A Maruja la encontraron sin vida. Muerta, desvencijada en su físico y semi desnuda. Que en este caso el simbolizar con la calificación de “semi”. Es querer ser digno de una apreciación suave. Por cómo la encontraron.
Tras haber padecido muchísimo a manos de sus agresores, hasta que encontró la muerte, debió pasar un cautiverio espantoso.
Hallada por
un viandante en la madrugada del lunes. A los pies del semáforo de la denominada:
encrucijada sangrienta.
En la archiconocida y afamada por tantas
trasgresiones habidas en los últimos tiempos, de la Avenida Baja. Paseo que le da nombre a la rambla principal
de la ciudad, en la que se esconde la mayor parte de las barbaridades acaecidas
en la zona. Amparada por ese arbolado frondoso que todo lo confunde. Donde prevalece
ese control de tráfico. Asistido en su esquina por el denominado “traffic light fixed”. Que no es otro, que una mala traducción del semáforo siniestro.
Sin dudarlo, el poste regulador de paso
y acceso vial más presente en delitos cometidos. Que parece disipar sin
conseguir toda la gravedad de lo sucedido, por el mimetismo y la secuencia
imparable. La cadencia de sus colores en ámbar, verde y rojo, que para nada lo
hacen más benigno.
Aunque ya
se le califica al “traffic light, como el punto más peligroso del barrio y el que
más agresiones sangrientas ha presenciado. Si tuviera la facultad de estar
dotado por una cámara, o con estas ventajas de la Inteligencia Artificial.
Pudiendo declarar, interpretar y como no; reproducir todas las atrocidades, que
se cometen alrededor del peligroso poste, quizás la policía agradecería y
resolvería mucho más rápido que suele hacerlo, con tanto crimen y tanto
vandalismo sucedido a su alrededor.
Sin ir más lejos y en este mismo instante, resolvería lo ocurrido con María Teresa Jódar, más conocida como Maruja. La última víctima violada. Hija de un desaparecido asesino a sueldo. Arsenio Jódar Terriente. Criminal de mucha calaña y condición al que jamás le echaron el guante y que nadie sabe si sigue en activo, si murió o sigue escondido.
Aquel que
se esfumó de la justicia sin dejar la más mínima pista, ahora hace quince años,
y que nadie ha sido capaz de darle caza.
La finada,
vivía dentro de una familia no aceptada de buen grado, por los escándalos que
ofreció su padre, pero sí redimidos todos y dentro de los límites de la
justicia. En compañía de sus abuelos, la madre y sus dos hermanos más pequeños.
Descubrieron
su cadáver, y el modo salvaje en cómo fue vulnerada antes de morir, bajo ese mástil
que cierra y abre direcciones en cuatro trayectorias.
Quizás el testigo
inerte, que presencia más delitos, sin abrir la boca y sin que nadie le
pregunte. ¿Quiénes fueron sus autores?... y del modo en que ocurrió.
Las
autoridades califican el lugar como el punto más sangriento de toda la nación.
Si tan solo
se le hubiera instalado una cámara de grabación y conectada con la comisaría.
Igual una vez cometido el delito, no habría más que ir a por el homicida, o matadores
espeluznantes que pululan por nuestros barrios.
Aunque
dicen que la suerte no existe, pero a veces no deja de estar presente, los agentes
que comenzaban a menear el caso de Maruja, recibieron una ayuda inesperada. Un chivatazo
y un video recogido por un desconocido que dice … presenció el crimen. Aquellos
policías, comenzaron a vincular cabos.
Entre el
poste situado justo en la intersección de las calles Jacinto Perales y Don Rufo
Palafox. (Como se refería antes en la Avenida) y el lugar preciso desde donde
se tomaron las imágenes, ya habían sucedido varios hallazgos de cuerpos sin
vida. Normalmente sucesos vinientes de actos delictivos. En esta ocasión el
abandono del cuerpo de Maruja, fue a unas intempestivas horas, y sin dudar, hacían
tener sospechas de la autoría. Por el mismo equipo que grabó el post homicidio
y su abandono. Apreciándose el modo y el espectáculo en dejar plantado los
restos de la joven mujer. Abandonada, desnuda y muerta. Por la calidad del
encuadre, propias de gente que sabían hacer esos menesteres horrendos. Correspondiendo
con los ítems y tiempos del perfecto rodaje de la película, que demostraba que
aquella toma no debió ser por casualidad.
Con lo que
los investigadores echaron mano de la tecnología y llegaron a una conclusión
bastante aproximada. Averiguando que la tal Maruja había salido la tarde
anterior sobre las siete de un snack no muy lejos de la universidad donde compartía
clases en el tercer curso de la carrera de medicina.
Que vestía ropas
dignas de ostentación. Aunque ya habían llegado los rigores del fresco, seguía
luciendo sus curvas y pechos fenomenales. Deslumbrando con su palmito sin ir demasiado
tapada. Quizás con falta de previsión.
Maruja era una
mujer moderna acostumbrada a los sinsabores, que no dejaba nada sin resolver. La
ruta que tomó al salir del Snack, después de una estancia de trece minutos, fue
seguida por las cámaras callejeras. Todo ello comprobado por la gendarmería, al
revisar después, la película tomada desde la esquina Fortea, que mostraban en las
secuencias inmediatas, que un auto deportivo rojo, se detuvo para recogerla. En
la acera de la derecha en la intersección de Fortea con Nairobi. Ascendiendo
Maruja al auto, con la confianza de ser amiga del conductor, o tener amistad. Perdiéndose
su trayectoria por la avenida Pearson.
El
automóvil era un descapotable, con la cubierta echada evitando el chiri miri
que caía. Perteneciente a un tal Edgardo Carancella, un canalla reconocido por
las diversas mafias habidas en la sede. Uno de los dos gallitos de la franja. Capitoste
de los traficantes dedicados al meneo de costo a granel y otra diversidad de
menesteres.
Con
aquellos indicios los científicos policiales, comenzaron a maquinar un plan
para detener a la secta y ajusticiar a los responsables de la muerte de Maruja.
Dirigiendo los esfuerzos y pesquisas sobre el jefe de los detractores, el
famoso Edgardo. Reyezuelo homicida del tráfico de estupefacientes y delegado de
la mafia mexicana, ya rivalizando en el suelo patrio.
La redada
no debió ser demasiado complicada. Aquellos canallas tan habituales los tenía
la policía, muy vigilados. Aunque a tenor de lo sucedido, dejaba en el cuerpo
antidrogas, grandes lagunas en su efectividad. Desde el chivatazo repentino
nada esperado. La recepción del video, con la grabación de casi todo lo
sucedido a Maruja, debía ser del todo más sencillo…
Con lo dispuesto
y en breve, apresaron a los personajillos que aparecían en la grabación sin
menos cabo. Dándole protagonismo de nuevo a sus jefes.
Consecuentemente
los agentes de la gendarmería averiguaron que se trataba de un ajuste de
cuentas, por lo que los de una parte pasaban información a la pasma, y con ello
se quitaban de encima a los adversarios.
No había
más en aquella zona de la ciudad. Dos generales repolludos. Dos delincuentes
presumidos, que trabajaban a la vista de las autoridades sin menoscabo. Las
referencias y los nombres, de los dos principales “cappos” de las calles de la
ciudad, eran por este orden.
El primero:
Edgardo Carancella. cabecilla de la secta de los <Inquietos de Anarquía>.
El otro
sátrapa mezquino, correspondía a Gardel Yelkinstonsen, o Gardel el guapo. comandante
de los <Cóndores Veloces>.
Entre ellos
se repartían el pastel. Ambos quedaron citados para declarar en la Comisaría
tras las veinticuatro horas del asesinato de María Teresa Jódar. La llamada
vulgarmente Maruja.
Al primero
que interrogaron fue a Carancella, lo llevaron a una sala muy sombría usada
para los interrogatorios, y mientras desde los espejos disimulados de la pared muy
solapados, se escondían los especialistas para seguir el desarrollo de la
interpelación.
El jefe comisario
al mando inició aquel trámite. Y estando situado el declarante en la sala
comenzó a sondear.
—Edgardo. ¿Es tu nombre? ¡Así te llaman y lo
sé! —. Refirió el oficial sin mirarlo a los ojos y sin esperar respuesta
prosiguió.
— No te
hagas el tonto, porque de bobo no tienes nada. De criminal sí; llevas bastante
en tu piel y de sinvergüenza desde el nacimiento.
—Es así
como vamos a estar durante toda la mañana —asentó Edgardo enfurecido.
—¡Sabe que
me está ofendiendo! Y no veo a mi abogado —descarado prosiguió con mirada
chulesca.
—Usted me
está ofendiendo oficial, y puede que le salga caro.
—¡Esa es tu
única respuesta! —. Sancionó el interrogador y siguió provocando.
—¡Es una
amenaza tuya chulo de mierda!, o es que te crees que vas a salir con aplausos de
este cuartelillo y sin cargos.
—Bueno
comisario eso está por ver—. Se lo miró con desprecio antes de violentarlo.
—No sea
usted tan valiente, arriesgado e inconsciente en adelantar hechos, que vuestra
señoría tiene familia. Intereses y dolos. Quizás no le convenga que queden
quebrantados, o lesionados esos haberes. Sin saber por dónde le vienen los
daños. ¡¿No es cierto?!
—Eres un
desgraciado con ínfulas de brujo maligno, de las mismas que usan los delincuentes
como tú, y quizás no imaginas, ni sabes la amenaza de lo que se te acusa. Falta
grave, ¡Más que eso! Delito. Además, con testigos directos y una grabación en
video de por medio, que os acusa.
—De qué se
me acusa, parece usted un indocumentado y muy poco listo—. Aseveró Edgardo con
una sonrisa en su cara—y se rio vulgar—. ¿De un atraco, de un asalto? O de una
¿mierda de las suyas? Dígame a que cargos me enfrento y delante de mí letrado,
haga lo que deba. ¡Solo lo que pueda!
El
comisario con poca paciencia y sin poder adelantar le descargó con mucha
inquina.
—Pues ni
más ni menos que del asesinato de Maruja, a la que le quitaste la vida al salir
la otra noche de la universidad, y recalar esperándote en el Snack Pitusko, tan
solo por un gusto de los tuyos, porque no creo fuera por quitarle el móvil.
—¡Maruja!
Quien coño es esa tía. No tengo ni idea de quien es esa paya, y sobre lo de la
película, puedo imaginar quien ha sido el autor. Mi más encarnizado enemigo.
¡Ese que me persigue día y noche! Para darme matarile. No son mis artimañas de
trabajo. Enséñeme una foto de esa mujer, y si la conozco le diré lo que sepa.
Pero no intente cargarme con su mierda, sin estar seguro de lo que dice —. Tranquilo,
reposó y se acomodó mejor en su sitial y esperó.
El capitán
de nuevo le informó a Edgardo, sin control y sin convencimiento.
—Hemos
investigado sobre tu familia y tu persona, y descubrimos, desde dentro de tus
anales. Que tienes una larga lista de actos criminales, cosa que en ti no me
extraña. —añadió sin dejar que respondiera.
— Tus
padres ya fueron acusados y cumplieron largas penas en las cárceles del país,
hasta que fueron exterminados por una de tus bandas enemigas.
—Me parece,
señor politonto que me confunde con alguien al que le gustaría cortarle el
cabello, y más que eso, cortarle los humos. Por no decir palabrotas en esta
santa casa—Se frenó y exigió con donaire la reclamación que exigía.
—Lo primerito es que me deje hacer la llamada de teléfono, a la que estoy autorizado por sus leyes exactas, y que me enseñe una foto de esa tipa. A la que usted dice que han descerrajado, con seguridad los amigos de los Cóndores Veloces. Equipo sanguinario dirigido por Gardel, el tipo más degenerado de la tierra.
En otra
sala de interrogatorios estaba acomodado el chulo Gardel, enemigo atroz de
Edgardo, el que esperaba que aquellos polis, le dieran las gracias una vez
descubrieron, que había sido el propio equipo del tipejo de Yelkistonsen, el
que le había enviado el video a la policía. Sin esperar ni imaginarse, que la
propia pasma tras sus averiguaciones, quedó convencida que este tipejo y su
clan eran los que habían grabado el vídeo con idea de inculparles. Atribuyendo
a su acérrimo e indeseable enemigo el asesinato. Por lo cual los gendarmes,
siguieron echando leña en ese expediente y llegaron a conclusiones claras, de
que Edgardo Carancella, no era en esta ocasión ni el inductor ni el autor del
crimen de la señorita Maruja.
Con ese
trámite también fue requerido Gardel y llevado a declarar, en principio como informador
y autor de las incipientes pruebas. Fue recibido Yelkistonsen, por los agentes
de aquel cuartelillo, con toda amabilidad y sin darle motivos de sospecha, recibiéndolo
en una sala de seguimiento de aquella gendarmería.
—Ya me
diréis que os pasa y a qué jugáis. Os envío pruebas, fechas y constataciones
del hallazgo del crimen de una ciudadana y lo que hacéis de entrada, es tratarme
como al mísero culpable—. Se explayó.
—Esas
preguntas capciosas que me hacéis no corresponden a mi actitud de ciudadano. No
he salido de mi despacho ni del cobertizo de trabajo desde hace cuatro o cinco
días—. Dijo Gardel.
—Tengo
pruebas de ello—, y mi gente, que “siempre está a la guay” pudo grabar la otra
noche. Justo la noche del lunes, para ser exactos. Los meneos del amigo Carancella
y su banda —arrastrando su mirada sobre el espejo disimuló su falacia y prosiguió
con un descaro total.
—Por ello
mandé que os lo pasaran para que le dierais un buen escarmiento. Pudierais llevarlo
a juicio y condenarlo.
El comandante
judicial, lo interrumpió, escuchando la gran falacia de Gardel, diciéndole con
mucha aspereza.
—Eres el
desgraciado más grande de toda la franja. Aunque disimules y eches balones
fuera. Sabemos que vosotros sois los asesinos de la joven Maruja. Aun no
tenemos pruebas de acusación, con lo que de momento quedáis con libertad sin
cargos, hasta que no resolvamos estos inconvenientes.
—¡Oye tío! ¡Pero que me estás diciendo! —. replicó Gardel alterado y fuera de madre.
—Quien coño
eres tú. Un simple funcionario gilipollas, que me la sopla. Te crees que eres
el famoso detective Poirot. Ese imbécil francés ayudante del tonto de la serie
de la cadena quince —y sin benevolencia apuntó.
—Puedo
hacer que te destinen a las Guayanas a comer cocos y guardarte de las
cucarachas voladoras.
—Lo mismo me
asusto con tus amenazas—. Se enfrentó el agente, enseñándole los dientes.
—No te
burles de la ley y contesta a las preguntas, si no quieres que te cruce la boca
con un culatazo.
El descastado
Gardel, hizo un gesto teatral y le pronosticó.
—Ojo lleva
cuidado tío—enseñando sus uñas al comisario, y le reprobó sin menoscabo.
—¡Como te
apodan… policía capullo, o te llaman el duro de la brigada! … ¡Para mí, eres un
puto desconocido! ... El temible jefecito brigadier. ¡Es eso!... ¡Quizás seas
un valiente descerebrado!... ¡No lo sé! ¿De qué lugar vienes tampoco?, ¡Como es
que te atreves a faltarme el respeto! ... ¡Y cómo coño te juegas la vida
enfrentándote a mí! … Nadie te ha informado.
¡No sigas
por ese camino si no quieres sucumbir en las próximas doce horas!
Tanto Carancella
como Yelkistonsen, quedaron en libertad provisional, aunque poco les duró la
tranquilidad.
La policía
anda tras un nuevo incidente con estos dos secuaces. A los que han encontrado
asesinados, precisamente en el semáforo “traffic light. En el denominado punto más
peligroso del barrio.
Descubriendo
sus cadáveres. Unidos y juntos de solemnidad. Del modo salvaje cómo fue vulnerada
la propia María Teresa.
Bajo ese mástil
que cierra y abre direcciones en cuatro trayectorias.
En pelotas
y violados salvajemente, con un mensaje adosado al dedo pulgar de sus pies, que
tan solo llevaba una frase lapidaria. < (Merecéis esa muerte, por abusar de
mi hija. Firmado: Arsenio Jódar.) > Dentro del cuerpo de los gendarmes
alguien volvió a pronunciar, en voz baja, casi pensándolo. <Si estuviera
dotada la zona, de una cámara, o con los adelantos de la Inteligencia
Artificial. Quizás la Securité Nacional resolvería mucho antes tantos sucesos>
autor: Emilio Moreno-


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