez esposa del director de Ventas.

Máximo responsable de la aventura americana y garante distinguido del Kosmiche Wasser frente a la Casa Matriz Schissen Lecker en Alemania con el control de la expansión del mercado en la zona americana.

Motivos irrelevantes e injustificables que querían argumentar para la necesidad del viaje de los tres ejecutivos, por ciertos desordenes mercantiles que los responsables creían ver en uno de los vendedores que debían abrir brecha en la zona y que dadas unas extrañas diferencias entre Natalio y Ángel de la Rosa, futuro yerno suyo que se ausentaba de Zaragoza para liderar ventas en la ciudad de Tacna, cuando su enlace matrimonial con su propia hija estaba prevista en menos de dos meses.


Javier había recibido en sus indicaciones que los accesorios y sanitarios los tenía dispuestos en uno de los hangares de aeropuerto de Juan Santamaría en la capital Costarricense y que desde allí los llevaban  a las instalaciones que la empresa había reservado cerca de la capital Tica.   

Disposiciones que la firma de wáteres necesitaba para su acopio y entrega, aparte de otros menesteres que surgirían del propio negocio como oficinas, puntos de distribución, demostraciones a mayoristas y personal representante, servicios de atención a los industriales de la zona y demás cuestiones derivadas de las ventas del producto.
Por lo que sin demora puso un aviso a Sor Marianela de las Vírgenes Puras, para llevar rápidamente su primera demostración en el convento de las madres Trinitarias  que se encuentra en el centro de San José.

Elvira ya estaba dispuesta a viajar a Cartago, después de haber pasado la noche de sexo con su ya, amigo Javier que sin duda con la primera demostración y con el trasiego del recibo de los sanitarios en breve, se había descabalgado o por lo menos aminorado sus artes amatorias.
La guapa modelo ya llevaba el camino de Cartago. Aquella mañana salió del apartamento de Javier tras haber pasado una noche a todo gas. Habiendo disfrutado como le apetecía de la vida y de la compañía de los hombres, que a ella les encaprichaba. Olvidando de pleno a Robert, que a buen seguro estaba despachando pintura y disolventes en la droguería familiar, en el corazón del barrio de la Salud de Badalona, esperando se hiciera efectivo el abandono al que lo tenía sometido.
Javier la había llevado al enlace de transporte donde tomó un bus que la llevaría directamente a la ciudad donde tenía que realizar su demostración, con el desfile de prendas intimas femeninas  de Women’s signos incites, de la colección Every body for Women.


Los tres directivos de la Schissen Lecker habían abordado sus acomodos en el avión. Un Airbus grandioso que les llevaría directamente a Lima, y desde el propio aeropuerto, harían transbordo a otra nave más reducida que les acercaría a Tacna. Aprovechando una oferta de la Agencia Masqueviatges que es la empresa turística que les gestiona los pasajes a todos los empleados de la compañía de sanitarios.

Angüela Kronen Muller Ruiz, hija de un alemán y de una española emigrada desde Calahorra, en la provincia de Logroño, en los años treinta del siglo pasado, poco antes de la segunda guerra mundial, era una mujer valiente  y arriesgada, que mantenía su matrimonio por conveniencia. Se había emparentado con Jürgen Otto, director de ventas y ejecutivo muy influyente dentro de la firma de sanitarios, tras una ruptura con su primer marido. Un médico reconocido de Múnich que tenía una clínica donde atendía a sus clientas adineradas estirándoles la piel y dejándolas más jóvenes.


to be continued



miércoles, 29 de enero de 2014

Inmigración y sociedad


La conferencia ofrecida el día lunes 27 de enero, por el profesor Jordi Balcells en la Sala de Actos de Can Massallera fue significativa y fructuosa, dados los parámetros que utilizó de veracidad y basados en unas cifras inapelables que demuestran a las claras que no existe política de Inmigración.

El amplio coloquio lo fragmentó en tres apartados o grupos;  el primero que abordó fue el Macro económico, seguidamente Inmigración y el último fue Objetivos. Todos ellos satisfechos con ejemplos, documentados con definiciones, citas, fragmentos reales y ampliamente descriptivos.

Citando a Maslow _ Autor de la teoría psicológica denominada: Jerarquía de las necesidades de Maslow, una hipótesis o creencia sobre la motivación humana_. Aduciendo que el “género humano” avanza en su desarrollo y se abre paso desde el conflicto como forma de transformación.

El ser humano admite_ dijo convencido y de forma literal subrayándolo_: “Si no tengo algo que ganar, no ayudo”. Si la raza humana fuese más solidaria estos problemas que se suceden sobre la comprensión y el apoyo entre seres de la misma especie no pasarían.
Dado que la economía estaría más equilibrada y el reparto de ocupación mejor distribuido para todos aquellos que quisieran aprovecharlo.


Siguió argumentando_ La parte emocional de cada ser vivo no tiene barreras, los mensajes que recibimos mediante la publicidad en los medios de comunicación sobre sexo, lujo, bienestar. Los relacionamos emocionalmente con el éxito.

En otro punto de su disertación y haciéndose eco sobre documentación visual, con fotos e imágenes nos transportó a una realidad oculta para el gran público y nos explicó ampliamente como funcionan esas “Mafias” que trafican con personas. Como y de qué forma embaucan a las jóvenes de otros lugares, las reportan de forma inhumana para acabar prostituyéndolas en el llamado Primer Mundo.

Con la consecuencia de la crisis_ apuntó_, la gente de aquí se ha visto en la necesidad de agarrarse a lo que fuera y muchos de los inmigrantes que hasta entonces hacían el trabajo que nadie quería se han encontrado sin nada. Pasando frustración y calamidades, teniendo que volver a sus países de origen en muchos casos.
Profesor Jordi Balcells


El profesor Balcells expresó con preocupación_ tenemos una amenaza de cara al futuro_ refiriéndose a todo el desliz que traerán todos estos inconvenientes.


Desglosó en el punto segundo a la Inmigración en dos vertientes: Drama y Guerra y la segunda en Superar Necesidades. Comentando las estrategias de los países poderosos con relación a los del Oriente Medio por la posesión del petróleo y por los conflictos que en la mayoría de los casos son por políticas económicas.

Refiriéndose a nosotros, comentó_ Somos un país fabricado por la unión de razas diferentes_, por lo tanto continuó exponiendo_. Deberíamos saber actuar con los inmigrantes puesto que muchos de nosotros también lo fuimos en su época y, estamos en la tesitura de volverlo a ser de nuevo.  Describiendo a muchos de los universitarios que han de emigrar para hallar un trabajo cualificado, tras finalizar sus estudios.


_ El dinero tiene más valor que las personas. Nos recalcó tras varios ejemplos que nos confirió de sus propias vivencias y de otros que son de amplio dominio.

_ Europa valora cada vez más al inmigrante cualificado_, apuntó en su manifestación de defensa a la necesidad del conocimiento “acknowledge” y la preparación de las personas para defender con garantía un puesto de trabajo.

_ Tenemos un valor intangible que se ha de canalizar para que aporte frutos. Estamos obligados a crear futuro y eso está en las manos de los que estén mejor preparados_ Afirmó convencido y transmitiendo subliminalmente el mensaje a los presentes.


Abordó el tema de la persuasión. El saber generar necesidad de futuro en nuestros descendientes. La convicción trasladada a nuestros hijos para su preparación académica en pro de sus consecuciones a corto medio plazo, en sus propios destinos. Dónde hizo hincapié en que la diferencia entre los que llegan y finalizan sus estudios y los que abandonan su preparación antes de concluirla, radicaba normalmente en los padres. Aquellos que apoyan, les escuchan, aconsejan y les hacen rodearse de unos principios que ellos mismos ya practican.

_ Evaluemos antes para intentar evaluar a los demás_ Anunció sin ambages y con clara convicción mirando al patio de butacas.


_ Hagamos cosas difíciles, pero posibles_ Actuando dentro del nivel de compromiso de cada cual, con metas que no sean fáciles, pero ¡Sí! Realizables.

Interactuó  con el ingenio de los presentes de forma elegante y demostró que “jugando con nuestros hijos” con nuestros semejantes, y entendiendo el verbo “jugar” no como vicio, si no como instrumento vehicular se establecen modos de aprendizaje.

Tras narrar un par de anécdotas que venían perfectamente al caso nos volvió a ubicar dentro del pensamiento y de la gente ganadora.
Formas positivas para con la  aptitud.

_Ninguno somos inferiores_ apuntó  refiriéndose a las razas y a las personas_ Ayudémonos y sepamos crear sensibilidad hacia la inmigración.

Las preguntas de los asistentes y las respuestas del profesor Jordi Balcells, dieron paso a la finalización del coloquio.











domingo, 26 de enero de 2014

La chica Jamón


Estaba despistado en su domicilio aquel martes de verano, lo más probable perdiendo el tiempo como solía hacer cuando las gestiones no le acuciaban…  y mira por donde fue a sonar el timbre cuando pasaba precisamente frente al taquillón donde está situado el auricular del teléfono en la segunda planta de la amplia casa del barrio medieval.

Lo dejó sonar cuatro veces y levantó el teléfono, sin saber quien llamaba, puesto que ese dispositivo es analógico y carece de la ventanilla avisadora de admisión. Por lo qué,  si lo levantas, puedes comerte el “marrón” de alguien que quiere ofrecerte un plan mejor en el suministro del gas, o que has sido elegido para viajar al país de tus sueños siempre que te dejes enredar y estafar por módicas cantidades de dinero invertidas en tal o cual negocio.

_ Hola soy Eva, ¡buenos días!

Su voz domesticadora entró por su oído y lo turbó. No sabía bien que decir, porque ese timbre es exacto al de Marilú Benítez, una presentadora de la televisión nacional, que se cree una diva.
Por lo que no pudo, sin saber bien quién era, cortar la conversación y mandarla a “freír monos”, como hacía en todas las ocasiones que le intentaban vender humo.

_ ¿Quién eres? ¿Puedes repetir por favor? _ Inquirió el receptor de la llamada, con voz de extrañeza.

_ ¿Eres Erwin Molowny? _  Volvió a preguntar Eva, sin hacer caso a la última interrogación que le hacían_  ¡Sí yo soy  el mismo! , pero tú ¿quién eres?

_ Soy Eva, y te insto a que me escuches y no cuelgues el teléfono, como sueles hacer con todos los que intentamos hacerte feliz.

_ Bueno pero este descaro, ¡es inaudito! Como te atreves a tanto, con tan poco_ Mientras Erwin, pensaba donde había escuchado esa voz hermosísima que le llevaba a seguir oyendo para descubrir su procedencia.

_ Mira Erwin, ¿Me dejas que te explique con calma, sin nervios, ni engaños el motivo por el que te llamo?

_ ¡Hazlo, pero antes dime ¿Quién eres?!  ¡Y desde donde llamas!
_ Me llamo Eva y soy de Arco Iris, el mejor secadero de embutidos de Aragón. Desde donde te voy a enviar un jamón cojonudo de bodega para que lo pruebes, y encima me llames para darme las gracias, por haberme acordado de ti.
Sin contar con el regalo que te voy a hacer por caerme bien.
Un par de piezas de lomo de cerdo y un chorizo que cuando te lo comas te vas a chupar los dedos.
Tan solo por el módico precio de ciento diecinueve euros si lo pagas con tarjeta de crédito y,  ciento veinticinco si lo haces contra reembolso. Eso ¡Sí! Jamón como ¡este! tú Erwin, no has probado jamás, y cuando lo hagas notarás la diferencia. Lo agradecerás_. Acabó la larga exposición Eva, sin ser interrumpida por Erwin, que seguía intentado ir más allá de donde le transportaba la voz atrayente.

_ Mira Eva creo, que…  _ y fue detenido de nuevo con aquella voz seductora, que necesitaba escuchar para recordar de donde provenía.

_ ¡No me engañes y se sincero! ¡Es que no te gustan los sucesos asombrosos! Los buenos manjares, los coches grandes, las ideas geniales, los anchos caminos, los buenos romances, las mujeres bellas, ¡el buen jamón!

_ ¡Oye tu quien eres!  ¡¿Te conozco verdad?!
La voz tórrida volviendo al principio y ofreciendo lo que ella transfería, le brindó de nuevo la oportunidad de saborear un delicioso manjar, sin miramientos ni mentiras, de un modo muy llano y con claridad meridiana. Conciso, si lo quieres lo pagas.

_ Erwin ¿Te gusta el jamón? ¡El buen jamón! No los sucedáneos.
_ ¡Sí! ¡Claro que me gusta! Por supuesto, me encanta.
_ Estabas pensando en comprar uno, bien seco y jugoso, para disfrutarlo con tus amigos y en soledad, durante estas vacaciones, ¿Verdad?
_ Pero tú, como sabes eso, creo que no nos conocemos, ¿Quién te lo ha dicho?
_ Erwin por favor, sigue mi voz y no te arrepentirás, claro que nos conocemos, yo soy Eva y tú eres Erwin. Hace unos minutos estamos conversando y te ofrezco personalmente, un producto estrella, que no vas a rechazar.
Prefieres el lomo y el chorizo que va en el lote o quizás, quieres cambiarlo por salchichón y morcillas. Es la otra opción que brindamos a los buenos clientes como es tu caso.
_ Prefiero, el chorizo y el lomo, si son jugosos y de la zona turolense y saber dónde puedo reclamar si no está todo a mi gusto, o no tiene calidad el producto que me envías.
_ Por supuesto Erwin, te llamaré dentro de unos días a ver qué tal te ha salido el jamón por si lo tenemos que cambiar, por no ser de tu gusto, como sabes tienen garantía y a no ser que te hayas comido más de la mitad del magro, lo canjeamos ¡claro está!  Ahora, no seas borde y me digas cuando casi no quede pernil, que no es sabroso. ¡Eso no sería serio!  Aunque en tu caso sé, que no pasará.
Toma nota de mi teléfono y dirección por si hay alguna inconveniencia y confirmo tu pedido ya.
_ Cuantos días tarda en llegar el fardo para estar al tanto del recibo.
_ Suelen tardar tres o cuatro días, para tu población salen a diario, por lo que te llamaran de la compañía Integra2, que es la que se cuida del reparto y te lo entregan en la misma puerta de tu casa.
Erwin cariño mío, escucha que te repito el número de tu tarjeta visa, para que no haya ninguna devolución.
Nos hablamos en breve, y me cuentas la manera de disfrutar de una cosa tan rica, tan buena y tan nuestra.


Al cabo de una semana, mientras Erwin se tomaba un cortado en la Jungla de Cristal, frente a la librería de Octavio, le sonó el móvil con una llamada sin identificar y con una ristra de dígitos imposible de averiguar a bote pronto.

_ ¡Sí! ¡Dígame, con quien hablo!

_ Hola Erwin, soy Eva, la chica jamón.

_ ¿Quién has dicho que eres?

_ Estoy segura que te has olvidado de mí, ¿pero de mi voz también?

_ ¡Ah… hola!  La del jamón.

_ ¡Buena la pata! ¿Verdad?  Excelente jamón. ¡Dime corazón te gustó!
_ Sí buena pata, muy curada ¡No podía ser menos! Por cierto este jamón ya lo había saboreado y mucho. Es de esta zona del Matarraña. ¿Lo sabías?

_ ¡Claro corazón mío! Imposible engañarte, sabiendo que eres un degustador nato de buenos y exquisitos embutidos. Solo confirmar que todo estaba en regla y para que me consideres a partir de ahora Tu chica jamón. 



viernes, 24 de enero de 2014

El rabo



En aquella carnicería compraba Elisenda sus chuletas. Casa Natalia mostraba su luminoso, en la parte superior frontal de la parada del mercado de abastos de la Cope.

Dos dependientas maduras además de la propietaria, que era algo mayor que sus empleadas. Las tres “rubias de pote” con mechas intercaladas. De buen ver y todas dentro del peso wélter, como poco.
Eran las permitidas en atender a sus clientes y despachar sus viandas cárnicas que entre cristales transparentes se mostraban desde el frescor que les proporciona el frigorífico.

Esperando turno tres amas de casa, además de la ya mencionada Elisenda. Atendidas en sus compras por las carniceras y la propia señora Natalia la propietaria del negocio, mientras se mantenía la charla distendida sobre el rabo de toro que se publicitaba y que se mostraba tieso entre el frescor de la cámara frigorífica tras los relucientes transparentes protectores.

_ ¡A mí, el rabo me gusta mucho! _ dijo sin pensar en la frase Natalia.

Todas asintieron con la cabeza y con una sonrisa inesperada procedente de sus ojillos maliciosos confirmaron también su gozo, por esa parte del animal de lidia.

Una de las vendedoras asió el rabo en sus manos y lo mostró orgullosa a la clientela. Como diciendo al mundo  ¡Mira que rabo!

Las clientas observaron el gesto de la muchacha y no abrieron la boca para decir nada, tan solo suspiraron, con resignación religiosa.

_ ¿Te pongo un trozo de rabo? _ Dijo la chica que despachaba en la tercera balanza, dirigiéndose a Elisenda.

_ No gracias, ya tengo_ respondió graciosamente Elisenda, acompañando a sus palabras con un carraspeo gracioso y minúsculo, mirando al resto de las señoras que esperaban alguna aclaración más amplia tras su respuesta.
_ Pon en una bandejita fina medio kilo de ternera cortada en filetes no demasiado gruesos.

El resto de la clientela defraudada por la falta de explicación quedó desorientada y sin más comenzaron a exponer la forma y el modo de comerse el rabo de toro, para que fuera más suculento.
_ El rabo te lo comes como sea y en el momento que sea. ¡Está delicioso! y más si el rabo es tremendo, aún le sacas más jugo al masticarlo_. Comentó una de las clientas que ya se despedía de la parada, con su compra realizada dejando sin más su comentario.

_ ¡Ah pues a mí! Me encanta con un chorro de vino_ Expuso la clienta que parecía más humilde y callada, a la que ya estaban sirviendo sus chuletas de cordero_. ¡Sabes lo jugoso que está! y lo fino que te deja el cuerpo, si sabes prepararlo y lo pones recio antes de metértelo en la boca_ finalizó súbitamente su opinión, en cuanto se vio sorprendida por la atención de todas las demás señoras.

Todas aquellas mujeres escucharon lo dicho y asintieron convencidas de lo exquisito del rabo de toro y dejaron escapar un gesto onomatopéyico de ¡U y… que delicia!
Elisenda había acabado su compra y hacía unos minutos había pagado su cuenta. Esperaba paciente su cambio, sin que éste estuviera correcto sobre el mostrador de mármol del establecimiento.

_ Ahí lo tienes el cambio nena_ reprochó la empleada, suspirando todavía por aquel rabo lleno de fuerza, tenso como el mango de un martillo y engrasado para que no se arrugue en el frigo.

_ Creo que te has equivocado cariño mío. No me has dado el cambio bien. Te he pagado con un billete de cincuenta euros  y me das el cambio de veinte. ¿Estás en el caso verdad?

_ ¡Ah sí! Que tonta; perdona guapa_ excuso la carnicera de la izquierda, sacando treinta euros del cajón y corrigiendo el error_, no sé en qué estaría pensando, ¡perdona cariño mío!_ fueron sus palabras timoratas mirándose a la dueña del establecimiento la señora Natalia, que a pesar de seguir todas las exquisiteces del rabo tieso, no dejaba de estar por el negocio.

_ ¿Pensabas en el rabo, quizás? _ Dijo Elisenda dirigiéndose a la empleada, con una sonrisa amplia.

_ ¡Sí!  …Que tonta estoy. ¡No sé porque me habré obsesionado con el rabo!

_ Sencillo amiga, porque hasta el final del rabo ¡dicen! …todo es ¡Toro!_. Le apuntó Elisenda mientras se marchaba.