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miércoles, 17 de junio de 2026

No eran privilegiados.

 

—En ese barrio no queremos vivir… ¡entiéndelo padre! —Y siguió presumiendo de aquella inoportuna sensación, para seguir en su error.

—Es una zona donde viven los sin papeles. Los que llegan a la ciudad en pateras. Nosotros somos de los privilegiados. ¿Tengo o no tengo razón papá? —. Comentó asintiendo Loreto Lucrecia. Aquella niña mal criada, que siguió charlando sin conciencia.

—Además que dirían mis futuros suegros. Los Sadorney, padres de Francesc Genís. Con lo puñetitas que son y lo que presumen, aún y sin tener un euro.

El señor Fredy pensó en un momento tras escuchar cómo se expresaba su querida y adorada hija.

Rememorando de pronto. Volviendo al pasado. Sin más, en aquel instante de donde procedían.

Donde vegetaron con dificultad durante lustros toda la familia Xurit: en el barrio de la “Cortavía”.

En aquel entonces nadie los conocía, ni a él ni a su saga. Como han cambiado las cosas—pensó.

El trato es muy diferente. Ahora con su falsa gentileza nos soportan, y se nota que lo hacen con desidia. Obligados muy a pesar de los pesares se dirigen a nosotros con el respeto que no tuvimos antaño… y a mí, en especial como: señor Fredy.

Entonces, hace cincuenta años, se mofaban del tal Fredy con un apodo, capando su nombre… como burla. Gritándole: Fede el tapón.

El que fue hijo de Kino, y sin dudar el que luego, los sometió sin zarandajas y sin respeto.

Ahora, sin ir más lejos. Son… el padre y el abuelo de la engreída Lucrecia Loreto, que mantenía aquella charla sobre la zona de la adquisición de su nuevo domicilio. Intentando convencer a su padre a que sufragara la gran hipoteca que se le presentaba, caso de comprar aquel inmueble caro y lujoso.

Facundia irrelevante, referente al barrio, a sus gentes y al piso que pretendía adquirir con su novio. Sueño que tenían los dos jóvenes antes de apreciar todos los sinsabores que le sobrevendrían desde ese instante.

Sus previsiones eran con ayuda de los padres, comprar la propiedad en el ensanche de la nueva zona de negocio y de la vida nocturna. 

El abuelo de la niña, el conocido como Xaquin... Quimet, o Kino. Que es como lo nombraban en su casa. Era el que tenía la pasta. El patriarca, para que nos entendamos. Ni más ni menos, fue el famoso tío Calvares. Aquel trashumante descendiente de húngaros que vendía toallas, mantas y sábanas, con las que regalaba un juego de fundas o servilletas por los mercados.

Era mercadillero ambulante, amermelado y amancebado con la niña Paca, la que dependía de uno de los carromatos que freían churros por las ferias. Preciosa apariencia la de aquella mujer. Poseedora de unas tetas redondas no demasiado excesivas pero que se mostraban ágiles y seductoras a los ojos de cualquiera que la mirara de frente.

Perteneciente la preciosa Paca, a una saga castellana no definida. Gentes de bajo nivel cultural y más pobres que las libreas de papel de fumar. Hasta que les cambió la estrella.

Tras el delictivo suceso extraordinario, ocurrido a la muerte del avariento prestamista, don Melquiades Torrezno Judí. Uno de los dos usureros cambistas hebraicos del barrio de la Cortavía.  

Acontecimiento oscuro y farragoso sucedido entonces. El que poco a poco les sacó la barriga de penas, y les iba permitiendo subsanar sus deudas y ponerse a la altura de las economías más favorables de la villa.

Al anónimo personaje Torrezno Judí, lo relacionaban con las visitas que le hacía Paca, en secreto algunas noches de luna llena.

Lo encontraron una mañana extinto en sus dependencias. Envenenado por alguna sustancia aún no aclarada, pero definitiva, que mezclada con dulces, anisetes y algún que otro churrito, que le dejaba hincar Paca la churrera, dieron fin a sus días de correrías y préstamos.

Al ser asesinado por Raquel Leví, la esposa de Melquiades en un arranque de celos, tras localizarlo liado, desnudo y montando a una mujer "shiksa". Una hembra no hebrea, con la que practicaba adulterio, y que además era la mujer del nómada quincallero.


Loreto de buenas a primeras y viendo que su padre no le hacía caso, mientras le contaba, o trataba de conseguir, exigió.

—Padre, que te pasa. Me da una rabia que esté hablándote y te pierdas en tus patrañas, que no puedes imaginarlo. Esgrimiendo de nuevo con descaro.

—No te importo nada. —Acotándole con desprecio.

—No hija, no es eso—, suplicó avergonzado Fredy, intentando buscar la mejor de las explicaciones, que al final sostuvo.

— Me sorprendo muy mucho porque no quieres entender desde dónde venimos, y no es bueno perder nuestra identidad, —argumentó sin perder la palabra.

—Somos gente humilde, que en realidad, sufrimos desde los tiempos, por las barbaridades que cometieron nuestros padres y abuelos.

Ella con un respingo de soberbia repuso.

—Que pretendes ahora. Después de hacer tanto teatro y fingir que somos una familia descendiente del más puro abolengo. Para engatusar a mi prometido y que al final entre en mis planes. Quieres que modifique el relato. ¡Así de pronto...! ¡Eso pretendes. Eso quieres…—exigió la joven cabreada.

—Que le cambie el royo al bueno de Francesc Genis: de toda esa patraña inventada, para que se enamorara de mi—. Alegó sin convencimiento, fuera de sí la joven, prosiguiendo dentro de su monumental cabreo.

—Hasta el punto de comprometerlo para no perder el tiempo y que se case en breve. Sin preguntas y sin más. Y si hay problemas ya los solventaremos como podamos. ¡Eso quieres! Hizo una pausa y replicó manteniendo aquella diarrea verbal con rabia inusitada.

—Le confesamos que mi abuela era churrera y que fue la que sedujo al judío para quedarse con su mesa de préstamos… ¡Eso hacemos!, ¡Eso quieres…!

—¡No Loreto! ¡Escucha! ..., volvió a replicar Fredy.

—… ¡Hija, no es eso ni de buen trozo. Escucha y resuelve. Eres tú la que puede salir quemada—acotó el padre. Volviendo al punto cenital, donde lo habían dejado.

—Padezco, porque veo que no quieres entender que el camino nuestro está más que marcado. El pueblo entero, donde habitamos desde hace generaciones nos conoce y aunque tratamos de disimular, según que detalles y hechos ocurridos no se borran tan fácil. Menos aún los delitos, los sucesos de sangre, escarnio o barbaridades. Aunque no se pudieran probar en su amplitud. Por ello—continuó con su perorata.

—Crees que no hay comentarios desagradables por la vecindad desde que tu y Paquito Ginés os veis con asiduidad. Crees que no comentan el caso de la churrera Paca y Melquiades el hebreo. Crees que no ven la prisa que tienes por cazar a ese ignorante.

Quedaron con la respiración entrecortada, híbridos, desencajados.

Antes de continuar, Fredy que se veía venir los líos añadió.

—Que sepas que en esta vida todo se sabe. Más pronto que tarde—. Se meció el cabello el padre y sin dejar que Loreto opinara adujo.

—Cómo lo vas a hacer para disimular la presencia de tus tíos, primos y demás familia, ante lo selecto del linaje de Paquito Ginés.

—No vuelvas a nombrar así a mi futuro esposo. Sabes que le pusieron un nombre muy bonito, y ruego le llames como debes: Francesc Genís.

El padre ni se inmutó ante las grandezas de su infeliz Lucrecia Loreto, aquella que de un modo u otro se avergonzaba de su abuela Paca, del merchero Kino y quizás hasta de su sombra.


autor: Emilio Moreno.
El catalán del Caribe



 

 

 

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viernes, 13 de marzo de 2020

Pandemia y sobresalto











Nos las cierran, las puertas de la Villa,
han prorrogado, Fallas de Valencia.
¿Es una plaga?, o es una sentencia.
¡Adiós! ¡Semana Santa de Sevilla!


« Quédate en casa », y así no te pilla.
Ministros solicitan con solvencia,
romper las alegrías, con urgencia.
Viendo, que el mundo se cae de su silla.


Sin hacer broma, sin solución digna.
No hay medicina que cure esta mierda.
Pandemia, declarada por consigna.


¡Que consejo he de dar!, que no se pierda,
a mis amigos. Gente tan benigna.
Les mando mi cariño, el que concuerda.
















miércoles, 8 de agosto de 2012

Mi prima, la del riesgo


Gracias que tengo una prima,
que por cierto es valenciana,
siempre la veo simpática,
cuando viene por mi casa.


Nunca habla de rescates,
ni de falsa economía,
es una chica muy mona,
esta libre de manías.


No hace falta la rescaten
ambiciosos de otros pueblos,
ella solita se sirve,
y encima da buen ejemplo.


Las noticias que se escuchan,
reprochan con saña a las primas.
No son nada valoradas.
Rescatarlas ¡Corre prisa!


Donde están esos políticos
que habían de salvar al mundo,
en cuanto los mojan con euros,
se vuelven seres inmundos.


Orondos banqueros codiciosos,
gordos viven de este merengue,
culpables de tanta ruina,
que el mundo ahora padece.


Nos espantan con alarmas,
con impuestos y tributos.
¡Cuidado lleva su riesgo!
No explotan claro el asunto.


¿En quién podemos creer?
¿Quién es ahora decente?
Solo cuentan  las grandezas,
y negocios emergentes.


¿Quién juntará a esos jerarcas
del mundo para entenderse?
Que se olviden de sus vicios.
¡Donde está el Dios, de las gentes!


Algo nos ha de llegar y,
no ha de tardar demasiado.
Si no se pone remedio,
a este mundo desahuciado.


Soportando como siempre,
frustración y mucho paro.
De sus falsedades ponzoñosas.
¡Sin derechos! Otro embargo.


Pobre Patria, quien te ha visto,
con su abolengo heredado,
igual es todo mentira
siempre hemos sido amañados.


Pocos contentos resultan,
que sean por convicción.
Ahora me pongo y percibo
¡Menuda desilusión!


Del origen  ¡Qué queda!
Solucionen el dilema,
la historia se escribe sola.
¡Sobran los sinvergüenzas!


De esa verdad;  a la real,
van muchas impertinencias,
nadie lo puede entender.
Directos a la miseria.


Miedo dan las consecuencias,
quien pondrá final a esta ciencia,
si me remonto a la leyenda,
mejor lo callo ¡Dios no quiera!


La cuestión está en la calle,
esos dicen los mandones.
A la fuerza nos rescatan.
Ajusten  bien los cinturones.


Por ello, he llamado a mi prima,
María Argentina, la de Valencia,
para que les diga a estos chicos,
que limpien toda esta mierda.