viernes, 18 de septiembre de 2026

Un semáforo por testigo.

A Maruja la encontraron sin vida. Muerta, desvencijada en su físico y semi desnuda. Que en este caso el simbolizar con la calificación de “semi”. Es querer ser digno de una apreciación suave. Por cómo la encontraron.

Tras haber padecido muchísimo a manos de sus agresores, hasta que encontró la muerte, debió pasar un cautiverio espantoso.

Hallada por un viandante en la madrugada del lunes. A los pies del semáforo de la denominada: encrucijada sangrienta.

En la archiconocida y afamada por tantas trasgresiones habidas en los últimos tiempos, de la Avenida Baja.  Paseo que le da nombre a la rambla principal de la ciudad, en la que se esconde la mayor parte de las barbaridades acaecidas en la zona. Amparada por ese arbolado frondoso que todo lo confunde. Donde prevalece ese control de tráfico. Asistido en su esquina por el denominado “traffic light fixed”. Que no es otro, que una mala traducción del semáforo siniestro.

Sin dudarlo, el poste regulador de paso y acceso vial más presente en delitos cometidos. Que parece disipar sin conseguir toda la gravedad de lo sucedido, por el mimetismo y la secuencia imparable. La cadencia de sus colores en ámbar, verde y rojo, que para nada lo hacen más benigno.

Aunque ya se le califica al “traffic light, como el punto más peligroso del barrio y el que más agresiones sangrientas ha presenciado. Si tuviera la facultad de estar dotado por una cámara, o con estas ventajas de la Inteligencia Artificial. Pudiendo declarar, interpretar y como no; reproducir todas las atrocidades, que se cometen alrededor del peligroso poste, quizás la policía agradecería y resolvería mucho más rápido que suele hacerlo, con tanto crimen y tanto vandalismo sucedido a su alrededor.

Sin ir más lejos y en este mismo instante, resolvería lo ocurrido con María Teresa Jódar, más conocida como Maruja. La última víctima violada. Hija de un desaparecido asesino a sueldo. Arsenio Jódar Terriente. Criminal de mucha calaña y condición al que jamás le echaron el guante y que nadie sabe si sigue en activo, si murió o sigue escondido.

Aquel que se esfumó de la justicia sin dejar la más mínima pista, ahora hace quince años, y que nadie ha sido capaz de darle caza.

La finada, vivía dentro de una familia no aceptada de buen grado, por los escándalos que ofreció su padre, pero sí redimidos todos y dentro de los límites de la justicia. En compañía de sus abuelos, la madre y sus dos hermanos más pequeños.

Descubrieron su cadáver, y el modo salvaje en cómo fue vulnerada antes de morir, bajo ese mástil que cierra y abre direcciones en cuatro trayectorias.

Quizás el testigo inerte, que presencia más delitos, sin abrir la boca y sin que nadie le pregunte. ¿Quiénes fueron sus autores?... y del modo en que ocurrió.

Las autoridades califican el lugar como el punto más sangriento de toda la nación.

Si tan solo se le hubiera instalado una cámara de grabación y conectada con la comisaría. Igual una vez cometido el delito, no habría más que ir a por el homicida, o matadores espeluznantes que pululan por nuestros barrios.

Aunque dicen que la suerte no existe, pero a veces no deja de estar presente, los agentes que comenzaban a menear el caso de Maruja, recibieron una ayuda inesperada. Un chivatazo y un video recogido por un desconocido que dice … presenció el crimen. Aquellos policías, comenzaron a vincular cabos.

Entre el poste situado justo en la intersección de las calles Jacinto Perales y Don Rufo Palafox. (Como se refería antes en la Avenida) y el lugar preciso desde donde se tomaron las imágenes, ya habían sucedido varios hallazgos de cuerpos sin vida. Normalmente sucesos vinientes de actos delictivos. En esta ocasión el abandono del cuerpo de Maruja, fue a unas intempestivas horas, y sin dudar, hacían tener sospechas de la autoría. Por el mismo equipo que grabó el post homicidio y su abandono. Apreciándose el modo y el espectáculo en dejar plantado los restos de la joven mujer. Abandonada, desnuda y muerta. Por la calidad del encuadre, propias de gente que sabían hacer esos menesteres horrendos. Correspondiendo con los ítems y tiempos del perfecto rodaje de la película, que demostraba que aquella toma no debió ser por casualidad.

Con lo que los investigadores echaron mano de la tecnología y llegaron a una conclusión bastante aproximada. Averiguando que la tal Maruja había salido la tarde anterior sobre las siete de un snack no muy lejos de la universidad donde compartía clases en el tercer curso de la carrera de medicina.

Que vestía ropas dignas de ostentación. Aunque ya habían llegado los rigores del fresco, seguía luciendo sus curvas y pechos fenomenales. Deslumbrando con su palmito sin ir demasiado tapada. Quizás con falta de previsión.

Maruja era una mujer moderna acostumbrada a los sinsabores, que no dejaba nada sin resolver. La ruta que tomó al salir del Snack, después de una estancia de trece minutos, fue seguida por las cámaras callejeras. Todo ello comprobado por la gendarmería, al revisar después, la película tomada desde la esquina Fortea, que mostraban en las secuencias inmediatas, que un auto deportivo rojo, se detuvo para recogerla. En la acera de la derecha en la intersección de Fortea con Nairobi. Ascendiendo Maruja al auto, con la confianza de ser amiga del conductor, o tener amistad. Perdiéndose su trayectoria por la avenida Pearson.

El automóvil era un descapotable, con la cubierta echada evitando el chiri miri que caía. Perteneciente a un tal Edgardo Carancella, un canalla reconocido por las diversas mafias habidas en la sede. Uno de los dos gallitos de la franja. Capitoste de los traficantes dedicados al meneo de costo a granel y otra diversidad de menesteres.

Con aquellos indicios los científicos policiales, comenzaron a maquinar un plan para detener a la secta y ajusticiar a los responsables de la muerte de Maruja. Dirigiendo los esfuerzos y pesquisas sobre el jefe de los detractores, el famoso Edgardo. Reyezuelo homicida del tráfico de estupefacientes y delegado de la mafia mexicana, ya rivalizando en el suelo patrio.

La redada no debió ser demasiado complicada. Aquellos canallas tan habituales los tenía la policía, muy vigilados. Aunque a tenor de lo sucedido, dejaba en el cuerpo antidrogas, grandes lagunas en su efectividad. Desde el chivatazo repentino nada esperado. La recepción del video, con la grabación de casi todo lo sucedido a Maruja, debía ser del todo más sencillo…

Con lo dispuesto y en breve, apresaron a los personajillos que aparecían en la grabación sin menos cabo. Dándole protagonismo de nuevo a sus jefes.

Consecuentemente los agentes de la gendarmería averiguaron que se trataba de un ajuste de cuentas, por lo que los de una parte pasaban información a la pasma, y con ello se quitaban de encima a los adversarios.

No había más en aquella zona de la ciudad. Dos generales repolludos. Dos delincuentes presumidos, que trabajaban a la vista de las autoridades sin menoscabo. Las referencias y los nombres, de los dos principales “cappos” de las calles de la ciudad, eran por este orden.

El primero: Edgardo Carancella. cabecilla de la secta de los <Inquietos de Anarquía>.

El otro sátrapa mezquino, correspondía a Gardel Yelkinstonsen, o Gardel el guapo. comandante de los <Cóndores Veloces>.

Entre ellos se repartían el pastel. Ambos quedaron citados para declarar en la Comisaría tras las veinticuatro horas del asesinato de María Teresa Jódar. La llamada vulgarmente Maruja.

Al primero que interrogaron fue a Carancella, lo llevaron a una sala muy sombría usada para los interrogatorios, y mientras desde los espejos disimulados de la pared muy solapados, se escondían los especialistas para seguir el desarrollo de la interpelación.

El jefe comisario al mando inició aquel trámite. Y estando situado el declarante en la sala comenzó a sondear.

 —Edgardo. ¿Es tu nombre? ¡Así te llaman y lo sé! —. Refirió el oficial sin mirarlo a los ojos y sin esperar respuesta prosiguió.

— No te hagas el tonto, porque de bobo no tienes nada. De criminal sí; llevas bastante en tu piel y de sinvergüenza desde el nacimiento.

—Es así como vamos a estar durante toda la mañana —asentó Edgardo enfurecido.

—¡Sabe que me está ofendiendo! Y no veo a mi abogado —descarado prosiguió con mirada chulesca.

—Usted me está ofendiendo oficial, y puede que le salga caro.

—¡Esa es tu única respuesta! —. Sancionó el interrogador y siguió provocando.

—¡Es una amenaza tuya chulo de mierda!, o es que te crees que vas a salir con aplausos de este cuartelillo y sin cargos.

—Bueno comisario eso está por ver—. Se lo miró con desprecio antes de violentarlo.

—No sea usted tan valiente, arriesgado e inconsciente en adelantar hechos, que vuestra señoría tiene familia. Intereses y dolos. Quizás no le convenga que queden quebrantados, o lesionados esos haberes. Sin saber por dónde le vienen los daños. ¡¿No es cierto?!

—Eres un desgraciado con ínfulas de brujo maligno, de las mismas que usan los delincuentes como tú, y quizás no imaginas, ni sabes la amenaza de lo que se te acusa. Falta grave, ¡Más que eso! Delito. Además, con testigos directos y una grabación en video de por medio, que os acusa.

—De qué se me acusa, parece usted un indocumentado y muy poco listo—. Aseveró Edgardo con una sonrisa en su cara—y se rio vulgar—. ¿De un atraco, de un asalto? O de una ¿mierda de las suyas? Dígame a que cargos me enfrento y delante de mí letrado, haga lo que deba. ¡Solo lo que pueda!

El comisario con poca paciencia y sin poder adelantar le descargó con mucha inquina.

—Pues ni más ni menos que del asesinato de Maruja, a la que le quitaste la vida al salir la otra noche de la universidad, y recalar esperándote en el Snack Pitusko, tan solo por un gusto de los tuyos, porque no creo fuera por quitarle el móvil.

—¡Maruja! Quien coño es esa tía. No tengo ni idea de quien es esa paya, y sobre lo de la película, puedo imaginar quien ha sido el autor. Mi más encarnizado enemigo. ¡Ese que me persigue día y noche! Para darme matarile. No son mis artimañas de trabajo. Enséñeme una foto de esa mujer, y si la conozco le diré lo que sepa. Pero no intente cargarme con su mierda, sin estar seguro de lo que dice —. Tranquilo, reposó y se acomodó mejor en su sitial y esperó.

El capitán de nuevo le informó a Edgardo, sin control y sin convencimiento.

—Hemos investigado sobre tu familia y tu persona, y descubrimos, desde dentro de tus anales. Que tienes una larga lista de actos criminales, cosa que en ti no me extraña. —añadió sin dejar que respondiera.

— Tus padres ya fueron acusados y cumplieron largas penas en las cárceles del país, hasta que fueron exterminados por una de tus bandas enemigas.

—Me parece, señor politonto que me confunde con alguien al que le gustaría cortarle el cabello, y más que eso, cortarle los humos. Por no decir palabrotas en esta santa casa—Se frenó y exigió con donaire la reclamación que exigía.

—Lo primerito es que me deje hacer la llamada de teléfono, a la que estoy autorizado por sus leyes exactas, y que me enseñe una foto de esa tipa. A la que usted dice que han descerrajado, con seguridad los amigos de los Cóndores Veloces. Equipo sanguinario dirigido por Gardel, el tipo más degenerado de la tierra. 

En otra sala de interrogatorios estaba acomodado el chulo Gardel, enemigo atroz de Edgardo, el que esperaba que aquellos polis, le dieran las gracias una vez descubrieron, que había sido el propio equipo del tipejo de Yelkistonsen, el que le había enviado el video a la policía. Sin esperar ni imaginarse, que la propia pasma tras sus averiguaciones, quedó convencida que este tipejo y su clan eran los que habían grabado el vídeo con idea de inculparles. Atribuyendo a su acérrimo e indeseable enemigo el asesinato. Por lo cual los gendarmes, siguieron echando leña en ese expediente y llegaron a conclusiones claras, de que Edgardo Carancella, no era en esta ocasión ni el inductor ni el autor del crimen de la señorita Maruja.

Con ese trámite también fue requerido Gardel y llevado a declarar, en principio como informador y autor de las incipientes pruebas. Fue recibido Yelkistonsen, por los agentes de aquel cuartelillo, con toda amabilidad y sin darle motivos de sospecha, recibiéndolo en una sala de seguimiento de aquella gendarmería.

—Ya me diréis que os pasa y a qué jugáis. Os envío pruebas, fechas y constataciones del hallazgo del crimen de una ciudadana y lo que hacéis de entrada, es tratarme como al mísero culpable—. Se explayó.

—Esas preguntas capciosas que me hacéis no corresponden a mi actitud de ciudadano. No he salido de mi despacho ni del cobertizo de trabajo desde hace cuatro o cinco días—. Dijo Gardel.

—Tengo pruebas de ello—, y mi gente, que “siempre está a la guay” pudo grabar la otra noche. Justo la noche del lunes, para ser exactos. Los meneos del amigo Carancella y su banda —arrastrando su mirada sobre el espejo disimuló su falacia y prosiguió con un descaro total.

—Por ello mandé que os lo pasaran para que le dierais un buen escarmiento. Pudierais llevarlo a juicio y condenarlo.

El comandante judicial, lo interrumpió, escuchando la gran falacia de Gardel, diciéndole con mucha aspereza.

—Eres el desgraciado más grande de toda la franja. Aunque disimules y eches balones fuera. Sabemos que vosotros sois los asesinos de la joven Maruja. Aun no tenemos pruebas de acusación, con lo que de momento quedáis con libertad sin cargos, hasta que no resolvamos estos inconvenientes.

—¡Oye tío! ¡Pero que me estás diciendo! —. replicó Gardel alterado y fuera de madre.

—Quien coño eres tú. Un simple funcionario gilipollas, que me la sopla. Te crees que eres el famoso detective Poirot. Ese imbécil francés ayudante del tonto de la serie de la cadena quince —y sin benevolencia apuntó.

—Puedo hacer que te destinen a las Guayanas a comer cocos y guardarte de las cucarachas voladoras.

—Lo mismo me asusto con tus amenazas—. Se enfrentó el agente, enseñándole los dientes.

—No te burles de la ley y contesta a las preguntas, si no quieres que te cruce la boca con un culatazo.

El descastado Gardel, hizo un gesto teatral y le pronosticó.

—Ojo lleva cuidado tío—enseñando sus uñas al comisario, y le reprobó sin menoscabo.

—¡Como te apodan… policía capullo, o te llaman el duro de la brigada! … ¡Para mí, eres un puto desconocido! ... El temible jefecito brigadier. ¡Es eso!... ¡Quizás seas un valiente descerebrado!... ¡No lo sé! ¿De qué lugar vienes tampoco?, ¡Como es que te atreves a faltarme el respeto! ... ¡Y cómo coño te juegas la vida enfrentándote a mí! … Nadie te ha informado.

¡No sigas por ese camino si no quieres sucumbir en las próximas doce horas!

Tanto Carancella como Yelkistonsen, quedaron en libertad provisional, aunque poco les duró la tranquilidad.

La policía anda tras un nuevo incidente con estos dos secuaces. A los que han encontrado asesinados, precisamente en el semáforo “traffic light. En el denominado punto más peligroso del barrio.

Descubriendo sus cadáveres. Unidos y juntos de solemnidad. Del modo salvaje cómo fue vulnerada la propia María Teresa.

Bajo ese mástil que cierra y abre direcciones en cuatro trayectorias.

En pelotas y violados salvajemente, con un mensaje adosado al dedo pulgar de sus pies, que tan solo llevaba una frase lapidaria. < (Merecéis esa muerte, por abusar de mi hija. Firmado: Arsenio Jódar.) > Dentro del cuerpo de los gendarmes alguien volvió a pronunciar, en voz baja, casi pensándolo. <Si estuviera dotada la zona, de una cámara, o con los adelantos de la Inteligencia Artificial. Quizás la Securité Nacional resolvería mucho antes tantos sucesos>









autor: Emilio Moreno-

 

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