Le colocaron
una pulsera al llegar, que decía además de su nombre y matrícula de enfermo,
las palabras: adelante, atrás, centro. Eran las normas de aquel hospital, donde
después de atenderle y hacer el ingreso, le indicaron que se acomodara en la
sala de espera.
Para ser
atendido cuando le tocara, después del triaje que suelen hacer los doctores de
urgencias y según la gravedad del primer diagnóstico.
Había
llegado con la máxima premura. Mas que eso con urgencia. Asustado por la erupción
de su piel que le estaba mutando por momentos, en un pellejo semejante al de los
reptiles, parecido al clásico lagarto o la vulgar serpiente. Super escamoso que
no llegaba a entender de donde le provenía semejante contagio.
Aquello iba
a más. Tanto es así, que llegada la hora de ser visitado, por el doctor Verdugo
Contreras le dijo.
—No es el primer
paciente que se infecta con la “Escama del Ectotermo” —, no se me asuste—siguió
diciendo.
—Son los animales
de sangre fría que dependen del calor del cercano para regular su temperatura
corporal. Mientras no le afecte a la cara todo irá bien—finalizó su dictamen el
doctor.
—Oiga doctor—pregunto
asustado. — y esto de que me viene. Cumplo con la higiene riguroso, trato de
cuidarme y no ser un abandonado, ¿Qué me ha pasado?
El doctor Contreras
le sugirió sin llegar a dar una opinión exacta, hasta que no tuviera los
resultados del análisis, que le iba a practicar de inmediato.
—No creo
que sea muy grave, ni duradero. Es posible que le haya mordido un lagarto, una Guyana
o algo parecido; y su sistema inmunológico no haya podido evitar el contagio—. Hizo
una pausa y respiró para seguir sin pretender asustar.
—Si no me
equivoco, su piel se arrugará como si tuviera cincuenta años más, para ir poco
a poco recuperando su normalidad—Miró de nuevo sus escamas y pronosticó.
—Tenga en
cuenta—le dijo contreras—que además de mutar su cuerpo y cara, su talento también
se incrementará en ese periodo, y cuando remita la infección, recuperará lo
poco o mucho del talento. Que pueda ganar, o quizás pueda perder.
Salió el
paciente, de la consulta acompañado de una enfermera y lo llevaron en camilla a
un slot cerrado, donde lo introdujeron en un equipo cilíndrico alargado que
tenía luces y teclas por doquier.
De un diámetro
de más de metro y medio y una longitud de tres diez. Le colocaron los
electrodos y lo introdujeron en el dispositivo acomodándolo en la camilla
interna, mirando hacia abajo.
Antes de
sellar la compuerta el contagiado peguntó—Que duración aproximada tendrá esta
peripecia, o analítica como ustedes la llaman?... La respuesta del diplomado
fue.
—Si lo
resiste serán veinte minutos mas o menos.
—Y si no lo
resisto, quiso saber Arcadio.
—Entonces no
volverá a ser jamás quien es.
—Es un poco
alarmante lo que me dice no cree.
—Es una broma,
no se me asuste, que no es nada. Lo pasará bien. Vivirá en un mundo raro y
extremadamente desconocido, tanto que lo recordará para siempre, ¡Se lo
aseguro!
Los portones
se clausuraron con hermética precisión sin dejar pasar sonido alguno. Conectando
aquel raro empleado el input de inicio.
A los ocho
minutos y tres segundos el sistema hizo una falla en el proceso, quedando la
prueba en un bucle que permaneció bloqueado por espacio de casi una hora. Cincuenta
y dos minutos, exactamente.
Mientras estuvo
dentro Arcadio le pareció vivir en la antigüedad. En una de las fases
pretéritas del mundo. Notándose dentro de algo parecido a la Edad Media, que la
soportó durante un rato. Comprendiendo en la forma en que aquella gente vivía,
se asociaba y se divertía. Como se ganaba el sustento, que clase de platos y
verduras comían, y como remate al suceder aquel imprevisto de la falta de
tensión y mientras retornaba el Powers, convivió con los hombres y mujeres que vivirán
dentro de quinientos años.
Así aquella
sensación le ofrecía sin más: según los poderes, que adquiriera tras aquella
prueba selecta. Pudiera ir a su gusto a la época que determinara.
Tan solo
repitiendo la palabra atrás o delante y como punto de volver a su verdad decir:
actual.
La prueba
finalizó y Arcadio apareció sin manchas en la piel, completamente tersa, dúctil
y engrasada. Su cara tersa y juvenil, quizás algo más maduro que cuando se
inició la prueba, por lo canoso de su cabello. Barbudo cuando era imberbe, o
casi. Notando como asustado, que había crecido en estatura sobre diez centímetros
más de estatura.
SEGUIRÁ
TO BE
CONTINUED…
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