Mostrando entradas con la etiqueta vivencias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vivencias. Mostrar todas las entradas

jueves, 26 de enero de 2012

Collage Nocturno





Madrugada perfecta

agotada la noche ¡En vela!

Pierdo mis reservas

los sueños se aceleran.



Tenso en la cama,

pienso en esto y aquello.

No preciso, es asedio.

¡Sigo despierto!



Cuantas cosas de golpe,

todas fueran reales,

en el intento se quedan

para diluirse más tarde.



Cambio de imagen,

ahora te veo,

más clara que a nadie

quiero tocarte, imposible ¡ya es tarde!



Las horas se escapan

en esta litera, a ti te quisiera.

Acariciarte pudiera,

no sería sueño, realidad fuera.



La almohada soporta

todo el condimento,

recuerdos ausentes,

se los llevó el tiempo.



Mañana tan pronto,

se haga de día, propongo

cambiar esta vida mía.

Estoy convencido, lo remediaría.



Mi angustia se inquieta,

en la noche insomne,

remordimientos serenos,

soy víctima y se esconde.



No concilio el sueño,

quiero serenarme,

plazos perdedores,

realidades que se esparcen.



Otra pesadilla,

no ha sido diferente,

creo recordarlo,

téngalo presente.





Toca el sentimiento,

eterno secreto,

ignoto misterio,

siembra los recuerdos.



Arde la conciencia,

es la pesadumbre.

Al cerrar los ojos,

fuerza de costumbre.



Detalle pendiente,

promesa latente,

presente inminente,

espejismo exigente.



Las deudas se arrastran,

las promesas se agotan,

las alucinaciones afloran.

La razón es señora.



Puedo ser hipócrita,

si me ofenden la memoria,

acostumbro a ser un déspota,

cuando repaso mi historia



Madrugada fallecida,

noche derrochada,

amanecer que emplaza.

Entre sabanas blancas.



Sudor de mortaja,

en la saya rallada,

frescor que no llega

con el lucero del alba.



Suena el relevo,

así lo percibo. ¡Lo espero!

Sigo muriendo,

hasta el próximo intento.



Sufro si cuento,

mi desenfreno,

¡ayuda memoria!

A olvidar en el lecho.



Ahora lo intento,

sin perder el tiempo,

creo que puedo

empeñar mi crédito.



Suena la campana,

sobra  el lamento.

La noche se agota,

vuelven los esfuerzos.



He tenido un sueño,

para mí lo quiero,

no ha sido muy bueno.

Prefiero perderlo.



martes, 28 de septiembre de 2010

Cloroformo dental


Aquellos ojos me miraban, sin pestañear, me estudiaban, me conocían de alguna otra ¿vivencia?, no lo se pero no dejaban de examinarme sin parpadear. En sus facciones divisé el comienzo de una sonrisa tenue que daba paso a una gratificante complacencia. Me acerqué y la saludé.
- ¿Cómo te llamas?
Ella me dijo, - ¿No me conoces?
- Quiero hacerlo, pero en este instante, no te relaciono con nada, y me eres familiar, esos ojos, esos labios carnosos y tan bonitos, tus cejas tan perfiladas, y esa sonrisa de dentífrico tan armónica, me recuerdas a alguien.
- Sabes perfectamente quien soy, pero no puedes descifrarlo porque estás bajo los efectos narcotizantes de mi poder personal, y aprovechando esa hipnotización, que ejerzo sobre quien me interesa, intentaré forzarte en tu mente, una serie de detalles que no quiero olvides nunca, y que cuando pienses en mi, sin saberlo, tu psiquis te llevará a cumplir exactamente mis deseos, a pesar de que no podrás recordar nada una vez recobres el sentido.

- ¿Por que lo haces, acaso te importo? Alegué sin poder moverme.
- ¿Y tú que sabes, de mi, es que crees adivinarme, por el mero hecho de unas miradas, un intercambio de frases, o unas sensaciones misteriosas, que no van más allá de tus deseos?, ¿acaso sabes como te imagino y que es lo que pretendo contigo?, ¿no ves que si quisiera estarías bajo mínimos, y serías una marioneta?

- No me has contestado. - Seguí argumentando.

- Claro que no, ni lo haré, no te demostraré, si me importas o me eres indiferente, como mujer que soy, nunca descubriré mi juego - decía ella, sin menoscabo, ni amargura.

- Sin embargo, cuando me tratas, posiblemente, dejas una puerta abierta, a la imaginación, a la ilusión, a la alegría, ahora no lo se, me encuentro extraño, por favor dímelo, háblame, no se que me ocurre, no soy el mismo, ¿puedes ayudarme?

- No puedo ayudarte. De hecho estoy aquí, acompañándote en esa crisis que estás pasando, estás con el pecho abierto en canal, y los médicos, están intentando corregir, no se que cosa, de tu corazón, por eso estás sin fuerza, y he querido venir a tu lado a distraerte, y a escucharte.

- Yo creía, que esta falta de fuerza, obedecía a un mal sueño, y resulta que…y ¿cómo he llegado hasta aquí? dime, ¿me ves demacrado? ; ¿me notas decaído?, observa mi cara, ¿cuantos días dirías tú, que no me rasuro?, por favor dame una pista, ¿es serio, verdad?

- Me pides que te mire a la cara, cuando la tienes tapada por la sábana hospitalaria, sólo observo, el pálpito de un corazón, ni muy grande, pero tampoco pequeño, que se resiste a dejar de berrear, de palpitar.

- ¡.Ah¡ , si te veo las manos que penden inertes y sujetas por una venda, para que no puedas estorbar, y sabes, puedo leerlas desde aquí. Que cuidadas las tienes, como se nota que son instrumento principal tuyo, que velludas y nítidas, y que bien perfiladas las uñas, veo tus líneas en las palmas, y podría estudiártelas, pero me voy a callar, de verdad, que ganas de vivir, no te faltan, lo estás demostrando, ¡ sabes¡ no quiero mirar más, me haces padecer.

- O sea, que no me puedes ayudar, no quieres demostrarme nada, no me dices tu nombre, me acompañas en este trance y ahora me cuentas que estás padeciendo, ¿con cual de las partes me quedo?

- Te dejo, que vienen y no quiero me descubran, este cacharro ha comenzado a sonar muy fuerte, se te altera el pulso, que te pasa, todos corren. Despierta ¡YA!






- Hola ¿qué te ha pasado? Trasnochas demasiado, y llevas una vida un tanto apretada, o es que el trabajo te desborda y ya no aguantas sin cerrar los ojos ni siquiera en la sala de espera del odontólogo, con el miedo que pasan según que pacientes al venir a verme.

- No es eso; doctora Regina, algo me ha pasado en la sala de espera, yo esperaba para la revisión bucal, y de verdad, no se que ha ocurrido.
Por cierto, la señora que esperaba, sentada frente al radiador, ¿dónde está?

-No me hagas reír, o mejor no me asustes, que te conozco de años y no me vas a hacer las bromas que siempre me gastas, luego me quedo sola, y me asusto, eres incorregible.



Pasaba de un extremo a otro comentando mientras me acomodaba en la butaca y me colocaba los mandiles para evitar mancharme.

-De hecho no había ninguna paciente en la sala de espera, era una visitadora médica, que me ha venido a ofertar material quirúrgico, para la clínica. Sin embargo hace más de dos horas que se marchó. No puedes haberle visto. Imposible.

Y ahora que lo dices, no se ha despedido, ha dicho que me entregaba unas muestras y veo que se ha marchado sin más.
Ella. Regina, la médica se ha puesto su protección y sus gafas con el foco frontal incluido, y al mirarla, de verdad te lo digo, no era ella, no es la doctora; estaba frente a la protagonista del suceso.

Te he visto a ti.

viernes, 23 de julio de 2010

Collage de libros



Érase una vez ... Así comienzan los cuentos que nos relataban nuestros abuelos, cuando teníamos tan poca edad y cuando todo podía llegar a ser creíble, en el tiempo que nuestra imaginación estaba incipiente y todo era una aventura.
¿Quieres que te cuente un cuento?

Pues acércate a mi, poco a poco te iré llevando a un mundo de fantasias y de ficción, que muchas veces se confunden con la realidad. ENTRA en :       www.emiliomorenod.blogspot.com

Como son las coincidencias o las casualidades;  se han de juntar tres o cuatro circunstancias para que mezcladas con la chispa de un recuerdo, lubrique el pensamiento, y la maquinaria de la memoria comience a hacerte  vivir aquellas vicisitudes … 

Era una tarde de sábado, caminaba jugueteando al lado de mi hermano, y nos acompañaba una persona muy querida por nosotros; Dios lo tenga en la gloria.  Diego. Como te añoro, cuantos momentos dichosos nos habías regalado, y la paciencia, a prueba de todo experimento, superaba a la de mis propios padres…  

Recuerdo la ciudad, aquel barrio, con que agrado se realza pasado el tiempo, y más dónde nos dirigíamos, algo excepcional, ya lo había disfrutado en alguna otra ocasión; como no, gracias a Diego, que sabiendo nos encantaba, y además nos calmaba, o mejor dicho, nos sedaba, proponía la visita a la sala de cine. El vernos  insertos en las historias con imágenes y ese deleite te hacía protagonizar muchos de los momentos como el mejor de los placeres vividos. 

Por ello, conocía de su magia y del encanto intrínseco que adosa.

Eran sesiones contínuas, donde se llegaba con la merienda y la gaseosa, un sinfín, porque se entraba cuando igual estaban comenzadas las sesiones y te marchabas cuando habías visto el programa repetido por dos veces, dejando el suelo lleno de cáscaras de las almendras que comprabas a granel, y que te envolvían en aquellas alforjas hechas con papel de períodico; que tiempos aquellos, que edades, y que nostalgias. 

Tal y como lo evoco ahora, se me escapa la risa nerviosa, de imaginarme a mi mismo, como un chiquillo que era.
La quimera del oro, Dios mío, que risa más sana, más límpia, más díáfana, propia de niños, como me hizo disfrutar ese tipo, con el bastoncillo y su bigote, que el sencillo de su caminar, ya me provocaba disloque de sonrisas, era diferente al humor al que estaba acostumbrado, era descubrir una nueva forma de llegar a ser oportuno por un momento. 

Comiendo almendras y bebiendo gaseosa caliente, reíamos a carcajada límpia, nos iba socabando la intención, ese mensaje que entonces, no comprendía, pero que quedaba en el subconsciente, y cuando evoco momentos felices, siempre entran en juego las imágenes de aquella película, que se incorporó de forma natural en mi disección de lo que es gracioso y lo que deja de serlo. 

Por esa razón, al cabo de los años, pude comprender que lo original, lo esencial, no es necesario lleve sonido, ni colores, a veces la mayor de las simplezas te hace  reir, y disfrutar del instante para que consigas recordarlo a menudo. 

De ahí, seguí la trayectoria del personaje y siempre encontré un recado que me enseñaba algo nuevo, un punto de vista diferente un gracejo para mis sentidos, una caricia, una congoja para el alma, siempre desenterré  algo con Charly, sin palabras, sólo con la expresión de sus muecas, con el movimiento de su paraguas, con lo vacilante de su caminar, con la traza de su solemne postura. 

En blanco y negro, dónde las cuestiones únicamente marcan dos caminos, dos alternativas, dos tendencias;  o ries o piensas.  Las dos constituyen, con  las dos me quedo, me rio, y me hace a la vez pensar, es una realidad manifiesta, que si no precisas en ello pasa por alto, como tantas cosas de la vida.

La película finalizó, con las clasicas letras The End, y los aplausos de tantos como disfrutamos del mensaje  y salímos de aquella sala de cine, con olor a moho, con retintines de felicidad, con sabor salado por las chucherías  que habíamos devorado, con la impronta aún en las pupilas de aquellas imágenes que nos habían desternillado de la risa. 

Hoy; aquí, entre vosotros mis amigos; mientras os narro ese instante de una vida,  además; recuerdo a Diego, a mi hermano, siempre con el concurso o con la ayuda de aquel personaje entrañable de mi infancia que conocía con el nombre de  Charlot.__